29180(31-03-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29180  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA  DE CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado acta N°  070   

Bogotá,   D.  C.,   treinta y uno (31) de marzo de dos mil ocho  (2008).   

V   I   S   T   O  S   

La  Corte decide  respecto    del    cumplimiento   de   los   presupuestos   de   lógica   y  debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de  DAYRO   ESNEIDER  CORTÉS  AMAYA.   

H   E   C   H   O  S   

Fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  segunda instancia de la siguiente manera:   

“Se dice que a  eso  de  las  05:30  horas  del  16 de noviembre de 2006, las autoridades fueron  alertadas  acerca  de  una  escena que se venía desarrollando a la altura de la  calle  43B  sur con carrera 2ª de Bogotá, donde se percibía que un sujeto era  perseguido  y  quienes  lo hacían portaban armas blancas. Cuando los policiales  acudieron  a  conocer  el  caso  se percataron de que la víctima era una de las  personas  que  horas  antes había visto departiendo a la altura de la Calle 47B  sur número 2-36 Este.   

“Por  estos  hechos   fueron  judicializados  los  hermanos  DAYRO  ESNEIDER  y  BLAIMED RENÉ  CORTÉS  AMAYA, señalándose como móvil el presunto  hurto  de  una  batería  de  automotor que éstos le atribuyeron al hoy occiso,  pues,  una  vez  se  percataron del apoderamiento de dicho elemento los hermanos  CORTÉS  AMAYA salen en su  búsqueda  y  acaban con su vida, uno con  cuchillo y el otro dándole plan  con machete.   

“El  señor  DAYFRO    ESNEIDER    CORTÉS    AMAYA,  en  interrogatorio  absuelto  el  día  16  de noviembre de 2006  señala  que  fue  él quien se enfrentó en duelo con el occiso, y por lo tanto  quien le asestó la herida mortal…”.   

ACTUACIÓN     PROCESAL   

1.    Por  razón   de   los   hechos   narrados,  ante  el  Juzgado Veintisiete  Penal Municipal con función de control  de        garantías       de       Bogotá,  en  audiencia                 preliminar          celebrada  el  17  de noviembre de 2006 y  una  vez  legalizada la captura, la Fiscalía  imputó   a      Dayro     Esneider     Cortés  Amaya  y  a  Blaimed    René   Cortés   Amaya   el  delito   de  homicidio    previsto    en  el  artículo  103 del Código    Penal,   cargo   respecto   del  cual  no se allanaron los procesados. Al mismo tiempo  se  les  impuso  medida  de  aseguramiento  consistente en detención    preventiva    en   establecimiento  carcelario.   

Posteriormente, el  14   de   diciembre   siguiente,  los  imputados  suscribieron  un  preacuerdo   con   la   fiscalía,   en   el   cual   Dayro    Esneider   Cortés   Amaya   y  Blaimed  René Cortés Amaya manifestaron aceptar los  cargos  a  título  de  coautores  del delito de homicidio simple descrito en el  artículo  103  del  Código  Penal, con las circunstancias de mayor punibilidad  previstas en los numerales 2° y 10° del artículo 58 ibidem.   

2.   El     15  de diciembre del citado año,    con    base    en   el     mencionado    preacuerdo,    la  Fiscalía      presentó     escrito     de  acusación  en  contra de  los   hermanos   Cortés  Amaya.   

3.   El  Juzgado    Treinta   y  Cuatro      Penal  del      Circuito      con      funciones     de  conocimiento         de         Bogotá,          después de verificar la legalidad del  preacuerdo,     el    cual    aprobó,  mediante sentencia del 12 de julio de  2007,  condenó  a los acusados Dayro Esneider Cortés  Amaya  y  Blaimed  René  Cortés  Amaya  a  la pena principal de 135 meses de prisión, a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  lapso  de  10  años  y al pago de los perjuicios materiales, como coautores del  delito            de           homicidio,      según     lo     acordado     con    la  fiscalía.   

