29962(15-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No.  29962   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.190  

Santiago  de  Tunja, quince (15) de julio de  dos mil ocho (2008)   

VISTOS  

Decide  la  Sala  acerca  de los fundamentos  lógicos  y  debida  argumentación de la demanda de casación presentada por el  defensor  de  WILLIAM  ARGOTE  PAREDES  y LUIS ANTONIO  BALLESTEROS  RIBON,  contra  la sentencia del Tribunal  Superior     de     Distrito     Judicial     de     Cartagena     (Bolívar),  que confirmó la emitida en el  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  de  esa  ciudad,  mediante la cual fueron  condenados  como  coautores  penalmente  responsables  de la conducta punible de  corrupción      de     alimentos,     productos     médicos     o     material  profiláctico.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

“La  presente  investigación  se  originó en virtud de informe emitido por el Departamento de  Policía  de  Bolívar,  Estación  Policía  de  Carreteras,  suscrito  por  el  Intendente  CANTILLO  SALAS JOSÉ LUIS, mediante el cual da cuenta de los hechos  acaecidos  el  23  de  septiembre  de 2003, en los que resultaran capturados los  señores  LUIS ARTURO (sic) BALLESTEROS RIBON, JUAN ATENCIA HERNÁNDEZ y WILLIAM  ARGOTE  PAREDES;  procedimiento  en  el  que  además participaron el SI BATISTA  ALEJANDRO,  AG  GAMBIN  JAIRO,  AG  PADILLA  CESAR, AG BRIÑEZ JOSÉ, AG MARANTO  PATRICIO  y  el  PT  BERRIO  VÍCTOR,  quienes se encontraban en el lugar de los  hechos.   

“Narran  las  foliaturas  que  el mencionado día, siendo aproximadamente las 12:50 p.m., a la  altura  del  kilómetro  35  en  la  vía que de Luruaco conduce a Cartagena, se  encontraba  un  grupo  de  agentes  de  la  policía  haciendo sus labores, y en  desarrollo  de las mismas ordenaron detener el bus de placas UVW-315, afiliado a  la  empresa  La  Costeña,  solicitando  permiso  para  realizar  una requisa al  interior      del      vehículo     automotor,     encontrando     ‘seis (6) bolsas de papel color café,  que   contenían   carne   en   canal   con   un  peso  de  ochenta  (80)  kilos  aproximadamente,  pertenecientes  a  los  señores antes en mención, los cuales  manifestaron  que  la  carne  era  de  su  propiedad y que era equina (caballo),  comprada  en  el mercado de la ciudad de Barranquilla, por la suma de doscientos  ochenta   mil   pesos   ($   280.000)’,  la  cual sería utilizada para la elaboración de embutidos, sin  que  ninguno  de los que se reputaban dueños de la carne presentaran factura de  la  compra,  ni  documentos  que  garantizaran  la  procedencia  y  calidad  del  producto,   procediendo   a   dejar   la  carne  incautada  a  disposición  del  Departamento  Administrativo  Distrital  de Salud (DADIS), en donde se practicó  inspección    al    material    incautado    conceptuando    que   ‘mostraba propiedades organolépticas,  no  coincidentes  con  las  que  debe  tener  un  producto  apto para el consumo  humano’   ”1   

Abierta  la  investigación  y  vinculados  mediante  indagatoria los tres capturados, el 23 de octubre de 2003 la Fiscalía  General  de  la Nación dispuso el cierre de la investigación y el 9 de febrero  de  2004  calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario  con  resolución  de  acusación     contra    Julio    Juan    Atencia    Hernández,    WILLIAM   ARGOTE  PAREDES  y  LUIS  ANTONIO BALLESTEROS RIBON, en calidad  de  coautores  de  la  conducta punible descrita en el artículo 372 del Código  Penal  (Ley  599  de  2000),  consistente   en   corrupción  de  alimentos,  productos  médicos  o  material  profiláctico,  pliego  de cargos que al no ser impugnado alcanzó ejecutoria el  9         de         marzo         siguiente2.   

