28963(29-02-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28963   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

          Aprobado Acta N° 045.   

Bogotá  D.C.,  febrero veintinueve (29) de  dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

Decide la Sala en relación con la admisión  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  RAFAEL   HUMBERTO   CÁRDENAS   FLECHAS,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  de  fecha  julio  13  de 2007, mediante la cual  confirmó  la  dictada  por  el  Juzgado  Cuarto  Penal del Circuito de la misma  ciudad  el  27  de  marzo  anterior  que  lo  condenó  por  el delito de fraude  procesal.   

  HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los      señores      Néstor  Julio  Cárdenas Flechas, Luís Carlos Leaño y,   el   hermano  del  primero,  RAFAEL  HUMBERTO  CÁRDENAS  FLECHAS,  se  asociaron  con  el  objeto  de adquirir dos predios ubicados en la carrera 102 No. 27-32, 28-12 y en  la  carrera  100 No. 27-33, 27-45, 27-55 y 27-63 de la localidad de Fontibón de  esta  capital,  con  el  objeto  de  construir un centro comercial, para lo cual  suscribieron  un  documento  informal.  Sin embargo, el último en mención  no  aportó  la  cuota  correspondiente, motivo por el cual los socios restantes  debieron  cubrir su parte.  De esa manera, el 27 de julio de 1979 se elevó  escritura  pública  No.  2847  en  la  Notaría  14  de  esta ciudad, figurando  únicamente   como   propietarios   de   los  referidos  inmuebles  Néstor       Julio       Cárdenas       Flechas      y   Luís   Carlos   Leaño.   

No  obstante  lo  anterior,  RAFAEL       HUMBERTO       intentó  infructuosamente  múltiples  acciones  legales  ante  la jurisdicciones civil y  penal  para  obtener el reconocimiento de la supuesta parte que le correspondía  de  la  inversión,  luego  convertida  en  el  centro  comercial  GRANCO, donde  funcionan actualmente 31 locales.   

A  comienzos  del  año  2000, Maritza  Méndez  Cuestas,  cónyuge  de  RAFAEL,  promovió acción  en  su  contra  ante  el Juzgado Tercero de Familia de esta ciudad, tendiente al  pago   de  alimentos  en  favor  de  sus  hijos  menores  de  edad  Diana     Raquel     y    Diego    Felipe    Cárdenas   Méndez,  mediante   demanda,  admitida  por  el  referido despacho judicial el 12 de  mayo  de  esa  anualidad.  Luego,  durante  audiencia de conciliación celebrada  entre  los  cónyuges  el 11 de septiembre ulterior, se llegó al acuerdo de que  RAFAEL  HUMBERTO cedía los  cánones  de  arrendamiento -en los porcentajes correspondientes a su propiedad-  de  los  locales comerciales construidos en los predios, cuya cuantía ascendía  aproximadamente       a       cuatro       millones       de       pesos      ($  4.000.000).       

En  virtud  de  lo  anterior,  el  señor  Néstor   Julio   Cárdenas   Flechas   formuló        denuncia       penal       en       contra       de  su       consanguíneo RAFAEL  HUMBERTO,  al considerar una simulación este último  proceso,  orientado  a  inducir  en error al funcionario judicial y así obtener  réditos injustificados de bienes que no son de su propiedad.   

Sirvieron   de   fundamento   los  hechos  denunciados  para  que  un  Fiscal  Seccional  de  la  misma sede determinara la  apertura  formal  de  instrucción,  en  cuyo  marco  fue vinculado RAFAEL  HUMBERTO  CÁRDENAS  FLECHAS como  persona ausente.   

Clausurado   el   ciclo  instructivo,  se  calificó  el  mérito  del  sumario  el  15 de enero de 2004 con resolución de  acusación  en  su  contra  como  posible  autor  del delito de fraude procesal,  decisión  confirmada el 23 de mayo del año siguiente por la Fiscalía Delegada  ante el Tribunal de Bogotá.   

