29386(02-09-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29386  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta: 248  

Bogotá,  D.C.,  dos (2) de septiembre de dos  mil ocho (2008).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  formales  que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda  de  casación  presentada por  la  defensora  de  GLADIS  DÁVILA DÁVILA y JAVIER DE  JESÚS  OSSA  MIRA, contra el fallo del 28 de agosto de  2007,  mediante  el  cual  el  Tribunal  Superior  de  Antioquia,    confirmó1  la  sentencia  adoptada  por  el  Juzgado   Promiscuo   del   Circuito   de   Ituango,  el  11  de octubre de 2005, quien los condenó por los  delitos  de  interés  ilícito  en la celebración de  contratos,     falsedad  ideológica   en  documento  público  y  privado,  en  concurso   material.    

H    E    C    H   O   S   

Fueron  relatados  por  las  instancias de la  siguiente manera:   

“Ante  la  Unidad  de  delitos  contra  la  Administración  Pública  de  Medellín,  llegó escrito anónimo a través del  cual  se  ponían  en  conocimiento  una  serie de delitos ejecutados por el Sr.  Javier  de  Jesús  Ossa  Mira,  entre los años 1.998 y 2.001, época en que se  desempeño  como  Gerente del Hospital Gustavo González Ochoa, del Municipio de  San  Andrés  de  Cuerquía,  por  lo  que  dicha  entidad  judicial  inició la  respectiva  investigación,  en  la  que  resultó  también   vinculada la  cónyuge  de  aquel,  señora  Gladis  Dávila  Dávila.  Frente a los mismos se  adelantó  la  etapa  sumarial  por  los  punibles  de  interés  ilícito en la  celebración  de  contratos  y  falsedad  ideológica  en  documento  público y  privado  habiéndose  presentado  la  ruptura de la unidad procesal en relación  con otros presuntos delitos por ellos desplegados”.   

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1. El 12 de mayo de  2004,  la  Fiscalía  55  Delegada  ante  el  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito de Ituango (Antioquia), dictó  resolución  de  acusación  contra  JAVIER  DE  JESÚS  OSSA MIRA y GLADIS DÁVILA  DÁVILA,    por    los   delitos   de   interés  ilícito  en  la  celebración  de  contratos,   falsedad   ideológica   en  documento  público  y  falsedad en documento privado, en concurso  material.     Decisión  ejecutoriada el 29 de julio del mismo año.   

2. El 11 de octubre  de   2005,  el  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  Ituango, condenó  a   los  procesados  por  los punibles imputados:  JAVIER  DE  JESÚS OSSA MIRA,  a la pena de sesenta y tres (63)  meses  de  prisión  y  multa  de  $  6.881.000.oo;    GLADIS   DÁVILA,  cuarenta   y   seis   (46)   meses   de  prisión  y  multa  de  $  4.718.400.oo.  Como  sanción  accesoria     la    “interdicción”  de  derechos  y funciones públicas, por el mismo lapso, para cada  uno, de la pena principal.    

3. El 28 de agosto de  2007,    el    Tribunal   de   Antioquia,  confirmó  la  sentencia  recurrida  por  el  defensor  técnico de los procesados. En la misma  decisión,  los  absolvió por  el  punible de interés ilícito en la celebración del  contrato   de   prestación  de  servicios  de  salud;  por   ende,  modificó  la  pena impuesta a Gladis  Dávila    (de   46   a   38)   y   a   Javier   Ossa  (de  63  a  50)  meses  de  prisión, también ordenó reducir la pena accesoria.   

4.  Inconforme  la  defensa   técnica  con  el  fallo  condenatorio,  después  de  impugnarlo,  lo  sustentó  mediante  la presentación del respectivo libelo, que hoy califica la  Sala.   

R   E   S   U  M  E  N     D  E    L A   D E M A N D A   

Bajo  el  amparo  de  la  Ley 600 de 2000, la  defensora  de  los  condenados,  acusó  el  fallo  dictado  por el Tribunal  de  Antioquia  de violar la Ley  sustancial,  por  vía directa  en   relación   con   JAVIER  OSSA  MIRA   e   indirecta   en   lo   que  tiene  que  ver  con  GLADIS DÁVILA.   

