24065(13-02-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  24065   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

          Aprobado Acta N° 028.   

Bogotá  D.C., febrero trece (13) de dos mil  ocho (2008).   

VISTOS  

         Resuelve  la  Sala  el recurso de casación excepcional interpuesto  por  el  defensor  del procesado MELQUISEDEC MARTÍNEZ  HIGUERA,  contra  el fallo de segundo grado proferido  por  el Tribunal Superior de Bogotá el 3 de febrero de 2005, confirmatorio, con  algunas  modificaciones,  del dictado por el Juzgado Trece Penal del Circuito de  la  misma  ciudad el 8 de julio de 2004, mediante el cual lo condenó como autor  penalmente  responsable del delito de omisión de agente retenedor o recaudador.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

En  la  decisión  de  fecha 23 de marzo de  2006,  a  través  de la cual la Sala admitió la presente demanda, se      sintetizó      el  supuesto  fáctico que dio origen a la actuación, de la siguiente forma:   

“La  sociedad  CIMPEX  LTDA, cuyo gerente era MELQUISEDEC MARTÍNEZ HIGUERA, presentó sin pago  las  declaraciones  de ventas correspondientes a los bimestres 4º, 5º y 6º de  1997,  1º  al  6º  de 1998 y 1º al 6º de 1999, así como la retención en la  fuente  de  los  meses  8º  a  12  de  1997,  1º  al 12 de 1998 y 1º al 12 de  1999, las cuales ascendían  a  la  suma  de  doscientos  treinta  y  siete  millones  quinientos  mil  pesos  ($237.500.000.oo).   

Con  el  aviso  de  cobro  se  inició  el  procedimiento  administrativo  de  recaudo  coactivo establecido en el artículo  823  y  siguientes  del  Estatuto  Tributario. A la fecha de presentación de la  denuncia,  esto  es,  13  de  octubre  de  2003, las obligaciones mencionadas se  encontraban   en  estado  de  no  pago”.   

La   denuncia  presentada  por  la apoderada de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales  sirvió   de   fundamento   para   que  una   Fiscalía  Seccional  de  Bogotá  dispusiera  la  apertura  de  investigación,  dentro  de  la  cual  vinculó,  mediante      declaratoria     de     persona        ausente, a MELQUISEDEC MARTÍNEZ.   

Clausurado  el  ciclo   instructivo,   se  calificó  el  mérito  del  sumario el 12 de junio de  2003  con resolución de acusación en contra del mencionado como presunto autor  del delito de omisión de agente retenedor o recaudador.   

La    fase    de    la    causa    le  correspondió  adelantarla  al   Juzgado Trece Penal del Circuito de Bogotá,  despacho     que,     luego     de    surtido   el   rito   legal,  profirió  fallo  el  8  de  julio de 2004 por medio del   cual   condenó   a  MELQUISEDEC  MARTÍNEZ  HIGUERA a la pena  principal  de  sesenta  y  seis  (66)  meses de prisión, multa de cuatrocientos  setenta  y  cinco  millones quinientos cincuenta mil pesos ($475.550.000.oo) y a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por el mismo lapso de la sanción privativa de la libertad como autor  penalmente   responsable   del   delito   objeto   de  acusación.  En  la  misma  decisión,  se  lo  condenó al pago de perjuicios,  al  tiempo que le fue otorgada la prisión domiciliaria.   

La  defensa del procesado interpuso recurso  de   reposición,   el  cual  resolvió  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  confirmando la decisión, pero  reduciendo  el  monto  de  la  multa y de la indemnización de perjuicios.   

         Nuevamente  en desacuerdo con lo decidido, el mismo sujeto procesal  interpuso   recurso   de   casación   por  la  vía  discrecional    en    contra    del    fallo    del  Tribunal.   

         La   demanda  a  través  de  la  cual  se  sustentó  dicho    recurso    fue   admitida  por  la  Sala  mediante  auto del 23 de marzo de 2006, en  donde  también se dispuso surtir traslado al Ministerio Público para los fines  establecidos en el artículo 213 del estatuto procesal penal.   

         La  Procuradora  Tercera  Delegada  para  la  Casación    Penal allega concepto en el  cual   solicita   casar   la   sentencia   impugnada,  en  el sentido de eximir de  responsabilidad   penal   a   MELQUISEDEC  MARTÍNEZ  HIGUERA   y   extinguir  la     acción     penal    por    cesación    de  procedimiento     en     su     favor.   

LA DEMANDA  

          El  actor  formula cinco cargos contra el fallo impugnado. Los tres  primeros  con  sustento  en  la  causal  tercera  de casación contemplada en el  artículo  207  de  la  Ley  600  de 2000 y, los dos últimos, con soporte en la  primera  de  la  misma  preceptiva,  por  violación  directa  (cuarto  cargo) e  indirecta  (quinta  censura)  de  la  ley  sustancial.   El primer cargo se  propuso    como    principal,    mientras    que    todos    los    demás   son  subsidiarios.   

         Para  su  resolución  y  con  el  fin  de  precaver la repetición  argumental,   la   Sala  acometerá  la  siguiente       metodología:   inicialmente,  se  resumirán los postulados de la demanda;  acto  seguido,  se  compendiará  el  criterio  plasmado  por  la  Procuraduría  Delegada   y,   finalmente,  se  consignará  la  respuesta  que  merece  de  la  Sala.   

         Todo   lo   anterior,   bien   está  precisarlo,  acorde  con  las  directrices  del  principio  de prioridad que regenta el recurso extraordinario,  esto  es,  de encontrar la Sala procedente alguna de la propuestas que entrañan  la  invalidez  de la actuación, prescindirá de ocuparse de las restantes, para  lo  cual  iniciará  con el reproche que comporta mayor cobertura, como lo es el  formulado  con  carácter  principal  en  la demanda (primer cargo).     

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.            Primer  cargo  (principal).  Nulidad por  violación del debido proceso.   

     

1. Formulación del cargo:     

Para el recurrente el fallo fue proferido en  un  trámite  viciado  de  nulidad  por  quebranto  del  debido proceso, pues se  desconoció      que     MELQUISEDEC     MARTÍNEZ  HIGUERA se encontraba excluido de persecución penal,  en  virtud  del  artículo  42  de la Ley 633 de 2000, en cuanto CIMPEX LTDA, la  empresa  por  éste  representada, se sometió a un acuerdo de reestructuración  en  los  términos  de  la  Ley 550 de 1999, precepto que debió ser aplicado de  conformidad con el principio de favorabilidad.   

         Asegura  que  dentro  del proceso obra la información suministrada  por     Consuelo     Arango    Gálvis,  funcionaria  de la Superintendencia de Sociedades, acerca de que  fue  aceptada  la  solicitud de promoción de un acuerdo de reestructuración de  CIMPEX  LTDA  en  los términos establecidos en la Ley 550 de 1999, a través de  la  misma  resolución en que la Superintendencia la designó como promotora del  acuerdo.   También  aparece  copia del correspondiente aviso que da cuenta  de   la   aceptación   de  dicha  empresa  en  la  promoción  del  acuerdo  de  reestructuración.   

