29551(07-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No.  29551   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 181.  

Bogotá D.C., julio siete (7) de dos mil ocho  (2008).   

VISTOS  

La   Sala  emprende  el  examen  sobre  el  cumplimiento  de las exigencias de lógica y suficiente acreditación dispuestas  por  el  legislador,  respecto  de  la  demanda  de  casación presentada por el  defensor  del  procesado  IVÁN  DE  JESÚS CASTAÑEDA  SILVA  contra el fallo de segundo grado dictado por el  Tribunal  Superior  de  Antioquia  el  7 de noviembre de 2007, confirmatorio del  proferido  por  el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  Rionegro el 3 de  septiembre  del  mismo año por medio del cual lo condenó como autor penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos  de  homicidio  agravado en Carlos  Mario  Díaz y porte ilegal de arma  de fuego de defensa personal.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Aproximadamente  a  la una de la mañana del  domingo  6  de  agosto  de  2006  en el parque principal de Rionegro (Antioquia)  Carlos  Mario  Díaz quien se  encontraba  en  estado  de  embriaguez,  tuvo  varios  altercados con diferentes  personas,  hasta  que  un  individuo señalado como compañero permanente de una  expendedora  de  chance  llamada  Trinidad   y   apodado   “El  Enano”,  identificado  luego  como  IVÁN  DE  JESÚS  CASTAÑEDA SILVA le disparó dos proyectiles de  arma    de    fuego    a   la   cabeza,   causándole   la   muerte   en   forma  inmediata.   

          La  Fiscalía  Seccional  de  Rionegro  dispuso  la  correspondiente  indagación  preliminar y luego de practicar algunas pruebas declaró abierta la  instrucción,  en  curso de la cual vinculó mediante indagatoria a IVÁN   DE   JESÚS   CASTAÑEDA   SILVA,  resolviéndole   su   situación   jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  derecho  a libertad provisional, como posible autor  del delito de homicidio.   

          Cerrada  la etapa instructiva, el mérito del sumario fue calificado  el  1º de febrero de 2007 con resolución de acusación en contra del procesado  como  presunto  autor  del  concurso de delitos de homicidio agravado (numerales  4º  y  7º  del  artículo 104 de la Ley 599 de 2000) y porte ilegal de arma de  fuego  de defensa personal, proveído confirmado en segundo grado el 12 de marzo  de  2007  por  la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal Superior de  Antioquia   al   conocer   del   recurso   de   apelación  interpuesto  por  la  defensa.   

El  ciclo  del  juicio fue adelantado por el  Juzgado  Tercero Penal del Circuito de Rionegro, despacho que una vez surtido el  rito  dispuesto en la ley dictó sentencia el 3 de septiembre de 2007, a través  de  la  cual  condenó  a  IVÁN  DE JESÚS CASTAÑEDA  SILVA  a la pena principal de veinticinco (25) años y  cinco  (5)  meses  de  prisión,  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso y al pago de la  correspondiente  indemnización de perjuicios, como autor penalmente responsable  del concurso de delitos objeto de acusación.   

En  la misma oportunidad le negó la condena  de   ejecución  condicional  y  la  prisión  domiciliaria  sustitutiva  de  la  intramural.   

Impugnada  la  sentencia  por la defensa, el  Tribunal  Superior  de  Antioquia la confirmó mediante fallo del 7 de noviembre  de  2007,  proveído  que es ahora objeto de recurso extraordinario de casación  interpuesto por el defensor del incriminado.   

EL LIBELO  

El  demandante  invoca  la causal primera de  casación  cuerpo segundo, para lo cual denuncia la presencia de “error   de   hecho  y  de  derecho  en  la  apreciación  de  varias  pruebas”.   

Considera violado el artículo 9º de la Ley  599  de  2000,  pues  “según esta norma debe existir  culpabilidad  en  la  modalidad  de dolo, y la causalidad en esta investigación  por   si   sola   no   basta   para  la  imputación  del  homicidio”.   

          Las  descripciones  del  homicida contenidas en las declaraciones de  Jair  Ricardo Díaz Acevedo y  Yampier   Sebastián   Jaramillo  Montoya  no  coinciden  con  los rasgos de su asistido, pues éste no tiene  cicatriz alguna en la cara.   

