29385(15-05-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29385  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta N° 119.  

          Bogotá D.C., mayo quince (15) de dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

          Examina  la  Sala las bases jurídicas, lógicas y argumentativas de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  Fiscal 17 Delegado de la Unidad  Nacional  Anticorrupción  de  esta capital contra la sentencia proferida por el  Tribunal  Superior  de  Yopal de fecha septiembre 6 de 2007 a través de la cual  revocó  la dictada por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de la misma ciudad  que  condenó  a  CARLOS ARTURO RAMÍREZ y  MARTHA  CEDIEL  PEÑUELA  por   los  delitos  de  peculado  por  apropiación  y  celebración  indebida de contratos.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

La       doctora      Esperanza   Álvarez   Morales,   en  su  condición  de  asesora  jurídica  del  municipio  de  Aguazul (Cas.), formuló  denuncia  penal  a  través  de la cual solicitó investigar las irregularidades  surgidas  con  la realización del convenio modificatorio No. 1 del 22 de agosto  1997  del  convenio  interadministrativo  No. 038/97, suscrito el 14 de abril de  anterior,  entre  CARLOS  ARTURO RAMÍREZ,   como  alcalde  del  referido  municipio,  y  la  Administración  Cooperativa  Interregional  de  Colombia  Ltda., “COINCO LTDA”, representada  por  MARTHA CEDIEL PEÑUELA,  por  cuyo  medio esta última entidad se obligó para con el aludido municipio a  la adquisición de un carro de bomberos.   

Según  la  denunciante,  con  el  convenio  modificatorio  referido,  sin  justificación  alguna y en detrimento del erario  municipal,  se  introdujeron  algunos  cambios a las especificaciones iniciales,  como  la  supresión  de  dos carreteles para mangueras, sustitución del tanque  para  espuma  con  capacidad  de  75  galones  por una gorra de cinco galones de  espuma  y  la  dotación  para  cuatro bomberos por asientos, amén de que estas  últimas  fueron  adquiridas con posterioridad, mediante órdenes de compra a la  firma  INDURRALY  LTDA,  Nos.  0162, por valor de $ 2.273.600, de diciembre 2 de  1997;  0173,  por  valor  de  $  1.849.982  y  0172,  por $ 1.512.640, estas dos  últimas  del 29 de diciembre del mismo año.   

Con fundamento en lo anterior, se dispuso dar  inicio  a  la  correspondiente  investigación  penal,  dentro de la cual fueron  vinculados,   mediante   indagatoria,  CARLOS  ARTURO  RAMÍREZ  y  MARTHA  CEDIEL  PEÑUELA  a  quienes  se   resolvió  situación  jurídica absteniéndose de dictar medida de aseguramiento.   

Cerrada la fase instructiva, se calificó el  mérito  del  sumario  el  19  de  marzo  de  2002 con resolución de acusación  “como  presuntos autor  y coautor responsables  de  los  delitos  de  celebración  indebida  de  contratos  en  la modalidad de  interés  indebido  en  la  celebración de contratos en concurso homogéneo con  peculado  por  apropiación  en  contra  de  CARLOS ARTURO RAMÍREZ y  MARTHA  CEDIEL PEÑUELA”.   

Contra  esta  determinación,  el  defensor  de  CARLOS  ARTURO  RAMÍREZ  interpuso  recurso  de  reposición  y, en subsidio, apelación.  El primer  recurso  fue  resuelto  el  3  de  mayo  siguiente  en  el  sentido  de  reponer  parcialmente  la  decisión “en lo que tiene que ver  con  la  imposición  de medida de aseguramiento de detención preventiva contra  el   señor  CALOS  ARTURO  RAMÍREZ”,  al  tiempo que, en la misma providencia,  se  concedió, en el efecto devolutivo, el recurso de apelación interpuesto por  el   mismo   sujeto   procesal   “en   los  demás  aspectos”.   Luego, el impugnante desistió del  recurso  de apelación, manifestación aceptada por el Fiscal 19 de la Unidad de  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal de Bogotá, mediante auto del 27 de mayo  subsiguiente.   

