30830(02-12-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 30830  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA  DE CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado     acta     Nº  348   

Bogotá,   D.  C.,   dos  (2)  de  diciembre  de  dos  mil ocho  (2008).   

V   I   S   T   O  S   

La           Corte  decide  respecto del cumplimiento  de   los   presupuestos   de   logicidad   y   debida  argumentación  de  la demanda de casación presentada  por   el  defensor  de  ROBERTO  EVANGELISTA  CHAPUEL  CUARÁN,   contra  la  sentencia   de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Pasto,  fechada el 31 de julio de 2008, por medio de la  cual  confirmó  la  dictada  por  el Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito  de  Tumaco con funciones de conocimiento, el 20 de mayo de  2008;  y  lo  condenó  a las penas principales de 48  meses    de    prisión  y  multa equivalente a 1.333 salarios mínimos   legales  mensuales  vigentes  y  a  la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones   públicas  por  el  mismo  lapso  de  la  sanción  privativa  de  la  libertad, como autor del  delito       de       tráfico      de  sustancias  para  procesamiento  de  narcóticos.   

H   E   C   H   O  S   

Fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  segunda instancia, así:   

“ … el 16 de  enero  de 2008, a las 20, a la altura del kilómetro 47 de la vía que de Tumaco  conduce  a Pasto, corregimiento de Espriella, efectivos de la Policía Nacional,  en  operativo  de  control  y  registro de vehículos y personas, registraron un  vehículo  marca  Chevrolet,  Línea  Super,  de  color  blanco,  de  placas SJP  –  801, de propiedad del  señor  NORBERTO  DÍAZ  CHÁVEZ,  el  que  era  ocupado por ROBERTO EVANGELISTA  CHAPUEL  CUARÁN  y JOHANA BAHAMÓN LUIS. En el platón del vehículo, el que se  encontraba  tapado  con  una  carpa, había cuatro (4) pomas plásticas de color  blanco  con  capacidad  para cinco galones cada una, en cuyo interior había una  sustancia  sólida  en  forma de cristales pequeños irregulares que varían del  color  violeta  tornasol  al  verde, características propias del precursor para  estupefacientes  permanganato de potasio con un peso neto de 88 kilos. El señor  CHAPUEL  CUARÁN  asumió toda la responsabilidad penal en la realización de la  conducta punible…”.   

ACTUACIÓN     PROCESAL   

1.    Por  razón    de   los   hechos   narrados,   ante   el   Juez   Segundo   Penal   Municipal   de  control  de  garantías  de  Tumaco,  el  17  de enero de 2008, se  celebró    la    diligencia   de   legalización     de     la     captura,  imputación  e  imposición  de   medida   de   aseguramiento,   de   acuerdo   con  la  petición   hecha   por   el   Fiscal  Seccional,   acto  en  el  cual  Roberto   Evangelista   Chapuel   Cuarán,   de   manera  libre,  voluntaria  y  asistido  por  su  defensor, aceptó el cargo  atribuido, de acuerdo con lo previsto en los artículos  382  de  la  Ley  599  de  2000  y  351  de  la  Ley  906 de  2004.   

2. El Juzgado Segundo Penal del Circuito de  Tumaco   con   funciones   de   conocimiento,   el   12   de  octubre  de  2007,  dictó   sentencia   de  primera  instancia  en  la  que  condenó a Roberto        Evangelista        Chapuel        Cuarán a las penas principales de 48 meses de  prisión   y  multa  equivalente  a  1.333  salarios  mínimos  mensuales legales vigentes y a la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y  funciones  públicas por el  mismo  lapso  de la sanción privativa de la libertad,  como  autor  de  la  conducta  punible  de tráfico de  sustancias         para        procesamiento        de        narcóticos.   

Apelado  el  fallo  por  el  defensor,  el  Tribunal  Superior  de  Pasto,  el  31  de  julio  de  2008,  lo confirmó en su integridad.   

LA     DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El  defensor  del  sentenciado,   con   base   en   el   numeral   1° del artículo 181 de la  Ley  906  de 2004, acusa al Tribunal de haber violado,  de  manera  directa, la ley sustancial,  por  aplicación indebida del  artículo  44  de  la  Constitución  Política  e  interpretación errónea del  artículo  2°  de  la  Ley 82 de 1993 y 314, numeral 5°, del Código Penal. De  igual  manera,  sostiene que los artículos 1° y 2° de la Ley 750 de 2002 eran  las normas a gobernar el asunto.   

Manifiesta  que  no comparte la afirmación  del  juzgador,  según  la  cual, el menor, hijo del sentenciado, cuenta con una  persona  que  vele  por  él,  en  tanto  que  si  bien las pruebas inicialmente  aportadas  evidenciaban que se hallaba al cuidado de un tío, también lo es que  los  elementos de juicio indican que “dicho familiar  abandonaría  la residencia tan pronto recobrara la libertad su hermano, lo cual  significa,  que  en  caso  de  revocarse  dicha  providencia, el menor quedaría  completamente abandonado”.   

