29188(06-03-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 29188  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

Aprobado  acta No.  052     

Bogotá,     D.    C.,    seis   de   marzo   del  año  dos  mil  ocho.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación discrecional que, en su  condición      de      abogado,     presenta   el   procesado  GUILLERMO        LUIS       VÉLEZ  MURILLO,  contra  la  sentencia  de segunda instancia  proferida  el  cuatro  de septiembre de dos mil siete  por  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de  Bogotá mediante la cual lo  condenó  a  las  penas  principales  de veinticuatro  (24)  meses  de  prisión  y  multa  en  cuantía  de  cinco    (5)  salarios mínimos legales mensuales,  y  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso de la pena privativa de la  libertad,   al  tiempo  que  le  concedió  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  entre  otras  decisiones,  a consecuencia de hallarlo  penalmente   responsable  del  delito  de  de  violación  de  derechos  de  autor   previsto  por el artículo 51-4 de la ley 44 de 1993 imputado en el  pliego enjuiciatorio.   

Antecedentes.-   

1.-  La cuestión fáctica fue declarada por  el Juzgador de la manera siguiente:   

“El  8  de  octubre de 1999, se practicó  diligencia  de  allanamiento  al  inmueble ubicado en la carrera 19 No. 24-94 al  sur  de  esta  ciudad,  toda vez que, según queja presentada por la Asociación  Colombiana       de       Productores       de      Fonogramas      –ASINCOL-  se  estaban  duplicando  de  manera  ilegal  discos  compactos,  ofreciendo  tal  servicio  con el respectivo  anuncio  en  el  diario  El Tiempo y fueron halladas cuatro (4) computadoras que  tenían  instalado  el sistema operativo WINDOWS 98, OFFICE 97 y 2000, programas  antivirus  marca  NORTON, enciclopedia ENCARTA 99, sin la respectiva licencia de  funcionamiento;  estableciéndose que tenían tarjeta de sonido, unidad ZIP, con  una  capacidad  mayor  que  los CDs normales, además se instalaron programas de  diferentes  casa  productoras  de  SOFTWARE que permitían copias el DC RW y que  podían  ser  grabados  o  reproducidos,  sin  que  contaran  con la licencia de  utilización”.   

2.-  Adelantada la fase correspondiente a la  instrucción  y  previa clausura de ésta por parte de  la  Fiscalía  144  Seccional  de  la  Unidad Quinta de Fe Pública y Patrimonio  Económico          (fl.         94        cno.        2),        el       veintinueve  de  noviembre  del  año  dos  mil  dos se  calificó  el  mérito  probatorio del sumario con resolución de  acusación  en  contra  del  procesado GUILLERMO LUIS  VÉLEZ   MURILLO,   “como   presunto  autor  del  punible de la infracción al artículo 51, numeral 4 de  la   Ley   44   de  1993”  (fls.  106  y  ss.  cno.  2),  mediante  determinación  que  el  diecinueve    de    mayo   de     dos     mil    tres  la Unidad de Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  Superior confirmó íntegramente,  al  conocer  en segunda instancia de la apelación promovida por  el  procesado (fl. 10 y ss.  cno.      2da.     Inst.     Fiscalía).   

3.- El trámite del juicio fue asumido por el  Juzgado  Veintiuno Penal del  Circuito  de  Bogotá  (fl.  3   cno.   3)  en  donde  se llevó a cabo la vista  pública     (fls.     117     y     ss.-3),  y  el  treinta  de  junio  de dos mil seis se puso fin a la  instancia  condenando  al  procesado GUILLERMO LUIS VÉLEZ MURILLO a    las  penas  principales     de  veinticuatro  (24)  meses  de  prisión  y  multa en  cuantía  de  cinco  (5)  salarios  mínimos legales  mensuales  vigentes, y la accesoria de inhabilitación   para   el   ejercicio   de  derechos  y  funciones  públicas por término igual al de la pena privativa  de  la  libertad,  a  consecuencia  de hallarlo autor penalmente responsable del  delito   definido  por  el  artículo  51,  ordinal  4º,   de  la  ley  44 de 1993, al tiempo que le  concedió  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena, entre otras  determinaciones (fls. 136 y ss.).   