Ejecutoriada la resolución de acusación, la  fase  del  juicio  le  correspondió  tramitarla  al  Juzgado  Segundo Penal del  Circuito  de  Yopal,  despacho  judicial  que,  el  12 de julio de 2007, una vez  impartió  el  trámite legal, profirió sentencia por cuyo medio condenó a los  procesados   CARLOS   ARTURO  RAMÍREZ  y   MARTHA  CEDIEL  PEÑUELA  como autores penalmente responsables de los mismos delitos por los  cuales  se  los  acusó, a las penas principales de setenta y ocho (78) meses de  prisión,  multa  por valor de “$ U.S. 5.500 del mes  de  agosto  1997” e inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el término de seis (6) años, así como  al  pago  de  perjuicios materiales de acuerdo con las sumas establecidas.   En  la misma decisión, les negó la suspensión condicional de la ejecución de  la  pena  y  otorgó,  a  los  dos  procesados,  la  prisión  domiciliaria como  sustitutiva de la pena de prisión.      

   

En   virtud   del  recurso  de  apelación  interpuesto   por   el   defensor  de  CARLOS  ARTURO  RAMÍREZ  y la Procuradora Judicial Penal 167, la  anterior  determinación  fue revocada integralmente por el Tribunal Superior de  Yopal,  mediante  sentencia  del  6  de  septiembre  ulterior para, en su lugar,  absolver  a  los  procesados  de  los  cargos  proferidos  en  su  contra  en la  resolución de acusación.   

          El   fallo   del   ad  quem  ahora  es  objeto  del recurso extraordinario de casación por parte  del  representante  de  la  Fiscalía,  lo  cual  dio lugar a que se allegara al  proceso   la  presente  demanda,  sometida  a  examen  en  punto  de  las  bases  jurídicas, lógicas y argumentativas exigidas para su admisión.   

LA DEMANDA  

El actor formula un único cargo al amparo de  la  causal  primera  prevista  en  el  artículo  207  de la Ley 600 de 2000, al  considerar  que  la sentencia incurre en violación directa de la ley sustancial  “cual  es,  el  desconocimiento  del  derecho en la  apreciación       integral       de      determinada      prueba”.   

Acto  seguido,  sostiene  que  “el  desarrollo  del  cargo invocado justifica per se las razones  por  las  cuales  la  Corte  debe  examinar  en sede de casación excepcional la  presente causa”.   

En  el desarrollo del reparo, asegura que el  motivo  incoado surge por falso juicio de existencia, porque el juzgador ignoró  algunas         pruebas        “procesalmente  válidas”.   

Refiere, inicialmente, al informe del CTI No.  1220  del  15 de octubre de 1998, por medio del cual se declara que “dentro  de  los  documentos allegados a la diligencia no existen  documentos   soportes…”   y  que,  por  ello,  se  vulneraron  los  principios  de  la  Ley 80 de 1993 de transparencia, selección  objetiva  y  economía.  Más adelante, alude que también se omitió valorar el  informe  del  mismo organismo No. 0040578 del 19 de diciembre de 2001, según el  cual  el  jefe  de bomberos de Aguazul señaló que la máquina adquirida llegó  sin   algunos   elementos,   lo   cual   ocasionó   detrimento  al  erario  del  municipio.   

Enseguida,   en  el  aparte  que  denomina  “devenir  fáctico  y  procesal  que  fundamenta la  existencia   de   la   irregularidad”  advierte  que  “el   vicio  de  garantía  denunciado  consistió  primordialmente  en que el juez de segunda  instancia yerra respecto de las  normas  reguladoras del valor probatorio de la prueba, uno, porque niega a estas  (sic)  el  valor probatorio  que  la  ley les asigna, y dos, porque por defecto le da el valor que legalmente  no le corresponde”.   

Lo  anterior, agrega, por cuanto el Tribunal  al  valorar  estos  informes  indicó  que  “dada su  trascendencia  y sus explicaciones justificativas considera la sala que lo allí  consignado  debió  complementarse  con  los  medios  probatorios  que  allí se  inferían.    Inusualmente  no  puede  ser  tenido  como  medio  probatorio  relevante  para  estructurar sobre él una sentencia condenatoria”.   

Posteriormente,  en  el capítulo intitulado  “breves   reflexiones   teóricas,  doctrinales  y  jurisprudenciales”  diserta en punto del “derecho a  la  prueba”, para lo cual remonta    a su origen constitucional  y  de ahí colige que en este caso se desconoció dicho principio, al negarse el  valor  que  merecían los informes referidos y haber desvirtuado el principio de  in  dubio  pro  reo  en  favor de los procesados.   

El   derecho   a   la   prueba,  agrega  a  continuación,  se  relaciona  con  el  principio de investigación integral, en  tanto  se  proyecta  hacia  lo  favorable  como  a  lo desfavorable, de modo que  mientras  no  se  demuestre  responsabilidad a través de los diversos medios de  prueba, opera la presunción de inocencia.   

Acto  seguido,  destaca,  en  el  capítulo  denominado  “el  perjuicio  concreto”,  que  no  sólo  el ad-quem desconoció  el valor de los informes de policía, sino que también  “las  diferentes  declaraciones  que  reafirman  la  forma  irregular  como  el  sr.  CARLOS  ARTURO  RAMÍREZ  vulnero  (sic)   los   principios   rectores   de  transparencia,   objetividad   y   selección   objetiva   de   la   Ley  80  de  1993”,  con  lo  cual  ocasionó  grave perjuicio al  municipio  de  Aguazul  al  modificar el objeto contractual inicial, adquiriendo  elementos por un valor superior al real.   

Los  informes  de  policía,  complementa,  además   también   ratifican  los  documentos  por  medio  de  los  cuales  se  suscribieron las órdenes de compra.   

De   esa   forma  culmina  su  exposición  solicitando  “dejar  sin  efectos  la  sentencia de  segunda  instancia  …y  en  su  defecto,  convalidar  la  sentencia de primera  instancia”  y demandado la aplicación del artículo  228    de    la   Constitución   Política.        

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Surge   evidente   que  la  propuesta  del  casacionista  no  satisface  los requisitos señalados en el artículo 212 de la  Ley  600  de  2000  y,  en  esa  medida, se inadmitirá, por ser la consecuencia  procesal  que  sobreviene  frente  a  tal supuesto, como lo enseña la siguiente  disposición  del  ordenamiento en mención.  A esa conclusión se llega de  conformidad con las siguientes razones:   

          1.  La  propuesta  contenida  en  el  cargo  no cumple con las bases  jurídicas,  lógicas y argumentativas que se exigen de la demanda de casación,  en  tanto  introduce  temáticas  incompatibles  con  la causal de casación que  invoca,  vulnerando  principios  que  regentan  esta  materia, tales como los de  autonomía,  prioridad  y no contradicción, cuyo objetivo no es otro que exigir  la  presentación  de una demanda enmarcada dentro de unos mínimos presupuestos  de  coherencia  y  fundamentación, como lo ha señalado la Sala cuando ha hecho  referencia  a  su  naturaleza,  amén  de que no le corresponde, dada su esencia  rogada,  desentrañar  confusos,  ambivalentes y contradictorios planteamientos,  como   ocurre   con  la  única  censura  contenida  en  la  demanda  objeto  de  análisis.   

   

En  efecto,  no  obstante  que  el  actor en  procura  del  resquebrajamiento  del fallo de segunda instancia invoca la causal  primera  de casación prevista en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, por la  senda  de  la violación directa de la ley sustancial, acto seguido refiere a un  error  de  valoración  probatoria  y,  más  adelante,  a  uno de garantía por  transgresión      del      denominado      principio      de     investigación  integral.                             

Comiéncese  por  decir que los presupuestos  del  motivo  específico  de casación esgrimido, esto es, la violación directa  de  la  ley  sustancial,  son  absolutamente  incompatibles  con  una alegación  fundada   en  vicios  en  la  apreciación  de  los  medios  de  prueba  bien  a  consecuencia  de errores de hecho, por falsos juicios de existencia, identidad o  raciocinio,  o  de  derecho,  por  falsos juicios de legalidad o de convicción.   

Lo  dicho  en  precedencia  porque cuando se  invoca  el  motivo  de  violación  directa de la ley sustancial, el debate debe  girar  en  derredor  del  yerro  que  sin  mediación  alguna recae frente a una  normativa  de  derecho  sustancial  por  su  falta  de  aplicación, aplicación  indebida o interpretación errónea.   

En la primera hipótesis, es decir, por falta  de  aplicación o exclusión evidente, el fallador incurre en  error acerca  de  la  existencia  del precepto, de tal forma que lo margina para solucionar el  caso  a pesar de ser el llamado para tal efecto; en la segunda opción, esto es,  por  aplicación  indebida, el funcionario realiza una equivocada adecuación de  los  hechos  probados a los supuestos que contempla la norma sustancial y, en el  último   supuesto,  esto  es,  por  interpretación  errónea,  atribuye  a  la  disposición  aplicable  un  sentido que no tiene o le asigna efectos diversos o  contrarios a su contenido.   

Por  tanto,  cualquiera  sea la modalidad de  violación  directa  de  la  ley  sustancial  que  se  proponga, el yerro de los  juzgadores   debe  recaer  necesaria  e  inmediatamente  sobre  la  normatividad  sustancial,  circunstancia  que  traslada  el  debate a un ámbito estrictamente  jurídico  que  exige  como  punto  de  partida  la  aceptación  de la realidad  fáctica y probatoria definida en el fallo.   

De suerte, entonces, que si el desacuerdo se  predica  de  la actividad probatoria y su ulterior ponderación por parte de los  funcionarios  judiciales, la vía de ataque legalmente adecuada no es la directa  sino  la  indirecta, dado que la infracción a la ley sustancial se lleva a cabo  de  manera  mediata, de conformidad con las diversas modalidades de error atrás  indicadas   en   que   pueden   incurrir   los  sentenciadores  al  apreciar  la  prueba.   

En  la  censura objeto de estudio, fácil se  observa  que  si  bien  el  casacionista plantea la violación directa de la ley  sustancial,    su    queja    no    es    de    índole    jurídico–conceptual,  pues  en  su  mayor parte  cuestiona  la  forma  como  se apreció la prueba, ejercicio procedente única y  exclusivamente  a  través de la vía que ofrece la causal primera de casación,  por  violación indirecta de la ley sustancial y no por la directa, indicando el  error concreto de apreciación en que incurrió el fallador.   

Infortunadamente,  la  confusión  del actor  irrumpe  con  mayor  fuerza  cuando  involucra  en  la misma censura un vicio de  garantía  derivado  de  la violación del principio de investigación integral,  cuya  esencia  dista  todavía  más  del  motivo  invocado  e,  incluso, de los  defectos de apreciación probatoria.     

En  efecto,  tiene  dicho  la  Sala  que  la  transgresión  de  ese  principio  encuentra  abrigo  en  la  causal  tercera de  casación  contenida  en el citado artículo 207 de la Ley 600 de 2000, en tanto  la  sentencia  se profiere en un proceso viciado de nulidad, en este específico  evento  porque el juzgador omite su deber legal de investigar tanto lo favorable  como  lo  desfavorable  al  procesado,  en  detrimento  del debido proceso y del  derecho de defensa.   

Pues  bien,  dicha irregularidad comporta un  error   in  procedendo  de  garantía  con  efectos  invalidantes  de  la  actuación,  cuya única forma de  plantearse  en  sede  de  casación,  se  reitera,  es  a  través  de la causal  señalada.   

De modo que, cuando el libelista formula una  tal  propuesta  y  paralelamente  refiere  a  errores  de  juicio o in  indicando  por incorrecta apreciación  de  las  pruebas,  nuevamente  incurre  en afrenta a los principios aludidos que  regulan  la  materia  casacional,  puesto  que son pretensiones  totalmente  incompatibles.   