La   etapa   del   juicio   correspondió  adelantarla  al  Juzgado Cuarto Penal del Circuito de esta ciudad, despacho que,  una  vez  surtió el correspondiente rito legal, dictó sentencia el 27 de marzo  de  2007,  a  través  de  la  cual  condenó a RAFAEL  HUMBERTO  CÁRDENAS  FLECHAS  como  autor  penalmente  responsable  del mismo delito que sustentó la acusación a la pena principal de  veinte  (20)  meses  de  prisión  y  a  la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso de la pena  privativa  de  la libertad. Así mismo, lo exoneró del pago de perjuicios, a la  vez  que  le  concedió  el  beneficio  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena.   

Contra el anterior fallo, interpuso recurso  de  apelación  el  defensor  del  procesado,  sobre  el  cual  se pronunció el  Tribunal  Superior  de  la misma capital el 13 de julio siguiente confirmándolo  “en      todas     su     partes”.     

Inconforme con la sentencia del ad-quem, el defensor  del procesado  interpuso   recurso   extraordinario   de   casación,  mediante  demanda,  cuya  admisibilidad estudia la Sala.      

LA DEMANDA  

          Previo  a desarrollar el único reparo que formula contra el fallo,  el  libelista  presenta una introducción, a través de la cual exalta los fines  constitucionales  perseguidos por el Derecho Penal, tales como la limitación al  ius puniendi y el amparo de  bienes  jurídicos fundamentales, como la eficaz Administración de Justicia, el  debido    proceso    y    la    libertad,    sobre    cuyos   alcances   diserta  brevemente.   

En el mismo acápite, aduce que su defendido  quedó  en real estado de indefensión “por la forma  en  que  ha sido enjuiciado y sentenciado desde la misma actuación judicial con  ‘derroche’  de  errores  en  su  perjuicio  no  solamente  al  valorar cada elemento de convicción sino al hacerlo en conjunto,  haciéndole   decir   a  aquellos  algo  diferente  a  lo  que     realmente  contienen,  incurriendo  así  en  errores  de  hecho  y  de  derecho  ostensibles,  evidentes,  por  lo  cual  se  violó  en  forma  indirecta la ley  aplicando  una  norma  como  lo es la que describe la conducta típica que nunca  debió    aplicarse”.   

Luego   de   discernir  en  punto  de  la  valoración   de   las  pruebas  sobre  las  cuales  se  edificó  el  fallo  de  responsabilidad  en  contra  de  su prohijado, en capítulo posterior formula un  único  cargo  contra  el  fallo  impugnado  por  la  vía  de la causal primera  prevista  en  el  numeral 1° de la Ley 600 de 2000, tras considerar que incurre  en  violación  indirecta  de una norma de derecho sustancial, como consecuencia  de errores en la apreciación probatoria.   

En primer lugar, refiere a errores de hecho  en   los   que  se  habría  incurrido  al  valorar  la  solicitud  elevada  por  Maritza  Méndez  ante  el  Juez  de Familia para adelantar diligencia extraprocesal de conciliación con su  cónyuge      RAFAEL      HUMBERTO      CÁRDENAS  FLECHAS,  sin  tener  en  cuenta  hechos  indicadores  probados  dentro del proceso, a través de los cuales se corrobora que ello tuvo  como origen la urgencia del demandado por salir del país.   

Además, prosigue, porque el Tribunal no le  otorgó  valor  probatorio a los documentos que obran en el cuaderno original 2,  los   cuales   discrimina   in   extenso,  de  cuyo  contenido  se  extrae  “la  construcción  de  mejoras  y  concepto  de explotación, entre otros de la zona  aquí  en  conflicto”,  demostrativos  de  que  los  locales  “se  hallaban  por  cuenta de  RAFAEL  HUMBERTO   CÁRDENAS”.   Tampoco  valoró  los  testimonios  de  María Teresa Rodríguez de Barbosa,  María   Paula   Cadena   de  Muñoz  y  Luís  Daniel  Beltrán Martínez, de los  cuales  se  infiere  que  su  defendido era conocido como propietario del centro  comercial  durante  más  de  25  años,  quedando así establecido que ejercía  actos posesorios materiales de señor y dueño.   