I. Cargo propuesto a favor de JAVIER DE JESÚS  OSSA MIRA.   

Lo     sustento     por    “error  de  hecho  al no apreciar las pruebas que determinaban la  no    existencia    del    hecho    imputado    y   por   consiguiente   de   la  responsabilidad” de su prohijado.   

Citó como norma vulnerada el artículo 145 de  la  Ley  100  de  1980  (interés  ilícito  en  la  celebración de contratos),  “cuya  existencia  fue  determinada gracias a la no  apreciación   de  las  pruebas  que  determinaban  que  tales  artículos,  del  irrisorio  valor,  no  le  fueron  adquiridos  a  su  consanguíneo, sino que se  compraron  en  un establecimiento corriente… y la falta de aplicación de esas  pruebas  fueron  las que dieron lugar a que se estimaran plenamente establecidas  las  exigencias  del artículo 247“ del Decreto 2.700  de 1991.   

El    fallo   cuestionado,   “ni  siquiera toma en consideración adecuadamente la indagatoria  del  sentenciado…  donde  claramente explica que los tapetes fueron adquiridos  en    un    Almacén    de    Medellín…    pagados    previamente    por   su  excónyuge”  y  aquellos  llevados  por  su  hijo al  centro hospitalario donde era Gerente.   

Menos    aún,    valoró    “los  documentos que hacen referencia al pago de dichos elementos  de  escaso  valor  $  90.000”, pues tal compra por su  insignificante  cuantía,  fue realizada por la familia del penado, por ello, se  puede  adquirir  los  elementos de manera directa, sin la intervención Estatal.   

Si     el     Tribunal     “hubiera  valorado  adecuadamente  dichos elementos de prueba: la  indagatoria   y  el  comprobante  de  pago,  no  hubiere  podido  arribar  a  la  categórica  conclusión  de  que  no  eran  ciertas  las  exculpaciones  de  mi  defendido”.   

En  consecuencia,  al  no haber apreciado las  pruebas  que  “determinaban  la  no  existencia del  hecho:  del  delito  de  Interés  Ilícito  en la Celebración de contratos, se  violó  el  artículo  247  del Decreto 2700 de 1.991… para estimar probada la  existencia  e la infracción señalada, tipificada en el artículo 145 de la Ley  100 de 1980”.   

Luego,   por   un  error  de  hecho  en  la  apreciación   probatoria,   “se  llegó  al  falso  concepto  de  la  existencia  de  dicha  infracción  penal  y por supuesto a la  responsabilidad del acusado”.   

Con  base  en lo afirmado, solicitó casar el  fallo  impugnado  “y en su lugar deberá disponerse  la  ABSOLUCIÓN del Dr. JAVIER DE JESÚS OSSA MIRA en relación con el delito de  Interés   Ilícito  en  la  Celebración  de  Contratos,  con  la  consiguiente  readecuación  de  la  pena”, donde será beneficiado  de   una   prisión   domiciliaria   o   la   sustitución   condicional  de  la  misma.   

II. Cargo propuesto a favor de GLADIS DÁVILA  DÁVILA.   

Sostuvo   la  demandante  que  el  Tribunal  “también incurre en la causal segunda de casación  consistente  en  la  falta  de  consonancia  con  los  cargos  formulados  en la  resolución de acusación”.   

Le  imputaron  los  delitos  de  interés  ilícito  en  la  celebración  de  contratos y   falsedad   ideológica  en  documento  público,  a título de cómplice y no de autor por no  reunir  los  requisitos  de  servidor  público;  no  así  para  el  punible de  falsedad     en    documento    privado, el cual se le dedujo como coautora.   

Por  ello,  informó  la  defensora,  que  no  obstante   lo  precedente,  el  Juez  –aunque  reconoció  la  calidad de cómplice por el delito contra la  Administración   Pública-   frente   a  la  falsedad  en  documento  público,  “no  tuvo en cuenta que se le acusaba en calidad de  cómplice”.   

