30238(16-09-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  30238   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 265  

Bogotá, D.C., dieciséis de septiembre de dos  mil ocho.   

V    I    S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de la procesada NANCY  URIBE  RAMÍREZ,   contra  el  fallo de segunda instancia que profiriera el  Tribunal   Superior  de  Bucaramanga,  Santander,  fechado  el  7  de  marzo  de  2008,   mediante  el  cual confirmó integralmente la sentencia emitida por  el  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  de  esa  ciudad,  condenando  a  su  representada  legal a  la pena de cuarenta meses de prisión, en calidad de  determinadora  de  los  delitos  de falsedad en documento público y falsedad en  documento  privado.  Además,  se  impuso  la pena accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas,  por  un  lapso  igual al de la sanción  aflictiva  de  la  libertad,  se  negaron  a  la  procesada los subrogados de la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena y prisión domiciliaria, y  se  abstuvo  la judicatura de condenar por concepto de perjuicios civiles. Allí  mismo,  se  decretó  la  prescripción  de  la  acción  contravencional por la  conducta punible de estafa, a favor de ambos acusados.   

LOS HECHOS  

Fueron  narrados  en  la sentencia de primer  grado, del siguiente tenor:   

“El  día  8  de  mayo de 1999, la señora  NANCY  URIBE  RAMÍREZ, celebro (sic) un contrato de arrendamiento con el señor  GLICELIO  OLIVAR MOTTA, sobre el inmueble de la carrera 32D N° 19-06 del barrio  San  Alonso  de  esta  ciudad,  figurando como coarrendatarios los señores LUIS  ALEJANDRO  VILLAMIZAR  RINCON  y  HENRY  TELLEZ  PEREZ,  reconociendo  todos los  firmantes  de dicho convenio su firma ante el notario Séptimo de la ciudad, y a  la  vez   que  firmaban la arrendataria y sus coarrendatarios, 12 letras de  cambio para garantizar el pago de los cánones de arrendamiento.   

Ante  el abandono intempestivo de la URIDE  RAMÍREZ   de  esta  ciudad, se estableció que los ciudadanos que firmaron  el  contrato y las letras de cambio fueron suplantados, que ellos nunca firmaron  dichos  documentos,  y  como  si  fuera  poco,  la  diligencia de reconocimiento  notarial  es  (sic)  fue  falsa  integralmente,  a  más que de tiempo atrás el  procesado  MANTILLA  VILLAMIZAR,  había  colocado  su fotografía en la cédula  original  del  señor  HENRY  PEREZ  TELLEZ  que  s  ele  había extraviado y la  utilizaba como su documento de identidad.”   

DECURSO PROCESAL  

Conforme  denuncia escrita presentada por el  afectado,  a  la  cual  acompañó  los  documentos  pertinentes,  el día 29 de  febrero  de  2000,  la  Fiscalía  11  Seccional  de  Bucaramanga, ordenó abrir  investigación preliminar.   

Seguidamente,  el  23  de agosto de 2000, se  abrió   formal  instrucción,  ordenándose  la  vinculación  penal,  mediante  indagatoria,  de  NANCY  URIBE RAMÍREZ, o María Nancy Ávila Ramírez, y   Jaime Mantilla Villamizar.   

Como quiera que la procesada fue capturada en  razón   de  investigación  diferente,  el  27  de  diciembre  se  recogió  su  indagatoria.   

La investigación fue cerrada el 26 de abril  de  2002, aunque en auto expedido el 3 de julio de ese mismo año, se anuló ese  cierre,   por   entender   el  instructor  que  era  necesario  practicar  otras  pruebas.   

De  nuevo,  el  20 de diciembre de 2002, fue  cerrado  el ciclo instructivo y, consecuencialmente, el 26 de febrero de 2003 se  calificó  el  mérito  instructivo, profiriéndose resolución de acusación en  contra  de  NANCY  URIBE  RAMÍREZ y Jaime Mantilla, a título de autores de los  delitos  de  estafa,  falsedad de particular en documento público y falsedad en  documento privado.   