Contra    este    fallo,   el  procesado  interpuso  recurso  de  apelación  y  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,     mediante     sentencia  de      segunda      instancia      proferida  el  cuatro de septiembre de  dos     mil    siete,    resolvió    confirmarlo  íntegramente  (fls. 51 y  ss. cno. Trib.).    

4.-   Contra   la  sentencia  de  segunda  instancia,  oportunamente  el procesado,  invocando al efecto lo dispuesto por  el  último  inciso  del  artículo  205  de la Ley 600 de 2000,  interpuso  recurso  extraordinario  de casación excepcional, el  cual,     fue     concedido     por     el    ad    quem    (fl.    43)   y  presentó   la   correspondiente   demanda   (fls.  96  y  ss.  cno. Trib.),  sobre cuya admisibilidad se pronuncia la Corte.   

La  demanda.-   

El  casacionista  comienza por advertir  que  actúa  en  causa  propia,  de  conformidad  con lo  dispuesto  por  el  artículo  209  de la Ley 600 de 2000, dada su condición de  abogado.   

Sostiene  asimismo  que  con  el  recurso  extraordinario  pretende  la  efectividad  de  las  garantías materiales que le  “confiere  el  derecho  comunitario  andino,  de  obligatorio  cumplimiento en  Colombia”;  “la unificación de la jurisprudencia  nacional  y  de  la Comunidad Andina de Naciones, en un tema tan importante como  es  el  derecho  de  autor,  en  su  modalidad  penal” y; “la protección de  garantías  fundamentales  infringidas  por  falta  de  aplicación de normas de  bloque de constitucionalidad y de la ley”.   

En   lo  que  denomina  “preámbulo”,  manifiesta  que resulta necesario recordar que las conductas relacionadas con el  derecho  de  autor,  así  como su trascendencia jurídica, han sido ampliamente  debatidas  en el ámbito internacional, siendo  la Convención de Berna, la  Decisión  351  de 1993 de la Comisión del Acuerdo de Cartagena, y la Ley 23 de  1982, “el marco legal que debió regir en esta actuación”.   

Anota  que para la época en que los hechos  tuvieron   realización,   “se  estigmatizaba  la  grabación  de  los  discos  compactos,   desatando   verdaderas  ‘cacerías   de   brujas’  en  contra de las personas que supieran realizar dicha labor”.  Hoy  en  día,  dice,  “el  sistema  penal  acusatorio,  los  establecimientos  educativos,  informáticos,  financieros,  han  superado  esa  época  oscura  y  avanzado,  inclusive,  hasta  los  DVD grabables y las memorias flas, con muchas  más   capacidades   y   prestaciones   que   los   otrora   perseguidos  discos  compactos”.   

Agrega que en información difundida por el  diario  “El Tiempo” se revelan detalles de su trabajo, “en el cual gastaba  horas  enteras al frente de un computador, para llevar la música desde un viejo  y  obsoleto  disco  de acetato, a un disco compacto por $5.000. Labor realizada,  hoy,  hasta  por  niños  de  primaria, gracias a la conversión de la música a  formato MP3”.   

Seguidamente, con apoyo en la causal primera  de    casación,    cinco    cargos    formula    contra    la   sentencia   del  Tribunal,  en los que la acusa de haber incurrido en  violación    directa    de   la   ley sustancial.   

En  el  primer  cargo, sostiene que el Tribunal dejó de aplicar los  preceptos  contenidos  en  los  artículos  6  y  271  de  la  ley  599 de 2000,  específicamente  en  lo  relativo  a  la expresión “…salvo las excepciones  previstas  en la ley”, la cual no aparece en el artículo 51.4 de la Ley 44 de  1993,      como      tampoco      los      verbos      rectores     ‘duplicar’,            ‘instalar’        o        ‘utilizar’,  referidos a un soporte lógico o  fonograma.      