La  imputación  fáctico-jurídica  fue  a  título  de  cómplice,  “por manera que cuando esa  Sala  no  tuvo en cuenta esta circunstancia y la condenó como autora del delito  de  falsedad  Ideológica  en  Documentos  Públicos  sin respetar las reglas de  juego  de la acusación”, violó la causal segunda de  casación,  al no haberle hecho la rebaja de una sexta parte a la mitad, como lo  determinaba el artículo 24 de la Ley 100 de 1980.   

Por  tanto,  solicitó,  casar  la  sentencia  recurrida y dictar el fallo de reemplazo.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  SALA   

Las   censuras   presentadas   a  favor  de  JAVIER  DE  JESÚS  OSSA MRA y GLADIS DÁVILA DÁVILA,  no  reúnen  los presupuestos mínimos de coherencia y  lógica-argumentativa  puntualizados  por  la  jurisprudencia  para  admitir  la  demanda  de casación, pues si  bien,  propone  como  punto  de partida para lograr la infirmación del fallo de  segundo  nivel,  la  violación  indirecta  de la Ley sustancial e incongruencia  entre  la resolución de acusación y el fallo del Tribunal, respectivamente; en  su  desarrollo  y demostración incurrió en graves fallas que atentan contra la  filosofía que inspira el recurso extraordinario.   

No  es un escrito de libre confección con el  que  se pretenda derrumbar la doble presunción de acierto y legalidad que viene  atada  a  los  fallos,  tampoco  es una adición de ideas en búsqueda de un fin  jurídico  subjetivo  o  hipotético  para  asegurar la demostración del ataque  propuesto.   

Como  metodología,  la  Sala  abordará  la  calificación    de   las   censuras,   estableciendo   aquellos   puntos   más  preponderantes,  a  fin  de determinar de manera precisa, las falencias de mayor  impacto,  con el objeto de brindarle a la defensora suficiente claridad en torno  a los desatinos que presenta su memorial-demanda.   

Son  múltiples  los yerros detectados en los  cargos formulados a favor de OSSA y DÁVILA:   

(i)  No seleccionó  una  de  las  variadas  hipótesis  del  error  de  hecho, las cuales tienen una  exposición  y análisis independiente y excluyente entre sí, máxime cuando se  pretende   derribar   las   pruebas   desde   diversos   presupuestos   lógicos  argumentativos,  ya  sea  sobre  su  contenido  objetivo,  ataque  que será por  falso  juicio  de  identidad  (tergiversación,  adición,  supresión  o  cercenamiento),  su presencia en el  acontecer    procesal,    por    falso   juicio   de  existencia (por omisión o suposición) o por el valor  persuasivo  declarado  por los juzgadores a los diversos medios probatorios, los  cuales  se  pueden  combatir con las reglas de la experiencia, los postulados de  la  lógica  o  las  máximas  de  la ciencia, denominado por la judicatura como  falso     raciocinio.   

(ii)  Solo  se  contentó  con  citar  las pruebas que en su criterio le  restan  valor  a la sentencia condenatoria, pero olvidó individualizar cada una  y,  de  contera, realizar el correlativo cotejo con los demás medios aportados,  a  fin de presentar un nuevo panorama hermenéutico capaz, en toda su extensión  y esencia, de arrasar el fallo atacado.   

(iii)  Expuso  su  criterio  por  encima  del  formulado  por  el  Tribunal,  sin ninguna temática  casacional   y   contra   la  valoración  judicial,  como  cuando  adujo:   “ni  siquiera  toma en consideración adecuadamente  la  indagatoria  del  sentenciado…  donde  claramente  explica que los tapetes  fueron  adquiridos  en  un  Almacén  de Medellín… pagados previamente por su  excónyuge”;  basado en ello, lo único claro, es la  equivocación  de  la vía de ataque que seleccionó, pues aquí se refiere a un  falso  juicio  de  identidad,  quizás  por  tergiversación o cercenamiento del  medio  probatorio;  pero  en  modo alguno demostró su pretensión y si dejó en  ciernes   su  especulación  de  no  haber  valorado  la  injurada,  según  las  expectativas de la demandante.     

