29189(29-02-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29189  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                               

                            Magistrado Ponente   

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No. 45   

Bogotá, D. C., veintinueve (29) de febrero de  dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

La   Sala  decide  acerca  del  impedimento  expresado  por  los magistrados Eugenio Fernández Carlier, Luis Jaime González  Ardila  y  Julián Hernando Rodríguez Pinzón, integrantes de la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga,  para  conocer  del  recurso  de apelación  interpuesto  por el defensor de CÉSAR AUGUSTO RUEDA RINCÓN, dentro del proceso  que  se  le  adelanta  por  los  delitos  de  homicidio  agravado    y   secuestro  extorsivo agravado.   

ANTECEDENTES  

1. De acuerdo con la  acusación,  el  16  de  agosto  de  2006,  el menor de  cinco     años     de     edad    S.    P.    O.1    fue    secuestrado    en  Floridablanca  (Santander),  en  las afueras del establecimiento educativo Santa  Teresita,  por  un  grupo  de  individuos que se movilizaban en un taxi y que al  poco     tiempo     le    quitaron    la    vida    mediante    un    acto    de  estrangulación.   

Lo  anterior  no  fue obstáculo para que los  familiares  recibieran  llamadas  telefónicas  en  las  que  se  les exigía la  entrega    de    la   suma   de   $50’000.000  a  cambio  de la liberación del menor, frente a lo cual el  grupo   GAULA   Regional  Bucaramanga  de  la  Policía  Nacional  rastreó  las  comunicaciones  y,  con base en la información obtenida, logró el 18 de agosto  de  2006  la  captura  de  Jairo Arturo Castro Villamizar, Yesid Farley Duéñez  Delgado   y   CÉSAR   AUGUSTO   RUEDA  RINCÓN,  propietario  y  conductor  del  taxi  de  placas XLK 000 en el que se desplazaban los  aprehendidos.   

2.  Por lo anterior,  se  adelantaron  varias  actuaciones  penales  a  la  luz del sistema acusatorio  previsto  en  la ley 906 de 2004. En una de ellos, Yesid Farley Duéñez Delgado  se  allanó a los cargos que por el delito de secuestro  extorsivo  le  atribuyó la Fiscalía, pero no aceptó  la   imputación  por  homicidio  agravado,  a  raíz  de  lo  cual  se  le adelantó un juicio oral por dicha  conducta,  en el que resultó absuelto en primera instancia por el Juzgado Sexto  Penal  del  Circuito  de  Bucaramanga,  pero  fue  condenado  en  segunda por el  Tribunal  Superior de Bucaramanga mediante fallo de fecha 10 de octubre de 2007,  en  Sala de Decisión conformada por los magistrados Eugenio Fernández Carlier,  Luis Jaime González Ardila y Julián Hernando Rodríguez Pinzón.   

3.  Por otro lado, a  CÉSAR  AUGUSTO RUEDA RINCÓN se le adelantó un juicio oral en las dependencias  del  Juzgado  Noveno  Penal  del Circuito       con       Funciones       de  Conocimiento      de      Bucaramanga,  despacho  que lo condenó como coautor  responsable  de  los  delitos  de  homicidio  agravado  y   secuestro   extorsivo  agravado.   

4.  Interpuesto  el  recurso   de   apelación  por  parte  del  defensor,  los  magistrados  Eugenio  Fernández  Carlier,  Luis  Jaime González Ardila y Julián Hernando Rodríguez  Pinzón,  a quienes les correspondieron las diligencias, se declararon impedidos  para   conocer   en  segunda  instancia  de  la  actuación,  tras  estimar  que  comprometieron  su  criterio  en  los  fundamentos  con los cuales se condenó a  Yesid  Farley Duéñez Delgado mediante la providencia de fecha 10 de octubre de  2007.   

En  consecuencia,  las  diligencias  fueron  remitidas a la Corte para lo pertinente.   

CONSIDERACIONES  

1.   La  Sala  es  competente  para  resolver  la manifestación de impedimento conjunto presentada  por  los  Magistrados  del  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga en este caso, de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  los  artículos  57  y  341  del Código de  Procedimiento Penal.   

