29188(30-04-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29188  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

Dr.  JOSÉ           LEONIDAS          BUSTOS  MARTÍNEZ   

Aprobado acta número 105  

Bogotá,  D.C.,  treinta  de abril de dos mil  ocho.   

Procede  la  Corte  a  resolver  el  recurso  extraordinario  de  casación,  que  en  su  propio  nombre, presenta el abogado  GUILLERMO LUIS VÉLEZ MURILLO  contra  la sentencia dictada el 4 de septiembre de 2007 por el Tribunal Superior  de  Bogotá,  que  confirmó  la  proferida  por  el Juzgado Veintiuno Penal del  Circuito  de  esa ciudad, con la cual lo condenó por el delito de violación de  derechos  de autor previsto en el artículo 51-4 de la Ley 44 de 1993, a la pena  de  24  meses  de  prisión,  multa de cinco salarios mínimos legales mensuales  vigentes  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por igual tiempo al de la pena privativa de la libertad.   

ANTECEDENTES  

1.-  La cuestión fáctica fue declarada por  el Juzgador de la manera siguiente:   

“El  8  de  octubre  de 1999, se practicó  diligencia  de  allanamiento  al  inmueble ubicado en la carrera 19 No. 24-94 al  sur  de  esta  ciudad,  toda vez que, según queja presentada por la Asociación  Colombiana       de       Productores       de      Fonogramas      –ASINCOL-  se  estaban  duplicando  de  manera  ilegal  discos  compactos,  ofreciendo  tal  servicio  con el respectivo  anuncio  en  el  diario  El Tiempo y fueron halladas cuatro (4) computadoras que  tenían  instalado  el sistema operativo WINDOWS 98, OFFICE 97 y 2000, programas  antivirus  marca  NORTON, enciclopedia ENCARTA 99, sin la respectiva licencia de  funcionamiento;  estableciéndose  que  tenían  tarjeta de sonido, unidad ZIP, con una capacidad  mayor  que  los  CDs  normales,  además  se  instalaron programas de diferentes  casas   productoras   de  SOFTWARE    que    permitían    copiar  el  DC  RW  y  que  podían  ser grabados o reproducidos, sin que  contaran con la licencia de utilización”.   

2.-  Adelantada la fase correspondiente a la  instrucción  y previa clausura de ésta por parte de la Fiscalía 144 Seccional  de   la  Unidad  Quinta  de  Fe  Pública  y  Patrimonio  Económico1,   el  veintinueve  de  noviembre  del  año  dos  mil  dos  se  calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario  con  resolución de acusación en contra del procesado  GUILLERMO  LUIS  VÉLEZ  MURILLO,  “como  presunto  autor  del  punible  de la  infracción  al  artículo  51,  numeral  4  de la Ley 44 de 1993”2,  mediante  determinación que la Unidad de Fiscalía Delegada ante  el   Tribunal   Superior   confirmó   íntegramente  el  diecinueve  de  mayo  de dos mil tres,  al  conocer  en segunda instancia de la apelación promovida por  el procesado.3   

3.-  El Juzgado Veintiuno Penal del Circuito  de  Bogotá  adelantó  la etapa de juzgamiento, a la  cual  puso  término  con  la  sentencia  del  30 de junio de 2006, condenando   a   GUILLERMO  LUIS  VÉLEZ  MURILLO   a   las   penas  referidas.4   

El    Tribunal    Superior   del   Distrito  Judicial  de  Bogotá  confirmó  esta  decisión  con  la que profirió el 4 de septiembre de 2007, al  desatar   el   recurso  de  apelación  que  interpuso  el  acusado.    

4.-  El procesado  presentó   recurso   extraordinario   de  casación  en  contra  del  fallo  de  segunda             instancia.   

DEMANDA DE CASACIÓN  

El  demandante   acudió  a  este  medio  extraordinario  de  impugnación,  por  vía  discrecional o excepcional, con la  pretensión  de  alcanzar  la  efectividad  de  las garantías materiales que le  “confiere  el  derecho  comunitario  andino,  de  obligatorio  cumplimiento en  Colombia”  y  para  “la  unificación  de  la  jurisprudencia en un tema tan  importante  como  es  el  derecho  de  autor,  así  como  “la  protección de  garantías  fundamentales  infringidas  por  falta  de  aplicación de normas de  bloque de constitucionalidad y de la ley”.   

Al  comienzo  del  libelo,  señaló  que  la  Convención  de  Berna,  la Decisión 351 de 1993 de la Comisión del Acuerdo de  Cartagena  y  la  Ley  23  de 1982, constituían el marco legal que debió regir  esta actuación.   

Según  manifestó,  por  la época en que se  realizaron   los   hechos  “se  estigmatizaba  la  grabación  de  los  discos  compactos,   desatando   verdaderas   ‘cacerías    de    brujas’  en  contra  de  las personas que supieran realizar dicha labor”.  Hoy  en  día,  dice,  “el  sistema  penal  acusatorio,  los  establecimientos  educativos,  informáticos,  financieros,  han  superado  esa  época  oscura  y  avanzado,  inclusive,  hasta  los DVD grabables y las memorias flash, con muchas  más   capacidades   y   prestaciones   que   los   otrora   perseguidos  discos  compactos”.   

Sostuvo  que en información difundida por el  diario  “El Tiempo” se revelan detalles de su trabajo, “en el cual gastaba  horas  enteras al frente de un computador, para llevar la música desde un viejo  y  obsoleto  disco  de acetato, a un disco compacto por $5.000. Labor realizada,  hoy,  hasta  por  niños  de  primaria, gracias a la conversión de la música a  formato MP3”.   

Teniendo como referencia este preámbulo, con  apoyo  en  la  causal  primera  de  casación,  presentó cinco cargos contra la  sentencia  del  Tribunal, con los que la acusó de haber incurrido en violación  directa de la ley sustancial.   

En   el   primer  cargo,  sostuvo  que  el Tribunal dejó de aplicar los  preceptos  contenidos  en  los  artículos  6  y  271  de  la  Ley  599 de 2000,  específicamente  en  lo  relativo  a  la expresión “…salvo las excepciones  previstas  en la ley”, la cual no aparece en el artículo 51.4 de la Ley 44 de  1993,      como      tampoco      los      verbos      rectores     ‘duplicar’,             ‘instalar’         o         ‘utilizar’,  referidos  a  un  soporte lógico o  fonograma.      

Anotó que “si el fallador hubiera aplicado  el  artículo  271  del Código penal, y no la Ley 44 de 1993,  en conjunto  con  la Ley 23 de 1982 (arts. 8, 37 y 44) y la decisión 351 de la Comisión del  Acuerdo  de  Cartagena  (Derecho  Comunitario Andino), hubiera encontrado que la  conducta  juzgada  encajaba dentro de las numerosas excepciones que contempla el  derecho de autor”.   

Precisó  que  existe  un  conflicto entre lo  dispuesto  por  el  artículo 271 del Código Penal sobre “defraudación a los  derechos  patrimoniales  de  autor”,  con  la verdad establecida en el juicio,  toda  vez  que  con  el  fallo  se  impone  una  condena  por  una defraudación  pecuniaria  cuyo  monto  no fue establecido, ni se supo quién era el titular de  ese   derecho.   “No  es  admisible,  dice,  condenar  por  una  defraudación  pecuniaria   cuando   nunca   se   supo   el   monto   ni   la  víctima  de  la  misma”.   

En  consecuencia,  concluyó,  el  fallo  de  segunda  instancia  vulnera  lo  dispuesto por el artículo 7º de la Ley 906 de  2004, cuyo texto seguidamente reproduce.   

Respecto del segundo  cargo  manifestó que la sentencia dejó de aplicar lo  dispuesto  en  el  artículo  37  de  la  Ley 23 de 1982, en concordancia con lo  normado  en  el artículo primero del Decreto 1360 de 1989, según la cual “es  lícita  la  reproducción,  por  cualquier  medio,  de  una  obra  literaria  o  científica,  ordenada  u obtenida por el interesado en un solo ejemplar para su  uso   privado  y  sin  fines  de  lucro”,  y  el  artículo  84  de  la  Carta  Política.        

Las    citadas   disposiciones,   anotó,  “confieren  una facultad o derecho legal, a cualquier persona, para ordenar la  reproducción  de  una  copia (léase duplicación), de obras protegidas por las  leyes de propiedad intelectual”.   

Consideró  que  si  bien  la  ley  exige  el  cumplimiento  de  requisitos de orden subjetivo a quien ordene la reproducción,  no  hace  lo mismo a quien recibe tal orden. “De ahí que, castigar ciudadanos  humildes  y  honestos, que trabajan para prestar ese servicio a las personas que  usan  esa  prerrogativa  legal,  contenida  en  el artículo 37, de la Ley 23 de  1982,  constituye  una  violación  directa  de  la ley por inaplicación de las  normas mencionadas”.   

Sostuvo que “la prueba analizada (informes y  declaraciones  de policía judicial), revelan que el procesado nunca ofreció en  venta,  alquiler  o  préstamo,  copias  de  fonogramas o soporte lógico, ni en  venta,  préstamo,  alquiler o similar. El solicitante debía traer su fonograma  o     programa     de     computador     para    proceder    a    realizar    su  duplicación”.   

En  lo  que tiene que ver con el tercer  cargo, manifestó que la sentencia  resulta  violatoria  de  la  ley  sustancial,  en  cuanto  dejó  de aplicar los  preceptos  contenidos  en  el artículo 44 de la Ley 23 de 1982, que confiere la  libertad  del  uso,  instalación  o  empleo del soporte lógico, cuando ello se  lleva a cabo dentro de un domicilio privado.   

En  este  caso,  los  informes  de  policía  reseñan  el  hecho  de  que  el  inmueble  donde  se llevaba a cabo la supuesta  conducta  punible  no  tenía  acceso  del  público,  y  la  Fiscalía,  en  la  resolución  a  través  de la cual ordenó el registro del inmueble, reconoció  que  se  trata  de un domicilio privado, cuya definición es la que establece el  artículo 76 del Código Civil.   

Como  consecuencia de la falta de aplicación  de  un  precepto  sustancial (art. 44 de la Ley 23 de 1982), sostuvo, se generó  la  causal  primera  de  casación,  pues  de  no  haberse  incurrido  en  dicho  desacierto,  se  habría  dado  lugar  a  la  absolución  del enjuiciado Vélez  Murillo.   

Respecto  del cuarto  cargo,   manifestó  que  la  decisión ameritada  infringe  varios  preceptos establecidos en la Decisión 351 de 1993, promulgada  con  posterioridad  a la vigencia de la Ley 44 de 1993 por parte de la Comisión  del  Acuerdo  de  Cartagena, como aquellos que se refieren a las definiciones de  “usos  honrados”  y “uso personal” de las obras protegidas, para denotar  que  la  sentencia  de segunda instancia no solamente inaplicó las definiciones  legales  aludidas,  sino  que asimismo dejó de aplicar las normas contenidas en  la  Decisión  351 de 1993, que establecen que las limitaciones y excepciones al  derecho  de autor, se circunscribirán a aquellos casos que no atenten contra la  normal  explotación  de  las  obras  o  no causen perjuicio injustificado a los  titulares de los derechos.   

Consideró, por tanto, que la sentencia objeto  de  ataque incurrió en violación directa de la ley sustancial, en cuanto dejó  de   aplicar   claros  preceptos  normativos  que  permitían  la  reproducción  individual  de  obras  protegidas,  así como el empleo del soporte lógico para  uso  personal  y  en el proceso nunca se dijo, acusó o insinuó que sus equipos  de  cómputo  o  los  sistemas  Windows  u  Office,  estuvieran  al servicio del  público  o  de terceros, pues estaban en un domicilio privado donde no existía  acceso a otras personas.   

Por    último,    en   el   quinto   cargo,   señaló   que  la  sentencia  recurrida  resulta violatoria del precepto sustancial contenido en el  artículo  10  de  la  Ley 599 de 2000, que establece el principio de tipicidad,  pues  al  no  recurrir a la descripción clara y precisa de la supuesta conducta  punible,   impidió   confrontar  los  hechos  y  conductas  debatidos  con  las  situaciones  contempladas  en los capítulos VI y VII de la decisión Andina 351  de  1993,  en los artículos 37 y 44 de la Ley 23 de 1982, error bajo el cual se  produjo una condena por un comportamiento atípico.   

En   el   acápite   que   destinó   a  la  “sustentación  de los cargos” agregó que los hechos fueron llevados a cabo  en  un  domicilio  privado,  y que al no profundizar dentro de la amplia gama de  excepciones  legales  y  definiciones  que  contempla  el  derecho  de autor, el  sentenciador  confundió los verbos rectores reproducir (difundir) con utilizar,  instalar  o  usar,  estructurando  un  supuesto  de hecho definido en el numeral  primero  del  artículo  271  del  Código Penal, pero condenando por el punible  establecido en el numeral quinto del citado estatuto.   

Con auto del seis de marzo de dos mil ocho, la  Corte  admitió  a  trámite  la  demanda habida consideración que pone  de  presente  la  posibilidad  de  que  la  sentencia resulte  violatoria  del  principio  de tipicidad estricta,  al  haberse dejado  de    apreciar   algunas  disposiciones  de  derecho  sustancial  que  autorizarían  la  realización del  comportamiento  imputado,  convirtiendo,  por ende en atípica la conducta; y de  antijuridicidad  material  o  de  lesividad  del  comportamiento por ausencia de  ánimo     de     lucro    y    del    perjuicio    de    una    tercero,  con  lo  cual distante se hallaría de poner en riesgo el  bien jurídicamente tutelado.   

De    igual  modo,  la  Sala atendió la  invocación  del  actor  acerca  de  la  necesidad  de  desarrollar la jurisprudencia nacional en torno a la  naturaleza,  alcance  y sentido de la protección penal de los  derechos de  autor,  modalidades  de  realización, y tipicidad de la conducta frente al bien  jurídico  que  pretende tutelar, que según el recurrente impidió dar adecuada  solución al caso.   

Advirtió  además  la Corte,  la  posibilidad  de  hacer  uso  de  la  facultad  oficiosa prevista por el artículo 216 de la Ley 600 de 2000, en orden  a  corregir  yerros  no  invocados expresamente por el recurrente, atendiendo al  hecho  de  que  el fallo de  segunda  instancia  confirmó  el  del  a  quo  en el  sentido  de “No condenar a VÉLEZ MURILLO, al pago de suma alguna por concepto  de  indemnización  de  daños  y  perjuicios”  por  no  haberse demostrado la  cuantía  de  éstos, con lo cual pudo haber dado lugar a privar al procesado de  la  posibilidad  de acudir, en las fases ordinarias del trámite, a lo dispuesto  en los artículos 38 y 42 de la Ley 600 de 2000.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

El  Procurador  Primero  Delegado  para  la  Casación   Penal   presentó   un  concepto  que  se  resume  de  la  siguiente  manera:   

1.  El delito de defraudación a los derechos  patrimoniales  de  autor,  se  encontraba tipificado en el artículo 51, numeral  4º  de  la  Ley  44 de 1993, el cual fue declarado exequible mediante sentencia  C-1490 de 2000.   

2.  En esta sentencia la Corte Constitucional  puntualizó  que,  la  Decisión  351  de  1993  de  la Comisión del Acuerdo de  Cartagena,  es  un  instrumento  internacional que regula los derechos morales y  patrimoniales  de autor. “Por tanto, como los derechos morales tienen el rango  de    fundamentales…    se    impone    su   incorporación   al   Bloque   de  Constitucionalidad,  de  conformidad  con el artículo 93 de la Carta Política,  sin  que  ello  implique  que los patrimoniales, por no tener tal categoría, no  merezcan protección del Estado”.   

3.  El  artículo  271 de la Ley 599 de 2000,  reprodujo  sustancialmente  la  norma prevista en el artículo 51-4 de la Ley 44  de  1993. Sin embargo, mientras esta última disposición consagraba un párrafo  que    aumentaba    la    pena    “hasta   en   la  mitad”,  el artículo 271-1, por su parte, contenía  un  párrafo  que  rebajaba  la  pena  en  la   misma proporción, para los  supuestos  de hecho previstos en cada una de tales disposiciones. La Ley 1032 de  2006  suprimió  este  parágrafo y aumentó las penas principales de prisión y  multa.   