Ejecutoriada la resolución de acusación, el  asunto  le fue repartido, para adelantar la fase del juicio, al Juzgado Séptimo  Penal  del  Circuito de Bucaramanga, despacho judicial que realizó la audiencia  preparatoria el 10 de mayo de 2004.   

Después   de  varios  intentos  fallidos,  finalmente  el  25  de  julio  de  2005  tuvo  lugar  la  audiencia  pública de  juicio.   

El  30  de  agosto de 2007, fue proferido el  fallo  de  primer  grado,  oportunamente  apelado por el defensor de NANCY URIBE  RAMÍREZ.   

La sentencia de segunda instancia se emitió  el 7 de marzo de 2008.   

LA DEMANDA  

          El  casacionista,  quien  actúa como defensor de la  procesada  NANCY  URIBE  RAMÍREZ,  formula  dos  cargos  en  contra  del  fallo de segunda  instancia,  aunque  no  rotula  específicamente cuál es la causal en la que se  funda cada uno.   

            Respecto  del  primero,  entonces,  parte  por  significar  que  se  basa  en la  “causal  primera  del  artículo 181-sic-  del  Código      de      Procedimiento      Penal     (ley     2006     –sic- del 2004-sic-)….por violación  indirecta, de la norma sustancial.”   

          Empero,  nunca,  en  su desarrollo, delimita el recurrente cuál en concreto esa forma de  violación  indirecta,  limitándose  a señalar que la normatividad penal exige  del  instructor investigar tanto lo favorable como lo desfavorable al procesado,  para  luego  resumir  lo  dicho, exculpatoriamente, por su protegida legal en la  indagatoria,  concluyendo,  sin  otra  argumentación, que en la foliatura no se  reporta  plena  prueba  encaminada a demostrar la responsabilidad penal de ésta  en los hechos que se le atribuyen.   

            En    contrario,  añade,  se  recogió  la indagatoria del coprocesado Jaime Mantilla Villamizar,  que  resume,  así como otras pruebas, resaltando cómo esos elementos de juicio  sirvieron  para  que  la  Fiscalía  acusara  a los dos sindicados en calidad de  autores  de  los delitos de estafa, falsedad en documento público y falsedad en  documento   privado   “teniéndose   como   agente  determinador  del  delito  a mi defendida la señora  NANCY URIBE RAMÍREZ,  dentro de este  proceso”.   

        A  su  vez, continúa el casacionista, la sentencia de  segundo  grado confirma que su representada legal hizo nacer la idea criminal en  el  coprocesado  Mantilla  Villamizar,  razón  por  la  cual  no  era necesario  practicar    prueba    que    la   demostrara   en   calidad   de   “autora    intelectual    y    material    de    las   falsedades  realizadas.”   

            Culmina  el  impugnante  señalando  su  extrañeza  por  el  hecho  de  que las  instancias  hubiesen  sustentado  el  fallo  de  condena emitido en contra de la  procesada,  en  la  indagatoria  del  otro  acusado,  no  obstante  “Este  sindicado  jamás confesó haber sido el autor material de  las  falsedades  del contrato de arrendamiento suscrito entre mi  defendida  y  los  señores   GLICERIO  OLIVAR  MOTTA, LUIS ALEJANDRO  VILLAMIZAR  RINCÓN,  y  HENRY PÉREZ TELLEZ además de las autenticaciones de las firmas de  estos  en  la  Notaría  Séptima del Círculo de Bucaramanga y de las letras de  cambio  que  mi  defendida  había  aceptado  para  garantizar  el  pago  de los  arrendamientos.” .   

         Sin  mayores  precisiones, el libelista aborda el que se entiende segundo cargo,  anotando:  “Este  se  fundamenta  en  la  causal de  casación   consagrada  en  el  artículo  181  del  C.P.P.  consistente  en  el  desconocimiento  del  debido proceso por afectación sustancial de su estructura  o de la garantía debida  a cualquiera de las partes”.   