(iv) La defensora en  el   segundo   cargo   realizado  a  favor  de  GLADIS  DÁVILA, indicó que se presentaba incongruencia entre  la  resolución  de  acusación  y  el  fallo  de  segundo  nivel, al habérsele  imputado  los  delitos  de  interés  ilícito en la celebración de contratos y  falsedad   ideológica   en   documento   público   a   título  de  cómplice,  límite  conceptual  que  no  guardaron  las  instancias,  al  haberla condenado como  coautora de tales ilícitos.   

La  Sala  viene  insistiendo que “la   resolución   de   acusación   delimita   el   ámbito  de  desenvolvimiento  del  juicio  y  de  la  sentencia.  En  ese orden de ideas, el  principio  de  congruencia  juega  un  papel  fundamental  dentro  del proceso e  implica  una  garantía  de que la sentencia debe guardar una adecuada relación  personal,   fáctica   y   jurídica  con  la  resolución  de  acusación…”  en   consecuencia,  “la  congruencia  personal  implica conformidad entre los sujetos a que se refiere la  acusación  y  aquellos  a  los  que  se  contrae la sentencia. La fáctica hace  relación  a  la  identidad  entre  los  hechos y circunstancias definidos en la  acusación,  con  los  que  sirven  de  sustento  al  fallo. Y, la jurídica, se  traduce   en  la  correspondencia  que  debe  existir  entre  la  calificación,  entendiendo  por tal el juicio que de los hechos se hace frente a su regulación  jurídica,    que    contiene    la    acusación,   y   la   que   preside   la  sentencia”2.   

Destacó  la  jurisprudencia  en  un  caso de  similares connotaciones como las aquí estipuladas, lo siguiente:   

“(…)  que  no  se vislumbra ambigüedad  alguna  en  el pliego de cargos, pues allí se anotó con claridad el delito por  el  que  se  procedía, así como la forma de intervención de los procesados en  su  comisión  como  coautores, delito y condición por la que fueron finalmente  condenados.   

Para   abundar   en   la  argumentación,  pertinente  resulta  señalar  que la Sala al ocuparse de una situación similar  expuso  que  “al  haberse  acusado  y condenado a M.M. como “determinador”, este  error  en el término utilizado para precisar el grado de participación (que es  de  “coautoría”, como se dijo) no entraña materialmente irregularidad ninguna,  pues  de  todos  modos  dicho acusado conoció enteramente y se defendió de los  cargos  por  los  cuales  fue  sentenciado,  siendo  entonces  el referido yerro  conceptual  un  aspecto  meramente nominal que en nada incidió en el derecho de  defensa        de       dicho       procesado”3   

.  

Sin  que  se  entienda  como una respuesta de  fondo  sino  en  virtud  del  ejercicio pedagógico que viene realizando la Sala  como  una  más  de  sus funciones, es claro que el Tribunal aceptó el grado de  participación    de    complicidad    por    el    delito    de    falsedad     ideológica    en    documento    público,   imputado   contra   GLADIS   DÁVILA,  tal como se puede constatar:   

“(…) como el tipo de participación por  el  que  fue  llamada  a  juicio  y condenada Gladys (sic) Dávila Dávila, como  cómplice  por  razón  simplemente  de  no  ostentar  la  calidad  de servidora  pública,   tema   ya   suficientemente   aclarado   por  la  jurisprudencia”.   

