29961(02-12-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29961  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta  No.  348                                                                                                          Magistrado Ponente:   

                                     Dr. JOSE LEONIDAS BUSTOS MARTINEZ   

Bogotá  D.  C.,  dos de diciembre de dos mil  ocho.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   las   demandas   de  casación   presentadas  por  los  defensores  de  Roberto  Ahumada  Moreno  y  Mario Bautista Centeno contra  la  sentencia  dictada por el Tribunal Superior de Valledupar el 19 de noviembre  de  2007,  mediante la cual confirmó la proferida el 26 de julio inmediatamente  anterior  por  el  Juzgado  Tercero  Penal  del Circuito de la misma ciudad, que  condenó   al   primero   de   los  nombrados  por  el  delito  de  interés  ilícito  en  la  celebración  de contratos, y  al  segundo, por dicho ilícito y uso de  documento público falso.   

Hechos.  

El   26   de  enero  de  2001  Roberto  Ahumada  Moreno, Gerente del Fondo  Rotatorio  de  Ingresos  Departamentales  del Cesar, suscribió con Mario  Bautista  Centeno  un  contrato  de  prestación  de  servicios  profesionales  como contador público, por once (11)  meses,  contados  a  partir  del  primero  de  febrero de ese año, por valor de  $23’000.000,  cancelados  por      mensualidades      vencidas      a     razón     de     $2’180.000.    

En  virtud  de  una  comunicación  anónima  recibida   el   26  de  julio  de  2001,  que  informaba  de  la  existencia  de  irregularidades  en  la  celebración  del referido contrato, el Grupo Operativo  Anticorrupción  del  Departamento  Administrativo  de Seguridad (DAS) Seccional  Cesar   adelantó   algunas   averiguaciones,   estableciendo   que   el  señor  Mario Bautista Centeno no era  contador  público  y  que el certificado de registro del diploma que acompañó  para acreditar tal calidad era falso.   

La  investigación  estableció  también que  algunas  exigencias  legales  del  proceso  contractual, como la realización de  convocatoria,   la   constitución  de  póliza  de  cumplimiento  antes  de  la  ejecución   del   contrato   y   la  adecuada  aplicación  de  rubros,  fueron  desconocidas  en  el  caso  en estudio, y que la designación del contratista se  hizo   por  recomendación  del  Secretario  de  Hacienda  de  la  época  y  el  Gobernador,  quienes sabían que Mario Bautista Centeno  no era contador público.    

Actuación  procesal  relevante.   

1.  La  fiscalía  inició investigación por  estos   hechos,  escuchó  en  indagatoria  a  Roberto  Ahumada   Moreno   y  Mario  Bautista  Centeno,  y el 23 de junio de 2004 calificó  el  sumario  con  resolución  de  acusación contra el primero por el delito de  interés  indebido  en  la  celebración  de contratos  en  condición  de  autor,  y al segundo, por el mismo  delito,  en  condición  de  interviniente,  y  uso de  documento  público  falso  en  calidad de autor. Esta  decisión  fue apelada por la defensa de Ahumada Moreno  y  confirmada  por  el  superior el 17 de noviembre de  2005.1   

2. El 26 de julio de 2007, el Juzgado Tercero  Penal  del  Circuito  de  Valledupar  condenó  a  los  procesados a 48 meses de  prisión,   multa  equivalente  a  20  salarios  mínimos  legales  mensuales  e  inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por un  período  igual al de la pena privativa de la libertad, como responsables de los  cargos  imputados  en  la  resolución  de  acusación. El Tribunal revisó esta  decisión  por apelación y la confirmó el 19 de noviembre de 2007.2   

Las        demandas.   

A    nombre    de    Mario    Bautista  Centeno.   

Presenta  dos  cargos  contra  la  sentencia  impugnada,  uno  al  amparo de la causal primera del artículo 207 de la Ley 600  de  2000,  cuerpo segundo, por violación indirecta de la ley sustancial, y otro  por nulidad con fundamento en la causal tercera ejusdem.   

