30246(30-09-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  30246   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                                                 Magistrado  Ponente:   

                                                 DR. ALFREDO  GOMEZ QUINTERO   

                                               Aprobado Acta  No. 279   

Bogotá, D.C., treinta (30) de septiembre de  dos mil ocho (2008)   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Corte en relación con la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  instaurada  por  el  defensor  de  AURA  ALICIA  TIBATÁ  GUÍO,  contra  la  sentencia del 25 de marzo de 2008 proferida por el Juzgado Cincuenta  y  Uno  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  que  confirmó  el  fallo de primera  instancia  del  Juzgado  Treinta  Penal  Municipal  de  Bogotá mediante el cual  condenó  a  la  procesada a las penas de cuarenta y dos (42) meses de prisión,  interdicción  de  derechos  y de funciones públicas por el mismo término y le  negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena, por hallarla  responsable del delito de hurto calificado y agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Sucedieron el 30 de enero de 2004, época en  que  AURA ALICIA TIBATÁ GUÍO  se  desempeñaba  como  empleada  doméstica en la casa del señor Luís Ignacio  Álvarez  Zuluaga,  cuando  fue  sorprendida  con  diferentes  elementos  de  su  propiedad   que  sustrajo  del  armario  que  previamente  violentó  (una  suma  indeterminada           de          dólares1,  algunas  joyas  –cuyo  precio  no  se  determinó-, una  loción, una calculadora, unos billetes de colección).   

La procesada alegó a su favor que tomó los  dólares  y  los billetes de colección, alegó que no se apropió de joyas, que  no  dañó chapas y “que tenía una necesidad, que estaba enferma y necesitaba  ir al médico”.   

El  denunciante  no  se constituyó en parte  civil  y el juzgado se abstuvo de condenar en perjuicios.  (Página 3 de la  sentencia de primera instancia).   

El 18 de junio de 2004 la Fiscalía Noventa y  Siete   Local   profirió   acusación   por   Hurto   calificado   –por  la  violencia sobre cerraduras- y  agravado  –por la confianza  depositada    en    la    víctima-    (artículos    239,    240   –      4,      241     – 2 del C.P.).   

El Juzgado Treinta Penal Municipal de Bogotá  profirió  sentencia  condenatoria  por la misma conducta el 10 de septiembre de  2007 (Folios 68 – 76).   

Desatada  la  apelación  interpuesta por el  defensor  técnico,  el  Juzgado  Cincuenta  y Uno Penal del Circuito de Bogotá  confirmó la condena el 25 de marzo de 2008.  (Fls. 92 – 96).   

LA DEMANDA  

El  defensor  de  la sentenciada propuso los  siguientes reparos contra la sentencia de segunda instancia:   

Primer cargo.  Violación directa de la  Ley   sustantiva   por  aplicación  indebida  del  artículo  240  – 4 del C. P.   

Aduce  el  libelista  que no se demostró la  “violencia”  como  circunstancia  que  califica  la  conducta (artículo 240  – 4) porque el denunciante  jamás  manifestó  que  su  closet,  donde  guardaba  las  joyas  hubiese  sido  violentado,  que no se acreditó que el ingreso al inmueble se realizó mediante  escalamiento,  llave  sustraída  o  falsa,  con  ganzúa  o  cualquier elemento  similar  y  que  no  fue  necesario  superar  seguridades  electrónicas u otras  semejantes,  sencillamente  porque  la  empleada residía en la misma casa de la  víctima.   

De     otra     parte     –dice- la denuncia que se formuló ante  un  funcionario  de Policía “no tiene fuerza de plena prueba” y, además de  ello,   tampoco   se   podía   deducir   la   circunstancia   que   agrava   la  conducta.   

Segundo cargo.  Violación directa de la  Ley  sustantiva  por  exclusión  evidente  del  artículo 42 del C. de P.P. (L.  600)   

Afirma  el  libelista  que  la  sentencia se  profirió   por   una  conducta  contra  el  patrimonio  económico,  plenamente  consumada,  donde  el juzgador no tasó la cuantía de los perjuicios materiales  y  ello  impidió  a  la  procesada  acudir  a  la  figura  de la indemnización  integral2.   

Cargo tercero.  Violación indirecta de  la  Ley  sustantiva  y exclusión evidente de los artículos 232 y 283 del C. de  P.P.3  (L. 600)   

Es      evidente      –dice-   que   no   hubo   captura  en  flagrancia  porque  a  eso  de  las once y media de la noche, cuando la víctima  advirtió  que  el closet había sido violentado la empleada estaba durmiendo en  su    habitación,    por    manera    que    ello   excluye   la   captura   en  flagrancia.   