2.   Para   tal  propósito,  es  menester  reiterar,  en  primer lugar, que la jurisprudencia de  esta  Corporación  ha señalado en forma pacífica y reiterada que el ejercicio  de  la  declaración  de  impedimento,  en  tanto  constituye  un mecanismo para  garantizar  la  imparcialidad  de  quienes  administran justicia, no puede estar  sujeto  al capricho de los funcionarios judiciales, sino que se encuentra ligado  de  manera  inevitable  a  la  taxatividad  de  sus  causales,  lo  que  significa que nadie puede acudir a la  analogía  ni  a la extensión de los motivos expresamente señalados por la ley  en    aras    de    sustentar    su    procedencia2.   

3.  En el asunto que  centra  la  atención  de la Sala, si bien es cierto que los magistrados Eugenio  Fernández  Carlier,  Luis  Jaime  González Ardila y  Julián  Hernando  Rodríguez  Pinzón  no invocaron en  forma  expresa  causal de impedimento alguna, también lo es que con los motivos  expuestos  en  el escrito están haciendo alusión a la prevista en el numeral 4  del  artículo  56  de  la ley 906 de 2004, que entre otras cosas señala que el  impedimento   prospera  cuando  el  funcionario  judicial  haya  “manifestado    su    opinión    sobre   el   asunto   materia   del  proceso”.   

4.  Acerca  de este  tema  en  particular,  la  Sala  ha dicho que “lo que  obliga  a  aceptar  la  circunstancia  de inhibición es que el funcionario haya  incurrido,  con  ocasión  de  sus  funciones,  en  pronunciamientos anticipados  acerca    de    aspectos    sustanciales   que   […]  constituyen   auténticos  actos  de  prejuzgamiento,  que  implican  compromiso  indiscutible  de  su  criterio  y  pretenden  su  imparcialidad para resolver el  asunto     futuro”3  (negrillas  dentro  del texto  original).   

Igualmente,   ha  señalado  la  Corte  que  “lo          sustancial         […],   en   asuntos   jurídicos,   se  identifica  con  el fondo de la pretensión o de la relación jurídico material  que    se    debate”4.   

5. En este caso, los  magistrados  Eugenio  Fernández  Carlier, Luis Jaime González Ardila y Julián  Hernando  Rodríguez  Pinzón,  quienes  integraron  la  Sala de Decisión Penal  dentro  del  proceso  seguido  en contra de Yesid Farley Duéñez Delgado por la  muerte  del menor S. P. O., se refirieron en la sentencia de fecha 10 de octubre  de  2007  sobre  la participación de CÉSAR AUGUSTO RUEDA RINCÓN en los hechos  materia de imputación de la siguiente manera:   

“Con   la  declaración  de  la  madre  de  la  víctima  Gladys Esperanza Osorio Parra, se  establece  que  Jairo  Arturo Castro trabajó durante 9 meses en el supermercado  de  los  padres  de la víctima, lugar este que frecuentaba CÉSAR AUGUSTO RUEDA  RINCÓN  para  recoger  a su mejor amigo, Jairo Arturo, en el taxi R-9 de placas  XLK  000.  En  el cumplimiento de esas labores, el menor hizo amistad y le tomó  confianza  a  Jairo Arturo, quien junto con otro copartícipe en la fecha de los  hechos  llevó  secuestrada  a la víctima desde el colegio hasta el apartamento  que habitaba […]   

”[…]  CÉSAR  AUGUSTO  RUEDA  RINCÓN,  el  2  de  agosto de 2006, apareció en su taxi R-9 de  placas  XLK  000  frente  a  Mercadefán  de la 33, cuando Gladys Osorio buscaba  servicio  para un transporte, mostrándose aquél interesado e insistente en que  ella  le  diera  a conocer acerca de la cuantía de la venta del supermercado de  la  familia  Pérez  Osorio,  negocio  celebrado el 23 de marzo anterior. En dos  ocasiones  el citado taxista se le había aparecido en similares circunstancias,  por lo que estima que existió un seguimiento por parte de aquél.   

”El seguimiento  como  acto  preparatorio  del  plan  criminal  se  confirma con el contenido del  interrogatorio  que  el taxista hacía a la madre del menor, ello explica el por  qué  se  le  exigió  el  pago  de $50’000.000  por  el  rescate  de  S.,  conclusión que adquiere fuerza  probatoria  si  se ata esa conducta del taxista con los demás sucesos del mismo  2  de  agosto  referidos  en  anterior  numeral y la de los días 16, 17 y 18 de  agosto  de 2006, cuando quedó plenamente corroborada la participación criminal  de  CÉSAR AUGUSTO RUEDA RINCÓN en los hechos que dieron origen a este proceso,  conducta  que ejecutó en connivencia con Jairo Arturo Castro, Yesid Farley y P.  E.5,   pues   todos,   excepto  este  último,  fueron  capturados  en  flagrancia al momento de hacer la última llamada extorsiva.   