Así mismo, acota que el juzgador anotó que  el  menor  fue  abandonado  por  su  madre y que su padre es quien vela por él.  Además,  asevera  que  en  el  trámite  no  obra la prueba correspondiente que  indique  quiénes  conforman  el  núcleo familiar del menor. Dice que lo único  que  está  demostrado es que “tiene otra hija menor  en   la   señora   ESTEFANNI   RIASCOS,  lo  cual  no  significa  que dicha señora forme parte de algún  entorno  social  respecto  al  menor,  ya  que él no es nada para ella; el tío  señor    MIGUEL   CHAPUEL   CUARÁN   una  vez  su  hermano recobró la libertad volvió a sus quehaceres  normales   y   a   su   trabajo   habitual   a  su  pueblo  Córdoba”.   

Agrega que nadie puede asegurar que el tío  va  a  suplir  las  necesidades  del  menor,  esto  es,  en  el plano afectivo y  económico.  Estima  que  en  el  presente  asunto  su representado acreditó su  condición  de  padre de familia, motivo por el cual decidir en contrario sería  atentar contra los derechos del menor.   

Dice que como quiera que en el proceso está  demostrado  que  el  tío  no  está  en  condiciones  de  cuidar al menor, debe  concederse la prisión domiciliara a su representado.   

En cuanto al segundo punto en que se fundó  el  Tribunal  para  negar  la  prisión  domiciliaria,  esto  es,  por el factor  subjetivo,  estima  que  no  lo  comparte,  puesto  que  su  defendido  ha  sido  reconocido  en  el grupo social como una persona honorable, máxime cuando en la  audiencia   preliminar   se   incorporaron   plurales  documentos  que  así  lo  demostraban,  siendo  esa la razón por la cual el juez de control de garantías  le otorgó dicho beneficio.   

De  todas  maneras,  insiste  en  sostener  que    decidir   en   contrario   sería  ir  en  contravía  de  la  Corte  Constitucional,  de  acuerdo  con  la  sentencia  C-184  del 4 de marzo de 2003.  Manifiesta   que   en   el  diligenciamiento  no  se  encuentra  acreditado  que  Chapuel   Cuaran   tenga  antecedentes  penales.  En  cambio,  continúa,  sí se encuentra demostrado que  colaboró   con   la   administración   de   justicia  al  haber  aceptado  los  cargos.   

De  ahí  que  insista  en que Chapuel  Cuarán no constituye un peligro  para  la  sociedad.  Por  último,  critica al juzgador de primera instancia por  haber  revocado a su representado la prisión domiciliaria, puesto que con dicha  decisión  se desconoció “lo legalmente aportado al  proceso”.   

Por  lo expuesto, solicita a la Corte casar  la sentencia impugnada y, en su lugar, se proceda de conformidad.   CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  En el nuevo el sistema procesal, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   Por  lo  mismo,  ha  de  concluirse  que este recurso, concebido como un control  constitucional,  es   consecuencia  natural  de  la  función que ejerce la  Corte  Suprema  de Justicia como Tribunal de Casación, según así lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta,  y, por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De   acuerdo   con  lo   que   estatuye   la  citada  Ley  906,  para   que   la  demanda   sea   admitida   se  requiere   que   el   libelista,   además   de   contar con   interés,      acredite      la     afectación     de   derechos    o   garantías  fundamentales,   para   lo   cual       también       deberá      formular      y   desarrollar   los  correspondientes cargos y, por  supuesto, demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte para lograr algunos de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  jurisprudencia  de la Corte, son los mismos del proceso penal, lo que  explica  que  las causales de casación tengan un diseño dirigido a lograr esos  fines.   

Por    ello,    “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    esta    debe    determinarse    por    la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta  para controvertir sin mas las decisiones judiciales según el albedrío  del   casacionista,   lo   cual   repugna   a   la  noción  de  debido  proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines      de     la     casación”.1   

En  consecuencia, el recurso extraordinario  no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  el debate fáctico y jurídico  llevado  a cabo en el agotado proceso, por lo que no es procedente realizar toda  clase  de  cuestionamientos a manera de instancia adicional a las ordinarias del  trámite,  sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente y sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea de juicio o de procedimiento en que haya  podido  incurrir  el sentenciador, procediendo a demostrarlos dialécticamente y  evidenciado  su  trascendencia,  para de esa manera concluir que la sentencia no  es  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.     

