29179(23-06-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29179  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE C ASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta  No. 168                                                                                     Magistrado  Ponente:   

                                     Dr.      JOSE      LEONIDAS     BUSTOS  MARTINEZ   

Bogotá,  D.  C., veintitrés de junio de dos  mil ocho.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  las  demandas  de  casación  presentadas por los defensores de Félix   Antonio   Echeverri   Forero   y  Carmen    Elisa    Toro    de   Páez   contra  la sentencia dictada el 9 de octubre de 2007 por el Tribunal  Superior  de  Bogotá,  mediante  la  cual  confirmó  la emitida el 1° de  agosto  del  mismo  año  por  el  Juzgado  Trece  Penal  del  Circuito con  funciones  de  conocimiento,  que  condenó  a  los  procesados por el delito de  concusión,  en  calidad de  coautores.   

Hechos.  

El 3 de enero de 2006, la señora María  Cecilia Rojas Chingate solicitó en  las  instalaciones  de  la  Oficina  de  Instrumentos  Públicos, zona centro de  Bogotá,  el  registro  de un fideicomiso civil. Días después, al regresar por  el  documento,  le  dijeron  en  ventanilla  que debía subir a las oficinas del  segundo   piso,  donde  pasados  varios  días  fue  atendida  por  Carmen  Elisa  Toro  de  Páez,  quien  le  exigió  el  recibo  de caja para consultar en el sistema la ruta del documento.  Pasados  varios  minutos, la funcionaria le comunicó que el trámite tardaba un  mes   más   y   que   su  agilización  le  costaba  $250.000.  Ante  las   manifestaciones  de  la  solicitante  de  no  disponer  de  todo  ese dinero, la  funcionaria  ingresó  a las oficinas y regresó para decirle que había logrado  que  le  rebajaran  a  $150.000, indicándole que para su entrega debía comprar  una  manzana en una frutería y depositarlos dentro de la bolsa. Mientras tanto,  ella mantendría el recibo de caja original en su poder.   

El   19   de   enero,  después  de  varias  conversaciones,     Carmen    Elisa    se  comunicó  telefónicamente  con María  Cecilia  para  decirle  que  si  quería  el documento  debía  hacer  entrega del dinero, porque ella salía a vacaciones. María  Cecilia,  aprovechando su ausencia,  decidió   regresar  a  las  Oficinas  de Registro a reclamar el documento, pero allí le exigieron el recibo  de  caja.  Al explicar que el original lo tenía Carmen  Elisa,  se  realizaron las indagaciones pertinentes en  el  sistema,  estableciéndose  que el documento ya se hallaba diligenciado y se  encontraba   en  poder  de  Félix  Antonio  Echeverri  Forero.  Al  entrevistarse con éste, reconoció   tenerlo,  pero  le manifestó que previamente debía dejarle algo a Carmen  Elisa,  que  “eran  cien”, sin  lograr su entrega.   

Ante  esta  situación,  acudió al noticiero  “Noticias     uno,     sección     Qué     tal  esto”,a  pedir  ayuda,  donde  fue  atendida  por el  periodista  Yesid  Daniel Baquero Torres, en  cuya  presencia  llamó  a Carmen Elisa  para  decirle  que  ya  tenía  el  dinero,  quien  le  manifestó  que  el documento estaba en manos de Félix  Antonio,  y que para su entrega fuera a una frutería,  comprara  una manzana y dentro de la bolsa depositara el dinero. Siguiendo estas  instrucciones,     María    Cecilia    y  el  periodista  compraron  la manzana, depositaron en su interior  los  cien  mil  pesos  y  se dirigieron a la Oficina de Registro de Instrumentos  Públicos  con  una cámara de video escondida, donde la primera le hizo entrega  a  Félix Antonio de la bolsa,  quien  sentado  en  el escritorio sacó el dinero y lo contó debajo de la mesa,  luego de entregar el documento debidamente registrado.   

Actuación  procesal  relevante.   

1.  La  fiscalía  solicitó  la  captura  de  Carmen  Elisa Toro de Páez y  Félix   Antonio   Echeverri   Forero,   y  el  31  de enero de 2006 formuló imputación en su contra por el  delito  de  concusión  ante  el  Juzgado  49  Penal  Municipal  de  control  de  garantías.  En esta audiencia, la señora Carmen Elisa  Toro  de  Páez  se  allanó  a los cargos formulados,  propiciando  el  rompimiento  de  la  unidad  procesal.  Como  la  fiscalía  no  solicitó  imposición  de medida de aseguramiento, el juzgado dejó en libertad  a los implicados.   

2.  El  21 de febrero, la fiscalía presentó  escrito   de   acusación   contra   Félix   Antonio  Echeverri Forero por  el  delito  de  concusión  y  el  7  de  marzo  se realizó la  audiencia  de  formulación  de  la  acusación  ante el Juzgado Trece Penal del  Circuito con funciones de conocimiento.   

3.  El  30  de  marzo,  la  misma  fiscal  se  presentó   ante  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  para la legalización del allanamiento a cargos y el proferimiento  de  la  sentencia en relación con Carmen Elisa Toro de  Páez,  pero ante la manifestación de la implicada de  retractarse  de  la  aceptación  de  cargos,  el  juzgado la aceptó, y dispuso  continuar la actuación por el procedimiento normal.   