”[…] Se montó  un  operativo  con  Hernando  Pérez,  el  padre  del  menor. Éste contesta una  llamada  y  luego  de  obtener  la  confirmación  de que su hijo estaba vivo se  compromete  a  llevar el dinero, sin que hubieran salido a recibirlo. Regresó a  la  casa  y  recibió una nueva llamada, oportunidad esta en la que capturaron a  Yesid  Farley,  Jairo  y  CÉSAR,  en  el  momento  en  que  estaba  en curso la  comunicación telefónica.   

”[…]   El  referido  enunciado  se  prueba  con las llamadas hechas desde el barrio La Paz,  donde  se  le  exige  a  Hernando  Pérez  que se presente en el barrio Pinar de  Versalles  para  que  en un lugar solitario arroje el dinero, cita que se cumple  pero  no  aparecen  los  plagiarios. Sin embargo, la patrulla, compuesta por los  agentes  Nancy Becerra Aranda y Giovanny Ariza, observa desplazarse por el lugar  el  taxi  R-9 de placas XLK 000 con tres ocupantes, hecho este que igualmente se  registra  en  el  caso  de la llamada hecha desde Cañaveral, así como también  fueron  avistados  por la citada patrulla cerca al parque de Floridablanca a eso  de  las  11  y  15  PM,  habiéndose  percatado  la  agente Becerra Parra de las  características   personales   y   prendas  de  vestir  de  los  ocupantes  del  vehículo.   

”[…]  En  la  última  llamada,  frente  al colegio Vicente Azuero, la agente Nancy Becerra le  dio  captura  a CÉSAR AUGUSTO RUEDA RINCÓN, quien estaba vigilante al lado del  taxi  de  placas  XLK  000 y el agente Giovanny Ariza dio captura a Yesid Farley  Duéñez  Delgado,  quien se encontraba con el auricular del teléfono al oído,  y  a  Jairo  Castro  Villamizar,  a su lado, oyendo la conversación telefónica  […].   

”[…]  Pero es  posible,  se  pregunta la Sala, que quien vive de la profesión de taxista lleve  a  Gladys Esperanza Osorio y no le cobre el servicio sin razón atendible, o que  a  las  cuatro  de  la  tarde,  para  seguir  la  línea  de  pensamiento de los  testimonios  de descargo, se desprenda de su vehículo y a cambio de nada llegue  al  edificio  donde  vive  su  amigo,  le  entregue el carro y se vaya sin pedir  explicaciones  y  sin  entrar  a  la  residencia, además de que en el automotor  fueron  vistos  los  coautores  transportándose  hasta  pasadas  las  10 P. M.,  máxime  que  en  ese carro fue llevado el cadáver hasta el kilómetro 12 donde  fue  arrojado  a  un  basurero, luego de lo cual se mandó a lavar el vehículo.  No,  la  respuesta  a tales planteamientos no es sensata ni razonable, ese no es  el  obrar  de  una  persona  ajena  al  crimen,  por  lo que no cabe duda que el  vehículo  estaba  destinado  al  servicio de la empresa criminal para los actos  que  fueron  objeto  de  investigación por el secuestro y la muerte de S. P. O.  Quien  prestó  el  taxi  y  quienes  lo  utilizaron tenían el conocimiento del  porqué de su uso y del porqué de la presencia de sus ocupantes.   

”[…]  De  lo  expuesto  en  los  numerales  anteriores  se infiere que las afirmaciones hechas  para  excluir  de  responsabilidad penal en la empresa criminal a CÉSAR AUGUSTO  RUEDA  RINCÓN no son más que esfuerzos inútiles, dado que la prueba evidencia  todo  lo  contrario.  Pero había que ser fiel al amigo y más que ello al socio  de delincuencia.   

”La conducta de  Jairo  Arturo y P. E. para con CÉSAR fue la misma que observaron para con Yesid  Farley  Duéñez para mostrarlo como una persona ajena al homicidio. Ese modo de  obrar  sirve  para  entender que a éste se le favorece por aquéllos utilizando  los  mismos  métodos,  esto es, a propósito, modificando las circunstancias de  tiempo,  modo  y  lugar  en  que  se  consumaron  los  hechos atentatorios de la  libertad  individual y la vida de S. P., como se verá en este proveído, con el  único  ánimo  de ocultar a la justicia la verdad, porque de ésta se deriva el  compromiso    penal    en    el   homicidio   del   acá   procesado”6.   