          Los  testimonios  de  Johana  Andrea Díaz  Arcila,  Mary  Luz  Santana  Gómez,  Lillibet  Andrea Ramírez Castro y Yazmín  Sáenz  Sáenz corroboran lo expuesto por el procesado  en  su  indagatoria,  “es  decir  que frente a tanta  contradicción  surge  la  duda y ésta debe resolverse a su favor al momento de  valorar  o apreciar las pruebas en conjunto. Por ende, obsérvese que son muchas  las  pruebas  incluyendo  las  declaraciones  de  los  testigos presenciales y a  oídas  que  rompen  la relación de causalidad que se ha pregonado a través de  toda la investigación”.   

          También  considera  violado el artículo 12 del mismo ordenamiento,  pues  las  pruebas  mencionadas “no fueron apreciadas  ni  valoradas  en la investigación”, pese a señalar  que    el    procesado    “no   es   culpable   del  homicidio”.   

Se  vulneró  el  artículo  22 del estatuto  penal  “por  cuanto el agente no conoció sino parte  de  los  hechos  constitutivos  de  la  infracción,  pero  por que (sic)   se   lo   comentaron  o  por  que  (sic)  estuvo en su vehículo  en   el   lugar,   pero   no  fue  quien  quizo  (sic)  la  realización  del homicidio y mucho menos de porte  ilegal de arma de fuego”.   

          “Es     de     anotar     en     este  momento   –  puntualiza el demandante –  de  que  el  mero  video  no  tiene  una  secuencia  continua  en  cuanto  al tiempo en el lugar de los hechos y de que se  demostró  a  través  de declaraciones bajo juramento de que mi defendido en el  preciso  instante  de  los  disparos se encontraba en otro lugar transportando a  dichos  testigos,  los cuales declararon antes y dentro de la audiencia pública  y  mientras  sus  versiones  no  sean  objeto de falsedad se deberá atener a lo  allí narrado”.   

          Aduce  la  violación del artículo 26 del Código Penal, pues en el  video  se establece que el vehículo conducido por el acusado estuvo ausente del  lugar  de  los  hechos,  lo  cual  demuestra que no estaba en aquel sitio cuando  ocurrió  el  homicidio  y “de que un lapso de tiempo  de  más  de DIEZ MINUTOS es tiempo considerable para pensar que mi defendido si  estaba transportando a unas personas”.   

          Se  quebrantó el artículo 7º de la Ley 600 de 2000, referido a la  aplicación  del principio in dubio pro reo,  porque  con  base en los planteamientos anteriores se advierte la  existencia  de  duda  sobre  “el tiempo exacto de los  hechos,  la presencia de mi defendido al momento exacto, el apellido (HENAO), la  cicatriz   en   la   cara,   el   apodo   EL   REY,  todas  ellas  analizadas  y  demostradas”.   

          Por  tanto,  afirma,  si  en este proceso no se arribó a la certeza  requerida  para condenar, no era viable proferir fallo condenatorio en contra de  IVÁN     DE     JESÚS     CASTAÑEDA.   

          A  partir  de lo expuesto, el recurrente solicita a la Sala declarar  que   su   procurado   no  cometió  los  delitos  investigados  “por  haberse  demostrado que en el proceso se incurrió en infringir  las   normas   con   los   fundamentos  esbozados  en  esta  demanda”.  En  segundo  término  solicita la revocatoria de la sentencia  impugnada y la libertad del acusado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Tiene  sentado  la  Sala  que en el examen sobre la admisibilidad de  los  libelos  casacionales le corresponde constatar que los recurrentes formulen  sus   censuras   con   sujeción  a  las  exigencias  de  lógica  y  pertinente  argumentación   definidas   por   el   legislador   y   desarrolladas   por  la  jurisprudencia,  a fin de que este recurso extraordinario no se convierta en una  instancia  adicional  a  las  surtidas. Tales requisitos se orientan a conseguir  demandas  enmarcadas  dentro  de  unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la  postulación   y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten  inteligibles,  es  decir, precisos y claros, pues no corresponde a la Sala en su  función  constitucional  y legal develar o desentrañar el sentido de confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los  impugnantes en casación  (Inciso 3º del artículo 212 de la Ley 600 de 2000).   

