29618(25-06-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No.  29618   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 171.  

         

Bogotá  D.C.,  junio veinticinco (25) de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en relación con el  cumplimiento  de  los mínimos presupuestos lógicos y argumentativos del libelo  de   casación   presentado   por   el   defensor   del  procesado  CHRISTIAN  ANDRÉS  QUIÑÓNEZ ORTIZ contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Cali el  4  de  diciembre  de  2007 confirmatoria de la dictada el 12 de octubre anterior  por   el   Juzgado  5°  Penal  del  Circuito  Especializado  con  Funciones  de  Conocimiento  de  la  misma  ciudad,  que  condenó  al  mencionado  como  autor  penalmente  responsable  de los delitos de secuestro extorsivo y porte ilegal de  armas y lo absolvió de la conducta de hurto calificado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  supuesto  fáctico  que  dio origen a la  presente  actuación  fue  declarado  por  el  ad-quem  en los siguientes términos:   

“Los  hechos  materia  de  investigación  acontecen  el  29  de  agosto  de  2006,  cuando el señor Carlos Enrique Muñoz  Jiménez  cumple  una  cita  con  el  señor  CHRISTIAN ANDRÉS QUIÑÓNEZ ORTIZ  concertada  para  acordar  un  pago de dinero que se adeuda por un negocio de un  vehículo,  dado  que  el  señor  Muñoz  Jiménez  se  dedica  a  la compra de  vehículos automotores.   

En  el sitio acordado para la cita, esto es,  la  carrera  18 No. 3-28 de esta ciudad se reúnen los dos anteriores estando en  el  sitio  además  el  señor  Jean  Royer  Herrera  Morales, estando en algún  diálogo  (sic) de repente se  le  informa  al  señor  Muñoz Jiménez que se va a hacer un secuestro express,  amendrentándolo  con un arma de fuego y un arma cortante (daga), se le solicito  inicialmente  la  entrega de una suma de dinero, concretamente $ 200.000.000 por  su  liberación,  luego  se pactó la suma de $ 25.000.000, por lo que el señor  Muñoz  Jiménez  procedió  a  llamar  a  uno de sus empleados, el señor José  Antonio  Ladino,  para  que  fuese  hasta  el  negocio  a abrir la caja fuerte y  esperara sus instrucciones para sacar un dinero.   

Como   la   cita  acordada  causó  alguna  desconfianza  en  la  víctima,  dio  a conocer a su esposa y a sus trabajadores  sobre  lo  acontecido  y  al  lugar fue acompañado por sus trabajadores en otro  vehículo  y  a  cierta  distancia,  pues  en  la  vivienda  donde se encontraba  supuestamente    se    encontraba   (sic)  una  fémina  que sería a la que cancelaría el dinero por el que  inicialmente  se  hizo  la  cita  por eso sus trabajadores a cierta distancia lo  esperaban,  empero como no salía y luego observan que el vehículo en el que se  movilizaba  el  señor  Muñoz Jiménez fue entrado en la vivienda, les pareció  extraño,  intentaron  comunicarse  con él por teléfono celular o avantel, sin  lograr  hacerlo  pues  se  iba  la  llamada a buzón, se alertaron llamaron a la  señora  de  tal  señor, estaban preocupados, hasta que hizo presencia un amigo  que  andaba  con  sus trabajadores, el señor Carlos Alberto Rodríguez Arroyave  de  profesión  abogado, al que le pareció extraña la situación y procedió a  llamar a la policía.   

La  policía hace presencia en el lugar y al  llegar  a  la vivienda donde estaba el señor Muñoz Jiménez, hacen un llamado,  no  abren  la  puerta y por el acrílico observan que dentro de la vivienda unas  personas  corren,  luego  vidrios  rotos,  por lo que se alerta la policía para  luego  percatarse  que  por  los techos de vivienda vecinas huían unos sujetos,  realizando  el  operativo  pertinente,  lográndose  la  captura  de  los  aquí  acusados,  en  casas  diferentes y ambos se habían cambiado sus vestimentas con  ropa  que  habían  tomado  de las casas en las que se refugiaron”.   