           Sin embargo,  lo  funda  en  el  mismo  hecho  del  anterior, vale decir, que ambas instancias  sustentaron  la  decisión  condenatoria proferida contra su representada legal,  en  la  indagatoria  del  coprocesado  Jaime  Mantilla Villamizar, agregando que  nunca  se permitió a la acusada “defenderse de esta  sindicación”, para lo cual era menester decretar un  cotejo grafológico, tomándole grafías.   

               Y      agrega  “Al  tomar  el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  –sala  Penal- en todo el  sentido  la  tesis  propuesta  por  el  Juzgado  Séptimo  Penal del Circuito de  Bucaramanga  se  viola  el  principio  constitucional  consagrado  en  la  carta  política  y  relacionada (sic) con el derecho a la defensa, formulando un falso  juicio de existencia-.”   

              Más  adelante  sostiene  el  recurrente  que  el  Tribunal ignoró “una    gran    parte   del   plexo   de   pruebas”,  aunque no dice cuáles, y “por tanto,  en  el presente ataque transcribiré todos los hechos, consignados materialmente  en  los  medios  de prueba que olvidó el juez colegiado, y con las (sic) cuales  la  dirección,  sentido  y  contenido  del  fallo,  hubiera  dado otro giro; al  confrontar  los medios probatorios echados de menos, contra las conclusiones del  fallo confirmatorio.-”   

             No  obstante,  lejos  de adelantar esa anunciada tarea, el impugnante pone fin a  su  escrito  reiterando  que  no  se  practicaron pruebas (la caligráfica antes  relacionada)  para definir si la procesada fue quien directamente falsificó los  documentos.   

         Para  mayor confusión, luego de ello remata “Que la  valoración  probatoria  es  respetada por el casacionista y por ello se acude a  la  violación  directa  de la ley por falta de aplicación pues como es sabido,  cuando  se  incurre  en esta vía, no es posible para el demandante desconocer y  atacar    la    valoración    probatoria    hecha    en   el   fallo   por   el  juzgador”.   

               Por  último,  pide  “ante la claridad de la censura  que  formulo”,  se case completamente la sentencia y  en  su  lugar  se  absuelva a su representada legal de los cargos por los cuales  fue condenada.     

                        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

      En  primer  término,  debe  hacerse hincapié en cómo la Corte, de  manera  pacífica  y  reiterada  ha  advertido la necesidad de que la demanda de  casación  comporte un mínimo rigor lógico jurídico y argumental, pues, no se  trata  de  hacer  valer  una especie de tercera instancia que sirva de escenario  adecuado  a  la controversia ya superada por los falladores de primero y segundo  grados,  en  la  cual se pretende anteponer el particular criterio o valoración  probatoria,  a aquel que sirvió de soporte a la decisión de los jueces A quo y  ad  quem,  entre  otras razones, porque a esta sede arriba la decisión judicial  con una doble connotación de acierto y legalidad.   

         Se   faculta,  por  ello,  que  la  dicha  presunción  sea  quebrada   a   través   de   criterios   claros,  lógicos,  coherentes  y  fundados,                 derivados          del   compromiso   de   demostrar   la  violación  en  la  cual  incurrió  el  fallador,  suficiente  para echar abajo  el    contenido    de  verdad  de la sentencia, en  el  entendido de que, de no haberse materializado el yerro, otra hubiese sido la  decisión       y  precisamente     así  se   ofrece  trascendente  recurrir al mecanismo extraordinario de impugnación.   

          Lejos de ello, en  la  demanda  que  se examina, el recurrente, por lo demás de manera   equívoca,  con  absoluto  desconocimiento  de  los  mínimos rigores lógicos que gobiernan  cada  una  de  las causales de casación reguladas en el artículo 207 de la Ley  600  de  2000, a partir de un solo hecho construye dos  cargos  equívocos  y  contradictorios,  al  interior  de  los  cuales, además,  introduce  otras  tantas formas de violación incompatibles, en una tan abstrusa  fundamentación  que,  finalmente,  se  desconoce  cuál  es la controversia que  quiere  plantear  o  cómo  entiende  él  que se incurrió en cualquiera de los  tantos      yerros     ambigua,     descontextualizada     y     abigarradamente  propuestos.   