          Además,  de  conformidad  con  el  artículo  213  de la mencionada  legislación  “si el demandante carece de interés o  la    demanda    no    reúne    los   requisitos   se   inadmitirá”.   

Una   vez   efectuadas   las   anteriores  precisiones,  observa  la Sala que el censor no se sujeta a las referidas reglas  para  atacar  el  fallo  condenatorio proferido contra su asistido, pues si bien  invoca  la  violación indirecta de la ley sustancial, no encamina su discurso a  señalar  los  errores sobre la apreciación de las pruebas, en cuanto se limita  a  exponer su personal, sectorial y no demostrada apreciación de algunos medios  probatorios,  para  acto  seguido  intentar  confrontarla con la ponderación de  dichos   elementos   de  convicción  por  parte  de  los  falladores,  proceder  inadmisible  en el curso de este medio impugnaticio extraordinario, no dispuesto  para  prolongar  el trámite de las instancias, dada la presunción de acierto y  legalidad  de  la  cual  se  encuentra  revestido  el  fallo, sino para señalar  concreta,  clara  y puntualmente errores trascendentes de los sentenciadores con  incidencia en la declaración de justicia cuestionada.   

Así  pues, el casacionista no indica si los  funcionarios  judiciales  cometieron  un  error  de hecho al apreciar la prueba,  bien  sea  porque  pese  a  obrar  en el diligenciamiento no fue valorada (falso  juicio  de  existencia  por  omisión);  ya  porque sin figurar en la actuación  supusieron  su  presencia  allí  y la tuvieron en cuenta en su decisión (falso  juicio   de   existencia   por   suposición);   ora   porque   al  considerarla  distorsionaron  su  contenido  cercenándola,  adicionándola o tergiversándola  (falso  juicio  de  identidad);  también,  cuando sin incurrir en alguno de los  yerros  referidos  derivaron  del  medio probatorio deducciones contrarias a los  principios  de  la  sana  crítica,  esto  es, los postulados de la lógica, las  leyes    de    la    ciencia   o   las   reglas   de   la   experiencia   (falso  raciocinio).   

          Tampoco  precisa  si  se trató de un error de derecho, en cuanto se  negó  a  determinado  medio  probatorio  el valor conferido por la ley o le fue  otorgado   un   mérito   diverso  al  atribuido  legalmente  (falso  juicio  de  convicción),  o  bien,  porque  los  falladores  al  apreciar  alguna prueba la  asumieron   erradamente   como   legal  aunque  no  satisfacía  las  exigencias  señaladas  por  el  legislador  para  tener  tal  condición,  o la descartaron  aduciendo  de  manera  equivocada  su  ilegalidad,  pese  a  que  se  cumplieron  cabalmente  los  requisitos  dispuestos  en la ley para su práctica o aducción  (falso juicio de legalidad).   

En el primer caso (falso juicio de existencia  por  omisión)  debía  indicar  la prueba no valorada, cuál es la información  objetivamente  suministrada, el mérito demostrativo al cual se hace acreedora y  cómo  su  estimación  conjunta con el resto de elementos del acervo probatorio  conduce  a  trastrocar  las  conclusiones  del  fallo  censurado,  deberes  cuyo  cumplimiento no asumió.   

          Pero  si  el propósito era alegar un falso juicio de existencia por  suposición,  era  de  su  resorte  identificar  el aparte declarado en el fallo  carente  de  soporte  demostrativo  en  la  actuación,  amén  de  precisar  su  injerencia  en  el  sentido  del  fallo,  esto  es,  cómo  al  marginar una tal  suposición,  la  sentencia  sería  diversa  y  en  todo caso beneficiosa a los  intereses    de    su    procurado,    actividad    no    emprendida    por   el  casacionista.   

Si la pretensión era invocar un falso juicio  de  identidad,  era su deber identificar mediante el cotejo objetivo de lo dicho  en  el medio probatorio y lo asumido en el fallo, el aparte omitido o añadido a  la  prueba, los efectos producidos a partir de ello y, lo más importante, cuál  es  la  trascendencia  del yerro en la parte resolutiva de la sentencia atacada,  tópico  de  improcedente demostración con el simple planteamiento del criterio  subjetivo   del  recurrente  sobre  el  medio  de  prueba  cuya  tergiversación  denuncia,  en cuanto es su obligación acreditar materialmente la incidencia del  yerro  en la falta de aplicación o la aplicación indebida de la ley sustancial  en  el  fallo,  esto  es,  señalar  la modificación sustancial de la sentencia  atacada  con  la  corrección del yerro y la debida valoración de la prueba, en  conjunto con las demás.   

Ahora, si el reclamo se encontraba dirigido a  denunciar   un  falso  raciocinio,  era  su  obligación  establecer  qué  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió de él en la sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado, determinar el postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima de experiencia cuyo contenido fue  desconocido  en  el fallo, debiendo a la par indicar su consideración correcta,  identificar   la   norma   de   derecho  sustancial  indirectamente  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia  del error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la adecuada apreciación de aquella  prueba,  con  la indeclinable obligación de acreditar que la enmienda del yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable a los intereses de su  representado, proceder no asumido por el censor.   

Tratándose  de la postulación del error de  derecho  por  falso juicio de legalidad, era deber del recurrente identificar el  medio  probatorio  que  tacha  de  ilegal,  indicar  las disposiciones legales o  constitucionales  cuyo quebranto determina su ilegalidad y demostrar la efectiva  ocurrencia  de  lo  denunciado; ora, debía el demandante comprobar la legalidad  de la prueba desechada por el juzgador.   

Además,  en  los  dos  eventos  anteriores,  también  era  de  su  resorte  acreditar  la  trascendencia  del  yerro  en las  conclusiones  del fallo, esto es, demostrar que con la marginación de la prueba  que   se   dice   ilegal,   las  restantes  pruebas  conducen  a  una  decisión  sustancialmente  diversa  de  la  atacada, o bien, que con la incorporación del  medio  de  prueba  que  el actor estima legal, las conclusiones son distintas de  las contenidas en la sentencia impugnada.   

          Finalmente,  si  la pretensión del impugnante era plantear un falso  juicio  de convicción, era su obligación demostrar la infracción de la tarifa  de  valoración  dispuesta  por  el  legislador,  así  como su injerencia en el  sentido del fallo, labor que tampoco emprendió.   

Las  razones  expuestas resultan suficientes  para  concluir  que  el  defensor  no  se  sujetó  a  las  reglas  de lógica y  suficiente  argumentación  exigidas para acceder a este recurso extraordinario,  circunstancia  que impone la inadmisión del libelo, pues aquél se desentendió  de  su deber de enunciar “la causal y la formulación  del  cargo,  indicando en forma clara y precisa sus fundamentos y las normas que  el  demandante  estime  infringidas” (numeral 3º del  artículo 212 de la Ley 600 de 2000).   

Las   referidas   omisiones   lógicas  y  demostrativas  imposibilitan  a  la  Sala para acometer el estudio de la censura  planteada,  pues  si el libelo de casación no corresponde a un alegato de libre  e informal elaboración, su  presentación  con  base  en  meras  apreciaciones  personales  e  indemostradas  del defensor y sin atenerse  a  alguna  de  las  reglas lógicas y argumentativas que lo gobiernan, impone la  inadmisión  de  la demanda  de    acuerdo    con    lo    dispuesto    en    el    artículo    213    de    la    Ley    600     de     2000,    porque   en   virtud  del  principio  de  limitación  propio  del trámite casacional, la Corte no se encuentra facultada  para enmendar tales falencias.   

          Finalmente    es    pertinente   indicar   que   no   se    advierte    en    el   curso   del  diligenciamiento   o   en  la  sentencia  objeto  del  recurso,   violación  de  derechos  o  garantías  del  procesado  CASTAÑEDA   SILVA,   como   para   que  ello  determinara ejercer la facultad oficiosa que en  punto  de  asegurar  su  protección  le  confiere el  legislador a la Corte.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  IVÁN   DE   JESÚS   CASTAÑEDA   SILVA,   por   las   razones  expuestas  en  la  parte  motiva  de  esta  decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS               AUGUSTO   J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN             

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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