Así mismo, añade, obra oficio suscrito por  la  División  de  Cobranzas de la DIAN que informa acerca de la aceptación del  referido  acuerdo  de  reestructuración,  el  cual fue suscrito posteriormente,  esto   es,   el   3   de   octubre   de   2002,   en   el  cual  participó  esa  entidad.   

         Con  fundamento  en  lo  expuesto,  el  defensor  colige  que si de  conformidad  con el inciso 2º del artículo 42 de la Ley 633 de 2000 constituye  eximente  de  responsabilidad  del delito de omisión de agente retenedor que la  entidad   haya   sido   admitida   a   la   negociación   de   un   acuerdo  de  reestructuración,  al  cual hace referencia la Ley 550 de 1999, en este caso se  imponía  reconocer  que  la  acción no se podía iniciar, o bien, no se podía  proseguir.   

Lo  anterior,  añade, en tanto CIMPEX LTDA  fue  admitida  a  este trámite el 5 de febrero de 2001, pues de conformidad con  el  artículo  13  de la Ley 550 de 1999, la negociación se entiende iniciada a  partir  de  la  fecha de fijación del escrito de la entidad nominadora previsto  en  el artículo 11 ibídem,  esto  es, a partir de la designación del promotor, fijación que en este asunto  tuvo lugar entre el 29 de enero y el 5 de febrero de 2001.   

         Además,  advierte,  la  admisión de CIMPEX LTDA a la negociación  del  acuerdo  no  requiere  que  efectivamente  se  haya negociado o que se haya  efectuado  el pago de las acreencias y, por tanto, la acción penal debió cesar  desde   el  29  de  enero  de  2001  cuando,  insiste,  mediante  oficio  de  la  Superintendencia  de  Sociedades  se  aceptó  la  promoción  de  un acuerdo de  reestructuración  con la empresa o, por lo menos, a partir de octubre 3 de 2002  cuando   fue   suscrito   el   referido   acuerdo   con   intervención   de  la  DIAN.   

         Como  equivocadamente los falladores asumieron que era necesario el  pago  de la deuda, destaca, se desconoció el artículo 42 de la Ley 633 de 2000  sobre  el  particular  y  por  ello,  al  no  ser  exonerado  el procesado de la  intervención  penal,  se  quebrantó  su derecho a un debido proceso, en cuanto  debió   proferirse   en   su   favor   decisión  inhibitoria  o  cesación  de  procedimiento.   

         Con  base en lo expuesto, solicita casar el fallo atacado, decretar  la  nulidad  del  trámite  desde  la resolución de apertura de la instrucción  “y,  como consecuencia, se sirva ordenar su archivo  a  través  de  una  providencia  inhibitoria,  o alternativamente, ordene cesar  procedimiento    a   partir   del   24   de   septiembre   de   2003”.   

         1.2. Concepto del Ministerio Público:   

          En  un  acápite  previo,  la  Procuradora Tercera Delegada para la  Casación  Penal  estima  necesario,  previo  a  abordar el tema principal de la  demanda,  hacer  claridad  en  torno  a  algunas  nociones  relacionadas  con la  obligación  tributaria,  el  agente  retenedor y la norma penal que consagra la  responsabilidad   del   agente   retenedor  o  autorretenedor  cuando  omite  la  consignación  de  sumas que por concepto de impuestos o retención en la fuente  debe entregar al organismo público correspondiente.   

         Así,  la  colaboradora  del Ministerio Público, con fundamento en  doctrina  elaborada  por  la  Corte  Constitucional,  evoca conceptos como el de  sujeto  activo  o  acreedor,  sujeto  pasivo,  objeto y causa y, en cuanto a las  obligaciones  que  dan  origen  a  la  sanción  penal, como los impuestos a las  ventas,  IVA  y  retención  en  la  fuente,  las  funciones  de  la obligación  tributaria.   

Acto  seguido,  recuerda  cómo  la  Corte  Constitucional  a  través  de  la  sentencia  C-009  de  2003,  al  examinar la  constitucionalidad   del   artículo   402  de  la  Ley  599  de  2000,  con  la  modificación  introducida  por  el  artículo  42 de la Ley 633 del mismo año,  encontró  que la norma vigente es esta última.   

         A  partir de la argumentación del Tribunal constitucional sobre el  particular,  llega  a  la  conclusión de que respecto del delito de omisión de  agente  retenedor  se debe declarar la cesación de procedimiento en tres casos.   

En primer lugar, cuando el agente retenedor  extinga,  mediante  pago  o  compensación,  de  manera total el crédito con la  DIAN,    por    concepto    de    la   obligación   tributaria,   intereses   y  sanciones.   

En segundo orden, cuando el agente retenedor  o  responsable  del  impuesto  sobre  las  ventas  demuestre  que ha suscrito un  acuerdo   de   pago   por   las   sumas  debidas  y  que  lo  cumpla  en  debida  forma.   

Y, en tercer término, como lo han entendido  la  Corte  Constitucional y esta Sala, en los casos de sociedades en concordato,  liquidación  y  procesos de reestructuración, cuya consagración se remonta al  artículo  22  de  la Ley 383 de 1997, pasando por el artículo 71 de la Ley 488  de  1998  y,  por último, en el referido artículo 42 de la Ley 633 de 2000, al  prever  esta  circunstancia como causal excluyente de responsabilidad penal para  este delito.   

La   razón   que   indujo  a  eximir  de  responsabilidad  penal  a  estos  sujetos,  agrega,  radica en el propósito del  Estado  de fomentar la industria, preservar los puestos de trabajo creados y, en  general,  promover el desarrollo empresarial, en el marco de un Estado Social de  Derecho.   

Con  sustento en la anterior introducción,  acomete  el  análisis  coetáneo  de  los  cargos primero, segundo y cuarto del  libelo,  “dado  que  el demandante los sustenta con  idéntica  argumentación  sobre  las mismas normas jurídicas, aunque se apoyen  en         diferentes         causales        de        casación”.         

En  ese  orden  de  ideas,  la  Procuradora  comienza  por  señalar  que,  como quedó demostrado, el procesado MARTÍNEZ    HIGUERA   no   pagó   las  declaraciones  de  ventas  correspondientes  a  los bimestres 7 a 12 de 1997, la  totalidad  del  año  1998,  del  1  a1  7  y  del 9 al 12 de 1999, así como la  retención  en  la  fuente  de  los  meses 8 al 12 de 1997 y de todo del año de  1998.   

De  lo  anterior  infiere que las conductas  omisivas  del  procesado  ocurrieron  tanto  en  vigencia del Decreto Ley 100 de  1980,  como  de  las  leyes  que  preveían  exclusión de responsabilidad en el  delito  de  omisión  de  agente retenedor para las empresas que se sometieran a  acuerdos  concordatarios o de reestructuración, por lo cual deben aplicarse las  que resulten favorables.   