El   problema   no   reside   –como  se  demandó-  en  la  supuesta  incongruencia  entre  la  resolución de acusación y el fallo de segundo nivel,  al  ser  acusada  en  calidad  de cómplice  y  supuestamente  el  Tribunal haberla condenado como autora. En el presente caso, los fallos de  instancia,  anunciaron  que  la  responsabilidad penal en cabeza de GLADIS   DÁVILA,  era  exclusivamente  a  título  de  cómplice para los punibles de interés ilícito en la celebración  de  contratos  –donde fue  absuelta  por  el  Tribunal- y el de falsedad ideológica en documento público,  toda  vez  que,  tales  conductas reclaman un sujeto activo calificado (servidor  público);  atributo  que ella no ostentaba al momento de la consumación de los  hechos  ilícitos.  Se  desprende  de  lo  anterior, que la instancia aceptó la  participación  en  complicidad pero olvidó recogerla al realizar la operación  dosimétrica;  circunstancia  que  resulta  insustancial, desde la óptica de la  causal seleccionada por la defensora.     

(v) El principio de  trascendencia, fue abandonado  por  completo por la libelista, con tal actuar dejo insustancial las censuras al  no  demostrar  de  manera  objetiva  y contundente el daño ocasionado a la ley.   

Por  último,  uno  de  los  principios  que  inspiran   el   recurso   extraordinario   de   casación   es  el  dispositivo, con el cual, lo pretendido en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su delimitación, fijándose con él la  competencia  de  la  Corte.  Sin que pueda ni deba hacerse, una readecuación de  los  cargos  y  sus fundamentos trascendentes, para así cumplir con la forma y,  luego  de  fondo, dictar la sentencia correspondiente. Esto concitaría a actuar  en   dos   extremos   excluyentes   y  exclusivos,  se  unificarían  tanto  las  pretensiones  contenidas  en  el escrito con el criterio jurídico de la Sala al  enmendar  el  libelo  y,  lo  más  censurable  de  todo,  sería  que  la misma  Corporación  que  convalidó  la  demanda,  falle  en  consecuencia.  Por ende,  admitirla   sin   que  cumpla  elementales  presupuestos  de  lógica  y  debida  argumentación,  es  como  ponerla  a  combatir  la  ilegalidad  en  un  proceso  usurpando  facultades  inherentes  a los intervinientes, partes o sujetos en una  actuación penal, lo cual es inadmisible.    

Es por esta potísima razón que se insiste en  la  consagración  de  algunos  presupuestos  sin los cuales el recurso se torna  inane  y  queda convertido en un simple alegato de instancia, donde sólo impera  la  voluntad  del  censor,  más  no  se demuestra la afrenta a la Ley, la   Constitución  o al Bloque de Constitucionalidad que es la causa final en la que  se inspira el instituto.   

No     es    que    la    “técnica”  por  si  misma tenga como  fin  enervar  los  derechos  adquiridos  a  los  sujetos  procesales,  ni  pueda  reflexionarse  siquiera  que  aquellos  yerros  conducen a la Corte a desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas de mayor relevancia. Lo que ocurre es que si la  Sala   entra   a   solucionar  todos  los  defectos  contenidos  en  la  demanda  –admitiéndola-  se  le  irrogaría  a  la Judicatura un poder absoluto de reconfeccionarla y adecuarla a  posturas  argumentativas  decantadas  por los intervinientes en el proceso, para  luego   entrar   a   decidir  el  problema  de  fondo:  lo  cual  es  absurdo  e  inconveniente.   

Se  verifica,  entonces,  que  la  demandante  presenta  una   alegación  producto  de su propia percepción del derecho,  los  hechos  y  las  pruebas contra lo afirmado por los Jueces de instancia, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  censura,  con lo cual sus pretensiones se alejan de la filosofía que irradia el  instituto casacional.   

En  consecuencia,  los  defectos sustanciales  enunciados   atrás  no  le  dejan  otro  camino  a  la  Sala  que  inadmitir  la demanda presentada a favor de  GLADIS  DÁVILA  DÁVILA  y  de   JAVIER   DE   JESÚS   OSSA   MIRA,  de conformidad con lo consagrado en el artículo 213 de la Ley 600  de 2000.   

C  A  S  A C I Ó N   O F I C I O S  A   

Se  hará  en  garantía  del  principio  de  legalidad  de  la  pena, por  cuanto  el  Tribunal Superior de Antioquia,  incurrió  en  múltiples yerros, los cuales generan violación a  los      derechos     fundamentales     de     los     sentenciados.     

