24184(23-09-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  24184   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.272  

Bogotá D.C., veintitrés (23) de septiembre  de dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

Decide  la Sala el recurso extraordinario de  casación  presentado  por  los  defensores  de LILIANA  PATRICIA    CAYZEDO    RESTREPO    y    GLORIA  PATRICIA VARGAS ARBELÁEZ contra el  fallo      del      Tribunal      Superior     de     Medellín     (Antioquia),  que confirmó el emitido en  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Itagüí,  por cuyo medio fueron  condenadas  de  manera  anticipada  por  las  conductas punibles de peculado por  apropiación,  peculado por extensión, abuso de confianza calificado y falsedad  en documento privado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  En  Medellín,  LILIANA    PATRICIA   CAYZEDO   RESTREPO,  quien  fungía  de  subdirectora  de  la  oficina  del  municipio  La Estrella del Banco  Agrario  de  Colombia  S.A., según  contrato   celebrado   con   una  empresa  particular  prestadora  de  servicios  temporales,     y     GLORIA     PATRICIA    VARGAS  ARBELÁEZ,  empleada  directa  de  la  aludida entidad  estatal  en  el cargo de cajera de la misma oficina, entre el 12 de octubre y el  29  de noviembre de 2001, previo acuerdo, desviaron fondos a diversas cuentas de  ahorradores,  de  los  que luego se apoderaron mediante la falsificación de los  pertinentes  asientos  contables  y  los  respectivos  comprobantes  de  retiro,  ascendiendo  en  total  el  desfalco  a diecinueve millones quinientos sesenta y  ocho  mil  trescientos  cuarenta  y  nueve  pesos  con ochenta y cuatro centavos  ($    19’568.349,84).   

De     otra     parte,    LILIANA  PATRICIA  CAYZEDO  RESTREPO,  con  ocasión  de las labores que prestaba a la citada entidad estatal, el 18 y 24 de  julio,  el  3  y  17  de  septiembre, y el 19 de octubre de 2001, se apoderó de  cheques  de gerencia que diligenció a nombre de otros, falsificó los endosos y  consignó   en   su   cuenta  bancaria  personal  en  otra  entidad  financiera,  esquilmando    así    ella    sola    el    patrimonio    de    “Banagrario”   en  un  monto  de  siete  millones   seiscientos  mil  pesos  ($  7’600.000,00).   

2.  Los  hechos  constitutivos  del  aludido  desfalco  los  denunció  el  Jefe de Seguridad del  Banco    Agrario   de   Colombia   S.A.,   Regional   Antioquia,   el   6   de  junio  de  20021,  y  tras una  acuciosa  indagación  previa,  el  20  de  noviembre  del  mismo año se abrió  formalmente   la   investigación   a   la   cual   fueron  vinculadas  mediante  indagatoria2  VARGAS ARBELÁEZ  y  CAYZEDO  RESTREPO, y el 29  de  agosto de 2003 les fue resuelta provisionalmente su situación jurídica por  las  conductas  punibles  de  peculado  por apropiación y falsedad en documento  privado,  en  modalidad continuada, en relación con las apropiaciones ocurridas  entre  el  12  de  octubre y el 29 de noviembre de 2001, y de abuso de confianza  calificado  y falsedad en documento privado, en idéntica modalidad, respecto de  las  que  únicamente  llevó  a cabo la última de las nombradas entre el 18 de  julio  y  el  19  de octubre de 2001, absteniéndose el instructor de imponerles  medida  cautelar3.   

3. Luego de acopiar  suficiente  material  probatorio  acerca  de  la  ocurrencia  de  las  conductas  punibles,  el  22  de  septiembre  de 2003 el instructor ordenó el cierre de la  investigación4  y  antes  de  alcanzar  ejecutoria  esa  decisión  las implicadas  manifestaron   su   voluntad  de  acogerse  a  la  terminación  anticipada  del  proceso5,  por  lo  que, una vez se les recibió ampliación de indagatoria,  en  la  que  a diferencia de su primera intervención aceptaron responsabilidad,  entre  el  9  y  14  de  octubre  de  2003  se  llevó  a  cabo la diligencia de  formulación  de  cargos  de  la  siguiente  manera6:   

Con  base  en las apropiaciones y falsedades  cometidas    de    común    acuerdo    por    VARGAS  ARBELÁEZ    y    CAYZEDO  RESTREPO  entre  el 12 de octubre y 29 de noviembre de  2001,  les  fue  imputado  el  delito de peculado por apropiación, a la primera  como  autora  y  a  la  segunda  como interviniente, así como el de falsedad en  documento  privado,  ambas conductas en modalidad continuada, de acuerdo con los  artículos  30  inciso  final,  31  parágrafo,  289  y  397 inciso primero, del  Código   Penal   (Ley   599   de  2000).   

Además,    respecto   de   CAYZEDO  RESTREPO,  por las exacciones que  cometió  a través de los cheques de gerencia que falsificó e hizo efectivos a  su  favor,  el  instructor  consideró  que  como  dos  de  esos comportamientos  ocurrieron  (el 18 y 24 de julio de 2001)  antes de entrar en vigor la Ley 599 de 2000, tales reatos quedaban  cobijados  bajo la especie de peculado por extensión previsto en los artículos  138  y  133  del  Decreto  Ley  100  de  1980, en concurso con la de falsedad en  documento  privado  descrita  en  el  artículo  221 del mismo estatuto, todo en  modalidad  continuada,  y  que  las  otras  defraudaciones  análogas  cometidas  (el  3  y  17  de  septiembre,  y  19  de  octubre de  2001)  en  vigencia  del  actual  régimen sustantivo,  hallaban  adecuación  en el delito de abuso de confianza calificado, de acuerdo  con  los  artículos  249  y  250,  numeral 1, concurrente con el de falsedad en  documento  privado  del artículo 289 de esa codificación penal, estos también  en modalidad continuada.   

El pliego de cargos así formulado a cada una  de  las  procesadas  fue  aceptado  por  ellas  de  manera  libre,  conciente  y  voluntaria, debidamente asistidas por sus respectivos defensores.   

4.   El  26  de  noviembre  2004  el  titular  del Juzgado Segundo Penal del Circuito de Itagüí  dictó  sentencia  en la que, tras constatar los requisitos probatorios mínimos  acerca   de   la   tipicidad   de   las   conductas  punibles  endilgadas  y  la  responsabilidad   de   las   acusadas,   les  impuso  las  siguientes  sanciones  principales7:   

Respecto  de GLORIA  PATRICIA  VARGAS  ARBELÁEZ,  atendiendo  la pena más  grave  prevista  para  el  delito  de  peculado  por  apropiación  en modalidad  continuada,  luego  de  establecer  el  ámbito  de  movilidad  en  cuartos y de  destacar  la  ausencia  de circunstancias de agravación, se ubicó en el primer  cuarto  (de  8 a 11 años) y  en  razón  de  la  gravedad de la conducta estimó procedente imponer nueve (9)  años  de  prisión,  guarismo  que  incrementó  en dos (2) por el concurso con  falsedad  en  documento  privado  en modalidad continuada, para un total de once  (11)   años   de   prisión   y   multa   en   cuantía   de  $  26’091.133,12 pesos.   

A los anteriores montos descontó una tercera  parte  por sentencia anticipada, y en definitiva impuso como penas principales a  la  precitada:  siete  (7)  años,  cuatro (4) meses y veintiséis (26) días de  prisión,     multa    de    $    17’394.088,75  pesos,  e  inhabilidad para ejercer derechos y funciones  públicas por igual tiempo.   

En cuanto a LILIANA  PATRICIA  CAYZEDO  RESTREPO, precisó que respecto del  peculado   por   apropiación  atribuido  en  calidad  de  interviniente  debía  imponérsele  los  mismos nueve (9) años de la otra procesada, pero disminuidos  en  una  cuarta  parte  por  no reunir la condición del sujeto activo del tipo.  Obtuvo  así  una  base  inicial  de  seis (6) años, nueve (9) meses y tres (3)  días  de  prisión  y  multa  de  $ 19’568.349,84,  la  cual  incrementó  en tres (3) años y treinta (30)  salarios  mínimos  legales  por el abuso de confianza calificado, dos (2) años  por  la  falsedad  en  documento  privado,  y  un  (1)  año  y  $ 2’300.000  de  multa por el peculado por  extensión.   

Aplicada  la rebaja de una tercera parte por  el  acogimiento a sentencia anticipada, puntualizó el a-quo que definitivamente  las  penas  principales  de  la prenombrada quedaban en ocho (8) años, seis (6)  meses   y   dos   (2)   días   de   prisión,   multa   de   $   13’545.566,45  pesos,  e inhabilidad para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso de la  privativa de la libertad.   

Las  condenó  igualmente  a  pagar en forma  solidaria,   por  concepto  de  perjuicio  material  causado  a  “Banagrario”,    la    suma    de    $  24’868.349,84, reajustada  de  acuerdo  con el índice de pérdida del poder adquisitivo certificado por el  Banco de la República.   

Y, por último, les negó el subrogado de la  ejecución  condicional  de  la  pena  en  razón al monto de la privativa de la  libertad  impuesta, así como la prisión domiciliaria como sustitutiva de la de  prisión,  debido  a  que  el  delito de peculado por apropiación en virtud del  cual  fueron condenadas prevé una pena mínima que excede de cinco (5) años, y  porque  de  acuerdo  con  las  pruebas  ninguna  de  las procesadas ostentaba la  condición de madre cabeza de familia.   

5.  Del  expresado  fallo  apelaron  los defensores aduciendo, el de VARGAS  ARBELÁEZ,   el   desconocimiento   del  non  bis  in  ídem en la dosificación de  la  pena  al  computar  la  agravante  para  el delito continuado tanto en el de  peculado  por  apropiación  como  en  el de falsedad en documento privado, así  como  por  negar  la prisión domiciliaria pese a estar acreditada la condición  de  madre cabeza de familia de aquella; y el de CAYZEDO  RESTREPO,  igualmente  la  violación  de la garantía  invocada  por  el  otro  impugnante,  dado  que según éste todas las conductas  fueron   realizadas   en   una   “sola  cuerda  de  acción”,   lo  que  impedía  sancionarla  por  un  concurso  de  peculados,  falsedades  y  abuso  de  confianza  calificado, todos  agravados de manera independiente por la modalidad continuada.   

6.  El  Tribunal  Superior  de  Medellín,  el  9  de  marzo  de  20058,  desestimó  las pretensiones  de  los  apelantes y le impartió confirmación integral a la decisión atacada,  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la cual los mismos sujetos procesales  interpusieron   el   recurso   extraordinario   de   casación   y,   sustentado  oportunamente9,  respecto  de  las  demandas  presentó  el  concepto  de rigor el  Delegado de la Procuraduría General de la Nación.   

LAS DEMANDAS  

1.  A  nombre  de  LILIANA    PATRICIA   CAYZEDO   RESTREPO:   

La recurrente sostiene la violación directa  de  la  ley  sustancial,  advirtiendo  que  los  juzgadores de primera y segunda  instancia  incurrieron  en errónea interpretación de las normas que regulan la  dosificación  de la pena, pues respecto del delito de peculado por apropiación  que  en calidad de interviniente le fue atribuido a ésta, la individualización  de  la  pena se hizo con base en la que le correspondía a la otra acusada quien  sí  reúne  la  condición calificada exigida en el tipo, y ello determinó una  sanción mayor.   

También   denuncia  la  trasgresión  del  principio  de  favorabilidad,  por cuanto entiende que habiendo desaparecido del  ordenamiento  el  tipo penal de peculado por extensión, no podía sancionarse a  su  representada  por  tal  conducta,  y en consecuencia solicita casar el fallo  para,  una  vez  corregidos  los  señalados  yerros,  imponer a su prohijada la  sanción que realmente corresponda.   

2.  A  nombre de  GLORIA    PATRICIA   VARGAS   ARBELÁEZ.   

2.1.  El  censor  propone,  al amparo de la causal tercera de casación, un primer cargo aduciendo  la  violación de la garantía de legalidad por desconocimiento del principio de  estricta  tipicidad,  determinante  de  que  se  dictara  sentencia en un juicio  viciado   de  nulidad  pues  entiende  que  el  comportamiento  atribuido  a  su  representada  no  es  el  que  se  configura,  sino  el de hurto agravado por la  confianza.   

Finca   su   postura  en  los  siguientes  aspectos:   

El  Banco  Agrario  S.A., aun cuando es una  sociedad  anónima  con  participación  estatal,  se  rige  por  las reglas del  derecho  común  dado  que  compite  “en  pie  de  igualdad”  con las demás  entidades  que  se dedican a la misma actividad, y por lo tanto su patrimonio no  goza  de  la  protección  estatal  que  la  ley  le  brinda a ciertas entidades  públicas.   

La  procesada  VARGAS  ARBELÁEZ  al  estar  vinculada  a  esa entidad financiera mediante un contrato individual de trabajo,  no  tenía  una  relación legal y reglamentaria con la misma, luego carecía de  la condición de servidor público.   

Dentro  del  mismo  reproche  sostiene  que  tampoco  se  configuró el delito de falsedad documental, porque su representada  y  la  otra  acusada  no  tenían  dolo específico de faltar a la verdad en los  documentos   alterados,   ya   que   esos   comportamientos  fueron  apenas  los  estrictamente  necesarios para cometer el delito principal de hurto agravado por  la  confianza,  luego  todo quedaría reducido a un concurso aparente de delitos  que   debe   solucionarse   a   través   del   principio  de  consunción  pues  “se    trató   de   un   acto   complejo,   pero  único”.   

Con  base en lo anterior solicita invalidar  la  actuación  desde  el  acta  de formulación de cargos para que la Fiscalía  adecue los cargos al delito realmente cometido por su representada.   

2.2.  De  manera  subsidiaria,  en  lo  que  titula  como  segundo  cargo,  denuncia la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  a  consecuencia  de  un error de hecho en la  valoración  de las pruebas en razón del cual los falladores le habrían negado  a  la  procesada el beneficio de la prisión domiciliaria como sustitutiva de la  pena  de  prisión,  pues  aquella  sí reúne los requisitos de madre cabeza de  familia.   

Precisa que al contrario de lo puntualizado  por  los  jueces  de  primero  y  segundo  grado,  de  las  pruebas allegadas al  expediente  si se desprende que con posterioridad a los hechos que originaron el  proceso,  a  su  cliente  la  abandonó  el  esposo; luego de haber valorado los  respectivos  elementos  de  convicción, de conformidad con los postulados de la  sana  crítica  la  conclusión no habría sido otra que el reconocimiento de la  prisión  domiciliaria  con  base en la condición de madre cabeza de familia de  la procesada.   

2.3. Por último,  como  tercer  cargo,  también  con  carácter subsidiario, el actor sostiene el  desconocimiento  del  principio de favorabilidad, pues estima que los juzgadores  debieron  aplicar el artículo 351 de la Ley 906 de 2004 en cuanto prevé rebaja  de  pena  de  hasta la mitad para los casos de allanamiento a los cargos, figura  homóloga  a la de sentencia anticipada de la Ley 600 de 2000, motivo por el que  reclama  la  concesión  del  máximo  descuento consagrado en la norma procesal  invocada.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURÍA  

1. El Procurador  Segundo  Delegado  para  la Casación Penal, acerca de la demanda presentada por  la   defensora   de   CAYZEDO   RESTREPO,  estima  que  aun  cuando es verdad que los juzgadores cometieron  algunas  incorrecciones  en  la  dosificación  de  la  pena,  el  resultado  no  desbordó  los  límites  del primer cuarto de la que correspondía a la acusada  por  el delito continuado de peculado por apropiación, y los incrementos hechos  por  las  otras  con  conductas  punibles concurrentes no superan el 100 % de la  más grave ni equivalen a la suma aritmética de todas.   

Puntualiza igualmente que tampoco es verdad  que  el delito de peculado por extensión hubiese desaparecido del ordenamiento,  rememorando  decisión  de esta Sala en la que se advirtió que aquella conducta  punible  había  sido contemplada en la Ley 599 de 2000 bajo la denominación de  abuso de confianza calificado.   

De acuerdo con lo anterior considera que los  reproches  formulados  por  la  representante  de  la  citada  acusada no tienen  vocación de prosperidad.   

2. Respecto de la  demanda    presentada    por   el   abogado   VARGAS  ARBELÁEZ  señala  el agente de la Procuraduría que  el  primer  reproche  no  debe  prosperar, porque en tratándose de la sentencia  anticipada  el procesado que ha aceptado de manera libre, conciente y voluntaria  los  cargos  formulados  en  la  respectiva  acta, renuncia a la retractación o  negación de su responsabilidad.   

Destaca  que además no le asiste razón al  censor  al  afirmar  que la procesada no tiene la calidad de servidora pública,  porque  según  el  contrato  de  trabajo  a término fijo suscrito con el Banco  Agrario,  y  de  conformidad  con  los estatutos de esa entidad, el personal que  preste  servicios  a  la  misma  tiene la condición de trabajador oficial, y el  artículo  20  del  Código  Penal  incluye entre los servidores públicos a los  trabajadores  y  empleados  del  Estado  y  de  sus  entidades  descentralizadas  territorialmente  y  por  servicios, dentro de las cuales está el Banco Agrario  que es una sociedad de economía mixta.   

En  cuanto al tercer reproche, en el que el  impugnante  reclama  la  aplicación,  por  favorabilidad,  de la rebaja de pena  prevista  en el artículo 351 de la Ley 906 de 2004, el Delegado sostiene que no  obstante  ser  procedente  a primera vista, de acuerdo con la jurisprudencia, es  al  juzgador a quien corresponde evaluar si aplica el máximo de descuento, esto  es,  la  mitad,  o  una tercera parte, y que en el asunto analizado, al realizar  esa  ponderación  con  base en el momento en que se produjo el acogimiento a la  figura  de  sentencia anticipada, luego del cierre de investigación, estando ya  recopilada  la  prueba que permitía emitir resolución de acusación, la rebaja  de una tercera parte fue apropiada.   

Sin  embargo,  el  agente  del  Ministerio  Público  destaca  que  el fallo en cuestión debe ser corregido por la Corte en  el  error  aritmético que se advierte en el descuento por sentencia anticipada,  toda  vez  que  si  la  sanción  individualizada  por  el  delito continuado de  peculado  por  apropiación  en  concurso  con  el  de falsedad fue de once (11)  años,  la  tercera  parte  de  ese  guarismo  equivale a cuarenta y cuatro (44)  meses,  lo  cual  arroja  en definitiva una pena de siete (7) años y cuatro (4)  meses, sobrando veintiséis (26) días que impuso demás el a-quo.   

Finalmente,  respecto  del segundo cargo, a  través  del  cual  el  censor  aspira  que  se  case el fallo y se conceda a su  representada  la pena sustitutiva de la prisión domiciliaria, el Delegado de la  Procuraduría  advierte  que  aun  cuando  el libelista no fue claro en precisar  cuál  error  de  hecho  cometieron  los  juzgadores,  la lectura de la réplica  permite  inferir  un falso juicio de existencia en relación con las constancias  que  acreditan  la  permanencia  del  cónyuge  de  la  acusada  lejos del hogar  común.   

Tras  recapitular  los  requisitos  para la  procedencia  del  beneficio  en  cuestión,  el  agente  del Ministerio Público  concluye  que  pese  a  estar  demostrado  que  el progenitor de los hijos de la  enjuiciada  no  reside  en Medellín, los elementos de convicción no demuestran  que  quien  está  sosteniendo económicamente a los menores es ésta, y que por  tanto fue acertada la decisión de negar la pena sustitutiva.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.   Violación  directa  de  la  ley  sustancial  propuesta  por  la  defensora  de LILIANA         PATRICIA         CAYZEDO        RESTREPO.   

1.1.  La  primera  crítica  de  la  censora  se  endereza a poner en evidencia una interpretación  errónea  de  las  normas que regulan la estimación de la pena, al tasar la que  le  correspondía a esta acusada por el atentado contra el erario por el que fue  condenada con base su aceptación de responsabilidad.   

El  reproche tiene vocación de éxito, pues  no  obstante la discrecionalidad del juzgador en la determinación cualitativa y  cuantitativa  de la pena, esa facultad está regulada expresamente en la Ley 599  de    2000,   por   los   “Parámetros   para   la  determinación    de    los    mínimos    y   máximos   aplicables”     (artículo     60)    y   los   “Fundamentos   para   la  individualización   de   la   pena”   (artículo  61),  a  efectos  de  que  el  condigno  castigo  por una conducta punible sea fruto de un ejercicio racional y  razonado,   y  no  expresión  de  una  voluntad  incontrolada  propiciadora  de  injusticias,  conscientes o inconscientes, en todo caso lesivas de las funciones  de   “prevención   general,  retribución  justa,  prevención     especial,     reinserción     social     y    protección    al  condenado”,  a  las  cuales  debe  atender  la  pena  (artículo 4).   

Acerca  de  las  diferentes  etapas que debe  agotar   el   fallador   para   establecer   la   sanción,   tiene   dicho   la  Sala:   

“[L]o primero que  ha  de  hacer  el  juez  es  fijar  los límites mínimos y máximos de la pena,  establecidos  en  el  tipo penal por el que se procede, disminuidos y aumentados  en  virtud  de las circunstancias modificadoras de punibilidad concurrentes, que  se  aplican  con  base  a  las  reglas que prescribe el artículo 60 del Código  Penal, conformándose de esta manera el llamado marco punitivo.   

”Enseguida  procede  establecer  el  ámbito  punitivo  de  movilidad, para lo cual se ha de  dividir  el  marco  punitivo  en  cuatro  cuartos,  determinados con base en los  fundamentos   no   modificadores   de  los  extremos  punitivos,  esto  es,  las  circunstancias  de  menor  y mayor punibilidad señaladas en los artículos 55 y  58  ídem,  ámbito que viene a servir de barrera de contención para limitar la  discrecionalidad  judicial,  pues el juez sólo podrá ejercer su arbitrio en la  dosificación    dentro    del    tracto    formado    por    los    respectivos  cuartos.   