La  aprehensión de los dos individuos dio a  lugar  a  que  durante  audiencia  preliminar  realizada  al  día  siguiente de  ocurridos  los hechos ante el Juzgado 16 Penal Municipal de Cali con Función de  Control  de  Garantías  de  Cali  se  legalizará  su captura. Durante la misma  audiencia,  el  ente  acusador  formuló  imputación  en contra de CHRISTIAN   ANDRÉS   QUIÑÓNEZ  ORTIZ  y  Jean    Royer    Herrera    Morales    por  los  delitos  de  secuestro  extorsivo, porte ilegal de armas y  hurto  calificado  agravado,  por  los  cuales  se  los  afectó  con  medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva en centro carcelario.  Los cargos  imputados no fueron aceptados por los imputados.   

El  29  de  agosto  siguiente  la  Fiscalía  presentó   escrito  de  acusación  por  los  mismos  delitos  sustento  de  la  imputación,   los   cuales  ratificó  durante  audiencia  de  formulación  de  acusación celebrada el 18 de octubre posterior.   

Ante  el  Juzgado  5°  Penal  del  Circuito  Especializado  con  Funciones  de  Conocimiento de la misma ciudad se llevaron a  cabo  las  audiencias preparatoria (noviembre 7) y del juicio oral (a partir del  12  de  julio  de 2007), a cuyo término se profirió sentencia de primer grado,  por  medio  de  la cual se condenó a CHRISTIAN ANDRÉS  QUIÑÓNEZ  ORTIZ y Jean Royer  Herrera  Morales a las penas principales de veintisiete  (27)  años  de  prisión  y  multa por valor de $ 1.087.997.280, así como a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el lapso de veinte (20) años por encontrarlos autores penalmente  responsables   de   los  delitos  de  secuestro  extorsivo  y  porte  ilegal  de  armas.   

En la misma providencia, el despacho judicial  absolvió  a  los  procesados  de la conducta punible de hurto calificado por la  cual  fueron  acusados,  a  la  vez que les negó el subrogado de la suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

Recurrida  en apelación la sentencia por la  defensa  de  los sindicados, el Tribunal Superior de Cali la confirmó, mediante  fallo   del  4  de  diciembre  ulterior,  decisión   contra   la   cual   exclusivamente   interpuso  recurso  extraordinario  de  casación  el defensor de CHRISTIAN  ANDRÉS  QUIÑÓNEZ  ORTIZ  mediante  demanda allegada  oportunamente  y  de  la  cual  se  ocupa  la Sala con el objeto de verificar si  cumple       con       los       presupuestos       exigidos       para       su  admisibilidad.         

LA  DEMANDA   

En   el  libelo  presentado    por    el   defensor   de   QUIÑÓNEZ  ORTIZ    se  formulan  dos  cargos  contra  el fallo  impugnado.   El  primero,  con  sustento en la causal segunda del artículo  181  de la Ley 906 de 2004, por nulidad de la actuación procesal y, el segundo,  bajo  la  égida  de  la  causal  tercera  del  mismo  artículo, por violación  indirecta   de   la   ley   sustancial.   Los  reparos  son  del  siguiente  tenor:    

Primer  cargo.   Causal  segunda  del  artículo  181  de  la  Ley  906  de 2004.  Nulidad por desconocimiento del  debido proceso y del derecho de defensa:   

A  juicio  del  actor,  en  la actuación se  vulneró  el  debido proceso previsto en los artículos 29 de la Carta Política  y  457  de  la Ley 906 de 2004 por cuanto en la audiencia preliminar se elevaron  unos  cargos  en contra de su prohijado “sin tener en  cuenta  los  elementos  para este punible de acuerdo con su plataforma que es el  artículo 29 de la Carta Política”.   

Refiere  así  cómo  a  su  defendido se le  imputaron  las  dos conductas “sin estar físicamente  el  arma  el  día de la audiencia preliminar, es decir el día de los hechos el  arma de fuego no había sido incautada”.   