2.  En  la medida en que el fallo impugnado  tuvo  como  génesis  la aceptación de cargos que hizo el hoy sentenciado en la  audiencia  de formulación de la imputación, según lo previsto en el artículo  351  de  la  Ley 906 de 2004, y toda vez que en el único cargo formulado contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  no  se  está  cuestionando  el juicio de  responsabilidad  sino la no concesión de la prisión domiciliaria, surge fácil  advertir  que  el  casacionista  tiene  interés para cuestionar la sentencia en  este  asunto,  en  tanto  que  ello  no  implicaría  una  retractación  de  lo  libremente aceptado.   

3. Aclarado lo anterior, la Sala procederá  a  estudiar  los  presupuestos  de  lógica  y debida fundamentación del único  cargo  postulado  contra  el fallo del Tribunal. En primer lugar, valga destacar  que  el recurso de casación fue estatuido para denunciar vicios de derecho o de  actividad cometidos al interior de la sentencia o del trámite.   

Por manera que el juzgador contempló   unas  determinadas  causales  para  demandar  los  yerros,  imperando,  dada  su  naturaleza  rogada,  el principio de taxatividad, en tanto que cada una de ellas  contempla  su  propia  estructura  y,  por  lo  mismo, trae consigo particulares  consecuencias jurídicas.   

Así,  en  punto  de  la  demostración  y  trascendencia  del  vicio,  además  de  que  debe  estar cabalmente postulado a  través  de  la  causal correspondiente, al actor le compete evidenciar cómo el  mismo  tiene la virtualidad de desquiciar el fallo, siendo imperioso que la Sala  entre a reparar el agravio inferido a los intervinientes.   

En tales condiciones, cuando la censura se  postula  bajo  los  lineamientos  de  la  causal primera de casación, según lo  previsto  en  el  artículo  181,  numeral   1°,   de   la   Ley   906  de  2004,  se  está  denunciando   que   el  juzgador   en la elaboración  del juicio de derecho se  equivocó  al  seleccionar  o  al  interpretar  la  norma  llamada a gobernar el  asunto,  razón  por  la  cual  se  parte  que  los  hechos y las pruebas fueron  correctamente apreciadas.   

No  resulta  atinado entrar a cuestionar el  juicio  de hecho, toda vez que el debate se centra en la aplicación del derecho  respecto  que  la  norma aplicada no era la llamada a gobernar el asunto, que se  excluyó  otra que sí resolvía los extremos de la relación jurídico procesal  o  que, habiéndose escogido correctamente se le dio un alcance que no se deriva  del texto.   

4. En el supuesto que ocupa la atención de  la  Corte,  resulta  fácil  advertir  que  el único cargo presentado contra el  fallo  no  fue construido con estrictez a dichos parámetros; de ahí que no sea  posible  predicar  si efectivamente el juzgador de segundo grado incurrió   en  una  aplicación  indebida  o en una interpretación errónea, puesto que el  discurso  argumentativo  está  construido  sobre  la  base  de no compartir las  razones  fácticas  esgrimidas  por  el  Tribunal  para  no  otorgar la prisión  domiciliaria,  en  la medida en que al trámite, en la audiencia de formulación  de  la  imputación,  se  allegaron los correspondientes documentos que permiten  colegir   que   Chapuel  Cuarán  ostenta  la  condición  de  padre  cabeza  de  familia.   

En  efecto,  argumenta  el libelista que no  comparte  que  el  juzgador  hubiese  concluido  que  el  menor no se hallaba en  condición  de  abandono,  habida  cuenta  que  el tío una vez que su protegido  recobrara  la  libertad  partiría  de  la  residencia  en  la que vivía con el  infante,  y  que  tampoco  se  puede  predicar  que en la situación procesal de  Chapuel  Cuarán  no  se  cumplía  con  el aspecto subjetivo  para hacerse  acreedor  a  la prisión domiciliaria, dado que en el diligenciamiento obran los  correspondientes  documentos que llevan a inferir que él no tenía antecedentes  penales y que no resultaba un peligro para la comunidad.   

En otras palabras, el casacionista se opone  a  las  razones  dadas  por  el  Tribunal  para negar al sentenciado la prisión  domiciliaria,   partiendo   de  hipótesis  probatorias  que  en  manera  alguna  evidencian  la  infracción de la ley en las modalidades de aplicación indebida  e interpretación errónea.   

Ahora bien, si el casacionista estimaba que  el  fallador  en  el estudio del punto de inconformidad no apreció determinados  documentos,  debió,  entonces,  postular la censura bajo los lineamientos de la  causal  tercera  de casación reglada en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004.  No  obstante,  no sobra agregar que de los argumentos planteados por el juzgador  de  segundo  grado no se advierte la citada infracción de la ley que lleve a la  Corte  a  intervenir  como  tribunal  de casación en procura de cumplir con los  fines preceptuados en el artículo 180 de la citada ley.   