Violación  indirecta  de la ley.   

Afirma  que  la  sentencia  viola  de  manera  indirecta  la  ley  sustancial,  por  aplicación indebida del artículo 409 del  Código    Penal    vigente,    que   describe   el   delito   de   interés  indebido  en  la  celebración  de contratos, debido  a  un  error  de  hecho por falso juicio de existencia en la  apreciación  de  las  pruebas  que  indican  que Mario  Bautista  Centeno  no era funcionario público y que no  podía cometer el delito que se le imputa.   

Argumenta  que esta modalidad delictiva se le  viene  atribuyendo  al  procesado  a   lo  largo  de  toda  la  actuación,  olvidando  que  su  ingreso  a  la  administración  pública  se  hizo mediante  contrato   de  prestación  de  servicios,  y  que  esto  no  lo  convertía  en  funcionario  con  atribuciones  “que  le  permitiera  tener  ingerencia  (sic)  directa  ni  indirectamente  en  celebración  de contratos, ya que su relación  laboral  era  específicamente  atender  los  asuntos  relaciones  (sic) con sus  funciones de contaduría”.   

Nulidad.  

Sostiene que a Mario  Bautista  Centeno  se le atribuye también el delito de  uso   de   documento   público  falso,  por  cuanto  al  momento  de firmar el contrato con el representante  legal  del  Fondo  Rotatorio  de  Ingresos  Departamentales,  aportó documentos  espurios.   

Pero  la  fiscalía  olvida  que el procesado  nunca  hizo  uso  de  ellos,  “ya que estos fueron allegados por la Oficina de  Talento  Humano  de la Gobernación del Cesar, que era donde reposaba la hoja de  vida  del  señor  BAUTISTA CENTENO, y que nunca los aportó al contrato de  prestación  de  servicios  que firmó, por lo tanto esta es una afirmación que  hace la fiscalía sin fundamento legal…”.   

El  ente  acusador  debió  investigar más a  fondo  para  hacer  claridad  alrededor  de  este  punto.  La certificación del  registro  del  diploma, que se reputa falsa, fue aportada con la hoja de vida en  el  año  1995, cuando el procesado ingresó a la Gobernación del Cesar, y esto  se  puede  verificar  con  la  fecha  de  expedición  de  la misma, lo cual fue  descartado por la fiscalía.   

Revisado  el documento se establece que tiene  fecha  de  expedición  25  de  octubre de 1993. La acusación, por su parte, se  dictó  el 23 de junio de 2004, es decir, después de once (11) años, cuando ya  había  operado  la prescripción de la acción penal, pues, como ya se dijo, el  documento  no  fue  aportado para acreditar la calidad de contador al momento de  firmar  el  contrato, sino que, los investigadores del DAS “lo reprodujeron de  la  hoja de vida que reposaba en las oficinas de Talento Humano del Departamento  del  Cesar  y  lo  hicieron  figurar como aportado el contrato de prestación de  servicios”.   

A    nombre    de    Roberto    Ahumada  Moreno.   

Plantea la censura por la vía de la casación  discrecional.  Sostiene,  en  orden a demostrar su procedencia, que la sentencia  de  segundo  grado viola el derecho fundamental a la defensa, como garantía del  debido  proceso,  por  errores  en  la adecuación típica de la conducta. En el  cuerpo  de  la  demanda  plantea  dos  cargos  contra  la  sentencia  impugnada,  así:   

Nulidad  por  violación  directa  de la ley  sustancial.   

Invoca “como causal de casación la tercera  de  las  indicadas  en  el artículo 306 del Código de Procedimiento Penal (Ley  600  de 2000), violación directa de la ley sustancial, por aplicación indebida  del  artículo  145 del Código Penal de 1980, modificado por el artículo 57 de  la  Ley 80 de 1993 (norma vigente para la época de los hechos), derogado por el  artículo  409 de la Ley 599 de 2000, artículos 29 Constitucional, 6° y 9° de  nuestra norma punitiva”.   