Insiste  luego  que se incurrió en el yerro  “por no estar el arma incautada en esa fecha el día  de   la   audiencia   preliminar,   pues   el  arma  se  incaautó  (sic)  en  septiembre  11/06  y  quien  la  encontró  Camilo  A. Ramírez no asistió al juicio oral, violando el principio  de inmediación”.   

Además, el dicho de la víctima Carlos    Muñoz   no   reviste   ninguna  credibilidad  pues  “dijo que había sido amordazado,  amarrado  etc.  El  (sic) día  de  los  hechos pero ya en el juicio oral cuando le ponen de presente las normas  del  falso testimonio …dijo que el (sic) no  había  sido  amordazado  y  que no sabía que era amordazar, lo  cual  no  es creíble que un abezado (sic) comerciante,  mayor  de  edad,  bachiller  no sepa que es amordazar,  pues      eso      lo      sabe      hasta      el     párbulo     (sic)”.   

Igual  ocurre, agrega, con el testimonio del  subintendente      Floresmiro     Ortiz,  quien  en  su  informe  inicial faltó a la verdad, retractándose en el juicio oral;  sin  embargo,  sobre  la  base  de  esas dos probanzas se cimentó la declaratoria de  responsabilidad  por los delitos imputados, “por ello  debe  nulitarse  esta  audiencia  preliminar  y  otorgarle  la  libertad  a  los  procesados       por       vencimiento       de       terminos      (sic)”.   

Acto   seguido,  subraya  que  durante  la  audiencia  preparatoria  quien  defendía  a los procesados en ese momento quiso  introducir  algunas  pruebas  al  juicio,  pero  la  Fiscalía replicó que eran  elementos  presentados por ese ente “como era el caso  que  ella  quería interrogar en el juicio a la presunta víctima Carlos Muñoz,  lo  cual  en  Cali  todo  el  mundo  venía  pidiendo  las  mismas pruebas de la  fiscalía  para poder interrogar y no sólo contrainterrogar, recordando que las  pruebas    son    solo    del    proceso    y   no   del   fiscal”.   

De  esa  forma,  prosigue,  se  impidió  su  realización   “y   así   mismo   le  niega  otros  pruebas”,  configurándose  violación  del  debido  proceso    y    violación   del   derecho   de   defensa,   pues   “el  fiscal  casi  no  deja  ni  hablar a este defensora y termina  pidiendo  (sic)  que no se le  aceptara      ninguna      de     las     pruebas     solicitadas”.   

Además,   añade,  la  defensora  de  los  procesados   en   ese   momento  desconocía  los  conceptos  de  pertinencia  y  conducencia   de   la   prueba,   no   es   abogada   penalista  y  “mostró  un  claro  desconocimiento  del derecho penal acusatorio  perjudicando a los procesados con una falta de defensa técnica”   

A  continuación, indica que hubo una prueba  imposible  de  introducir  en  desarrollo de esa misma audiencia, incidente para  desvirtuar  la imputación por el delito de secuestro de extorsivo. Se refiere a  la  declaración  extraproceso  rendida  bajo  juramento  por  la víctima en la  Notaría  18  de  Cali  el  26  de  octubre  de  2006, de acuerdo con la cual la  reunión   sostenida   con   los   procesados   tuvo   por  objeto  “cuadrar  unas  cuentas”, llegando a un  acuerdo  por  $  25.000.000, probanza que, asegura, si se hubiera introducido al  juicio  por  la  defensora  “otro  hubiera  sido  el  resultado      del      proceso,      seguramente     absolución”.   

Lo  anterior,  en  palabras  del recurrente,  “sucesivamente  sucedió  con  las  otras pruebas en  cuanto  a  que  la  juez  de  1ª.  instancia  no  se  las dejó introducir y la  defensora  inocentemente  se  aguantó  esa  situación  en una demostración de  falta  de  defensa  técnica”, como también ocurrió  con  un  video  que  la  defensa quiso allegar pero que ante la oposición de la  Fiscalía el juez terminó por negar.   