Encuentra  la  Corte de manera incuestionable  que  hubo  por parte de los Magistrados que se declararon impedidos un verdadero  acto  de  prejuzgamiento  en  relación  con  la  situación  personal de CÉSAR  AUGUSTO   RUEDA   RINCÓN,   pues   de   la   lectura   del  fallo  en   comento   se  desprende  sin  lugar  a  equívocos    que    dicha   persona   declaró   bajo   la   gravedad   del  juramento  tanto  de la participación de Yesid Farley  Duéñez  Delgado  como  de  la  suya  propia,  a  raíz  de  lo cual la Sala de  Decisión  del  Tribunal  no  sólo  analizó  en  cuanto  a  la  persona  allí  sentenciada  las categorías jurídicas de aporte, acuerdo común y conocimiento  de  todas  las  circunstancias  que integran los tipos objetivos de homicidio    agravado    y   secuestro  extorsivo  agravado,  sino  que  además  se vio obligada a hacer otro tanto en lo que tiene que ver con el aquí  procesado.   

En  otras palabras, el derecho fundamental de  ser  juzgado  por  un  funcionario  o cuerpo colegiado imparcial que le asiste a  CÉSAR  AUGUSTO  RUEDA  RINCÓN  podría  verse afectado en el evento de que los  magistrados  Eugenio  Fernández  Carlier, Luis Jaime González Ardila y Julián  Hernando  Rodríguez  Pinzón  conocieran  de  la  apenación de la decisión de  primera  instancia  que  lo  condenó,  en  la  medida en que, de acuerdo con la  Comisión  Interamericana  de Derechos Humanos, “[l]a  imparcialidad  supone  que  el  juez no tiene opiniones preconcebidas en el caso  sub iúdice y, en particular,  no  presume  la culpabilidad del acusado”7,  lo  cual no  podría  sostenerse  en  este  asunto, teniendo en cuenta el contenido del fallo  transcrito en precedencia.   

6. Como en este orden  de  ideas  les  asiste  la  razón a los magistrados Eugenio Fernández Carlier,  Luis  Jaime  González  Ardila  y  Julián  Hernando  Rodríguez  Pinzón cuando  adujeron  que  su imparcialidad se vería comprometida si seguían conociendo de  la  actuación, la Corte declarará fundado el impedimento con base en la causal  prevista en el numeral 4 del artículo 56 de la ley 906 de 2004.   

Por lo tanto, la Sala ordenará su separación  inmediata  de  este  asunto,  así como la devolución de las diligencias con el  fin  de  que  el  Tribunal  Superior de Bucaramanga integre la Sala de Decisión  Penal  que  deba  conocer de la apelación interpuesta por el defensor de CÉSAR  AUGUSTO RUEDA RINCÓN.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.  DECLARAR fundado  el  impedimento  manifestado  por  los doctores Eugenio Fernández Carlier, Luis  Jaime  González  Ardila  y Julián Hernando Rodríguez Pinzón, Magistrados del  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga,  y, como consecuencia de ello, ORDENAR su separación del conocimiento de  este proceso.   

2.   DEVOLVER  de  inmediato  el  proceso  al  Tribunal  Superior  de Bucaramanga con el fin de que  integre  la  Sala  de  Decisión  que  deba  conocer  del  recurso de apelación  interpuesto por la defensa de CÉSAR AUGUSTO RUEDA RINCÓN.   

Contra  esta  providencia  no procede recurso  alguno.   

Cúmplase.  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                 MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE L.   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

                                                                                          

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  La  Sala se abstiene de suministrar el nombre de esta persona, de  conformidad  con lo dispuesto en el numeral 8 del artículo 47 de la ley 1098 de  2006.   

2  Cf.,  entre  otras,  auto  de  7  de  marzo  de 2007, radicación  26853   

3 Auto de 7 de marzo de 2007, radicación 26853   

4  Ibídem   

5 Véase la nota la pie de página número 1   

6   Folios   67,   69   y   71-75   del   cuaderno  original  de  la  Corte   

7  Comisión  Interamericana  de  Derechos Humanos, informe del caso  Martín de Mejía vs. Perú, 1996.     

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