Sostiene,   después   de  transcribir  los  artículos  145  y  146  del  Decreto  100 de 1980, que describen los delitos de  interés  ilícito  en  la  celebración  de contratos  y    contrato   sin   el  cumplimiento  de  requisitos  legales, y de indicar que  la  adecuación  típica  de  una conducta debe ser impecable e inequívoca, que  los   juzgadores   “cometieron   un   error  in  indicando  (sic)  al  aplicar  indebidamente  el  artículo  145  de  la Ley 100 de 1980, dejando de aplicar el  artículo 146 de la misma norma”.   

Afirma  que la Fiscalía Novena, al calificar  el  sumario,  afirmó  que  “…es tan evidente aquel  interés,  que  se  inició la ejecución del contrato sin haberse presentado la  póliza  de  cumplimiento,  cuando  bien  sabemos por disposición de la ley que  regula  la contratación estatal que para la ejecución del contrato se requiere  la  aprobación  de  la garantía que para el caso que nos ocupa, no es más que  la póliza de cumplimiento”.   

El  juez,  por  su  parte, en la sentencia de  primera  instancia,  precisó: “Luego entonces, no hay duda que los procesados  AHUMADA  MORENO  y  BAUTISTA  CENTENO,  al  suscribir y darle inicio al contrato  referenciado,  pretermitiendo  normas  legales  de  contratación,  sin  el  lleno de los requisitos formales que para el efecto señala  la  ley,  incurrieron  en  el  delito de interés ilícito en la celebración de  contratos”.   

Y  el  tribunal,  en  torno  al  mismo punto,  expresó:  “…se tiene la obligación de cumplir con  las  exigencias  mínimas  de  todo contrato administrativo: selección objetiva  que   comprende   más   de   una   alternativa   (a),  especificación  de  las  característica  del  oferente  (b)  análisis  y comparación de las diferentes  alternativas  (c).  Además,  con la totalidad de los principios generales de la  contratación   pública,   entre  ellos  la  transparencia  y  economía.  Tres  agregados:  Uno. Las pruebas recaudadas no propiciarían interés ilícito en la  celebración   del   contrato,   SINO   CONTRATO  SIN  REQUISITOS  LEGALES,  uno  y otro sancionado con igual  pena  en  la Ley 80 del 93 porque la Ley 599 no estaba vigente para la época de  la comisión del delito”.   

De  la aplicación errónea del artículo 145  del  Decreto  100  de  1980,  emerge  inexorable  la  atipicidad de la conducta,  “situación  esta que afectó gravemente el derecho fundamental de defensa que  le  asistía  como  elemento  constitutivo  del  debido  proceso contenido en el  artículo  29  de  nuestra  Carta Política; y, de imperativa aplicación, pues,  jamás se demostró el interés ilícito a él imputado”.   

Se  incurrió,  así, en un vicio de nulidad,  por  afectación del debido proceso y el derecho de defensa, “pues el fallador  incurrió  en  un falso juicio de apreciación al escoger una disposición legal  que no correspondía”.   

Nulidad  por  violación indirecta de la ley  sustancial.   

Propone  “como  causal  la  tercera  de las  indicadas   en  el  artículo  306  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  por  violación   indirecta  de  la  ley  sustancial  por  aplicación  indebida  del  artículo  145  del  Código Penal de 1980, modificado por el artículo 57 de la  Ley  80  de  1993  (derogado por el artículo 409 de la Ley 599 de 2000); y, por  falta  de  aplicación del artículo 32 numeral 11 del Código Penal, al existir  error in iudicando por falso juicio de existencia”.   

Sostiene, después de reproducir el contenido  del  artículo  145, que describe el delito de interés  ilícito   en  la  celebración  de  contratos,  y  el  artículo  32.11  ejusdem, que consagra la ausencia de responsabilidad por error  invencible  de  la  ilicitud  de  la  conducta,  y  de  rebaja de pena por error  vencible,  que  los  juzgadores  no  se  detuvieron  en  observar  los  aspectos  objetivos  y  subjetivos  en  que  actuó  el procesado, quien, en su “saber y  entender  tuvo  la  convicción  errada de que contrataba con la persona idónea  para  prestar  el  servicio”,  pues MARIO BAUTISTA CENTENO había desempeñado  desde  épocas  pretéritas  el cargo de profesional de la contaduría en varias  dependencias   de   la   Gobernación   del   Cesar,   siendo   este   un  hecho  notorio.   