Por  ello,  encuentra  que asiste razón al  defensor  en  su  prédica  orientada  a  que  se cese procedimiento a favor del  procesado,  como  representante  legal  de CIMPEX LTDA, para lo cual parte de lo  estipulado  en  el  artículo 5° de la Ley 550 que define cuándo y cuáles son  los  presupuestos  para  entender  que  una  empresa se acoge un acuerdo de esta  índole,   los   cuales   fueron   satisfechos   cabalmente   en   el   presente  asunto.   

Así,    añade,   dicho   acuerdo   de  reestructuración  fue  aportado al proceso en debida forma, de lo cual también  dio  cuenta  la  promotora designada para los trámites previstos en la referida  ley,   doctora  Consuelo  Arango  Gálvis,  mediante  escrito  dirigido  al  juez  de  la causa, en el cual,  además,  constata la admisión de CIMPEX LTDA. al acuerdo de estructuración el  29 de enero de 2001, actualmente en ejecución.   

También   porque,  conforme  al  último  escrito,  surge  que la empresa ha cumplido con las obligaciones contraídas con  posterioridad  al acuerdo, por lo que “su situación  es  acorde  a  lo  comprometido en el pacto aludido con la Supersociedades y sus  obligaciones respecto a la DIAN”.   

Con  fundamento en lo expuesto, reitera que  en  este  estadio  de la negociación con CIMPEX LTDA., es viable jurídicamente  ordenar  la cesación de procedimiento respecto de la omisión en el pago de IVA  y  retefuente  por  parte  de  la  empresa,  sin que sea necesario que todas las  obligaciones tributarias se hayan saldado.   

Desde su punto de vista, entonces, erró el  Tribunal  cuando  entendió  que era necesario el pago total de las obligaciones  cuando  lo que es viable para que se configure la eximente de responsabilidad es  la  admisión  del  acuerdo  de reestructuración, la cual se produjo en el año  2001.   

Por  consiguiente, considera que los cargos  primero,  segundo  y cuarto de la demanda deben prosperar y, en consecuencia, se  debe  casar  el  fallo  impugnado  y  disponer la cesación de procedimiento por  ausencia de responsabilidad del procesado.   

1.3. Consideraciones de la Sala:  

         En  el auto del 23 de marzo de 2006, la Sala halló la necesidad de  admitir  la  demanda  de  casación  discrecional presentada por el defensor del  procesado  MELQUISEDEC  MARTÍNEZ HIGUERA,  porque  a partir de sus planteamientos se evidenciaba la posible  vulneración  de  los  derechos  fundamentales  a  la aplicación de la ley más  favorable  en  materia  penal y de legalidad, así como para el desarrollo de la  jurisprudencia   respecto   del   delito  de  omisión  de  agente  retenedor  o  recaudador,  fundamentalmente  en  lo  que  tiene  que  ver  con la vigencia del  artículo 42 de la Ley 633 de 2000.   

Para resolver el punto de mayor importancia  sobre  el  cual  gravita  la  propuesta,  esto  es,  la eventual aplicación del  principio   de   favorabilidad,   conviene   tener  claridad  en  punto  de  los  antecedentes  legislativos  de  dicha  conducta  punible, en especial porque los  actos  omisivos  atribuidos  al  procesado  fueron perpetrados durante los años  1997  a  1999,  bajo  la modalidad de concurso homogéneo de conductas punibles,  cuya    consagración    legal,   desde   entonces,   ha   sufrido   variaciones  significativas.   

         Pues  bien,  la  Sala ya se ha ocupado de explorar los antecedentes  legislativos  de  la conducta en cuestión,  como así quedó consignado en  reciente  providencia  que,  por  su  estrecha  similitud  con el caso que ocupa  actualmente  la  atención,  conviene  transcribir en lo pertinente:   

        “El  artículo  10º de la Ley 38 de  1969  establecía  la  responsabilidad  penal  de  los recaudadores haciéndoles  extensiva  la  sanción  prevista para el peculado por apropiación a quienes no  consignaren  a favor del erario las sumas retenidas o percibidas por concepto de  retención  en  la  fuente de IVA dentro de los primeros quince días calendario  del  mes siguiente a aquel en que se haya hecho el pago o abono en cuenta, plazo  éste  que figuraba en el artículo 4º de la misma ley y que posteriormente fue  derogado por el decreto 2503 de 1987.   

La  Ley  75  de 1986 le otorgó facultades  extraordinarias   al   Presidente   para  expedir  el  Estatuto  Tributario,  en  cumplimiento  de  lo cual expidió el Decreto 624 de 1989 que a su vez reprodujo  el  artículo  10º  de  la  Ley  38  de  1969,  pero prescindiendo del elemento  temporal  para  efectuar el pago, razón por la cual la Corte en Sentencia C-285  de  1996 declaró inexequible esta disposición, exhortando al Congreso para que  expidiera  una norma de similar contenido que contuviera todos los elementos del  tipo.   

Consecuentemente  se  dictó la Ley 383 de  1997,  cuyo artículo 22 tipificó la responsabilidad  penal  del agente retenedor o recaudador que no consignara las retenciones en la  fuente  y el IVA causado, restaurándose el elemento temporal (dentro de los dos  meses  siguientes  a  aquél  en  que  se  efectuó  la  respectiva retención).  Adicionalmente,  se  estipularon  dos  parágrafos:  el  primero,  relativo a la  extinción   de   la   obligación   tributaria  como  causal  de  cesación  de  procedimiento;   y el segundo, que excluyó de la aplicación del artículo  22  la  hipótesis de las sociedades que se encuentren en proceso concordatario,  o  en  liquidación  forzosa  administrativa, en relación con el impuesto sobre  las  ventas  y  las  retenciones  en  la  fuente  causadas,  ambos del siguiente  tenor:   

‘Parágrafo  1º.  El agente retenedor o responsable del impuesto a las ventas que extinga la  obligación  tributaria  por  pago  o  compensación  de las sumas adeudadas, se  hará  beneficiario  de  la  cesación de procedimiento dentro del proceso penal  que se hubiere iniciado por tal motivo.   

Parágrafo 2º. Lo dispuesto en el presente  artículo  no  será  aplicable para el caso de las sociedades que se encuentren  en   proceso   concordatario,  o  en  liquidación  forzosa  administrativa,  en  relación  con  el  impuesto  sobre  las  ventas  y las retenciones en la fuente  causadas’.    

Estos parágrafos fueron modificados por el  artículo 71 de la Ley 488 de 1998 con la siguiente redacción:   

‘Parágrafo  1o.  Cuando  el agente retenedor o responsable del impuesto a las ventas extinga  en  su  totalidad  la  obligación  tributaria,  junto  con sus correspondientes  intereses  y  sanciones,  mediante  pago, compensación o acuerdo de pago de las  sumas adeudadas, no habrá lugar a responsabilidad penal.   

Parágrafo 2o. Lo dispuesto en el presente  artículo  no  será  aplicable para el caso de las sociedades que se encuentren  en  procesos  concordatarios,  o  en  liquidación  forzosa administrativa, o en  proceso  de  toma  de  posesión  en  el  caso  de  entidades  vigiladas  por la  Superintendencia  Bancaria,  en relación con el impuesto sobre las ventas y las  retenciones  en  la  fuente  causadas’.   

El precepto actualizado del artículo 22 de  la  Ley  383  de  1997  fue demandado ante la Corte Constitucional, que mediante  sentencia  C-1144 de 2000 lo declaró exequible, salvo sus parágrafos 1° y 2°  respecto    de    los    cuales   se   declaró   inhibida  para  emitir  pronunciamiento  de  fondo  por  sustracción de materia.    

A través del artículo 42 de la Ley 633 de  2000  se  unificaron  en  uno solo los dos parágrafos citados del artículo 665  del Estatuto Tributario, bajo el siguiente texto:   

‘RESPONSABILIDAD  PENAL  POR  NO  CONSIGNAR  LAS  RETENCIONES EN LA  FUENTE  Y  EL  IVA.  Unifícanse los parágrafos 1o. y 2o. del artículo 665 del  Estatuto   Tributario  en  el  siguiente  parágrafo,  el  cual  quedará  así:   

Parágrafo.  Cuando  el agente retenedor o  responsable  del  impuesto  a  las ventas extinga en su totalidad la obligación  tributaria,  junto con sus correspondientes intereses y sanciones, mediante pago  o  compensación  de  las  sumas  adeudadas,  no  habrá lugar a responsabilidad  penal.  Tampoco  habrá  responsabilidad  penal  cuando  el  agente  retenedor o  responsable  del  impuesto sobre las ventas demuestre que ha suscrito un acuerdo  de  pago  por las sumas debidas y que éste se está cumpliendo en debida forma.   

Lo  dispuesto  en el presente artículo no  será  aplicable  para  el  caso de las sociedades que se encuentren en procesos  concordatarios;  en  liquidación  forzosa administrativa; en proceso de toma de  posesión  en el caso de entidades vigiladas por la Superintendencia Bancaria, o  hayan  sido admitidas a la negociación de un Acuerdo de Reestructuración a que  hace  referencia  la  Ley  550  de  1999, en relación con el impuesto sobre las  ventas     y     las    retenciones    en    la    fuente    causada’.   

No obstante, con anterioridad a la Ley 633  de  2000  se  expidió la Ley 599 de 2000 a través del cual se adoptó un nuevo  Código  Penal,  en  cuyo  artículo  402 se tipificó el delito de omisión del  agente retenedor o recaudador, en los siguientes términos:   

‘Omisión del  agente  retenedor  o  recaudador.  El  agente  retenedor o autorretenedor que no  consigne  las  sumas retenidas o autorretenidas por concepto de retención en la  fuente  dentro de los dos (2) meses siguientes a la fecha fijada por el Gobierno  Nacional  para  la  presentación  y  pago  de  la  respectiva  declaración  de  retención  en  la  fuente  o quien encargado de recaudar tasas o contribuciones  públicas  no  las consigne dentro del término legal, incurrirá en prisión de  tres  (3)  a seis (6) años y multa equivalente al doble de lo no consignado sin  que  supere  el  equivalente  a cincuenta mil (50.000) salarios mínimos legales  mensuales vigentes.   

En   la  misma  sanción  incurrirá  el  responsable  del impuesto sobre las ventas que, teniendo la obligación legal de  hacerlo,  no consigne las sumas recaudadas por dicho concepto, dentro de los dos  (2)  meses  siguientes  a  la  fecha  fijada  por  el  Gobierno Nacional para la  presentación  y  pago  de  la  respectiva  declaración  del impuesto sobre las  ventas.   

Tratándose   de   sociedades   u  otras  entidades,  quedan  sometidas  a  esas  mismas  sanciones las personas naturales  encargadas   en   cada   entidad   del   cumplimiento  de  dichas  obligaciones.   

Parágrafo.   El   agente   retenedor  o  autorretenedor,  responsable  del impuesto a las ventas o el recaudador de tasas  o  contribuciones  públicas,  que  extinga la obligación tributaria por pago o  compensación   de   las   sumas  adeudadas,  según  el  caso,  junto  con  sus  correspondientes  intereses  previstos  en  el  Estatuto  Tributario,  y  normas  legales   respectivas,   se   hará  beneficiario  de  resolución  inhibitoria,  preclusión  de  investigación, o cesación de procedimiento dentro del proceso  penal  que  se  hubiera  iniciado por tal motivo, sin perjuicio de las sanciones  administrativas   a  que  haya  lugar’.   

Como la Ley 633 de 2000 fue publicada en el  Diario  Oficial  No.  44.275  del  29 de diciembre de  2000,  fecha en que empezó a regir por disposición  de  su  artículo  134, mientras que la ley 599 de 2000, aunque fue publicada en  el  Diario  Oficial  No.  44.097  del  24  de  julio  de 2000, por mandato de su  artículo  476  sólo  entró  en vigencia un año después de su promulgación,  esto  es,  a  partir  del  24  de  julio de 2001, se  concitó  un  interrogante  sobre  cuál  dispositivo  era  posterior en orden a  establecer qué reforma prevalecía.   

El  punto  fue  dilucidado  por  la  Corte  Constitucional  en  la  sentencia  C-009  de  2003,  en la que consideró que la  respuesta  a  la  pregunta  planteada debía darse con referencia a la    fecha   en   que   adquirieron   validez   las   mencionadas  leyes. Es así como entendió que el artículo 42 de  la  Ley  633  de 2000 era posterior al artículo 402 de la ley 599 de 2000, pues  en  ese  cotejo resultaba irrelevante la fecha en que comenzó a regir cada ley,  ‘pues, dijo, bien puede  ocurrir  que  una ley que es promulgada con anterioridad a otra que contempla la  misma  materia,  por  haber  diferido  en  el  tiempo  su entrada en vigencia es  susceptible   de  comenzar  a  regir  con  algunas  disposiciones  ya  derogadas  tácitamente  por  la  ley  que  fue  expedida posteriormente, pues, se destaca,  siendo   ambas  válidas,  la  ley  expedida  con  posterioridad  puede  derogar  tácitamente  todas  o  algunas  de  las  disposiciones  de  la que fue expedida  previamente’, fenómeno  que  precisamente  observó  en este evento, reconociendo que el artículo 42 de  la   Ley   633   de   2000  derogó  –tácitamente-  el  parágrafo del artículo 402 del Código Penal,  manteniéndose incólume el resto de su mandato.   

En esa oportunidad, la Corte Constitucional  se  abstuvo  de examinar de fondo el parágrafo en cuestión, pues encontró que  el  actor en modo alguno estructuró cargos contra el mismo, limitando el examen  de  constitucionalidad al contenido del artículo 402 de la ley 599 de 2000, con  exclusión  de  su  parágrafo,  que  reiteró, fue derogado tácitamente por el  artículo 42 de la ley 633 de 2000.   

Por  lo  tanto,  durante  la  vigencia del  artículo  42 de la Ley 633 de 2000, la exclusión de responsabilidad penal para  el  agente  retenedor  o responsable del impuesto a las ventas se amplió,   además  del  pago o compensación de la totalidad de la obligación tributaria,  junto  con  sus  correspondientes  intereses  y  sanciones,  a  los casos en que  ‘demuestre   que  ha  suscrito  un  acuerdo  de  pago  por  las  sumas  debidas  y  que éste se está  cumpliendo    en    debida    forma’.   

Finalmente, no sobra agregar que el aparte  del  parágrafo  trascrito fue derogado por el artículo 21 de la Ley 1066 de 29  de     julio     de    2006,    por    medio    de    la    cual    ‘se    dictan   normas   para   la  normalización     de    la    cartera    pública    y    se    dictan    otras  disposiciones’,  norma  del siguiente tenor:   

‘ARTÍCULO 21.  VIGENCIA   Y   DEROGATORIAS.   La   presente   ley   rige   a   partir   de   su  promulgación1  y  deroga  las disposiciones que le sean contrarias, en especial  la   frase   ‘Tampoco  habrá  responsabilidad  penal  cuando  el  agente  retenedor  o responsable del  impuesto  sobre  las ventas demuestre que ha suscrito un acuerdo de pago por las  sumas  debidas  y  que  este  se  está  cumpliendo  en debida forma’  contenida  en  el  inciso 1º del  artículo  42 de la Ley 633 de 2000…’2.    

Ahora  bien,  al  procesado  MELQUISEDEC              MARTÍNEZ              HIGUERA,  desde  el  punto   de  vista  fáctico  se  le  imputa,  en  su  condición  acreditada  de  representante  legal de la firma CIMPEX LTDA., no haber consignado dentro de los  perentorios   lapsos  establecidos  para  tal  efecto  el  valor  de  las  sumas  recaudadas  por  concepto  del  impuesto sobre las ventas correspondientes a los  bimestres  4º, 5º y 6º de 1997; 1º al 6º de 1998 y 1º al 6º de 1999, así  como  por  retención  en la fuente de los meses 8° al 12 de 1997, 1° al 12 de  1998  y  1°  al  12  de  1999,  cuya cuantía ascendió a la suma de doscientos  treinta y siete millones quinientos mil pesos ($237.500.000.oo).   

        De  lo anterior se desprende que las infracciones originadas por no  haber  consignado  el  valor  de  las sumas recaudadas por concepto del impuesto  sobre  las  ventas  correspondientes a los bimestres 4º, 5º y 6º de 1997, 1º  al  6º  de  1998  y  retención en la fuente de los meses 8 al 12 de 1997 y 1°  al   12  de  1998  se  sancionaban  penalmente  conforme  al  artículo  665  del  Estatuto  Tributario  (Decreto  624  de  1989),  modificado por el 22 de la Ley 383 1997, vigente para  esa  época,  si  se  tiene  en  cuenta que, de conformidad con su artículo 74,  entró  a regir a partir de su promulgación, concretamente en el Diario Oficial  No.  43083  del  14  de  julio  de  ese  mismo  año.   

En  virtud de dicha preceptiva legal, como  se  reseñó  en la providencia parcialmente transcrita, sólo se contemplaba la  posibilidad  de  cesación de procedimiento para el retenedor del impuesto a las  ventas  que  extinguiera  la  obligación tributaria por pago o compensación de  las  sumas  adeudadas (parágrafo 1°) y la inaplicación del tipo penal para el  caso  de  las  sociedades  en  proceso  concordatario  o en liquidación forzosa  administrativa,  en  relación con el impuesto sobre las ventas y retenciones en  la fuente causadas (parágrafo 2°).   

         Es  decir  que,  para  el  momento  de comisión de estas conductas  omisivas,  aún  no  se conocía la inaplicabilidad del tipo para el caso de las  sociedades  admitidas  a  la  negociación  de  un  acuerdo de reestructuración  según  los  términos  previstos  en  la  Ley  550  de  1999,  cuya aplicación  favorable  reclama  el  casacionista,  porque  tal  circunstancia se implementó  posteriormente  con  el segundo inciso del parágrafo del artículo 42 de la Ley  633 de 2000.   

         Situación  similar  se  verifica  en  relación  con los restantes  actos     omisivos     endilgados    a    MARTÍNEZ  HIGUERA por razón del impago de las sumas recaudadas  por  impuesto  sobre las ventas de los bimestres 1º al 6º de 1999 y retención  en  la  fuente  de  los  meses 1° al 12 del mismo año, por encontrarse vigente  para  aquél  entonces  el  artículo  71  de  la  Ley  488  de  1998,  bajo  la  consideración  de  que  esta normativa también entró a regir para la fecha de  su  publicación,  según  lo  señaló  su  artículo  154,  esto  es,  con  su  inserción  el  28 de diciembre de esa anualidad en el Diario Oficial No. 43460.   

Ciertamente,  esta  última  normatividad  reformó  únicamente  el  dúo  de  parágrafos  contenidos  en  la  preceptiva  anterior,  para  prever  como  circunstancia excluyente de responsabilidad penal  cuando   el   agente  retenedor  extinguiera  en  su  totalidad  la  obligación  tributaria,  junto  con  sus  correspondientes  intereses y sanciones, por pago,  compensación  o  acuerdo  de  pago de las sumas adeudadas (parágrafo 1°) y la  inaplicación  del  tipo  penal  para  el  caso  de  las  sociedades  en proceso  concordatario,  en  liquidación  forzosa administrativa o en proceso de toma de  posesión,  en  caso de ser entidades vigiladas por la Superintendencia Bancaria  respecto  del  impuesto  sobre  las  ventas  y retenciones en la fuente causadas  (parágrafo 2°).   

Sin  embargo,  al  igual  a lo expuesto en  relación  con los comportamientos anteriores, para la época de estas conductas  tampoco  se encontraba vigente la inaplicabilidad del tipo prevista para el caso  de  las  sociedades  que hubieran sido admitidas a la negociación de un acuerdo  de   reestructuración   bajo  los  términos  de  la  Ley  550  de  1999,  cuya  implementación  tuvo  lugar,  se  reitera, con el artículo 42 de la Ley 633 de  2000,  a  partir   del  cual,  dicho  sea  de  paso,  las  situaciones  que  determinaban  la  cesación  de  procedimiento  y la inaplicabilidad del tipo se  unificaron   en   un   solo   parágrafo,   con   dos   incisos,  del  siguiente  tenor:   

“Cuando   el   agente   retenedor   o  responsable  del  impuesto  a  las ventas extinga en su totalidad la obligación  tributaria,  junto con sus correspondientes intereses y sanciones, mediante pago  o  compensación  de  las  sumas  adeudadas,  no  habrá lugar a responsabilidad  penal.  Tampoco  habrá  responsabilidad  penal  cuando  el  agente  retenedor o  responsable  del  impuesto sobre las ventas demuestre que ha suscrito un acuerdo  de  pago  por  las  sumas  debidas  y  que  éste  se está cumpliendo en debida  forma”.   

Lo  dispuesto en el presente artículo no  será  aplicable  para  el  caso de las sociedades que se encuentren en procesos  concordatarios;  en  liquidación  forzosa administrativa; en proceso de toma de  posesión  en  el  caso de entidades vigiladas por la Superintendencia Bancaria,  o  hayan  sido  admitidas  a  la  negociación de un  Acuerdo  de  Reestructuración  a  que  hace  referencia  la Ley 550 de 1999, en  relación  con  el  impuesto  sobre  las  ventas  y las retenciones en la fuente  causadas”.(subrayas fuera  de texto).    

  En torno a la aplicabilidad de este  parágrafo,  tema  del cual se ocupó ampliamente el antecedente jurisprudencial  transcrito  al  inicio  de  estas  consideraciones,  se  llegó  a  discutir  si  realmente  tuvo  vigencia con ocasión precisamente de la consagración del tipo  penal  de  omisión de agente retenedor o recaudador del artículo 402 de la Ley  599  de  2000  -regulado  por primera vez con carácter autónomo en el estatuto  penal-  polémica  que  fue resuelta por la Corte Constitucional a través de la  aludida  sentencia  009  de  2003, al señalar que aun cuando la Ley 599 de 2000  entró  a  regir  con  posterioridad a la Ley 633 del mismo año, a partir de su  publicación  en  el Diario Oficial No. 44.275 de 29 de  diciembre  de  2000  (art. 134), se entiende que ésta  fue   posterior   y,   en   consecuencia,  modificó  el  artículo  402  en  lo  pertinente.   

No  sobra recalcar que, con posterioridad,  el  artículo  21 de la Ley 1066 de 2006, cuya vigencia  operó  a  partir  del  29 de julio de ese año con su publicación en el Diario  Oficial  No.  46344,  derogó  expresamente el aparte del inciso primero de este  parágrafo,   según  el  cual  “(T)ampoco  habrá  responsabilidad  penal  cuando  el  agente  retenedor o responsable del impuesto  sobre  las  ventas  demuestre  que  ha suscrito un acuerdo de pago por las sumas  debidas   y  que  éste  se  está  cumpliendo  en  debida  forma”.   

Una  hermenéutica integral de las últimas  normas  referidas, permite inferir que la disposición actualmente vigente es la  del  artículo 402 de la Ley 599 de 2000, modificado por los artículos 42 de la  Ley  633  de 2000 y 21 de la Ley 1066 de 2006, con el siguiente contenido:    

“ARTICULO  402.  OMISION  DEL  AGENTE  RETENEDOR  O  RECAUDADOR.  El  agente retenedor o autorretenedor que no consigne  las  sumas  retenidas  o  autorretenidas por concepto de retención en la fuente  dentro  de  los  dos  (2)  meses  siguientes  a  la fecha fijada por el Gobierno  Nacional  para  la  presentación  y  pago  de  la  respectiva  declaración  de  retención  en  la  fuente  o quien encargado de recaudar tasas o contribuciones  públicas  no  las consigne dentro del término legal, incurrirá en prisión de  tres  (3)  a seis (6) años y multa equivalente al doble de lo no consignado sin  que  supere  el  equivalente  a cincuenta mil (50.000) salarios mínimos legales  mensuales vigentes.   

En  la  misma  sanción  incurrirá  el  responsable  del impuesto sobre las ventas que, teniendo la obligación legal de  hacerlo,  no consigne las sumas recaudadas por dicho concepto, dentro de los dos  (2)  meses  siguientes  a  la  fecha  fijada  por  el  Gobierno Nacional para la  presentación  y  pago  de  la  respectiva  declaración  del impuesto sobre las  ventas.   

Tratándose   de   sociedades  u  otras  entidades,  quedan  sometidas  a  esas  mismas  sanciones las personas naturales  encargadas   en   cada   entidad   del   cumplimiento  de  dichas  obligaciones.   

PARAGRAFO. “Cuando el agente retenedor o  responsable  del  impuesto  a  las ventas extinga en su totalidad la obligación  tributaria,  junto con sus correspondientes intereses y sanciones, mediante pago  o  compensación  de  las  sumas  adeudadas,  no  habrá lugar a responsabilidad  penal.   

Lo  dispuesto en el presente artículo no  será  aplicable  para  el  caso de las sociedades que se encuentren en procesos  concordatarios;  en  liquidación  forzosa administrativa; en proceso de toma de  posesión   en   el   caso   de  entidades  vigiladas  por  la  Superintendencia  Bancaria,  o  hayan sido admitidas a la negociación  de  un Acuerdo de Reestructuración a que hace referencia la Ley 550 de 1999, en  relación  con  el  impuesto  sobre  las  ventas  y las retenciones en la fuente  causadas”   (subrayas  fuera de texto).   

   

En   ese   orden   de   ideas,  como  la  circunstancia  de  inaplicabilidad del tipo prevista en este último inciso tuvo  vigencia  con  posterioridad  a  la comisión de las conductas por las cuales se  juzga  al  procesado  MELQUISEDEC  MARTÍNEZ  HIGUERA  e,  incluso,  según  lo  visto, actualmente está en  vigor,  es claro que en cuanto comporta una situación benéfica ha de aplicarse  con  carácter  retroactivo,  en  caso  de  verificarse procesalmente, siempre y  cuando se satisfagan los presupuestos de la norma.   

Considerar  lo  contrario  equivaldría  a  vulnerar  apotegmas  como  el debido proceso y, más concretamente, el principio  de  favorabilidad  de  la  ley penal consagrado en los artículos 29 de la Carta  Política  y 6° de la Leyes 599 y 600 de 2000, así como en los artículos II.1  de  la  Declaración  de los Derechos Humanos, 15.I del Pacto de Nueva York (Ley  74  de  1968)  y  9°  de  la  Convención de San José de Costa Rica (Ley 16 de  1972).   

Pues  bien,  a efecto de determinar cuando  las   sociedades   han   “sido   admitidas   a  la  negociación  de  un  Acuerdo  de Reestructuración a que hace referencia la Ley  550  de 1999, en relación con el impuesto sobre las ventas y las retenciones en  la   fuente   causadas”,   es  preciso  consultar,  obviamente, el texto de dicha normatividad.   

La  materia  en  cuestión  se  encuentra  reglamentada  en  los cinco capítulos de que consta el Título II de la Ley 550  de  1999, intitulado “DE  LOS  ACUERDOS DE REESTRUCTURACION” (arts. 5 al 39),  entendiéndose  por  tales,  conforme lo establece su  artículo  5°,  las convenciones celebradas a favor de  una  o  varias  empresas con el objeto de corregir deficiencias que presenten en  su  capacidad  de  operación y para atender obligaciones pecuniarias, de manera  que  tales empresas puedan recuperarse dentro del plazo y en las condiciones que  se hayan previsto en el mismo.   

El acuerdo, como también lo establece esta  preceptiva,  deberá  constar por escrito, tendrá el plazo que se estipule para  su  ejecución,  sin  perjuicio de los plazos especiales que se señalen para la  atención  de  determinadas  acreencias  y  del  que  llegue  a  pactarse en los  convenios   temporales   de   concertación   laboral   previstos  en  la  misma  ley.   

Ahora,  en  cuanto  a  la  forma  como  se  promueven   estos   acuerdos   de   reestructuración,  prescribe  el  artículo  siguiente,  que  podrán  ser  promovidos  a solicitud  escrita  de  los representantes legales del respectivo empresario o empresarios,  o  de  uno o varios acreedores; o promovidos de oficio por las Superintendencias  de  Valores,  de  Servicios  Públicos Domiciliarios, de Transporte, Nacional de  Salud,  del  Subsidio  Familiar, de Vigilancia y Seguridad Privada, de Economía  Solidaria  y  de  Sociedades,  tratándose  de  empresarios  o empresas sujetos,  respectivamente,  a  su  vigilancia  o  control, de conformidad con las causales  previstas en las normas vigentes.   

Cuando sean los empresarios o los acreedores  quienes  decidan  solicitar  la promoción del acuerdo, deberán hacerlo ante la  Superintendencia  que  vigile  o  controle  al  respectivo  empresario  o  a  su  actividad;   tratándose   de   los  empresarios  no  sujetos  a  esa  clase  de  supervisión  estatal, ante la Superintendencia de Sociedades, si son sucursales  de  sociedades  extranjeras  con actividad permanente en Colombia, o empresarios  con  forma  de  sociedad  y  con  domicilio  principal  en  el  domicilio de las  intendencias  regionales  de  esa  Superintendencia  o  en Bogotá; pero, en los  demás  casos,  ante  la  Cámara  de Comercio con jurisdicción en el domicilio  principal del respectivo empresario, societario o no.   

El  primer  parágrafo  de  este  artículo  dispone,  además,  que  presentada  la solicitud con el lleno de los requisitos  previstos  en la presente ley, el Ministerio de Hacienda y Crédito Público, la  Superintendencia  o  la  Cámara de Comercio respectiva deberá aceptarla dentro  de  los  tres  (3)  días siguientes a su recepción.   

En  todo  caso,  según se reglamenta en el  artículo    7°,    la    respectiva   Superintendencia   o   la   Cámara   de  Comercio,  al  decidir  la  promoción  oficiosa  o  aceptar  una  solicitud de un acuerdo, designará a una  persona   natural   para   que   actúe   como   promotor   en   el  acuerdo  de  reestructuración,  procediendo  de  inmediato  el  nominador  a  fijar  en  sus  oficinas   el   escrito   de   promoción   previsto  en  el  artículo 11 de esa ley.   

Pues   bien,   de  acuerdo  con  lo  que  objetivamente  demuestra el expediente se tiene que la sociedad CIMPEX LTDA. fue  aceptada,  en  los  términos  y con las formalidades previstas en la Ley 550 de  1999,  a  la  promoción  de  un  acuerdo  de  reestructuración mediante oficio  155-2001-01  expedido  por  la Superintendencia de Sociedades, entidad con plena  jurisdicción  en  dicho proceso concursal, según atrás se señaló, admisión  que  fuera publicada, de conformidad con las pautas establecidas en el artículo  11  de  esa  normatividad,  mediante  aviso  fijado  el  29  de  enero  de 2001,  comenzando  a  correr  a  partir  del  día  siguiente y con vencimiento el 5 de  febrero  ulterior.   Copia del aviso aludido obra a folios 84, 99 y 116 del  cuaderno original No. 1.   

         

Oportuno también es resaltar que en dicho  aviso  de publicación también se informó que por sugerencia del representante  legal  de  la  sociedad  se  designó  como  promotora a la doctora Consuelo                 Arango                 Gálvis.        

         Con  fundamento  en  esta  aceptación,  se  suscribió  acuerdo de  reestructuración  el  3  de  octubre  de 2002, cuyas firmas son avaladas por la  promotora  designada. Copia del acuerdo debidamente autenticada aparece a folios  116 y ss. del cuaderno de la causa.   

         Durante  el  trámite procesal también se acreditó la aceptación  de  la  promoción a un acuerdo de reestructuración, a través de lo siguientes  documentos:   

(i)  Oficio  sucrito  por la promotora del  acuerdo,  doctora  Consuelo Arango Gálvis,  de  fecha 29 de enero de 2004, dirigido al juez de conocimiento,  a través del cual, entre otros aspectos, certifica:   

         “1.  Que  CIMPEX  LTDA.,  fue admitida por la Superintendencia de  Sociedades  para desarrollar un Acuerdo de Reestructuración económica el 29 de  enero de 2001.   

         2.  Que  la  DIAN  se  hizo  parte  y concilió las acrecencias por  concepto  de renta, Iva y Retención en la Fuente, originadas con anterioridad a  esa   fecha,   y  por  las  cuales  se  originó  la  acción  penal  contra  el  representante  legal de CIMPEX LTDA., señor MELQUISEDEC MARTÍNEZ HIGUERA…”  (fol. 67 del c. de la causa).   

(ii) Oficio 0030-174 00699 del 2 de Febrero  de  2003,  suscrito  por  Wilford Liberman Rodríguez  Fonseca,   funcionario   de   representación   externa  de  la  División  de  Cobranzas     de     la     DIAN,     dirigido  al  juez  de  conocimiento,  mediante el cual también se  detallan  las obligaciones contraídas por la sociedad CIMPEX LTDA. en virtud de  la  aceptación a la promoción de un acuerdo de reestructuración el día 29 de  enero    de    2001    (fols.    68    y   ss.   y   72   y   ss.   ejusdem).    

         (iii)  Oficio  de  fecha  mayo 21 de 2004, firmado por la promotora  del     acuerdo,     doctora     Consuelo    Arango  Gálvis,  dirigido al juez de conocimiento, visible a  folio 108 del mismo cuaderno.   

         (iv)  Copia  del  oficio  0030.174 del 16 de abril de 2001 suscrito  por  Homero Rubio Espinoza,  funcionario  de  la  Unidad  Administrativa  Especial  de la DIAN, dirigido a la  promotora  del  acuerdo  de  reestructuración  CIMPEX  LTDA.,  por  cuyo  medio  solicita  el  reconocimiento  de  obligaciones  a favor de la Nación a cargo de  dicha  sociedad,  apreciable  a folios 110 y ss. del mismo cuaderno.     

Así   las   cosas,  aparece  plenamente  acreditado  que  la  sociedad  CIMPEX LTDA. fue admitida a la negociación de un  acuerdo  de  reestructuración  en  los  términos  de  la  Ley  550  de 1999 en  relación  con  el  impuesto  sobre  las  ventas  y las retenciones en la fuente  causadas.   

Esta  circunstancia configura la causal de  inaplicabilidad  prevista  en  el segundo inciso del parágrafo del artículo 42  de  la  Ley  633 de 2000 -que no es más que un motivo de improcedibilidad de la  acción  penal-  la cual modificó, como atrás se precisó, el artículo 402 de  la  Ley 599 de 2000, para cuyo entendimiento se ha de partir de su expresión en  sentido  estricto,  en  cuanto  resulta  inequívoca,  sin  que sea viable, como  procedieron  los  juzgadores  de  instancia,  sustraerse  a  su reconocimiento a  través   de   condicionamientos  no  contemplados  en  su  texto  fruto  de  su  combinación  con  las demás causales contenidas en el inciso primero del mismo  parágrafo, desconociendo con ello su autonomía.   

         En   efecto,   tanto  el  juzgado  a-quo  como  el  Tribunal  se  abstuvieron  de  aplicar  la  circunstancia   so   pretexto   del  impago  de  las  obligaciones  contraídas,  basándose  el  segundo  en que no se aportó al proceso el respectivo documento  donde  constare  la  facilidad  de  pago por parte de la DIAN, hasta el punto de  sostener   que  “el  acuerdo  de  reestructuración  celebrado  entre  la referida empresa con sus acreedores, entre ellos la entidad  aquí     denunciante     no     puede    tenerse    como    una    ‘situación    de   pago   de   las  acreencias’…”.   

         Dicho  de  otro  modo,  se confundió la situación planteada en el  inciso  segundo  del  parágrafo del artículo 42 de la Ley 633 de 2000 a que se  viene  haciendo  alusión,  con  la  prevista  en  el  primer inciso referente a  “…cuando  el  agente  retenedor  o  responsable  del  impuesto a las ventas extinga en su totalidad la  obligación  tributaria,  junto  con sus correspondientes intereses y sanciones,  mediante   pago   o   compensación  de  las  sumas  adeudadas,   no   habrá  lugar  a  responsabilidad  penal”  (subrayas  fuera  de texto), no obstante, se  reitera, ser absolutamente independientes.   

         La   autonomía  que  se  pregona  de  estas  circunstancias  surge  evidente  al auscultar el sentir del legislador.  En efecto, el proyecto de  ley  072  de  2000  ante  la  Cámara,  contenía  en su capítulo V, denominado  “Normas  de  procedimiento  y  control”,  una  propuesta  para  unificar los  parágrafos  1°  y 2° del artículo 665 del Estatuto Tributario, introduciendo  por    primera    vez    la    inaplicabilidad    del   artículo   “para   el   caso   de  las  sociedades  …  en  el  Acuerdo  de  Reestructuración  a que hace referencia la Ley 550 de 1999, en relación con el  impuesto    sobre    las    ventas    y    las    retenciones   en   la   fuente  causadas”.   

         En  la ponencia para segundo debate del mismo proyecto de ley en la  Cámara  (126  de  2000 Senado), se despejó cualquier duda sobre los efectos de  dicha   circunstancia   cuando  se  indicó:  “(S)e  adiciona  el  artículo 47 del artículo aprobado en primer debate, para    aclarar    que    no   habrá  responsabilidad  penal  en relación con el impuesto  sobre  las  ventas  y  retenciones en la fuente para las empresas que hayan sido  admitidas    a    la  negociación  de  una  acuerdo de reestructuración a que hace referencia la Ley  550  de  1999” (subrayas y  negrillas        fuera        del       texto       original).              

                

Corrobora  lo  anterior,  entonces,  de un  lado,  que  la  viabilidad  de  la  circunstancia  no  está  supeditada  a  los  condicionamientos  previstos en las otras situaciones del parágrafo y, de otro,  que  basta  para  su  reconocimiento  con  la  demostración de la admisión del  acuerdo en los términos de la Ley 550 de 1999.   

Si  ello  es  así,  nada  impide, como lo  sugieren  el  demandante  y la Procuradora Delegada, la procedencia de la causal  de  improcedibilidad  de  la  acción  penal  prevista  en el segundo inciso del  parágrafo  del artículo 42 de la Ley 633 de 2000 que modificó, como atrás se  precisó,  el  artículo  402  de  la Ley 599 de 2000, la cual si bien no estaba  vigente  para  la  época  de  comisión  de  las  conductas  atribuidas,  es de  imperativa  aplicación  en este caso por comportar situación benéfica para el  enjuiciado MELQUISEDEC MARTÍNEZ HIGUERA a  riesgo  de  quebrantar  el  debido  proceso  y  el  principio de  favorabilidad de la ley penal.   

         

El cargo prospera, lo cual releva a la Sala  de ocuparse de los restantes reparos contenidos en el libelo.   

         Por  consiguiente,  se  casará el fallo en cuanto se concretó una  circunstancia  de improcedibilidad de la acción penal previamente a su emisión  y,  en  consecuencia,  se  dispondrá  la cesación de procedimiento en favor de  MARTÍNEZ  HIGUERA  por la  conducta  de  omisión  de  agente  retenedor  o  recaudador  atribuida  bajo la  modalidad de concurso homogéneo y sucesivo de conductas punibles.   

        Resta  señalar  que  es  del resorte del juez de primera instancia  proceder  a  la  cancelación  de los compromisos adquiridos por el procesado en  razón de este diligenciamiento.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.- CASAR el fallo  de  segundo  grado en el sentido de reconocer a favor del procesado MELQUISEDEC    MARTÍNEZ   HIGUERA   la  circunstancia  de  improcedibilidad  de  la acción penal derivada del delito de  omisión  de  agente o recaudador prevista en el inciso segundo del artículo 42  de  la  Ley  633  de 2000 que modificó el artículo 402 de la Ley 599 del mismo  año.    

2.-  ORDENAR, en  consecuencia,  la  cesación  del  procedimiento adelantado contra el mencionado  procesado  por  dicha  conducta,  atribuida  en  concurso homogéneo y sucesivo.   

         3.-                       PRECISAR    que  corresponde  al  juez  de  primera  instancia  proceder a la cancelación de los  compromisos    adquiridos    por    el    procesado    en    razón    de   este  diligenciamiento.   

Contra  esta decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese  y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO            MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                 JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANES              

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                        JULIO ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA       

Permiso                                                              Impedido   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

Nota    de    Secretaria:  En  la  discusión  y  aprobación  de  la  casación 24065, no  participa   el  doctor  JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA,  quien  manifiesta  su  impedimento  para conocer del asunto, por hallarse incurso en la causal prevista  en  el  articulo  99-6  de  la  Ley de 600 de 2000, del Código de Procedimiento  Penal.   

Si bien es cierto que  la providencia  aparece  firmada  por el doctor JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA, es claro que esto  no obedece más que a un error involuntario.   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria Sala Penal.    

1  Diario  Oficial  No.  46.344  de  29  de  julio  de  2006.   

2  Sentencia  de  fecha agosto 1° de 2007, rad. 25747.  En el  mismo  sentido,  se  puede  consultar  sentencia  del  5 de julio anterior, rad.  23405.     

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