4.  El  3  de abril, la fiscalía dirigió un  escrito  al Juzgado Trece Penal del Circuito con funciones de conocimiento, para  informarlo  de  la  decisión del Juez Segundo de aceptar la retractación de la  señora  Carmen  Elisa  Toro  de  Páez,  y  solicitarle  que  unificara  las  investigaciones,  con el fin de  adelantar   un   solo   juicio   oral,   adjuntando  el  escrito  de  acusación  respectivo.    

5. El 5 de abril, en el curso de la audiencia  preparatoria   programada   dentro   del  proceso  seguido  contra  Félix  Antonio  Echeverri  Forero, la Juez  Trece,  después  de  escuchar  al  fiscal  y  las  partes, dispuso unificar los  procedimientos,  y  a continuación dio inicio a la audiencia de formulación de  la  acusación  contra  Carmen  Elisa  Toro  de Páez,  para   igualar   las   actuaciones.   La   audiencia  preparatoria se llevó a cabo el 15 de junio del mismo año.   

6.  Celebrado  el  juicio  oral,  el juzgado,  mediante  sentencia de 1° de agosto de 2007, condenó a los procesados a ciento  doce  (112)  meses  de prisión, multa de setenta (70) salarios mínimos legales  mensuales  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  siete  (7) años. Los defensores de los acusados apelaron esta decisión en  procura  de  obtener  su  revocatoria,  pero  el  Tribunal  Superior de Bogotá,  mediante  fallo  de 9 de octubre, la confirmó en todas sus partes. Inconformes,  los defensores recurren en casación.   

Las        demandas.   

1.  De Carmen Elisa  Toro de Páez.   

Presenta  ocho  cargos  contra  la  sentencia  impugnada.  Tres  al amparo de la causal segunda del artículo 181 de la Ley 906  de  2004,  por violación al debido proceso y el derecho de defensa, y cinco por  errores   de   apreciación   probatoria   dentro   del  ámbito  de  la  causal  tercera.   

     

1. Causal segunda.     

     

1. Cargo primero.     

Sostiene  que la decisión tomada por la Juez  Trece  Penal  del  Circuito,  a  instancias  de  la  fiscalía,  de acumular las  actuaciones  judiciales,  después  de  haberse ordenado la ruptura de la unidad  procesal,  constituye  un  error  in  procedendo generador de nulidad, porque el  estatuto  procesal  penal  no contempla en ninguna parte audiencias de     igualación,     siendo    este  procedimiento,    por    tanto,    producto    de    la    invención    de   la  funcionaria.   

La trascendencia del error se evidencia en la  vulneración  del  principio  de dignidad humana, porque con su actuación “la  señora   Juez   Trece   Penal   del  Circuito  de  Bogotá,  con  funciones  de  conocimiento,  instrumentalizó  a  la ciudadana Carmen  Elisa  Toro de Páez, al enviar a la sociedad entera el  mensaje  de la absoluta imposibilidad de gozar de los derechos ciudadanos, sólo  por   estar  siendo  imputada  de  la  comisión  de  un  delito”.   

1.1.2.   Cargo  segundo.   

Afirma que la decisión de la Juez Trece Penal  del  Circuito  viola  también  los  principios  de jurisdicción y competencia,  porque,  aunque  tiene  la  misma  categoría  del Juez que venía adelantado la  investigación  contra  Carmen  Elisa  Toro  de  Páez  por  el  rompimiento  de  la unidad procesal, “no es  menos  cierto  que  una  vez  convocada la audiencia de individualización de la  pena  y  lectura  del  fallo,  es a ese juez de conocimiento a quien corresponde  decidir  la suerte de la responsabilidad del imputado, sin que la aceptación de  la     retractación     implique     o    imponga    la    pérdida    de    la  competencia”.   

Son dos, por tanto, los caminos que conducen a  la   violación,   “de   una   parte  la  inexistencia  de  la  figura  de  la  reunificación  de  investigaciones,  o  de  la  acumulación  de  juicios, y de  igualación  de  investigaciones  y  juicios;  empero,  si estas consideraciones  fueren  insuficientes, piénsese en que no está consagrada la revocatoria de la  ruptura  de  la  unidad  procesal, luego no se encuentra el camino por medio del  cual  la  señora Juez 13 Penal del Circuito puede abrogarse la competencia para  conocer  de  este  caso,  que ya había sido asignado por reparto al señor Juez  Segundo Penal del Circuito”.   

1.1.3.   Cargo  tercero.   

Sostiene  que  la actuación de la Juez Trece  Penal  del Circuito vulneró el derecho de contradicción, porque al disponer la  reunificación  de  las  investigaciones  no  le  permitió  a  la defensa de la  señora   Carmen  Elisa  Toro  de  Páez  ejercer  el  derecho de impugnación, argumentando que se trataba de  una  orden, y que esta clase  de  providencias,  de  conformidad con lo previsto en el artículo 161 de la Ley  906 de 2004, no admitían recursos.   