En  este  orden  de  ideas  se  llega  a  la  conclusión  de  que  la  causal  de ausencia de responsabilidad contenida en el  artículo  32.11  de  la  Ley  599  de  2000,  definida  por  la  doctrina  y la  jurisprudencia   como   error   de   tipo,   se  estructura,  pues  las  pruebas  testimoniales  demostraron  que  BAUTISTA  CENTENO  desempeñó  cargos  bajo la  modalidad  profesional  de  contador  público,  “y,  en  ninguna  de ellas se  vislumbra  que  efectivamente, AHUMADA MORENO, haya actuado, o mejor, contratado  con  el  procesado  por  sugerencias,  recomendaciones  o,  interés  económico  alguno”.   

Todo  lo contrario, la prueba apunta a que la  contratación  obedeció  al  hecho notorio del desempeño “profesional” del  contratante,  aspecto sobre el cual declaran LUIS GUILLERMO PAREJO GARCIA “sí  lo  conozco, lo conozco desde Codazzi…no se si tenga título de Contador”, y  OSMAN  HUMBERTO  ERAZO  RAMIREZ  “yo  conozco  a  MARIO  BAUTISTA CENTENO como  contador  público,  no  sé  si tiene título, lo conocí en el puesto donde yo  estaba rentas departamentales (sic)”.   

En  igual sentido se pronunciaron JOSE DOMNGO  UHIA   PIMIENTA,  EDISON  TOMAS  RODRIGUEZ  CHINCHIA  Y  MAGDALENA  AURA  APONTE  MARTINEZ,   pruebas   “que  no  fueron  destronadas  por  el  Delegado  de  la  Fiscalía”,  y  en  ninguna  de  ellas se hace referencia a que el contrato se  hubiese  adjudicado  por  recomendación  del  entonces  Gobernador  del  Cesar,  “incluso,  ni  la  misma denuncia anónima lo manifestó, el juez puso a decir  lo  que  los testigos, no dijeron, pruebas estas que sirvieron para edificar los  fallos  atacados,  creando  un  falso  juicio  de  existencia y, falso juicio de  raciocinio”.   

       

SE        CONSIDERA:   

Aclaración previa.  

El     defensor     de     Roberto   Ahumada   Moreno,   quien   fue  condenado  por  el  delito  de  interés ilícito en la  celebración  de  contratos,  presenta  demanda por la  vía  de  la  casación  discrecional,  sin  explicar  los  motivos  de su   decisión.  La  selección  de  esta  opción  es  equivocada,  porque cuando se  cumplen  todos  los  presupuestos requeridos para la procedencia de la casación  común,  como  ocurre  en  el  presenta caso, el interesado no tiene alternativa  distinta de optar por ella.   

La casación discrecional o excepcional tiene  carácter  estrictamente  subsidiario,  en la medida que sólo tiene posibilidad  de  materialización  cuando  no  se  cumplen  las  condiciones  exigidas por la  normatividad  procedimental para acudir a la casación ordinaria, bien porque la  pena  prevista  para  el delito por el que se procede no lo permite, o porque el  fallo  de  segunda  instancia  no  fue  dictado  por  un  tribunal,  o porque la  exigencia de la cuantía para recurrir no lo admite.   

En el caso en estudio, la normatividad vigente  para    la    época    en    que    ocurrieron    los    hechos   (artículo   145  del  Decreto  100  de  1980,  modificado  por  los  artículos  57  de  la  Ley  80  de 1993 y 32 de la Ley 190 de 1995),      adscribía    para    el    delito    de    interés   ilícito  en  la  celebración  de  contratos,  pena  privativa  de  la  libertad  de  hasta  doce  (12) años de  prisión,  es  decir,  un  quantum  máximo  muy  superior  al requerido para la  casación   ordinaria   (que  sea  superior  a  ocho  años).  Y  adicionalmente  a  ello  se  trata  de una  sentencia de segunda instancia, dictada por un Tribunal Superior.   