Tramitada  la  etapa  de  la  causa  ante el  Juzgado    Cuarto    Penal    del    Circuito    de    Cartagena   (Bolívar),  su  titular, el 31 de julio de  20063  dictó  sentencia  condenatoria  contra  los  tres acusados por el  delito  atribuido en la respectiva pieza procesal, y en tal virtud a cada uno le  impuso  como  penas  principales  cincuenta  (50)  meses  de  prisión  y  multa  equivalente  a  doscientos  cincuenta  (250) salarios mínimos mensuales legales  vigentes,  así  como  la  accesoria  de  interdicción  de derechos y funciones  públicas  por el mismo lapso de la privativa de la libertad; además, les negó  el   subrogado  penal,  pero  les  concedió  prisión  domiciliaria  como  pena  sustitutiva,   y   no   les   infligió   condena   por  concepto  de  daños  y  perjuicios.   

Del expresado fallo apeló el defensor de los  procesados4    y    el    Tribunal    Superior   de   Cartagena   (Bolívar),  mediante  el  suyo  de  14  de  diciembre  de  2007,  lo  confirmó  en  su  integridad,  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  que  el defensor de los dos últimos interpuso recurso de  casación5.   

LA DEMANDA  

Un cargo formula el actor contra el fallo de  segundo  grado,  con fundamento en la causal primera de casación prevista en el  artículo  207  del Código de Procedimiento Penal (Ley  600 de 2000).   

Como  sustento del reproche señala que toda  la  providencia,  y en particular las sentencias, deben fundamentarse en pruebas  legal,   regular   y  oportunamente  allegadas  a  la  actuación,  sin  que  el  funcionario  a  quien  le corresponde valorarlas con sujeción de acuerdo con el  artículo  238  de  la  ley  penal  procesal,  en  orden a adoptar la respectiva  decisión,  pueda suplir con su conocimiento personal o privado los elementos de  convicción así aportados.   

Tras  la  anterior  precisión  el libelista  indica  que  se remite a lo expuesto en el memorial de apelación, en el cual se  refirió  al  indebido  aseguramiento  o  incumplimiento de los requisitos de la  cadena  de  custodia en relación con el elemento material del delito, así como  a  las  deficiencias  en  el  fundamento  de la experticia a que fue sometida la  carne incautada.   

Por  último puntualiza que el delito por el  que  fueron  condenados sus representados es esencialmente doloso, es decir, que  debe  estar  acreditada  la  intención  del  agente dirigida a su realización,  aspecto  que  considera  no  acreditado  en  el presente evento, pues siendo sus  prohijados  comerciantes  con  experiencia en esa actividad, obraron de buena fe  al  comprar  la  carne en Barranquilla, desconociendo si en verdad era o no apta  para el consumo humano, o estaba en mal estado de conservación.   

Con  base  en  lo  anterior  el  demandante  solicita    a    la    Corte    casar    la   sentencia   y   absolver   a   sus  representados.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  De conformidad  con  lo  previsto  en  el inciso 1º del artículo 205 de la Ley 600 de 2000, el  recurso  extraordinario  de casación es viable contra las sentencias proferidas  en  segunda  instancia  por los tribunales superiores de distrito judicial y por  el  Tribunal  Penal  Militar  cuando se proceda por delitos que tengan señalada  pena   privativa   de   la   libertad   cuyo  máximo  exceda de ocho (8) años.   

No  obstante,  en aquellos eventos en que el  fallo  de segundo grado no es emitido por los citados tribunales o el delito por  el  que  se  procede  consagra  una sanción privativa de la libertad inferior a  dicho  quantum,  el  inciso tercero del citado precepto faculta a esta Sala para  admitir  discrecionalmente  las  demandas  de  casación  que  se  ajusten a los  requisitos  legales  cuando  lo  estime  necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales.   

Lo  anterior  siempre y cuando el impugnante  precise  la razón por la cual es imprescindible el pronunciamiento de la Corte,  como  criterio  de  autoridad,  para  la  actualización  o  unificación  de la  jurisprudencia,  asistiéndole  también  el  deber  de  indicar  el por qué la  decisión  solicitada  tiene  la  doble  utilidad  de  dar solución al asunto y  servir  de  norte  en  la  actividad  judicial.  Y,  cuando  la  pretensión del  recurrente  apunta  a  asegurar  la  garantía  de derechos fundamentales, ha de  acreditar  tal  pretermisión e indicar las normas constitucionales que protegen  el  derecho  invocado,  así  como  la  forma  de su desconocimiento en el fallo  recurrido.   

2.  En  el asunto examinado el defensor del procesado acudió al recurso  extraordinario,  impugnando  oportunamente el fallo de segunda instancia emitido  en  el Tribunal Superior Cartagena, respecto de una conducta punible que, según  la  previsión  normativa aludida, no cumple con el requisito de la pena máxima  privativa    de    la    libertad,    pues    ARGOTE  PAREDES   y   BALLESTEROS  RIBON,  de  acuerdo con la  legislación  vigente  para  la  época  de los hechos  (23   de   septiembre     de     2003),  fueron   condenados  por     corrupción    de    alimentos,   productos   médicos   o   material  profiláctico  (Ley 599 de  2000,         artículo         372),              delito            reprimido   con   una  sanción  máxima  de    apenas        ocho        (8)  años,  quantum inferior al exigido para acceder al recurso de  casación  por  la  vía  ordinaria  o  común,  tal y como lo reclama la citada  disposición,  pues  como  expresamente  lo prevé ésta se requiere que la pena  sea  mayor,  que  exceda, de  ocho años de prisión.   

Además,  en  el escrito de sustentación el  censor  no  hizo  manifestación de acudir al recurso extraordinario por la vía  excepcional,  esto  es,  para  buscar  el  desarrollo  de la jurisprudencia o la  protección  de  garantías  fundamentales,  sino  que  se  limitó invocar como  motivo  de  casación  el previsto en el artículo 207, numeral 1°, del Código  de  Procedimiento  Penal, sin precisar si se trataba de una violación directa o  de una indirecta.   

Y  si  bien  es  cierto  los  razonamientos  ofrecidos  en el libelo como fundamento del recurso, permitirían inferir que el  descontento  del  actor  está vinculado con los medios de prueba, igualmente lo  es  que  la  réplica no pasa de un simple alegato de instancia, no sólo por la  inaceptable  remisión  a  los argumentos del escrito de apelación, sino porque  los  deshilvanados  planteamientos  que  reseña  en  la  demanda  no  consiguen  ilustrar  a la Sala acerca de cuál de los posibles yerros de hecho —falso   juicio  de  identidad,  falso  juicio       de       existencia,       y      falso      raciocinio—    o    de   derecho   —falso  juicio  de  legalidad  y  falso  juicio  de  convicción— en  que  se  subdivide  la  violación  indirecta, era el que pretendía denunciar y  demostrar,  quedando la censura reducida a una impertinente aspiración de hacer  prevalecer  la  valoración probatoria del demandante, sin acreditar, reiterase,  con  algún  rigor  jurídico,  alguno  de  los  especiales  motivos por los que  procede  la casación discrecional, y sin que lo consignado en el desarrollo del  único  cargo  permita  a la Sala advertir que esa fue la intención del letrado  de la defensa.   

3.   Necesario  entonces     reiterar    lo   precisado   por   la   Corte6, en el sentido  de  que  una  disertación con  la que se pretenda persuadirla acerca de la  procedencia  de   la  casación   discrecional,  debe estar dirigida a  hacerle  ver  la  perentoriedad  de  su  pronunciamiento, en forma tal que si se  trata  de  reclamar  la  garantía  de  un  derecho  fundamental,  al  censor le  corresponde  señalar  los  derechos  que fueron  desconocidos, indicar las  normas  constitucionales y legales que los protegen y la determinación que debe  adoptarse  para  su  salvaguarda. Y si el motivo invocado es el desarrollo de la  jurisprudencia,   tendrá   que  puntualizar  el  tema  jurídico  que  requiere  definición  o  precisión,  sea  porque  es  nuevo  o porque existen posiciones  opuestas  que  deben  ser  unificadas,  no  solo  para la acertada solución del  asunto debatido, sino frente a casos futuros.   

La  carencia  de  de esa fundamentación, es  suficiente para concluir el rechazo del libelo.   

CASACIÓN OFICIOSA  

1.  La  Corte  en  decisión    de   12   de   septiembre   de   20077,   varió   el  criterio  que  ordenaba  el  previo  traslado  al  Ministerio  Público  a  fin de que emitiera  concepto  acerca  de  la  eventual  violación  de garantías, cuando, pese a no  admitir  la  demanda  de  casación,  se  avizoraba  la  infracción  de  alguna  garantía  procesal  de los sujetos intervinientes que ameritara el ejercicio de  la  facultad oficiosa que le confiere el artículo 216 de la Ley 600 de 2000, al  considerar  que  ante  el  principio  de  pronta  y  eficaz  administración  de  justicia,  la  Sala  de  manera  inmediata  debe  corregir el yerro, sin que sea  necesario el concepto del Procurador Delegado ante esta sede.   