4.  La  Sala  de  Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  en  decisión del 21 de marzo de 2007, consideró que la  acción  de  llevar consigo,  como  sinónimo  de  portar,  no está incluida en el catálogo de conductas que  tipifican  el  delito de defraudación a los derechos de autor. En consecuencia,  la  conducta  que  consiste  simplemente  en  portar  un  número determinado de  películas      de      video     o     discos     compactos     “piratas”, resulta atípica.   

5. El delito que se analiza, corresponde a un  tipo  penal  compuesto,  en  tanto  el verbo rector o núcleo esencial de la conducta que el legislador quiso  reprimir   (la   “piratería”),   está   determinado   por   la  expresión  “reproducir”,   los  restantes  verbos  rectores  empleados  en  la norma, en la medida que sirven de  complemento  a  esa acción, son accesorios, constituyen apenas una modalidad de  ese  comportamiento  a  través  de  los  cuales  es  posible  comercializar las  reproducciones          ilícitas.   

6.  El  bien  jurídico tutelado “… es el  provecho  económico  del  cual  es  titular  el  autor de una obra de carácter  literario,  científico,  artístico  o cinematográfico, fonograma, videograma,  soporte  lógico  o  programa  de ordenador, en tanto dicho autor puede explotar  económicamente   su   obra   de   distintas   maneras   como  la  publicación,  representación,  ejecución,  radiodifusión,  o  por  cualquier otro medio. El  objeto  de  protección  penal  también  se  extiende  a  los llamados derechos  conexos  de  autor,  de  los cuales son titulares los intérpretes, ejecutantes,  productores   cinematográficos,   editores,   organismos   de   radiodifusión,  traductores, arreglistas, etc.”   

7. A pesar de la incoherencia presentada en la  redacción  de  los  incisos primero y segundo del artículo 42 de la Ley 600 de  2000,  para  la  jurisprudencia,  antes como ahora, es claro que resulta posible  extinguir  la  acción penal por indemnización integral para los delitos contra  los derechos de autor.   

Bajo  este marco conceptual, el representante  del  Ministerio  Público  considera  que  si  GUILLERMO LUIS VÉLEZ MURILLO fue  acusado  por  la  conducta punible prevista en el artículo 51-4 de la Ley 44 de  1993,  la  cual  es  sustancialmente  idéntica  a  la defraudación de derechos  patrimoniales  de  autor  establecida en el artículo 271 de la Ley 599 de 2000,  el comportamiento resulta atípico por las siguientes razones:   

a)  La  investigación  se  adelantó porque,  según   la  queja  presentada  por  la  Asociación  colombina  de  Productores  –  ASINCOL  –    el    procesado,   al   parecer,  “estaba   duplicando   de   manera  ilegal  discos  compactos  {y} ofreciendo tal  servicio   con   el  respectivo  anuncio  en  el  diario  El  Tiempo.”   

b)  No  obstante,  la  sentencia impugnada no  indica  cuáles  habrían  sido  los  discos compactos que reprodujo, el autor o  casa  disquera,  la  cantidad  en  que  lo  hizo,  ni  muchos  menos  si  fueron  comercializados.  Es  decir,  nunca se supo el monto del perjuicio ni quién fue  la víctima.   

c)  Los  fallos de instancia no precisan qué  discos  compactos fueron duplicados u ofrecidos por el acusado, de manera que la  acciones   a   él  atribuidas  quedan  en  el  terreno  de  la  hipótesis,  la  especulación  o la probabilidad, sin la necesaria precisión exigida por la ley  para  considerarlas  típicas.  Tratándose  de  un  delito de resultado, debió  establecerse  qué  fue  lo  que reprodujo u ofreció y acreditarse el perjuicio  generado  con  la  conducta,  pues  “al  no existir  defraudación  económica,  bien  del  autor  o bien del productor de fonograma,  tampoco  podría hablarse de vulneración al bien jurídico tutelado”.   

d)  “Poseer  cuatro  computadores  con  los  sistemas     operativos    o    sofware,  programa  antivirus,  enciclopedia  Encarta,  tarjeta de sonido y  unidad  ZIP,  dispositivos que posiblemente permitían  copiar discos compactos o películas de video, por sí  solo,  no  configura la conducta punible imputada a VÉLEZ MURILLO, en tanto que  lo  que  ella  reprime  es  la  acción  comúnmente  conocida como piratería…  Empero,  tal reproducción  debe  ser  efectiva  y  no  simplemente  potencial, por tratarse de un delito de  resultado,   sin  que  tampoco  pueda  hablarse  de  tentativa  por  no  haberse  determinado  el  objeto  material  de  la  supuesta reproducción ni la supuesta  víctima,  lo  cual  impide establecer con la precisión requerida, el inicio de  los actos ejecutivos de la acción atribuida.”   

e)  En  relación  con  los computadores, los  sistemas  operativos  y  demás  dispositivos  hallados  en  la  residencia  del  procesado,   sin   que   contara   con  licencia  de  utilización, de conformidad con las disposiciones que  rigen  la materia, representa un acontecimiento que carece de relevancia para el  derecho  penal  colombiano,  de  una  parte,  porque la conducta de poseer  tales  elementos  en  la  casa  u  oficina,  no  está  tipificada  como  punible  y,  por  la  otra,  porque no se  estableció  defraudación  patrimonial  ni se determinaron los titulares de los  derechos   de   explotación  de  los  sistemas   operativos  que  aquellos  contenían.   

Con  base  en  lo  anterior,  el  Procurador  Delegado  solicita  a  la  Corte  casar la sentencia impugnada y, en un fallo de  reemplazo, absolverlo del cargo por el cual fue llamado a juicio.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

En la decisión a través de la cual admitió  la  demanda,  la  Corte  identificó  en  el  libelo  los  siguientes  temas que  justifican   un   pronunciamiento   de   fondo   en   esta   actuación:  i)  el  desconocimiento  por  parte  de los falladores de instancia de los principios de  tipicidad   estricta   y   de   antijuridicidad;  y  ii)  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  nacional  en  torno  a  la  naturaleza,  alcance y sentido de la  protección  penal  de  los  derechos  de  autor,  modalidades de realización y  tipicidad   de   la   conducta   frente   al  bien  jurídico  que  se  pretende  amparar.   

En  el  análisis  de  estos  temas  la Corte  procederá de la siguiente manera:   

Derecho   de   autor.   Aproximación   al  tema.  La  comprensión  de la temática debe comenzar  por la definición del concepto.   

En  la  doctrina  especializada se le concibe  diciendo que,   

“Es  la  rama  del derecho que regula los  derechos  subjetivos del autor sobre las creaciones que presentan individualidad  resultantes  de  su actividad intelectual, que habitualmente son enunciadas como  obras    literarias,   musicales,   teatrales,   artísticas,   científicas   y  audiovisuales”5   

También se concibe como “… la protección  que  le otorga el Estado al creador de toda obra literaria o artística desde el  momento   de   su   creación   y   por  un  tiempo  determinado.”6   

Surge, entonces, como una forma de protección  de  la  producción intelectual de carácter artístico, literario o científico  y  “Otorga  al autor una serie de prerrogativas sobre su obra, a tal punto que  se   ha  llegado  a  considerar  como  una  forma  especial  de  propiedad.  Esa  especialidad  radica  en que a diferencia de la propiedad común que recae sobre  las  cosas  corporales,  la  propiedad  nacida  del derecho de autor, tiene como  objeto  bienes  inmateriales,  los  cuales  se denominan obras…”7   

Resulta  importante precisar que la propiedad  surgida   del   derecho   de   autor,   otorga   derechos   de   orden  moral  y  patrimonial.   