Ciertamente,   configura   contradicción  absoluta   invocar  al  mismo  tiempo  un  vicio  de  actividad  -en  tanto  tal  incorrección  entraña  un  vicio  que  afecta  la  actuación  procesal  o  la  sentencia,  cuya  única  forma  de  enmienda es a través de la declaratoria de  nulidad-  y  errores  de juicio que no comprometen su validez, y que imponen, en  caso de verificarse, el proferimiento de un fallo de reemplazo.   

No  está de más advertir que las falencias  de  la  censura  no  son  sólo  de  orden  nominal  para  inferir, contrario        sensu,   que  de  su  contexto  emana  un  planteamiento  afín  con un error de apreciación probatoria consecuente con la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, particularmente el falso juicio de  existencia referido, por omisión probatoria.   

La anterior afirmación tiene sustento en las  siguientes razones:   

En  primer  lugar,  dado  que  el  actor  ni  siquiera  refiere  preceptiva  alguna  de  carácter  sustancial  cuya  violación  se haya verificado, lo cual  controvierte  esa  alternativa  e impide conocer la trascendencia concreta de la  propuesta.                       

En  segundo  término, por cuanto, fácil se  constata  que  su  inconformidad  va  dirigida, ya bajo el rótulo de violación  directa,   o   del  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  o  del  desconocimiento   del   principio  de  investigación  integral,  a  imponer  su  particular  y  generalizado  criterio  en  punto  de  la apreciación de algunas  pruebas,  en  especial  de  los  informes de policía aportados al proceso, así  como  de testimonios y documentos que apenas enuncia, con el objeto de que prime  sobre  el  plasmado  en la providencia impugnada por el Tribunal, discusión que  no   tiene   cabida   en  esta  sede,  atendida  su  naturaleza  extraordinaria,  inconciliable  con  la  discusión  libre de instancias, y a que con esa actitud  tampoco  logra  derruir las presunciones de acierto y legalidad que gobiernan al  fallo impugnado.   

De  lo  expuesto en precedencia queda claro,  por  consiguiente,  que  tampoco surge del contexto de la demanda una discusión  viable  en terrenos de la violación indirecta de la ley sustancial.     

Finalmente, cabe anotar que a tal punto llega  el  desconocimiento  del  demandante de las directrices del medio extraordinario  de  impugnación, que no se encuentra explicación plausible a su afirmación en  el  sentido de que “el desarrollo del cargo invocado  justifica  per  se  las razones por las cuales la Corte debe examinar en sede de  casación  excepcional  la  presente causa”, no sólo  porque  entremezcla  las  nociones  de  casación  ordinaria  y  discrecional  o  excepcional,  cuyos  presupuestos  son  bien  diversos, sino también porque era  innecesario  su planteamiento en este caso por ser evidente la procedencia de la  primera  vía,  acorde con las exigencias legales contenidas en el artículo 205  de la Ley 600 de 2000.          

La   sumatoria   de   las   incorrecciones  señaladas,  conduce a  concluir que la demanda de casación presentada por  el  representante  de  la Fiscalía no cumple con las mínimas bases jurídicas,  lógicas   y   argumentativas  que  exige  el  numeral  3°  del  artículo  212  ibídem  para su admisión,  al  aludir  que  deberá contener “(L)a enunciación  de   la   causal   y   la   formulación   del   cargo,  indicando  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos  y las normas que el  demandante    estime   infringidas”   (subrayas fuera de texto).   

En consecuencia, se impone la inadmisión de  la  demanda  y  la devolución del expediente al despacho de origen, tal como lo  señala   el   artículo   213   ejusdem.   Adicionalmente,  porque  no se advierte que dentro del presente trámite y en la  sentencia  se  haya  incurrido  en  violación  de  garantías fundamentales que  reclame la intervención oficiosa de la Sala.      

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta   por   el   por  el  Fiscal  17  Delegado  de  la  Unidad  Nacional  Anticorrupción  de  esta  capital,  por  las razones consignadas en la anterior  motivación.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese   y   cúmplase,   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                       ALFREDO       GÓMEZ       QUINTERO             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS         AUGUSTO                         J.                         IBÁÑEZ  GUZMÁN                  

JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS                              YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                  JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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