En  definitiva,  la  defensora  “se  dejó  manipular  por el fiscal y juez, se aprovecharon de su  inocencia  en  detrimento  de  los  procesados,  pues  ni  siquiera  pide  a los  procesados  como  sus  testigos  en  esta  audiencia preparatoria para el juicio  oral,  no  puede  pensarse  que  sea  un  tactica (sic)  cuando  era  importante  que  ellos  declararan ya que  ellos  con  la  presunta víctima eran los únicos presenciales de los hechos no  hubo otras personas”.   

A  pesar  de  ello,  añade,  “solamente   los   nuevos   defensores   pudimos  lograr  que  los  procesados  hablaran como testigos en el juicio oral, esto fue una lucha pero al  fin lo logramos”.   

Luego  de  transcribir  en  su integridad la  decisión  de  esta Sala del 11 de julio de 2007, en donde se declara la nulidad  por  violación  del  derecho  de defensa en un proceso tramitado bajo la cuerda  del  sistema  penal  acusatorio,  solicita  casar  el  fallo  impugnado y, en su  defecto,  decretar la nulidad de la actuación “de la  audiencia  preparatoria  y  subsidiariamente  también  casar  lo  relativo a la  audiencia   preliminar”.   

Segundo  cargo.   Causal  tercera  del  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004.  Violación indirecta de la ley  sustancial derivada de errores en la apreciación probatoria:   

Para  el actor, el yerro formulado encuentra  sustento  en  que  “se dieron por probados hechos que  no  correspondieron  a  la  verdad  e incidieron en la sentencia” incurriendo   el   fallador   en  errores  de  hecho  y  de  derecho  “y  no  se tuvieron en cuenta las pruebas de defensa  ni  tampoco  se  le  dieron  a  las pruebas de la defensa el valor jurídico que  tenían  en el juiicio (sic) y  lo  más  grave  de  todo  es  que  ni  siquiera  se dio explicación del porque  (sic)   no   se  valoraron  conforme   al   ordenamiento  jurídico  legal  y  constitucional”.   

Además,  sostiene,  también se concreta el  yerro  porque  la  juez  de  primera  instancia  sólo  otorgó  crédito  a las  probanzas de la Fiscalía.   

Acto   seguido,   añade:   “desde  la primera audiencia, la audiencia preliminar se habló de  un  arma  de  fuego que no había sido incautada, no estuvo físicamente el día  de  esta   primera audiencia, sin embargo se les hizo la imputación por el  delito  de  porte  ilegal  de  armas  sin  estar incautada el arma, estos hechos  fueron  ratificados en la sentencia de 2ª. instancia e incidieron en la condena  violando normas jurídicas”   

Dicho   artefacto,   adicionalmente,   fue  incautado  mucho tiempo después de la captura de los procesados, incurriendo en  una  serie de errores en la cadena de custodia relativos a las fechas, a lo cual  se  aúna  que  “el  señor  Héctor  Fabio  Clavijo  Valencia,  investigador  decadactilar  no  encontró  huellas  latentes  en  los  elementos   materiales  de  pruebas,  como consta en su declaración, y los  acusados  solicitaron  a la juez que se demostrara si las huellas halladas en el  arma eran de ellos y no se hizo”.   

En  el  informe  rendido  por  la uniformada  Clara       Inés,  prosigue, se afirma que en el  lugar  en  donde fue encontrado el plagiado se encontró un proveedor de pistola  7.65   con   tres  cartuchos  “y  luego  este  mismo  proveedor  fue encontrado en el maletín de Roger (imputado) quien fue capturado  en  otra  vivienda distante del lugar de los hechos, a quien le introdujeron ese  proveedor  y  el  firmó  en  la  oscuridad  sin  darse  cuenta de lo que estaba  firmando”.   