”Pero a pesar de  que  el  método para obtener el ámbito punitivo de movilidad ordena dividir el  marco  punitivo en cuatro cuartos, de acuerdo con el inciso 2º del artículo 61  sólo  existen  tres  (3)  ámbitos  de  movilidad: el  primero,  conformado con el cuarto mínimo, “cuando  no  existan  atenuantes  ni agravantes o concurran únicamente circunstancias de  atenuación   punitiva”,   el  segundo,  con los dos cuartos medios “cuando concurran circunstancias de  atenuación   y   agravación   punitiva”   y,   el  tercero,  con el cuarto máximo “cuando únicamente  concurran circunstancias de agravación punitiva.   

”Obtenidos esos  tres tractos de movilidad,  el  inciso  3º del artículo 61 ídem dispone que el juzgador impondrá la pena  dentro  del  cuarto  o  cuartos  que  corresponda,  ponderando  la mayor o menor  gravedad  de la conducta, el daño real o potencial creado, la naturaleza de las  causales  que  agraven  o  atenúen  la  punibilidad, la intensidad del dolo, la  preterintención  o la culpa concurrentes, la necesidad de la pena y la función  que  ella ha de cumplir en el caso concreto. Además, en los casos de tentativa,  se  tendrá  en  cuenta  el  mayor  o  menor  grado  de aproximación al momento  consumativo  y  en  la  complicidad  el  mayor  o  menor grado de eficacia de la  contribución  o  ayuda”10.   

En  el presente caso, aun cuando el juzgador  de  primer grado, avalado por el de segunda instancia, hizo una labor semejante,  la  agotó sólo en relación con el sujeto calificado de delito de peculado por  apropiación,  y  la sanción individualizada para éste la tomó como base para  el  interviniente,  sin  hacer  previamente  el  descuento  de  una cuarta parte  previsto  en  el artículo 30, inciso final, del Código Penal, lo cual incidió  en   la   imposición  de  una  pena  superior  por  esa  conducta  respecto  de  CAYZEDO RESTREPO.   

En  la  concreta  situación,  las  aludidas  reglas  de  dosificación  determinan  los siguientes extremos mínimo y máximo  frente  al  delito  de  peculado  por  apropiación,  en  modalidad  continuada,  atribuido  en  la  formulación  de  cargos:  prisión de ocho (8) a veinte (20)  años  que se obtienen al aplicar el incremento de una tercera parte ordenado en  el   artículo   31,  parágrafo,  de  la  Ley  599  de  2000,  a  los  límites  originalmente  previstos  para  aquella  infracción en el artículo 397, inciso  primero   (artículo   60,   numeral  1),  y  como la conducta le fue endilgada en calidad de interviniente,  aquellos  deben reducirse en una cuarta parte según lo ordenado en el artículo  30,  inciso  final,  razón  por la que la sanción fluctuaría entre seis (6) y  quince (15) años.   

Ahora  bien  ese  ámbito  de movilidad debe  dividirse   en   cuartos   (artículo   61,   inciso  primero)   así:   de  72  a  99  meses  (cuarto  mínimo);  de  99 meses 1 día a  126  meses, y de 126 meses 1 día a 153 meses (cuartos  medios);   y   de  153  meses  1  día  a  180  meses  (cuarto              máximo).   

Debido  a  la  ausencia  de  circunstancias  genéricas  de  agravación  o  de  atenuación,  el  fallador  seleccionó como  ámbito  punitivo  el  primer  cuarto,  y  a  efecto  de  individualizar la pena  (artículo    61,    inciso    tercero)  invocó la gravedad de la conducta como fundamento para no imponer  el  extremo  mínimo,  criterio  determinante  de que en el caso de VARGAS  ARBELÁEZ no se le impusieran ocho  (8)  años, sino nueve (9). Por lo tanto, atendiendo dicho aspecto y conservando  la    misma   proporción,   equivalente   a   un   12,5   %,   a   CAYZEDO  RESTREPO,  no  se  le  impondrán  setenta  y  dos  (72)  meses,  sino  ochenta y un (81)  meses  por  el  delito de peculado por apropiación en  modalidad    continuada,    dada    su   calidad   de   interviniente   en   esa  conducta.   

Respecto  de la sanción principal de multa,  según  el  artículo  397 de la Ley 599 de 2000, ésta ha de ser igual al valor  de  lo  ilícitamente apropiado, sin que pueda superar de cincuenta mil (50.000)  salarios  mínimos mensuales legales vigentes. Luego si el monto de la exacción  en   este   reato   fue   de   $   19’568.349,84,  aplicado  el  incremento  de  una  tercera parte por la  modalidad  continuada, y la reducción de una cuarta parte por ser la última de  las citadas interviniente, dicha cuantía no sufre alteración.   

1.2. La demandante  también  alega la violación del principio de favorabilidad, con base en que el  delito  de  peculado por extensión en modalidad de apropiación, deducido en la  formulación  de  cargos  (Decreto  Ley  100 de 1980,  artículos  138  y  133), desapareció del ordenamiento  jurídico   y   que   por  lo  tanto  no  podía  imponérsele  pena  por  dicho  comportamiento.   

Siendo  ese  el fundamento de la censura, su  improsperidad  resulta  evidente  toda  vez  que  no  es  cierto que la conducta  típica   en   cuestión   hubiese   sido   descriminalizada  o  abolida  de  la  codificación   penal   sustantiva;  lo  ocurrido,  como  reiteradamente  lo  ha  señalado          la         jurisprudencia11,  fue  un  cambio  de nombre  pues  la  acción  quedó integrada en los artículos 249 y 250 de la Ley 599 de  2000  bajó  el  epígrafe  de  “Abuso de confianza  calificado”.   

Hecha  la anterior precisión, y no obstante  que  en  la  forma en que fue planteado el cuestionamiento no tiene vocación de  éxito,  encuentra  la  Sala  que  acerca  de los comportamientos ejecutados por  CAYZEDO  RESTREPO entre el 18  de  julio y el 19 de octubre de 2001, en relación con cinco cheques de gerencia  de  los  que  se  apoderó,  falsificó  y  luego  hizo  efectivos en una cuenta  personal,  desde  la  formulación  de  cargos se incurrió en un craso error de  juicio  jurídico,  prohijado  en  los  fallos  de  primero  y segundo grado, al  escindir    las    conductas    y    por    las    dos   primeras   (cumplidas  en  vigencia  del  Decreto Ley 100 de 1980)  imputar el referido delito de peculado por extensión en modalidad  de    apropiación,   en   tanto   que   por   las   otras   tres   (agotadas   después   de  que  entró  en  vigor  la  Ley  599  de  2000),   se   atribuyó   el   abuso   de   confianza  calificado.   

Como  en  ese concreto obrar en solitario de  aquella  se  observan  —lo  mismo    que    en    el    peculado    por   apropiación   en   el   que   fue  interviniente—,   los  requisitos  que  de  tiempo  atrás  ha  definido  la jurisprudencia12  acerca del  delito  continuado,  esto  es,  un componente subjetivo, constituido por el plan  preconcebido  por  el  autor  o  autores  identificable  por  la  finalidad;  el  despliegue  de  pluralidad  de  comportamientos  de  acción  u  omisión;  y la  identidad   del   tipo  penal  afectado  con  estos13, lo que correspondía era la  atribución  de  un  delito  continuado  regido por la norma en cuya vigencia se  ejecutó el último acto.   

Impera señalar que la controversia propuesta  por  el  agente  del  Ministerio  Público acerca si para la acusada sería más  favorable,  frente  a los hechos analizados, aplicar a ese delito continuado las  normas  que  en el Decreto Ley 100 de 1980 lo definirían como delito continuado  de  peculado  por  extensión  en modalidad de apropiación, o las que en la Ley  599  de  2000 lo denominan abuso de confianza calificado, no se resuelve como lo  entiende  el  Delegado,  pues  ante  hipótesis  semejantes  la  Corte  ya se ha  pronunciado señalando que:   

“[E]l principal  rasgo     de     este    fenómeno    [el    delito  continuado],  aquello  que le da trascendencia, es la  unidad  de  idea  delictiva,  o  la  realización  de un número plural de actos  cometidos  en  virtud de un previo designio o plan criminoso (L. E. Romero Soto,  obra citada, página 330).   

”Siendo así, es  claro  que  esa  infracción,  caracterizada  también  por  ser  “un  proceso  continuado  de  delitos discontinuos” [A. Reyes Echandía, Tipicidad. Bogotá,  Temis,  6ª  edición, 1989, página 231], se rige y se consuma en el momento en  que  se  satisface esa finalidad o plan reprochable. Los varios actos, entonces,  no   son   más   que   expresiones  de  ese  propósito  criminoso.14   

”Y  si  en esta  hipótesis  que  examina  la Corte se configurara el delito continuado, sin duda  alguna  la  legislación  utilizable  sería  la  vigente  en  el  momento de la  culminación   del   fin,   es   decir,   el   instante  de  la  obtención  del  objetivo.”15   

En consecuencia, como en el asunto estudiado  los  últimos  actos  de apropiación mediante los cheques de gerencia falseados  los  ejecutó la acusada el 3 y 17 de septiembre, y el 19 de octubre de 2001, en  vigencia  de  la Ley 599 de 2000 (desde el 24 de julio  de  2001), la norma aplicable es ésta y no el Decreto  Ley 100 de 1980.   

Como  corolario  de lo anterior se impone la  redosificación  únicamente  por  un  delito  continuado  de abuso de confianza  calificado,  de suerte que aplicando las mismas reglas observadas respecto de la  conducta  punible  tratada  acápites  atrás,  los  extremos  máximo y mínimo  oscilarían  entre  cuatro  (4)  y  ocho  (8)  años  de  prisión  (Ley  599 de 2000, artículos 31 parágrafo, 249 y 250),  y  los  cuartos  de  movilidad serían los siguientes: de 48 a 60  meses  (cuarto  mínimo); de  60  meses  1  día  a  72  meses,  y  de 72 meses 1 día a 84 meses (cuartos  medios); y de 84 meses 1 día a  96      meses     (cuarto     máximo).   

Puesto  que  no  se dedujeron circunstancias  genéricas  de mayor o menor punibilidad en el acta de formulación de cargos, y  los  falladores  no  refirieron  alguno  de  los  aspectos  contemplados  en  el  artículo  61,  inciso tercero, de la Ley 599 de 2000 para, al individualizar la  pena,  no infligir el mínimo por esta conducta, la sanción que por la misma le  correspondería  a la acusada sería de cuarenta y ocho  (48) meses de prisión.   

Necesario  se hace destacar que el delito de  abuso  de  confianza calificado prevé también como pena principal la multa, en  un  rango de treinta (30) a quinientos (500) salarios mínimos mensuales legales  vigentes;  sin embargo, aun cuanto el fallador de primer grado se refirió a esa  sanción,  no  hizo  consideración  alguna acerca de cómo debía de computarse  con  la  prevista  para el delito continuado de peculado por apropiación que en  calidad  de  interviniente  le  fue endilgado a CAYZEDO  RESTREPO,  sino  que  al  momento  de cuantificarla se  atuvo  únicamente a la de esta conducta punible, motivo por el que en guarda de  la  prohibición  de  reforma  en peor, la Sala no efectuará la corrección que  esa omisión ameritaba.   

Finalmente,  respecto del delito de falsedad  en    documento    privado    atribuido   a   CAYZEDO  RESTREPO  en  modalidad  continuada,  la demandante no  hizo  reproche  acerca  de la individualización de la pena que por esa conducta  hizo  el  a-quo,  avalado  por  el Tribunal, en dos años, o lo que es lo mismo,  veinticuatro        (24)       meses.   

1.3. Recapitulando,  se  tiene  entonces que las penas individualizadas para los delitos que componen  el  concurso  heterogéneo  de  conductas punibles de peculado por apropiación,  abuso  de  confianza  calificado  y falsedad en documento privado, cada uno a su  vez  cometido  en  modalidad  continuada,  ascienden a ochenta y un (81),   cuarenta   y  ocho  (48)    y   veinticuatro   (24) meses, respectivamente.   

Sin embargo, como en los casos de concurso el  artículo  31,  inciso  primero,  de  la  Ley  599  de  2000,  prohíbe  la suma  aritmética,  así como superar el doble de la mas grave, partiendo de 81 meses,  éste  guarismo se incrementará en 39 mes por el abuso de confianza calificado,  y  en  18  meses por la falsedad en documento privado, lo que arroja un total de  ciento treinta y ocho (138) meses de prisión.   

La  pena  principal  de  multa  concurrente  equivale  a  la cuantía del desfalco en el delito de peculado por apropiación,  esto  es, diecinueve millones quinientos sesenta y ocho mil trescientos cuarenta  y  nueve  pesos  con  ochenta  y  cuatro  centavos  ($  19’568.349,84).   

Los  anteriores  guarismo  fijados  para  la  sanción  restrictiva  de  la  libertad y la pecuniaria, deben ser objeto de una  reducción  por  el sometimiento a sentencia anticipada regulada en el artículo  40  de  la  Ley  600 de 2000, siendo necesario puntualizar que aun cuando no fue  objeto  de  solicitud expresa por parte del aquí demandante la aplicación, por  favorabilidad,  de  lo dispuesto en el artículo 351 de la Ley 906 de 2004, dado  que  uno de los cargos planteados por el otro recurrente tiene relación con ese  problema  jurídico y la Sala avizora su prosperidad, más adelante precisara el  monto de la rebaja correspondiente.   

A  raíz  de  la  prosperidad parcial de los  cargos  acerca  de  la  errónea  interpretación  de  las normas que regulan la  dosificación  de  la  pena  y  de  los errores de juicio jurídico en cuanto al  delito  continuado  de  abuso  de confianza calificado, enmendados oficiosamente  por   la   Corte,   en   el   anterior   sentido   se   casará   la   sentencia  impugnada.   

2.   Demanda  presentada  por  el  defensor de GLORIA PATRICIA VARGAS  ARBELÁEZ.   

Tres  son  los  reproches  formulados por el  demandante  y  el siguiente el orden en que serán despachados: la nulidad de la  actuación  desde  el  acta  de  formulación de cargos, con base en la probable  errada  calificación  jurídica  dada  las  conductas;  el  desconocimiento del  principio  de  favorabilidad  por  la no aplicación del monto de rebaja de pena  que  consagra  el artículo 351 de la Ley 906 de 2004; y la violación indirecta  de  la  ley sustancial a consecuencia de un error de hecho en la apreciación de  las  pruebas  que,  según  el  actor,  demuestran  que su representada es madre  cabeza  de  familia  y por lo tanto debía otorgársele la prisión domiciliaria  como pena sustitutiva.   

2.1. En tratándose  de  sentencias  anticipadas,  como la presente, es verdad sabida que el interés  para  recurrir  por  parte del procesado o su defensor, está restringido por el  artículo  40  de  la  Ley  600  de  2000,  a  temas  específicos  como  son la  dosificación  de  la  pena, los mecanismos sustitutivos de la pena privativa de  la libertad y a la extinción del dominio sobre los bienes.   

Igualmente  la  jurisprudencia de la Sala ha  venido  sosteniendo  que  ese  interés jurídico que le asiste al defensor y al  procesado  para  recurrir  los  fallos  anticipados, es el mismo que se exige en  sede   extraordinaria   de   casación,   porque  es  apenas  obvio  que  si  el  pronunciamiento  de  segunda  instancia  sólo  puede darse en relación con los  aspectos  mencionados,  los  errores  de  juicio  o  de procedimiento que pueden  cometerse en el fallo estarían directamente conectados con éstos.   

Sin embargo, necesario se hace precisar que a  pesar  de  esa  limitación en el ejercicio del derecho de impugnación, en esta  clase  de fallos la situación del procesado no queda, de ningún modo, expuesta  al  arbitrio  de  los  funcionarios que en ella intervinieron, ni desprovista de  las  garantías  a  las que se compromete y está obligado a respetar el Estado;  por  lo tanto, tratándose de nulidades, es incontrovertible que la defensa y el  acusado  tienen  interés para recurrir extraordinariamente, salvo, claro está,  que  se  utilice  este  motivo  de  ataque  como pretexto para retractarse de la  aceptación de cargos.   

En  efecto,  de  tiempo  atrás  la  Sala ha  reconocido  la  posibilidad  de  denunciar  en  la  sede  de casación, frente a  sentencias  anticipadas,  la  nulidad cimentada en la probable violación de las  garantías  fundamentales,  empero, ello implica la necesidad de verificar si el  planteamiento  del  respectivo  reproche  simple  y  llanamente  propende por la  inaceptable   retractación   de   los   cargos   libremente  aceptados  por  el  sindicado.   

Para el asunto que concita la atención de la  Sala,  el  demandante  invocó  la  causal tercera de casación para reclamar la  invalidación  del  proceso  a  partir  del acta de formulación de cargos, pues  considera  errada  la  calificación  jurídica  dada a los conductas y por ende  vulnerada  la garantía fundamental de legalidad o estricta tipicidad, ya que en  su  opinión lo que se configura es un delito de hurto agravado por la confianza  porque    según    él    “Banagrario”  es  una entidad financiera como cualquiera del sector privado y  su representada no tenía la condición de servidor público.   

No obstante que el reseñado cuestionamiento,  tal  y  como  así  lo  percibió el Delegado del Ministerio Público, en verdad  equivale  a  una  improcedente  retractación  frente  a  los  cargos  que en la  diligencia  celebrada  con  fines  de  sentencia anticipada le fueron cabalmente  explicados  a  la  acusada  en presencia de su defensor y respecto de los cuales  manifestó  libremente  su  aceptación, y que por ser advertida esa inaceptable  pretensión  sólo  hasta  ahora,  al  momento  de  estudiar  en  profundidad la  censura,  resulta  perentoria su desestimación, la Corte considera que no está  demás  resaltar  el  manifiesto  desacierto de los fundamentos de la pretendida  nulidad.   

A tal propósito oportuno se ofrece precisar  que:   

“El Banco Agrario  de  Colombia  S.  A.  es  el  producto  de la conversión de la sociedad Leasing  Colvalores  —Compañía de  Financiamiento         Comercial—,  decidida  por su Asamblea General de Accionistas con base en las  distintas  autorizaciones  previstas  en  la ley, de establecimiento de crédito  del  tipo  de  las  Compañías  de  Financiamiento  Comercial  al  tipo  de los  establecimientos  de crédito de los bancos comerciales, denominado inicialmente  Banco  de  Desarrollo  Empresarial  S.  A.  y,  posteriormente, Banco Agrario de  Colombia  S.A.; conversión que fue autorizada por la Superintendencia Bancaria,  mediante Resolución No. 0968 del 24 de junio de 1.999.   

”El Banco Agrario  de  Colombia  S.A.  abrió  sus  puertas  al  público  el  28 de junio de 1999,  siendo  una  entidad  financiera  estatal  creada  con  el objetivo principal, más no exclusivo, de prestar  servicios   bancarios   al   sector  rural,  con  autorización  para  financiar  actividades    rurales,   agrícolas,   pecuarias,   pesqueras,   forestales   y  agroindustriales,  y en general atender las necesidades financieras en el sector  rural y urbano,…   

”Por   la  composición  de  su  capital,  es  una  sociedad  de  economía mixta del orden  nacional,  del  tipo  de  las  anónimas,  sujeta  al  régimen  de  empresa industrial y comercial del Estado, vinculada al Ministerio  de   Agricultura  y  Desarrollo  Rural.”16   

Y que,  

“Como  Entidad  Pública  – Sociedad de Economía Mixta del orden nacional sujeta al régimen de  empresa  industrial  y  comercial  del  Estado  y  vinculada  al  Ministerio  de  Agricultura   y   Desarrollo   Rural:  se  encuentra  regida  por  la  Ley  489          de          1998,          la          Ley  1150  de  2007,  y  el  Decreto 1618 de 2002.”17   

Ese carácter de empresa estatal de economía  mixta  del  Banco Agrario de Colombia S.A.,  ya  había sido ampliamente estudiado y puesto de presente por la  Corte en un caso semejante, en el cual precisó:   

“Finalmente, con  el  fin  de  establecer  la naturaleza jurídica del Banco Agrario, es necesario  hacer  relación  al artículo 233 de la Ley 489 de 1998, Estatuto Orgánico del  Sistema  Financiero,  modificado por el artículo 47 de la Ley 795 de 2003, aún  vigente, en su tenor reza:   

”“Naturaleza  Jurídica.  El  Banco  Agrario  de Colombia S.A., Banagrario, es una sociedad de  economía  mixta  del orden nacional, sujeta al régimen de empresa industrial y  comercial  del  Estado,  organizado  como establecimiento de crédito bancario y  vinculado  al Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural.”   

”De esa manera,  revisada  la  precedente  legislación  y  las escrituras de constitución de la  entidad,  para  efectos de establecer la calidad de servidor público que regula  el  artículo  20  de  la  Ley  599  de  2000  y para este evento, la naturaleza  jurídica  no  la  establece la participación accionaria, es decir, no interesa  el  grado  de  participación accionario que el Estado tenga en la empresa, sino  que  esta  surge de la composición del capital sea tanto del Estado como de los  particulares,  sin  importar el índice del porcentaje accionario. Frente a este  específico tema la Corte Constitucional anotó:   

”“…Ello  significa  entonces,  que  la existencia de una sociedad de economía mixta, tan  solo  requiere,  conforme  a  la  Carta  Magna  que  surja  de  la  voluntad del  legislador,  si  se  trata  de  una  perteneciente  a  la  Nación,  o  por así  disponerlo  una  ordenanza  departamental o un acuerdo municipal, si se trata de  entidades  territoriales,  a  lo  cual  ha  de  agregarse  que, lo que le da esa  categoría          de         ‘mixta’  es,  justamente,  que  su  capital  social  se  forme  por aportes de Estado y de los  particulares,   característica  que  determina  sus  sujeción  a  un  régimen  jurídico  que  le  permita  conciliar el interés general  que se persigue  por   el  Estado  o  por  sus  entidades  territoriales,  con  la  especulación  económica   que,   en   las   actividades  mercantiles,  se  persigue  por  los  particulares.   