1.  Respecto  de  JAVIER  DE  JESÚS OSSA MIRA:   

El procesado fue sentenciado por los injustos  de  interés  ilícito  en  la celebración de contratos en concurso homogéneo,  falsedad  ideológica  en  documento  público  y falsedad en documento privado;  realizando  el  Juez,  la  correspondiente   dosificación  punitiva, de la  siguiente manera:   

“Como  el delito más grave ejecutado por  OSSA  MIRA fue el de interés ilícito en la celebración de contratos, el marco  genérico  punitivo  para el mismo está dado entre 48 y 144, quedando el primer  cuarto  de  movilidad entre 48 y 72 meses de prisión; los cuartos medios, entre  72  y  120  y  el máximo entre éste último rubro y 144 meses. Así las cosas,  como  no  convergen  circunstancias de mayor punibilidad, a pesar de que obra en  el  expediente  sentencia condenatoria emitida por el Juzgado Penal del Circuito  de  Frontino, ello no será tenido en cuenta como antecedente penal, como quiera  que  los  hechos  por  los cuales fue juzgado en esa ocasión fueron desplegados  durante  la  misma administración o gerencia, dada entre los años 1998 y 2001.  Por tal causa se partirá del cuarto mínimo.   

Partiendo  entonces  de  una sanción de 48  meses  de  prisión y que la misma debe aumentarse hasta en otro tanto (art. 31)  dada  la  convergencia  de  los  distintos  concursos,  teniendo  en  cuenta los  criterios  orientadores  previstos en el artículo 60 del C. Penal, dichos  tantos  se  considerarán  en 5 meses cada uno (3 conductas  más),    para    un   total   de   63   meses   de  prisión”. (Subrayado fuera de texto).   

El Tribunal, supuestamente advirtió un yerro  aritmético  en  la sentencia de primer grado, porque entendió que se equivocó  al  sumar  la  cantidad  de  pena  por  los  tres (3) delitos concursantes. Así  explicó  la  necesidad  de  redosificar  la pena, sumando 5 meses a 48, para un  total de 53, lo que indica que redujo la pena en 10 meses.   

Sin embargo, la Sala observa que el desafuero  lo  consumó  fue el Tribunal, porque contrario a lo dicho, el Juez expresamente  manifestó  atribuir 5 meses por cada una de las conductas concursantes, para un  total  de 15. No obstante, la Corte no puede entrar a subsanar el yerro del Juez  Plural,  por  prevalencia  constitucional  del axioma de no reformatio in pejus,  toda  vez  que  se  le  agravaría  la  pena  impuesta al condenado OSSA.   

Ahora   bien,   como   el   Juez  Colegiado  absolvió   al   procesado  OSSA  MIRA,  por  uno de los  punibles   contra   la   administración   pública  (interés  ilícito  en  la  celebración  de  contratos)  que  concursaba  de manera homogénea, procedió a  redosificar  la  pena  y  a  excluir el monto equivalente por este punible. Así  descontó  por  los  aludidos  5 meses, 70 días para imponer definitivamente 80  días  por las dos falsedades -las que quedaban concursando con el delito base-;  evidentemente  este  ejercicio dosimétrico transgrede el principio de legalidad  de  la  pena, por cuanto con el primer yerro cometido por el Tribunal, ya había  mermado  un  monto de la pena equivalente a 10 meses, pero en este punto tampoco  la  Sala   puede  modificar la pena de 50 meses y 20 días de prisión, que  de      manera     definitiva     le     fue     impuesta     a     OSSA,  en  virtud  del  postulado  de  no  reforma en peor.   

Respecto  a la pena principal de multa,    se    detecta   que   en   las  consideraciones  del  fallo  de segundo grado, se estableció el monto en veinte  (20)  smlmv,  guarismo  que  responde  al principio de legalidad de la pena; sin  embargo,  omitió ordenarlo en la parte resolutiva del mismo, motivo por el cual  la Corte, lo hará como en derecho corresponde.   