“En  el ejercicio de los derechos morales  el  autor  está  facultado para reivindicar en todo momento la paternidad de la  obra;  decidir  si  la  publica  o  la deja en la ineditud; oponerse a cualquier  deformación  o  mutilación  que  atente  contra  la integridad de la obra o la  reputación  del  autor;  modificar  por  sí  la obra en cualquier momento; y a  ejercer  el  derecho  de arrepentimiento, esto es, la posibilidad de retirar los  ejemplares  de  la  obra  cuando estos ya están en circulación. Estos derechos  son perpetuos, irrenunciables, inalienables e inembargables.”   

“Por  otra  parte,  tenemos  los derechos  patrimoniales,  cuyo  carácter  puede  entenderse  netamente  económico  y  se  refieren  a la posibilidad de explotación o utilización de la obra como a bien  tenga  el autor, bien sea cediéndola, enajenándola, autorizando, prohibiendo o  realizando    directamente    su    reproducción,    comunicación    pública,  transformación,   o   cualquier   otra  forma  de  utilización.”8   

Marco  normativo. El  derecho  de  autor  está  previsto  dentro  de  la  gama  de derechos sociales,  económicos  y  culturales,  a  los  cuales  el  Estado debe protección. De esa  manera,  el  artículo 61 Superior determina que “El  Estado  protegerá  la  propiedad  intelectual  por  el  tiempo  y  mediante las  formalidades que establezca la ley.”   

En  desarrollo de este mandato, el legislador  expidió  la Ley 44 de 1993 “Por la cual se modifica  y  adiciona  la  Ley  23  de  1982  y  se modifica la Ley 29 de 1944”,  normativa  a  la  cual  se suma la Decisión 351 de 1993 de la  Comisión  del  Acuerdo  de  Cartagena  que  contiene  el  Régimen Común sobre  Derecho de Autor y Derechos Conexos.   

Este conjunto normativo propende, en general,  por  la  protección  a  los  autores  y  demás titulares de derechos, de obras  literarias,  científicas  y  artísticas;  regula lo relacionado a los derechos  patrimoniales  y  morales  de autor, establece limitaciones y excepciones a este  derecho,  determina  el objeto y alcance de la protección así como el término  durante  el  cual  se confiere; establece la autoridad encargada del registro de  derechos  de autor y prevé las sanciones para quienes atenten contra esta clase  de derechos.   

En este punto importa destacar los artículos  51  y 52 de la Ley 44 de 1993 (vigente en la época de  los  hechos que se examinan en la presente actuación),  270,  271  y 272 de la Ley 599 de 2000 (actualmente en  rigor),  que  tipifican  como delito las conductas que  afectan los derechos de autor.   

El  Código  Penal  de  2000,  (Libro    II,    Título    VIII,   Capítulo   Único)  clasifica  en  tres  grupos  las conductas que constituyen delitos  contra  los  derechos de autor, así: i) violación a  los derechos morales  de  autor  (art.  270); ii)  violación   a   los   derechos   patrimoniales  de  autor  y  derechos  conexos  (art.   271);   y   iii)  violación  a  los  mecanismos  de  protección  de derechos de autor y derechos  conexos  y otras defraudaciones (art. 272).   

Las conductas que afectan el derecho moral de  autor  se relacionan con actos destinados a desconocer  la  paternidad de una obra cuando se le inscribe en el  registro  de  autor  con  nombre  de persona distinta del autor verdadero, o con  título  cambiado  o  suprimido,  con el texto alterado, deformado, modificado o  mutilado,  o mencionando falsamente el nombre del editor o productor de la obra;  de  igual  modo,  con  los  actos  que  desconozcan  la  voluntad  del  autor de  mantener   inédita   su  creación,  porque  se  publica,  total  o  parcialmente,  sin  su autorización  expresa;   y   con   comportamientos   que   atentan   contra   la  integridad   de   la   obra,  cuando  se  compendia,  mutila  o  transforma  sin  la  expresa y previa autorización de su  titular.   

Por su parte, los comportamientos que atentan  contra  los derechos patrimoniales de autor, se relacionan con la explotación o  utilización  de  la  obra  en  formas  no consentidas o deseadas por el autor o  titular  del  derecho,  en  quien  recae  de  manera  exclusiva  la  facultad de  enajenarla,  cederla,  autorizar  o  prohibir  las  reproducciones, modificarla,  etc.   

Y las conductas que afectan los mecanismos de  protección  de los derechos de autor, comprenden actos destinados a: i) superar  o  eludir  medidas  tecnológicas adoptadas para restringir usos no autorizados;  ii)  suprimir  o  alterar la información esencial para la gestión electrónica  de   derechos;    importar,   distribuir  o  comunicar  ejemplares  con  la  información  suprimida  o alterada; iii) introducir en el comercio (mediante  fabricación,  importación,  venta,   arriendo,   etc.),  dispositivos  o sistemas que permitan descifrar señales de satélite cifrada; o  eludir,  evadir,  inutilizar o suprimir dispositivos que permitan al titular del  derecho  controlar  la utilización de la obra o restringir usos no autorizados;  y  iv)  la  presentación  de  declaraciones o informaciones destinadas al pago,  recaudación,  liquidación  o  distribución de derechos, alterando o falseando  los datos requeridos al efecto.   

Conductas  que  constituyen  violación a los  derechos  patrimoniales de autor y derechos conexos. El  artículo  271  del Código Penal, modificado por el 2º de la Ley 1032 de 2006,  establece lo siguiente:   

“Violación  a  los   derechos   patrimoniales   de   autor   y   derechos   conexos.  Incurrirá en prisión de cuatro (4) a ocho (8) años y multa de  veintiséis  punto  sesenta  y  seis  (26.66)  a  mil  (1.000) salarios mínimos  legales   mensuales   vigentes   quien,   salvo  las  excepciones  previstas  en  la  ley, sin autorización  previa y expresa del titular de los derechos correspondientes:   

1.  Por  cualquier  medio  o procedimiento,  reproduzca   una   obra   de  carácter  literario,  científico,  artístico  o  cinematográfico,   fonograma,   videograma,   soporte  lógico  o  programa  de  ordenador,  o, quien transporte, almacene, conserve, distribuya, importe, venda,  ofrezca,  adquiera  para  la  venta  o  distribución,  o suministre a cualquier  título dichas reproducciones.   

2.   Represente,   ejecute   o   exhiba  públicamente   obras   teatrales,  musicales,  fonogramas,  videogramas,  obras  cinematográficas,   o   cualquier   otra   obra   de   carácter   literario  o  artístico.   

3.  Alquile  o,  de  cualquier  otro  modo,  comercialice   fonogramas,   videogramas,  programas  de  ordenador  o  soportes  lógicos u obras cinematográficas.   

4.  Fije,  reproduzca  o  comercialice  las  representaciones públicas de obras teatrales o musicales.   

5.   Disponga,  realice  o  utilice,  por  cualquier  medio  o  procedimiento,  la  comunicación,  fijación,  ejecución,  exhibición,  comercialización,  difusión o distribución y representación de  una obra de las protegidas en este título.   

6.  Retransmita,  fije,  reproduzca  o, por  cualquier  medio  sonoro o audiovisual, divulgue las emisiones de los organismos  de radiodifusión.   

7.  Recepcione,  difunda  o  distribuya por  cualquier      medio     las     emisiones     de     la     televisión     por  suscripción.”   

El  nuevo  Código  Penal, como se indicó en  precedencia,  escinde  las  diversas  formas  de  delitos contra los derechos de  autor    (violación   a   los   derechos   morales,  patrimoniales  y  a los mecanismos de protección), que  en  las legislaciones precedentes se entremezclaban.9   

Pero aparte de esa mejor técnica empleada, en  relación  específica  con  los  derechos patrimoniales de autor, el legislador  determinó  la  existencia  de  conductas  excepcionales  que  no  se consideran  lesivas  a  los  derechos  de  autor,  al  introducir  la  fórmula ‘salvo las excepciones previstas en la  ley’,  establecida  en el  artículo 271 del Código Penal.   

Las  excepciones  a  las  que  alude la norma  tienen  que  ver  con  las limitaciones del derecho de  autor, las cuales se justifican porque:   

“La  propiedad  intelectual  en todos los  regímenes  legales por excelencia, tiene dos fundamentos prácticos, puestos en  un  balanza,  ellos  deben  nivelarse  mutuamente  pues los dos contribuyen a la  expansión     cultural.     De     un     lado     el    estado    (sic)  reconoce  un  monopolio  para  la  explotación  de  la  obra,  aunque de carácter temporal pero sólo a favor del  autor,  para  premiar  y  reconocer  su esfuerzo creativo (eso impulsa a otros a  crear  obras  también).  No  obstante  lo  anterior,  al mismo tiempo el estado  (sic) es consciente de que  para  garantizar la transmisión del conocimiento se hace necesario que terceras  personas,  en situaciones que la misma ley considera de excepción, pueden tener  acceso  a  dichas obras sin necesidad de autorización del titular, casos dentro  de  los cuales podemos mencionar a título de ejemplo, el derecho de cita (citar  a   un   autor   con   fines   científicos,   de   crítica,  etc.)10   

En  el  sistema  norteamericano (Copyrght Act  1976)  existen  limitaciones  a  los  derechos  de  autor  que  se  reflejan  en  mecanismos  como la doctrina del “uso justo” la cual se basa en el principio  de  que hay ciertos usos que se le pueden dar a la obra de terceras personas que  no   constituyen   una   disminución   o   pérdida   de   los   derechos   del  titular.11   

“Bajo el concepto del fair use o uso justo  se  permite que terceras personas distintas a los titulares del derecho de autor  utilicen  en  ciertos casos partes de una obra sin necesidad de autorización de  dichos  titulares.  Las  situaciones  para  hacer  uso de dichas obras no están  enumeradas  en  forma  taxativa  como  sí ocurre en la mayoría de los sistemas  legales  de  tradición  latina,  sino  que por el contrario, para determinar si  existe  un uso justo o una infracción de derechos de autor un juez frente a una  disputa  legal de esta naturaleza, debe tener en cuenta cuatro factores a saber:  1)  El  propósito  y  carácter  del uso,  incluyendo  si  tal  uso es de naturaleza comercial o si es para  propósitos   de  carácter  educativo  y  sin  ánimo  de  lucro;  2)  La  natura  de  la obra protegida con  derechos  de autor; 3) la cantidad y sustancialidad de  la  porción  usada en relación con la obra protegida  considerada  como  un  todo,  y  4) El efecto del uso  sobre  el  mercado  potencial  o  el valor de la obra  protegida.”12   

Entre  nosotros, la Decisión 351 del Acuerdo  de  Cartagena,  que integra el Bloque de Constitucionalidad conforme precisó la  Corte   Constitucional   en   la   sentencia   C-1490  del  2  de  noviembre  de  2000,13  en el artículo 21 determina que “Las limitaciones y excepciones  al  Derecho  de  Autor que se establezcan mediante las legislaciones internas de  los  Países  Miembros, se circunscribirán a aquellos  casos  que  no  atenten  contra  la normal explotación de las obras o no causen  perjuicio  injustificado  a los legítimos intereses del titular o los titulares  de   los   derechos.”14         (Subrayas fuera de texto).   

Y,  en  el  artículo  posterior  enumera las  siguientes limitaciones o excepciones a los derechos de autor:   

“Artículo  22. Sin perjuicio de lo dispuesto en el Capítulo V y  en  el  artículo  anterior,  será  lícito  realizar, sin la autorización del  autor y sin el pago de remuneración alguna, los siguientes actos:   

a)  Citar en  una  obra,  otras obras publicadas, siempre que se indique la fuente y el nombre  del  autor, a condición que tales citas se hagan conforme a los usos honrados y  en   la   medida   justificada   por  el  fin  que  se  persiga;

b)  Reproducir  por medios reprográficos para la enseñanza o para  la   realización  de  exámenes  en  instituciones  educativas,  en  la  medida  justificada  por  el  fin  que se persiga, artículos lícitamente publicados en  periódicos  o colecciones periódicas, o breves extractos de obras lícitamente  publicadas,  a  condición  que  tal  utilización  se  haga conforme a los usos  honrados  y  que  la  misma no sea objeto de venta u otra transacción a título  oneroso,  ni  tenga  directa  o  indirectamente fines  de                   lucro;

c)  Reproducir  en  forma  individual,  una  obra por una biblioteca o archivo cuyas  actividades  no  tengan  directa  ni  indirectamente  fines  de lucro, cuando el  ejemplar  respectivo se encuentre en la colección permanente de la biblioteca o  archivo, y dicha reproducción se realice con los siguientes fines:     

1. Preservar el  ejemplar  y  sustituirlo  en  caso  de extravío, destrucción o inutilización;  o,   

2. Sustituir,  en  la  colección  permanente  de otra biblioteca o archivo, un ejemplar que se  haya extraviado, destruido o inutilizado.     

d)  Reproducir  una  obra  para actuaciones  judiciales   o  administrativas,  en  la  medida  justificada  por  el  fin  que  se                   persiga;

e) Reproducir y distribuir  por  la  prensa  o  emitir por radiodifusión o transmisión pública por cable,  artículos  de  actualidad,  de  discusión  económica,  política  o religiosa  publicados  en  periódicos  o  colecciones periódicas, u obras radiodifundidas  que  tengan  el  mismo  carácter,  en  los  casos  en  que la reproducción, la  radiodifusión  o  la  transmisión  pública  no se hayan reservado                     expresamente;

f) Reproducir y poner al alcance del  público,  con  ocasión  de  las  informaciones  relativas a acontecimientos de  actualidad   por   medio   de  la  fotografía,  la  cinematografía  o  por  la  radiodifusión  o  transmisión  pública por cable, obras vistas u oídas en el  curso  de tales acontecimientos, en la medida justificada por el fin                     de                      la                    información;

g)  Reproducir  por  la  prensa,  la  radiodifusión  o  la  transmisión  pública,  discursos  políticos, así como disertaciones, alocuciones, sermones, discursos  pronunciados  durante  actuaciones judiciales u otras obras de carácter similar  pronunciadas  en  público,  con  fines  de  información  sobre  los  hechos de  actualidad,  en  la  medida  en  que  lo  justifiquen  los  fines perseguidos, y  conservando  los  autores  sus  derechos  a  la  publicación  de colecciones de  tales               obras;

h)  Realizar la reproducción,  emisión  por  radiodifusión o transmisión pública por cable, de la imagen de  una  obra  arquitectónica,  de  una  obra  de  las  bellas  artes,  de una obra  fotográfica  o  de  una  obra  de  artes aplicadas, que se encuentre situada en  forma  permanente  en  un  lugar            abierto              al           público;

i)  La realización, por parte de los organismos de radiodifusión,  de  grabaciones efímeras mediante sus propios equipos y para su utilización en  sus  propias  emisiones  de  radiodifusión, de una obra sobre la cual tengan el  derecho  para radiodifundirla. El organismo de radiodifusión estará obligado a  destruir   tal   grabación   en  el  plazo  o  condiciones  previstos  en  cada  legislación nacional;   

j) Realizar la representación o ejecución  de  una  obra  en  el curso de las actividades de una institución de enseñanza  por   el   personal   y   los  estudiantes  de  tal  institución,  siempre  que  no  se  cobre  por  la  entrada  ni  tenga algún fin  lucrativo  directo  o  indirecto, y el público esté  compuesto  exclusivamente  por  el  personal  y estudiantes de la institución o  padres  o  tutores  de  alumnos  y  otras  personas  directamente vinculadas con  las                   actividades               de              la              institución;

k)  La realización de una transmisión o retransmisión, por parte  de  un organismo de radiodifusión, de una obra originalmente radiodifundida por  él,  siempre  que  tal  retransmisión o transmisión pública, sea simultánea  con  la  radiodifusión  original y que la obra se emita por radiodifusión o se  transmita públicamente sin alteraciones.”   

Por otra parte, las limitaciones y excepciones  al  derecho  de  autor  en  la  Ley  23  de  1982,  son  las  que  se encuentran  establecidas del siguiente modo en los artículos 31 a 44:   

“Artículo  31º.-  Es  permitido citar a un autor transcribiendo  los  pasajes  necesarios,  siempre  que  éstos  no  sean  tantos y seguidos que  razonadamente  puedan considerarse como una reproducción simulada y sustancial,  que  redunde  en  perjuicio del autor de la obra de donde se toman. En cada cita  deberá  mencionarse el nombre del autor de la obra citada y el título de dicha  obra.   

