29543(14-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 29543  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA       DEL       ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado Acta No.189  

Bogotá, D.C., catorce (14) de julio de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

Se ocupa la Sala de examinar si el libelo de  casación    presentado    por   el   defensor   del   enjuiciado   ALEXANDER  VALVERDE  VALENCIA  contra el  fallo  de  segundo  grado  proferido  el 23 de noviembre de 2007 por el Tribunal  Superior  de  Buga,  por  cuyo  medio  se  confirmó  el dictado el 3 de octubre  inmediatamente   anterior   por   el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Conocimiento   de   Buenaventura,   donde  aquél  fue  condenado  como  coautor  penalmente  responsable  de  los  delitos  de homicidio agravado y fabricación,  tráfico  y  porte  de armas de fuego o municiones, siendo víctima Carlos       Andrés       Caicedo       Flórez,      satisface  los  requisitos  de  lógica  y  adecuada argumentación  establecidos para proceder a su admisión.   

HECHOS  

A  eso  de las 8:00 p.m. del 22 de enero de  2006,  frente  al  número  35-24  de  la Calle 3ª de Buenaventura, dos hombres  atacaron  con  arma  de fuego a Carlos Andrés Caicedo  Flórez  causándole  la  muerte  instantáneamente,  siendo    identificados    por    testigos    presenciales   como   ALEXANDER   VALVERDE   VALENCIA,  alias  “Larry”  y ANDRES N.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Adelantada la investigación de rigor, el 25  de  mayo  de 2007 la Fiscalía Cuarenta Seccional de Buenaventura solicitó ante  el  Juzgado  Segundo  Penal  Municipal con Funciones de Control de Garantías de  igual  ciudad,  la  orden  de  captura  de  ALEXANDER  VALVERDE  VALENCIA,  la  cual  se hizo efectiva en la  misma  jornada;  por  lo  tanto,  al  día  siguiente,  se  legalizó y formuló  imputación  al  citado  por  los  delitos de homicidio agravado y fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  fuego  o municiones.  Finalmente, le fue  impuesta  medida  de  aseguramiento  privativa  de  la  libertad  de  detención  preventiva en establecimiento carcelario.   

El  6  de  julio  de  2007  se presentó el  correspondiente  escrito  de  acusación  y  el  día  19 de igual mes y año se  realizó  su  formulación, en concreto por los delitos de homicidio agravado al  aprovechar  la  situación  de  indefensión  de  la  víctima  y  fabricación,  tráfico y porte de armas de fuego o municiones.   

Cumplidas  las audiencias preparatoria y de  juicio  oral,  el  3 de octubre de 2007 el Juzgado Primero Penal del Circuito de  Conocimiento  de  Buenaventura  condenó  a  ALEXANDER  VALVERDE  VALENCIA al hallarlo coautor responsable de  los  delitos  por  los  cuales  fue  acusado, imponiéndole la pena principal de  treinta  y  cuatro (34) años de prisión y la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas “por  un periodo igual”.   

Así  mismo,  se  abstuvo  de condenarlo en  perjuicios  y  le  negó  la suspensión condicional de la ejecución de la pena  privativa    de    la    libertad    y    la    sustitutiva   de   la   prisión  domiciliaria.   

Impugnada esa decisión por el defensor, el  Tribunal  Superior  de  Buga la confirmó en su totalidad mediante sentencia del  23  de  noviembre de 2007, contra la cual se interpuso recurso extraordinario de  casación  por  otro letrado designado por el procesado, quien allegó el libelo  oportunamente.   

LA DEMANDA  

A  través de un cargo denuncia  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial   derivada   de  error  de  hecho,  lo  cual  condujo a la “falta de  aplicación  del  principio  del  in dubio pro reo”,  por  lo  tanto,  estima  quebrantados  los artículos 7º y 181 de la Ley 906 de  2004,    así   como   el   29   de   la   Constitución   Política.   

Para          sustentar  este  postulado  predica del Tribunal haber errado al dar  crédito  al  dicho de Fanny  Grueso   Bonilla  y  José  Dídier  Isaza Grisales bajo el argumento de atreverse  a  declarar  sobre  hechos  tan graves en la ciudad de Buenaventura, lugar donde  reina    “la   ley   del   silencio”,  como  también porque lo hicieran ante  el  procesado  de  manera coincidente, quienes lo sindicaron de ser el autor del  homicidio,  ignorándose,  de  un  lado,  que  la citada tuvo una discusión con  éste  y,  de otro, la ausencia de coherencia en sus afirmaciones, pues incurren  en  contradicciones.  Por lo tanto, si esos testimonios se hubieran “analizado  a la luz de la lógica y la  sana    crítica”   se  habrían detectado sus falencias.   