Luego,  si el juzgador se hubiese persuadido  de  que la imputada devolvió los elementos y de que fue ella misma quien llevó  a  las  autoridades  hasta  la persona a quien le entregó los dólares, hubiese  concedido  las  rebajas  por  confesión  y  por colaboración con la justicia y  proferido  condena  por  hurto  simple concediendo el subrogado de la ejecución  condicional de la pena.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  demanda  de  casación que presentó el  defensor  de  AURA  ALICIA  TIBATÁ  GUÍO      se  INADMITIRÁ   por   las  siguientes seis razones:   

1)   A  la luz del artículo 205 de la  Ley  600  de  2000  que  rigió  la  investigación  desde su inicio, el recurso  extraordinario  de  casación  procede  contra  sentencias proferidas en segunda  instancia  por  los Tribunales Superiores del Distrito  Judicial  y por el Tribunal Penal Militar, además por  delitos  que  tengan señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo exceda  de ocho años.   

Si  bien  es  cierto  que para el delito de  hurto  calificado  y agravado se cumple la condición punitiva (en tanto que los  límites  punitivos  van  de  3.6  a 12 años), no se cumple en este caso con el  presupuesto  de  haber  sido una sentencia proferida en segunda instancia por un  juez colegiado.   

En  efecto,  como  no  se  estableció  la  cuantía  del hurto (ver nota 1), la competencia radicó en primera instancia en  el  Juez  penal  municipal  (artículo  78  inc.  1  de la Ley 600) y en segunda  instancia   en   el  Juzgado  Penal  del  Circuito  (artículo  77  – 2).   

Siendo  ello  así, para acceder al recurso  extraordinario  de  casación,  el  actor debió proponer la impugnación por el  trámite  de  la casación excepcional o discrecional y fundamentar –al   menos  de  manera  sumaria-  la  necesidad  de  desarrollar  la  jurisprudencia  en materia de aquella conducta o  demostrar  la  violación  de  la  garantía  de  los derechos fundamentales del  procesado (artículo 205 inciso tercero).   

Sin  embargo,  el  libelista no postuló el  recurso   como  excepcional  y  tampoco  denunció  en  el  escrito  faltas  que  comprometan  derechos fundamentales, siendo carga suya  acreditar  la  necesidad  de  la  intervención de la  Corte  en  favor  de  la  protección  de  las  garantías fundamentales y/o del  desarrollo       de      la      jurisprudencia4.   

2)   Por  otra  parte, cuando el actor  niega  la  circunstancia  calificante  –violencia  o  superación  de  seguridades de las cosas- (artículo  240  –  4)  y  niega  el  carácter  probatorio  de  la  denuncia,  soslaya que la violación directa  de la ley sustancial implica en  primer    lugar   asentir   la   apreciación   probatoria   que   realizó   el  juez.   

El carácter probatorio de la denuncia y la  forma  de contemplarla se rige por el principio de libertad probatoria según el  cual:   “Los  elementos  constitutivos  de  la  conducta  punible, la responsabilidad del procesado, las causales de agravación  y  atenuación  punitiva,  las  que excluyen la responsabilidad, la naturaleza y  cuantía    de    los   perjuicios,   podrán   demostrarse   con   cualquier  medio probatorio, a menos que  la    ley    exija    prueba   especial,   respetando   siempre   los   derechos  fundamentales”.   

3) El hecho de que el juez no hubiese tasado  la  cuantía  de los perjuicios materiales porque el denunciante no los reclamó  al  interior  del  proceso  no  es  asunto que incida en la determinación de la  responsabilidad  penal.   La  determinación del perjuicio hace parte de la  responsabilidad    civil  derivada      de     la     conducta     punible5   (Cfr.   Capítulo   Sexto,  artículos  94  – 99 del  C.P.).   

4)  En relación con la flagrancia (que  niega  el  libelista al advertir que la procesada fue capturada a la media noche  cuando  dormía  en  la habitación de su casa), es dable sostener que entre las  múltiples    hipótesis    de    la    flagrancia6   aparece   el   hecho   de  capturarla  con  elementos  objeto  de  la  conducta  punible y se demostró que  tenía  en  su  poder  y  devolvió  alguna  parte  del dinero materia del hurto  (doscientos  cuarenta  (U.S.$ 240) dólares.  Ver  nota  1)  y,  además,  se  recuperaron de su habitación algunas joyas hurtadas  (fl. 5).   