2.    Referente    a    GLADIS    DÁVILA  DÁVILA:   

Como    el   Tribunal   la   absolvió   por  el  punible  de  interés  ilícito  en  la  celebración  de  contratos, el paso siguiente fue eliminar la  punibilidad  impuesta  por  el  mismo,  redosificando  la  pena,  para  lo  cual  determinó  como delito base la falsedad ideológica en  documento  público,  imponiendo  por este 36 meses de  prisión y, por la falsedad privada, le adicionó 2 meses.   

Olvidó  el  Juez  Colegiado,  el  grado  de  participación  por  el  que  fue  acusada,  es  decir,  en calidad de cómplice  (artículo  30  de  la  Ley  599 de 2000), que imponía deducir la pena de (1/6)  parte  a  la (1/2), en armonía con el artículo 60, numeral 5, de la misma obra  sustancial.   

En esas condiciones, le corresponde a la Sala,  restablecer   de  manera  inmediata  el  principio  de  legalidad  de  la  pena,  vilipendiado  por  el  Tribunal  de  Antioquia,  en  garantía y vigencia de los  derechos  fundamentales  constitucionales  en  cabeza  de  la  procesada,  en el  sentido  de  establecer  que  los  límites punitivos para el delito de falsedad  ideológica  en  documento público, oscila entre (1.5) a (8.4) años o 18 a 100  meses y 24 días.   

Como  el  Juzgador impuso el extremo punitivo  mínimo  para  esta  conducta  ilícita,  dentro  del  primer  cuarto,   la  sanción  a  imponer es de (1.5) años o sea dieciocho (18) meses, respetando el  criterio  dosimétrico de los falladores. Así mismo, el Tribunal le adicionó 2  meses  por  el  delito concursal de falsedad en documento privado, por lo que la  Sala  debe  aplicar el principio de proporcionalidad para establecer el monto de  sanción  correlativa  al  año  y  medio (1/5) del delito base, el cual da como  resultado  un  mes,  para  un  total  de  diecinueve (19) como sanción final en  cabeza  de GLADIS DÁVILA, que  reemplaza    los   38   que   le   fueron   impuestos   por   el   Tribunal   de  Antioquia.   

En  lo  atinente  a  la  pena de multa, como el Juez la condenó a pagar la  suma  de  $  4´718.400  y  el Tribunal guardó silencio sobre el particular, es  decir,  no  realizó  las  modificaciones  que le ordenaba la Ley, por el efecto  mismo  de  haberla  absuelto  respecto  del  punible  que sí tenía prevista la  aludida  sanción  y como las infracciones por las falsedades pública y privada  (artículos  219 y 221 de la Ley 100 de 1980), no tienen incorporada sanción de  multa,   es  obvio,  que  tal  pena  deberá   quedar  sin  vigencia.    

No  sobra  anotar,  el yerro consumado por el  Juez  en  la dosificación de la pena respecto a GLADIS  DÁVILA  por  el  delito  de  interés  ilícito en la  celebración  de  contratos  (por  el  que  el  Tribunal  la absolvió), pues al  deducirle  el  grado  de complicidad que implica una reducción de (1/6) parte a  la  (1/2) de la pena, aplicó la regla 4 del artículo 60 de la Ley 599 de 2000,  en  cambio  de  la  5  del  mismo  estatuto  sustantivo  y,  con ello, modificó  ostensiblemente  los  extremos  punitivos para delito aludido. En todo caso este  error  deviene  intrascendente porque la pena fue modificada por el Tribunal, en  los términos expuestos atrás.   