De  otro  lado, destaca, la víctima durante  sus  distintas  versiones  ha incurrido en contradicciones respecto del lugar en  donde  fue  encontrado.  Lo  mismo  ocurre  en  relación con lo afirmado por el  agente        Floresmiro       Ortiz.   

Por lo anterior, destaca en el acápite de la  “demostración   del   cargo  único”,  el  yerro  formulado se configura al darse por ciertos los dichos  de  la  víctima,  pero “yo rechazo esta prueba, pues  los  procesados  explicaron  de manera diferente como se dieron los hechos y que  de  ninguna  manera  se  trató  de  un  secuestro  extorsivo,  se trató de una  reunión  de  amigos  para  aclarar  unas  cuentas”,  máxime  cuando  las  llamadas  para  concertar  la  cita  fueron realizadas por  aquél.   

De  igual  modo,  porque  el  subintendente  Floresmiro  Ortiz cambió su  versión    en   el   juicio   oral   sobre   la   forma   cómo   ocurrió   la  captura.   

En  el  capítulo  siguiente, referido a los  “errores  de  hecho y de derecho, desconocimiento de  pruebas”,  el  demandante  acota que esto último se  verificó  en cuanto no fueron tenidas en cuenta la declaración extraproceso de  la   víctima,   incurriendo   por   ello  en  error  de  hecho  y  “las     manifestaciones    de    los    procesados”,  pues  “siempre  se les dio valor solo  (sic)  a  las  pruebas de la  presunta víctima y de la fiscalía”.   

En  el  mismo  sentido,  por  cuanto el arma  incautada  fue  objeto de “una serie de errores en la  cadena  de  custodia”  y porque no obstante conocerse  que  dicho  artefacto  fue  encontrado  en  la  vivienda  del joven Camilo    Alexander    Ramírez,   éste  “no quizo (sic)   comparecer   al   juicio   oral   para   ejercer  el  derecho  de  contradicción  y  el  principio  de inmediación”, a  pesar  de  ser la única persona que conoció los detalles de la incautación de  ese elemento.   

De  esa  manera,  continúa  en el siguiente  capítulo,  respecto de la declaración extraproceso de la víctima se incurrió  en  error de derecho, como igual se constata frente a la valoración concedida a  los  testimonios  contradictorios, de conformidad con lo normado en el artículo  403  del  estatuto procesal penal, igualmente al imputar el porte ilegal de arma  sin  haber  sido  aportada  físicamente y frente a lo sucedido con Camilo Alexander Ramírez.   

Los  restantes  testigos,  aduce,  son  de  referencia,    por    no   ser   presenciales   de   los   hechos   “por  lo que considero no aportaron cuestiones fundamentales en el  proceso”  y  si a ello se aúna que no se consideró  la  personalidad  de  los procesados, la naturaleza y modalidad de las conductas  punibles,  surge como conclusión la de ser necesario casar el fallo para, en su  lugar, absolver a su defendido.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Los  dos reparos  propuestos   en   la   demanda   objeto   de  estudio  si  bien  se  formulan con  base  en  distintas  causales de casación  (segunda en el primer cargo y tercera en el segundo),    exhiben  similares   defectos  de  lógica   y   adecuada   argumentación  que  impiden  su  admisión,   ante  lo  cual  procederá     la     Sala,     por             metodología  y  con  el  fin  de precaver   la repetición   argumentativa,  a  asumir  su  análisis dentro del mismo aparte.   

En  ese  sentido,  se  impone  previamente  puntualizar  que,  de  conformidad con el inciso segundo del artículo 184 de la  Ley  906  de  2004,  “no será seleccionada, por auto  debidamente  motivado que admite recurso de insistencia presentado por alguno de  los  magistrados  de  la  Sala  o  por el Ministerio Público, la demanda que se  encuentre  en  alguno de los siguientes supuestos:  Si el demandante carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal, no  desarrolla  los  cargos  de sustentación, o  cuando  de su contexto se advierta fundadamente que no se precisa  del  fallo  para  cumplir  alguna de las finalidades del recurso” (subrayas fuera de texto).   