4.  Apelado el fallo por el defensor de  los   procesados,   quien   consideró,  entre  otros  aspectos,  que  existían  irregularidades  que  afectaban  la legalidad del preacuerdo respecto de Blaimed  René   Cortés   Amaya,  máxime  cuando  su  hermano  aceptó  ser  el  único  responsable  del  homicidio,  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de  Bogotá,    el    9    de    octubre    de    2007,   adoptó   las   siguientes  determinaciones:   

4.1.    Declaró   la   nulidad  parcial  de la actuación y, en  consecuencia,  improbó  parcialmente  el  preacuerdo  llevado  a  cabo el 14 de  diciembre  de  2006,  “en  lo  relacionado  con el  imputado  Blaimed  René Cortés Amaya”, respecto de  quien dispuso la ruptura de la unidad procesal.   

4.2.    Condenó   a   Dayro  Esneider  Cortés  Amaya a la pena  principal   de  134  meses  y  7  días  de  prisión,  como  autor  del  delito  de   homicidio  simple,  según  lo  acordado  con  la  fiscalía.   

4.3.    En  lo  demás   lo  confirmó.   

Contra  esta  decisión  el  defensor  del  sentenciado  Dayro Esneider Cortés Amaya interpuso recurso extraordinario de casación.   

  LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

El   defensor  del  procesado      Cortés     Amaya,  con  fundamento  en  la  causal  segunda  de  casación,  en  un  único  cargo,  acusa  el  fallo  de  segundo grado por desconocimiento del debido proceso, aspecto que, en  su   criterio,   es   admitido   por   el   Tribunal,   cuando   “reconoce  que  Dayro  Esneider Cortés  Amaya  no  actuó  en  coparticipación e igualmente  afirma  que  el infausto deceso del obitado fue el resultado de una riña cuerpo  a cuerpo”.   

En el título que denominó “FUNDAMENTO  DEL  CARGO”, luego de hacer  unas  breves  reflexiones  sobre  el debido proceso y la necesidad de la prueba,  derechos  que,  en  su  opinión, le fueron desconocidos a su defendido, asevera  que   Dayro   Esneider   Cortés   Amaya  siempre  afirmó que actuó en legítima defensa por razón de la  agresión  con  que  el  hoy  occiso  procedió en su contra, situación que fue  informada  a  la  fiscalía desde la legalización de la captura y, no obstante,  “hicieron oídos sordos y antes de interesarse por  conocer  la verdad decidieron arrinconar al imputado, mediante cargos y amenazas  de condena”.   

Asevera  que desde un comienzo su procurado  detalló  las circunstancias que rodearon la muerte de Cesar Julio Buitrago. Sin  embargo,  el  Tribunal “a pasear de haber entendido  que  el preacuerdo no debió ser aprobado dadas las flagrantes violaciones a las  garantías  fundamentales,  actuó  en  contra  de ese entendimiento”,      máxime     cuando     aceptó     la     “inexistencia  de  elemento  material  de  prueba  que  acredite la  circunstancia   de   mayor   punibilidad   de   la  coparticipación”  y,  además,  reconoció  que “el  lamentable  insuceso  fue  el  resultado de una riña  cuerpo   a  cuerpo”,  aspectos  que  necesariamente  debieron  conducir  a  un  pronunciamiento  coherente  frente  al preacuerdo, es decir, su invalidación no  solo    para   Blaimed   René   Cortés,   sino   también   respecto   de   su  defendido.   

Estima que las consideraciones del Tribunal  lo  relevan  de  sustentar  la  ausencia  en  la conducta del acusado del motivo  fútil  como  circunstancia genérica de mayor punibilidad, pues es indiscutible  que de los hechos no emerge dicha agravante.   

Afirma   que   dadas  las  circunstancias  procesales,  el  Tribunal  debió  invalidar  el preacuerdo de manera total y no  parcial,  pues ese pronunciamiento transgredió, en su criterio, el principio de  igualdad,  en  la  medida  en que la decisión de ad quem no trató con el mismo  rasero      a      ambos     procesados,     siendo     así     “inconsecuente         el        fallo        impugnado”.   

Reitera que la imputación de la mencionada  circunstancia  genérica  de  mayor  punibilidad  no  se  ajusta  a  la realidad  fáctica  acontecida,  resultando,  por tanto, exagerada la pena que se impuso a  su  procurado,  máxime  cuando  la  fiscalía no se preocupó por establecer la  verdad acontecida.   

Por consiguiente, solicita a la Corte casar  el  fallo  impugnado  y, por lo mismo, declarar la nulidad de lo actuado y dejar  “sin   efectos,   en   lo   que   a  Dayro  Esneider Cortés Amaya respecta,  el  citado  preacuerdo”.  Subsidiariamente, depreca  “readecuar   la   tipicidad   de   la   conducta,  suprimiendo  del  cargo imputado la circunstancia fútil, dosificando la pena de  conformidad con el artículo 103”.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

1.  En el nuevo el sistema procesal, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   Por  lo  mismo,  ha  de  concluirse  que este recurso, concebido como un control  constitucional,  es   consecuencia  natural  de  la  función que ejerce la  Corte  Suprema  de Justicia como Tribunal de Casación, según así lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta,  y, por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con interés,   acredite  la  afectación  de  derechos o garantías fundamentales, para lo cual  también    deberá    formular     y    desarrollar    los   correspondientes   cargos   y,   por  supuesto, demostrar la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte  para  lograr  algunos  de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  Corte,  son  los  mismos  del  proceso  penal, lo que explica que las  causales   de   casación   tengan   un   diseño   dirigido   a   lograr   esos  fines.   

Por    ello,    “el       recurso       extraordinario      de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En  otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda  condicionada  a  la demostración  del  interés en el censor, la correcta selección de  las   causales,  la  coherencia  de  los   cargos   que   a   su   amparo   pretenda   aducir,   y   la   debida  fundamentación  fáctica  y  jurídica  de  éstos,  además de la necesidad de  acreditar  cómo  con  su  estudio se cumplirán uno o varios de los fines de la  casación”.1   

En  consecuencia, el recurso extraordinario  no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  el debate fáctico y jurídico  llevado  a cabo en el agotado proceso, por lo que no es procedente realizar toda  clase  de  cuestionamientos a manera de instancia adicional a las ordinarias del  trámite,  sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente y sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea de juicio o de procedimiento en que haya  podido  incurrir  el sentenciador, procediendo a demostrarlos dialécticamente y  evidenciado  su  trascendencia,  para de esa manera concluir que la sentencia no  es  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.   

2.   Teniendo  presente los anteriores  derroteros,  desde  ya  advierte  la  Sala  que   el   libelista   carece    de    interés    para    recurrir   en   esta  sede.   

En  efecto, como lo ha  indicado   la   Corte  en  reiterados      pronunciamientos,      la     aceptación       de       cargos  surgida  de  la iniciativa del imputado o por  razón de un acuerdo con la  fiscalía,  como una  modalidad         de         terminación  abreviada  del proceso, obedece a una política  criminal  cifrada  en  el  objetivo  de  lograr  eficacia  y  eficiencia    en    la    administración   de   justicia,   con  miras  a  que  el  imputado  o  acusado,  según  el  caso,  resulte  beneficiado    con    una    sustancial    rebaja    en    la    pena      que      habría       de       imponérsele  si el fallo se profiere como culminación del juicio oral, de una parte, y de otra, que  el  Estado  ahorre  esfuerzos  y recursos en su investigación y juzgamiento.   

Por ello, dentro del marco del principio de  lealtad  que  las partes deben acatar, por surgir la aceptación de cargos de un  acto  unilateral o como producto de una negociación entre el imputado o acusado  y  la  fiscalía, no hay lugar a controvertir con posterioridad a su aprobación  por  parte  del  juez,  la  existencia o no tanto de la conducta punible como la  responsabilidad del procesado.   

Es  decir,  cuando  el  juez  de control de  garantías  o el de conocimiento imparte la aprobación de la aceptación de los  cargos  por  considerarlo  que  fue  voluntario, libre, espontáneo, informado y  asistido  surge  en  el  procesado  la improcedencia de retractarse de lo que ha  admitido.  En  consecuencia,  es  incompatible  con el principio de lealtad toda  impugnación   que   busque  deshacer  los  efectos  de  la  aceptación  de  la  responsabilidad.   

De  esa manera, cuando la censura formulada  contra  la  sentencia por vía de la casación tiene como finalidad controvertir  los   aspectos   relacionados   con   el   injusto,   sus  circunstancias  y  su  responsabilidad,  el  actor  carece de interés, aspecto que, como se indicó en  precedencia,  se  constituye en presupuesto imprescindible para la admisibilidad  de la demanda.2   

Sólo  el  sentenciado  tiene interés para  controvertir  a través de los recursos (apelación o casación) la vulneración  de  sus  garantías  fundamentales,  el  quantum de la pena y los  aspectos  referidos  a  su determinación. En este último evento tampoco se puede mostrar  inconformidad   a  quien  preacuerda  con  la  fiscalía  los  términos  de  su  responsabilidad  y  de la sanción, siempre y cuando el juez los haya respetado.   

En   el   evento   que   ocupa   la   atención   de   la   Sala,  se   advierte   que   el  censor  carece  de interés para recurrir en esta  sede,  toda  vez  que,  si bien es cierto que acude a la nulidad por la presunta  violación  de  las garantías fundamentales de su defendido, también lo es que  las   aseveraciones  que  hace  en  la  demanda,  tales  como  que  Dayro   Esneider  Cortés  Amaya  actuó  “en    uso    del   legítimo   derecho   a   la  defensa”,  o  que, como lo admitió el Tribunal, es  inexistente  la  prueba que acredite la circunstancia de mayor punibilidad de la  coparticipación,   o  que  “el  insuceso  fue  el  resultado  de  una  riña  cuerpo  a  cuerpo,  lo que necesariamente descarta la  circunstancia     de     mayor     punibilidad    (motivo    fútil)”,  o  que  la  tipificación  de la conducta fue equivocada, son  todas  afirmaciones  que riñen con el acuerdo que el procesado de manera libre,  completamente  informado  y asistido de su defensor suscribió con la fiscalía,  a  través  del cual aceptó el cargo imputado y, por lo mismo, se constituye en  una abierta e inadmisible retractación de dicha aceptación.   

De  la  misma  manera,  también  carece de  interés  el censor para discutir en esta sede lo atinente a que la fiscalía no  “desplegó    el    más    mínimo    proceder  investigativo”,  pues  con tal argumento se incurre  una  vez  más  en  la  mencionada  retractación  dentro  del  ámbito  de  una  ineficiente  actividad  probatoria  que  nunca  se surtió en la actuación, por  cuanto  la  aceptación  del  cargo  acordado se produjo poco tiempo después de  realizada  la  audiencia  de  formulación  de  imputación, olvidando que dicha  aceptación  conllevó, por parte del procesado, al acogimiento del trámite que  permitió  decidir  anticipadamente sobre el objeto del proceso sin controversia  probatoria ni juicio.   

Ahora  bien,  es  cierto  que  el  Tribunal  cuestionó   el   multicitado  preacuerdo,  pero  tal  cuestionamiento   lo  fue  respecto  del  coprocesado  Blaimed   René   Cortes   Amaya   y   no  del  sentenciado Dayro Esneider Cortés  Amaya  (hoy casacionista),  concluyendo que en lo  que  a  éste  se  refería  el  mismo  se  ajustó  a  la legalidad. Sobre este  específico   punto,  el  sentenciador  de  segundo  grado  dijo  con  meridiana  claridad:   

“No sobra anotar  que  las  mismas  razones expuestas, vale decir, la aceptación de los cargos en  su  integridad  por  el  sentenciado  DAYRO  ESNEIDER  CORTÉS   AMAYA,  como  producto  de  un  preacuerdo  celebrado   con   apego  a  las  normas  legales  y  respetando  en  su  integridad  los requisitos de ley,  reprime  a  esta  instancia  de  atender  la  pretensión  defensiva  de  que se  modifiquen  los  cargos  de  homicidio simple con circunstancias de agravación,  debidamente  aceptados  por su procurado,  por  los  de  homicidio  simple  en exceso de legítima defensa,  para,  bajo  esa  óptica modificar de contera la tasación punitiva”   (subrayas   ajenas  al  texto).3   

Por ello, resulta improcedente la alegación  del  casacionista  cuando pretende, sin fundamento alguno, extender en pro de su  defendido  el  cuestionamiento  que  del  preacuerdo  hizo el Tribunal frente al  coprocesado  Blaimed  René  Cortes  Amaya,  máxime  cuando  so  pretexto de la  invocada   nulidad  y  a  través  de  ese  equivocado  planteamiento  busca  el  reconocimiento  de  una causal eximente de responsabilidad, o la eliminación de  una  circunstancia  de  mayor  punibilidad,  argumentación  que  así  expuesta  exterioriza una evidente e inadmisible retractación.   

En  síntesis,  al  estar  dirigidos  los  reproches  a cuestionar la aceptada  responsabilidad del hoy sentenciado en  los  hechos imputados y por los cuales fue condenado, lleva a la Corte a colegir  la  falta  de  interés  del  censor,  motivo por el cual  la demanda será  inadmitida.   

Resta  señalar  que  no se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaron derechos o  garantías   del  procesado  Dayro  Esneider  Cortés  Amaya,  como  para  que  tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Acotación  final   

Habida  cuenta  que  contra la decisión de  inadmitir   la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  Dayro    Esneider    Cortés    Amaya  procede  el  mecanismo  de insistencia de conformidad  con  lo  establecido  en el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, impera precisar  que  como  dicha legislación no regula el trámite a seguir para que se aplique  el  referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de  seguirse       para       su      aplicación,4 como sigue:   

a)  La  insistencia  es   un   mecanismo   especial   que  sólo  puede  ser  promovido    por   el   demandante,   dentro   de   los   cinco  (5)  días  siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la Casación  Penal   -siempre que el  recurso  no  hubiera sido interpuesto por el Procurador Judicial-, el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

b)   La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)    Es    potestativo   del    Magistrado    disidente,    del   que   no   intervino   en  los   debates   o   del  Delegado   del     Ministerio     Público     ante    quien    se  formula   la   insistencia,   optar  por  someter   el   asunto   a  consideración  de la Sala o no presentarlo  para  su  revisión,  evento último en que informará  de  ello   al   peticionario  en  un  plazo  de  quince   (15)  días.   

d)   El  auto a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo  expuesto,  la  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA,    SALA   DE   CASACIÓN PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación presentada por el defensor  de   DAYRO   ESNEIDER   CORTÉS   AMAYA,  por  las  razones  expuestas  en la  anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es facultad de la demandante elevar  petición de insistencia.   

Cópiese,  notifíquese         y        cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                       MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                           JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                    

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                           JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                                                                                                                                

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

                                                                      Secretaria     

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Ver,  entre  otras,  Casación  24026 del 10 de octubre de 2005, casación 25765  del  7  de  septiembre  de  2006,  casación  26587  del  21 de febrero de 2007,  casación  26645  del  11  de  abril de 2007, casación 27159 del 18 de abril de  2007 y casación 27108 del 3 de mayo de 2007.   

3  Página 29 de la sentencia del Tribunal.   

4  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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