Así   mismo,  porque  le  negó  mérito  probatorio  a  algunas  decisiones  adoptadas  por la jurisdicción civil con el  pretexto  de  que  no  correspondían  al  ámbito de su competencia, a pesar de  demostrar     que    RAFAEL    HUMBERTO  no alegó la propiedad de los inmuebles. De la misma forma, al no  conceder  valor  probatorio  a  algunos documentos de cuyo contenido también se  evidencian  actos  de  dominio  ejercidos  por su defendido sobre los inmuebles,  “siendo  de  destacar  los nombres de Luís Eduardo  Ramírez  Forero,  Soledad  Prieto  de  Rodríguez,  Martha  Isabel Pardo, Nelly  Castellanos,  Graciela  Cardozo,  María  del  Carmen  Dussan Carranza y Maritza  Méndez   como   personas   dependientes   de   RAFAEL   HUMBERTO”.   

Finalmente, aduce, no se tuvo en cuenta que  Néstor  Julio,  habiendo sido citado para la audiencia  pública,  no  compareció,  renuencia  que,  de  acuerdo  con  las  reglas  del  procedimiento civil, desvirtúa sus afirmaciones.   

En segundo orden, sostiene, el sentenciador  también  incurrió  en  errores  de  derecho  por  no conceder importancia a la  providencia  obrante  a folios 36 a 46 del cuaderno original No. 2, por medio de  la  cual se admitió la oposición propuesta por su representado ante el Juzgado  33  Civil  Municipal  de  Bogotá y, por tanto, acredita el reconocimiento de su  derecho  por  la  Administración de Justicia, todo ello merced a una acción de  tutela que instauró.   

De  igual modo, porque no tuvo en cuenta el  contenido  del  contrato  de  transacción de fecha 24 de julio de 2006 otorgado  ante  el  Notario  28  de  la  misma  ciudad,  a  través  del cual Néstor  Julio Cárdenas Flechas confiesa  haber  entregado  los  inmuebles  en  cuestión  como  patrimonio autónomo a la  Fiduciaria  FIDUBANCOOP  en  liquidación.  De  dicha  confesión, continúa, se  extrae  que  RAFAEL HUMBERTO  tenía  un  derecho económico sobre ellos y, por ello mismo, que la denuncia no  expresa  hechos veraces, “por tanto violó los arts.  35,  38  y  42 del C.P.P. y 182 del C.P., por indebida aplicación y el párrafo  final   del   art.  39  del  C.P.P.,  por  falta  de  aplicación”   

Igual carácter de confesión, agrega, emana  del    documento    “carta-convenio”  suscrito  entre Néstor Julio Cárdenas  Flechas,   Luís   Carlos   Leaño   y  RAFAEL  HUMBERTO CÁRDENAS FLECHAS,   en  cuanto  a las circunstancias allí pactadas y la intención plasmada por los  mencionados,  máxime  cuando  el escrito no ha sido tachado de falso, en virtud  de  lo  previsto  en  las normas civiles sobre la materia y los artículos 238 y  187 del estatuto procesal penal.   

El  yerro  también  se  concreta porque el  Tribunal   avala  la  postura  del  a-quo   en  orden  a  considerar  como  indicio  de  responsabilidad  la  renuencia  a  comparecer  de su prohijado y no atender las razones que expuso en  cuanto  a  que  debió  abandonar  el país desde mucho antes del inicio de este  proceso  a  raíz  de  problemas  económicos  y por amenazas recibidas para ese  entonces;  además de que esa actitud, en todo caso, se justifica por el derecho  que le asiste a callar.   