Efectivamente,  surge  claro  que  ante  la  autorización  dada  por el legislador a la Corte para aprehender el estudio del  proceso  aun  cuando  no  admita  los  cargos  formulados en la demanda, una vez  advierta  el  agravio  causado  con  el  fallo  de segundo grado a alguno de los  sujetos  procesales,  debe  proceder inmediatamente a corregirlo, con lo cual se  cumple  cabalmente con los fines de la casación de velar por la efectividad del  derecho  material  y las garantías debidas a las personas que intervienen en la  actuación penal.   

Aunque  el  Ministerio  Público por mandato  constitucional  debe  intervenir en los procesos judiciales en defensa del orden  jurídico,  el patrimonio público o de los derechos y garantías fundamentales,  con  el  nuevo  criterio de autoridad de la Corte no se relega la actuación del  Representante  de  la  Sociedad,  por  cuanto  al  ser  un tema no propuesto, ni  recurrido  por  tal  sujeto  procesal  en  las  instancias, se impone la rápida  acción  de  la  Corte como garante no sólo de los derechos fundamentales, sino  de  los  fines  esenciales del Estado, especialmente, el de asegurar la vigencia  de  un  orden  justo,  en  aras  de  la  materialización  de  la justicia en la  decisión.   

2.  Precisado  lo  anterior,  la Sala Observa que al dosificar la pena el fallador de primer grado,  al  igual que lo hizo el de segunda instancia, dedujo una circunstancia de mayor  punibilidad  no  expresada  en  el  pliego  de  cargos,  lo  cual  determinó la  individualización  de  la  sanción  en el segundo cuarto del ámbito punitivo,  razón  por  la  que se impone la casación oficiosa del fallo para restaurar la  garantía de congruencia entre acusación sentencia.   

2.1. En efecto, el  principio  o  garantía  de congruencia entre sentencia y acusación, constituye  base  esencial  del debido proceso, pues el pliego de cargos constituye el marco  conceptual,  fáctico  y  jurídico de la pretensión punitiva del Estado, sobre  la  cual  se  soportará  el  juicio  y el fallo, garantía que se refleja en el  derecho   de   defensa  ya  que  el  procesado  no  puede  ser  sorprendido  con  circunstancias  que  no  haya  tenido  la  oportunidad  de  conocer  y  menos de  controvertir,  amén  de  que  con base en la acusación obtiene la confianza de  que,  en  el  peor  de los eventos, no recibirá un fallo de responsabilidad por  aspectos no previstos en esa resolución.   

La precisión de la acusación impide al juez  agravar  la  responsabilidad  del  acusado  al adicionar hechos nuevos, suprimir  atenuantes  reconocidas en la acusación o incluir agravantes no contempladas en  ella  o  en  la  variación  de  la  calificación jurídica cuando haya mediado  prueba   sobreviniente,   so  pena  de  infringir  el  denominado  principio  de  congruencia  integrado por la correspondencia entre lo imputado, lo juzgado y lo  sentenciado.   

En tratándose de circunstancias específicas  de  agravación  de  una  determinada  conducta punible, la jurisprudencia de la  Corte  ha  sido  reiterativa  en  que  es imprescindible que en la actuación se  encuentren  debidamente demostradas, y que su atribución en el pliego de cargos  esté  precedida de la necesaria motivación y valoración jurídico-probatoria,  toda  vez  que  como  elementos  integrantes  del  tipo  básico  en particular,  requieren  de las mismas exigencias de concreción y claridad, con el fin de que  el  procesado  no  albergue  duda frente al cargo que enfrentará en el juicio o  respecto   de   consecuencias   punitivas   en   los   eventos   en  que  decide  voluntariamente  aceptar  responsabilidad  con  miras a un sentencia anticipada,  pues  aquellas delimitan en cada caso concreto los extremos mínimo y máximo de  la sanción a imponer.   

Por  su  parte,  respecto  a  las  causales  genéricas  de  mayor  punibilidad contempladas en el artículo 58 de la Ley 599  de  2000  (antes art. 66 Decreto-Ley 100/80),  superado  como se encuentra el criterio de que su valoración es  exclusiva  del  fallador  al  dosificar  la  pena,  lo  mismo que la distinción  doctrinal       entre      “objetivas”      y  “subjetivas”,  es consenso en la jurisprudencia en  cuanto  a  que  aquellas  deben  ser  atribuidas en la resolución acusatoria de  manera  expresa,  tanto fáctica como jurídicamente sin que esto se traduzca en  convertir  en  presupuesto de la imputación la enunciación numérica del texto  legal,  como  quiera  que  para  ello  es  suficiente  la valoración objetiva y  subjetiva  de la circunstancia de mayor intensidad punitiva mediante raciocinios  que  no  permitan  la  duda acerca de su atribución a efectos de que puedan ser  consideradas  en  el  fallo, ya que, de lo contrario, al computarlas el juzgador  atentaría   contra  el  principio  de  congruencia8.   