Como   en   los   casos  anteriores,  “la  proposición  jurídica  completa  emerge  como  demostrada  con ese agravio que  infiere  la  sentencia  a  la  parte  que  en ejercicio de sus atribuciones como  protagonista  de  la  actuación  procesal, resulta lesionada al impedírsele el  ejercicio  de  esos  derechos  y  de  esas facultades, lesión grave que termina  siendo  legitimada  por  la  sentencia  cuando  habiéndose  propuesto  para  su  decisión, se negó”.   

1.   2.   Causal  tercera.    

1.2.1.   Cargo  primero.   

Afirma  que  los  testimonios de María  Cecilia  Rojas Chingate, Yesid Daniel Baquero Torres, Didier  Alberto     Achury     Mancipe     y    Fernando   Mauricio  Rojas  Figueroa,  son  nulos  de  pleno  de  derecho,  porque  son  producto  de  la cinta de video del  noticiero,  que  el  Tribunal  excluyó  de  la  actuación procesal por ilegal.   

Se  incurrió  así  “en un falso juicio de  legalidad  en  la producción del medio probatorio, entiéndase su creación, su  aporte  y  su decreto; y ello es así por cuanto la sentencia se funda de manera  principal  en  la  demostración,  que  entiende  el  juzgador, emanada de estos  medios  de  convicción,  a  pesar  de  tener conocimiento de la declaratoria de  ilegalidad  del  medio  de  prueba  que sirvió de origen y más aún a pesar de  tener  claridad  de la relación de causa a efecto entre la prueba anulada y las  practicadas”.   

El  error es fundamental porque de no haberse  equivocado   los  juzgadores  en  esta  decisión,  la  sentencia  habría  sido  necesariamente  contraria  al  sentido que tiene, dado que la actuación hubiera  quedado   absolutamente   huérfana  de  medios  de  prueba  para  sustentar  la  acusación y la condena.    

1.2.2.   Cargo  segundo.   

Dice  que  las  sentencias  erraron  en  la  valoración  individual del testimonio del señor Yesid  Daniel  Baquero  Torres,  puesto que le otorgaron total  credibilidad,  no  obstante  que para rendir su testimonio necesitó escuchar la  información  contenida  en  el  casete  VHS,  que  había  sido excluido de los  debates por ilegal.   

Remata afirmando que las sentencias yerran por  falso juicio de legalidad, y  que  la  influencia  de dicho testimonio es tan grande, “que de haberse obrado  en    derecho,    es    decir,    de    haberse    impedido   esa   ‘consulta’,  el  testigo  nada  habría  podido  afirmar  (sic), por ende la sentencia habría tenido un sentido diferente, mejor  el sentido contrario”.   

     

1. Cargo tercero.     

Falso  juicio  de  interpretación  en  la  valoración del testimonio de  Yesid  Daniel Baquero Torres,  puesto  que  en  el  relato  que  de  los hechos hace incurre en contradicciones  internas   y   externas,   y  en  la  elaboración  de  juicios  temerarios,  no  demostrados,  como  cuando se refiere a la existencia de las bolsitas de papel y  la  supuesta  exigencia  de  dinero.  No  obstante  ello,  los  juzgadores hacen  especial  énfasis  en  su  dicho al fundamentar la decisión.    

1.2.4.   Cargo  cuarto.   

Falso   juicio  de  interpretación  en  la  valoración  del  testimonio de María 

Cecilia  Rojas  Chingate,  pues a pesar de  presentar  profundas  contradicciones  internas en los aspectos relacionados con  el  origen del dinero exigido y la forma como llegó a la oficina de la acusada,  fue aporte importante en la sentencia.   

Nótese  cómo,  del conjunto de afirmaciones  que  hace,  unas  destruyen  la  existencia  de  otras,  como  ocurrió  con  la  procedencia  del  dinero  pagado  por la agilización del trámite del registro,  pues  primero  dice que salió de sus recursos personales, luego que los prestó  el noticiero y por último que entre ella y su hija los reunieron.   

1.2.5.   Cargo  quinto.   

Sostiene que los juzgadores incurrieron en un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  en  la  apreciación de los  testimonios  que  informan cómo se hace de ordinario un trámite de registro en  la  Oficina  de  Registro  de  Instrumentos Públicos, y qué notas existían en  relación con el caso concreto.   

Explica  que  a  través de cada uno de estos  testimonios  se  demostró  cómo en la organización estructural de la oficina,  la  acusada  en  “manera  alguna  habría  podido  controlar  el  trámite del  documento y su final resultado de registrarlo o no”.   

El  medio de prueba existe y se reconoce como  tal,  pero   el sentenciador entendió una cosa distinta de la que dice, al  sostener   que  estos  testimonios,  en  lugar  de  acreditar  la  inocencia  de  incriminada,    daban    consistencia    a   la   teoría   del   caso   de   la  fiscalía.   

2. De Félix Antonio  Echeverri Forero.   

Presenta   un   cargo   principal   y  otro  subsidiario,  ambos  al  amparo de la causal primera del artículo 181 de la Ley  906 de 2004, por violación directa de la ley sustancial.   

2.1.    Cargo  principal.   

Violación  directa  la  ley  sustancial  por  aplicación  indebida  del artículo 404 del Código Penal, que define el delito  de concusión.   

Sostiene,   después   de  referirse  a  la  estructura  dogmática  del  delito  de  concusión,  y  a los hechos declarados  probados  en  la sentencia, que la conducta imputada al procesado no se adecua a  este tipo penal, por varias razones:   

Una,  porque  no se advierte que Félix  Antonio Echeverri Forero haya   incurrido  en abuso del cargo o de la función, toda vez que en el primer evento  (abuso  del  cargo) se exige  que   el  agente  haga  sobresalir  ilícitamente  la  calidad   pública   de   que   está  investido  para  atemorizar  al  particular,  lo  cual  no ocurrió con el procesado, quien “se  limitó   a   recibir   el  dinero  que  Carmen  Elisa  le encomendó y a entregar el documento a María  Cecilia  Rojas,  como efectivamente  lo hizo, sin sobreponer su cargo ni infundir temor para ello”.   

El    segundo    evento    (abuso   de   la   función),  tampoco  se  presentó,  porque  el  cargo que ostentaba el procesado era el de archivista de  correspondencia,  siendo  sus  funciones  la de clasificar y ordenar documentos,  colaborar  en  su  confrontación,  datos,  cifras,  radicación,  anotación  y  desanotación  en  el  sistema  y atención personal de usuarios, que fue lo que  hizo  con  la  señora  María  Cecilia,  a  quien  atendió dos veces, sin actuar en un plano de superioridad  ni de extralimitación en sus funciones.   

Dos, porque cuando intervino el procesado, ya  la  conducta delictual se había cometido, y si ello fue así, no puede hablarse  de  coautoría,  porque  ésta requiere para su estructuración la existencia de  un  acuerdo  previo  y  un  aporte  importante  en  la ejecución de la conducta  punible, exigencias que no se cumplen en el caso analizado.   

El   acuerdo   previo,   porque  el  delito  investigado  se  clasifica  dentro de los denominados de mera conducta, dado que  los     verbos    rectores    que    describen    la    acción    (constreñir,  inducir  y  solicitar),  se  agotan  con  la  ejecución  de  la  misma, de donde se sigue que el ilícito ya  estaba  consumado  cuando  Carmen  Elisa, ante   la   inminencia  de  salir  a  vacaciones,  le  encomendó  a  Félix  Antonio  recibir  el  dinero y entregar el documento.   

Es decir, que no medió acuerdo explícito, ni  tácito,  ni  mucho menos previo o concurrente. Y en cuanto guarda relación con  la  existencia de un aporte importante, se tiene que para constreñir, inducir o  solicitar   el   dinero,   Carmen  Elisa  no  requería  ni  requirió  de  la  colaboración  de Félix   Antonio,   porque   ella  podía  ejecutar la conducta sola, como lo hizo.   

Resulta  claro, entonces, que el procesado no  realizó  ninguno  de  los  verbos rectores establecidos en el artículo 404 del  Código     Penal     (constreñir,    inducir    o  solicitar),   ni   contribuyó   objetivamente  a  la  consumación  del  delito  a  título  de  coautor,  “pues  sólo se limitó a  cumplir  con  el encargo encomendado por CARMEN ELISA TORO, que no se constituye  en  una  conducta  típica  para  el  delito  por  el  que equivocadamente se le  condenó en los fallos de primera y segunda instancia”.   

2.2.    Cargo  subsidiario.   

Violación  directa  de la ley sustancial por  aplicación  indebida del artículo 29 del Código Penal, y falta de aplicación  del  artículo  30  ejusdem,  al  reconocer  erróneamente  como  coautor  a  un  verdadero cómplice.   

Afirma   que  para  la  configuración  del  dispositivo    amplificador    de   la   coautoría,  se  requiere,  (i)  un  acuerdo común para cometer el  delito,  bajo  el compromiso de división de trabajo, que puede ser explícito o  tácito,  previo  o  concurrente a la comisión de la conducta delictual, y (ii)  un aporte material importante en la ejecución del hecho punible.   

Insiste  en  que  en  el  presente  caso,  el  procesado   no  cometió  el  delito,  porque  cuando  la  señora  Carmen  Elisa  le  recomendó  recibir  el  dinero   y hacer entrega del documento, ya la conducta se había consumado,  es  decir,  que no hubo acuerdo explícito ni tácito, ni previo ni concurrente,  y   tampoco   existió  aporte,  porque  Carmen  Elisa  no  requirió,  ni  requería acuerdo con Félix  Antonio  para la realización de la  conducta típica.   

De  acuerdo con la jurisprudencia de la Corte  sobre  la  coautoría, basta  conjugar  elementos  objetivos  y  subjetivos  en la consumación de la conducta  para  diferenciarla  de  la  complicidad,  en la medida que para que una persona  pueda  ser  considerada coautora, no sólo se exige su voluntad incondicional de  realizar  la  conducta  típica,  sino  su  contribución objetiva, es decir, la  importancia  del  aporte  en  la  fase  ejecutiva,  exigencias  que es lo que en  últimas  determina  el  llamado  codominio del hecho.   

Esta   teoría,   de   gran  utilidad  para  diferenciar  las  formas  de  participación,  enseña  que  es  autor  quien se  encuentra   en  capacidad  de  continuar,  detener  o  interrumpir,  por  su  comportamiento,  la  realización  del tipo. Por  lo tanto, cuando dos o más sujetos preacordados concurren a la  realización  de  la  conducta,  se  requiere,  para  que  el  aporte  configure  coautoría,  que  sea  esencial,  y  que  se  materialice  durante la ejecución  típica.  De  allí que sólo quien domina el hecho puede ser tenido como autor,  mientras  que  el  cómplice  es aquel que simplemente presta ayuda que no es de  significativa importancia para la realización del ilícito.   

Frente a los presupuestos fácticos del caso,  que  indican  que  el procesado se limitó a recibir el dinero por encomienda de  Carmen  Elisa,  no  resulta  comprensible  que  se  diga  que una intervención de esta naturaleza constituye  coautoría,  “pues ni las más extremas de las teorías alrededor de los temas  analizados,  autoriza  desconocer  la  realidad  de  la  conducta asumida por mi  prohijado     frente    al    delito,    pues    si    él    no    contribuyó  a la realización del hecho,  ni   ha   prestado   ayuda  previa  ni  concomitante  al mismo, sino que inequívocamente que (sic) prestado  una  ayuda  posterior a la consumación de la conducta punible, su intervención  lo ubica en el plano de cómplice”.   

Los  hechos  que  las  sentencias  declararon  probados,  descartan que la intervención del procesado hubiese sido principal y  necesaria  para  la  consumación  del delito, puesto que para el momento en que  recibió  el dinero y entregó el documento, los actos ejecutivos del punible se  habían  agotado,  es  decir,  que  en  nada  se  modificaba la tipicidad con el  recibimiento de la aludida suma.   

Solicita,  de  prosperar el cargo, otorgar al  procesado  la medida sustitutiva de la prisión domiciliaria, teniendo en cuenta  que  la  pena  aplicable  sería inferior a cinco (5) años, que se trata de una  persona  de  52  años,  padre  de  familia,  quien suple el vacío económico y  afectivo  que  dejó  el  padre  de  sus  nietos,  y que el delito por el que se  procede no está excluido de este beneficio.   

SE        CONSIDERA.   

La admisibilidad de la demanda de casación en  el   sistema   acusatorio   está   condicionada   al  cumplimiento  de  ciertos  presupuestos  de  carácter   procesal,  sustancial y formal, que la propia  normatividad  establece,  entre  los  que  se  mencionan,  de manera expresa, la  existencia  de  interés para recurrir, la indicación de la causal de casación  que se invoca y la debida sustentación del cargo planteado.   

También  es exigencia indeclinable demostrar  que  la intervención de la Corte es necesaria para la realización de los fines  de  la  casación,  lo  cual  significa  que  la  demanda,  además  de hallarse  adecuadamente     presentada     y     debidamente    sustentada    (idoneidad   formal),  debe  ser  fundada  (idoneidad  sustancial), es  decir,  estar razonablemente llamada a propiciar la infirmación total o parcial  de  la  sentencia,  o  un  pronunciamiento  unificador de la Corte sobre el tema  debatido.   

Es lo que surge de consultar el contenido del  artículo  184 del estatuto, donde se incluye como causal de no selección de la  demanda  de casación, el que se advierta fundadamente  de  su  contexto  que  no  se  precisa  del  fallo  para  cumplir  alguna de las  finalidades  propias  del  recurso, es decir, que no se  torna  necesario  un  pronunciamiento de esta naturaleza  para materializar  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de  las garantías de los  intervinientes   o   la   reparación   de  los  agravios  inferidos  a  éstos.   

La  debida  sustentación del cargo planteado  implica  para  el censor desarrollarlo con arreglo a los requerimientos formales  que  impone  la causal planteada y la lógica del ataque propuesto, y hacerlo de  manera  clara  y  precisa,  con sujeción a los principios de no contradicción,  coherencia  y razón suficiente, de tal suerte que el alcance de la impugnación  surja  nítido,  para  que  el  juez  de  casación  pueda  dar  a los reproches  planteados adecuada respuesta.    

Si lo denunciado es una violación directa de  la   ley   sustancial,   por   aplicación  indebida,  falta  de  aplicación  o  interpretación  errónea  de  un  determinado  precepto  sustantivo,  es  regla  inquebrantable   que   el   actor    desarrolle   el  cargo  a  partir  del  reconocimiento  llano  de  las  conclusiones fácticas y probatoria del fallo, y  que  indique, en forma clara y precisa, la norma sustancial que fue objeto de la  infracción  denunciada,  las  razones de su violación, y las implicaciones que  el error tuvo en las conclusiones del fallo.   

Si lo planteado es una nulidad, la lógica de  la   causal   impone   al   demandante   cumplir  unos  requisitos  mínimos  de  fundamentación,  que  incluyen  el  señalamiento  de  la  causal  invocada, la  indicación  del  motivo de nulidad, la concreción de sus fundamentos fácticos  y  jurídicos,  la  acreditación de la trascendencia del vicio en la estructura  formal  o  conceptual  del  debido  proceso, o en el ejercicio de las garantías  fundamentales    del    impugnante,   y   la   concreción   de   su   cobertura  procesal.     

Y  si  lo  propuesto  es  un  error  en  la  apreciación  de  las  pruebas,  por desconocimiento manifiesto de las reglas de  producción  o  apreciación,  es  imperioso identificar la prueba en la cual se  presentó   el   error,   indicar   la   clase   de  error  cometido1, demostrar su  existencia,  y  acreditar  su  trascendencia en las conclusiones probatorias del  fallo,  y en la declaración del derecho material.        

En el caso analizado, los tres primeros cargos  formulados  en  la  demanda  presentada  a  nombre  de  la  acusada Carmen  Elisa  Toro  de  Páez,  dentro del  marco  de  la causal segunda, por nulidad, giran alrededor de la  decisión  de  la  Juez  Trece  Penal  del  Circuito  de  ordenar  la reunificación de las  investigaciones  para  que  se  realizara  un  solo  juicio  oral, a raíz de la  determinación  del  Juez  Segundo  de aceptar la retractación de la acusada al  allanamiento de cargos.    

El    demandante    sostiene   que   este  pronunciamiento  viola  la  estructura formal del proceso, el principio del juez  natural  y  la  doble  instancia,  porque,  (i) el procedimiento penal no prevé  audiencias   de  igualación,  (ii)   el  Juez  Trece Penal del Circuito invadió competencias que no le  correspondían  al  ordenar  la  unificación,  y  (iii)  no le permitieron a la  defensa impugnar esta decisión.   

La  Corte ha sido persistente en sostener que  la  declaratoria  de  las  nulidades  en  materia  penal se rige por un criterio  material,  que exige para su reconocimiento, la demostración de que el vicio es  trascendente,  bien  porque  afectó  las garantías de los sujetos procesales o  porque  socavó  la  estructura  formal  o  conceptual  del  debido proceso, por  oposición  al  criterio  formal,  que  requiere  para la ineficacia del acto la  simple demostración de la existencia del vicio.    

Esta   exigencia  de  trascendencia  no  es  demostrada  por  el  demandante en el caso analizado, pues aunque se esfuerza en  tratar  de  probar  este aspecto, se enreda en divagaciones genéricas, que nada  en  concreto demuestran, como cuando sostiene que con su conducta la juez violó  el  principio  de  dignidad  humana,  porque  “instrumentalizó a la ciudadana  Carmen    Elisa    Toro   de   Páez,   al   enviar   a  la  sociedad  entera  el  mensaje  de  la  absoluta  imposibilidad   de   gozar   de  los  derechos  ciudadanos”.      

Pero en parte alguna, se ocupa de explicar en  forma  específica,  por  qué  los  actos irregulares denunciados desconocen la  estructura  formal  o  conceptual del proceso, o las garantías fundamentales de  la  acusada,  o  lo que es igual, analizado el punto frente al caso concreto, de  qué   manera  la  unificación  de  las  investigaciones  y  su  adelantamiento  conjunto,   afectó   las  garantías  procesales  de  la  acusada,  o  incidió  negativamente  en  el ejercicio de sus derechos. Y la Corte no advierte que esto  haya ocurrido.    

Como  se  recuerda,  el  Juzgado  49  Penal  Municipal  de control de garantías dispuso el rompimiento de la unidad procesal  ante  la  aceptación libre y voluntaria de los cargos por parte de Carmen  Elisa,  pero  después,  cuando la  fiscalía  se  presentó  al juzgado de conocimiento para que dictara sentencia,  la  acusada  se  retractó  de la aceptación, y el juzgado avaló su decisión,  retornando  el procedimiento a la fase investigativa. Por ello, la fiscalía, en  la  audiencia  preparatoria  de  la  actuación  adelantada  contra Félix  Antonio Echeverri Forero, solicitó  la   unificación   de   las   investigaciones,  siendo  su  petición  atendida  favorablemente por el juez.   

Para la Corte es claro que la fiscalía, ante  el  rompimiento  de  la unidad procesal y la posterior desaparición de la causa  que  dio  origen  a  esta  situación,  podía intentar el reagrupamiento de los  procesos,  acudiendo  para  ello a la figura de la competencia por conexidad, de  conformidad  con  las  previsiones  contenidas  en  el artículo 51 del estatuto  procesal,  con el fin de  asegurar el adelantamiento de un solo juicio y la  realización  de  los  principios de unidad procesal, concentración probatoria,  eficiencia del procedimiento y eficacia de la justicia.    

El  cuestionamiento al procedimiento cumplido  se  circunscribiría  al  momento  procesal  en  el  cual  el  ente  acusador lo  intentó,  porque  de acuerdo con la referida disposición, cuando la iniciativa  proviene  del  fiscal, la petición debe hacerse en la audiencia de formulación  de   la   acusación   (inciso   primero),  y  cuando  procede  de  la defensa, en la audiencia preparatoria  (parágrafo).   

Pero   este   trastocamiento  no  tiene  la  trascendencia  que  el  demandante le atribuye, si se da en considerar que hasta  la  audiencia  preparatoria  es posible adoptar decisiones de esta naturaleza, y  que   la  unificación  permitió  hacer  efectivos  los  principios  de  unidad  procesal,  concentración probatoria, eficiencia del procedimiento y eficacia de  la  justicia,  ya  mencionados,  que  como  es  sabido,  se erigen en principios  rectores del sistema acusatorio.    

Igual  ausencia de fundamentación en punto a  la  demostración  de  su   trascendencia  es  predicable del ataque por no  haber  permitido  el  juez  la interposición de recursos contra la decisión de  unificación,  pues  el  censor   se  limita a afirmar de manera general la  violación   del   principio   de  contradicción,  sobre  la  base  de  que  el  pronunciamiento  admitía  recursos,  sin presentar las razones jurídicas de su  aserto,  ni  explicar  qué  perjuicio  concreto le reportó o pudo haberle  reportado esta decisión a la procesada.   

La situación no es distinta en relación con  el  reproche  por  violación  del  principio del juez natural. Aparte de que el  demandante  no se ocupa de analizar el punto frente a los factores determinantes  de  la competencia  para probar la corrección material de sus afirmaciones  (funcional,    territorial    y   por   conexidad),  el  ataque  se advierte ab initio infundado, porque el  Juez  Trece  tenía competencia funcional y territorial para conocer del asunto,  y  adicionalmente  a  ello  surgía  un  factor  de  conexidad  que le permitía  atraer  la competencia interna (artículo 51.1).   

Los cargos por violación indirecta de la ley  sustancial,  por  errores  de  apreciación  probatoria,  presentan por su parte  vacíos   de   fundamentación   protuberantes,   que   los   tornan   formal  y  sustancialmente   inidóneos   para   pretender   la   infirmación  del  fallo.   

En  el primer reproche, por ejemplo, donde se  plantea  un  falso  juicio de legalidad en la apreciación de los testimonios de  María  Cecilia  Rojas  Chingate, Yesid Daniel Baquero  Torres,  Fernando  Mauricio  Rojas y Didier Alberto Achury Mancipe, el  actor  no  dice  qué  declaran  en  concreto  cada  uno  de los  referidos  testigos,  ni  cuál  es la relación antecedente consecuente que los  vincula   con   los  registros  fílmicos  captados  por  el  periodista  y  que  determinaría su exclusión del debate.     

En  los  reproches  segundo  y  tercero  el  demandante  plantea un error de derecho por falso juicio de legalidad y un error  de   hecho   por   falso  juicio  de  interpretación,  respectivamente,  en  la  apreciación   del  testimonio  del  periodista  Yesid  Daniel  Baquero  Torres,  pero bajo la égida de estos  enunciados   lo   que   realmente   propone   es  un  error  de  raciocinio  por  desconocimiento  de  las  reglas  de  la  sana  crítica  en  el  examen  de  su  credibilidad,  que deja en el simple enunciado. Y otro tanto ocurre con el cargo  cuarto, donde ataca la credibilidad del testimonio de la víctima.   

Oportuno   es  recordar  que  el  error  de  raciocinio  se  presenta  cuando  el  juzgador  desconoce  los  principios de la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las  máximas  de  experiencia  en  la  valoración   del  mérito  probatorio  de  una  determinada  prueba,  o  en  la  obtención  de  inferencias  lógicas,  y  por  tanto, que cuando se invoca esta  especie  de  error  en  casación,  es carga del impugnante precisar qué verdad  lógica,  qué  principio  científico  o  qué  postulado de la experiencia los  juzgadores  inobservaron,  y  cómo  este  error repercutió en las conclusiones  probatorias del fallo.    

En  el  cargo  quinto el libelista propone un  error  de hecho por falso juicio de identidad en la apreciación de las pruebas,  que  tampoco desarrolla, pues al margen del enunciado, no identifica las pruebas  sobre  las  cuales recayó el error, no precisa sus contenidos, no explica cómo  fueron    adicionados,   cercenados  o  tergiversados,  ni  demuestra  qué  trascendencia  tuvo  el  error  en  el  sentido  del fallo, presupuestos sin los  cuales  no  es  posible  tener  por  debidamente  fundamentado un ataque de esta  naturaleza.    

La demanda formulada a nombre de Félix  Antonio  Echeverri  Forero presenta  dos  cargos  contra la sentencia, ambos por violación directa de la ley. Uno en  el  carácter  de principal, donde se plantea atipicidad de la conducta sobre el  supuesto  fáctico  de  que  el  procesado se limitó a cumplir un encargo de su  compañera  de  labores  Carmen  Elisa  Toro de Páez,  cuando  ya  el  delito  se  había  cometido;  y  otro  subsidiario,  donde,  sobre  el  mismo  supuesto,  alega  que  su comportamiento  encuadra dentro del dispositivo amplificador de la complicidad.   

Aunque la casacionista se empeña en advertir  que  acata  en  un  todo los hechos que los juzgadores declararon probados en la  sentencia,  como  corresponde hacerlo cuando se presenta un cargo por violación  directa  de  la  ley  sustancial,  la  verdad  es que no lo hace, dado que ambos  reproches  los  sustenta en la premisa fáctica de que el procesado se limitó a  cumplir  un  encargo  de  su  compañera  de trabajo, sin saber lo que realmente  estaba  sucediendo,  lo  cual no corresponde a la verdad declarada en los fallos  de instancia.   

La  verdad  allí  reconocida,  es  que  los  procesados  actuaron  de  común  acuerdo  en  la  realización  de  la conducta  típica,  premisa  que en su contenido resulta  distinta de la que sirve de  soporte  a los cargos que la demandante plantea, como claramente lo muestran los  siguientes apartes del fallo de segundo grado:   

“Tanto la defensa de FELIX ANTONIO como de  CARMEN  ELIZA,  consideran  que  no  existe  prueba que genere en el fallador el  convencimiento  más  allá  de  toda  duda,  sobre  la  responsabilidad  de los  procesados.   

“Si  bien parten del supuesto no discutido  de  que la señora María Cecilia Rojas al acercarse el 19 de enero de 2006 a la  Oficina  de  Registro  de  Instrumentos  Públicos  entregó a FELIX ANTONIO una  bolsa  de  papel  que  contenía  una  manzana y $150.000 (sic), pretenden hacer  creer  que  sus  representados  son ajenos a la ilicitud. CARMEN ELISA porque no  recibió  ninguna suma de dinero y FELIZ ANTONIO porque simplemente cumplió con  un   encargo   de   su   compañera   de  trabajo  que  le  dejó  al  salir  de  vacaciones.   

“Teorías  de  la  defensa que no resultan  admisibles,  porque  el  testimonio  de  la  víctima,  vertido en juicio oral y  público  y  bajo  principios  de  contradicción,  concentración e inmediatez,  no  dejan  el  menor asomo de duda sobre el acuerdo de  voluntades  de  los  procesados  en  la  comisión  de  la  ilicitud.               Veamos:”2    

Esto imponía a la casacionista acreditar que  las  referidas  conclusiones  eran  equivocadas,  propósito  que  sólo  podía  realizar  dentro del ámbito de la causal tercera, demostrando que en el proceso  de  valoración  de  las  pruebas  que  acreditaban  este aspecto los juzgadores  incurrieron  en  errores  de  hecho  o  de  derecho; más no dentro del marco de  causal  primera,  como  lo hace, porque los fallos en momento alguno aceptan que  la  actuación  del  procesado  estuvo circunscrita al simple cumplimiento de un  encargo.   

En  síntesis,  las  demandas  estudiadas  no  cumplen  las exigencias mínimas de forma y contenido requeridas para su estudio  de  fondo.  Por  tanto,  se  las  inadmitirá  y se ordenará la devolución del  proceso  a  la oficina de origen, de conformidad con lo previsto en el artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  no  advirtiéndose la necesidad de superar sus  defectos  para la realización de los fines de la casación, ni la existencia de  violaciones  a  las  garantías  fundamentales que la Corte esté en el deber de  proteger de manera oficiosa.   

Contra esta decisión procede el mecanismo de  insistencia   por   parte  de  los   demandantes,  de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo  184  inciso  segundo ejusdem, en la oportunidad,  forma  y  términos  precisados  por  la  Corte, que a continuación se indican:   

a) La insistencia es un mecanismo especial que  puede  ser promovido por el demandante, dentro de los cinco (5) días siguientes  a  la notificación de la providencia que inadmite la demanda, con el fin de que  la  Sala reconsidere su decisión. También puede ser promovido dentro del mismo  término  por  alguno de los Delegados del Ministerio Público para la Casación  Penal   (siempre   que   el  recurso  no  haya  sido  interpuesto  por un Procurador Judicial), el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

b) La solicitud de insistencia puede elevarse  ante  el Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal,  ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  el voto en relación con la  decisión  de  inadmitir  la  demanda, o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

c)  Es  potestativo del Magistrado disidente,  del  Magistrado  que  no intervino en los debates, o del Delegado del Ministerio  Público,  ante  quien  se formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de  la  Sala,  o  no  presentarlo para su revisión, evento este  último   en  que  informará  de  ello  al  peticionario  en  un  plazo  de  15  días.   

d)  El auto que inadmite la demanda trae como  consecuencia  la  ejecutoria de la sentencia de segunda instancia contra la cual  se  formuló  el  recurso  de  casación,  salvo  que  la insistencia prospere y  determine  la  prosecución  del  trámite casacional para un pronunciamiento de  fondo3.   

      

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir   las  demandas   de  casación  presentadas  por  los  defensores  de  los  procesados  Carmen  Elisa Toro de Páez y  Félix  Antonio  Echeverri  Forero.     

Contra  esta decisión procede la insistencia  en  la  oportunidad y términos indicados en la parte considerativa.     

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

SIGIFREDO ESPINOSA PEREZ  

JOSE       LEONIDAS       BUSTOS  MARTINEZ                      ALFREDO GOMEZ  QUINTERO             

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZALEZ   DE  LEMOS      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMAN   

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANES                           YESID RAMIREZ BASTIDAS   

JULIO        ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                    JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                          

                                 

                              

                                                  Teresa Ruiz Núñez   

                                                     SECRETARIA   

    

1 Si de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio  de  identidad o falso  raciocinio;  o  de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad o falso juicio de  convicción.   

2  Páginas 6 y 7 del fallo.   

3  Casación 24322. Auto de 12 de diciembre de 2005.     

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