29543(02-09-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 29543  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 248  

Bogotá,  D.C.,  septiembre dos (02) de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

Procede  la  Sala a emitir sentencia con el  propósito  de  determinar  si  en  este  asunto  se  vulneraron  las garantías  fundamentales   del   procesado  ALEXANDER  VALVERDE  VALENCIA,  de acuerdo con lo resuelto al inadmitir la  demanda  de  casación  interpuesta por su defensor contra el fallo del Tribunal  Superior  de  Buga del 23 de noviembre de 2007, confirmatorio del dictado por el  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito de Conocimiento de Buenaventura de fecha 3  de  octubre del mismo año, por cuyo medio fue condenado como coautor penalmente  responsable  de  los  delitos  de  homicidio agravado y fabricación, tráfico y  porte de armas de fuego o municiones.   

HECHOS  

         

En  pretérita  ocasión fueron  sintetizados por la Sala de la siguiente  manera:   

“A eso de las 8:00 p.m. del 22 de enero de  2006,  frente  al  número  35-24  de  la Calle 3ª de Buenaventura, dos hombres  atacaron  con  arma  de  fuego  a  Carlos Andrés Caicedo Flórez causándole la  muerte  instantáneamente,  siendo  identificados por testigos presenciales como  ALEXANDER VALVERDE VALENCIA, alias “Larry” y ANDRES N.”   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Iniciada la investigación correspondiente,  ante  el  Juzgado Segundo Penal Municipal con Funciones de Control de Garantías  de  Buenaventura,  la Fiscalía Cuarenta Seccional solicitó la orden de captura  de    ALEXANDER    VALVERDE    VALENCIA,  la  que  se  concretó el 25 de mayo de 2007 y legalizó al día  siguiente,  tras  lo  cual  se formuló imputación al citado por los delitos de  homicidio  agravado  y  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de fuego o  municiones,  imponiéndole  medida  de aseguramiento privativa de la libertad de  detención preventiva en establecimiento carcelario.   

El  6  de  julio  de  2007  se presentó el  escrito  de  acusación  y  el  día  19  de  igual  mes  y  año se realizó su  formulación   por   los  mismos  delitos  que  dieron  lugar  a  la  medida  de  aseguramiento.   

Agotadas  las  audiencias preparatoria y de  juicio  oral,  el  3 de octubre de 2007 el Juzgado Primero Penal del Circuito de  Conocimiento  de  Buenaventura  condenó  a  ALEXANDER  VALVERDE  VALENCIA, en calidad de coautor responsable  de  los  delitos  por  los  cuales fue acusado, a la pena principal de treinta y  cuatro  (34)  años  de  prisión  y  a  la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de derechos y funciones públicas “por un  periodo igual”.   

Adicionalmente,  se  abstuvo de obligarlo a  pagar  perjuicios  y  le negó tanto la suspensión condicional de la ejecución  de la pena como la prisión domiciliaria.   

Confirmada    en   su   totalidad   esa  determinación  por  el  Tribunal  Superior  de  Buga  con  sentencia  del 23 de  noviembre  de  2007,  la  defensa  allegó oportunamente el respectivo libelo de  casación,  el  cual  mediante  auto  de  la  Sala  del  14  de julio de 2008 se  inadmitió;  sin  embargo  se  dispuso que cumplido el trámite del mecanismo de  insistencia  volviera  la actuación al Despacho de la magistrada ponente, a fin  de  pronunciarse  sobre  la  posible  violación de garantías fundamentales del  procesado  con  relación  a  la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

         Cuestión previa   

Es  preciso  señalar que de acuerdo con el  criterio  fijado  por  la  Sala  en  auto  del  23 de agosto de 20071, en este caso  no  se dispuso llevar a cabo la audiencia de sustentación prevista en el inciso  final  del artículo 184 de la Ley 906 de 2004, por cuanto esa vista pública se  encuentra  estatuida  para que las partes se pronuncien sobre la demanda y en el  sub  judice  la  misma  se  inadmitió,  por  ello, la misma resulta improcedente por elemental sustracción  de  materia,  postura  que  consulta  lo  sostenido  por  la  Corporación en la  oportunidad identificada, donde expresó:   

“Es  de anotar  que  no  se  dispone  la  celebración de audiencia de sustentación, pues si de  acuerdo  con  lo  establecido en el inciso final del artículo 184 de la Ley 906  de  2004,  el  debate  dialéctico que allí se concibe debe darse dentro de los  “límites  de  la  demanda”,  es  de  entender  que la realización de dicha  diligencia  sólo  procede cuando se produzca su admisión. En ese caso, dígase  adicionalmente,  son  las  partes  las  que fijan los temas a tratar, lo cual no  acontece  cuando,  como  en  este  asunto,  se  inadmite  el libelo, sin que los  sujetos  procesales  hayan  advertido  la  posible  vulneración  de  garantías  fundamentales,  porque en ese último evento es la intervención exclusiva de la  Sala  la  que  resulta  impulsando  el trámite para su eventual corrección, en  cuyo   marco   no   cabe,   se   repite,   espacio  para  el  debate  entre  las  partes”.   

Violación      de      garantías  fundamentales   

El   artículo  29  de  la  Constitución  Política,  en  concordancia  con  el artículo 6º, tanto de la Ley 599 de 2000  como  de  la  906 de 2004, consagra el principio de legalidad, de acuerdo con el  cual  “Nadie podrá ser juzgado sino conforme a las  leyes  preexistentes al acto que se le imputa, ante juez o tribunal competente y  con   observancia   de   la   plenitud   de   las   formas   propias   de   cada  juicio”.   