       Es que,  desde  el  mismo  proemio se advierte el desconocimiento que el recurrente tiene  de  los  más  elementales  rudimentos  que  gobiernan la casación, al punto de  significar  fundamento  de  la demanda una normatividad inexistente (Ley 2006 de  2004).   

      Es claro, de  igual  manera,  que  en  razón  a  la  época  de  ocurrencia de los hechos, el  procedimiento  a  seguir es el dispuesto en la Ley 600 de 2000, y son las normas  de  casación  allí  dispuestas,  particularmente  el  artículo  207,  las que  regulan   el   recurso   extraordinario   propuesto,  resultando  por  tanto impertinente la cita que se hace del artículo 181, en el  entendido de que se refiere a la Ley 906 de 2004.   

          Ahora, aún si se  dijera    que    es    posible   acudir  a  la  regulación  inserta en el nuevo sistema acusatorio, es lo  cierto,  y  así  lo  ha  reiterado  pacíficamente  la Sala, que dentro de este  contexto  se  hace  menester fundamentar adecuadamente las causales de casación  que,  en  lo  sustancial, no han variado respecto a lo contemplado en la Ley 600  de 2000.   

        Y  si   ello   es  así,  no  importa  cuál  de  las  normatividades  regula  el  caso,  ostensible  e inconcuso surge que lo argumentado  por  el casacionista asoma de tal forma confuso, contradictorio y equívoco, que  ni  siquiera  constituye  un  alegato  de  instancia,  desde  luego  ajeno a las  precisas reglas que gobiernan la casación.   

            Con    criterio  eminentemente  pedagógico,  para que el impugnante conozca en concreto cuál es  la  razón  por  la  que  su  demanda  ha  de  ser  inadmitida,  la Corte estima  necesario traer a colación  la  ya pacífica y añeja jurisprudencia que puntualmente relaciona qué y cómo  debe fundamentarse en casación.   

         Atinente,  entonces,  a la  violación     indirecta,     esto     se    dijo1   

“2.  En  efecto,  la violación indirecta de la ley sustancial, vía de  ataque  preferida  por  el  libelista  para  censurar el fallo de segundo grado,  está  ligada  a  la  materialización de vicios de naturaleza probatoria de dos  clases distintas: de derecho y de hecho.   

Los  errores  de  derecho  se subdividen en:  falso  juicio  de  legalidad  y  falso  juicio  de  convicción  vicios  que son  ontológicamente  diferentes. El juicio de legalidad se relaciona con el proceso  de  formación  de  la prueba, con las normas que regulan la manera legítima de  producir  e  incorporar  la  prueba al proceso, con el principio de legalidad en  materia  probatoria  y  la  observancia  de  los presupuestos y las formalidades  exigidas  para  cada  medio,  de  suerte  que el dislate se cristaliza cuando el  fallador  valora  o  aprecia  un  medio  de  prueba que desconoce alguna de esas  ritualidades,  o porque califica de ilegal una que sí las satisface y por tanto  es válida.   

El  juicio  de  convicción  consiste en una  actividad  de  pensamiento  a través de la cual se reconoce el valor que la ley  asigna  a determinadas pruebas, presupone la existencia de una “tarifa legal” en  la  cual  por voluntad de la ley corresponde a las pruebas un valor demostrativo  predeterminado  o  de  persuasión  único  que  no  puede  ser  alterado por el  intérprete;  en  consecuencia,  se  incurrirá  en  error  por  falso juicio de  convicción  cuando  se niega a la prueba ese valor que la ley le atribuye, o se  le  hace  corresponder  uno  distinto.  Sin  embargo,  al  desaparecer la tarifa  probatoria  en  materia  procesal  penal,  sustituida  por el sistema de la sana  crítica  previsto  en  los  artículos  238,257,  277, 282 y 287 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000), en principio, no es posible para los  jueces  incurrir  en  errores  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  porque   la  legislación  penal en materia de pruebas no somete, por regla  general,   su  raciocinio  a  evaluaciones  dependientes  de  una  tarifa  legal  probatoria.   

Los   errores   probatorios  de  hecho,  a  diferencia  de  los  de  derecho,  obligan  a  quien los invoca a aceptar que la  prueba  respecto  de  la  que  los  alega fue reconocida por el funcionario como  legal,  regular  y  oportunamente allegada al proceso, toda vez que lo discutido  constituye  vicios  fácticos  que  se  desarrollan  en  tres modalidades: falso  juicio de existencia, falso juicio de identidad y falso raciocinio.   

Incurre  en  falso  juicio  de existencia el  fallador  que  omite  apreciar el contenido de una prueba legalmente aportada al  proceso  (falso  juicio de existencia por omisión), o cuando, por el contrario,  hace  precisiones  fácticas  a  partir  de un medio de convicción que no forma  parte  del proceso, o que no pertenecen a ninguno de los allegados (falso juicio  de existencia por suposición).   

El  falso  juicio de identidad se diferencia  del  anterior en que el juzgador sí tiene en cuenta el medio probatorio legal y  oportunamente  practicado,  pero,  al  aprehender  su  contenido,  le  recorta o  suprime   aspectos  fácticos  trascendentes  (falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento),  o le agrega circunstancias o aspectos igualmente relevantes que  no  corresponden  a  su  texto  (falso  juicio  de identidad por adición), o le  cambia  el  significado  a  su expresión literal (falso juicio de identidad por  distorsión o tergiversación).   

La  acreditación  de  un  falso  juicio  de  existencia  o  de  un falso juicio de identidad, por tratarse de vicios objetivo  contemplativos,   es   en  extremo  elemental.  En  el  primer  caso  basta  con  identificar  el  contenido  de  la  prueba omitida y el lugar en el que ésta se  halla  adosada  a  la  actuación,  o  con  señalar  la precisión fáctica que  corresponde  a  un medio de prueba extraño a la actuación o que no pertenece a  alguno  de  los  legalmente  aportados;  y  en  el segundo, es suficiente con la  comparación  de lo que de manera fidedigna revela la prueba, con la síntesis o  aprehensión  que  su  contenido  hizo  el funcionario, en aras de evidenciar el  cercenamiento, la adición o la tergiversación de su texto.   

Finalmente,  el  falso raciocinio difiere de  los  anteriores  en  que  el  medio  de  prueba  existe  legalmente y su tenor o  expresión  fáctica  es aprehendida por el funcionario con total fidelidad, sin  embargo,   al   valorarla,  al  sopesarla,  le  asigna  un  poder  suasorio  que  contraviene  los  postulados  de  la  sana  crítica, es decir, las reglas de la  lógica,  las  máximas  de  la experiencia o sentido común, o las leyes de las  ciencias,  y  en  tales  eventos  el  demandante corre con la carga de demostrar  cuál  postulado  científico,  o cuál principio de la lógica, o cuál máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez, e igualmente tiene el deber de  indicar  cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  o  cuál  el raciocinio  lógico,  o  cuál  la  deducción  por  experiencia  que  debió aplicarse para  esclarecer el asunto.   

No  sobra destacar que, adicionalmente, como  es  sabido,  bien  se  trate de errores de derecho o ya de hecho, tras demostrar  objetivamente  el dislate, es perentorio acreditar su trascendencia o, lo que es  lo  mismo, que de no haberse incurrido en él, la declaración de justicia hecha  en  sentencia  habría  sido  distinta  y  favorable  a  la  parte  que alega el  respectivo desaguisado.”   