2.2.  El  juzgador  consideró  que aun cuando a favor de los procesados podía predicarse la causal  genérica  de  menor  punibilidad  consistente  en  la  ausencia de antecedentes  (Ley   599   de  2000,  artículo  55-1°),   al   configurarse   también   la  circunstancia  genérica  de  intensificación      de      la      pena      por      la      “coparticipación        criminal”  (artículo  58-10°  ídem),  para  establecer  la  pena  debía  situarse  “en el  primer  cuarto  medio,  tal como lo establece el artículo 61 del Código Penal,  por  lo  que  la  pena  a  imponer es de 50 meses de prisión por la infracción  antes    mencionada,    y    multa   por   250   salarios   mínimos   mensuales  vigentes”.   

El  a-quo se apartó del pliego de cargos en  el  que  no  se  dedujeron  circunstancias de mayor punibilidad, no obstante que  para  la  época  del  fallo  de  primer grado, el debate acerca de la necesaria  deducción  en  esa  pieza procesal de las circunstancias de intensificación de  la  pena previstas en el artículo 58 del Código Penal, ya había sido definida  por            la           jurisprudencia9  con ocasión de la entrada en  vigor  de  la  Ley  600  de  2000, Código de Procedimiento Penal por el cual se  tramitó el presente asunto.   

El Tribunal no se percató de dicho yerro, y  sin  el  menor  comentario confirmó la condena, incurriendo así las instancias  en  desconocimiento de los términos y alcances de la acusación al sorprender a  los  enjuiciados  con  la inclusión de la circunstancia de mayor punibilidad no  conocida  por  aquellos,  vicio trascendente que afectó, incluso, su derecho de  defensa.   

3.   Por   las  anteriores  razones  se  impone, a través del ejercicio de la facultad oficiosa  la  Corte,  corregir  ese dislate, eliminando, como criterio de dosificación de  la  pena,  la circunstancia de mayor punibilidad contemplada en el artículo 58,  numerales  10,  del  Código  Penal,  que  sin  haber  sido  deducida fáctica y  jurídicamente  en  la  acusación, los falladores la tuvieron en cuenta para la  estimación de la pena.   

Debe  resaltarse  que de conformidad con del  artículo  229  del Código de Procedimiento Penal (Ley  600  de  2000), el sentido favorable de esta decisión  se  ha  de  extender  a  los no recurrentes, es decir que alcanza a JULIO JUAN ATENCIA HERNÁNDEZ.   

Entonces,  como  la individualización de la  pena  para  el delito de corrupción de alimentos, productos médicos o material  profiláctico,  dada  la ausencia de circunstancias de mayor punibilidad, debió  hacerse  en  el primer cuarto de movilidad, que oscila entre veinticuatro (24) y  cuarenta  y dos (42) meses de prisión, atendidos los mismos parámetros fijados  por  el a-quo, como la carencia de antecedentes, la Sala impondrá el mínimo de  aquella  franja  punitiva,  pues otros criterios de individualización no fueron  esgrimidos por los falladores para apartarse de ese límite.   

Siguiendo   el   mismo   procedimiento  de  dosificación  y con sujeción a idénticos criterios de individualización para  la    sanción    principal    de    multa,    como   lo   tiene   definido   la  jurisprudencia10,  la  sanción  pecuniaria  se  reduce  al  mínimo  previsto en el  artículo  372  del  Código  Penal,  esto  es, cien salarios mínimos mensuales  legales vigentes.   

Por  lo tanto, en definitiva se impondrá  a los acusados las penas principales de veinticuatro (24)  meses  de  prisión y multa equivalente a cien (100) salarios mínimos mensuales  legales  vigentes,  como coautores responsables de la conducta punible atribuida  en la acusación.   

La pena accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de derechos y funciones públicas, de conformidad con el artículo 52  del  Código  Penal,  se  ajustará  al  mismo  lapso  de  la de privativa de la  libertad.   