5)  En relación con el tema de la libertad  del  sentenciado(a),  hay que decir que la suspensión  condicional   de   la   ejecución  de  la  pena  fue  correctamente   denegada   por  no  satisfacer  el  factor  objetivo  en  la  medida que la condena excede de tres (3) años (artículo  63  –  1), sin perjuicio  del  derecho  que  le  asiste  a  la  defensa  de  acudir  ante  el juez  de  ejecución  de penas y medidas de seguridad en procura de  acceder  a  otro  mecanismo sustitutivo de la ejecución de la pena privativa de  libertad,    como    la    prisión   domiciliaria7,  dado  que  sobre  ella no se  pronunciaron  las  instancias,  único  caso  en  que  el  juez  de  penas está  autorizado legalmente para pronunciarse sobre esa figura.   

6)   No  está  por  demás  recordar  –finalmente-   que  el  recurso  extraordinario  de  casación  es  un control  constitucional  y legal que busca hacer efectivo el derecho material, el respeto  de   las   garantías   constitucionales   y   legales   debidas  a  las  partes  intervinientes  en  el  proceso, la reparación de agravios inferidos a éstos y  la  unificación  de  la  jurisprudencia  (en  relación  con  las conductas que  lesionan  el  patrimonio económico en este caso).  Cuando el escrito no se  ocupa  algunos de esos fines sino de una discusión probatoria insular, no puede  ser      admitido      para      su      estudio8.   

La       Sala       inadmitirá   la   demanda  por  la manifiesta improcedencia del recurso y, además, porque el  escrito  no cumple en lo mínimo con el requisito de fundamentación establecido  en  los  artículos  205 inciso tercero, 206 y 212 del C. de P. Penal (Ley 600),  en   suma,   porque   el   libelista  limitó  la  impugnación  a  una   particular  manera  de  apreciar  las  pruebas,  orientada  a  degradar  la  conducta (a hurto simple) para obtener un descuento punitivo y por  esa  vía  una  medida alternativa a la ejecución de la pena en establecimiento  carcelario,  siendo claro que la discrepancia de criterios entre el demandante y  el  juez  de  segunda instancia (individual en este caso) no habilita a la Corte  para   que   examine   el   fondo   de  la  materia9,  mucho  menos  cuando  no se  evidencia  violación  de  garantías  fundamentales  que impulsen la actuación  oficiosa de la Corporación.   

En virtud de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   AURA  ALICIA  TIBATÁ GUÍO contra el fallo  proferido  en  segunda  instancia  por  el  Juzgado  Cincuenta  y  Uno Penal del  Circuito de Bogotá.   

En  consecuencia,  en firme esta providencia  devuélvase el expediente.   

La  condena  debe  ejecutarse  en  los  términos  en que lo disponen las  sentencias   y   el  Juez  del  conocimiento  debe  remitir  las  comunicaciones  referenciadas en el artículo 472 de la Ley 600 de 2000.   

Contra este auto no procede recurso alguno en  virtud  a  lo  dispuesto  en  los  Arts.  213  y  187, inc. 2º de la Ley 600 de  2000.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

   JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                                          ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO             

MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                                               AUGUSTO    J.   IBAÑEZ  GUZMÁN   

    JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                          YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

   

JULIO      ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1El  denunciante  estimó el valor del perjuicio en la suma de diez millones de pesos  (fl.  5);   afirmó  que  le hacían falta tres mil (US.$3000) dólares, no  obstante,  la  noche  en  que  fue  sorprendida la imputada devolvió doscientos  cuarenta  (U.S.$  240)  dólares, en la indagatoria aceptó que eran ochocientos  (US.$.800)  y  que  se  los había entregado a un amigo de nombre Milton Vargas,  quien  reconoció  que  en  el  mes  de  diciembre  de 2003 recibió seiscientos  (US.$600)  para  que  se los guardara y aportó copia de una consignación del 5  de diciembre de 2003 por valor de setecientos mil ($700 000) pesos.   

2“…la    indemnización   integral,  entendida  como  un  comportamiento  posterior  a  la  comisión  de la conducta  punible  tendente  a  reparar  el  daño  material  y  moral  a  las víctimas y  perjudicados  con  el  hecho,  no  es  –de  ninguna  manera-  causal  de  exclusión  de la responsabilidad  penal”.   Auto  del  28  de noviembre de 2007,  rad. Núm. 28621.   

3La  primera  norma  exige  constatar la existencia de plena prueba que conduzca a la  certeza  de  la  responsabilidad  y la segunda consagra la reducción de pena en  una sexta parte en los casos de confesión.   