Estudio de las demandas.  

El  juicio de admisibilidad de una demanda de  casación   comprende   el   estudio   de  dos  aspectos,  (i)  su  idoneidad  formal, que guarda relación con  el   cumplimiento   de   las   exigencias  de  claridad,  concreción  y  debida  fundamentación  requeridas por la ley y la lógica de la causal aducida, y (ii)  su   idoneidad  sustancial,  cuestión  que se vincula con la aptitud del escrito para lograr la infirmación  del fallo atacado.   

Si  este  examen arroja resultados negativos,  porque  se  advierte  que  la  demanda  desatiende  las  exigencias  mínimas de  contenido  formal  que  la normatividad y la teoría de la casación exigen para  poder  transitar  hacia su estudio de fondo, o porque ab initio se establece que  el  escrito  es  absolutamente  inidóneo  para  obtener  el  fin  propuesto, la  decisión  debe ser de inadmisión, en aras de la realización de los principios  de economía procesal y de eficacia de la justicia.   

En el caso analizado, ninguna de las demandas  logra  superar  este  estudio.  En unos casos, porque el recurrente, como podrá  verse  enseguida, no logra demostrar el error que denuncia, y en otros por falta  de  claridad en su planteamiento, lo cual impide comprender el verdadero alcance  de  la impugnación; o porque el cargo planteado resulta intrascendente frente a  las  consecuencias  jurídicas  que  podrían  derivarse  de  su reconocimiento.   

Demanda   a   nombre   de  Mario  Bautista  Centeno.   

La  corrección  formal  de  un  ataque  en  casación  por  un  error  de hecho por falso juicio de existencia por omisión,  impone  al  casacionista  cumplir  un  mínimo de exigencias de fundamentación,  verbigracia,  (i)  identificar  la  prueba  omitida,  (ii)  señalar  qué hecho  demuestra  la  prueba omitida, y (iii) precisar qué incidencia tuvo la omisión  de    la   prueba   en   las   conclusiones   probatorios   y   jurídicas   del  fallo.   

Estos  requerimientos  mínimos  son en buena  parte  desconocidos  por  el demandante en la fundamentación del cargo por este  motivo,  pues  toda  la  argumentación  se  reduce  a la afirmación de que los  juzgadores  ignoraron  la  prueba  que  indicaba  que  el procesado no tenía la  condición  de  servidor  público,  y  que  faltando  esta condición no podía  cometer  el  delito  que  se  le  imputa,  sin  demostrar  en  concreto el error  denunciado.   

Además  de  esta  falencia argumentativa, la  censura,  en los términos en que se encuentra planteada, se torna absolutamente  irrelevante,  porque los juzgadores de instancia en ningún momento invocaron la  condición  de  servidor  público  del  procesado  para  imputarle el delito de  interés  ilícito  en  la  celebración de contratos,  por  el  cual se le juzga, ni la adujeron para ningún  otro efecto, como equivocadamente lo entiende el censor.   

Su juzgamiento y condena por el delito al cual  se   viene   haciendo  referencia,  lo  fue  en  el  carácter  de  interviniente,  conforme a las previsiones  del  artículo  30 inciso cuarto de la Ley 599 de 2000, para el cual no se exige  que  el sujeto agente tenga las calidades especiales exigidas por el tipo penal,   

“Al  interviniente  que  no  teniendo  las  calidades  especiales  exigidas  en el tipo penal concurra a su realización, se  le     rebajará     la     pena     en    una    cuarta    parte”.   

En el segundo cargo, planteado al amparo de la  causal  tercera,  por  prescripción de la acción en relación con el delito de  uso   de   documento   público  falso,  el  casacionista  construye el ataque sobre unos supuestos fácticos  totalmente  distintos  de  los  que sirvieron de fundamento a la sentencia, pues  sostiene  que  el  procesado  no utilizó el registro falso cuando suscribió el  contrato,  y  que  las  afirmaciones  que  se  hacen en sentido contrario por la  fiscalía y los juzgadores carecen de fundamento.   

Siendo esta la premisa que sirve de sustrato a  la  censura, era su deber probar primero, en la forma exigida por la lógica del  recurso,  que las conclusiones probatorias de los juzgadores en este específico  punto  eran  erradas,  pero no lo hace, sino que parte de dar por sentado que lo  son,  sin  indicar siquiera la clase de error cometido por ellos, incurriendo en  lo   que   en   lógica   formal   se   denomina   sofisma   de   petición   de  principio.   

Demanda   a  nombre  de  Roberto  Ahumada  Moreno.   

La  falta  de  rigor  formal de la demanda se  advierte  manifiesta  desde  el  enunciado  de  los  cargos,  pues en la primera  censura  el  recurrente propone nulidad por violación directa de la ley y en la  segunda   nulidad   por   violación   indirecta,   planteamiento   que  resulta  inaceptable,  o  por  lo  menos  confuso,  si se tiene en cuenta que entremezcla  causales   de   naturaleza   y  consecuencias  jurídico  procesales  totalmente  distintas:  la  primera, que permite la casación por errores in iudicando, y la  tercera, que la autoriza por errores in procedendo.   

Adicionalmente  a  esto  se  tiene  que en el  primer  cargo,  donde  se  plantea  un error en la calificación jurídica de la  conducta,  el  casacionista se limita a sostener que los hechos investigados, de  acuerdo  con las argumentaciones de los fallos de instancia, no se adecuan en el  tipo  penal  que  describe  el  interés ilícito en la  celebración  de  contratos, sino en el de contrato   sin   el   cumplimiento   de   los   requisitos  legales,  sin  explicar  por qué la conducta se desplaza a este  tipo  penal,  ni  qué  ventajas  punitivas se derivan para el procesado de esta  modificación.   

Del   contenido  de  la  acusación  y  las  sentencias   se   establece  que  la  imputación  del  delito  de  interés  indebido  en  la  celebración  del  contrato se   sustentó   en   unas   consideraciones   principales  y  otras  complementarias:  Principales,  que  el  contrato se suscribió con el procesado  por  recomendación  del  Gobernador  y  el  Secretario de Hacienda del Cesar, a  sabiendas   de   que   no   era   contador  público.  Complementarias,  que  se  pretermitieron  algunos  requisitos legales de la contratación, como no haberse  exigido  la  póliza  de  cumplimiento  antes  de  la  iniciación  del contrato  (fue    constituida    días   después),  ni haberse realizado convocatoria mediante aviso fijado en lugar  público de las personas con requisitos para contratar.   

El  casacionista,  en la demanda, destaca los  argumentos  complementarios  relacionados  con  el  incumplimiento de requisitos  objetivos,  mas  no  los que llevaron realmente a los funcionarios a subsumir la  conducta  del  procesado  en  el tipo penal de interés  ilícito  en la celebración de contratos, relacionados  con  los  motivos que lo impulsaron a contratar en los términos en que lo hizo,  sobre  los  cuales,  se  insiste,  nada  dice,  limitándose a sostener simple y  llanamente  que el interés ilícito que se le imputa al procesado jamás logró  demostrarse.   

En casación, toda afirmación que contraríe  las  conclusiones de los fallos de instancia, debe acreditarse. Por tanto, si el  sustento  del  cargo descansaba en la consideración de que el interés indebido  o  ilícito  que  los  juzgadores le imputaban al procesado, carecía de soporte  probatorio,  su  fundamentación  debió  orientarse  a probar ese aserto, en la  forma  indicada   cuando los juzgadores incurren en errores de apreciación  probatoria,  pero  no  lo  hace,  y la Corte no advierte que tenga razón, si se  tiene  en  cuenta  que  el  propio procesado, en su indagatoria, reconoce que el  contrato se suscribió por orden del Secretario de Hacienda.   

Tampoco  explica  por  qué,  frente  a  las  premisas  fácticas  que sirven de sustento a la decisión de condena en el caso  concreto,   tenía   aplicación  prevalente  el  tipo  penal  que  describe  la  celebración  de  contratos  sin  el  cumplimiento  de  requisitos  legales,  ni  qué  implicaciones  tuvo el  error  que  denuncia en el ejercicio del derecho de defensa, ni qué desventajas  de  orden sustancial se habrían derivado del mismo, considerando que el núcleo  fáctico  de  la  imputación se mantendría inalterable, y que la pena prevista  para ambos delitos es idéntica.   

El  segundo cargo, donde el actor asegura que  el  procesado  actuó con el convencimiento errado de que estaba contratando con  un  contador público, y que los juzgadores incurrieron en errores de existencia  y  raciocinio  al  apreciar la prueba que demuestra este hecho, es absolutamente  intrascendente,  porque la decisión de condena no derivó de esta situación en  concreto,  sino  del  hecho  de  haber  el procesado contratado con Mario      Bautista     Centeno     por  recomendaciones,  con  desconocimiento  de  los  principios  de  transparencia y  selección objetiva.   

Además,  el  casacionista no demuestra los  errores  de  existencia  por  omisión  y  de  raciocinio  que le atribuye a los  jugadores,  ni explica cómo, en relación con unos mismos elementos probatorios  pudieron  haberse  estructurado estas dos especies de desacierto, si se tiene en  cuenta  que  el   de  existencia  por  omisión  presupone que la prueba es  ignorada  y el de raciocinio que es tenida en cuenta, lo cual, de suyo, encierra  una  contradicción  insalvable,  que  se  torna  absolutamente  irreconciliable  cuando se da también a entender que fueron tergiversadas,   

“el  juez puso a  decir  lo que los testigos no dijeron, pruebas estas que sirvieron para edificar  los  fallos  atacados,  creando un falso juicio de existencia y, falso juicio de  raciocinio”.     

Como  si  esto fuera poco, los testimonios en  los  cuales  el  casacionista  se  apoya  para  sostener  que  el  procesado era  catalogado  por  la generalidad de las personas que laboraban en la Gobernación  del  Cesar  como  un  contador  público, y para probar el carácter de “hecho  notorio”  de  esta  equivocada convicción, sólo conducirían a acreditar que  se  desempeñaba  en funciones relacionadas con la contaduría, mas no que fuera  contador  titulado,  pues  los referidos testigos, al unísono, afirman no saber  si tenía título.   

En síntesis, las demandas presentadas por los  defensores  de  Roberto  Ahumada  Moreno  y   Mario  Bautista  Centeno  no  cumplen  las  exigencias  mínimas requeridas para su estudio de  fondo.  Por  tanto,  se  las  inadmitirá  y se ordenará devolver el proceso al  tribunal   de   origen,   no   advirtiéndose   infracciones  a  las  garantías  fundamentales  que  la  Corte  esté  en  el  deber  de proteger de manera   oficiosa.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir   las  demandas   de   casación   presentadas   por   los   defensores  de  Roberto  Ahumada  Moreno  y Mario  Bautista  Centeno.      

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

SIGIFREDO ESPINOSA PEREZ  

Comisión de servicio  

JOSE       LEONIDAS       BUSTOS  MARTINEZ                      ALFREDO GOMEZ  QUINTERO             

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZALEZ   DE  LEMOS      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMAN   

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANES                           YESID RAMIREZ BASTIDAS   

JULIO        ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                    JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                          

                                                  Teresa Ruiz Núñez   

                                                     SECRETARIA   

    

1  Folios 104, 116, 237-242 y 264-269 del cuaderno original 1.    

2  Folios   73-101   del   cuaderno   original   2   y   22-30   del  cuaderno  del  tribunal.     

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