Por  su  parte,  el  artículo 183 del mismo  estatuto  prescribe  que  el recurso extraordinario de casación se interpondrá  “mediante  demanda  que  de manera precisa y concisa  señale    las    causales    invocadas    y    sus   fundamentos”.   

Del    contenido    de    las   dos   preceptivas   parcialmente   transcritas   se  infiere que  los    cargos    contenidos   en   la   demanda   de   casación   deben  exponerse  de  manera  lógica  y  con      un      mínimo      de     argumentación     y,    a  más  de  ello,  han de evidenciar  la  necesidad  de  proferir pronunciamiento de fondo con el objeto de cumplir alguno  o  algunos de los fines para los cuales se ha previsto  el recurso.    

En tal virtud, la  jurisprudencia     de    la    Sala    ha        venido       pregonando      que     uno    de    los    avances   en   esta   materia   con  su regulación en la Ley 906 de 2004  concierne  a  su  función  teleológica,  en  cuanto  privilegia  los  fines  del  recurso,  hasta  el punto de facultar a la  Corte            para           emitir  fallo  de  mérito  superando los  defectos  lógicos y argumentativos de la demanda           y,              contrariamente,              inadmitirla  cuando,   a   pesar   de  reunirlos,    de    su    contexto    no   se  infiera  la necesidad de  proferirlo o porque    tampoco    surge esa posibilidad de la revisión del  trámite                    cumplido                    y                    del  fallo.            

Pues    bien,    la    revisión  de  los reparos contenidos en la demanda presentada por  el       defensor       de       CHRISTIAN     ANDRÉS    QUIÑÓNEZ          ORTIZ  permite  evidenciar  el  incumplimiento   de  los  presupuestos  iniciales  de  presentación lógica y  debida     argumentación     exigidos  para su admisión, de conformidad con  las        normativas       citadas.   

Para empezar,  por       cuanto       en       ambas censuras  el  actor  involucra  de  manera     inapropiada    aspectos    inherentes  a  causales  de  casación  diversas y de suyo excluyentes.   

Así,  mientras  en  el  primer  reproche  formulado  por  la  vía  de la causal segunda el actor refiere que la sentencia  está  viciada  de  nulidad  a  consecuencia  de irregularidades en la audiencia  preparatoria  de  formulación  de  imputación  y  en  la preparatoria -sin que  exista  la  indispensable  claridad  al respecto- al tiempo disiente de la forma  como  fueron  apreciadas  las  pruebas  en  el fallo impugnado, comenzando con el dicho de la víctima, la  declaración   de   Floresmiro  Ortiz  y  la extraproceso del primero, realizando lo propio en el segundo  reparo,  en donde no obstante invocar la causal tercera también hace alusión a  irregularidades      procesales,     denigrando,  a  la  vez,  de    la   apreciación   probatoria.   

Ha   sido  enfática   la  Sala  en  precisar  que  el  recurso  extraordinario  de  casación  dentro  del sistema procesal acusatorio continúa  rigiéndose   por   principios   tales   como   los  de autonomía y no contradicción, cuyo objetivo    no    es    otro    que    el   de   exigir   a   cargo   del   casacionista   una  lógica,  mínima y adecuada argumentación en  la  formulación  de  los  cargos,  en  yuxtaposición a la propuesta ambigua,  incoherente e insuficiente.   

De  acuerdo  con el principio de autonomía  las  diversas  propuestas deben ser planteadas en forma independiente, con miras  a  evitar  mezclas  argumentativas  y conceptuales, más aún cuando se trata de  asuntos fundamentados en diversas causales de casación.   

Por  su parte, el llamado principio lógico  de  no  contradicción  tiene  que  ver  con  el  hecho  de  que  las propuestas  excluyentes,  tanto  en  su  naturaleza  como  en  sus  efectos,  no  pueden ser  formuladas  en  una  misma  censura,  por lo mismo señalado anteriormente en el  sentido  de  que  el  escrito pierde coherencia y comprensión, al afirmarse que  algo es y no es a la vez.   

De acuerdo con lo anterior, no llama a duda  que  los  planteamientos contenidos al interior de los dos cargos de la demanda,  por  contener  planteamientos  de  diversa  naturaleza,  cuya discusión en sede  extraordinaria  no  podía  ser  enfilada  de  forma coetánea, atenta contra la  precisión  y  concisión  que  debe  caracterizar  a  la demanda, a voces de lo  normado en el aludido artículo 183 de la Ley 906 de 2004.   

Bastaría  lo  anterior,  en  suma  con  la  ayuna  demostración en punto de la necesidad  de proferir fallo de fondo de acuerdo con los fines del  recurso,  para  inadmitir  la  demanda,  mas  lo cierto es que contribuyen a esa  misma  conclusión  falencias  adicionales  del  libelo, las cuales se         consignarán a continuación.   

De  ese  modo,  frente  al  primer  cargo  propuesto al amparo de la causal segunda contemplada  en   el   artículo   181   de   la   Ley   906   de   2004,   se   observa  cómo  el  casacionista alude a circunstancias totalmente  despojadas  de  entidad  para  dar  al  traste con la validez del proceso.    

Inicialmente       porque,    a  diferencia  de  lo  expuesto  por  el  libelista,  su  planteamiento  consistente en que por no haberse        allegado             físicamente   el  arma  utilizada  por  los  autores   durante   las  audiencias    preliminar    de    formulación    de   imputación   y   en   la  preparatoria  afectando  con   ello   la  estructuración  de  las  conductas  punibles        imputadas,        configuraría     un    error de juicio  y  no uno de actividad con la potestad de incidir en  la validez de tales audiencias.   

Menos         aún  cuando  el argumento presentado  resulta sofístico, pues no  es  cierto  que  la  inexistencia  de  dicho  artefacto  impida  estructurar las  conductas  punibles  imputadas a los procesados, esto es, el secuestro extorsivo  y  el  porte  ilegal  de  armas,  aun cuando a veces sólo refiere a la segunda.   

En  cuanto la  primera   infracción,  toda  vez  que  no   es   de   su   esencia   el   uso   de   armas,  pero    ni   siquiera   respecto   de  la  segunda  porque en tal caso se desconocería  el      principio     de     libertad  probatoria  que  rige  en     materia    penal,    previsto  ahora  en  el  artículo  373  de  la  Ley  906 de  2004.     Ahora,  en   tratándose  de  este  último  comportamiento  delictivo          se         desconocería     la     postura          preconizada   por  esta  Sala  de  antaño  en  el entendido de que para actualizar esta    conducta   no   ha   menester  el    porte    efectivo    del    arma1,  aunándose   a   ello  que,     en    todo    caso,   el   planteamiento   es  irrelevante,  pues  con  posterioridad  fue      allegada     al     proceso.   

Tanto  más  deviene  intrascendente  la  pretensión  de nulidad  cuando  se sustenta en la  violación  del  derecho  de  defensa  -dicho   sea   de   paso  inapropiadamente  desarrollada    al    interior    del    mismo  reparo-   porque    con   ella   sólo   se  pretende  denigrar  de  la  gestión  desplegada por  profesional  que antecedió en esa tarea,  pretextando  en  tal  sentido  su ingenuidad, no ser penalista y  desconocer   la   sistemática  del  proceso  penal  acusatorio.    

Estas     situaciones,  que  el  actor plantea como lesivas  del  derecho  de  defensa  de  su patrocinado, no resultan ser, se insiste, cosa  distinta  a  la  divergencia  subjetiva con  la  actuación  cumplida  por otro  profesional       del       derecho,    sin    entidad    alguna  para  socavar  la garantía en  cuestión.   