En  este sentido, cuestiona la declaración  de    Fanny    Grueso  Bonilla    por:    (i)  haber  omitido mencionar la identidad y localización  de  la persona a la que dijo  iba  a  visitar  al  momento  de  observar  los hechos; (ii)  abstenerse de  señalar  cómo  la  ruta  seguida  por  el  automotor  donde se transportaba la  conduciría  hasta  el destino deseado por ella; (iii) no indicar la razón para  descender  cerca del sitio donde se produjo el ataque a la víctima; (iv) faltar  a  la  verdad  al  decir  que caminaba detrás del agresor, cuando se sabe de la  amenaza  de muerte de éste proferida contra ella, más aún si se trataba de un  desmovilizado   de   reconocida   peligrosidad,   siendo   menos  creíble  esta  exposición  al  sostener  que  luego  de  atacar  a  la  víctima  lo  siguió.   

Además, (v) la misma es contradictoria por  cuanto  inicialmente  dio  cuenta de varios disparos y después de solo dos; (vi) incluso es poco verosímil  la  llamada  que  recibiera  del encausado  invitándola  a  trabajar con él, pues no precisó la fecha y el  número  de  teléfono  móvil  celular  desde donde se la hicieron.  (vii)  Tampoco  resulta aceptable su dicho por tratarse de una reinsertada quien con su  relato    en    realidad    buscó    proteger    a    su   amigo   “Coby”,      el     verdadero   autor   del   homicidio   y,  finalmente,   (viii)  es  inexplicable  que  a  pesar  de  tener conocimiento de lo sucedido, ofreciera su  versión  pasados  dieciséis  meses,  situación que  permite  deducir  el  real  interés por beneficiar a su compañero.   

Así  las  cosas, pregona del testimonio de  Fanny   Grueso   Bonilla  ser     “absolutamente  sospechoso”, por cuanto incluso el Tribunal reveló  su  debilidad  de no haber sido porque fue avalado con  el  dicho  de José Dídier Isaza Grisales.  Además,  no debe perderse de vista la  enemistad  entre  ésta  y  el  enjuiciado,  de  donde se sigue que a la declarante la movió la venganza, lo  cual, desde luego, deteriora su credibilidad.   

A  su  vez,  el  testimonio de José   Dídier   Isaza   Grisales   es  objetado    por:   (i)  manifestar  haber salido de  misa   a   las  ocho  de  la  noche  y  percatarse  de  los  hechos,  no  obstante que estos ocurrieron a las  7:30  p.m.;  (ii)  no mencionar el nombre y ubicación  del   amigo   al   cual   dijo   se  dirigía  a  visitar  cuando  observó     el     ataque     a    la  víctima,  de  donde  se  sigue  que  no estaba en el  lugar.  (iii)  Incluso  despierta  mayor  incredulidad su dicho al fingir que no  conocía   a   la   otra   declarante,   a  pesar  de  dedicarse  a  la  venta  de frutas en el sector de la  ciudad frecuentado por ésta.   

Agrega  que como  Fanny   Grueso   Bonilla  y   José  Dídier  Isaza  Grisales   faltaron   a   la   verdad,  “estos    dos   testimonios   fueron  previamente  preparados”,  quienes     repitieron     “el     discurso  que  se  les  había  dado…  para    evitar    castigar    al    verdadero    responsable,…   condenando  a un inocente” para saciar  su      “ánimo  retaliatorio”   debido   a   la  enemistad  entre  la    citada   y   el  procesado.   

En    otro   sentido,   alega  que  del  estudio  de  balística  realizado     a     “los    dos    proyectiles     y     a    un    fragmento    de    chaqueta    de  proyectil”  el Tribunal  no   podía   deducir   que   en   el   ataque  se  habían  usado  dos     armas    de    fuego,    por  cuanto  los  dos  plomos  encontrados     correspondían    a    un    arma    de    fuego    calibre  de 9 milímetros y     respecto     del    trozo    de  chaqueta     no    se    pudo    determinar    su  calibre,   por   ende,    como   ese  tipo  de  armas  puede  disparar  doce o catorce cartuchos   en   una   sola   carga,  en    definitiva   no  había   prueba  para colegir el empleo de dos de  esos   artefactos,  por  consiguiente,  el  Juzgador  Colegiado  erró  al  concederle  credibilidad a los  testigos  de cargo quienes sostuvieron que fueron dos  y  no uno los autores del crimen. En consecuencia, la  experticia   en   cuestión  no  respaldó       esos       dichos   respecto   del   número  de  agresores.   

Además, tampoco  existe  un  estudio  balístico  donde  aparezca  un  croquis  en  el  cual  se  determine      la  localización     de    los    impactos  de  los proyectiles disparados y su  trayectoria,   como   para   afirmar   por   parte  del   Tribunal   que   quedaban   desvirtuados  los  testimonios   de  David  Rivas  Caicedo  y  Carmen  Lucía       Riascos       Valencia,  quienes  estuvieron       presentes      en el lugar de los hechos.   

En conclusión,  como     los     testimonios     de     cargo     carecen     de    “fuerza  y solidez para construir…     una     sentencia     condenatoria”,      se      debe      casar      el     fallo     y,  en  consecuencia,   absolver  al enjuiciado por   in  dubio  pro  reo al no estar reunidos los presupuestos  del artículo 381 de la Ley 906 de 2004.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

En  la  Ley  906  de  2004  la casación es  concebida  como  un  medio  de control constitucional y legal que procede contra  sentencias  de  segunda  instancia  en los procesos adelantados por delitos, por  consiguiente,    si   bien   se   eliminó   la   exigencia   del   quantum  de  la  pena de la infracción  para  acceder  a  tal  medio  de impugnación, en todo caso corresponde al actor  acreditar  la afectación de derechos o garantías fundamentales, por lo cual se  le  impone  la  carga  de contar con interés para demandar, señalar la causal,  desarrollar  los  cargos  en  sustentación del recurso y demostrar la necesidad  del  fallo en orden a cumplir alguno de los fines establecidos por el legislador  en    el    artículo    180    ibídem,  valga  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de  las  garantías  de los intervinientes, la reparación de los agravios padecidos  por éstos y la unificación de la jurisprudencia.   

A su vez, el artículo 184 de la ley en cita  prevé  la  inadmisión  del  libelo  casacional cuando el demandante carezca de  interés,  no  señale  la  causal, se abstenga de desarrollar adecuadamente los  cargos  o  en  aquellos  casos  en los cuales se advierta que no es necesario el  fallo para cumplir alguna de las finalidades del recurso.   

De  otra  parte,  en  el estudio sobre las  exigencias  de admisibilidad de las demandas de casación, corresponde a la Sala  constatar  si  los  recurrentes  han  formulado  sus  reproches  observando  los  requisitos  de  lógica  y adecuada argumentación definidos por el legislador y  desarrollados   por   la   jurisprudencia,   para   impedir   que  este  recurso  extraordinario    se    convierta    en    una   instancia   adicional   a   las  ordinarias.   

Tales  exigencias pretenden de los censores  el  desarrollo de libelos dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia en la  postulación  y  demostración  de los cargos propuestos, de manera que resulten  inteligibles,  en  cuanto  precisos  y  claros,  por  cuanto no corresponde a la  Corte,  en  su  función  reglada  de  orden  constitucional  y legal, develar o  desentrañar    el    sentido   de   incompletas,   confusas,   ambivalentes   o  contradictorias alegaciones de los impugnantes en casación.   

Esto  supone  el respeto por los principios  que  gobiernan  el  recurso  de  casación,  particularmente el de sustentación  suficiente,  según  el  cual la demanda debe bastarse a sí misma para provocar  la  anulación  del  fallo y, el de crítica vinculante, por cuyo medio se exige  una   alegación   fundada  en  las  causales  previstas  taxativamente  por  la  normatividad  vigente  y  el  cumplimiento de determinados requisitos de forma y  contenido de acuerdo a la selección realizada por el actor.   

Estas  exigencias  no  son atendidas por el  libelista,  pues  no  es  suficiente  con  señalar  la  causal y el concepto de  violación  de  la  norma  sustancial, sino que es necesario, cuando se alega su  quebranto  mediato como sucede aquí, entrar a concretar la prueba o conjunto de  ellas  y,  en  cada  caso,  desarrollar  la  modalidad  de yerro de valoración,  cuidando  de  no  incurrir en alegaciones excluyentes frente a un mismo medio de  conocimiento para salvaguardar el principio de no contradicción.   

Ahora,  como “al parecer” el actor echa  mano  al  falso  raciocinio,  por  cuanto  no  lo  indica de forma expresa, pues  discute  el desconocimiento de las reglas de la sana crítica, cabe advertir que  tal  modalidad  ocurre  porque  en  la  estimación  del  medio  de conocimiento  examinado  el  juzgador  desconoce los principios de la lógica, las leyes de la  ciencia  o  las máximas de la experiencia, por consiguiente, es del resorte del  recurrente  señalar  qué  demuestra  en  concreto  el elemento de persuasión,  cuál  la  inferencia  extraída  de  él en la sentencia impugnada y el mérito  probatorio  concedido,  pero  también  compete  identificar  la  regla lógica,  científica  o  de la experiencia violada en el fallo y, correlativamente, ha de  expresar con nitidez la apreciación correcta.   

Además,  al  actor  le  asiste el deber de  indicar  la trascendencia del error puesto de manifiesto y, por ello, imperativo  es  acreditar  cómo la enmienda del yerro daría lugar a un fallo esencialmente  diverso y favorable a los intereses del procesado.   

No  obstante  lo  anterior,  en  el  caso  particular  tal  esfuerzo  argumentativo  se  cree cumplido con mencionar una de  esas  reglas  (la  lógica),  pues enseguida se enfrenta el análisis probatorio  ofrecido  en  el  fallo  con  el  del demandante, para luego sostener el haberse  dejado   de   aplicar   el  principio  in  dubio  pro  reo  consagrado  en  el  artículo 7º del Código de  Procedimiento Penal.   

Un  discurso  de  ese  talante traslada al  impugnante  a  las  instancias  y  de  suyo  lo  aleja  definitivamente  de  los  postulados  propios  del recurso de casación, en particular porque desconoce el  principio  de  autonomía  según el cual cada causal tiene una particular forma  de  enunciarse  y  demostrarse,  tal  como  se  ha  dejado  expuesto  frente  al  sub judice.   

Esa   precaria  presentación  igualmente  conspira  contra  el principio de sustentación suficiente atrás definido y por  supuesto  desconoce el de trascendencia, conforme al cual es deber del libelista  desvirtuar  apropiadamente  todas y cada una de las bases probatorias del fallo,  pues  el  recurso  extraordinario no está previsto para ensayar especulaciones,  conjeturas,  afirmaciones  carentes de demostración o alegar aspectos incapaces  de  originar  el  quebranto  de  la  declaración  de  justicia  contenida en la  sentencia atacada en sede de casación.   

Es  que basta observar la manera de abordar  el  desarrollo de la censura para descubrir su falta de adecuada argumentación,  pues  con  total ligereza el actor utiliza como excusa central de su postura una  supuesta  enemistad  entre  la  testigo  Fanny Grueso  Bonilla y enjuiciado y de  allí  el  ánimo  de  aquella  por  incriminarlo,  como también un conjunto de  contradicciones,   las   cuales  extiende  al  dicho  de  José  Dídier Isaza  Grisales, para adicionalmente deducir de ambos haber  faltado  a  la  verdad,  todo  lo cual sólo es posible a costa de traicionar el  contenido  de esas declaraciones y los demás medios de conocimiento,  en  aras  de   imponer  su  particular  visión  y,   para  mayor  desazón,    insinúa    una   conspiración  porque en su concepto los  testigos    fueron    “preparados”  para perjudicar a su representado, lo  cual siquiera entra a demostrar.   

El  enfoque personal también lo prolonga a  las  experticias de balística para poder sacar avante sus conclusiones, sin que  en  esta oportunidad tampoco dispense predicado alguno destinado a evidenciar la  violación  de  las  reglas  de  la  sana  crítica  conforme  quedó anotado en  precedencia.   

En fin, no expone de manera clara y precisa  cuál  regla  de  la  ciencia,  la  lógica o la experiencia se dejó de lado al  apreciar  cada  uno  de  los  testimonios  de  cargo  y la pericia, tampoco qué  conclusiones  del  fallo se vendrían a afectar, cuáles serían las correctas y  de qué manera ello incidiría en la declaración de justicia.   

Igualmente, yerra al denunciar la violación  indirecta  de  los artículos 181 de la Ley 906 de 2004 y 29 de la Constitución  Política,  por  cuanto  el  primero  contiene  una  norma  instrumental  que en  particular  señala  la  procedencia del recurso de casación y sus causales, en  tanto   el   restante  ofrece  enunciados  orientados  a  velar  por  garantías  fundamentales.   

Incluso,  como  alega  la  duda a favor del  procesado,  la  cual  recae,  visto  su  discurso,  en que éste no cometió los  delitos  por  los  que  fue  acusado,  sobre  tal  pretensión  tampoco  obra un  desarrollo  adecuado  conforme  lo tiene decantado pacíficamente la Corte, pues  frente  al  principio  in  dubio pro reo,  además  del deber de identificar sobre qué aspecto se cierne la  incertidumbre,  es necesario exponer la imposibilidad de eliminar la indecisión  para   rematar   señalando   su   trascendencia,  sin  embargo,  en  este  caso  abiertamente  el  casacionista  prefirió  oponer  su  visión personal a la del  Tribunal,  con  lo cual es evidente que escasamente dejó planteada la inquietud  sin demostrarla.   

En consecuencia, ante la ausencia de lógica  y  adecuada  argumentación  de la censura, pues evidentemente la intención del  actor  se redujo a utilizar el recurso de casación como excusa para insistir en  posturas  discutidas  en  las  instancias  frente  a los medios de conocimiento,  resulta obligatoria la inadmisión del cargo.   

No obstante lo anterior, la Corte observa la  eventual  vulneración  de garantías fundamentales del procesado, por cuanto al  determinar  la  pena  accesoria  de  inhabilitación  de  derechos  y  funciones  públicas  en el fallo, se impuso una equivalente a la principal de prisión, la  cual es de 34 años.   

Ahora,  como  se ha expuesto en pretéritas  decisiones,  la  Corte  está  facultada  para  intervenir  ante el quebranto de  garantías  fundamentales  en orden a hacer efectivo el derecho material, por lo  tanto,  se  ordenará  que una vez cobre ejecutoria la presente determinación y  se  resuelva, en el evento de intentarse, el mecanismo de insistencia, vuelva el  proceso  al Despacho de la Magistrada ponente para oficiosamente proferir, en su  momento, el pronunciamiento de rigor por la Sala.   

Conforme  también  lo  tiene  precisado la  Corte1,   no   se   dispondrá   la   celebración  de  la  audiencia  de  sustentación  prevista en el artículo 185 de la Ley 906 de 2004, por cuanto su  procedencia   está   circunscrita   a   los  casos  de  admisión  del  libelo.   

Cuestión final  

Teniendo  cuenta que contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de insistencia, de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que, dado el silencio en dicha normativa  sobre  la  regulación  del trámite a seguir para aplicar el referido instituto  procesal,  la  Sala  ha  definido  las  reglas  para  su aplicación2,  como  se  expresa en adelante:   

i)  La insistencia es un mecanismo especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la Sala decida  inadmitir  la demanda de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere  lo  decido.  También  podrá  ser  propuesto  oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno de los Delegados del Ministerio Público para la Casación  Penal  —siempre  que el  recurso    extraordinario   no   se   haya   interpuesto   por   un   Procurador  Judicial—, el Magistrado  disidente  o  aquel  que  no  haya  participado  en  los  debates  o suscrito la  providencia inadmisoria.   

ii)  La  solicitud  de  insistencia  puede  presentarse  al  Ministerio  Público  por medio de uno de sus Delegados para la  Casación  Penal,  o ante uno de los Magistrados que haya salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de inadmitir la demanda, o ante cualquiera de los  miembros de la Sala que no participó en la discusión.   

iii)   Es   potestativo   del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

iv)  El auto a través del cual se inadmite  la  demanda  de  casación  trae como consecuencia la firmeza de la sentencia de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  presentó,  salvo  que  la insistencia  prospere  y,  por  consiguiente,  comporte  la  admisión del libelo, o también  porque  sea  necesario pronunciarse oficiosamente sobre la eventual vulneración  de garantías fundamentales tras resolverse aquella.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de  ALEXANDER  VALVERDE VALENCIA por las razones expuestas  en la parte motiva de esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  inciso  segundo  del  artículo  184  de  la Ley 906 de 2004 y, en los términos  referidos  en  el acápite final de esta determinación, contra la misma procede  el mecanismo de insistencia.   

2. En firme esta  decisión  tras  eventualmente  intentarse  y,  en  consecuencia,  resolverse el  mecanismo  de  la  insistencia,  regresar la   actuación  al  Despacho  de  la  Magistrada  Ponente  con  el  propósito  de  pronunciarse  oficiosamente acerca de la posible vulneración de  garantías   fundamentales,   conforme  quedó  expuesto  en  el  cuerpo  de  la  providencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                        ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS               AUGUSTO JOSÉ IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUÍS  QUINTERO MILANÉS                                                   YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                                              JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

                                                           Secretaria     

1  Auto del 23 de agosto de 2007, Radicado No. 28059.   

2    Auto   del   12   de   diciembre   de   2005,   Radicado   No.  24322.     

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