”“4.6. Por otra  parte,  se  observa  por  la  Corte  que  el  artículo  210 de la Constitución  establece  que  las  entidades descentralizadas por servicios del orden nacional  deben   ser   creadas   por   la   ley   o  con  su  autorización  ‘con  fundamento en los principios que  orientan  la  actividad  administrativa’,  norma  ésta  que  en armonía con lo dispuesto por el artículo  150  de  la  Carta  permite  que el Congreso de la República en ejercicio de su  atribución   de  ‘hacer  leyes’ dicte el régimen  jurídico  con  sujeción  al  cual  habrán  de  funcionar los establecimientos  públicos,  las empresas industriales y comerciales del Estado y las empresas de  economía  mixta.  Ello  no significa que so pretexto de establecer ese régimen  para  estas  se pueda establecer desconocer que cuando el capital de una empresa  incluya  aportes  del  Estado  o  de  una  de  sus  entidades  territoriales  en  proporción  inferior  al  cincuenta  por ciento (50%) del mismo, no alcanzan la  naturaleza  jurídica  de  sociedades  comerciales  o  empresas  de ‘economía      mixta’,  pues,  se insiste, esta naturaleza  jurídica  surge  siempre  que  la  composición  del  capital  sea  en parte de  propiedad  de  un  ente  estatal  y  en  parte  por  aportes  o  acciones de los  particulares,  que  es  precisamente la razón que no permite afirmar que en tal  caso   la   empresa  respectiva  sea  ‘el  Estado’ o  de       propiedad       de       ‘particulares’  sino,  justamente de los dos, aunque en proporciones diversas, lo  cual    le    da   una   característica   especial,   denominada   ‘mixta’,  por  el artículo 150, numeral 7°  de la Constitución.   

”“De  no  ser  ello  así,  resultaría  entonces que aquellas empresas en las cuales el aporte  de  capital del Estado o de una de sus entidades territoriales fuera inferior al  cincuenta  (50%)  no  sería  ni  estatal,  ni  de particulares, ni ‘mixta’,  sino  de una naturaleza diferente,  no    contemplada    por    la    Constitución”18.   

(…)  

”En   otras  palabras,  establecida  la  naturaleza jurídica del Banco Agrario, esto es, que  es  una sociedad anónima, con el régimen de empresa industrial y comercial del  Estado  del  orden  nacional,  y  que  se vincula al Ministerio de Agricultura y  Desarrollo  Rural, resulta fácil colegir que sus funcionarios tienen la calidad  de  servidores  público, según lo preceptuado en el artículo 20 de la Ley 599  de       2000.”19   

Resulta en consecuencia vana la disertación  del  demandante  encaminada  a  demostrar  una  equivocada  adecuación típica,  cuando      acreditado     está     que     VARGAS  ARBELÁEZ  —en     connivencia     con     la     otra    procesada—,  se  apropió de determinadas sumas,  bajo  una  misma modalidad, y durante cierto lapso, circunstancias constitutivas  del  delito  de  peculado  por  apropiación en modalidad continuada, porque tal  conducta  la ejecutó aquella aprovechando las funciones inherentes al cargo que  ocupaba    como    “CAJERO   PRINCIPAL”        de       una       oficina       de       “Banagrario”  en la ciudad de Medellín,  entidad  oficial  a  la  que  estaba vinculada directamente mediante un contrato  individual            de           trabajo20,   lo   cual   le  daba  la  condición  de  trabajador  oficial o del Estado, con carácter de sujeto activo  calificado  para  el  delito en cuestión, de conformidad con los artículos 20,  31, parágrafo, y 397 de la Ley 599 de 2000.   

De  otra  parte, son igualmente infructuosas  las  afirmaciones  del  censor acerca de la configuración de un “concurso  aparente  de  tipos” entre el  peculado  por  apropiación  y la falsedad en documento privado, con base en que  se    trató    de    un    delito    “único   o  complejo”,   pues   tal   figura   únicamente   se  presenta,   

“…en la medida  en  que  un  hecho  delictivo  forme  parte  de otra conducta típica, bien como  elemento   integrante   de   éste   o   como   circunstancia   de   agravación  punitiva21.  Los  hechos  apreciados  aisladamente,  si  ello  fuere posible,  constituiría  por  sí  mismos delitos. En aquella clase de delito unitario, el  complejo,  el  legislador  fusiona o reúne en una tipicidad penal o prevé como  agravante  de  la  misma  hechos  y situaciones objetivas de variada índole, de  modo  que  se  excluye la pluralidad de infracciones, vale decir, el concurso de  delitos;  el  hecho  que  aislado configuraría una infracción se convierte por  voluntad  de  la  ley  en  elemento  de  una  figura  delictiva  especial  o  en  circunstancia  de  agravación  de  la  misma,  perdiendo  el  carácter de ente  jurídico  autónomo,  pues  de no ser así se violaría el principio non bis in  ídem22.   

”…  [N]o debe  confundirse  el  delito  complejo con los delitos conexos. El primero supone que  las  distintas  conductas  estructuran  un sólo hecho punible y los segundos la  configuración  de  varios, jurídicamente autónomos, pero conexos ideológica,  consecuencial         u        ocasionalmente23.  Además,  la  noción  de  delito  complejo  supone  algo  más  que  un  delito  pluriofensivo o de ofensa  múltiple.  El primero implica que la estructura de un tipo reúne en una unidad  dos  o  más  tipos. El segundo no necesariamente exige un delito complejo, sino  sólo    una    pluralidad    de    bienes   jurídicos   afectados.”24   

Y en cuanto a que tampoco podía imputarse el  delito   de   falsedad  documental  porque  la  acción  estaba  dirigida  a  la  apropiación        de        los        dineros        de       “Banagrario”,  careciendo  de  un  dolo  específico  para  adulterar  documentos, es palmaria la equivocada comprensión  del  concepto de acción final, la cual no excluye que en la ejecución de actos  orientados   a   la   realización   de  determinado  comportamiento  típico  y  antijurídico,  con  cada  uno  de aquellos, el sujeto agente con conocimiento y  voluntad,  incurra en otras conductas igualmente sancionadas como punibles en el  ordenamiento penal sustantivo.   

En el presente evento, la situación fáctica  debatida  ilustra  la  ocurrencia  o  configuración  de  un  concurso  material  heterogéneo  de  conductas  punibles,  y  desde tal perspectiva fue acertada la  atribución  de  cargos,  y  posterior  condena, por los delitos de peculado por  apropiación   y   falsedad   en   documento   privado,   ambas   en   modalidad  continuada.   

2.2.  Ahora  bien,  frente  a  la  censura relacionada con el presunto desconocimiento del principio  de  favorabilidad,  tal  y  como con acierto lo advierte el Ministerio Público,  pese        a        que        la        Sala25       ha      aceptado,  mayoritariamente,  con base en la aludida garantía la aplicación del descuento  punitivo  previsto  en  el  articulo 351 de la Ley 906 de 2004 para los casos de  sentencia  anticipada  regulados  en  el  artículo  40  de  la Ley 600 de 2000,  necesario  es  insistir  en  que ello no implica la inexorable concesión de una  rebaja  de  la mitad de la pena, sino que es indispensable en cada caso concreto  evaluar  las  circunstancias  temporales  o momento procesal en que el procesado  acepta  cargos  y  el beneficio obtenido por el Estado en términos de economía  procesal  y  celeridad,  al  permitir  a  la  Fiscalía  el  ahorro  de esfuerzo  investigativo    para    concretar    la    pretensión    inherente    a    ese  organismo.   

Así    las    cosas,   atendiendo   las  particularidades  del  presente asunto en el que VARGAS  ARBELÁEZ  —y  lo  mismo  cabe afirmar respecto de CAYZEDO RESTREPO—,  se acogió a la aludida figura tras  la  notificación  del  cierre  de  la  investigación, el mismo día en que esa  decisión  alcanzaba  ejecutoria,  después  de  haber rechazado tajantemente la  comisión  alguna  conducta  punible y cuando ya la Fiscalía contaba con prueba  suficiente  e  idónea  para  acusar  a las dos procesadas, dentro del margen de  discrecionalidad  en  que  puede  moverse el juzgador para otorgar la reducción  por  el allanamiento a los cargos, fluctuante entre una tercera parte y la mitad  de        la        pena       a       imponer26,  no resulta proporcional ni  razonable  conceder  el  máximo,  pero  tampoco el mínimo, motivos por los que  estima  la  Corte  justo, en correspondencia a la colaboración prestada por las  procesadas,  un  descuento  equivalente  a las dos quintas partes de la sanción  individualizada a cada una.   

En conclusión, el cargo prospera.  

2.3. Respecto de la  violación  indirecta de la ley sustancial alegada por el demandante frente a la  negación  de  la  prisión  domiciliaria  como  sustitutiva  de la de prisión,  necesario  es  destacar  que el referido instituto fue introducido con el actual  Código   Penal   (Ley   599   de  2000)  como una extensión de la figura de la detención domiciliaria, en  este  caso  para  favorecer al condenado, cuyo otorgamiento debe ser decidido en  la  sentencia, según se colige del contenido de los artículos 38 de la obra en  cita  y  170  del  Código de Procedimiento Penal (Ley  600 de 2000).   

La  jurisprudencia de esta Sala ha precisado  que  la  prisión  domiciliaria  es un derecho del procesado cuando estén dados  los  presupuestos  señalados  en la citada norma sustancial, y que por lo mismo  es  obligatorio  un  pronunciamiento  de  parte  del  juzgador  al  momento  del  fallo.   

En el asunto examinado, tal como lo anota el  delegado  de  la  Procuraduría, y lo corrobora la Sala, el reproche se apoya en  la  presunta  omisión  de  las  pruebas  que,  según  el  actor,  acreditan el  carácter  de  madre  cabeza  de  familia  de  su representada, merced a la cual  sería procedente otorgar la aludida pena sustitutiva.   

Sin  embargo, analizadas las constancias que  cita  el  demandante  (folios  504  a  506,  cuaderno  original  #  2),  aun  cuando  los  juzgadores  no  se  refirieron  de manera expresa a esos elementos de convicción, tampoco es verdad  que  hubiesen  dejado  de  valorarlos,  pues  lo  cierto es que su contenido fue  desestimado  por  los  jueces  de  primero y segundo grado al resultar inidóneo  para acreditar la condición que reclama el censor.   

Olvidó  el  libelista  que  en  la labor de  estimación  probatoria  el  fallador  está  obligado  únicamente a aprehender  aquellos  medios  de conocimiento que le sirvan para formarse un conocimiento de  manera  directa o por vía de inferencia de un hecho con trascendencia jurídica  en  la decisión de fondo, y las pruebas cuya valoración echa de menos el actor  se  reducen  demostrar  la  vinculación laboral del esposo de la acusada en una  entidad  pública  de  Barrancabermeja, así como su domicilio permanente en esa  comprensión  territorio,  más no que él hubiese abandonado el cumplimiento de  sus  obligaciones  para  con  los  hijos  comunes, sin que el hecho de que esté  residiendo   en  esa  ciudad  constituya  motivo  para  colegir  que  los  dejó  desprotegidos.   

De acuerdo con el artículo 1° de la Ley 750  de  2002,  “Por  la cual se expiden normas sobre el  apoyo  de  manera  especial,  en  materia  de  prisión  domiciliaria  y trabajo  comunitario      a      la      mujer      cabeza     de     familia”:   

“…La ejecución  de  la  pena  privativa  de  la  libertad se cumplirá, cuando la infractora sea  mujer  cabeza  de  familia,  en  el lugar de su residencia o en su defecto en el  lugar  señalado  por  el juez en caso de que la víctima de la conducta punible  resida    en    aquel   lugar,   siempre   que   se   cumplan   los   siguientes  requisitos:   

”Que   el  desempeño  personal,  laboral,  familiar o social de la infractora permita a la  autoridad  judicial  competente  determinar  que  no  colocará  en peligro a la  comunidad  o  a  las  personas  a  su  cargo,  hijos menores de edad o hijos con  incapacidad mental permanente.   

”La presente ley  no  se  aplicará  a  las  autoras  o  participes  de  los delitos de genocidio,  homicidio,  delitos  contra  las  cosas  o  personas  y bienes protegidos por el  Derecho  Internacional Humanitario, extorsión, secuestro, desaparición forzada  o  quienes  registren antecedentes penales, salvo por delitos culposos o delitos  políticos.”   

La   Sala   ha  precisado  los  siguientes  requisitos  para  acceder  a  la  detención  domiciliaria  por  ser  cabeza  de  familia27,   que  en  últimas  son  los  mismos  para  otorgarla  como  pena  sustitutiva:   

“5. En síntesis,  para  que  un  procesado,  sin  distingo  de  género,  acceda  a  la detención  domiciliaria  en  los  términos  de  la  Ley  750  de 2002, deben converger los  siguientes requisitos:   

”5.1  Que  el  delito  endilgado no esté excluido expresamente; vale decir, que no se trate de  genocidio,  homicidio,  delitos  contra las cosas o personas y bienes protegidos  por   el   Derecho   Internacional   Humanitario,   extorsión,   secuestro,   o  desaparición forzada.   

”5.2  Que  no  registre   antecedentes   penales,   salvo   por   delitos  culposos  o  delitos  políticos.   

”5.3 Que sea una  mujer  o un hombre cabeza de familia. Para este efecto se acude a la definición  contenida  en  el  artículo 2° de la Ley 2ª de 1982, interpretada a la luz de  la jurisprudencia de la Corte Constitucional:   

”“Artículo  2°.  Para  efectos  de  la  presente  ley,  entiéndase  por “Mujer Cabeza de  Familia”,  quien  siendo  soltera  o  casada tenga bajo su cargo, económica o  socialmente,  en  forma  permanente,  hijos  menores propios o de otras personas  incapaces  o  incapacitadas  para  trabajar,  ya  sea  por ausencia permanente o  incapacidad  física,  sensorial,  síquica  o  moral  del cónyuge o compañero  permanente  o deficiencia sustancial de ayuda de los demás miembros del núcleo  familiar”   

”“Parágrafo:  Esta  condición  y  la cesación de la misma, desde el momento en que ocurra el  respectivo  evento,  deberá  ser  declarada  por  la mujer cabeza de familia de  bajos  ingresos  ante notario, expresando las circunstancias básicas de su caso  y   sin   que   por   este  concepto  se  causen  emolumentos  notariales  a  su  cargo.”   

”5.4  Que  el  desempeño  personal,  laboral,  familiar  o  social  del procesado permita a la  autoridad  judicial  competente  determinar  que  no  colocará  en peligro a la  comunidad  o  a  las  personas  a  su  cargo,  hijos menores de edad o hijos con  incapacidad mental permanente.   

”Los  cuatro  requisitos  señalados  en  el punto anterior deben verificarse al mismo tiempo,  de  modo  que  si deja de cumplirse uno de ellos, la detención domiciliaria por  ser cabeza de familia no tendrá lugar.   

”En   otras  palabras,  si  una  de tales exigencias deja de cumplirse ya no sería necesario  analizar  la  pertinencia  de las restantes, porque, sencillamente, ausente una,  la       detención       domiciliaria      ya      no      procede.”   

Por lo tanto, como en la indagatoria rendida  en   abril   de   2003   VARGAS  ARBELÁEZ  afirmó  ser  ama  de  casa y que la subsistencia económica de su  familia  dependía  de  su  esposo, al no acreditar las constancias que alude la  defensa  el  abandono  de  esas  obligaciones por parte de éste, según lo puso  aquella  en ampliación de injurada, fue acertada la decisión de las instancias  en el sentido de negar la pena sustitutiva.   

3.  Para terminar,  dígase  que  le  asiste  razón  al  Ministerio  Público  en  cuanto  al error  aritmético  que  observa  en el cálculo del descuento por sentencia anticipada  respecto  de  la procesada VARGAS ARBELÁEZ,  toda  vez  que si la pena individualizada para ella por el delito  continuado  de  peculado  por  apropiación  fue  de once (11) años, la tercera  parte  de  ese  monto  equivale  a cuarenta y cuatro (44) meses, que restados al  mismo  guarismo  arrojan una sanción privativa de la libertad igual a ochenta y  ocho  (88)  meses  o,  lo  que  es lo mismo, siete (7) años y cuatro (4) meses,  siendo  entonces  evidente  que  los  juzgadores  le impusieron veintiséis (26)  días  de más, desaguisado que es susceptible de corregir en esta sede, como de  vieja  data  lo  tiene  señalado  la jurisprudencia28.   

Teniendo en cuenta lo anterior y lo precisado  en   los   apartados  1.3  y  2.2  de las consideraciones,  las  penas  principales que en definitiva deben ser impuestas a las acusadas son  las siguientes:   

Para GLORIA PATRICIA  VARGAS  ARBELÁEZ, contemplado el descuento de las dos  quintas  partes por sentencia anticipada, prisión de setenta y nueve (79) meses  y  seis  (6) días, multa en cuantía de quince millones seiscientos cincuenta y  cuatro  mil  seiscientos  setenta  y nueve pesos con ochenta y siete centavos ($  15’654.679,87),    e  inhabilidad  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el mismo  lapso de la de prisión.   

Respecto de LILIANA  PATRICIA  CAYZEDO  RESTREPO,  incluido el descuento de  las  dos  quintas  partes  por  sentencia anticipada, ochenta y dos (82) meses y  veinticuatro  (24)  días  de  prisión,  multa  en  cuantía  de  once millones  setecientos   cuarenta   y   un   mil   nueve  pesos  con  noventa  centavos  ($  11’741.009,90),    e  inhabilidad  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por igual  tiempo de la privativa de la libertad.   

De conformidad con lo expuesto, la    Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE:  

1.  CASAR  PARCIALMENTE la sentencia impugnada, y en consecuencia  IMPONER:   

A  GLORIA PATRICIA  VARGAS  ARBELÁEZ,  las penas principales de setenta y  nueve  (79)  meses  y  seis  (6)  días de prisión, multa en cuantía de quince  millones  seiscientos  cincuenta  y cuatro mil seiscientos setenta y nueve pesos  con  ochenta  y  siete  centavos  ($ 15’654.679,87),   e   inhabilidad  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por el mismo lapso de la de prisión, y   

A  LILIANA PATRICIA  CAYZEDO  RESTREPO,  las penas principales de ochenta y  dos  (82) meses y veinticuatro (24) días de prisión, multa en cuantía de once  millones  setecientos  cuarenta  y  un  mil  nueve pesos con noventa centavos ($  11’741.009,90),    e  inhabilidad  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por igual  tiempo de la privativa de la libertad   

2.  NO   CASAR  la  sentencia  recurrida  con  ocasión  de  los cargos uno y tres formulados en la demanda presentada a nombre  de   GLORIA   PATRICIA  VARGAS  ARBELÁEZ.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Despacho de origen.   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

Salvamento parcial de voto  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                         ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  L.            AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

Salvamento parcial de voto  

JORGE  LUÍS  QUINTERO MILANÊS                                                YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

Salvamento  parcial  de  voto                                                                                Salvamento    parcial    de  voto   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                             JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

SALVAMENTO    PARCIAL   DE   VOTO   

Con  el respeto que siempre he profesado por  las  decisiones  de  la  Sala,  estimo  necesario  salvar  parcialmente  mi voto  respecto  de  lo decidido en el presente asunto, comoquiera que sigo convencido,  como  se analizó en muchas decisiones anteriores en las cuales la tesis primó,  que  no  es  posible  aplicar  por  favorabilidad el porcentaje de atemperación  punitiva  que  para el allanamiento a cargos consagra el artículo 351 de la Ley  906  de  2004,  a  hechos tramitados dentro de los presupuestos procesales de la  Ley 600 de 2000.   

Para  mejor  comprensión de las razones que  facultan  persistir en los motivos que de antaño justificaron decidir de manera  contraria  a como se hace hoy, estimo necesario abordar en esta aclaración tres  puntos concretos:   

    

1. Naturaleza   y   efectos   de  los  principios  de  favorabilidad  e  igualdad.   

2. Disimilitud   entre   los  institutos  de  la  sentencia  anticipada  (artículo  40 de la Ley 600 de 2000) y los acuerdos y preacuerdos que contempla  el Capítulo único del Título ll de la Ley 906 de 2004.   

3. Vulneración  del principio de igualdad a través de la aplicación,  por favorabilidad del artículo 351 de la Ley 906 de 2004.     

1.  En  aclaración de voto anterior, cuando  apenas  se  comenzaba  a discernir sobre la aplicación de la nueva sistemática  acusatoria,  estimé  pertinente  glosar  la  afirmación de la Sala mayoritaria  referida  a  la  posibilidad  de  aplicar algunas normas de la Ley 906 de 2004 a  asuntos  tramitados  en  seguimiento  de lo dispuesto por la Ley 600 de 2000, en  aplicación  del  principio de favorabilidad, de la siguiente manera29:   

“1.2. El principio de favorabilidad y sus  alcances constitucionales.   

La favorabilidad es un principio rector del  derecho  punitivo  que aparece consagrado en  el  artículo  29  de  la  Constitución  Nacional  como  parte  esencial del debido proceso, en los siguientes términos:   

‘Nadie podrá ser  juzgado  sino conforme a leyes preexistentes al acto que se le imputa, ante juez  o  tribunal competente y con observancia de la plenitud de las formas propias de  cada juicio.   

En  materia  penal,  la  ley  permisiva  o  favorable,  aún  cuando  sea  posterior,  se  aplicará  de  preferencia  a  la  restrictiva      o     desfavorable’.   

Corresponde  por tanto, por su pertinencia,  establecer   cuáles  son  los  alcances  que  la  Constitución  le  asigna  al  mismo.   

Pero antes, es necesario aclarar que aunque  el   concepto   ‘derecho  penal’,   en   sentido  amplio,  es  comprensivo del sistema penal y, por tanto, abarca al derecho penal  sustantivo  o  material,  al  derecho  penal  procesal  y  al  derecho  penal de  ejecución,   sin   embargo,  de  ello  no  puede  seguirse  que  el  legislador  constituyente   hubiera  querido  cobijar  bajo  el  alcance  del  principio  de  favorabilidad  a  todas  las  normas  del sistema penal; empero, tampoco de ello  puede  concluirse  en  el  sentido  de  que el principio sólo alcanzaría a los  preceptos  contenidos  en  el  derecho  penal  material  (Código  Penal y leyes  penales especiales), por lo que conviene precisar lo siguiente:     

* El principio nace de  la  idea  de  que ley penal expresa la política de defensa social que adopta el  Estado   en   un   determinado   momento  histórico,  en  su  lucha  contra  la  delincuencia.   