Cuando  la  inclusión  de  obras  ajenas  constituya  la  parte  principal  de  la  nueva  obra,  a  petición de la parte  interesada,  los  tribunales  fijarán  equitativamente  y  en  juicio verbal la  cantidad  proporcional  que corresponda a cada uno de los titulares de las obras  incluidas.   

Artículo  32º.-  Es  permitido  utilizar  obras  literarias  o  artísticas  o  parte de ellas, a  título  de  ilustración  en  obras  destinadas  a  la enseñanza, por medio de  publicaciones,                       emisiones               de          radiodifusión                  o  grabaciones  sonoras  o visuales, dentro de los límites justificados por el fin  propuesto,  o  comunicar  con  propósitos  de enseñanza la obra radiodifundida  para  fines  escolares,  educativos,  universitarios y de formación profesional  sin  fines  de  lucro,  con la obligación de mencionar el nombre del autor y el  título de las obras así utilizadas.   

Artículo  33º.-  Pueden  ser  reconocidas  {a}  cualquier  título,  fotografía  ilustración  y  comentario  relativo a acontecimientos de actualidad, publicados por la prensa o  difundidos  por  la radio o la televisión, si ello no hubiere sido expresamente  prohibido.   

Artículo  34º.-  Será  licita  la  reproducción,  distribución  y comunicación al público de  noticias  u  otras  informaciones  relativas  a  hechos o sucesos que hayan sido  públicamente difundidos por la prensa o por la radiodifusión.   

Artículo  35º.-  Pueden  publicarse  en  la  prensa  periódica,  por  la radiodifusión o por la  televisión,   con  carácter  de  noticias  de  actualidad,  sin  necesidad  de  autorización   alguna,  los  discursos  pronunciados  o  leídos  en  asambleas  deliberantes,  en  los  debates  judiciales o en las que se promuevan ante otras  autoridades  públicas,  o  cualquier conferencia, discurso, sermón u otra obra  similar,  pronunciada  en público, siempre que se trate de obras cuya propiedad  no  haya  sido  previa  y  expresamente reservada. Es entendido que las obras de  este  género  de  un  autor  no  pueden publicarse en colecciones separadas sin  permiso del mismo.   

Artículo  36º.-  La   publicación   del   retrato   es  libre  cuando  se  relaciona  con  fines  científicos,   didácticos   o   culturales   en   general   o   con  hechos  o  acontecimientos   de  interés  público  o  que  se  hubieren  desarrollado  en  público.   

Artículo  37º.-  Es  licita  la  reproducción,  por  cualquier  medio,  de  una obra literaria o  científica,  ordenada  u obtenida por el interesado en un solo ejemplar para su  uso privado y sin fines de lucro.   

Artículo  38º.-  Las  bibliotecas  públicas  pueden  reproducir  para  el  uso  exclusivo de sus  lectores  y  cuando ello sea necesario para su conservación, o para el servicio  de  préstamos  a  otras  bibliotecas,  también  públicas,  una copia de obras  protegidas  depositadas en sus colecciones o archivos que se encuentran agotadas  en  el mercado local. Estas copias pueden ser también reproducidas, en una sola  copia,  por  la biblioteca que las reciba en caso de que ello sea necesario para  su  conservación,  y  con  el  único  fin de que ellas sean utilizadas por sus  lectores.   

Artículo  39º.-  Será  permitido  reproducir  por  medio  de  pinturas,  dibujos, fotografías o  películas  cinematográficas, las obras que estén colocadas de modo permanente  en  vías  públicas,  calles  o  plazas  y distribuir y comunicar públicamente  dichas  reproducciones u obras. En lo que se refiere a las obras de arquitectura  esta disposición solo es aplicable a su aspecto exterior.   

Artículo  40º.-  Las   conferencias   o  lecciones  dictadas  en  establecimiento  de  enseñanza  superior,  secundaria o primaria, pueden ser anotadas y recogidas libremente por  los  estudiantes a quienes están dirigidos, pero es prohibida su publicación o  reproducción  integral  o  parcial,  sin  la autorización escrita de quien las  pronunció.   

Artículo  41º.-  Es  permitido  a todos reproducir la Constitución, leyes, decretos, ordenanzas,  acuerdos,  reglamentos,  demás  actos  administrativos y decisiones judiciales,  bajo  la  obligación  de  conformarse  puntualmente  con  al  edición oficial,  siempre y cuando no esté prohibido.   

Artículo  42º.-  Es  permitida  la reproducción de obras protegidas o de fragmentos de ellas, en  la  medida  que  se  estime  necesaria  por la autoridad competente, para su uso  dentro   de   los   procesos  judiciales  o  por  los  órganos  legislativos  o  administrativos del Estado.   

Artículo  43º.-  El  autor  de  un  proyecto arquitectónico no podrá impedir que el propietario  introduzca  modificaciones  en  él, pero tendrá la facultad de prohibir que su  nombre sea asociado a la obra alterada.   

Artículo  44º.-  Es  libre  la utilización de obras científicas, literarias y artísticas en el  domicilio privado sin ánimo de lucro.”   

Surge  así que el examen de tipicidad que se  adelante  frente  a  las  conductas  que  afecten  los derechos patrimoniales de  autor,  debe  comprender las disposiciones anteriores, a fin de establecer si el  comportamiento  por  el  que  se  investigue  a una persona es lícito por estar  comprendido  dentro  de  las  excepciones  o  limitaciones indicadas, o, resulta  contrario  a  derecho  porque  las desborda y, además, porque se ejecuta sin el  consentimiento  o  autorización  de  autor o del titular de los derechos que se  tengan sobre una obra específica.   

La conducta punible de reproducción de obras  de  carácter  literario,  científico o artístico. El  artículo  51-4 de la Ley 44 de 1993, sancionaba con prisión de 2 a cinco años  y  multa  de  5  a  20  salarios mínimos legales mensuales vigentes, a “Quien  reproduzca  fonogramas,  videogramas,  soporte lógico u obras cinematográficas  sin  autorización previa y expresa del titular, o trasporte, almacene, conserve  distribuya,  importe,  venda,  ofrezca, adquiera para la venta o distribución o  suministre   a  cualquier  títulos  dichas  reproducciones”.  Esta  norma  es  esencialmente  igual  a la que recoge el artículo 271-1 del Código Penal salvo  en  lo  relacionado con las excepciones previstas en la ley que hacen lícito el  comportamiento.   

En  lo fundamental, se trata de un tipo penal  que  requiere  un  único  sujeto activo que desarrolle la conducta (monosujetivo   e   indeterminado);  que  genera   un  resultado  concreto  y  verificable  (de  resultado);  se  agota  en  un  solo  momento  con  la  ejecución  de  la  reproducción  ilícita  (tipo de  conducta  instantánea);  obviamente  es  de acción y  afecta         un         solo         bien        jurídico        (monoofensivo);  se trata, además, de un  tipo  completo  pues  lo  conforma  un  precepto  y  una  sanción con todos sus  elementos  constitutivos,  de  manera  que  no  necesita  complementarse  con el  contenido de normas jurídicas diferentes.   

La  estructura  de  la norma permite concluir  también  que  corresponde  a  la  categoría  de  los  tipos compuestos, ya que  contiene  varios verbos rectores. Sin embargo como acertadamente opina el Agente  del  Ministerio  Público, el verbo rector o núcleo esencial de la conducta que  pretende   restringir   el  legislador,  está  determinado  por  la  expresión  reproducir,  ‘los  demás  verbos  utilizados en la  disposición  son  accesorios,  en  la  medida  que  sirven de complemento… es  decir,  son  apenas  modalidades  de  esta  conducta, a través de las cuales es  posible  comercializar  de cualquier forma las reproducciones ilícitas a que se  refiere  la  primera  parte  de  la  norma.’   