De los argumentos expuestos por el Tribunal  se  concluye  que  sí  apreció  los elementos de juicio a que hace mención el  libelista.  En  efecto, para la Corporación fue claro que en el presente asunto  se  “advierte con claridad la ausencia permanente de  la  madre  biológica,  MAYRA ALEJANDRA MOLINA LÓPEZ, en relación con su menor  hijo”.   

“..  

“Sin  embargo,  los elementos probatorios  aducidos  no  tienen  la virtualidad de acreditar que el acusado ha quedado como  exclusivo responsable de la protección y cuidado de  su  hijo menor y, por tanto,  su  reclusión  intramural no representa afectación efectiva a los derechos del  niño.  Atiéndasela respecto, que la norma que define la condición de padre de  cabeza    de     hogar    igualmente    exige    que    haya   ‘deficiencia  sustancial de los demás  miembros    del    núcleo    familia’  y  el  último  informe  de  visita domiciliaria da cuenta que el  menor  … se encuentra bajo el cuidado y protección de sus tío…”.   

“Allí   se  registra  que  el  citado  miembro  del núcleo familiar se encuentra laborando,  ‘reemplazando   a   su  hermano       en       la       mueblería       y      colchonería’,  refutando  lo  sostenido  por  el  apelante,      y     que     cuidará     de     su     sobrino     ‘hasta  que se solucione la situación  del  padre  del  menor’.  Además    se    constata    que    el    menor   se   halla   en   ‘buenas  condiciones  de higiene tanto  en  su aspecto físico como en su vestimenta, manifiesta que hasta el momento no  ha padecido de ninguna enfermedad…   

“Lo registrado  permite  inferir  que  la  persona  citada  tiene  la capacidad e idoneidad para  proveer    amparo,    apoyo    económico    y   afecto   al   menor”.   

Y,  en  cuanto  a  los  presupuestos  del  desempeño  personal,  familiar,  laboral  o  social del sentenciado que permita  deducir  seria,  fundada  y  motivadamente  que  no  colocará  en  peligro a la  comunidad  y  que no evadirá el cumplimiento de la pena, el Tribunal consideró  que   el   “desempeño  personal  del  sentenciado  referido  a  la  comisión  de un delito que atenta contra la salud pública, no  permite  ofrecer  el  mejor  ejemplo  para  su  menor  hijo y además implica un  latente peligro para la comunidad”.   

De  ahí  que  la  Sala no advierta que el  juzgador  dejó  de  apreciar  los  medios  de  convicción a que se alude en el  libelo,  simplemente  colige  que  el  demandante  no  está  de acuerdo con los  razonamientos  en  presencia  citados, disparidad de criterios que no demuestran  la existencia de un yerro susceptible de ser atacado en esta sede.   

Sin embargo, lo anterior tampoco es óbice  para  que  el sentenciado en la ejecución de la sentencia y en el evento en que  varíen  algunas  de  las  circunstancias  anotadas, pueda invocar nuevamente el  beneficio  que  se  reclama  en  esta sede ante el juez de ejecución de penas y  medidas de seguridad.   

Ante  la simple discrepancia de criterios,  se impone la inadmisión de la demanda.   

Resta    señalar    que   no   se   observa   que   con  ocasión  del   fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación  se  violaron los derechos o las  garantías  del procesado ROBERTO EVENGELISTA CHAPUEL  CUARÁN,  como para que tal circunstancia imponga superar los defectos del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el inciso 3° del artículo 184  de la Ley 906 de 2004.   

Acotación  final   

Habida  cuenta  que contra la decisión de  inadmitir   la   demanda   de   casación  presentada  a  nombre  del  procesado  ROBERTO   EVENGELISTA   CHAPUEL  CUARÁN  procede  el mecanismo de insistencia  de  conformidad  con  lo  establecido en el artículo 186 de la Ley 906 de 2004,  impera  precisar que como dicha legislación no regula el trámite a seguir para  que  se  aplique  el referido instituto procesal, la Sala ha definido las reglas  que  habrán  de  seguirse  para  su  aplicación,2 como sigue:   

a)   La  insistencia  es un mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal               –siempre     que     el     recurso     no   hubiera    sido    interpuesto   por   el   Procurador   Judicial–,   el   Magistrado   disidente   o   el  Magistrado que no  haya   participado  en  los  debates  y  suscrito  la  providencia  inadmisoria.   

b)  La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El auto a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito de  lo     expuesto,     la     CORTE    SUPREMA    DE  JUSTICIA,   SALA   DE  CASACIÓN               PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

1.         INADMITIR     la   demanda   de  casación presentada por el defensor de ROBERTO        EVENGELISTA        CHAPUEL       CUARÁN.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

Cópiese,  notifíquese         y        cúmplase.   

          COMISIÓN  DE SERVICIO   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS                    AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                                        YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                           

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                        JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                            

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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