Anota que “si el fallador hubiera aplicado  el  artículo  271  del Código penal, y no la Ley 44 de 1993,  en conjunto  con  la ley 23 de 1982 (arts. 8, 37 y 44) y la decisión 351 de la Comisión del  Acuerdo  de  Cartagena  (Derecho  Comunitario Andino), hubiera encontrado que la  conducta  juzgada  encajaba dentro de las numerosas excepciones que contempla el  derecho de autor”.   

Precisa  que  existe  un conflicto entre lo  dispuesto  por  el  artículo 271 del Código Penal sobre “defraudación a los  derechos  patrimoniales  de  autor”,  con  la verdad establecida en el juicio,  toda  vez  que  con  el  fallo  se  impone  una  condena  por  una defraudación  pecuniaria  cuyo  monto no fue establecido, ni se supo quién era el titular ese  derecho.  “No  es  admisible,  dice, condenar por una defraudación pecuniaria  cuando nunca se supo el monto ni la víctima de la misma”.   

En  consecuencia,  concluye,  el  fallo  de  segunda  instancia  vulnera  lo  dispuesto por el artículo 7º de la ley 906 de  2004, cuyo texto seguidamente reproduce.   

Respecto      del      segundo   cargo   manifiesta  que  la  sentencia  dejó  de  aplicar  lo  dispuesto  en el artículo 37 de la Ley 23 de  1982,  en  concordancia  con lo normado en el artículo primero del decreto 1360  de  1989, según la cual “es lícita la reproducción, por cualquier medio, de  una  obra  literaria  o científica, ordenada u obtenida por el interesado en un  solo  ejemplar para su uso privado y sin fines de lucro”, y el artículo 84 de  la Carta Política.        

Anota   que   las  citadas  disposiciones  “confieren  una facultad o derecho legal, a cualquier persona, para ordenar la  reproducción  de  una  copia (léase duplicación), de obras protegidas por las  leyes de propiedad intelectual”.   

Considera  que  si  bien  la  ley  exige el  cumplimiento  de  requisitos de orden subjetivo a quien ordene la reproducción,  no     hace     lo     mismo    a    quien    recibe    tal    orden.  “De ahí que, castigar ciudadanos  humildes  y  honestos, que trabajan para prestar ese servicio a las personas que  usan  esa  prerrogativa  legal,  contenida  en  el artículo 37, de la ley 23 de  1982,  constituye  una  violación  directa  de  la ley por inaplicación de las  normas mencionadas”.   

Sostiene   que   “la  prueba  analizada  (informes  y  declaraciones  de  policía  judicial),  revelan  que  el  procesado nunca ofreció en venta,  alquiler  o  préstamo,  copias  de  fonogramas  o soporte lógico, ni en venta,  préstamo,  alquiler  o  similar.  El  solicitante  debía  traer su fonograma o  programa de computador para proceder a realizar su duplicación”.   

En lo que tiene que ver con el tercer        cargo,   sostiene   que  la  sentencia  resulta  violatoria  de  la  ley  sustancial,  en cuanto dejó de aplicar los preceptos contenidos en el artículo  44  de  la  Ley  23  de  1982,  que confiere la libertad del uso, instalación o  empleo  del  soporte lógico, cuando ello se lleva a cabo dentro de un domicilio  privado.   

En este caso, dice, los informes de policía  reseñan  el  hecho  de  que  en el inmueble donde se llevaba a cabo la supuesta  conducta  punible no tenía acceso del público, y la  Fiscalía,  en  la  resolución  a  través  de  la  cual ordena el registro del  inmueble,  reconoce  que se trata de un domicilio privado donde hay que proteger  los derechos de sus habitantes.   

Señala  que  el  artículo  17  del   Decreto  3116  del  21 de diciembre de 1984, reglamentario de la Ley 23 de 1982,  realiza  una  interpretación  auténtica  del  término,  al  precisar  que  se  entiende  por  domicilio  privado  el  definido  en  el artículo 76 del Código  Civil.   

Considera que como consecuencia de la falta  de  aplicación  de  un  precepto  sustancial (art. 44 de la Ley 23 de 1982), se  generó  la  causal  primera de casación, pues de no haberse incurrido en dicho  desacierto,  se  habría  dado  lugar  a  la  absolución  del enjuiciado Vélez  Murillo.   

Respecto      del      cuarto  cargo,   manifiesta  que  la  decisión ameritada infringe varios preceptos  establecidos  en  la  Decisión  351  de 1993, promulgada con posterioridad a la  vigencia  de  la  Ley  44  de  1993  por  parte  de  la Comisión del Acuerdo de  Cartagena,  como  aquellos  que  se  refieren  a  las  definiciones  de  “usos  honrados”   y  “uso  personal”  de  las  obras  protegidas,    para   denotar   que   la  sentencia  de  segunda  instancia  no  solamente inaplicó las  definiciones  legales  aludidas,  sino  que asimismo dejó de aplicar las normas  contenidas    en    la  Decisión  351  de  1993,  que  establecen que las limitaciones y excepciones al  derecho  de autor, se circunscribirán a aquellos casos que no atenten contra la  normal  explotación  de  las  obras  o  no causen perjuicio injustificado a los  titulares de los derechos.   

Considera,  por  tanto,  que  la  sentencia  objeto  de  ataque  incurrió  en  violación  directa  de la ley sustancial, en  cuanto  dejó  de aplicar  claros  preceptos normativos que permitían la reproducción individual de obras  protegidas  y el empleo del soporte lógico para uso personal. Anota que en todo  el  proceso  nunca  se  dijo,  acusó o insinuó que los equipos de cómputo del  sindicado  o  los sistemas Windows u Office, estuvieran al servicio del público  o  de  terceros, pues estaban en un domicilio privado donde no existía acceso a  otras personas.   

En cuanto tiene que ver con el quinto     cargo,    sostiene    que  la   sentencia  recurrida  resulta  violatoria  del  precepto  sustancial  contenido  en  el  artículo 10 de la Ley 599 de 2000, que  establece  el  principio  de  tipicidad,  pues  al no recurrir a la descripción  clara  y precisa de la supuesta conducta punible, impidió confrontar los hechos  y  conductas  debatidos  con las situaciones contempladas en los capítulos VI y  VII  de la decisión Andina 351 de 1993, como también en los artículos 37 y 44  de  la  Ley  23 de 1982, y condujo a la condena por una conducta que es realidad  es atípica.   

En  el acápite que el demandante destina a  la  “sustentación  de  los  cargos, sostiene que los hechos fueron llevados a  cabo  en  un domicilio privado, y que al no profundizar dentro de la amplia gama  de  excepciones  legales  y  definiciones  que  contempla  el  derecho  de  autor,  confundió  los  verbos  rectores  reproducir (difundir) con utilizar, instalar o usar, estructurando una  supuesta  conducta punible, definida en el numeral primero del artículo 271 del  Código  penal,  pero condenando por el punible establecido en el numeral quinto  del citado estatuto.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita a la  Corte     casar     la     sentencia     recurrida     y    absolverlo   de  los  cargos  que  le  fueron  formulados (fls. 79 y ss.).   

        SE CONSIDERA:   

1.- Con  la  puesta  en  vigencia de la Ley 600 de 2000, en los asuntos  cobijados  por ésta, la casación discrecional procede contra las sentencias de  segunda   instancia,  proferidas  por  los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial,  el  hoy extinto Tribunal Nacional y el Tribunal Penal Militar, en los  procesos  que  se  hubieren  adelantado  por  delitos  que tengan señalada pena  privativa  de  la  libertad  cuyo máximo no exceda los ocho años, y, también,  contra  sentencias  de  segunda  instancia dictadas por los Juzgados Penales del  Circuito,  independientemente del quantum punitivo establecido en la ley para el  delito por el que se profirió el fallo.   

De   conformidad   con  la  legislación  aplicable  al  caso,  la  demanda  de  casación  discrecional  debe  reunir los  requisitos  establecidos  por  el  artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000, y  presentarse  oportunamente  expresando  la  necesidad  de  su  admisión para el  desarrollo  de la jurisprudencia o la garantía de los derechos constitucionales  que  hubieren  sido  transgredidos en el trámite ordinario del proceso, únicos  motivos  por  los  cuales  puede  ser  admitida, correspondiéndole decidir a la  Corte,  en ejercicio de la discrecionalidad que la ley le otorga, si la admite o  rechaza.    

2.-  Si se toma en consideración que en el  presente  evento la sentencia de segunda instancia fue proferida por el Tribunal  Superior   del   Distrito   Judicial   de   Bogotá  por  delito  que  tiene  fijada pena privativa de la  libertad  en  su  máximo inferior a ocho años (art.  51.4  de la ley 44 de 1993 que fija pena de 2 a 5 años de prisión),   es   claro   que   contra   ella   no   procede  la  casación  común   -ni  siquiera  acudiendo  a  lo  dispuesto  en  el  artículo  218  del  Decreto  2700 de 1991,  modificado  por  el  35  de  la  Ley  81  de  1993  vigente para la fecha de los  hechos-,   sino  la  discrecional  que  el  demandante invoca,  de  manera  que  al  haber  ejercitado este derecho dentro de la  oportunidad  prevista  por  el ordenamiento, se colige que tales aspectos pueden  entenderse cumplidos.   

Igual  sucede con la fundamentación de los  motivos  invocados  y  su  conexión  con los cargos que postula con apoyo en la  causal     primera    de    casación,  pues  si  bien  el libelo no podría  llegar  a ser catalogado como paradigma de lo que en  estricto   rigor   técnico   jurídico   debe   ser  una  demanda  en  sede  de  casación,   sí  es  de  tal  precisión  en  cuanto  pone  de presente la  posibilidad   de   que   la   sentencia   resulte   violatoria   del         principio         de        tipicidad        estricta,   al  haberse dejado de considerar  algunas     disposiciones     de    derecho    sustancial    que    autorizarían   la   realización   del  comportamiento  imputado,  convirtiendo,  por ende en atípica la conducta; y de  antijuridicidad   material   o   de  lesividad  del  comportamiento  por  ausencia  de ánimo de lucro y en perjuicio de tercero, con  lo  cual  distante  se  hallaría  de  poner  en  riesgo  el bien jurídicamente  tutelado,  como  tal sería el patrimonio económico  del  autor  de  la creación artística, así como el  efecto nocivo que ello pudo tener para los intereses del procesado.   

Igual   sucede   con   la   invocación  sobre  la  necesidad de desarrollar la jurisprudencia  nacional  en torno a la naturaleza, alcance y sentido  de  la  protección  penal  de los  derechos de  autor,  modalidades  de realización, y tipicidad de  la  conducta  frente  al  bien  jurídico  que  pretende  tutelar,  que  según  el recurrente impidió dar  adecuada solución al caso.   

Entonces,  como el demandante sugiere haber  sido          transgredidas         garantías         fundamentales,  en  lo  cual  apoya la solicitud de  ejercicio  de  la  discrecionalidad  por la Corte, y de manera seria y coherente  enuncia     y     desarrolla    sendas  censuras  acorde  con  tales  planteamientos  en  los  que  concluye  solicitando casar la  sentencia    materia    de    impugnación    extraordinaria    y   absolverlo  de  los  cargos  que  le  fueron  formulados, que de  encontrar  respaldo  en la actuación y de aparecer evidenciada su trascendencia  eventualmente  podrían dar lugar a desquiciar el fallo de mérito, ello resulta  suficiente  para  admitir  la demanda, y, de conformidad con el artículo 213 de  la   ley  600  de  2000,  disponer  que  se  surta  el  traslado  al  Procurador  Delegado  para que emita  el concepto de rigor.   

Lo anterior no obsta para advertir también  la  posibilidad  de  que  eventualmente  la Corte pueda llegar a hacer uso de la  facultad  oficiosa  prevista  por  el artículo 216 de la Ley 600 de 2000, y por  dicha    vía    corregir    yerros    no    invocados   expresamente   por   el  recurrente.   

A este respecto es de anotar que el fallo de  segunda  instancia  confirma  el  del  a  quo  en  el sentido de “No  condenar a VÉLEZ MURILLO, al pago de suma alguna por concepto  de  indemnización  de  daños  y  perjuicios”  por  no  haberse demostrado la  cuantía  de  éstos,  con  lo  cual pudo haber dado  lugar    a    privar    al    procesado  de  la  posibilidad  de  acudir,  en  las  fases  ordinarias del  trámite,   a   lo  dispuesto  en  los  artículos  38  y 42 de la Ley 600 de  2000.   

Dicha transgresión eventualmente lesiva de  las  reglas  del  debido  proceso, pudo haberse configurado en la actuación, no  obstante  que  ahora resulte posible de remediar por no hallarse ejecutoriada la  sentencia  que  impone  la  sanción,  conforme  así  ha sido reconocido por la  jurisprudencia   de   esta   Corte  en  auto        de       casación   fechado  23  de     febrero     2006  en  el proceso radicado 19925.   

Dijo entonces:  

“Que  el  legislador  jamás  pretendió  establecer  alguna  exclusión  respecto  de  los delitos contra los derechos de  autor.   Por  el  contrario,  expresamente  se  afirmó  en el curso de los  debates  que  una de las innovaciones introducidas en el proyecto era justamente  que  se  extendía la posibilidad de terminación del proceso por indemnización  integral a esa especie de conductas punibles.   

“Por    lo    tanto    –aparte   de   la   fundamentación  hermenéutica  hecha  atrás-,  una  interpretación que consulte la inequívoca  voluntad  legislativa  manifestada  en  la historia cierta del surgimiento de la  ley,   como   lo   enseña   el   artículo  27  del  Código  Civil1, y permita  la  real  aplicación  del  precepto, debe tener por no escrita la última parte  del  inciso segundo del artículo 42 del Código de Procedimiento Penal de 2000,  con  lo  que se preserva, además, la debida correspondencia y armonía que debe  existir  entre  todas las partes de la ley, según lo preceptúa el artículo 30  del Código Civil.   

“Aceptada, en consecuencia, la viabilidad  de  declarar  extinguida  la acción penal en los delitos contra los derechos de  autor  cuando  el  imputado  repare  integralmente  el  daño  ocasionado,  así  proveerá  la  Corte  atendiendo  la  petición  que en ese sentido –debidamente   facultado   por   su  cliente- presentó el apoderado de la parte civil”.   

   

       

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E:  

PRIMERO.         ADMITIR  la  casación  que  por  vía  discrecional   invoca   y   presenta   el  procesado  GUILLERMO    LUIS    VÉLEZ    MURILLO.   

SEGUNDO.  CORRER  TRASLADO  al  Procurador Delegado por el término de  veinte  (20)  días  para que emita el concepto de que trata el artículo 213 de  la Ley 600 de 2000.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO              MARÍA    DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN              JORGE     LUIS  QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS               JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  “Cuando  el sentido de la ley sea claro, no se desatenderá su tenor literal a  pretexto  de  consultar  su  espíritu”.   “Pero  bien  se  puede, para  interpretar  una  expresión  oscura  de  la  ley,  recurrir  a  su intención o  espíritu,  claramente  manifestados en ella misma o en la historia fidedigna de  su establecimiento”.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *