29860(16-09-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29860  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº 265  

Bogotá D.C., dieciseis (16) de septiembre de  dos mil ocho (2008)   

V   I   S   T   O   S   

La  Sala  resuelve sobre los presupuestos de  lógica  y  debida  fundamentación de la demanda de casación presentada por el  defensor   del   procesado   JORGE   RICARDO  GARCÍA  SALAZAR.   

H E C H O S  

Así  los  resumió el Tribunal ad-quem:   

“En virtud de la  construcción  que  adelantaba  en  el  barrio  “El  Salado”  de esta ciudad  (Ibagué,  Tolima), el señor FERNANDO VALENCIA CASTRILLÓN, en el mes de agosto  de  2005,  fue  visitado  por  el señor JORGE RICARDO  GARCÍA  SALAZAR,  el cual, aduciendo ser el Inspector  de  Policía  de  ese  sector, cuando realmente se desempeñaba como secretario,  mediante  intimidaciones,  le  exigió  la  entrega  de $300.000, so pretexto de  estar  construyendo  sin el permiso correspondiente y por tener materiales sobre  la  vía, pues, de lo contrario, remitiría la documentación respectiva  a  la  alcaldía,  para que se le sancionara.  Accediendo a esa pretensión el  primeramente  mencionado, pactó la entrega del dinero para el 1º de septiembre  siguiente,  alertando  a  las  autoridades de policía judicial competentes, las  cuales   dispusieron   la   realización   de   un   operativo  que  condujo  al  sorprendimiento   del implicado, en momentos en que recibió el producto de  la exigencia.”   

A N T E C E D E N T E S  

1.   Por  los  anteriores   hechos,  la  Fiscalía  22  Seccional  de  Ibagué,  a  través  de  resolución  del 9 de octubre de 2006 (fl. 174-184 del cuaderno original No. 1),  acusó   a   JORGE  RICARDO  GARCÍA  SALAZAR como autor  de  la  conducta  punible  de  concusión  (artículo  404  de  la  ley  599  de  2000).   

Recurrida  la  anterior  decisión  por  la  defensora   del   acusado   JORGE   RICARDO   GARCÍA  SALAZAR,  fue confirmada por la Fiscalía 1ª Delegada  ante   el   Tribunal   Superior   de  Ibagué,  en  decisión  del  27  de  noviembre de 2006, fecha en la cual  cobró   ejecutoria   (fl.  203-212, c.o. 1).   

2.   La etapa  del  juicio  la tramitó el Juez 7º Penal del Circuito de Ibagué que, el 25 de  junio  de  2007,  dictó  sentencia  (fl.  1-27,  c.  o. 2) por medio de la cual  condenó  a  JORGE RICARDO GARCÍA SALAZAR  a  la  pena  principal  de  6  años  de prisión, “a  la  pena accesoria” de inhabilitación  para   el   ejercicio   de   derechos   y  funciones  públicas  “por   el   mismo   término   que   la   pena  principal”  y  al  pago de multa equivalente a 50 salarios mínimos legales  mensuales,  como  autor  del  delito  de  concusión  (artículo 404 del Código  Penal),  al  tiempo que se abstuvo de condenarlo al pago de perjuicios, le negó  la   suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria.   

3.  Apelada la  anterior    decisión    por    la    apoderada   del   procesado   JORGE   RICARDO   GARCÍA   SALAZAR,  fue  confirmada,  en  decisión  de segunda instancia del 17 de enero de 2008, por el  Tribunal  Superior de Ibagué, que aclaró que las penas de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas y multa son principales, tal  como  lo  dispone  el  artículo  404  del  Código  Penal  (fl.  4-18,  c.  del  Tribunal).    

L  A      D  E  M  A N D  A    D E   C A S A C I Ó N   

El apoderado del procesado, presenta demanda  de  casación,  por  medio  de  la  cual  postula cinco  cargos  a través de la causal primera de que trata el  artículo 207 de la ley 600 de 2000.   

Primer  cargo:  violación al debido proceso  por captura ilegal.   

En  los  términos de la causal de casación  prevista  en  el  artículo  207-1 del Código de Procedimiento Penal, el censor  acusa  a  la  sentencia  de  violar  el  debido  proceso  (artículo  29  de  la  Constitución  Política  y 9 del Código de Procedimiento Penal), por cuanto la  actuación  procesal  se inició de manera irregular a través de una captura en  flagrancia   “que  nunca  debió  calificarse  como  tal”,  y  porque,  ante  la  irregular  denuncia, la  fiscalía  debió  comisionar  a  funcionarios investigadores para establecer la  existencia  o  no  del delito y las circunstancias en que la conducta habría de  tener lugar (fl. 29).   

Segundo  cargo:  violación  al  derecho  de  controversia de la prueba   

El  demandante   apela  a  la causal de  casación  de  que trata el artículo 207-1 de la ley 600 de 2000, con el fin de  manifestar  que la sentencia recurrida viola el artículo 29 de la Constitución  Política  y  el 13 del Código de Procedimiento Penal, toda vez que nunca se le  permitió  a  la  defensa  del  procesado  controvertir el video cuya existencia  consta  a  folios  2,  3,  48  y  49.   Aduce  que el Tribunal advirtió lo  anterior,  pero  le  restó  trascendencia,  en  la  medida  que  dicho medio de  convicción  no fue incorporado al proceso y, por lo tanto, no fue fundamento de  la  condena.  En todo caso, asegura el censor, dicho elemento fue tenido en  cuenta  para  tomar decisiones en la etapa de instrucción y juzgamiento, razón  por  la cual “objetivamente su existencia incidió en  los pronunciamientos” (fl. 29).    

Tercer  cargo:  violación  al  derecho  a  presentar y controvertir pruebas.   

A  través  de la causal de casación de que  trata  el  artículo  207-1  del  Código  de Procedimiento Penal, el impugnante  critica  que  la fiscalía hubiera declarado ilegal la aducción a la actuación  procesal  de  un  video  en  el  que  aparecía  una  reunión  sostenida  entre  GARCÍA  SALAZAR  y VALENCIA  CASTRILLÓN,  la  cual  demostraba  que  la iniciativa para la entrega de dinero  provino  del  segundo.   El censor reprocha que dicha ilegalidad no hubiera  sido  dispuesta  a  través de una resolución interlocutoria susceptible de los  recursos legales.    

Estima  que  el  vicio  acusado  violó  el  artículo  29  de la Constitución Política, el 13 del Código de Procedimiento  Penal,  así como el derecho fundamental a la defensa y el principio de la doble  instancia (fl. 30).   

Cuarto  cargo:  violación  del principio de  investigación integral.   

El  recurrente invoca la causal de casación  de  que  trata  el  artículo  207-1 de la ley 600 de 2000 para reprochar que el  funcionario    judicial    violó   el   aludido   principio,   comoquiera   que  “no se tomó la molestia”  de  indagar  por  la  veracidad  de  las  quejas  disciplinarias que, por hechos  similares, pudieren existir en contra del procesado.   

En   lugar   de  lo  anterior,  agrega  el  casacionista,  el  fallador  se limitó a otorgar credibilidad a la versión del  denunciante,  quien,  por ser un campesino, no podía tener la fluidez y riqueza  verbal  mostradas  en la denuncia, lo que indica que dicha diligencia, así como  las   respuestas  dadas  en  “el  interrogatorio  de  parte” fueron previamente preparadas “por      parte      de      maquiavélicas      personas”.   Agrega que el vicio acusado violó el artículo 29 de la  Constitución  Política  y  los  artículos  20,  234  y  235  del  Código  de  Procedimiento Penal. (fl. 31).   

Quinto   cargo:   irregular   captura   en  flagrancia.   

Por medio de la causal de casación prevista  en  el  artículo  207-1  del  Código  de  Procedimiento Penal, el casacionista  censura  que  la  captura  de  JORGE  RICARDO  GARCÍA  SALAZAR   fue   irregular   porque   no  existió  la  “espontaneidad   ni   el   oportunismo”  que  la  figura  exige,  y  además  fue  el  resultado  de  un  “entrampamiento”  encaminado     a     obtener     un     “resultado  positivo” (fl. 32).   

Como  consecuencia  de  lo anterior, dice el  censor,  durante  las  etapas  de  investigación y juzgamiento, al procesado le  fueron  violados  derechos fundamentales de rango constitucional y legal, razón  por  la  cual  solicita a la Sala que case la sentencia impugnada, y en su lugar  “revocarla, profiriendo pronunciamiento favorable al  condenado” (fl. 32).   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

El recurso de casación, como lo tiene dicho  la  Sala,  no  es  una  tercera  instancia  del  proceso  penal  ni un escenario  encaminado  a  desaprobar  de  cualquier manera la apreciación de la prueba que  hace  el  juzgador,  como  tampoco  para detectar cualquier clase de vicio en el  trámite procesal.   

El recurso de casación está limitado a los  posibles  errores  ostensibles  y  trascendentes  que  se  pueden  cometer en el  proceso,  y ellos se encuentran sintetizados en los motivos legales que lo hacen  procedente,  para el presente caso los previstos en el artículo 207 del Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000  que  fue  con  sujeción  al cual la defensa  presentó la demanda.   

Si  la  legalidad  de  la  sentencia  está  condicionada   a   que  la  actuación  se  haya  surtido  con  observancia  del  debido  proceso y a que a las  partes    se   les   hayan   respetado   en   el   trámite   sus   garantías      fundamentales,     las  irregularidades  que  afecten  la  estructura  procesal,  o  que  lesionen  esas  garantías,  son  temas  que hacen parte del objeto del recurso extraordinario y  que,  de  acuerdo  a como lo tiene definido la Corte, imponen al casacionista el  deber  de  definir,  en cada caso, el tipo de vicio que se denuncia –si     de     trámite     o     de  garantía—,  el carácter  sustancial  del  mismo,  el  momento  procesal  desde  el cual se debe anular el  proceso   y   la   razón   por   la   cual   debe   acudirse   a   ese  remedio  extremo.   

El  casacionista no debe perder de vista que  la  lógica  del proceso se refleja en las causales legales que permiten acceder  al  medio  de  impugnación  extraordinaria,  y  que los deberes de una correcta  postulación  y  debida  fundamentación  encuentran su razón de ser en que, de  una  parte,  la sentencia llega a esta sede extraordinaria amparada por la doble  presunción  de  acierto y legalidad y, por la otra, el recurso es de naturaleza  rogada,  por lo que exige un mínimo de claridad y de coherencia en la manera de  la  presentación  del  caso  ante  a  Corporación,  razón  por  la cual no es  procedente  el  sustento  argumentativo  que  se  funda  en  vaguedades o que se  encamina  a  buscar que la Sala analice las pruebas como juez de instancia, sino  que  es necesario enunciar con toda claridad qué error trascendente cometió el  juzgador  y acompañar dicho enunciado con los argumentos que persuadan sobre su  ocurrencia.   

Los  anteriores  presupuestos  explican  la  exigencia  legal  de claridad y precisión en la enunciación de la causal, así  como  en  la  postulación  y  desarrollo  del  cargo,  tal como lo establece el  numeral 3º del artículo 212 de la ley 600 de 2000.   

En el caso que ocupa la atención de la Sala,  la  postulación  de  los  cargos,  así  como  los argumentos que les sirven de  sustento,   no  cumplen  los  presupuestos  que  permiten  su  admisión en esta sede, toda vez que desconocen  los  principios  de  prioridad  de  las  causales,  autonomía  de  los cargos, trascendencia,  claridad   y  suficiencia  de  la argumentación, motivo  por     el     cual,     desde     ya     se     anuncia     la     inadmisión del libelo.   

En efecto, desde su postulación, la demanda  desconoce    de    manera    ostensible    los    principios   de   lógica  y debida  argumentación,  toda vez que invoca la causal primera  de  casación  con  el fin de censurar vicios que solamente caben por vía de la  causal  tercera;  es  así  como  surge nítido que el casacionista menciona que  todos  y  cada uno de los cinco cargos los postula a través de la infracción a  la  ley  sustancial,  y  termina argumentando violaciones al debido proceso y al  derecho   de  defensa,  razonamiento  que  conduce  al  desconocimiento  de  los  principios  de debida fundamentación   y  autonomía  de los cargos.   

En  el  mismo  sentido, aunque es cierto que  algunos  vicios  que  pueden recaer en la sentencia o en el trámite del proceso  (violación  al  principio  de  favorabilidad, in dubio  pro  reo,  entre  otros)  se desarrollan, según lo ha  enseñado  la  jurisprudencia  de la Sala, a través de la lógica argumentativa  de  la  causal  primera  de  casación,  también  lo  es  que, en todo caso, su  postulación  debe  formularse  indefectiblemente a partir de la causal tercera,  es decir, por vía de la nulidad.    

Pese a lo anterior, como se verá enseguida,  el  casacionista  no  atina  a  demostrar  los  presupuestos  de  ninguna de las  anteriores  causales  de  casación,  puesto  que  su  razonamiento  se limita a  enunciar  particularidades  intrascendentes del proceso, de las que no demuestra  –como  la  Corte  tampoco  observa-  su  trascendencia  para el sentido de la decisión, menos aún para la  vulneración   de   los   derechos   fundamentales   del  procesado.     

De  entrada,  la  postulación  de todos los  cargos  a  través  de  la  fórmula de la violación de la ley sustancial, y su  sustentación  como  violaciones  al  debido proceso y al derecho de defensa, es  una  incoherencia  que   constituye  una  falencia ostensible, la cual, sin  más, permite la inadmisión de la demanda.   

La equivocación del censor en el sentido ya  visto  es  trascendente, mas no por el mero incumplimiento de un formalismo sino  porque  cada  una  de  las  causales  de  casación  supone,  para  su  correcta  demostración,   el   desarrollo   de   razonamientos   sobre   bases   lógicas  diferenciadas,  según  la  particular  naturaleza y efectos de cada causal, los  cuales  de  no  respetarse, conducen al fracaso del argumento casacional, habida  cuenta  que,  como  ya  se  indicó, no es con cualquier especie de razonamiento  como  se  desvirtúa  en  esta sede la presunción de acierto y legalidad de que  goza la decisión judicial.   

Ahora bien, aún cuando la Corte hiciera caso  omiso  de  la  falencia  que se viene de evidenciar, la concepción integral del  libelo  y  el  desarrollo  de  sus argumentos mantienen falencias que impiden la  admisión de la demanda.   

En  efecto, si lo que el demandante alega es  la  violación  del  debido proceso o el derecho de defensa, ha debido solicitar  la  declaratoria  de  invalidez  de  lo  actuado  a partir del momento en que se  presentó  el vicio acusado.   Y si, como en este caso, los motivos de  invalidez  son  diversos,  le  era  exigible,  de manera adicional, proponer los  reproches  en  un  orden que estuviera acorde con la mayor o menor extensión de  la invalidez que acarrean los vicios pregonados.    

Nada de lo anterior cumplió el demandante y,  por  lo  tanto,  incumple  el  deber  de respetar los principios de prioridad       y       jerarquía de las causales.   

Pero, aún cuando el censor hubiera respetado  los  anteriores presupuestos de debida fundamentación, nada lograría con ello,  toda  vez  que  la  petición  que  dirige  a la Corte, como consecuencia de los  supuestos  yerros  que  acusa,  es  de  tal  modo  ambigua e incoherente con los  reparos  formulados, que la Sala no sabría de qué manera proferir la decisión  de  fondo,  toda  vez  que  el  libelista  solicita a la Corte que case el fallo  impugnado  y  en  su  lugar  lo  revoque “profiriendo  pronunciamiento   favorable   al   condenado”.    

La confusión y vaguedad de lo pedido por el  impugnante  es  evidente,  habida  cuenta  que  no se entiende de qué manera el  pronunciamiento  de  la  Sala  ha  de  ser favorable al  procesado, es decir, si  por vía de la decisión  absolutoria,  o  como  consecuencia  de invalidar todo o parte de la actuación,  peticiones  nítidamente  contradictorias que, además, generan una imprecisión  y  ausencia de claridad que no  le  está  dado  a  la  Corte  entrar  a  dilucidar,  sin violar el principio de limitación.   

De  otra parte, el precario razonamiento de  sustento   que  el  libelista  ofrece  en  cada  uno  de  los  cinco  cargos  es  ostensiblemente   insuficiente   para   demostrar   ilegalidad   alguna   de  la  decisión.  Veamos por qué:   

Por razón de su similitud, la Corte aborda  de  manera  conjunta  el  escaso  argumento  que  ofrece  el  impugnante  en los  cargos primero y quinto,  pues  recuérdese que ambos hacen  mención  a  presuntas irregularidades en torno a la captura del procesado, toda  vez  que,  según  el  libelista,  su  situación  no debió calificarse como de  flagrancia.   

El  razonamiento anterior es del todo inepto  para  demostrar  una ilegalidad en el fallo, habida cuenta que la jurisprudencia  de   la   Sala1  tiene  dicho  que no es procedente discutir en casación  las  posibles  irregularidades que hubieren afectado la privación de la libertad del  procesado,  toda  vez  que aquellas son subsanables en su momento, a través los  mecanismos  eficaces y oportunos que ofrece el proceso, tales como la acción de  habeas    corpus,    la  legalización  de  la captura, la inmediata vinculación del imputado o la orden  de libertad.   

En  todo  caso,  las  irregularidades que el  casacionista  señala  no  existen, comoquiera que el procesado fue capturado en  el  momento  en  que  tenía en su poder el dinero entregado por la víctima, lo  que  permite  afirmar  que su privación de la libertad obedeció al supuesto de  que  trata  el  artículo  345-3  de  la ley 600 de 2000.  Por lo anterior,  tampoco  existe ilegalidad alguna en las acciones adelantadas por los servidores  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigaciones  de  la  Fiscalía  con  funciones de  policía  judicial,  puesto  que  en  tal  circunstancia,  esto  es, en casos de  flagrancia,  su actuación es legítima conforme lo previenen los artículos 314  y 315 del mismo estatuto procesal.     

A  través  del  reparo  propuesto  en  el  segundo  cargo, el libelista  señala  que  el  juzgador impidió la controversia probatoria, al no dejar a la  defensa  del  procesado  conocer  y  controvertir  el  video en el que consta el  operativo  que  adelantaron  las autoridades de policía judicial y que terminó  con   la   captura   de   GARCÍA  SALAZAR.   

El reparo propuesto no afecta ninguna de las  garantías  del  procesado,  toda vez que el aludido medio de convicción no fue  tenido  en  cuenta por el sentenciador para fundamentar la decisión de condena;  por  el  contrario,  el  juzgador  advirtió que el informe de policía judicial  sobre   los   hechos   que   rodearon  la  captura  del  procesado  –y  el  video  fue parte integral de la  actividad  de  policía  judicial-  carece de valor probatorio y solamente sirve  como   criterio  orientador  de  la  investigación;  pese  a  lo  anterior,  el  sentenciador  encontró  que  todo  lo  consignado  en  el  informe  de policía  judicial  fue  corroborado  por  pruebas legal y oportunamente allegadas (fl. 7,  13-14 c. del Tribunal).   

De  manera  que,  por elemental lógica,  no  resulta  admisible  que  al  procesado   o  su  defensa  les  hubiera  asistido  la  posibilidad  de  ejercer  controversia  respecto  de  un elemento de convicción que nunca fue tenido como  prueba,  y  que,  por  lo  mismo,  tampoco  obró como sustento de los fallos de  instancia, ni de otras decisiones interlocutorias.   

Según el reparo que presenta el impugnante a  través  del  tercer cargo, el  juzgador  violó  el  derecho  del procesado a presentar y controvertir pruebas,  como  consecuencia  de  declarar,  por  medio de una decisión no susceptible de  recursos,  la ilegalidad del video que aportó la defensa.  Adujo que dicha  prueba  permitía ver que el acto de corrupción provino de la víctima y no del  procesado.   

Aunque  al  demandante  le  asiste razón en  cuanto  a que una de las aristas del derecho de defensa es la de aportar pruebas  de  descargos,  también  lo  es  que dicha garantía encuentra su límite en la  legalidad  de  la  propia  aducción  probatoria.   En  consideración a lo  anterior,  y  en  particular  por estimar que el registro fue obtenido de manera  dolosa  y  “con  abuso  de sus funciones”,  fue  por  lo que el funcionario instructor excluyó el aludido  medio  de convicción del acervo probatorio, con estos argumentos (fl. 181, c.o.  1):   

“A  renglón  seguido  sostiene  el  indagado que sus conocimientos en derecho y su calidad de  funcionario  público  le  impedían  actuar  ilícitamente,  contraviniendo  lo  aseverado  con  la nueva citación que la hacía al señor VALENCIA CASTRILLÓN,  a  las  dependencias  de  la  inspección  de  policía,  so pretexto de atender  diligencia  de  carácter  policivo,  cuando  en  verdad  lo  que pretendía era  efectuar  una filmación videográfica para que éste reconociera o aceptara que  el  ofrecimiento  de  dinero  había  nacido de él, buscando con ello torcer el  decurso  de la investigación, medio éste no lícito, pues ha de subrayarse que  para  incorporar  una  grabación  (trascripción)  como  medio  de prueba, debe  reunir  todos los requisitos legales en su aducción y consecución.  No le  queda  duda  al  despacho  en  concluir   que nos encontramos frente a otro  abuso   de  sus  funciones como Secretario de la Inspección (de Policía),  por   parte   del   señor   JORGE  RICARDO  GARCÍA  SALAZAR,   pues   lo  hace  comparecer  (a  VALENCIA  CASTRILLÓN)  con  la finalidad de atender una diligencia de carácter policivo,  cuando  en  verdad  su  único fin era conseguir que aquél confesara que había  sido  él  quien  había  ofrecido  dinero al funcionario, y que el mismo estaba  destinado  para  la  compra  de  materiales  para  la  construcción”      

Ahora bien, aún cuando el aludido video fue  excluido  de  apreciación,  el sentenciador no dejó de lado en su apreciación  aquello  que  la  prueba excluida traería al proceso; fue así como ponderó la  exculpación  del  procesado,  según  la  cual  su  conducta estuvo determinada  “por      motivos      humanitarios”   por   la  intención  de  colaborarle  al  denunciante  en  la  consecución  de  material  de  construcción  a bajo costo, exculpación que el  fallador    rechazó    a   partir   de   la   apreciación   conjunta   de   la  prueba.   

Por manera que, al reclamar el censor en esta  sede  que  se  tenga  en  cuenta  la prueba que, en su sentir, fue indebidamente  excluida,  no  logra  sino,  una  vez  más,  oponer  su  personal criterio a la  apreciación  probatoria  del  sentenciador,  la  cual  fue  desfavorable  a los  intereses  de  procesado,  pero  que  llega  amparada  a  esta sede por la doble  presunción de acierto y legalidad.   

Por medio del cuarto  cargo,  el  impugnante  critica  que  el  sentenciador  desconoció     el     deber    de    investigación  integral,  en  la  medida  que  no  indagó  sobre  la  veracidad  de  las  quejas  y actuaciones disciplinarias que pudieran existir en  contra  de  JORGE  RICARDO GARCÍA SALAZAR por hechos similares.   

El  reparo  así  formulado carece idoneidad  para  acreditar una irregularidad trascendente de cualquier especie –ya  sea  como  vicio  de  juicio  o de  garantía-,  comoquiera  que  el demandante no enseña a la Corte de qué manera  el  medio de convicción omitido -y lo que éste tuviere capacidad de demostrar-  conduciría,  así  fuera  en grado de probabilidad, una modificación favorable  de la situación del procesado.   

El  reproche, tal como aparece postulado por  el  impugnante,  no  muestra nada más que su discrepancia con los razonamientos  del  Tribunal,  según  los  cuales  las quejas o actuaciones disciplinarias que  hubieren   podido   existir   en   contra  de  GARCÍA  SALAZAR  “poca  o  ninguna  relevancia   tendrían  para  los  hechos  objeto  de  juzgamiento,  por  cuanto  solamente  servirían  para  impulsar,  eventualmente,  otras investigaciones de  carácter  penal”  (fl.  9,  c. del Tribunal).    

La           intrascendencia  de  la  omisión  acusada  surge  nítida,  habida  cuenta  que,  por parte alguna los fallos de instancia,  como  tampoco las decisiones interlocutorias de la actuación procesal, tuvieron  como  fundamento  aquellas quejas o actuaciones disciplinarias cuya presencia el  casacionista reclama como omitidas en esta sede.   

Ahora  bien, el censor termina por sustentar  el  reparo  de  violación  al  principio  de  investigación  integral  con  un  razonamiento  inconsecuente,  según  el  cual  el  fallador  no  ha  debido otorgar credibilidad al dicho del  denunciante,  toda  vez  que  el  lenguaje  que  utiliza en su declaración deja  entrever   que   fue   preparado   por  maquiavélicas  personas.   

El  planteamiento  así  formulado  por  el  recurrente,  además  de  retórico  y  vacío,  solamente atina a demostrar una  ostensible  confusión  conceptual  de  su  parte,  la  misma  que  deja  ver la  concepción   integral  del  libelo,  como  ya  la  Corte  tuvo  oportunidad  de  evidenciarlo,  toda  vez  que la postulación del cargo como desconocimiento del  deber   de  investigación  integral  y  su  desarrollo  como  un  yerro  en  la  apreciación   de   la   prueba,   contradice    la   lógica,   la  debida  fundamentación  y la naturaleza de los cargos, por vía del desconocimiento del  principio   de   autonomía   de   las   causales  de  casación.   

Aún  cuando la Corte, en indebido auxilio a  la  deficiente  argumentación  del  casacionista,  superara  los ya incontables  yerros  de lógica y debida fundamentación que afectan su razonamiento, habría  de  concluir  en  que  el reparo propuesto en el cuarto  cargo  ni  siquiera  como  un  error  de  apreciación  probatoria  tendría  éxito,  pues  no pasa de mostrar la oposición del sujeto  procesal  a  la apreciación judicial, sin demostrar en ella un yerro ostensible  y determinante para mutar el sentido del fallo.    

En conclusión, la demanda presentada por el  defensor  de  JORGE RICARDO GARCÍA SALAZAR  no  cumple los  requisitos   de  lógica  y  debida  fundamentación,  motivo  por  el  cual  la  Sala      dispondrá  su inadmisión.   

Por último, se advierte que del estudio del  proceso  no  se  vislumbra  violación de derechos fundamentales o garantías de  los  sujetos  procesales  que  amerite  el  ejercicio de la facultad oficiosa de  índole   legal   que  al  respecto  le  asiste  a  la  Sala  para  asegurar  su  protección.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E   

1.                                   INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de JORGE RICARDO GARCÍA  SALAZAR.      En  consecuencia,    se   declara   DESIERTO el recurso.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBÀÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencia  de  casación  de  11  de  julio  de 2002,  radicación: 12447     

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