* Que   toda  modificación  de  las  normas  penales  expresa  un  cambio  en  la valoración  ético-social  de  la conducta delictiva, en el cómo y en la forma en que ha de  ejecutarse  la  acción  represora del Estado frente a la realización del hecho  delictivo  y  en  las  reglas  de  ejecución  de  la consecuencia jurídica del  delito, esto es, la sanción penal.   

* Consiguientemente,  como  lo  ha  admitido  pacíficamente  doctrina  y  jurisprudencia nacional, la  aplicación  del  principio  de  favorabilidad  no  puede estar limitado sólo a  supuestos  en  los que la nueva norma penal descriminaliza la conducta típica o  disminuye  el  quantum de su pena, sino también, cuando la nueva ley (ley penal  material,  procesal o de ejecución) beneficie al procesado, en el ámbito de su  esfera  de libertad; siendo comprensiva de tal ámbito, entre otras, las medidas  cautelares   personales  y  los  parámetros  de  prescripción  de  la  acción  penal.     

         Por   lo   tanto,  el  baremo  o  medida  de  valoración  para  la  determinación  de la aplicación retroactiva de la ley penal favorable no está  en  que el precepto invocado forme parte del derecho penal material, sino en que  el  mismo  afecte  esferas  de  libertad  del individuo, por lo que es frecuente  encontrar  en  los  códigos  de  procedimiento  penal  normas  de  indiscutible  naturaleza sustantiva.   

Del  análisis  que  precede se extraen las  siguientes conclusiones:     

* La prohibición de  aplicación  retroactiva  de  la ley penal se extiende a las normas de contenido  sustantivo  que  se  encuentren  en  leyes tanto materiales como procesales y de  ejecución.   

* Una norma tendrá  carácter  sustantivo,  cuando  afecte  las  esferas  de libertad del imputado o  condenado,  entendiéndose  a  la  libertad  aquí  aludida, como la facultad de  autodeterminarse  que tienen los hombres, sin sujeción a una fuerza o coacción  proveniente  del  exterior,  en  este  caso, del sistema penal. Conforme a ello,  aquellas  normas  contenidas  en leyes penales que afecten, restrinjan o limiten  los    derechos    fundamentales    de    las   personas,   tendrán   carácter  sustantivo.     

Ahora bien, los principios de favorabilidad  y  retroactividad  benigna  de  las normas penales y en particular de las penas,  han  sido  positivizados como expresión de la tutela de los derechos básicos y  fundamentales  de  las  personas en los Estados que se reclaman democráticos de  derecho,   por   lo  que  además   hallan  sustento  en  algunos  tratados  internacionales   de   protección  a  los  derechos  humanos, así:   

     

A. El Pacto  Internacional  de Derechos Civiles y Políticos, cuyo artículo 15.1 en su parte  final  indica que si la ley posterior dispone una pena mas leve, el penado será  beneficiado con los alcances de  dicha norma.   

B. El Pacto de  San  José  de  Costa  Rica, cuyo artículo 9º en su última parte expresamente  declara  que  debe  aplicarse la pena más leve si la nueva ley así lo dispone.     

Y siendo que de acuerdo con el artículo 93  de  la  Carta Política, los tratados y convenios internacionales sobre derechos  humanos,   prevalecen   en  el  orden  interno,  es  decir,  que  se  encuentran  incorporados  a  nuestra  legislación  a  través  de  la  teoría francesa del  “bloque  de constitucionalidad”, es claro que tanto la Convención Americana  sobre  Derechos  Humanos  o  Pacto  de  San  José  de  Costa Rica como el Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos30,  imponen  como obligación  el  respeto  del  principio  de favorabilidad en la aplicación de la ley penal.   

(….)  

1.3.  Materialización  del  principio  de  igualdad en la aplicación de la ley penal favorable.   

La  igualdad  se  halla  instalada  en  el  ordenamiento  jurídico  supremo  como  principio  y  regla  y  a  partir de tal  recepción configura un derecho y una garantía.   

En  su  condición  de principio irradia al  resto  del  ordenamiento,  constituye  una  guía  de  apreciación  y, al mismo  tiempo,  se  define  como  un  mandato  de  optimización.  Mandato  que  no  es  disponible  para  los  poderes  constituidos,  y  que  por  tanto  conforma  una  directriz fuerte en la aplicación de la Ley a un caso concreto.   

El  principio de igualdad constitucional se  integra  con el concepto de ser mirado como igual y con el de igual tratamiento.  En  su  condición  de  derecho  habilita a los individuos dentro del sistema la  facultad  de  formular  oposición  frente a normas o actos violatorios de aquel  principio  en  términos  generales  o  francamente  discriminatorios  desde  lo  específico,  estatus negativo, o de exigir algún comportamiento determinado de  los poderes públicos, estatus positivo.   

Y,   finalmente,   en  su  condición  de  garantía,  aunque  sustantiva  y  no meramente procesal, en tanto constituye un  presupuesto   para  la  efectividad  de  las  diversas  libertades  o  derechos.   

Por  lo tanto, la igualdad como principio y  garantía  tiende a condicionar a los poderes públicos en cuanto al grado de su  consideración  a  la  hora de reglar, omitir o actuar. La igualdad como derecho  interrelaciona  con el resto de los derechos fundamentales, es presupuesto de su  ejercicio  y  está  alcanzado por el principio constitucional que establece que  no hay derechos en su ejercicio absoluto.   

En   el  campo  específico  del  derecho  procesal,  la  jurisprudencia  constitucional tiene establecido que ‘El   someter   las  controversias  a  procedimientos  preestablecidos  e  iguales  no  sólo  garantiza  el derecho de  defensa:  realiza,  en  primer  lugar y principalmente, el principio de igualdad  ante  la  ley,  en  el  campo  de  la  administración  de  justicia.  Y asegura  eficazmente   la  imparcialidad  de  los  encargados  de  administrar  justicia,  mediante        la        neutralidad        del       procedimiento’.31   

Pero  el  texto  de  la  ley no es, por sí  mismo,  susceptible  de  aplicarse  mecánicamente  a  todos  los  casos, y ello  justifica  la  necesidad de que el juez lo interprete y aplique, integrándolo y  dándole  coherencia,  de  tal  forma  que  se  pueda realizar la igualdad en su  sentido constitucional más completo.   

A este respecto, la Corte Constitucional ha  resaltado  que  el  contenido  del  derecho  de  acceso  a la administración de  justicia  implica  también  el  derecho  a recibir un  tratamiento igualitario.   

Dijo:  

‘El  artículo  229  de  la  Carta  debe ser concordado con el artículo 13 ídem, de tal manera  que      el      derecho     a     ‘acceder’  igualitariamente  ante  los  jueces implica no sólo la idéntica oportunidad de  ingresar  a  los  estrados judiciales sino también el idéntico tratamiento que  tiene  derecho  a  recibirse  por  parte de jueces y tribunales ante situaciones  similares.  Ya no basta que las personas gocen de iguales derechos en las normas  positivas  ni  que sean juzgadas por los mismos órganos. Ahora se exige además  que   en   la  aplicación  de  la  ley  las  personas  reciban  un  tratamiento  igualitario.  La  igualdad  en la aplicación de la ley impone pues que un mismo  órgano  no  pueda  modificar  arbitrariamente  el  sentido de sus decisiones en  casos        sustancialmente        iguales”32.   

         Finalmente,  no  puede  desconocerse  que  la aplicación de la ley  penal  favorable  materializa  el  principio de igualdad en la aplicación de la  ley,  en  la  medida  en que es posible que a situaciones fácticas similares se  les  de  tratamientos  normativos  diferentes  en  el  transcurso del tiempo por  fuerza  de  la  cambiante  política  criminal  del  Estado,  los  cuales pueden  resultar  más  o  menos  gravosos  para sus destinatarios, quienes estarían en  ciernes  de  invocar  a  su  favor aquellos preceptos creados en otros contextos  para   regular  de  manera  benévola  situaciones  semejantes,  a  fin  de  ser  receptores  de  igual  merced.  Véase cómo en tales eventos el trato favorable  realiza  el  concepto de igualdad en los términos aquí analizados.”   

    

1. No se discute ya que, precisamente  en   seguimiento   de  las  pautas  atrás  trazadas,  es  posible  aplicar  por  favorabilidad  algunas  normas  de  la Ley 906 de 2004 a procesos adelantados en  seguimiento de lo dispuesto por la Ley 600 de 2000.     

No  es ello algo que hoy pueda ser objeto de  discusión.    Sin   embargo,   en   tratándose   de   dos   sistemáticas  completamente  diferentes,  comoquiera  que la Ley 906 de 2004 busca implementar  en  el  país  el  modelo  acusatorio,  en  contraposición  a  los dispositivos  anteriores,  de corte inquisitivo o mixto, esa aplicación favorable sólo opera  respecto  de  institutos  similares,  de manera que aquellos propios del tipo de  procedimiento  novedoso,  resultan  de  imposible  entronización en el régimen  anterior.   

Y  ello  es  lo  que sucede con esa forma de  terminación  anticipada  que  con el rótulo de allanamiento a cargos regula la  Ley  906  de  2004,  pues,  como se había sostenido invariablemente por la Sala  mayoritaria  hasta  ahora,  sin  que  existan  nuevos desarrollos legislativos o  argumentos  distintos  a  los  que  para  esa  época  soportaban  la  posición  disidente,  que  obliguen  cambiar  lo  dicho,  no  se  trata  de  un  mecanismo  independiente  que  por  sí  mismo se entienda compartir las aristas básicas o  presupuestos  fundamentales de la sentencia anticipada regulada en la Ley 600 de  2000,  a  la  manera  de  entender  ambas  figuras hermanadas en su naturaleza y  efectos.   

Se  dijo antes, y ahora debo reiterarlo, que  el  allanamiento  a cargos no opera en calidad de figura aislada o refractaria a  las  características  específicas  del sistema acusatorio, sino como instituto  connatural  al  mismo  y,  en  especial,  a  esa forma de justicia consensuada o  premial  que se busca hacer valer, en el entendido, desde luego eficientista, de  que  por  su  naturaleza  resulta imposible tabular a través del juicio oral un  porcentaje muy alto de procesos.   

Por  ello  precisamente  la  Ley 906 de 2004  consagra  institutos claramente dirigidos a buscar esa terminación anticipada o  extraordinaria  de las investigaciones penales, dentro de los cuales destacan el  principio  de oportunidad y lo que en el Título ll se reseña bajo el epígrafe  de  “PREACUERDOS Y NEGOCIACIONES ENTRE LA FISCALÍA  Y EL IMPUTADO O ACUSADO”.   

Bajo  ese  rótulo  genérico  del  Título  segundo  en  cita, cabe relevar, se insertan tanto las negociaciones propiamente  dichas,  como  el  allanamiento  a  cargos,  no sólo porque la simple revisión  exegética  de  la  normatividad  así lo informa, sino en atención a que no se  entienden  ambas  como  figuras disonantes o siquiera alternativas, sino propias  de esa teleología premial arriba destacada.   

No  en  vano el inciso primero del artículo  351  de  la  Ley  906  de  2004 expresamente se refiere al allanamiento a cargos  operado  en  la audiencia de formulación de imputación, para significar que en  ese  momento  procesal  puede  aspirar  la  persona a una rebaja de “hasta    la    mitad   de   la   pena   imponible”,  para,  a renglón seguido, determinar como el consecuente escrito  de  acusación  que por congruencia servirá de base a la necesaria sentencia de  condena,  ha de consignar el acuerdo, no otro distinto, debe señalarse, a aquel  en     el     cual     se     definió    entre    las    partes    –fiscalía  y  defensa-,  cuál, dentro  del  ámbito  de  atemperación  regulado  por  la  norma,  será  el porcentaje  concreto a aplicar a favor del procesado.   

Ahora  bien,  en  la  decisión  de  la cual  discrepo  se  pretende controvertir el argumento exegético, significándose que  el  allanamiento  a cargos se encuentra regulado dentro de la Ley 906 de 2004 en  capítulo  distinto  o  independiente  al  único  del  Titulo ll, en el cual se  detalla  lo  concerniente  al campo de preacuerdos y negociaciones, agregándose  que  lo  contemplado  en el inciso primero del artículo 351 se establece apenas  para   “trazar”   los  efectos de ese allanamiento.   

No  parece  que  sea  así,  pues, en primer  lugar,  si  el  tema apenas remitiese a un aspecto instrumental, nada obsta para  que  allí mismo, cuando se regula la audiencia de formulación de imputación y  su  trámite,  se  dejara  sentado  ese  porcentaje  de  reducción, en lugar de  deferirlo  a  un  Título  y  Capítulo  que  contempla un aspecto eminentemente  sustancial,  propio,  como se viene anotando, de la teleología consignada en la  Ley 906 de 2004.   

La evaluación, entonces, es la contraria, si  se  trata  de  respetar  los  valores  y  diferencias  entre  lo sustancial y lo  simplemente procedimental consagrado por la nueva normatividad.   

Vale  decir,  si el allanamiento a cargos se  relacionó  expresamente  en el Título referido al instituto de los preacuerdos  y         negociaciones,        no        apenas        para        “trazar”  el porcentaje de reducción  de  pena,  sino  entendiéndolo  mecanismo  propio  de  la  justicia  premial  y  consensuada  desarrollada  en  su único capítulo, lo lógico es comprender que  la   reiteración   accesoria  instituida  en  otros  capítulos,  busca  apenas  establecer  procedimentalmente la forma (momento y modalidad) como ese mecanismo  se  hace  efectivo en el estado procesal en el cual se hace la manifestación de  voluntad del procesado.   

Es  que  ese  allanamiento a cargos no tiene  apenas   un   momento   procesal  de  materialización:   la  audiencia  de  formulación  de imputación -quizás porque se tuvo en mente la aplicación por  favorabilidad  del  máximo  del 50% permitido para esta forma extraordinaria de  terminación  del  proceso-,  obrando  también  posible  que  ello suceda en la  audiencia  preparatoria  (artículo 356, numeral 5°), permitiendo la reducción  de    pena    de    “hasta    en    la    tercera  parte”, y al comienzo de la audiencia de juicio oral  (artículo  367),  aquí  con  una sola opción de atemperación punitiva de una  sexta parte.   

Esa auscultación normativa permite apreciar  que  no se trata de que el legislador buscase ubicar el allanamiento a cargos en  un  apartado  diferente del Título destinado a los preacuerdos y negociaciones,  sino  apenas  de  establecer  cómo  opera procesalmente la figura dentro de los  tres estadios o momentos que la permiten.   

No  es  posible, tampoco, examinar aislada y  descontextualizadamente  el  allanamiento a cargos, como si se tratase apenas de  una  reiteración  de  lo  que  bajo  la  denominación  de sentencia anticipada  consagraba  el  artículo  40  de  la Ley 600 de 2000, dado que además de hacer  parte  de  esa  teleología propia del sistema acusatorio, encaminada a facultar  soluciones  anticipadas  del  conflicto,  irradia  los motivos que impelieron la  expedición  de  la  Ley  890 de 2004, en el entendido que las generosas rebajas  establecidas  en  la  novísima  sistemática,  obligaban,  para hacer valer los  principios  de  legalidad  de  la pena y retribución justa inserta en la misma,  incrementar  los  montos  sancionatorios  definidos  para  la generalidad de los  delitos en el Código Penal vigente (Ley 599 de 2000).   

Entonces,  para  equilibrar los conceptos en  pugna,  como  fiel  de la balanza, a la par con el alto porcentaje de reducción  producto  de  los  acuerdos,  sea  por  la  vía  de  la  negociación  o  de la  aceptación  de  cargos,  se estableció el incremento generalizado de penas, en  una  proporción  de  la  tercera  parte  para su mínimo y la mitad del máximo  (artículo 14 Ley 890 de 2004).   

Por manera que, inescindiblemente, cuando se  trata  de  aplicar  la  atemperación  punitiva  posibilitada  de  entregar  por  ocasión  del  allanamiento a cargos ocurrido en la audiencia de formulación de  imputación,  para  hacerlo  valer  en  la  tramitación  seguida  dentro de los  derroteros  de  la  Ley  600  de  2000,  ello se encuentra atado a la pena legal  establecida  respecto del delito, que no es otra diferente a la consignada en el  Código  Penal,  incluido  el  incremento ordenado por el artículo 14 de la ley  890  de 2004, pues, sólo así se respeta la filosofía del mecanismo, junto con  los  principios  de  legalidad de la pena, retribución justa e igualdad, aunque  este  último  aspecto  lo  abordaré  en  líneas  posteriores,  de manera más  detenida.   

Desde  otra  perspectiva  argumental, aunque  parezca  simplemente  instrumental,  no  puede  soslayarse cómo respecto de las  figuras  en  contrastación  (sentencia  anticipada  y  allanamiento  a cargos),  existe  una  postulación  diferente  en  la  forma  de  aplicar  la  reducción  punitiva,  pues, mientras en el primer caso esa atemperación opera automática,  con   un  porcentaje  fijo  de  la  tercera  parte,  el  segundo  establece  una  progresión  (que  ya  la  Corte  significó  comienza en una tercera parte y un  día, y culmina en el cincuenta por ciento).   

De  ello  se  sigue que no necesariamente la  proporción  a  reducir  es la máxima establecida en el artículo 351 de la Ley  906   de   2004,  corriendo  de  cargo  del  funcionario  judicial  –o  de las partes a través del acuerdo  que  regula  el  artículo  en  cita-  señalar  cuál  en  concreto  será  esa  atemperación.   

Ello  no  ocurre con la sentencia anticipada  que  estatuye el artículo 40 de la Ley 600 de 2000, en la cual ningún arbitrio  del   funcionario  judicial  o  negociación  entre  las  partes  faculta  hacer  reducción diferente a la única que permite la ley.   

De allí que ninguna similitud consustancial  pueda   pregonarse   de   institutos   disímiles   en  su  naturaleza,  objeto,  consecuencias y forma de aplicarlas.   

Porque,  si  se trata de que, en seguimiento  del  principio  de   favorabilidad,  se aplique a casos rituados por la Ley  600  de  2000,  la forma de atenuación punitiva establecida en el artículo 351  de  la  Ley  906  de  2004,  ya  de  entrada  se está exigiendo del funcionario  judicial  un  arbitrio  o injerencia que de ninguna manera permite la primera de  las  normatividades  citadas  y  que,  además, implica hacer apreciaciones, ora  objetivas,  ya  subjetivas,  que  por  ninguna  parte  consagra esa tramitación  penal.   

Y,  basta  apreciar la forma en que la Corte  Constitucional   trata   de  solucionar  el  problema,  ofreciendo  al  Juez  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad  alternativas  que  le permitan  determinar  el  porcentaje a reducir en el caso concreto, para advertir cómo el  asunto     comporta     bastantes    dificultades33,    que    radican,   debe  repetirse,  en  la  diversa  naturaleza  y  efectos de las figuras que pretenden  homogeneizarse.   

Ahora, han tratado la que hasta hace poco era  posición  minoritaria  de  la  Sala  de  significar  similar  la  figura  de la  sentencia  anticipada, con el mecanismo de allanamiento a cargos, a partir de la  elaboración  más  o  menos detallada de un listado de factores comunes a ambos  institutos.   

Empero,  pienso  que  no es esa una adecuada  forma  de  abordar  el  punto, simplemente porque siempre habrá posibilidad, no  importa  cuán  disímiles  sean las figuras en confrontación, de hallar muchos  factores   comunes,   sin  que  ello,  desde  luego,  signifique  igualación  o  similitud.   

Lo  importante  no es, al respecto, cuántas  circunstancias  afines  se  hallen,  sino  definir  en concreto una naturaleza y  efectos    que    por    su    trascendencia    delimiten    equiparables    los  institutos.   

Asunto que, estimo, dista mucho de ocurrir en  lo  que  respecta  al parangón intentado realizar entre la figura consagrada en  el  artículo  40  de  la  Ley  600  de  2000  y  el mecanismo establecido en el  artículo  351  de la Ley 906 de 2004, dado que si bien comportan muchas o pocas  características  comunes,  es  lo  cierto  que  ellas  son  insuficientes  para  desvirtuar  un  hecho cierto, referido a que se insertan dentro de sistemáticas  diferentes,  verifican  una  teleología  también  distinta  y producen efectos  prácticos incompatibles.   

Al  efecto, apenas para referir a título de  ejemplo  cómo  asoman  deleznables  algunos  de los factores comunes destacados  para  concluir  en  la  simbiosis  supuestamente  existente  entre  la sentencia  anticipada  y  el  allanamiento  a  cargos,  resulta  cuando menos controversial  sostener  que  ambos  institutos  se  hermanan porque en la sentencia anticipada  antes  de  aceptarse  esa  postulación  del  procesado,  éste  ya ha tenido la  oportunidad   de   haber  sido  oído  dentro  del  proceso,  en  diligencia  de  indagatoria,  y de ejercer los derechos de defensa y de contradicción, algo que  supuestamente  también  ocurre con el allanamiento a cargos, dado que ya existe  formulación de imputación.   

Una  tal  afirmación  olvida  que  en  su  naturaleza  ese  acto  de  formulación  de  imputación es de comunicación por  parte  de  la  fiscalía,  pero, en estricto sentido, no implica que el imputado  haya  sido  oído  (por la razón obvia de que no existe indagatoria), ni que se  ejerza  amplia y materialmente el derecho de contradicción, porque allí, entre  otras  cosas,  como  lo  han sostenido de consuno la Corte Constitucional y esta  Corporación,  no  existe  obligación para la fiscalía de que haga algún tipo  de descubrimiento probatorio.   

Así, no puede ser lo mismo, por mucho que se  pretenda  ejercitar  la  dialéctica, que el procesado, en la sistemática de la  ley  600  de  2000,  pueda  conocer  todas  las  pruebas  (plenamente vigente el  principio  de permanencia de las mismas) y además exponga su particular visión  de  lo  ocurrido,  remitida a contradecir esas pruebas, a que, cual ocurre en la  sistemática  de  la  Ley  906 de 2004, se le cite a una audiencia en la que, en  términos  estrictos,  el  fiscal simplemente le comunica cuáles son los hechos  por  los  que  se le investiga y su significación jurídica, sin posibilidad de  pronunciarse  respecto  de  ellos  en  aras  de pregonar inocencia o ausencia de  participación  (para ejercer la inexistente defensa que pregona la sentencia de  tutela),  ni  mucho  menos ejercer el derecho de contradicción respecto de unos  elementos  materiales  probatorios, evidencia física o informes que no conoce o  puede exigir conocer.   

Algo  similar  ocurre  con la manifestación  efectuada  en  la  sentencia de revisión de tutela, atinente a que la sentencia  anticipada  comporta  la  confesión  simple  del  procesado,  y otro tanto debe  entenderse ocurre con el allanamiento a cargos.   

Para  quienes  conocen  la  naturaleza  del  sistema  acusatorio  consagrado  en la Ley 906 de 2004, no puede significar más  que  un  despropósito la afirmación de que el allanamiento a cargos traduce la  confesión  simple  del procesado, por la potísima razón que esta normatividad  no  consagra como prueba, o siquiera evidencia, esa manifestación unilateral de  responsabilidad penal.   

Se   busca,   sí,  superar  esa  evidente  dificultad,  señalándose que “se trata de una idea  de confesión en sentido natural”.   

¿Qué  es  una  confesión, si nos hallamos  dentro  de  un  procedimiento  penal,  en  “sentido  natural”?, vaya uno a saber, pero asoma claro que si  esa  confesión  no  tiene efectos jurídicos o procesales, pues, sencillamente,  de  nada  sirve  para fundamentar la posición encaminada a definir equiparables  los  institutos  de  la  sentencia  anticipada  y allanamiento a cargos, bajo el  argumento   de  que  ambos  comportan  una  confesión  que,  finalmente,  asoma  completamente disímil en su naturaleza y efectos.   

Por  último,  en  lo  que a la crítica del  método   de   equiparación  compete,  no  puede  ser  argumento  válido  para  parangonar  como  similares  ambos  institutos  de  terminación  anticipada del  proceso,  acudir  a  los  principios  que  informan  el proceso penal en general  (lealtad,  publicidad,  eficiencia,  presunción  de  inocencia), comoquiera que  ellos,  por su naturaleza general, permean todas cuantas instituciones consagran  ambos  sistemas  (dado que son soporte  de los dos) y, en consecuencia, una  inferencia  lógica  obtenible  a  partir  de  allí  perfectamente  llevaría a  conclusiones  tales  como  que  el  principio  de  oportunidad  es  similar a la  sentencia anticipada, y todas las demás que quieran hacerse.   

En  suma,  no  se  ha  ofrecido un argumento  contundente  que signifique efectivamente similares o asimilables los institutos  de  la  sentencia  anticipada,  disciplinado en el artículo 40 de la Ley 600 de  2000,  y  el  allanamiento  a  cargos  que  consagra  la  Ley 906 de 2004. Y, en  contrario,  sigue siendo válido sostener que el segundo de los mecanismos opera  consustancial  a  la teleología propia de la sistemática acusatoria pretendida  implementar  en el país, con una naturaleza, efectos y aplicación material que  en mucho se apartan de la sentencia anticipada.   

3.   Se  anotó  en  el  primero de los  puntos  tratados  que  el  principio  de  favorabilidad constituye desarrollo, o  mejor,  efectivización  del principio de igualdad, dado que, finalmente, lo que  se  busca  con  la  aplicación  ultractiva o retroactiva de la norma no vigente  para  el momento de los hechos, es equiparar la condición del procesado a la de  aquellos otros a quienes se aplica esta en toda su extensión.   

          En  este sentido se sostiene que la decisión de aplicar a favor del  procesado,  para  el  caso  concreto,  el  porcentaje  de atemperación punitiva  dispuesto  en  el  artículo  351 de la Ley 906 de 2004, no obstante ocurrir los  hechos  y verificarse su tramitación en vigencia de la Ley 600 de 2000, obedece  a la necesidad de dar aplicación a ese principio de igualdad.   

          Supone  el  argumento,  para  trasladarlo al campo práctico, que se  advierte  en  las  personas sometidas al procedimiento establecido en la Ley 600  de  2000,  quienes, acogiéndose al instituto de la sentencia anticipada durante  el  período  de  la  instrucción, sólo recibieron un descuento punitivo de la  tercera  parte,  una  especie  de  trato desfavorable o desigual frente a lo que  sucede  con  aquellos  que  al  día  de  hoy  se allanan a cargos en sede de lo  dispuesto  por  el  artículo  351  de la Ley 906 de 2004, razón que amerita la  intervención  de  la judicatura, en seguimiento del principio de favorabilidad,  para    otorgarles    un    trato    que    equipare    esas   dos   condiciones  disímiles.   

          Sucede,  sin embargo, como paradoja fundamental, que la decisión de  aplicar  el  principio  de  favorabilidad  lejos de respetar o hacer material el  principio de igualdad, instituye una desigualdad odiosa.   

          Es   que,  cuando  menos  contradictorio,  debe  asumirse  que  para  favorecer  a  la  persona juzgada bajo los parámetros de la Ley 600 de 2000, se  termine  inclinando  tanto  el  fiel  de  la balanza, que en lugar de igualar su  condición  a  la de los imputados sometidos al imperio de la nueva sistemática  acusatoria,  termina  ella  obteniendo beneficios mayores a los que se otorgan a  quienes  se  allanan  a  cargos  en  curso  de  la  audiencia de formulación de  imputación regulada por la Ley 906 de 2004.   

          En  efecto,  para  objetivarlo  con un ejemplo elemental, si para el  delito  por  el cual se juzga a la persona, se establece en el Código Penal una  pena  mínima  de  2  años, y esa persona se acoge al mecanismo de la sentencia  anticipada  establecido  en  el  artículo  40 de la Ley 600 de 2000, durante la  fase  de  investigación,  el  porcentaje  de  rebaja de pena (suponiendo que se  parta  del  mínimo  de  la  sanción)  de  la  tercera parte, implicará que la  sanción derive en 16 meses de prisión.   

          Pero,  si  se  le  aplica  por  favorabilidad  lo  dispuesto  por el  artículo  351  de  la  Ley 906 de 2004, en su mayor cantidad de reducción, esa  pena se ve disminuida a 12 meses de prisión.   

          Cosa  distinta  ocurre  con la persona juzgada bajo la férula de la  Ley  906 de 2004, pues, en el mismo ejemplo, el delito debe incrementarse en una  tercera  parte  por ocasión de lo dispuesto en el artículo 14 de la Ley 890 de  2004,  hasta  delimitar  su  mínimo  en 32 meses, los cuales, disminuidos en el  mayor   porcentaje  de  rebaja  por  allanamiento  a  cargos,  descienden  a  16  meses.   

          Evidente   surge,  entonces,  que  la  aplicación  retroactiva  del  principio  de  favorabilidad  no  iguala  a  las personas sino que establece una  ventaja  caprichosa  e  incluso  ilegal  (en  términos de la pena y su función  retributiva).   

          Nótese  que,  en  el ejemplo propuesto, la pena a la cual accede el  procesado  que  se  acoge a sentencia anticipada en la sistemática derogada (16  meses),  resulta  igual a los 16 meses que debe purgar el imputado que recibe el  máximo  beneficio  por  allanarse  a  cargos,  por manera que, huelga anotarlo,  ningún  provecho,  en  términos  reales, puede aspirar a recibir el primero de  los  mencionados,  simplemente  porque, examinada en todo su contexto la figura,  no  resulta  más  conveniente para él acceder a lo establecido en la novísima  normatividad.   

          Es  que,  precisamente,  la  imposibilidad ostensible de igualar las  condiciones  de  los  procesados  en ambos sistemas obedece a que necesariamente  debe   examinarse   el   tópico   de   la   favorabilidad   desde  una  óptica  contextualizada   que  tome  en  consideración  no  sólo  la  teleología  del  instituto  de  allanamiento  a cargos establecido en la Ley 906 de 2004, sino su  inescapable vinculación con lo dispuesto por la Ley 890 de 2004.   

          En  estas  condiciones,  si  de  verdad se tratase de hacer valer el  principio  de  favorabilidad  desde  una  postura  que en lugar de sacrificar el  principio  de igualdad que es su norte y finalidad, lo haga válido y operativo,  indispensablemente  habría  que incrementar la pena de la forma prevista por el  artículo  14  de  la  Ley 890 de 2004, para luego hacer la reducción permitida  por  el  artículo  351  de  la  Ley  906 de 2004, en los casos en los cuales la  persona  cuyo proceso se tramitó por lo dispuesto en la Ley 600 de 2000, aspire  a que se aplique en su beneficio el principio en cuestión.   

          Pero  ello,  como se habrá advertido, no representa en la práctica  ninguna  diferencia (en ambos casos, dentro del ejemplo ideal propuesto, la pena  será  de 16 meses), sencillamente porque no es necesario igualar, a través del  fenómeno  de la favorabilidad, lo que el legislador ya ha igualado.  Mucho  menos  si  bajo  ese prurito se termina discriminando de manera odiosa a quienes  vienen siendo juzgados dentro de la órbita del sistema acusatorio.   

          De los señores Magistrados,   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha    ut  supra.   

SALVAMENTO PARCIAL DE VOTO  

Respetuosamente  manifiesto  mi discrepancia  frontal  con  la  decisión  que por mínima mayoría se ha impuesto ahora en la  Sala,  al  entender  que  no  es  posible  aplicar  a hechos que se rigen por el  artículo  40  de  la  Ley 600 de 2000 el inciso 1° del artículo 351 de la Ley  906  de  2004,  de  donde  resulta  imperativo  para  los  servidores judiciales  incluido  el juez de casación, corregir los   -en mi sentir- desvíos  que  en  tal sentido se lleguen a producir sin que con ello se vulnere principio  constitucional  alguno  pues  semejantes  decisiones  no  pueden  ser  fuente de  derechos,   y   la   providencia   que  en  instancias  los  avale  no  se  puede  tolerar y, menos, dejar que  produzca efecto alguno.   

El principio nullum  crimen,  nulla  poena  sine  lege representa no solo un  límite  formal  al poder punitivo del Estado, sino también uno material que…  se  ciñe  a  castigar  las  perturbaciones  más   graves  de  la  vida en  sociedad…  el  de  legalidad  es  un principio de racionalización del castigo  que…  al  orden  de  las  infracciones,  según  la seriedad del mal que   causan,  ha  de  comprender  el de las sanciones, según su gravedad34.   

Las razones que me acolitan se expondrán de  acuerdo con la secuencia que sigue:   

     

I. Legitimación de las providencias judiciales.   

II. Interpretación en Derecho Penal.   

III. La pena, sus fines y la culpabilidad.   

IV. Sistema acusatorio: axiología y literalidad.   

V. Conclusiones. Y,   

VI. Refrendación de un criterio.     

                    

El  principio  de  legalidad  de  la  pena  es  una  garantía  para  el  procesado  y  también  para  la   sociedad, en el sentido de que el Estado  impondrá  las  que  hayan  sido  estatuidas previamente a la realización de la  conducta   punible,   dentro   de  los  límites  cuantitativos  y  cualitativos  consagrados  en  el  ordenamiento jurídico, sin que se puedan imponer penas por  arbitrio  o  imaginación   del  juez,  que  no  respeten  los  parámetros  legales,  con  quebranto  de  la  igualdad y de la seguridad jurídica”. Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, casación de 7 de marzo de 2007,  radicación  25.385,  M.  P.,  Dr.  Álvaro O. Pérez Pinzón. Agréguese que el  olvido,  el error o el delito judicial no pueden crear derechos, como tampoco la  negligencia  de  la  Fiscalía  o de la Procuraduría para recurrir, que a menudo  se  trae  como pretexto de convalidación de esos fraudes a la Constitución y a  la              Ley              válida35.   

I  

Legitimación   de   las   providencias  judiciales   

1.  La  mejor manera de legitimar un criterio jurídico es a través del  soporte  argumental  que  lo  acompañe.  Así  lo  reclama  además  el derecho  fundamental  de partes e intervinientes procesales a la  motivación de las  providencias,  el  garantismo  penal  dispuesto hoy no aberrantemente a favor de  una  sola  de  las  partes  sino  de  todas36   y   una  judicatura democrática, igualitaria e imparcial.   

Y  significa  la  fuente  de  seriedad  y  fortaleza  de  los planteamientos afincados en la axiología de la racionalidad,  de  la razonabilidad, de la proporcionalidad y de la ponderación, principios de  la  más  alta alcurnia  en cualquier variable del Estado de Derecho,   que   tiene   como   sus   valores   más  caros  la  dignidad  de  todos  los  seres  humanos  (para  el caso  involucrados  en  el proceso penal), la justicia, el orden justo, y, si se trata  del  Estado  Social  de  Derecho  (artículo  1 Const. Pol.), la igualdad, y que  tiene  entre  sus  fines,  el  de  facilitar  la  participación de todos   en   las   decisiones   que   los  afectan   (artículo  2  Const.  Pol.)  y,  si  es Estado Constitucional de  Derecho,  con  un  Poder  Judicial  rectorizado  por  una  “jurisprudencia  de  principios”  que  ha   llevado  en  Colombia  a que sus más altos jueces  penales    por    unanimidad    ponderen  (artículo 27 cpp-04):   

Hay  que  resaltar  la  necesidad de que la  judicatura  comprenda  el  papel  que  juegan  sus decisiones en el contexto del  sistema  penal  y  del  modelo  estatal  del  que  hace  parte  por  cuanto  las  democracias  constitucionales  son  fundamentalmente  Estados  de  Justicia;  es  decir,  Estados que en el contexto de una democracia participativa y pluralista,  llevan  a  una  nueva dimensión los contenidos de libertad política del Estado  Liberal  y  de  igualdad  del  Estado Social. Por ello, cada acto de los poderes  constituidos,   incluido   el   Poder   Judicial,  se  halla  vinculado  por  la  Justicia como valor superior  del  ordenamiento  jurídico, como principio constitucional, como derecho y aún  como  deber  estatal,  de  donde resulta imperioso que los jueces, al emitir sus  pronunciamientos,  no  se  preocupen  solo  por  la corrección jurídica de sus  decisiones  sino  también  por  la  necesidad de armonizar esa corrección  con   contenidos  materiales  de  Justicia  porque  de  lo   contrario,  la  judicatura  colombiana  no habría dado un solo paso desde las épocas del   más      rígido      formalismo      jurídico37.   

2.  La  práctica  del  Derecho consiste en  argumentar  porque,  como  dice Atienza, esta cualidad es la que mejor define lo  que  se entiende por buen jurista: capacidad para idear y manejar argumentos con  habilidad38.   

En  procesos  judiciales  en  los  que  se  resuelven  problemas  jurídicos  simples  o rutinarios es  común  que el esfuerzo argumentativo del juez se reduzca a hacer una inferencia  entre  el  supuesto  fáctico  y  la norma; pero en los denominados casos  difíciles, en los que la relación  entre  la  premisa  fáctica y la premisa normativa exige nuevas argumentaciones  que  pueden o no ser deductivas, la validación de la decisión requiere además  de    una    justificación    interna   (corrección   desde   la   perspectiva  lógica-deductiva),  de  una  justificación externa que impone ir más allá de  la      lógica      en     sentido     estricto39.   

3.  A  partir  de  los  desarrollos  teóricos de mitad del siglo pasado  (Viehweg,  Perelman  y  Toulmin)  y de las propuestas de autores contemporáneos  (MacCormick  y  Alexy),  se  ha  consolidado  lo  que  se  denomina teorías  de  la argumentación jurídica,  las que sirven, entre otras cosas, para señalar que   

Una   decisión   judicial  se  considera  justificada  cuando  el argumento cuya conclusión expresa el contenido de dicha  decisión  es  un  buen argumento o un argumento sólido. El argumento contenido  en  una sentencia judicial es sólido cuando el conjunto de sus premisas (normas  jurídicas   más   enunciados  fácticos)  es  aceptable  y  su  estructura  es  lógicamente                 correcta40.   

4.  Modernamente  las  decisiones  judiciales  se  profieren teniendo en  cuenta  criterios  de  razonabilidad y proporcionalidad que se edifican a partir  de  un  «test»,  entendido  como  una guía metodológica que se desarrolla en  tres   etapas  que  intentan  determinar:  (i)  La  existencia  de  un  objetivo  perseguido  a  través  de la norma. (ii) La validez de ese objetivo a la luz de  la  Constitución. Y, (iii) La razonabilidad de la relación de proporcionalidad  entre ese trato y el fin perseguido.   

5.  El  concepto  de razonabilidad puede ser aplicado satisfactoriamente  sólo  si  se concreta en otro más específico, el de «proporcionalidad», que  se     integra     con     tres    subcategorías41:  (i)  La adecuación de los  medios  escogidos  para la consecución del fin perseguido. (ii) La necesidad de  la  utilización  de  esos  medios para el logro del fin (esto es, que no exista  otro  medio  que  pueda  conducir  al  fin  y que sacrifique en menor medida los  principios  constitucionales  afectados  por el uso de esos medios). Y, (iii) La  proporcionalidad  en  sentido  estricto  entre  medios  y  fin, es decir, que el  principio  satisfecho  por  el  logro  de  este  fin  no  sacrifique  principios  constitucionalmente más importantes.   

La  proporcionalidad  sirve  como  punto de  apoyo   de   la   ponderación   (artículo   27   cpp-2004)   entre  principios  constitucionales:   cuando   dos  principios  entran  en  colisión,  porque  la  aplicación  de  uno  implica  la  reducción  del campo de aplicación de otro,  corresponde  al  juez determinar si esa reducción es proporcionada, a la luz de  la  importancia del principio afectado, y entonces se sopesan (ponderan) los dos  principios  que entran en colisión en el caso concreto para determinar cuál de  ellos  tiene  un  peso  mayor  en las circunstancias específicas, y, por tanto,  cuál de ellos prima la solución del caso.   

En  esta  variante  (de  prohibición  de  protección  deficiente),  el  principio  de  proporcionalidad  supone  también  interpretar  los derechos fundamentales de protección como principios y aceptar  que   de   ellos   se  deriva  la  pretensión  prima  facie  de  que el legislador los garantice en la mayor  medida    posible,   habida   cuenta   de   las   posibilidades   jurídicas   y  fácticas42.   

Estas  premisas teóricas de argumentación  han  permitido  monolíticamente  a  la  Sala  de  Casación  Penal,  al  buscar  proporcionalidad  entre  los derechos de los victimarios, afincados regularmente  en   el   carácter   absoluto  de  los  derechos  de  primera  generación  del  decimonónico  Estado  Liberal  de  Derecho,  y  los  derechos  de las víctimas  (Estado  Social  y  Democrático  de  Derecho,  y  del  Estado Constitucional de  Derecho  –garantismo de los  derechos de todos-), a ponderar que los últimos priman:   

No se debe desconocer que en situaciones de  sucesión  o  coexistencia  de  leyes ha de ser tenido en cuenta el principio de  favorabilidad,  sin  olvidar  que  en supuestos límite dicho postulado debe ser  ponderado  frente  a otros fines, valores y derechos fundamentales que lo pueden  hacer    ceder   y   producir   su   inaplicación43.    

II  

Interpretación en Derecho Penal  

Garantismo designa una filosofía política  que  impone  al  Derecho y al Estado  la carga de la justificación externa  conforme  a  los  bienes  y  a  los intereses cuya tutela y garantía constituye  precisamente  la  finalidad de ambos. En este último sentido el garantismo  presupone  la  doctrina  laica  de  superación  entre  Derecho  y  Moral, entre  validez  y  justicia, entre  punto  de  vista interno (jurídico) y punto de vista externo (ético-político)  en      la     valoración     del     ordenamiento,  es  decir,  entre  “ser”  y  “deber  ser” del  derecho44.   

1.  Es  la  operación  mediante la cual se  trata  de  asignar  sentido a los enunciados jurídicos, determinar su contenido  de  significado  y,  con  ello, su alcance normativo, proceso interpretativo que  parte  del  tenor  literal de los enunciados jurídicos que constituyen su   objeto,  criterio  gramatical-normativo  básico  en  derecho  penal  asociado a  consideraciones de seguridad jurídica y legitimidad democrática.   

La intención del legislador se consigna en  consideraciones  gramaticales  que  cuentan  mucho en la adscripción de sentido  del   enunciado  jurídico  porque  la  interpretación  es  principalmente  esa  asignación  en  el  marco  del  campo de sentido literal posible del mismo, que  además  tiene  que  ver  con  la integración del enunciado legal en un esquema  racional ordenado a la realización de una idea de Derecho.   

2.   La   doctrina  y  la  jurisprudencia  dominantes  señalan  que una interpretación constitucionalmente legítima debe  ser   respetuosa  del  tenor  literal  del  enunciado  y  mostrar  razonabilidad  axiológica;  adecuarse  a  la   orientación  material  de  la norma y ser  coherente  con  el  acervo  axial (plano político-jurídico), aspecto éste que  prima   en  aquellos  casos  de  fricción  con  la  literalidad  del  enunciado  jurídico-penal.  Vale  decir: no puede existir en la hermenéutica una absoluta  disolución  de  la  legalidad  positiva  pero  se  debe  buscar la racionalidad  teleológica,  cuál  es  el fin de la norma tanto como método para interpretar  su enunciado como resultado de la interpretación.   

3.  La  interpretación teleológica de los  enunciados   jurídico-penales   señala   que   ellos  tienen  un  telos,  que  se  puede  llamar  “fin de  regulación”,  “idea  fundamental”,  “razón  justificante”,  y que no  siempre  aparece  expreso  en el enunciado jurídico pero puede ser descubierto,  logrado lo cual,   

cabe  reconstruir  el sentido del enunciado  jurídico   en    términos   de   racionalidad   teleológica,  es  decir,  configurarlo   como   medio   para  el  cumplimiento  de  dicho  fin45.   

4.       Ese       telos  puede referirse a los fines que el  legislador  histórico  pretendía obtener con la promulgación del enunciado en  cuestión,  como también a fines independientes de esas pretensiones que pueden  aparecer  por  falta  de  coherencia  entre  el  dispositivo legal y los valores  superiores,   y   por   la   evolución   social.   Los  primeros  se  descubren  empíricamente   a  través  de  materiales  legislativos  y  del  contexto  histórico  en el que se promulgó el enunciado,  mientras que los segundos  (salidos   de   una   interpretación   teleológico-objetiva)  resultan  de  la  interacción   del   legislador,    que  inserta  el  texto  del  enunciado  jurídico-penal  en  un  contexto  comunicativo,  y  el  intérprete,  quien  se  aproxima  al  referido  enunciado  desde un punto de vista externo a éste (pero  “interno” al Derecho).   

Los          telos de los enunciados jurídico-penales  son  consideraciones  acerca  de las consecuencias fácticas que debe obtener el  Derecho  Penal,  así  como a los principios axiológicos por los que éste debe  regirse.     Vendrían     dados     por     la     específica     racionalidad  teleológico-valorativa  del  Derecho  Penal.  Y los elementos configuradores de  una  determinada  racionalidad  jurídica  se  manifiestan  en  la teoría de la  política  criminal  y, más en concreto, en la dogmática de la parte general y  de  la parte especial, como segmentos de la política criminal racionalizados de  modo          singularmente          intenso46.   

5. Así, pues, en la interpretación hay un  camino  progresivo  que  avanza  de la descripción legal al criterio valorativo  rector,  coincidiendo  la  mayoría  de  veces  la  interpretación  del sentido  literal  con  la  interpretación de sentido total, como adelante lo demostraré  en  el  asunto  de  la especie, aunque invirtiendo el orden de los factores para  una  mejor  pedagogía  de  la tesis que con fundamento toral en el Estado  de  Justicia, proclamo y defiendo:   

Evidenciaré  enseguida el estelar papel en  las  civilizaciones  de  hoy  del  Derecho Penal y uno de sus productos, la pena  legal  y  justa (iii), qué quiso el Constituyente (Acto Legislativo 03 de 2002)  y   el   Legislador  (Leyes  906  y  890  de  2004)  al  obedecer  el  estándar  internacional  (Reglas  de  Palma  y  Estatuto  de  Roma) de implantar una   sistemática  acusatoria  y cuál  fue la política criminal que se adoptó  (artículo  251-4 Const. Pol.) reflejada en las partes dogmática o procesalista  y procedimentalista del nuevo código (iv).      

III  

La    pena,    sus    fines    y    la  culpabilidad   

La pena y sus fines:  

1.   El  periplo  humano  dice  que  una  de  sus  mayores  preocupaciones  tiene  que  ver  con  la  determinación de los fines de la pena  porque  las  diferentes  posturas han debido enfrentar dos paradigmas: (i) el de  sancionar  porque  se  cometió un delito frente al de (ii) penar para que no se  cometa un nuevo delito.   

2.  La  teoría  ha  permitido  delimitar la existencia de unas teorías  absolutas  de la pena que corren en paralelo a las teorías relativas. Entre las  primeras  se  destaca  la  llamada teoría de la retribución, también conocida  como  teoría  de  la  justicia,  perspectiva  desde  la cual se entiende que el  delito  personifica  la  ejecución  de  un  mal  que debe ser compensado con la  realización  de  la justicia que se produce con la imposición de una pena. Dos  grandes  filósofos  desarrollaron  lo  que  se  ha  dado en llamar retribucionismo  ético (Kant: la pena es  un  imperativo  para  la realización de la justicia47)    y    el   retribucionismo  dialéctico  (Hegel:  la  pena   constituye   la   negación   del   delito:   se   trata   de  injusto  y  justicia).   

Las  teorías  relativas  se  desarrollan  teniendo  en  cuenta el fin preventivo de la pena. La prevención especial, cuyo  centro  de  atención  es el delincuente, a través de la pena busca mejorarlo o  resocializarlo  -también  se  ha  dicho  disuadirlo o inoculizarlo- para que no  cometa delitos en el futuro.   

La  prevención  general,  que concentra su  mensaje  en  el  conglomerado  social,  busca  que la imposición de una pena se  convierta  en  medio  de comunicación o advertencia para que los miembros de la  sociedad  eviten  la comisión de delitos. La tendencia preventiva negativa hace  de  la  pena  un  mecanismo  de  coacción  psicológica  o  intimidatorio. Y la  prevención  positiva,  o  integradora,  se  construye a partir de relaciones de  confianza  y  fidelidad  al  derecho  que  conducen  a  la  aceptación  de  las  consecuencias cuando se comete un delito.   

3.  Sin  embargo,  y  dado  el  cúmulo  de críticas que no superan las  mencionadas    teorías,    muchos   autores   han   desarrollado   teorías   de   la  unión,  mixtas,            unificadoras,   en   la  pretensión  de  fundamentar  sólidamente  una  teoría  de  los fines de la pena a partir de un  sincretismo epistemológico.   

4.  Adoptando  un criterio moderno y acorde con lo desarrollos teóricos  contemporáneos,  el  legislador colombiano de 2000 determinó que la pena tiene  fines   

de   prevención   general,  retribución  justa, prevención especial,  reinserción  social  y  protección  al  condenado48,   

pero aclaró que  

La  prevención  especial y la reinserción  social   operan   en   el   momento   de   la   ejecución   de   la   pena   de  prisión.   

Esta  fórmula  legal  introduce  entre los  fines  de  la  pena  todos  los criterios que han sido desarrollados, procurando  responder  la  pregunta  de  si  se  pena  porque se delinquió o para que no se  delinca.   

La  Constitución Política…establece una  verdadera  política  y  filosofía  del  derecho  penal  y  de  las  penas  que  condiciona  los  fines,  objetivos y clases de penas que pueden imponerse por el  legislador  penal:  las  penas  deben  ser  humanas,  dignificantes,  limitadas,  posibles          de          cumplir,         edificantes,         determinadas    y    conocidas,   deben  rehabilitar    y    socializar    al    condenado49.   

5.  Hoy  en  día  no es posible administrar con criterios absolutos los  fines  de  la  pena  porque  a  la  luz  de  los principios signados en la Carta  Política    y    los    tratados   internacionales   sería   inconstitucional,  pues   

la  pena  es  una  forma  de  intervención  estatal  radical  y  como  tal  necesita  un fundamento legitimador que no puede  consistir  en ideas metafísicas, sino sólo en la necesidad y conveniencia para  la  realización  de  tareas  estatales  (en  el caso concreto: el control de la  criminalidad)50.   

Si bien modernamente se ha pretendido por un  sector  mayoritario  de  la  doctrina dar respuesta a los fines de la pena desde  una  perspectiva  preventivo  general,  no se puede perder de vista que la pena,  por contener un reproche personal al autor del delito,   

No  puede justificarse frente a éste sólo  con  su  necesidad  preventiva,  sino que también tiene que poder ser entendida  por    él    como   merecida   (lo   que)   sucede   cuando   es   justa,  esto  es,  cuando se vincula a la  culpabilidad  del  autor  y se limita por el grado de la misma… Dicho en forma  simple:  la  pena  debe  permanecer  bajo  la  medida de la culpabilidad incluso  aunque   tenga   sentido   desde   un   punto  de  vista  preventivo51.   

Culpabilidad y pena:  

1.  En  la  medida  en  que  se  ha  propugnado por un derecho penal que  permita  hacer  responsable  a aquellos individuos por lo que han hecho y no por  lo  que  son,  porque  la  culpabilidad  dejó  de  ser un rasgo intrínseco del  sujeto,  se  ha  permitido entender la culpabilidad como cualidad que se predica  jurídicamente   de   una   persona   en  relación  con  la  conducta  ilícita  ejecutada.   

2.   El   «grado»   o  «cantidad»  de  culpabilidad  es  la  medida  de  la pena en tanto aquella determina el monto de  esta.  Al  quedar fijada la culpabilidad del autor se está predicando del mismo  su     responsabilidad,     de    donde    se    desprende    el    quantum  de  pena  a  imponer  al  sujeto  particular   y   concreto   por  su  calidad  de  responsable  de  una  conducta  delictiva.   

3.  Si     la     culpabilidad    se    entiende    como    capacidad    normal    y   suficiente   de   motivación   por   la  norma no hay lugar a discutir que, en la medida en que  el  llamado  de  la norma es  recibido  por  el sujeto, dicho mensaje lo motivará a proceder en los términos  dispuestos por el ordenamiento jurídico.   

4.  De  lo  expuesto  se  sigue  que  solamente  podrá  ser tenida como  pena   justa  aquella  que  ponderada  a  partir  de  la  gravedad  del  hecho  frente a la culpabilidad del  responsable  de  la  acción,  está  en  capacidad  de  vigorizar  la confianza  colectiva  en  sus  instituciones  y la conciencia jurídica de la comunidad. La  pena  justa  no  puede  pasar por alto que al Estado52,   

además  de garantizarles la protección de  los  derechos  humanos  mediante  el ejercicio de un recurso en los términos de  los  artículos  8  y  25  de  la  Convención  Americana  de  Derechos  Humanos  (le)   

[4.5.3.]  …  corresponde  el  correlativo  deber  de  juzgar y sancionar  las  violaciones  de tales derechos. Este deber puede ser llamado obligación de  procesamiento    y   sanción   judicial  de los responsables de atentados en contra de los derechos humanos  internacionalmente protegidos.   

(…)  

4.5.5.  El  deber  estatal  de  investigar,  procesar    y   sancionar  judicialmente   a   los   autores   de   graves  atropellos  contra  el  Derecho  Internacional  de  los  Derechos Humanos no queda cumplido por el sólo hecho de  adelantar  el  proceso  respectivo,  sino  que  exige  que  este  se surta en un  “plazo  razonable”. De otra manera no se satisface el derecho de la víctima  o  sus  familiares  a  saber  la  verdad  de lo sucedido y a que se sancione     a     los     eventuales  responsables.   

(…)  

4.5.10.  El derecho a la verdad implica que  en  cabeza  de  las  víctimas  existe un derecho a conocer lo sucedido, a saber  quiénes  fueron  los  agentes  del  daño,  a  que  los  hechos  se investiguen  seriamente  y  se  sancionen  por el Estado, y a que se prevenga la impunidad.   

(…) la Corte aprecia que, dentro de las  principales  conclusiones  que  se extraen del “Conjunto de Principios para la  protección  y la promoción de los derechos humanos mediante la lucha contra la  impunidad”  en su última  actualización,  cabe  mencionar  las siguientes, de especial relevancia para el  estudio  de  constitucionalidad  que  adelanta:  (i)  durante  los  procesos  de  transición  hacia  la  paz,  como el que adelanta Colombia, a las víctimas les  asisten  tres categorías de derechos: a) el derecho a saber, b) el derecho a la  justicia  y  c)  el  derecho  a  la reparación… (iv) el derecho a la justicia  implica  que  toda  víctima  tenga  la  posibilidad de hacer valer sus derechos  beneficiándose  de un recurso justo y eficaz, principalmente para conseguir que  su  agresor sea juzgado, obteniendo su reparación; (v) al derecho a la justicia  corresponde  el  deber  estatal  de  investigar las violaciones, perseguir a sus  autores    y,    si    su   culpabilidad     es     establecida,     de     asegurar     su     sanción.   

5.  Pero  la  pena  no  solamente  tiene que ser justa sino que debe ser  respetuosa  de  la  legalidad  existente;  se  debe  soportar  en los axiomas de  efectividad53  («facticidad»)  y  normatividad  («validez»)  del  derecho, de  donde  su  legitimidad  dependerá  del  respeto  a los límites que disponga el  orden   jurídico   en  tanto  expresión  de  una  razonable  determinación  y  concreción    de   los   derechos   fundamentales54,  que en el proceso penal se  predican        con       igual       énfasis55  tanto a favor del procesado  como         de         las         víctimas56 y la sociedad.   

6.  Las  penas  establecidas  en  la legislación penal han superado los  exámenes        de        constitucionalidad57  y  por  lo  tanto  resultan  ajustadas  al principio de proporcionalidad  para sancionar al amparo de sus extremos punitivos los ataques que  puedan  recibir  los  bienes  jurídicos  protegidos,  de  donde se tiene que la  imposición  de  una  sanción  que desborde el tope máximo, se tace por debajo  del  límite  mínimo  o  por  vía  de  alguna de las instituciones del derecho  premial  conlleve  una  rebaja  de  pena más allá de la autorizada legalmente,  debe  ser  corregida,  pues  desde  la  Constitución se reclama imperativamente que los poderes públicos en  general,  y  la  rama judicial en particular, desplieguen su actividad de manera  encaminada  a  conseguir  “la  efectividad  de  los  valores  superiores de la  justicia  material  y  de  la seguridad jurídica”58:   

En  la  vida  en  comunidad  y de cara a la  organización  estatal,  a  la  par  de  los derechos esenciales de vida-libertad-igualdad,  cobra  especial  relieve  para  hacer  real  y  efectivo  el  valor  de dignidad, el derecho   a   la   seguridad,  y  dentro  de  este el de seguridad  jurídica…  Así  es como el  derecho a la seguridad viene  a  cobrar  especial  relevancia  en el orden a la protección de la dignidad, la  vida,  la  libertad  y  la  igualdad.  Sin  seguridad  material  y  jurídica  de  nada sirve la formulación  abstracta  de  derechos, el establecimiento de un Estado de Derecho se tornaría  inane  e  insignificante, pues la incertidumbre, la inseguridad, la variabilidad  de  las  situaciones  y por tanto la injusticia, cundirían, anegándose la vida  social   y  la  justicia  en  un  subjetivismo  peligroso  que  propiciaría  la  inconformidad, la violencia y la guerra civil.   

7.  La   pena  que  legalmente  se  consagra  como  consecuencia  de  un  comportamiento  punible  está  ajustada dentro de unos límites que le permiten  caracterizarla  como necesaria, proporcional y razonable (artículo 3° cp) y en  tal  medida  con  ella  se  busca  obtener  como  fines  la prevención general,  retribución  justa,  prevención especial, reinserción social y protección al  condenado (artículo 4° cp).   

La  clásica  pauta “a cada uno lo que le  corresponde”  se  interpreta  comúnmente  como  una  apelación  al mérito o  demérito   personal.  Quien  la hace, la paga. A cada uno lo que ha ganado  limpiamente.  La   justicia  reparte  premios  y  castigos  atendiendo a la  relación  entre  la  causa  y su agente. El individuo se responsabiliza de  sí  mismo ante sí mismo y, sobre todo, ante los demás. El sistema judicial se  basa,      desde     siempre,     en     dicha     concepción     de    la  responsabilidad.59   

8.  La  pena  es  un  mal  necesario  que,  parodiando  a  Radbruch,  se  debe utilizar racionalmente hasta que la humanidad  encuentre  algo  mejor  para afrontar las conductas desviadas. La reparación no  tiene  el  poder  de  extinguirla  sino  en  contados  casos.  Pervive   la  retribución  justa  (artículo  4  cpp).  Y  el  monto  de  la  pena  debe  ser  proporcional   a   la   culpabilidad   del  autor,  cómplice  o  interviniente,  constituyéndose  en  referente  indiscutible  para la reparación de perjuicios  así  sea  en  sede  de  preacuerdos y negociaciones (artículos 34860,  34961      y     351     inc.     último62  cpp),  a  considerar  en el  “arbitrio    ponderado”    que    otorga    el   normativo   “hasta”  (artículos  288.3  y 351 inc. 1  cpp),   “acuerdo  que  se  consignará   en  el  escrito  de acusación”, conforme a texto literal y  axiológicamente  limpio  ubicado  en  el  extremo  posterior  del  juicio  de  identidad que se realiza entre  la  antigua  sentencia  anticipada y la primera “modalidad” de preacuerdos y  negociaciones  que  tifipica   el  artículo  351  con  el   nombre de  “aceptación de los cargos”.   

Después de que las extensiones legales del  principio   de   oportunidad   y   las   distintas   medidas   aceleratorias  no  resultaran   suficientes,  la  práctica judicial alemana ha encontrado una  solución  radical  propia,  que se  mantuvo durante muchos años encerrada  en  torres de silencio y que recientemente en los últimos años ha surgido a la  luz  de  la  opinión  pública.  Justo  aquí  es donde entran a jugar un papel  decisivo  los acuerdos informales en el proceso penal, que van a reducir el alto  número  de  causas,  los problemas de la práctica de la prueba en los procesos  muy  voluminosos  y  el  cuello  de  botella  de  la  acumulación  de  la vista  pública63.   

Y  no  creo que imponiendo penas no legales  ni   justas  (artículos 3 y 4 cp) se construya tejido social, antes por el  contrario,     la     impunidad     –así   sea  parcial-  es  de  los  principales  combustibles  de  la  criminalidad,  además  que  está fuera de lugar el argumento económico de los  costos  carcelarios por manutención de presos como pretexto serio para prohijar  exenciones,  aunque  sean  fragmentarias, de pena concediendo rebajas que no van  para  generar  verdaderos  jubileos criminales en un país acosado por felonías  de toda laya.   

   

La  condena  condicional  degeneró  en una  especie  de  ius  primae  crimine  o derecho a delinquir por primera vez, con lo  cual  se  incrementó  la  criminalidad  y  se  llegó  a  un  verdadero jubileo  criminal,  a  modo  de  indulto  o de perdón predeterminado, siendo una latente  invitación     legal     a    la    delincuencia64.   

IV  

Sistema    acusatorio:   axiología   y  literalidad   

1.  El  marco  constitucional  –Acto  Legislativo  03  de  2002- y sus  desarrollos  legislativos  -especialmente las leyes 906 y 890 de 2004- dicen que  con   la   colosal   empresa  de  la  implantación  del  “sistema  acusatorio  colombiano”,  se  buscó modernizar la vida jurídica del país, luchar contra  la  criminalidad  y  beneficiar  a  la  sociedad con justicia pronta y cumplida;  ejercer   la  justicia  penal  con  el  convergente  respeto  por  los  derechos  fundamentales  de  imputados,  comunidad y víctima; activar una sistemática de  partes  en  juicio  oral  y  público, que propicia control social, de cara a un  juez  independiente, autónomo e imparcial; y, en fin, trazar las líneas de una  política  criminal, que se adoptó como política de Estado, de lucha contra la  impunidad con fortalecimiento  del  marco  de  derechos  y  garantías  de  procesados  y víctimas, y justicia  restaurativa65.   

          Bien  se  ha  dicho  que  esta reforma tan solo incidió en la parte  orgánica  de  la  Carta toda vez que su parte dogmática permaneció inalterada  (preámbulo  y  artículos  1,  2,  6,  15, 28, 29, 30, 31 y 32) aunque, para la  temática  que nos ocupa, se ha de resaltar que el derecho fundamental al debido  proceso  público  (artículo  29  Const.  Pol.) está atravesado  más que  nunca  por  el  tipo de Estado  que profesa Colombia (Social y Democrático  de  Derecho,  artículo  1  Const.  Pol.) y sus fines (artículo 2 Const. Pol.),  cuyo  principal  valor  es el de la igualdad (artículo 13 Const. Pol.), además  que  los  derechos  de  las  víctimas,  protegidos  de antaño por el bloque de  constitucionalidad  (artículos  93  y  94  Const. Pol.), ganaron un refuerzo de  protección  por  la  múltiple  referencia  que  de ellos se hace en los nuevos  artículos  250  y  251  de  la  Carta,  y en las 89 citas que de ellas ocupa el  cpp-04.       

            2.    La   Corte  Constitucional  al  hacer una especie de balance de las “modificaciones” que  introdujo  el  Acto  Legislativo  03  de  2002  en  el  sistema  procesal penal,  encontró  : (i) la aplicación del principio “nemo iudex sine actore”; (ii)  se  mantuvo  el  carácter  judicial del órgano de investigación y acusación;  (iii)  se  creó  la figura del juez de control de garantías; (iv) se consagró  el  principio  de  oportunidad;  (v)  se dispuso el carácter excepcional de las  capturas  realizadas por la Fiscalía General de la Nación, autoridad que, a su  vez,  preservó  la  competencia para imponer medidas restrictivas del derecho a  la  intimidad,  pero bajo control judicial posterior66;  y, (vi) se acogieron en el  sistema   acusatorio   colombiano   fórmulas   mixtas  que  combinan  elementos  estructurales    de    las   subespecies   anglonorteamericano   y   continental  europeo67,  alentadas  por  igual por la política criminal del acuerdo o del  consenso, o justicia consensuada.    

El  procedimiento  de  la  plea  bargaining  constituye,   utilizando   palabras   de   Amodio,  “una  verdadera  y  propia  exaltación  de  la  autonomía  de  las  partes”.  La  negociación  entre el  prosecutor   y  el imputado se ha convertido, estadísticamente, en el modo  más  habitual  de  definir los procesos penales como alternativa al sofisticado  mecanismo    impuesto    por    el    jury   trial68.   

3. La Corte Suprema de Justicia pioneramente  sentenció que:   

las normas que se  dictaron  para  la  dinámica  del   sistema   acusatorio   colombiano,   son  susceptibles  de  aplicarse  por  favorabilidad a casos que se  encuentren   gobernados   por   el  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000,  a   condición   de   que  no    se   refieran   a  instituciones  propias  del  nuevo  modelo  procesal  y  de  que  los referentes de  hecho  en  los  dos  procedimientos  sean idénticos.   

No  se  puede  eludir  la  aplicación  del principio, por ejemplo, a situaciones en las cuales  la  ley  906  de  2004  no  contempla  privación  de la libertad en cierto caso  mientras  que la ley 600 sí, o en eventualidades en las que la primera consagra  bajo  determinadas  condiciones  la  libertad  provisional y en presencia de las  mismas la segunda la niega.   

En  el  caso  que  resuelve  la Corte, al  establecerse  que  la conducta punible de prevaricato por acción imputada tiene  prevista  pena  de  prisión  de  3  a  8  años y que el artículo 313-2   de   la   ley   906  de  2004  fijó como requisito de  procedencia  de  la detención preventiva en los delitos investigables de oficio  que  el  mínimo  de la pena prevista en la respectiva disposición sea o exceda  de  4  años,  es  claro  que ésta norma resulta aplicable al caso examinado en  virtud  del  principio  de  favorabilidad  penal  y  que,  por  lo  tanto,  debe  accederse  a  la petición inicial de la defensa”69.   

4.   El  Tribunal  Constitucional  en  la  sentencia  C-592/05,  luego  de  hacer varios reenvíos y acoger el contenido de  algunas  providencias  de la Sala de Casación Penal70,    señaló    que    la  favorabilidad     era    aplicable    a supuestos de hecho de esa estirpe   

en  uno  -el de la Ley 600 de 2000- y otro  -el  sistema  de la Ley 906 de 2004- pero que reciben  en  cada  uno  soluciones  de  derecho diferentes. Mal  podría  en efecto pretenderse por ejemplo que se dé aplicación, en virtud del  principio  de  favorabilidad, a las normas que sobre principio de oportunidad se  establecen  en  la  Ley  906  de  2004  a hechos acaecidos con anterioridad a la  entrada  en  vigencia  de  dicha ley, pues ese es un elemento esencial del nuevo  sistema  que  no encuentra su equivalente en el sistema anterior regulado por la  Ley  600  de  2000  y  por  tanto  no  se  dan en relación con este último los  presupuestos  lógicos  para  la  aplicación  del  principio  de  favorabilidad  (Negrillas agregadas).   

Agregó que  

la  interpretación  que  se hace por esas  instituciones  (la  Fiscalía  General de la Nación y Ministerio del Interior y  de  Justicia)  tanto  del artículo 5° del Acto Legislativo 03 de 2002 como del  artículo  6°  de  la  Ley  906  de  2004 excluye en cualquier circunstancia la  aplicación  de  las  normas  de  la  Ley  906  de 2004 a hechos anteriores a su  entrada  en  vigencia  de  acuerdo  con  la  gradualidad   que  en ellas se  establece.   Aún si como lo hace el Vicefiscal General de la Nación no se  descarte   que  el  principio  de  favorabilidad  como  principio  rector  pueda  aplicarse  en  casos  concretos  que  puedan  llegar  a  presentarse  durante la  vigencia de la Ley 906 de 2004.   

Y concluyó:  

Así  las  cosas,  dado que no queda   duda  sobre  la aplicabilidad del principio de favorabilidad penal, la  Corte -además de acoger, por ser claramente respetuosa de las  garantías  constitucionales,  la  interpretación adoptada por la Sala Penal de  la  Corte Suprema de Justicia como máximo tribunal de  la  Jurisdicción  ordinaria  en  este  tema-,  declarará  la exequibilidad del  tercer  inciso  del  artículo 6° de la Ley 906 de 2004 por el cargo formulado,  pues  se  reitera  la única interpretación posible del mismo en el marco de la  Constitución  es  la  que   se  desprende   de la conjugación de los  principios  de legalidad, irretroactividad de la ley y favorabilidad penal a que  se  ha  hecho  extensa  referencia, lo que pone presente que en manera alguna se  pueda    desconocer   la   aplicación   del  principio  de  favorabilidad,  contrariamente a lo que afirma el actor.   

Es  la  llamada  “teoría  del  derecho  viviente”,  que  la Corte Constitucional aplica apenas esporádicamente.   Pero  ese Alto Tribunal, no obstante el artículo 243 Const. Pol., referido a la  “cosa  juzgada  constitucional”,  varió a través de numerosas providencias  dictadas  en sede de revisión de tutelas,  como sonora pero acríticamente  se  relaciona  en  la  providencia  triunfante, ese inicial criterio al reclamar  para  la  procedencia  de la favorabilidad  en esa sucesión y coexistencia  de  procedimientos  y  de  leyes,  no  ya que las figuras fueran idénticas sino  similares,   cambiando   las   reglas   del   juego71.   

Rónald  Dworkin analiza cómo a través de  frases  y  giros  de  lenguaje  se  fuerza  la  interpretación  jurídica hasta  límites  insospechados;  y  Beccaría escribió que “la arbitrariedad se  instala  cuando  el castigo no depende de la voz constante y fija de la ley sino  de  la errabunda inestabilidad de las interpretaciones”, que Ferrajoli señala  como  característica de los modelos autoritarios y de derecho penal máximo que  pretenden liberar al juez del principio de estricta legalidad.   

5. El artículo 4° del Acto Legislativo 03  de  2002  ordenó  crear una Comisión para que “presente a consideración del  Congreso  de  la  República… los proyectos de la ley pertinentes para adoptar  el  nuevo  sistema…”,  entre  los  cuales se incluyó una reforma al Código  Penal para aumento de penas con esta motivación:   

“Atendiendo   los   fundamentos   del  sistema   acusatorio,  que  prevé  los  mecanismos  de  negociación  y  preacuerdos,  en  claro  beneficio  para  la  administración  de  justicia y los acusados, se  modificaron       las       penas…”.   

En  la  Ponencia para primer debate se dijo  que   

“La razón que sustenta tales incrementos  está  ligada  con  la  adopción  de  un  sistema de  rebaja  de  penas  (materia regulada en el Código de  Procedimiento   Penal)  que  surge  como  resultado  de  la  implementación  de  mecanismos         de         ‘colaboración’  con  la  justicia  que  permitan  el  desarrollo  eficaz  de  las  investigaciones  en  contra  de  grupos  de  delincuencia organizada y, al mismo  tiempo,   aseguren   la   imposición  de  sanciones  proporcionales  a la naturaleza de los delitos que se  castigan”.   

El Senador Rojas dijo:  

Yo  tenía  la  misma  preocupación  del  Senador  Martínez  en  relación con las penas… pero aquí lo que habría que  decir  es  que  en el Código de Procedimiento Penal seguramente tiene que ir un  sistema  de  graduación  de  las  penas  por  lo que sustancialmente cambió la  función  de  la  Fiscalía  que  ahora no practica pruebas, que ahora no cumple  funciones  judiciales  y  que  en  consecuencia  va a significar que haya muchas  posibilidades     de     negociación,  de acuerdos  entre    los   sujetos   procesales   con   miras   a   obtener   un   resultado  aceptable.   

El     Senador     Rivera     Salazar  expresó:   

El  sistema  acusatorio  es  un  sistema  básicamente   de  rebaja  de  penas  y  de  otorgamiento  de  beneficios  y  de  negociación   y   de  acuerdos   entre   la  Fiscalía  y  la  defensa…  el  sistema  está  concebido de esa manera, es un  sistema     de     rebaja    de    penas,    un    sistema    de    preacuerdos,     de     negociación    entre   Fiscalía   y  defensa.   

6.  Aciertan  en  sus  apreciaciones  los  Legisladores  porque  la  Comisión Constitucional Redactora había acogido como  criterio  rector  básico  de  la  nueva sistemática, la política criminal del  consenso    o    justicia    consensuada  que  superaba  con   creces  la  filosofía  del sometimiento  recogida  en el artículo 40  Ley  600  de  2000  con  descuento fijo, y que encuentra respaldo en los valores  justicia  y  orden  justo,  en  los   principios  de  la  dignidad humana y  democracia  participativa y pluralista, y en el fin del Estado Social de Derecho  de  facilitar  la  participación  de  todos  en las decisiones que los afectan,  consultando       la       doctrina       globalizada      del      pattegiamiento  italiano, el asprach    alemán,   el   plea   bargaining   anglosajón   y   la  conformidad  española72.   Y   se   estableció  un  descuento  a  ponderar  (“hasta”),  con   

Una  relación   de política criminal  global  (sistémica) entre el descuento punitivo y el incremento generalizado de  penas  (leyes  906 y 890/04): “Un ordenamiento jurídico es un sistema en cuyo  seno  las  normas carecen de existencia singular pues sólo adquieren sentido en  función            del            todo”73.   

7.    La    Corte   Suprema74 insistió en  el  criterio  que  el  allanamiento  o  aceptación  de  cargos no es igual a la  sentencia   anticipada,   pues  en  aquél  instituto  se  presenta  una  activa  participación   del  fiscal  y  del  imputado  que  incluye  las  consecuencias  punitivas  derivadas  de  lo  aceptado,  al  punto  que  la ley obliga al juez a  respetar  los  acuerdos,  aspectos  que  no eran contemplados en la legislación  anterior   toda   vez   que   en   ella   no   se   previó   ningún   tipo  de  negociación75. Se agregó que   

la  comparación  institucional  de las dos  figuras  en  estudio,  es  decir,  la  sentencia anticipada del sistema procesal  anterior  y  la aceptación de cargos o de imputación actualmente reglada en la  Ley  906  de  2004 no son iguales, toda vez que pertenecen a sistemas procesales  de   enjuiciamiento   contrapuestos,   conclusión   lógica   y  jurídica  que  necesariamente  conlleva  a  excluir  la pretendida aplicación del principio de  favorabilidad  que reclama la Procuraduría Delegada, pues si bien es cierto que  la   Sala   ha   admitido   la   operancia  de  la  favorabilidad  frente  a  la  “coexistencia”  de legislaciones, también  lo  es  que   ella   se  verifica  siempre  y  cuando  los   institutos  partan  de los mismos supuestos de hecho, evento que en este caso no  ocurre.   

Y se puntualizó que  

aducir  que  los dos institutos son iguales  por  cuanto  inciden en el campo de la punibilidad, es una afirmación sesgada y  genérica  que  no consulta tanto la estructura de cada sistema como los motivos  por  los cuales fueron incorporados a cada legislación, resaltándose que en la  Ley  906  de  2004  impera  como  principio la justicia consensual propia de los  sistemas de corte acusatorio.   

En   otra   providencia   se   recalcó  que   

la aplicación de la favorabilidad respecto  de  determinadas  normas  contenidas  en la Ley 906 a casos regulados por la Ley  600,  depende  de  la equivalencia de los respectivos institutos, la cual, desde  ya  se  advierte,  no  se  consolida  en  los  casos  de  la  aceptación  de la  imputación  en la audiencia de su formulación prevista en los artículos 293 y  351  de  la  primera  normatividad,  y  la  sentencia  anticipada regulada en el  artículo  40  de la segunda, pues además de que fueron moldeados con arreglo a  esquemas   constitucionales   diferentes,   configuran   institutos   procesales  sostenidos   en  bases  filosóficas  distintas:  aquél  en  el  paradigma  del  consenso,    ésta    en   el   del   sometimiento76.   

V  

Conclusiones  

          1.  Las dos Cortes  nacionales  en  ejercicio  puro de sus funciones constitucionales de unificar la  jurisprudencia  nacional  al  hilo  de  los mandatos superiores y de definir los  alcances  de  los  derechos  fundamentales  en sentencias de constitucionalidad,  dijeron  que  en  el  tránsito  y coexistencia de los códigos de procedimiento  penal    de    2000    y    2004    era   viable   el   principio   –derecho  de favorabilidad a condición  de:  (i)  no ser la figura correspondiente estructural de la nueva sistemática,  vr.  gr.,  el  principio de oportunidad, no obstante los vestigios que existían  en  la  antigua  codificación;  y  (ii)  ser  idénticas  las  dos figuras, por  ejemplo:   la   definición   de  situación  jurídica.  De  suerte  que:    

         

2.  La  doctrina  comparada,  de  donde  el  legislador   nacional  tomó  la figura, puntualiza: (i) El instituto de la  conformidad  o de los acuerdos, es claro exponente del principio de oportunidad;  y    (ii)    la    conformidad    es    un   instituto   típico   del   sistema  acusatorio77.   

         3.  La política criminal del consenso que alentó al Constituyente y Legislador  históricos  de  2002  y  2004,  es distinta a la del sometimiento que rigió la  sentencia      anticipada      antigua      (2000),     aquella     –la  del  acuerdo- recogida en los  artículos  8-d  y 10- de Principios y Garantías- y 354 -reglas comunes-, entre  otros.   

4.  Este  acervo  axial  y  de  política  criminal  distinto,  llevaron  a  que  el  texto  de  las normas positivas fuera  claramente diferente (artículo 27 ccc):   

i)  “Sentencia  Anticipada. A partir de la diligencia de indagatoria y  hasta   antes  de  que  quede  ejecutoriada  la  resolución  de  cierre  de  la  investigación,  el  procesado  podrá solicitar, por una sola vez, que se dicte  sentencia  anticipada…  El juez dosificará la pena que corresponda y sobre el  monto  que  determine  hará una disminución de una tercera (1/3) parte de ella  por  razón  de  haber  aceptado  el procesado su responsabilidad…78.   

ii)  La  aceptación   de  los  cargos  determinados  en  la  audiencia  de formulación de la imputación, comporta una  rebaja  hasta de la mitad de la pena imponible, acuerdo que se consignará en el  escrito            de           acusación79.   

5.  Por  esas  razones,  la  aparente mayor  rebaja  que  contempla  la  última  preceptiva  no  se  puede aplicar por   favorabilidad  porque  es  “ilegal” de acuerdo con la propia interpretación  de  la  Corte  Constitucional en decisión  que hizo tránsito a  cosa  juzgada  (sentencia C-592/05), toda vez que la especie justicia consensuada y el  género  principio  de  oportunidad, son características del sistema acusatorio  global   y  colombiano  que   histórica  y   axiológicamente  marcan  diferencias     radicales     con     el     Ancien  Regimen  del  procesalismo  penal  nacional.  Y no son  instituciones  idénticas,  talvez  lejanamente parecidas como dos primas de una  misma familia.   

Y  si se hace un acertado uso del factor de  ponderación  “hasta” y no se aplica automática e irracionalmente el 50% de  rebaja,  no  siempre  la  rebaja  fija  de  la  tercera  parte  consagrada en el  artículo  40 Ley 600/00 sería inferior a aquella, además qué tal si se acoge  el  criterio  “garantista” según el cual la Ley 890/04, que en su artículo  14  sólo aumenta penas, rige desde siempre y en todo el país, que –concedo-  tiene  su  lógica  desde el  seno  de la legislación que fijó posibilidades (“hasta”) de topes altos de  descuentos  para alentar al procesado a  buscar acuerdos que agilizaran los  procedimientos,  pero  con el simultáneo incremento punitivo de todos los tipos  penales  para que no hubiera impunidad, criterio rector de la política criminal  adoptada  para  la creación de la nueva sistemática procesal penal,  como  se resaltó atrás por repetida vez.   

VI  

Refrendación de un criterio  

1.  Mirando   procedimentalmente  la  figura  se encuentra fácilmente que al detallarse el trámite  de  la  audiencia  de la formulación de la imputación, se le señala al fiscal  entre  sus  deberes  el de expresar oralmente (art. 288.3) la “posibilidad del  investigado   de  allanarse   a  la  imputación  y  a  obtener  rebaja  de  pena   de  conformidad  con  el  artículo  351”,  que  puede suceder por  iniciativa   propia  o  por  acuerdo  con  la fiscalía (art. 293) pero que  siempre     requerirá    de    acuerdo  respecto  del  “hasta”  de  la  aminoración  de  pena pues no  siempre  será  el  50%,  como sin fundamentación se viene aplicando en algunas  instancias   tal   vez   para   aligerar  presupuestos  carcelarios  y   de  congestión  judicial.  Es  que  la aceptación de la imputación  a que se  refieren  los  artículos  288.3 y 293 –se reitera-,   

comporta    una   rebaja   hasta  de  la mitad de la pena imposible,  acuerdo  que se consignará  en el escrito de acusación.   

   

     

2.  Desde          el          ámbito          del         procesalismo,    se    pregunta:    (i)  ¿Será   que  cuando  el  imputado  acepta  los  cargos   pero no por  acuerdo    sino    por   allanamiento,   sí   puede  retractarse  –art.  293  inc. 2 cpp-?. (ii) ¿Será que si  la aceptación de  cargos    sucede    por    allanamiento   y   no   por   acuerdo,   serán   existentes   las   realizadas   sin   la   existencia  del  defensor  -art. 354 cpp-?. (iii)) ¿Será que sí  es   posible   utilizar   en   contra   del    imputado   las  conversaciones  tendientes  a  lograr  un  allanamiento  como  no  es posible hacerlo con los que buscan “un acuerdo para  la  declaración  de  responsabilidad  en  cualquiera de sus formas”, art. 8-d  cpp?.  Y,  (iv)  d)  ¿Será que puede el juez autorizar los acuerdos  pero  no   los   allanamientos  –arts.  10  inc.  4 y 293  inc. 2 cpp?.   

Las    respuestas    dicen    que    la  “aceptación   de la imputación”,  bien por iniciativa propia del  imputado  o  por  acuerdo  con  la  fiscalía,  es  figura  global  –política criminal- de la justicia     consensuada    que,    como  primera modalidad, registra  el  art. 351 inciso inicial en texto claro   que  reclama  “acuerdo”  para  fijar  el  “hasta”  de  la  disminución punitiva.   

3.  Así, siguiendo las pautas del Tribunal  Constitucional:  (i)  el  nuevo  código  de  procedimiento  penal  adoptó como  vertebral    de    su    sistemática,    la    filosofía    del   acuerdo      y      la     negociación  consagrando       en      el      art.      351     sus     “modalidades”,  en  cambio  de  la  del  sometimiento del anterior con  su  figura  estelar de la  sentencia anticipada (art. 40 ley 600/00).   Y,  (ii)  si  bien  es  cierto que la primera “modalidad”, en comienzo tiene  perfiles  parecidos  a  ésta  -sometimiento o aceptación unilateral de la  imputación-,   al requerirse de acuerdo o negociación para  fijar el  “hasta”  de  la  pena  imponible, presenta una mixtura de las antiguas   sentencia  anticipada  y  audiencia  especial, que hace exótico el predicado de  identidad entre esas figuras.   

4.  Recuérdese  que  el cpp-91 acuñó por  primera  vez  en  Colombia  la terminación anticipada  del  proceso  creando  las  figuras  de  la  sentencia  anticipada  (art.  37) y la audiencia especial (art. 37B), la  primera   de   las   cuales   implicaba  sometimiento  con  descuento  fijo    y    la   segunda  negociación,   que   por  supuesto   las   hacía   bien   diferentes.   El  Código   de  2000  (Ley  600/00)   sólo  consagró la primera especie y no la segunda, mientras que  el  estatuto  de 2004 estableció todas las modalidades bajo el rubro general de  “Preacuerdos   y   Negociaciones”   en   el   título   II  del  Libro  III,  “justicia negociada”, que  refleja,  además,  la   influencia  de figuras globalizadas, universales y  trasnacionales   como   la   conformidad  española, el pattegiamiento    italiano,   el   asprach  alemán y el plea bargaining  anglosajón. Y,   

5. En fin: al respetar lo que originalmente  dijeron  las  Cortes colombianas sobre la viabilidad del principio-derecho de la  favorabilidad  en  el tránsito y/o coexistencia de estatutos procesales penales  (Leyes  600-2000  y  906-2004),  la  figura  del acuerdo y de la negociación es  propia,  característica,  típica  y  medular  del  sistema acusatorio, y no es  idéntica  a  la  sentencia  anticipada  del viejo código porque tanto la   axiología  contenida  en  la  política  criminal  respectiva  como  los textos  positivos  que  elaboraron  los  legisladores  históricos correspondientes, los  hacen  diferentes.  Por eso estimo que la interpretación en contrario es ilegal  y   sobre   un   tal  predicado  no  se  pueden   edificar  derechos.    

Cordialmente,  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Magistrado  

Fecha    ut  supra.   

    

1  Cuaderno original # 1, folio 1 a 112.   

2  Cuaderno  original  # 1, folios 290 a 297, y cuaderno original # 2, folios 303 a  346.   

3  Cuaderno original # 2, folios 418 a 437.   

4  Ídem, folio 486.   

5  Ídem, folios 491 y 492.   

6  Ídem, folios 535 a 553.   

7 Ídem, folios 562 a 584.   

8  Ídem, folios 598 a 607.   

9  Ídem, folios 612, 617 y 617.   

10 Cfr.  Sentencia de 30 de noviembre de 2006, Rad. 26.227.   

11  Cfr.  Sentencias  de  27  de  septiembre  de  2002  y  30  de noviembre de 2006,  radicaciones Nº 17190 y 22595, respectivamente, entre otras.   

12   Cfr.   Auto   de   9   de   octubre  de  1997.  Radicación  Nº  368.   

13  Cfr.  Sentencias de 17 de marzo de 1999, 26 de septiembre de 2002, 29 de octubre  de  2003,  y  20  y 28 de febrero de 2008, radicaciones Nº 12187, 12530, 15768,  28880 y 28987, respectivamente.   

14  A  diferencia  del  “delito  permanente”,  que se  identifica  porque  no  hay interrupción del comportamiento, que es prolongado,  que  no  admite solución de continuidad y que implica que se mantenga el estado  consumativo.   

15  Cfr.  Sentencias  de  26  de  abril  y 7 de septiembre de 2006, radicaciones Nº  22027 y 23790, respectivamente.   

16  www.banagrario.gov.co   

17  Ídem.   

18  Corte  Constitucional, Sentencia del 1° de diciembre  de 1999. M. P. Dr. Alfredo Beltrán Sierra.   

19  Cfr. Auto de 28 de febrero de 2006, radicación Nº 21711.   

20  Cuaderno original # 1, folios 135 a 137.   

21   Sentencia   de   15   de   septiembre   de   1983,   radicación  22415.   

22  Sentencias  de  4 de octubre de 1968 y 3 de septiembre de 1971, citadas por Luis  Carlos   Pérez,  Derecho  penal.  Partes  general  y  especial,  Tomo V, Bogotá, Editorial Temis, 1986, p.  209-210.   

23  Sentencias  de 4 de febrero de 1999, Rad. Nº 11837 y 27 de agosto de 1999, Rad.  Nº 13433, entre otras.   

24  Sentencias  de  25 de julio de 2007 y 9 de abril de 2008, radicaciones Nº 27383  y 22548, respectivamente.   

25   Cfr.   Sentencia   de  8  de  abril  de  2008,  radicación  Nº  25306.   

26   Cfr.  Sentencia  de  23  de  agosto  de  2005,  radicación  Nº  21954.   

27  Cfr.  Auto  de  única  instancia  de  16  de  julio  de  2003,  radicación Nº  17089.   

28   Cfr.   Sentencia  de  30  de  marzo  de  2000,  radicación  Nº  10848.   

29  Sentencia de segunda instancia, radicado 23.567   

30  Incorporados  a  nuestra legislación interna, por virtud de la Ley 16 de 1972 y  de la Ley 74 de 1968, respectivamente,   

31  Sentencias   de   la   Corte   Constitucional   C-409   de   1999   y  C-040  de  2002.   

32  Sentencia C-104/93, M.P. Alejandro Martínez Caballero   

33  Sentencia T-098 de 1996, páginas 27 y 28.   

34  “Y,  así,  debiendo  la  ley,  en virtud de tales exigencias concebir la pena  como  un  mal  necesario  y  proporcionado  a  la   gravedad  del  delito,  en  el  corazón  mismo  del  principio  de  legalidad   se  halló  inscrito,  naturalmente, otro, el de  intervención  mínima  o proporcionalidad   en   sentido   amplio”.   Tomás  Vives  Antón,  Principio  de  legalidad,  interpretación  de  la  ley    y   dogmática   penal,  en  Estudios de filosofía del derecho  penal,  Bogotá, Uni-Ext., 2006, p. 298. El principio  de  legalidad  aparece,  además  de  antitético  del  principio de oportunidad  (artículos  250  Const. Pol. y 321-330 cpp-2004), en el estatuto procesal penal  último  como  principio  rector  y  garantía  procesal  (artículo  6), y como  criterio  modulador  de la  actividad procesal (artículo 27). Para mí una  pena  es legal cuando se tasa dentro de los parámetros que establece la ley. El  valor  justicia  implica  que  no  haya impunidad. Y no hay pena justa cuando se  reconocen   atenuantes  ilegales,  es  decir,  que no contempla la ley  como    “fin   de   regulación”,   “idea   fundamental”   o   “razón  justificante”,  o  porque  no  haya  razonabilidad  axiológica  que  entre en  fricción   con   el   tenor   literal   del   enunciado,   como   adelante   lo  demuestro.   

35  Yesid    Ramírez    Bastidas,    Aclaración    de  voto,  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación  Penal,  sentencia  de  casación  de 16 de mayo de 2007, radicación 23934, M.P.  Álvaro  Orlando Pérez Pinzón. El principio de legalidad se traduce en materia  penal  en  la  necesidad  imperiosa  e  insoslayable de que el legislador defina  previamente  el delito y la pena, el juez competente, las formas propias de cada  juicio  y  las  condiciones de ejecución de la sanción, con lo que se delimita  el    ejercicio    del    ius   puniendi  y se ata al parlamento a los contenidos supremos, pues éste debe  responder  “a  la  realización de los fines sociales del Estado, entre ellos,  los  de  garantizar  la  efectividad  de  los  principios,  derechos  y  deberes  consagrados  en la Constitución y de asegurar la vigencia de un orden justo”.  Corte Constitucional, Sentencias SU-1722/00 y C-070/96.   

36  “La     garantía     de     la    defensa    corresponde    a    todas  las partes… De hecho, en muchos  casos  es  una   afirmación  casi  automática,  aquella de que la defensa  corresponde  a  la  parte  pasiva  del  juicio…  Sin  embargo, no consideramos  acertada  esta  reducción  subjetiva  de  la garantía de la defensa a una sola  parte,  sino  que,  por  el contrario, entendemos que se dirige y ampara a todas  las  partes  del  proceso, en lo que constituye, por cierto, una característica  esencial  a  tener  en  cuenta  para  la elaboración  del concepto de esta  garantía     constitucional”.     Alex     Carroca    Pérez,    Garantía   constitucional   de   la  defensa  procesal,  Barcelona,  Bosch,  1998,  p. 86-87. Y además resulta elemental  que  la parte sea parcial por y para sus intereses; que el litigante también lo  sea  según  los  intereses  de  la   parte  que  asiste,  sea  victimario,  víctima,    tercero    civilmente   responsable   o   asegurador   –sistema  de  partes-;  pero  el  juez  tiene  que  ser  imparcial,  independiente  y  autónomo,  el fiel de la balanza a través de la ponderación  de  derechos.  María  Inmaculada  Ramos  Tapia,  Los  deberes   de  imparcialidad  y  vinculación  exclusiva  al  Derecho,      en      El      delito     de  prevaricación, Valencia, Editorial Tirant lo blanch,  2000, p. 146.   

37  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación Penal, providencias 11 julio de  2007 y 10 abril 2008.   

38  Manuel  Atienza,  Las razones del derecho, México, UNAM, 2003, p. 1.   

39  Manuel   Atienza,   Las   razones…,   ob. cit., p. 25-26.   

40  Pablo    Raúl    Bonorino    y    Jairo   Iván   Peña   Ayazo,   Argumentación    judicial,   Bogotá,  Consejo Superior de la Judicatura, 2003, p. 23.   

41  Robert    Alexis,    Teoría    de   los   derechos  fundamentales,    Madrid,    Centro   de   Estudios  Constitucionales, 1993.   

42  “En  razón  de esta función, la ponderación se ha convertido en un criterio  metodológico  indispensable  para el ejercicio de la función jurisdiccional…  que   se   encarga   de   la  aplicación  de  normas  que,  como  los  derechos  fundamentales,  tienen  la   estructura  de  principios”.  Carlos  Bernal  Pulido,   El  derecho  de  los  derechos, Bogotá, Uni-Ext., 2005, p. 139 y 97.   

43  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, providencias de julio 11 de  2007  y  abril  10 de 2006. Corte Constitucional, Sentencias C-580/02, C-004/03,  C-979/05,  C-1154/05,  C-370/06,  C-454/06  y  C-209/07.  Por  supuesto  que las  víctimas  son  titulares  de  un  amplio  elenco  de derechos fundamentales que  ganaron  espacio en la conciencia de los Pueblos, en su  axiología y en la  normatividad   positiva,  especialmente  después   de  la  Segunda  Guerra  Mundial  (1945),  cuando el Estado Social y Democrático surge para proteger los  derechos  de  tercera  generación,  en  particular  la Paz (artículo 22 Const.  Pol.).  La  Carta  Política les hace un amplio registro en los artículos 1, 2,  15,  21, 29, 229, 250 y 251, además del bloque de Constitucionalidad (artículo  93  Const.  Pol.),  que  se  han  materializado en derechos a la verdad sobre lo  ocurrido   (para  la  memoria  individual  y  colectiva,  y  para  que  no  haya  repetición),  para  que haya justicia (se evite la impunidad, así sea parcial)  y   efectiva   reparación   (que  en  sus  distintas  vertientes,  requiere  de  verdad  completa  y   penas   “legales”  y  “justas”).   

44  Luigi   Ferrajoli,  Derecho y Razón. Teoría del  garantismo  penal, Madrid, Editorial Trotta, 1995, p.  853.        “Son         ‘derechos   fundamentales’    todos    aquellos    derechos   subjetivos   que   corresponden  universalmente  a  todos los  seres  humanos  en  cuanto dotados del status  de personas, de ciudadanos o  personas  con  capacidad  de  obrar;  entendiendo   por  derecho  subjetivo  cualquier  expectativa  positiva  (de  prestaciones)  o  negativas (de no sufrir  lesiones)  adscritas  a  un  sujeto  por  una  norma  jurídica; y por status la  condición  de  un  sujeto,  prevista asimismo por una norma jurídica positiva,  como  presupuesto de su idoneidad para ser titular de situaciones jurídicas y/o  autor  de  los  actos  que  son  ejercicio  de éstas”. Luigi  Ferrajoli,  Los      fundamentos      de     los     derechos  fundamentales, Madrid, Editorial Trotta, 2001, p. 19.   

45  Jesús-María     Silva    Sánchez,    Sobre    la  “interpretación”  teleológica  en Derecho Penal,  en  Estudios  de filosofía  del Derecho Penal, Bogotá,  Uni-Ext., 2006, p. 373.   

46  Jesús-María   Silva   Sánchez,   Sobre…, ob. cit., p. 376.   

47  Kant  señala  que  “cuando se infringe la justicia no tiene ningún valor que  los hombres vivan sobre la tierra”.   

48  Código Penal de 2000, artículo 4°.   

49  Jesús  Orlando  Gómez  López, La teoría del delito  desde  la  perspectiva de la Constitución venezolana,  Barquisimeto, Judec, 2008, p. 38.   

50  Claus    Roxin,   Conclusiones   finales   en   Crítica  y  justificación  del  derecho  en  el  cambio  de siglo, Cuenca, Universidad  Castilla-La  Mancha,  2003, p. 319. “Un adecuado sistema de política criminal  debe  orientar  la  función  preventiva  de  la  pena  con  arreglo a los   principios  de  protección  de  bienes  jurídicos,  de  proporcionalidad  y de  culpabilidad,  Síguese de ello, que la Constitución conduce a un derecho penal  llamado  a desempeñar, dados unos presupuestos de garantía de los derechos del  procesado  y  del  sindicado, una función de prevención general, sin perjuicio  de  la  función  de  prevención especial”. Corte Constitucional, Sentencia 7  dic. 1993.   

51  Claus       Roxin,       Conclusiones… ob. cit., p. 319.   

52  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, auto de segunda instancia  de 11 de julio de 2007, radicación 26945.   

53  Mientras  que  para  Kelsen la efectividad aparece vinculada a la existencia del  Estado  y  a  la  capacidad  de imposición política, para Hart el principio de  efectividad se plasma en términos de regla o práctica social.   

54  Joseph  Aguiló  Regla,  Sobre  la  Constitución del  Estado  Constitucional,  Doxa, 24, Alicante, 2001, p.  455.   

55  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, autos de segunda instancia  de  11  de  julio  de  2007,  radicación  26945,  y  de  10  de  abril de 2008,  radicación 29472.   

56  Véanse:   Gerardo   Landrove   Díaz,   La  moderna  victimología,  Valencia, Editorial Tirant lo Blanch,  1998;  M.  Carmen Alastuey Dobón, La reparación a la  víctima  en  el  marco  de  las  sanciones  penales,  Valencia,  Editorial  Tirant  lo Blanch, 2000; Alberto Alonso Rimo, Víctima  y  sistema  penal:  las  infracciones  no perseguibles de  oficio  y el perdón del ofendido, Valencia, Editorial  Tirant     lo     Blanch,     2002;    Julio    Jorge    Urbina,    Protección  de  las  víctimas  de  conflictos  armados,  Naciones  Unidas  y Derecho Internacional Humanitario, Valencia,  Editorial  Tirant  lo  Blanch,  2000; y, Comisión Colombiana de Juristas (ed.),  Principios   internacionales   sobre   impunidad   y  reparaciones,  Bogotá,  Opciones  Gráficas Editores  Ltda., 2007.   

57 La  fijación  de  los límites mínimo y máximo de la escala de penas se conoce en  la    doctrina    como   proporcionalidad   cardinal  o   absoluta.   Adrew   von   Hirsch,   Censurar  y  castigar,  Madrid,  Editorial Trotta, 1998, p.45 s.s.  “Estatuir   que  nadie  puede  ser  juzgado  sino  conforme  a  las leyes  preexistentes  al  acto  que se le imputa, implica que  para condenar a una  persona  se  requiere que su conducta esté previamente definida como delito; de  la     misma     manera    que    sólo    puede   imponérsele   la  pena  previamente  establecida  en  la  ley.  Se  trata del  apotegma  universalmente  conocido  como  “nullum  crimen,  nulla  poena  sine  lege”.  El  principio de legalidad opera en un doble sentido, (i) como límite  al  ejercicio  del  poder  punitivo  del  Estado,  en la medida en que le impone  definir  previamente  qué  acciones  son  constitutivas  de  delitos y cuál la  sanción  a  aplicar  por  su   realización; y (ii) como garantía para el  procesado  y  la  comunidad, atendida la certidumbre que genera el saber de  antemano  que sólo será objeto de sanción penal la conducta erigida en delito  por   la   ley   y   que   únicamente   se   impondrá   la  pena  dentro  de  los límites cuantitativos y  cualitativos  establecidos  por  la misma”. Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación  Penal, Casación,  radicación  28059,  M.  P.,  Dra.  María del Rosario González de Lemos. “En  efecto,   los ciudadanos deben conocer los comportamientos  prohibidos  y  por lo mismo elevados por el legislador a la categoría  de delitos así  como  la correspondiente sanción previamente establecida a fin de contar con la  certeza  de que sólo podrán ser  sancionados en razón de la comisión de  una  conducta punible dentro  de  los  límites cuantitativos y cualitativos consagrados con  antelación  en  la  ley, sin que tales marcos puedan desbordarse a discreción o capricho de  los  funcionarios  judiciales”.  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación  Penal,     Casación,  radicación 24.030, M. P., Dr. Julio Enrique Socha Salamanca..   

58  Corte     Constitucional,    sentencias    C-004/03    y    C-871/03,    refiriéndose   al   non  bis  in  ídem y declarando que tal  principio  no  es  absoluto.  “En  el ámbito internacional se ha llegado a un  consenso  general  en la necesidad de considerar a las víctimas del delito como  parte   principal,    junto   al   victimario    y   en   igualdad   de   condiciones,   de   la  política   criminal  de  los  Estados.  Se trata de una exigencia social y  humana:  hoy,  el  llegar a ser víctima no se considera un incidente individual  sino  un problema de política social, un problema de derechos fundamentales”.  Alfonso  Daza  González,  Víctimas  en  el  Sistema  Procesal   Penal   Acusatorio,  Bogotá,  Universidad  Libre, 2006, p. 56.   

59  Ángel  Puyol,  El discurso de la igualdad, Barcelona, Editorial Crítica, 2001, p. 203.   

60  “Con  el  fin  de humanizar la actuación procesal y la pena; obtener pronta y  cumplida  justicia;  activar  la solución de los conflictos sociales que genera  el   delito;   propiciar   la   reparación  integral  de  los   perjuicios  ocasionados  con  el injusto y lograr la participación del imputado en la   definición  de  su  caso, la Fiscalía y el imputado o acusado podrán llegar a  preacuerdos que impliquen la terminación del proceso”.   

61  “En   los  delitos  en los cuales el sujeto activo de la conducta punible  hubiese  obtenido  incremento patrimonial fruto del mismo, no se podrá celebrar  el  acuerdo  con  la  Fiscalía  hasta  tanto  se  reintegre,  por  lo menos, el  cincuenta  por   ciento del valor  equivalente al incremento percibido  y se asegure el recaudo del remanente”.   

62  “Las  reparaciones  efectivas  a  la  víctima  que  puedan  resultar  de  los  preacuerdos   entre fiscal e imputado o acusado,  pueden aceptarse por  la  víctima.   En  caso  de  rehusarlos,  ésta  podrá acudir a las vías  judiciales  pertinentes”.   

63  Silvia  Barona  Vilar,  La  conformidad en el proceso  penal, Valencia, Editorial Tirant lo blanch, 1994, p.  31.   

64  Luis     Enrique    Romero    Soto,    Derecho  Penal,  Parte General, Editorial Temis, 1969, p. 553.  “…a  la  cabeza  de sus grandes problemas y mayores desgracias, la impunidad  en  Colombia,  junto  con la violencia, la  corrupción y el narcotráfico,  se  erigen  como  una  de  las peores culturas de lastre que tanto contribuyen a  mantenerla   sumida   en   su   profunda   crisis”.  Germán  Puyana  García,  ¿Cómo    somos    los    colombianos?,  Bogotá,  Editorial Panamericana, 2005, p. 275. El examen diario  de  expedientes  ha  señalado la práctica judicial discutible de reconocer sin  más,  a un allanado el máximo del descuento, que no puede suceder, vr. gr., en  casos  de  flagrancia  o  de  prueba  de cargo contundentes. Y si  ese  descuento  es  razonado,  más  el incremento  generalizado de penas por el  que  aboga  el  Magistrado  Gómez  Quintero, del artículo 14 de la Ley 890/04,  vigente  –según él desde  los  albores del sistema acusatorio colombiano-, por supuesto que la rebaja fija  de   1/3   de  pena  consagrada  en  el  mentado  artículo  40,  será  siempre  mayor.    

65  Luis  Camilo  Osorio  y  otros,  Prólogo,        Presentación  y  SPA: una política criminal para la  lucha  contra  la  impunidad en un marco reforzado de derechos, en Nuevo código  de   procedimiento  penal,  Bogotá,  CEJ,  2004,  p.  21-40.   

66  “En  Colombia,  la  adopción  mediante  reforma constitucional, de este nuevo  sistema   procesal   penal,  perseguía  en  líneas  generales  las  siguientes  finalidades:   (i)  fortalecer  la  función  investigativa de la Fiscalía  General  de la  Nación, en el sentido de concentrar los esfuerzos de ésta  en  el  recaudo  de la prueba; (ii) establecimiento de un juicio público, oral,  contradictorio  y  concentrado; (iii) instituir una clara distinción entre  los  funcionarios  encargados  de investigar, acusar y juzgar, con el propósito  de  que  el sistema procesal penal se ajustase a los estándares internacionales  en  materia  de  imparcialidad  de los jueces, en especial, el artículo  8  del  Pacto  de  San  José  de  Costa  Rica;  (iv) descongestionar los despachos  judiciales  mediante la supresión de un sistema procesal basado en la escritura  para  pasar  a la oralidad, y de esta forma, garantizar el derecho a ser juzgado  sin  dilaciones  injustificadas; (v) modificar el principio de permanencia de la  prueba  por  aquel  de  la  producción de la misma durante el juicio oral; (vi)  introducir  el  principio de oportunidad; (vii) crear la figura del juez de  control  de  garantías;  e  (viii)  implementar  gradualmente  el nuevo sistema  acusatorio”.  Corte Constitucional, Sentencia C-591/05.   

67  Corte  Constitucional,  Sentencia  C-591/05.  Además,  repárese Exposición de  Motivos  del  Proyecto  de Acto Legislativo No. 237 de 2002 Cámara, por el cual  se  modifican los  artículos 234, 235, 250 y 251 de la Constitución   Política,  y  Juan-Luis  Gómez  Colomer, El Tribunal  Penal  Internacional:  investigación  y  acusación,  Valencia, Editorial Tirant lo blanch, 2003, p. 55.   

68  Luis   Alfredo  de  Diego  Díez,  Justicia  criminal  consensuada,  Valencia,  Editorial  Tirant  lo   blanch,  1999,  p.  75.  “Estos acuerdos informales (en Alemania) funcionan de  forma   similar   al   plea   bargaining   de  los  EU  (y)  lo  que  en  Alemania fue producto de una  práctica  judicial  ha  sido introducida en España y en Italia por los propios  legisladores”.    Silvia    Barona    Vilar,    La  conformidad…, ob. cit., p. 32.   

69  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, Sentencia Única Inst.  agosto   3   de   2005,   radicación   19094,   M.   P.,   Dr.  Yesid  Ramírez  Bastidas.   

70 La  Corte  Constitucional hizo expresa referencia a los autos del 4 de mayo de 2005,  radicaciones  19094  (reiterado  en  el  auto de 7 de abril de 2005, radicación  23312) y 23567.   

71  “La  definición, como la  palabra lo sugiere, es primariamente una   cuestión   de  trazar límites o discriminar entre un tipo de cosa y otro,  que  el  lenguaje  distingue mediante una palabra  separada”. H.L.A.  Hart,    El    concepto    de   Derecho,   Buenos   Aires,   Editorial   Abeledo-Perrot,   1977,   p.  13.  «Parecido»  significa  tener determinada apariencia o aspecto que le asemeja  a            algo;            «similar» es  lo  que  tiene  semejanza  o  analogía  con algo. Son expresiones sinónimas de  «semejante» que significa que las partes guardan  todas  respectivamente la misma proporción en relación con otra. Es parecido a  lo     que     ocurre     con    los    vocablos     “equiparable”    y  “analogía”. «Idéntico» significa lo  mismo  que otra cosa (institución) con que se compara. Véase  Diccionario de la Lengua Española, 22 edición.   

72 El  Comisionado  encargado del tema, escribió: “No debe perderse de vista que los  preacuerdos y negociaciones,   bien   entendidos   y  acertadamente   ejecutados,   procuran   imprimirle   rapidez   al  trámite  de  juzgamiento,   sobre   la   base   de   un   consenso  justo,  pudiéndose decir que si bien el procesado es  el  creador  del  conflicto  también  debe  intervenir  como  parte decisiva”  Gustavo  Gómez  Velásquez,  Aproximación al tema de  los       preacuerdos       y       negociaciones  en  el  cpp  –arts.    348   a    354-,   en  Sistema  penal  acusatorio,  Bogotá, Fiscalía General de la Nación, 2005, p. 69 ss.   

73  Camino  Vidal  Fueyo, El principio de proporcionalidad  como  parámetro, en Anuario  de  derecho constitucional latinoamericano, 11° año,  T.II.,     Montevideo,    Fundación    Honrad    Adenauer    Stiftung,    2005,  p.430.   

74 Que  acaba  de  decir: “En realidad, no parece razonable que en el sistema procesal  anterior  la  víctima  pudiera disponer de su  pretensión indemnizatoria,  pero  en  el  nuevo,  cruzado  transversalmente  por  el  instituto  de las  negociaciones,   preacuerdos  y  acuerdos,  esa capacidad dispositiva quede  limitada”.  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, Sentencia  abril 9 de 2008, radicación 28161.   

75  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de casación, 23  de agosto de 2005.   

76  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de casación, 23  de  mayo  de  2006,  radicación  25300,  con  reiteración  en  la sentencia de  casación de 3 de mayo de 2007, radicación 23486.   

77Silvia      Barona      Vilar,     La  conformidad…, ob. cit., p. 31 y 33.   

78  Artículo 40 Ley 600 de 2000.   

79  Artículo 351 inc. 1° Ley 906 de 2004.     

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