Ahora  bien,  como el subrogado penal de la  condena  de  ejecución condicional fue negado a los acusados con base en que no  se  abastecía  el  presupuesto  objetivo señalado en el artículo 63 de la Ley  Penal  Sustantiva,  con la modificación del término  de  la  pena  de  prisión,  se  abre  paso  el  otorgamiento  de  la condena de  ejecución  condicional,  habida  cuenta  que  en los  fallos  no  se consignó reparó alguno al cumplimiento del requisito subjetivo,  y   la  Sala  tampoco  los  advierte.   

En   consecuencia,   por  las  anteriores  razones,           se           suspenderá   la   ejecución   de   la  pena  privativa  de  la  libertad  por un período de  prueba  de  dos  (2)  años,  debiendo para tal efecto los acusados suscribir  acta en la que se comprometan  a  cumplir  las obligaciones previstas en el artículo  65  de la Ley 599 de 2000, y  garantizar     cada  uno   su   acatamiento,  mediante  caución  equivalente  a  dos  (2) salarios mínimos mensuales legales  vigentes,     cuantía    que    establece    la    Sala    atendidas  las  condiciones  económicas  de los  enjuiciados,    reportadas   en   la   presente      actuación.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la    Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.  NO  ADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada   por   el   defensor   de   los  procesados   WILLIAM  ARGOTE  PAREDES    y    LUIS    ANTONIO   BALLESTEROS  RIBON, de acuerdo con lo puntualizado.   

2. CASAR OFICIOSA Y PARCIALMENTE     la     sentencia     y,     en    consecuencia,    IMPONER a JULIO  JUAN  ATENCIA  HERNÁNDEZ,  WILLIAM  ARGOTE PAREDES y  LUIS    ANTONIO    BALLESTEROS   RIBON    ARGOTE    EDRO    JOSÉ    RÍOS  PINEDA,  las penas  principales  de  de  veinticuatro  (24)  meses  de  prisión  y  multa  equivalente  a  cien (100) salarios  mínimos  mensuales  legales vigentes, así como la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por igual término de la  privativa  de  la  libertad, en calidad de coautores responsables de la conducta  punible atribuida en la acusación.   

3. CONCEDER      a      JULIO  JUAN ATENCIA HERNÁNDEZ, WILLIAM ARGOTE PAREDES  y  LUIS  ANTONIO  BALLESTEROS  RIBON  ARGOTE  EDRO  JOSÉ  RÍOS PINEDA, el subrogado penal  de  la  condena  de  ejecución  condicional  por un  periodo   de   prueba   de   dos   (2)  años,  gracia  de la cual disfrutaran  con   sujeción  a  las  obligaciones  y  condiciones  precisadas  en  la  parte  considerativa de esta decisión.   

Se comisiona al  juez  de  primer  grado  para  que,  una vez suscrita la correspondiente acta de  compromiso  y  prestada  la  caución  que  garantiza  el  cumplimiento  de  las  obligaciones   impuestas,   libre  la  respectiva  boleta  de  libertad,  previa  verificación   de   que   los   procesados   no   sean   requeridos   por  otra  autoridad.   

4. PRECISAR  que  las  restantes  decisiones  adoptadas en el fallo impugnado se mantienen incólumes.   

Contra   esta   decisión   no   procede  recurso.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Despacho de origen.   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                      ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  L.           AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUÍS QUINTERO MILANÊS                                            YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                            JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Situación fáctica tomada del fallo de segundo grado.   

2  Cuaderno  de  la  instrucción,  folios  9, 11 a 14, 15 a 18, 19 a 21, 30 y 38 a  42.   

3  Cuaderno de la causa, folios 19 a 26.   

4  Folios 29 a 40, ídem.   

5  Cuaderno de segunda instancia, folios 4 a 32 y 37.   

6 Auto  de 3 de mayo de 2007, Radicación Nº 23057.   

7 Sala  Penal.    Sentencia   de   12   de   septiembre   de   2007.   Radicación   Nº  26967.   

8 Cfr.  Entre  otras,  sentencias  del 30 de junio de 2004, Radicación Nº 18874; 20 de  abril  de  2005,  Radicación  Nº  21576; 31 de agosto de 2005, Radicación Nº  23678; y 9 de febrero de 2006, Radicación Nº 23750.   

9 Cfr.  Sentencia  de  Única  Instancia  de  23  de septiembre de 2003, Radicación Nº  16320.   

10   Cfr.   Sentencia  de  24  de  enero  de  2007,  Radicación  Nº  23518.     

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