              Acerca  de  la  violación  directa  de  la  ley  se  expuso2:   

“En  general, y frente a la demanda que se  examina,  cuando  el  casacionista se basa en la causal 1a. de casación, cuerpo  1o.,    es    decir,     violación  directa de la  ley sustancial, fundamentalmente le corresponde:   

2.1.   Afirmar   y  probar  que el  juzgador  de  2a.  instancia  ha  incurrido  en  error  por falta de aplicación  (exclusión  evidente  o  infracción  directa),  por aplicación indebida   (falso  juicio  de  selección)  o  por  interpretación  errónea  (  sobre  la  existencia  material,  sobre la validez o sobre el sentido o alcance ) de la ley  sustancial.   

2.2.  Abstenerse  de reprochar la prueba, es  decir,  le  compete  aceptar  la apreciación que de ella ha hecho el fallador y  conformarse  de  manera  absoluta  con la declaración de los hechos vertida por  éste.   

2.3. Realizar un estudio puramente jurídico  de la sentencia.   

2.4.  Si  como  consecuencia  de la errónea  interpretación  de la ley, ésta se deja de aplicar, o se aplica indebidamente,  debe  dirigir  su  acusación  hacia  una  de estas dos hipótesis y no hacia la  interpretación  equivocada  de  la  ley  pues lo importante, en últimas, es la  decisión   tomada   por   el   Juez:   no   aplicar   la   norma   o  aplicarla  indebidamente.   

2.5. Si predica  aplicación indebida de  una  norma,  tiene  que  precisar  la  norma  inadecuadamente  utilizada  y  aquella que en su lugar debe ser atribuida.   

2.6. Respecto de una misma disposición legal  no   puede   predicar   simultáneamente  falta  de  aplicación  y  aplicación  indebida.   

2.7.  Indicar  en  forma clara y precisa los  fundamentos de la causal.   

2.8.  Citar  las  normas  que  se  estiman  infringidas.    

2.9. Si por esta vía el proponente reprocha  al  Juzgador  el tratamiento impartido al principio de duda, tiene que demostrar  que  en  la  sentencia  el fallador ha reconocido formalmente la presencia de la  incertidumbre  y  que,  sin  embargo,  ha condenado, con lo cual ha incurrido en  falta de aplicación del artículo 445 del C. de. P. P.”    

           Basta  observar el escrito presentado por el defensor  de  la  procesada,  para  verificar su absoluta inconsonancia con los derroteros  arriba  transcritos,  pues, ni siquiera, cuando se postula el que denomina cargo  primero,  delimita cuál es el tipo de violación indirecta de la ley que estima  cubierto  (error  de  hecho  o de derecho), ni mucho menos, ya elegido el error,  discrimina  cuál  de  sus  varias  aristas  es  la configurada (falso juicio de  legalidad  o  de  convicción,  para  el  error  de  derecho;  falso  juicio  de  existencia,  falso juicio de identidad o falso raciocinio, respecto del error de  hecho).   

           Pero,  además,  la  argumentación  de  ese  primer  cargo  representa  una  verdadera  petición  de  principio  (dar  por  demostrado  precisamente  lo  que  se  debe  demostrar),  en  cuanto, simplemente significa que el fallo de condena, o mejor,  la  definición  de  que  su  representada  legal  es  responsable  de  las  varias falsificaciones,  no  tiene soporte en plena prueba.   

          Sin  embargo,  nada  se  transcribe  de la sentencia atacada, para verificar cuál en  concreto  fue  el  sustento  de la condena, ni se precisa la manera en la que se  llega  a  la  conclusión  de  carencia  de  prueba  suficiente,  delimitando la  crítica  dentro  de  los  factores  arriba reseñados.   

              En      otras  palabras,  si  el  recurrente  estima  que la decisión controvertida es errada,  porque  no  existe  plena  prueba,  debe  precisar   la  manera  en  que la  argumentación  y  análisis probatorio discurrieron por senderos violatorios de  las  normas legales, ora porque se supusieron u omitieron pruebas trascendentes,  ya  en  atención a que se parceló, agregó o distorsionó lo que objetivamente  dice  uno  o varios medios de prueba, o por virtud de que se violaron las reglas  de  la  sana  crítica  en su valoración, caso, este último, en el que se hace  menester  determinar cuál es el principio lógico, la máxima de la experiencia  o    el    fundamento    científico    pasados    por    alto   o   erradamente  examinados.   