4CORTE  SURPEMA DE JUSTICIA, auto del 09/02/2005, rad. núm. 23119.   

5“…los   perjuicios   materiales   no  son  un  predicado  del  reproche penal a la conducta  punible.   Los  perjuicios  materiales  tienen su fuente en la responsabilidad  civil  derivada de la conducta punible;    se  trata  de  la regulación a las consecuencias civiles del delito”.  CORTE  SUPREMA,  Sala  de  casación  penal,  auto  del  1° de noviembre de 2007, rad.  28162;   en  el  mismo  sentido,  auto  del 31 de marzo de 2008, rad. Núm.  29178.   

6“…la   definición   que  al  respecto  traía  el  Código  de  Procedimiento  Penal  anterior,  y  la actual del artículo 301 de la Ley 906 de  2004,  conllevan  a que la flagrancia se vincule necesariamente a la captura del  autor  del  hecho, pues “hoy en día la tesis según  la  cual  era  perfectamente  viable  que  se  presentara  el  fenómeno  de  la  flagrancia,  entendida como evidencia procesal, sin su correlativo de la captura  como  su  consecuencia,  ya  no es predicable”, toda  vez  que  de  acuerdo  con  la última normatividad en cita, se entiende que hay  flagrancia cuando:   

“1.   La   persona   es  sorprendida  y  aprehendida al momento de cometer el delito.   

2.   La   persona   es   sorprendida   o  individualizada  al  momento  de  cometer el delito y aprehendida inmediatamente  después   por   persecución   o   voces  de  auxilio  de  quien  presencie  el  hecho.   

3.    La    persona   es   sorprendida  y capturada con objetos instrumentos o huellas, de los  cuales  aparezca  fundadamente  que  momentos  antes  ha  cometido  un  delito o  participado en él”.   

Como  se  ve,  en  todos  los  eventos  el  sorprendimiento   de  la  persona  está  inescindiblemente  ligado a la captura y en cada uno de ellos se  establece  una  diferencia  temporal de menor a mayor, en todo caso limitada por  una  determinada  inmediatez  a  la  comisión  del delito y a la posibilidad de  predicar   la   identificación   y   consecuente   autoría   del  aprehendido;  circunstancia  que  a  su  vez,  frente a cada una de las situaciones planteadas  conlleva  a  unas  determinadas  exigencias  valorativas  que  compete  hacer al  Juez.   

En  el  primer  caso, el sorprendimiento es  concomitante  a  la  captura,  en  tanto que se ejecuta al momento de cometer el  delito.  Esta  situación resulta evidencia de difícil controversia frente a la  identificación  e  individualización  del  autor,  independientemente  de  las  razones que puedan o permitan explicar su comportamiento.   

En el segundo caso, a la persona también se  le  sorprende  cometiendo  el  delito,  sólo  que  la  captura no ocurre en ese  preciso  momento,  sino  inmediatamente  después,  y  como  consecuencia  de la  persecución  o  voces  de auxilio de quien presencia el hecho, pues sabe quién  es   el   autor   y   cuál   es  su  identificación  o  las  señales  que  lo  individualizan.   

El  tercer  supuesto  hace  referencia a un  sorprendimiento  posterior  a  la comisión del hecho. Aquí la captura no tiene  una  actualidad  concomitante  a  su  ejecución  puesto  que no se requiere que  alguien  haya  visto  a  su  autor  cometiendo  el delito, sino que son  los objetos, instrumentos o huellas que tenga en su poder, los  que  permiten  concluir “fundadamente”,  esto  quiere  decir,  con poco margen de error, que “momentos  antes”  lo  ha cometido o  participado  en  él…”.   (Cfr.   CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  sentencia  del 30/11/2006, Rad. núm. 25136;  en el  mismo  sentido,  sentencia  del  8  de  nov.  De  2007,  rad. Núm. 26411;   sentencia del 11 de julio de 2007, rad. Núm. 27438).   

7CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación  Penal  Rad.  Auto  del 16   de   marzo   de  2006,  rad.  núm.  24530;   auto del 2 de  marzo  del  2005, rad. número 23.347;   auto del 27 de junio de 2007,  rad. número. 26931.   

8Ib.  Auto del 05/10/2006, rad. 26009   

9CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Auto del 20/04/2005, rad. núm. 23517;  en el mismo  sentido,  auto del 24/11/2005, Rad. 23897;  auto del 23/03/2006, rad. núm.  24065.     

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