Conclusiones:  

Como  puede  apreciarse,  fueron  varios  y  ostensibles  los  yerros  en  los  que  incurrieron los falladores al momento de  tasar   las  penas:  (i)  el  Tribunal  se  inventó falencias aritméticas en el fallo del Juez, relacionadas  con    los   delitos   concursantes,   donde   no   las   había,   (ii)    ello   genero   que   continuara  equivocándose,  al  reducir  el monto de la pena en 70 días más, (iii)  al modificar la pena de multa en 20  smlmv,  como  era  debido,  no  lo declaró en la parte resolutiva, (iv)   asimismo,   omitió  degradarle  a  GLADIS DÁVILA la punibilidad  de  (1/6)  parte a la (1/2) por la complicidad, en armonía con el artículo 60,  numeral      5,      de     la     Ley     599     de     2000,     (v)    olvidó,   también  el  Juez  Plural,  revocar  la  pena  de  multa de $ 4´718.400 de pesos, atribuida por el  Juez  al  delito  contra  la  administración  pública,  cuando  la  absolvió,  (vi) el Juez, en lo atinente  al  punible  de  interés ilícito en la celebración de contratos, al deducirle  la  complicidad, cambió indebidamente las reglas del artículo 60 de la Ley 599  de  2000,  aplicando  la  regla  4 en cambio de la 5, que era la que regulaba el  caso  y  con ello, le aumentó significativamente la punibilidad, y (vii) el funcionario de primera instancia,  condenó  a  los  procesados, respecto a las penas accesorias, a la “interdicción”, vocablo superado por  el    nuevo    ordenamiento    punitivo    y    reemplazado   por   “inhabilitación”      (artículo  51),  habida  cuenta de ser  fallado  el  caso,  en vigencia del Código Penal actual, Ley 599 de 2000.    

Teniendo en cuenta que el 2 de febrero de 2006  y  el  30  de  agosto  de  2007,  el Tribunal ordenó la libertad de los esposos  DÁVILA   y   OSSA, la Sala se abstiene de hacer mayores  consideraciones al respecto.    

Finalmente,  la  Corte  no  encuentra  otras  garantías  fundamentales constitucionales que deba salir a subsanar, motivo por  el   cual,   en   todo   lo   demás,   la   sentencia   impugnada  conserva  su  integridad.   

Con  fundamento  en lo expuesto, la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:           Inadmitir   la   demanda  de  casación  presentada     a     nombre     de    JAVIER  DE  JESÚS OSSA MIRA y GLADIS  DÁVILA  DÁVILA,  en virtud de lo  argumentado en párrafos precedentes.   

Segundo:     Casar     oficiosa     y  parcialmente  el fallo de segundo grado de fecha 28 de  agosto  de 2007, en consecuencia, se le impone a GLADIS  DÁVILA  DÁVILA, la pena principal de  diecinueve  (19)   meses  de  prisión.   

Tercero:  Dejar sin  efecto  jurídico  la  pena  de  multa  a  la  que  fue  condenada  GLADIS  DÁVILA  DÁVILA,  conforme quedó  plasmado en la parte final del presente proveído.   

Cuarto: En atención  a  la  pena accesoria de inhabilitación de derechos y funciones públicas, ella  será por el mismo lapso que la sanción principal.   

Quinto: Imponer  a JAVIER  DE  JESÚS  OSSA  MIRA, la pena de multa de 20 salarios  mínimos   legales  mensuales  vigentes,  atendiendo  lo  esbozado  en  páginas  anteriores.   

Sexto:  Decretar que  los  demás puntos jurídicos de la sentencia impugnada se mantienen incólumes.   

Séptimo:  Contra  la  presente  decisión  no  procede  recurso  alguno.   

Octavo:  Cópiese,  notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID    RAMÍREZ    BASTIDAS               

Comisión de servicio  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

Comisión de servicio  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1  El  Juez      Colegiado,      en      la      misma      decisión,     absolvió   a  los  procesados  por  el  punible  de  interés ilícito en la celebración del contrato de prestación de  servicios  de  salud; por  tanto, modificó la pena impuesta a Gladis  Dávila  de  46  a  38  meses de  prisión  y a Javier Ossa de  63 a 50 meses de prisión.   

2 Corte  Suprema    de    Justicia,   sentencia   de   casación   número   28.562    del    18    de   junio   de  2008.   

3  Corte  Suprema  de  Justicia,  sentencia  del  15  de  diciembre de 1999.     

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