En  consecuencia, este postulado cuenta con  alcances  que  se  concretan en (i) la legalidad de los delitos, pues a nadie se  le  puede  juzgar  por  una conducta que previamente no se haya establecido como  tal  en  el  ordenamiento jurídico, (ii) el agotamiento del trámite respectivo  debe  estar anticipadamente definido, así como el o los funcionarios encargados  de   adelantarlo  y,  (iii)  la  pena  correspondiente  a  la  infracción  debe  determinarse  antes  de  la  comisión  del comportamiento, a efectos de que sea  posible   imponerla   a   quien  resulte  declarado  responsable  en  el  juicio  respectivo.   

Frente  a  este  último  aspecto, conviene  advertir   que   el   principio  de  legalidad  no  sólo  involucra  las  penas  “principales” de   prisión,    multa    y   “las   demás     privativas   de    otros    derechos    que   como  tal  se  consagren  en  la parte   

especial”  del  Código  Penal,  según lo dispone su artículo 35, sino que también abarca las  “accesorias”,  siendo  una  de  ellas  precisamente  la inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas,  cuya duración se encuentra regulada en los artículos 51  y 52 de la Ley 599 de 2000.   

Según  se expresa en el inciso primero del  artículo  51  del Estatuto Punitivo, la duración de dicha pena accesoria será  de  “cinco  (5)  a veinte (20) años”,  regla  que  se exceptúa en virtud de lo consagrado en el inciso  siguiente,  acorde  con  el cual “Se excluye de esta  regla  las  penas impuestas a servidores públicos condenados por delitos contra  el  patrimonio,  en cuyo caso se aplicará el inciso 5º del artículo 122 de la  Constitución  Política”,  es  decir,  que en esos  eventos  la  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  opera de manera permanente.   

Entonces,   el  máximo  de  la  pena  en  cuestión,  cuando  se  impone como accesoria y no se está frente a un servidor  público  condenado  por  delito  contra  el  patrimonio del Estado, conforme lo  prevé  el  inciso  primero  del  artículo  51  de la Ley 599 de 2000, será de  veinte  (20)  años,  incluso  teniendo  en  cuenta  lo  consagrado en el inciso  tercero    del    artículo   52   ídem,  donde  se  autoriza imponer hasta “una  tercera  parte  más” de ella, pues debe respetarse el  límite      consagrado      en      el      artículo      51      ibídem.   

No   de  otra  forma  se  explicaría  la  reiteración   del   legislador   relativa   a   que   no   podrá  “exceder    el    máximo   fijado   en   la   ley”  expresada  en el inciso final del artículo 52 del Código Penal,  donde  incluso  se  faculta  imponerla  por encima del monto establecido para la  pena  restrictiva  de  la  libertad,  insístase,  siempre  que  no se rebase la  frontera     de    los    veinte    (20)    años2.   

Establecida la duración máxima de la pena  accesoria  de  la  cual  se viene tratando, corresponde determinar si en el caso  particular se respetó la misma.   

En  el  fallo  de  primer grado, una vez el  Juzgador  fijó la privación de la libertad en 34 años respecto de los delitos  de  homicidio  agravado  y  fabricación,  tráfico  y porte de armas de fuego o  municiones,  agregó que “A manera de pena accesoria  se  impondrá  la  de  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas   por  un  término  igual  al  de  la  pena  principal”,   conclusión   que   reiteró  en  la  parte  resolutiva  de  la  sentencia.   

Por su parte, el Tribunal, como confirmó la  decisión   de  la  primera  instancia  integralmente,  mantuvo  inalterable  la  situación descrita.   

En  estas  condiciones,  es  claro  que  al  rebasarse  el  límite  máximo  de  veinte  (20)  años de la pena accesoria de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas previsto en  el  inciso  primero  del  artículo 51 del Estatuto Punitivo, por cuanto en este  caso  el  procesado  no era un servidor público ni se estaba frente a un delito  contra  el  patrimonio  del  Estado,  se  desconoció el principio de legalidad,  garantía fundamental que por consiguiente impera restablecer.   

Por  lo  tanto,  si bien en la sentencia se  dispuso  fijar  la  pena  accesoria  en  cuestión en un término igual al de la  principal  de  prisión,  la  cual  se  fijó en treinta y cuatro (34) años, en  virtud  del  límite  de  veinte  (20)  años  de la primera conforme ha quedado  expresado,  a  este  lapso  ascenderá  su  duración  en  orden salvaguardar el  principio de legalidad.   

Finalmente, conviene precisar que, salvo lo  aquí   decidido,   las   demás   determinaciones   del   fallo   se  mantienen  incólumes.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  SALA DE  CASACIÓN  PENAL  DE  LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1. CASAR oficiosa y  parcialmente  el  fallo  de  segundo  grado,  en  consecuencia,  fijar  la  pena  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  en  veinte  (20)  años  en  relación  con el procesado ALEXANDER  VALVERDE  VALENCIA,  por  las  razones expuestas en la parte considerativa de esta providencia.   

          2.  PRECISAR  que en lo demás el fallo se  mantiene incólume.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                        ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                             

MARÍA   DE   L   ROSARIO   GONZÁLEZ  DE  LEMOS               AUGUSTO JOSÉ IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE   LUÍS  QUINTERO MILANÉS                                                   YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

       Comisión   de  servicio   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                                              JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

       Comisión    de  servicio   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

                                                           Secretaria     

1  Radicado No. 28059.   

2  En  igual   sentido,   Sentencia   del   23   de   enero   de   2008.  Radicado  No.  28301.     

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