En  cuanto  a la segunda censura no sólo  caben  las  mismas  glosas reseñadas con antelación  frente     a     las     presuntas    irregularidades postuladas,       sino      que,  en punto  de  los  supuestos  yerros de apreciación probatoria  formulados,     no     desarrolla    cabalmente     ninguna    de    las  modalidades  concebidas  por  la  jurisprudencia  de  esta  Sala  con  el  objeto  de  demostrar  tal cometido, esto es, los llamados errores de hecho (por  falsos  juicios de existencia, identidad o  raciocinio) y de derecho (por falso  juicio  de  legalidad  o  convicción).   

En efecto, tomando distancia de la esencia  de        tales         errores,  respecto  de cuya naturaleza  la  jurisprudencia  de  la  Sala ha sido profusa,    el    casacionista    se  circunscribe  a  cuestionar  el  mérito  de algunos  elementos  materiales de prueba, empezando por las versiones de la víctima y de  los   procesados  y  las  declaraciones    de    algunos    uniformados    que    intervinieron    en   la  aprehensión,  desde  su  estricta óptica personal,  que  tampoco  expresa de  manera inteligible.   

No  tuvo  en  consideración el actor que  debatir  en  torno  al  mérito de las pruebas a partir del criterio personal no  configura   ningún   error   de   apreciación,   pues   sólo   demuestra  una  disconformidad         con        lo  expresado  en el fallo,       viable       sólo   cuando   se   demuestra    que   en   esa   labor   se  desconocieron  pautas  de  la  sana  crítica,  en  cuyo caso resulta procedente  orientar  la  propuesta  por  el  denominado error de hecho por falso raciocinio  fundado        en        el       distanciamiento    a    postulados  científicos,  máximas  de  la  experiencia  y reglas  lógicas,  labor  que  en momento alguno desplegó  el  actor,  en  perjuicio del desarrollo adecuado de la  causal   seleccionada  para  emprender  el     segundo    reparo    de    la    demanda.     

Además,  con esa actitud hace caso omiso  de  la  naturaleza  extraordinaria  de  este  medio  de impugnación, equiparando la demanda a un memorial  de  instancia en donde sin rigor alguno se  puede  debatir en torno al mérito  de      las      probanzas     y     olvidando      que     esa  confrontación  resulta carente de  entidad           para          destronar  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad que  cobija al fallo impugnado.   

Y,  aun  cuando  someramente  refiere  a  defectos  en  la aducción  del  arma  al proceso por  no  ceñirse  al procedimiento de cadena de custodia,  es   claro  que,  al  no  especificar   el  motivo  sobre  el  cual  basa  esa  afirmación,  la  deja  en  un   plano   meramente  enunciativo.   

Como  los  defectos  reseñados  conspiran  contra  el entendimiento  cabal  de  la  demanda,  en tanto esbozan propuestas contradictorias, ambiguas y  por  pasajes  ininteligibles,  la  conclusión  que razonablemente surge  es la de inadmitir la demanda, de  conformidad  con  lo  dispuesto en el inciso segundo del artículo 184 de la Ley  906 de 2004.   

Adicionalmente,    porque    tampoco   se   evidencia   la   necesidad        de        superarlos  en  procura  de cumplir alguno de los fines del recurso extraordinario previstos  en    el    artículo    180    ibídem,  esto es, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  éstos  o la unificación  de la jurisprudencia.   

         Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación2,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –siempre  que el recurso  de  casación no hubiera sido interpuesto por un Procurador Judicial–,   el  Magistrado  disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates o suscrito la providencia  inadmisoria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

iii)          Es potestativo del Magistrado disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en que informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

iv)          El auto a través del cual se inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

       En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda  presentada  por el  defensor  del  procesado  CHRISTIAN ANDRÉS QUIÑÓNEZ  ORTIZ,  por  las  razones  consignadas  en la anterior  motivación.   

        Contra  esta decisión procede el mecanismo de insistencia, en los  términos señalados.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ                       ALFREDO       GÓMEZ       QUINTERO             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS        AUGUSTO                         J.                        IBÁÑEZ  GUZMÁN                  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                              YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                  JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

1  Cfr. Sentencia de fecha junio 14 de 1995. rad. 9094.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *