30237(29-10-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30237  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                                  Aprobado acta N° 312.   

Bogotá,  D. C., veintinueve (29) de octubre  de dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

La  Sala se pronuncia sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  LUIS  ALFREDO  GUTIÉRREZ VIANCHA contra la  sentencia  del  8  de  abril  de  2008  mediante la cual el Tribunal Superior de  Bucaramanga,  al  revocar  la  absolución pronunciada el 7 de noviembre de 2007  por  el Juzgado Primero Promiscuo Municipal de Piedecuesta (Santander), condenó  al  mencionado  procesado a las penas principales de cuatro (4) años y seis (6)  meses  de  prisión  y  multa  en  cuantía  de  250  salarios  mínimos legales  mensuales,  así  como  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo término fijado para la sanción  privativa  de libertad, como autor del delito de extorsión cometido en grado de  tentativa.   

HECHOS  

          El  13  de  julio de 2007 el señor Orlando  Remolina  Silva,  residente  en el apartamento 302 del  edificio      “El      Caney”     situado  en  el  perímetro  urbano  de  Piedecuesta, se enteró por  información   del   celador   de   dicho   inmueble   de   nombre  LUIS  ALFREDO  GUTIÉRREZ VIANCHA que de su  garaje  personas  desconocidas  sacaron  dos  llantas  de  su propiedad. Al día  siguiente  el  celador  comentó  al  señor  Remolina  que  quien se apoderó de dichos elementos exigía por  su  devolución  la suma de $500.000, dinero que, luego de varias negociaciones,  fue  rebajado  a  $250.000,  para cuya entrega se acordó el día 15 de julio en  horas  de  la  tarde,  data  en  que GUTIÉRREZ VIANCHA  acudió  a  recibir  el  dinero, siendo en ese momento  capturado por las autoridades de policía judicial.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          A  solicitud  de  la  fiscalía,  el  16 de julio de 2007 el Juzgado  Tercero  Promiscuo Municipal de Piedecuesta legalizó la captura de GUTIÉRREZ  VIANCHA. Acto seguido, el ente  investigador  le  imputó  los  delitos  de  hurto  agravado  por la confianza y  extorsión  tentada.  Luego  el funcionario judicial, a solicitud también de la  fiscalía,  le  profirió  medida  de aseguramiento de detención preventiva por  los  referidos punibles. Esta última decisión fue apelada por la defensa, pero  el  Juzgado  Quinto Penal del Circuito de Bucaramanga le impartió confirmación  en providencia del 8 de agosto de 2007.   

Presentado el escrito de acusación, el Juez  Primero  Promiscuo  Municipal  de  Piedecuesta  celebró  el  28  de  agosto del  precitado  año  la  respectiva  audiencia,  en  cuyo  desarrollo  la  fiscalía  atribuyó  al  procesado  las conductas ilícitas de hurto agravado y extorsión  en  grado  de  tentativa.  El  acusado  aceptó  cargos  por  el primero de esos  comportamientos  punibles,  por  cuya  razón el funcionario judicial ordenó la  ruptura  de  la  unidad procesal, continuando el juzgamiento en relación con la  extorsión  y  es  así  como  celebró  la  audiencia  preparatoria  el  10  de  septiembre de 2007.   

          El  juicio  oral lo llevó a cabo el 18 de octubre siguiente, a cuyo  término  anunció  el  sentido  del  fallo,  precisando que sería de carácter  absolutorio.   

          Efectivamente,  el  7  de noviembre de 2007 absolvió a LUIS  ALFREDO  GUTIÉRREZ  VIANCHA respecto  del  delito de extorsión tentada. Contra el fallo de primera instancia se alzó  en  apelación  la  fiscalía, cuya decisión correspondió al Tribunal Superior  de   Bucaramanga,  Corporación  que,  como  ya  quedó  reseñado,  revocó  la  absolución y condenó al acusado.   

          Atendido  el  sentido  de  la  decisión  de  segunda  instancia, la  defensa   acudió   al   recurso   extraordinario  de  casación  que  sustentó  oportunamente.   

LA  DEMANDA   

          La   defensa  formula  un  único  cargo  contra  la  sentencia  del  Tribunal.  Denuncia  allí la violación indirecta de la ley sustancial derivada  de error de hecho por falso juicio de identidad.   

          Para  sustentar  el reproche reproduce los argumentos con los cuales  el  juzgado  profirió  la absolución. En ese sentido sostiene que en este caso  no   está  demostrada  la  ocurrencia  del  hecho,  pues  las  únicas  pruebas  presentadas  por  la  fiscalía  son la querella y el testimonio de la víctima,  las  cuales  registran  contradicciones entre sí, así como con la declaración  de   Pablo   Sandoval.  Al  respecto  destaca cómo el afectado afirmó en la querella que fue visitado a su  apartamento  el  día  sábado  14  de  julio  en  seis  (6)  oportunidades  por  LUIS   ALFREDO  GUTIÉRREZ,  mientras  en  el  juicio señaló que las visitas se redujeron a tres (3).    

          Tras  hacer  referencia a la aseveración del denunciante conforme a  la  cual  le  pidió  a  GUTIÉRREZ VIANCHA  negociara  la  devolución  de las llantas, el actor concluyó que  fue   la  propia  víctima  quien  propicio  la  negociación,  utilizando  como  intermediario  al  acusado,  actuación en la cual no se aprecia el ejercicio de  presión  o  coacción  con  el  fin de doblegar su voluntad, elemento necesario  para  entender  estructurada  la  extorsión, según jurisprudencia de esta Sala  que trajo a colación.   

          Consideró  que  la  captura  en  flagrancia  del  procesado  no  es  sinónimo  de  su  responsabilidad. Por esa razón y atendiendo la existencia de  dudas  sobre  los  elementos  del  tipo  penal  derivadas de las contradicciones  advertidas  en las manifestaciones de la víctima, pidió optar por la solución  más favorable para el acusado.   

          Señalando,  finalmente,  que  la decisión del Tribunal obedeció a  un  error por desfiguración de la prueba, en cuanto le ofreció “un  sentido  diverso  o dimensionado al contenido de la declaración  de   la   supuesta  víctima”,  solicitó  casar  la  sentencia  impugnada para, en su lugar, absolver a LUIS  ALFREDO GUTIÉRREZ VIANCHA.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

                    

          Como  lo  tiene reiteradamente precisado la Sala, en la sistemática  procesal  penal  regulada en la Ley 906 de 2004 la demanda de casación también  debe  cumplir  unos  presupuestos  de  adecuada  y  lógica fundamentación como  condición  para  ser  admitida.  Tales exigencias surgen de lo dispuesto en los  artículos  182  y  184, inciso segundo, y su finalidad es evitar que el recurso  se  convierta  en  una  tercera  instancia,  en  la  cual los sujetos procesales  postulen todo tipo de argumentos sin ningún rigor técnico.   

La primera de las mencionadas normas exige al  censor  presentar  el libelo señalando de manera precisa y concisa las causales  invocadas  y  sus  fundamentos.  A  su  turno,  la  segunda  establece que no se  seleccionará  el  libelo cuando, entre otros casos, se prescinde de señalar la  causal o no se desarrollan los cargos de sustentación.   

          Al  amparo  de las citadas disposiciones la Sala ha expresado que en  el   nuevo   esquema  procesal  penal  al  demandante  le  corresponde  también  satisfacer,   al   formular   los   respectivos   cargos,   las  pautas  fijadas  tradicionalmente  por  la  jurisprudencia  frente  a cada una de las causales de  casación establecidas por la ley.   

          Así,  por  ejemplo,  tiene dicho la Corte que cuando se denuncia la  violación  indirecta  de la ley sustancial derivada de error de hecho por falso  juicio  de  identidad,  cuya  ocurrencia  se  presenta  cuando  el  sentenciador  distorsiona  la  prueba, atribuyéndole contenidos que no expresa, ya sea porque  la  adiciona,  cercena  o  translitera,  compete  al  actor identificar el medio  indebidamente  apreciado, efectuar un análisis comparativo entre su contenido y  aquel  que  le  atribuye  el  fallador,  precisar  los aspectos fácticos en los  cuales  se presenta la distorsión y acreditar la trascendencia del yerro frente  a las conclusiones probatorias de la sentencia.   

          En  el caso sometido a estudio, resulta claro que el casacionista no  cumplió  dicha carga argumental, pues se limitó a señalar que la declaración  de  la  víctima  fue desfigurada, sin realizar cotejo alguno entre lo expresado  por  esa  prueba y el contenido que le atribuyó el Tribunal, ni identificar los  aspectos  sobre  los  cuales  hubo de recaer la distorsión. Tampoco explicó la  incidencia  de  error  aducido,  demostrándole  a  la  Corte  que de no haberse  incurrido  en  el  mismo  el  sentido  de la decisión hubiese sido radicalmente  distinto.   

          El  libelista  se  conformó  con  retomar la valoración probatoria  efectuada  por  el  a quo, la  cual  hace  suya  y  pretende  hacerla  valer  por  encima  del trabajo suasorio  realizado  por  el  Tribunal, sin acreditar la incursión de esa Corporación en  grave  error  de  apreciación  probatoria  que derrumbe la doble presunción de  legalidad  y  acierto  al  amparo  de  la  cual arriba su sentencia a sede de la  Corte.  Simplemente,  presenta  una  disparidad de criterios en torno al alcance  persuasivo  del  material probatorio, olvidando que ese tipo de postulaciones no  tiene vocación de prosperidad en casación.   

Las falencias de  sustentación    anteriormente    advertidas    son  suficientes       para       inadmitir  la  demanda  de  casación objeto de  examen,  sin  que  la Sala advierta la vulneración de  garantías  fundamentales  en  los temas contemplados en el libelo, que impongan  superar los desaciertos técnicos para decidir de fondo.   

   

No  obstante,  la  Corte  observa  que  el  sentenciador  de  segundo grado pudo vulnerar el debido proceso y las garantías  que  le  asisten  a  la  víctima,  pues  al  resolver  el recurso de apelación  interpuesto   contra   el   fallo  absolutorio  proferido  por  el  a  quo,  lo  mudó por uno de condena, sin  realizar  gestión  alguna  para  permitir  la  posibilidad  de  que  se hubiese  postulado el incidente de reparación integral.   

Por  tanto,  como  ya lo hizo en pretéritas  oportunidades1,  la  Sala  ordenará  que  una  vez  cobre  ejecutoria la presente  decisión  y  se  resuelva,  en  caso  de  interponerse,  lo  relacionado con el  mecanismo  de  insistencia  que  procede contra la providencia inadmisoria de la  demanda,  vuelva  el proceso al Despacho de la Magistrada ponente para de oficio  proferir, en su momento, el pronunciamiento de rigor.   

          Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación2,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por cuyo medio la Sala resuelva inadmitir la  demanda  de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decidido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –  siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –, el Magistrado disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en  los  debates  o  suscrito  la  providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   LUIS ALFREDO GUTIÉRREZ VIANCHA   

         De  conformidad con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906  de   2004  y,   en  los  términos  referidos  en  el  acápite  final  de  esta  determinación, contra la misma procede la insistencia.   

2.  Ejecutoriada  la  presente  decisión  y  resuelto,  en  caso  de  interponerse,  el  recurso de insistencia, volverá  el  proceso  al  Despacho  de la  Magistrada  ponente, a fin de que la Sala provea de manera oficiosa acerca de la  posible  vulneración de garantías fundamentales, conforme lo expresado en esta  providencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                AUGUSTO   J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                      

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                              YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                       

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                             JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

            TERESA RUIZ NÚÑEZ   

             Secretaria     

1   Cfr.   Auto   del   2   de   septiembre   de  2008,  radicación  30267.   

2 Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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