El  bien  jurídico  que se tutela en el tipo  específico    del    artículo    271-1    del   Código   Penal   (54-4   L.   44/93),   es   el   derecho  patrimonial  de  autor,  en  virtud  del  cual  ejerce actos de explotación o de disposición de la obra, es  decir,    actividades    que    envuelven   contenido   económico,   valorables  pecuniariamente,  de manera que quien pretenda afectarlos ha de obrar con ánimo  de  lucro y con la intención de lesionar ese patrimonio para beneficio propio o  de terceros.   

Si  bien  estas  exigencias  no se encuentran  expresamente   consignadas  en  la  norma  prohibitiva,  constituyen  verdaderos  elementos  subjetivos  del  tipo  que en cada caso han de ser constatados por el  juez,  en  orden  a declarar demostrada, en grado de certeza, la materialidad de  la conducta.   

Este  aserto  reafirma  su  sentido lógico a  partir  de  la  concepción  ecuménica  de  las  limitaciones y excepciones del  derecho  de  autor,  que  considera  lícita  la “invasión” a esos derechos  siempre   que  no  atenten  contra  la  normal   explotación   de  la  obra  o  no   cause   perjuicio   injustificado  a  los  legítimos  intereses  del titular o los titulares de los  derechos, y lo corrobora el contenido del artículo 72  de  la  Ley  23  de  1982 al señalar que: “El derecho patrimonial de autor se  causa   desde   el   momento   en   que  la  obra  o  producción,  susceptible  de  estimación  económica y  cualquiera  sea  su  finalidad,  se  divulgue  por  cualquier  forma  o  modo de  expresión.”      (se      destaca).   

Así,  por ejemplo, opina Muñoz Conde cuando  afirma:15   

“En todo caso hay que tener en cuenta que  los  preceptos  penales no deben ser aplicados más allá de lo que permiten sus  propios  términos  y  que, a diferencia de los que sucedía en el Código Penal  anterior   donde  se  hablaba  de  “derecho  de  autor”…  ahora  se  habla  expresamente  de  “propiedad”  intelectual, exigiéndose además para que el  hecho  sea  punible  el  ánimo  de  lucro  y  el perjuicio de tercero, haciendo  recaer,    pues,    el    acento   en   el   aspecto   patrimonial   antes   que  personal.16   

De  esa  manera,  frente  a un acto que pueda  considerarse  típico  de  violación de los derechos patrimoniales de autor, el  juez  debe verificar que cuenta con elementos formales y materiales que lo hacen  típicamente  antijurídico  y  si,  además,  comprueba  que  se  trata  de  un  comportamiento  culpable,  puede,  entonces,  concluir  que  corresponde  a  una  verdadera conducta punible.   

Téngase  en cuenta, por vía de ejemplo, que  no  puede  ser  punible  la  actuación de quien realiza una copia de los discos  compactos  adquiridos  legalmente para utilizarla en el reproductor de su carro,  o  quien los copia para almacenarlos en aparatos de uso personal como el MP3, es  decir,  en medios digitales con gran capacidad de almacenamiento que le permiten  al     propietario    disfrutar    durante    horas    la    música    de    su  preferencia.   

De  igual  manera, si en la Internet circulan  millones           de           canciones,17  no puede concentrarse en el  derecho  penal  la  función  de  perseguir a los usuarios que, aprovechando tal  circunstancia,  descargan  la  música que se coloca a su alcance, pues en estos  casos  como  en  todos aquellos en los que la persona obra sin ánimo de lucro y  sin  el  propósito  de  ocasionar  perjuicio  a  la  obra  o  a  los  intereses  económicos   del   titular  de  los  derechos,  resulta  imposible  afirmar  la  existencia    de    una    conducta   punible,  toda vez que no se lesiona o pone efectivamente en peligro  el bien jurídico tutelado por la ley.   

En  consecuencia,  si  a  la actuación no la  acompañan  los  elementos  referidos,  valga  reiterar, el ánimo de lucro y la  intención    de    lesionar    el   patrimonio   ajeno,   la   conducta   será  atípica.   

El   caso  concreto  del  procesado  VÉLEZ  MURILLO. Los jueces de instancia condenaron al acusado  porque  lo consideraron responsable de la conducta contenida en el artículo 51,  Inciso  4º  de  la  Ley  44  de  1993,  pues  según  quejas presentadas por la  Asociación    Colombiana    de    Productores    de   Fonogramas   –  ASINCOL,  en su vivienda ofrecía el  servicio  de  duplicación  de  discos  compactos,  el  cual  anunciaba  en  los  clasificados del diario El Tiempo.   

En  la  diligencia de registro y allanamiento  ordenada  por  una  fiscalía  local  de  la Unidad Segunda de Delitos contra el  Patrimonio,    se    encontraron    en   la   casa   del   señor   VÉLEZ  MURILLO  cuatro  computadores  con  sistema  operativo  Windows 98, programas como Office, Norton Antivirus, Encarta  y  quemadores  para  discos compactos, ‘sin   que  contara  con  la  licencia  de  utilización’.   

De  acuerdo con lo anterior, al acusado se le  imputó  la reproducción ilegal de fonogramas (discos  compactos),        y       la       utilización,    también   ilegal,   de  programas   de   ordenador   o   software.   

Frente al primer comportamiento, en el proceso  se   demostró   que   en   la   diligencia   de   registro  y  allanamiento  se  encontraron   “229  CDS  vírgenes,  13 CDS dañados y 14 CES regrabados;  cinco (5) de sofware; y ocho (8) cds dañados.”   

Además, que el procesado ofrecía el servicio  de  reproducción  en la modalidad de conversión de los formatos de casete y LP  (long    play)   a   CD  (disco  compacto), labor por  la que cobraba 5 o 6 mil pesos.   

En  principio  y  desde  el  punto  de  vista  eminentemente  objetivo,  el  artículo  12,  literal  a.  de la Ley 23 de 1982,  establece  que  la reproducción de la obra y la autorización para hacerlo, son  derechos  patrimoniales  exclusivos  del  autor. En consecuencia, si un tercero,  por  sí solo, reproduce una obra ajena, también a priori, se juzgaría incurre  en conducta contraria a derecho.   

Sin embargo, en orden a determinar si se trata  de  una  conducta  típicamente  antijurídica,  deben  tenerse  en  cuenta  los  conceptos    de    usos   honrados   y uso personal,  a  los  que alude el Régimen Común sobre Derecho de Autor y Derechos Conexos o  Decisión  351  del  Acuerdo de Cartagena, que define los primeros como aquellos  que  “…  no  interfieren  con la explotación normal de la obra ni causan un  perjuicio  irrazonable  a  los  intereses  legítimos del autor”, y el segundo  como  la  “Reproducción  u  otra  forma  de  utilización, de la obra de otra  persona,  en  un  solo  ejemplar,  exclusivamente  para  el  propio  uso  de  un  individuo,  en  casos  tales  como  la  investigación  y  el  esparcimiento”;  conceptos  que  se  identifican  con  el  de  las  excepciones que al derecho de  reproducción  de  obras señala el artículo 9º de la Convención de Berna, en  donde  se  reitera  que  los  países  miembros podrán permitirlas ‘con  tal  que  esa  reproducción  no  atente  a  la explotación normal de la obra ni cause un perjuicio injustificado  a los intereses legítimos del autor.’   

El  señor  VÉLEZ  MURILLO,  reconoce que reproducía en discos compactos  el  contenido de diversos fonogramas fijados en formatos obsoletos, como casetes  y  larga  duración,  actividad que hacía por encargo de los poseedores de esos  elementos,  cobrando  una suma que representaba el coste de los materiales y una  modesta utilidad.   

No  obstante,  su actuación no se dirigía a  causar  perjuicio  irrazonable  o  desmedido  ni  a  atentar  contra  la  normal  explotación  de  la  obra,  dado  que  no multiplicaba en grandes cantidades la  música  fijada  en  casetes o en discos de larga duración, sino que convertía  esos  formatos  a  discos  compactos por encargo que le hacía el propietario de  ese elemento.   

En  conclusión, la reproducción ilícita de  obras  ajenas  que  se  atribuye  al  procesado,  no  corresponde a una conducta  típicamente  antijurídica,  por lo que resulta improcedente la sanción que le  impusieron los jueces de instancia.   

De  acogerse el análisis y la conclusión de  los  sentenciadores, habría que concluir que en Colombia existe responsabilidad  objetiva  y que no hay lugar a tener en cuenta los principios de antijuridicidad  material  y  de culpabilidad, cuando la realidad normativa y jurídica del País  es  totalmente contraria, de manera que no sobra recordar que la responsabilidad  penal  tiene  como soporte el principio de conducta punible, es decir, que sólo  es   objeto   de   sanción   penal   la   conducta   típica,  antijurídica  y  culpable.   

El  Tribunal,  sin  embargo,  concluyó  la  responsabilidad     del     procesado     simplemente     porque    reproducía  fonogramas  en varios ejemplares, según el número de  copias    requeridas    por    sus    clientes    por    una   contraprestación  dineraria  y  porque  sabía  de  su actuar ilegal por  tener  formación jurídica, por consiguiente conocía  la  ilicitud  de  su  acción  y  obró  con  voluntad  de producir el resultado  antijurídico,  pero  desconoció  que  la norma está  nutrida  de  elementos  subjetivos  que  la  dotan  de  sentido  jurídico  para  considerarla socialmente dañosa.   

En cuanto tiene que ver con la conducta que en  el  calificatorio  se  describe  como  utilización no  autorizada   de  programas de computador, refulge  su  atipicidad  pues  lo  que  sanciona  el legislador en el artículo 271-1 del  Código  Penal  (51-4  L.  44/93),  como  con  acierto  precisó  el  Procurador  Delegado,   es   el  acto  de  reproducir  sin  autorización  previa  y  expresa del titular de los derechos  correspondientes,  salvo las excepciones previstas en la ley, entre otras obras,  los    soportes    lógicos    o    programas    de  computador,  así  como  las  acciones  de trasportar,  almacenar,  conservar,  distribuir,  importar, vender, ofrecer, adquirir para la  venta  o  distribución  o  suministrar  a cualquier título, las reproducciones  ilegalmente  obtenidas;  pero  la mera utilización de un programa de computador  no lo describe como punible.   

Además, como se dejó consignado, esta clase  de   atentados  a  los  derechos  patrimoniales  de  autor,  llevan  implícitos  elementos   subjetivos  que  no  acompañan  la  conducta  atribuida  al  señor  VÉLEZ MURILLO.   

Se evidencia, de esa manera, el desacierto de  la  sentencia  con  la  que  se condenó al procesado por comportamientos que no  constituyen   conducta  punible,  por  lo  que  se  impone,  como  remedio  para  restablecer  sus  derechos  y   hacer  efectivo  el  derecho material en la  presente  actuación,  casar  el  fallo  objeto  de impugnación y, en su lugar,  absolverlo de los cargos por los cuales se le acusó.    

Por  las  razones  consignadas, la  Corte  Suprema  de Justicia,  Sala  de  Casación  Penal, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE  

1. CASAR la  sentencia  de segunda instancia del 4 de septiembre de 2007, con  la  cual  el  Tribunal Superior de Bogotá confirmó la proferida el 30 de junio  de   2006   por  el  Juzgado  Veintiuno  Penal  del  Circuito,  que  condenó  a  GUILLERMO LUIS VÉLEZ MURILLO  como  autor responsable de conductas supuestamente constitutivas de violación a  los derechos patrimoniales de autor.   

2.    ABSOLVER  al     señor    VÉLEZ  MURILLO  de  los  cargos  por  los  que se le llamó a  juicio en esta actuación.   

El Juzgado de primera instancia dispondrá la  devolución   de   las   cauciones   que  hubiere  prestado  el  acusado  en  el  proceso.   

Contra  esta  decisión  no  procede  recurso  alguno. Devuélvase el expediente al despacho de origen.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                     YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

Permiso  

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA               JAVIER ZAPATA  ORTIZ                 

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Fol.  94 c. 2   

2 Fols.  106 y s.s C 2   

3  Fl.   10   y   ss   C.    2ª    instancia  Fiscalía   

4 Fols.  136 a 146 C 3   

5  LIPSZYC,  Delia  “Derechos de autor y derechos conexos, Buenos Aires, Zavalia,  UNESCO  CERLALC,  1993.  Citada  por  Juan  Pablo Riveros Lara en “Derechos de  Autor   en   Colombia,   Bogotá,   editorial   Hojas   e   Ideas,   pagina  29,  1995.   

6  “Génesis  y  Evolución  del  Derecho  de  Autor”  texto  publicado  por el  Ministerio de Gobierno en 1991. Citado por Riveros Lara.   

7  Dirección  Nacional  de  Derechos  de  Autor,  Unidad  Administrativa  Especial  Ministerio   del   Interior   y   de   Justicia.   En   www.derautor.gov.co/htm/legal/servicios/conceptos2006/2-2006-4924.html   

8  Ib.   

9  El  artículo  232  de  la  Ley 23 de 1982 y el 51 de la Ley 44 de 1993,  en un  mismo  artículo  tipificaba  conductas  que  afectaban  los  derechos morales y  patrimoniales,  los mecanismos de protección y hasta los actos de defraudación  de esos derechos.   

10  Sánchez  Iregui,  Felipe, “La Biblioteca Electrónica de Google ¿Alejandría  en Llamas?” Se puede ver en www.alfa-redi.org   

11  Ib.   

12  Ib.   

13 Lo  anterior  según  se  expresa la Corte Constitucional, porque la Decisión tiene  por  objeto  armonizar  instrumentos  y  mecanismos  de  regulación en comercio  exterior  necesarios  para impulsar el proceso de integración, específicamente  en  materia  de Derecho de Autor, el cual presenta dos categorías: los derechos  morales  y  los  materiales.  De esa manera, atendiendo el carácter fundamental  que  esa  Corporación  le  reconoció  a los derechos morales de autor “…se  produce    la   incorporación   de   la   citada   decisión   al   bloque   de  constitucionalidad,  dado  que su materia, a la luz del artículo 93 del la C.P.  así lo impone.”   

14 En  el  mismo  sentido, la Convención de Berna sobre Derecho de Autor “Tratado de  la  OMPI  sobre Derecho de Autor”, aprobado mediante la Ley 565 de 2000, en su  artículo 10º prevé:    LIMITACIONES Y EXCEPCIONES. 1) Las  Partes   Contratantes   podrán   prever,   en   sus  legislaciones  nacionales,  limitaciones  o excepciones impuestas a los derechos concedidos a los autores de  obras  literarias  y  artísticas  en  virtud  del presente Tratado en  ciertos  casos  especiales  que  no  atenten a la explotación  normal  de  la  obra  ni  causen  un  perjuicio  injustificado  a  los intereses  legítimos  del  autor.  2) Al aplicar el Convenio de  Berna,  las Partes Contratantes restringirán cualquier limitación o excepción  impuesta   a   los   derechos   previstos   en   dicho   Convenio   a  ciertos  casos  especiales  que  no  atenten  a la explotación  normal  de  la  obra  ni  causen  un  perjuicio  injustificado  a  los intereses  legítimos del autor.   

15  Muñoz  Conde,  Francisco.  “Derecho Penal Parte Especial. Undécima edición.  Valencia 1996.   

16 Sin  desconocer  la  posibilidad  de  que  los derechos morales de autor en ocasiones  reporten  contenido económico, pues como dice el mismo autor “… sin excluir  que  en  algún  caso  concreto,  como el plagio, se proteja la paternidad de la  obra   o   su   integridad   artística.  Pero  también  en  este  caso  existe  simultáneamente  un  derecho  patrimonial  que  normalmente es el que motiva la  intervención  del  derecho  penal.  Recuérdese,  por  ej.,  que  sólo  suelen  presentarse  querellas por plagio en casos de obras que han ganado un concurso y  tienen un gran éxito comercial.   

17 En  la  edición digital del diario El Tiempo del 16 de abril de 2008, se lee que en  el  país  se  descargaron  por  internet  más  de  200  millones de canciones,  equivalentes a unos 20 millones de CD, durante el año 2007.     

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