          Como  nada de eso  realizó  el  recurrente,  es  claro que lo buscado es anteponer al criterio del  Tribunal,  el particular e  interesado  suyo, en típico alegato de instancia, desde luego insuficiente para  derrumbar  esa  doble  connotación  de  acierto  y  legalidad  de  que se halla  revestido el fallo atacado.     

   

           Por  lo demás, para culminar, aparece contradictoria  la  demanda  en  este  primer  cargo  (y también en el segundo desde ya se  anticipa),  pues,  si  se  parte  por aceptar que la  procesada  fue  condenada  en calidad de determinadora, esto es, que no elaboró  de  propia  mano  los  documentos  espurios,  carece  de sentido demandar prueba  “mediante   la   cual  esté  demostrado  que  mi  defendida  fue la persona que falsificó las firmas estampadas el (sic) contrato  de       arrendamiento…”,      particularmente  una completamente impertinente toma de muestras y  análisis grafológico.     

            El  cargo  segundo  aparece,  si se quiere, mucho más abstruso en su argumentación que el  primero,  dado  que  en  absoluto desprecio por elementales principios lógicos,  acusa  a  la  sentencia  de  violación directa e indirecta, pasando por alto, a  pesar  de  que así lo anuncie en un párrafo, que la alegación directa implica  asumir  los  hechos y la valoración de las pruebas tal como los tomó en cuenta  el  fallador,  en  tanto, la discusión gira en torno de la aplicación indebida  de la norma.   

           Si ello es  así,  no  se  entiende  cómo, a la par, el demandante sostiene que el Tribunal  “ignoró  una  gran  parte  del  plexo  de pruebas  recopiladas…parceló  el  haz probatorio, lo cercenó, pues ocultó la riqueza  suasoria de dicho (sic) medios”.   

           Pero  si  fuera  así,  esto  es,  que  el  Tribunal ignoró alguna o algunas pruebas recopiladas  legal,  regular  y  oportunamente,  cuando  menos era menester que el recurrente  señalase  en concreto cuáles son esos tan importantes elementos de juicio, los  ubicara  dentro  del  contexto  probatorio,  realizara  un  nuevo  análisis del  conjunto  suasorio  y  demostrase  que  con la inclusión  las conclusiones  asoman  diferentes,  de  alguna  manera favorables para su representada, ora por  que amaina su compromiso penal, ya en atención a que lo elimina.   

           En  lugar  de  ello,  el  impugnante  insiste  en  que  debió  practicarse peritaje  grafológico  con  las  muestras  obligadas de tomar  a su protegida legal, no empece aceptar expresamente  que se le condenó como determinadora.   

           Como  nada  más  presenta  el  casacionista  para  examen  de  la Sala, por elemental  sustracción  de  materia  huelga  realizar  cualquier  otro  tipo de análisis,  significándole  que  en  razón  del  principio  de  limitación, no es posible  enmendar  los  notorios desaciertos de su escrito que, en razón al principio de  suficiencia,  debería  bastarse  por  sí  solo para demostrar adecuadamente el  vicio y su trascendencia.   

            Dígase,  por  último, que se revisó detalladamente  la  actuación,  así  como  el contenido de los fallos de instancia,   y   no   se  observó  violación  destacable  de  derechos  que  haga  necesaria  la  intervención oficiosa de la  Corte.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR         la    demanda    de    casación   presentada   por   el     defensor     de              la         procesada   NANCY  URIBE RAMÍREZ.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                               ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO   

MARIA    DEL    ROSARIOGONZÁLEZ    DE  L.                         AUGUSTO J.  IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                               YESID     RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                         JAVIER   DE  JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Auto  del 10 de octubre de 2007, radicado 22.597   

2 Auto  del 30 de noviembre de 1999, radicado 14.535     

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