Lo expuesto en precedencia le lleva colegir  que  “como consecuencia de los anteriores errores de  hecho  y  de  derecho  del  Tribunal,  este  dio por probado el delito de fraude  procesal  cuando  la realidad probatoria es exactamente la contraria.  Esos  errores  en  la  prueba condujeron al Tribunal a violar por falta de aplicación  los  artículos  29 y 228 de la Constitución Política, que garantiza el debido  proceso  y  la  prelación  del derecho sustancial, como derechos fundamentales,  por  falta  de  aplicación;   art.  14  de  la  Ley  74  de  1968, o Pacto  Internacional  de Derechos Civiles y Políticos, que garantizan interrogar a los  testigos  de  cargo, por falta de aplicación;  art. 54, 55, 58, 59, 60, 61  y  182  de  la  ley 100 de 1980 por aplicación indebida;  art. 1 de la Ley  270  o  estatutaria  de la administración de justicia por falta de aplicación;  782  del  C.  Civil  por falta de aplicación; 23 y 238 del C.P.P., por falta de  aplicación;  35, 38 y 42 del C.P.P., por aplicación indebida; 39 del C.P.P por  falta  de aplicación; 187 del C.P.C., por falta de aplicación; en efecto de no  haber  aplicado el tribunal los textos sustanciales así señalados y de haberse  en  cambio  aplicado  los  que  se señalaron en su lugar, hubiera absuelto a mi  defendido.   Por  lo  tanto,  solicito  a  la  H.  Corte, case la sentencia  recurrida,  revoque  la  del  juez  a-quo  y  en  su  lugar  absuélvalo  de  la  pretensión punitiva de la fiscalía”.   CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         El  asunto  que  ocupa  la  atención  de  la Sala sólo permite el  acceso  al  medio extraordinario de casación por la denominada vía excepcional  o  discrecional,  dado  que  analizadas las diferentes normatividades procesales  que  han  regulado  el  recurso  a  partir de la fecha en que tuvo ocurrencia la  conducta  por  la que se procede, no es viable acudir a éste por la alternativa  normal o tradicional.   

         Sobre  ese particular, se tiene que la conducta delictiva de fraude  procesal  que se atribuye al RAFAEL HUMBERTO CÁRDENAS  FLECHAS  se  suscitó  desde  el  12 de mayo de 2000,  fecha  en  la  cual  el  Juzgado  Tercero  de Familia de esta ciudad admitió la  demanda  de  alimentos  presentada por Maritza Méndez  Cuestas,  cónyuge  del  procesado,  en  favor de sus  hijos  menores  de  edad  Diana  Raquel  y      Diego     Felipe     Cárdenas  Méndez.   

         Para   esa   época   se   encontraba   vigente   la   Ley  553  de  20001,  cuyo  artículo  1º  estableció  que  la casación ordinaria o  común  procedía respecto de sentencias proferidas en segunda instancia por los  Tribunales,  en procesos seguidos por delitos cuya pena máxima fuese superior a  ocho (8) años.   

         Valga  precisar  que  el  artículo  205  de  la  Ley  600  de 2000  prácticamente  reprodujo  la  preceptiva  procesal  anterior, de manera que, en  este   momento,  la  casación  ordinaria  o  común  procede  bajo  las  mismas  condiciones previstas en la Ley 553 de 2000.   

         

         Por  razón de los anteriores presupuestos procesales, es claro que  no  se  cumplía  el  requisito punitivo para acceder al medio extraordinario de  impugnación  en  tratándose  del delito de fraude procesal, cuya pena máxima,  de  acuerdo  con  el artículo 182 del Decreto Ley 100 de 1980, era de cinco (5)  años  de  prisión, pero tampoco se satisface con la legislación vigente, dado  que  la misma conducta, sancionada actualmente en el artículo 453 de la Ley 599  de  2000,  tiene  un  máximo de ocho (8) años de prisión, esto es, en los dos  casos  inferior  al  término establecido en los artículos 1º de la Ley 553 de  2000 y 205 de la Ley 600 de 2000.   

Se  sigue de lo expuesto en precedencia que  como  en  el  asunto  objeto de estudio no se cumplía con los presupuestos para  acceder  a  la  impugnación  extraordinaria  mediante  la vía común, sólo se  contaba  para  ello  con  la  posibilidad  dispuesta por la denominada casación  discrecional  o  excepcional,  la  cual  de acuerdo con todas las normas que han  regido  desde  el  momento  de  comisión  de la conducta imputada a     RAFAEL     HUMBERTO     CÁRDENAS     FLECHAS     (inciso  tercero  de  los  artículos  218  del  Dto. 2700 de 1991,  modificado  por  el  art.  1°  de  la  Ley  553  de 2000, e inciso ibídem  del artículo 205 de la Ley 600  de  2000) resulta viable a condición de que la Sala lo considere necesario para  el   desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de  los  derechos    fundamentales,    argumentación    que    necesariamente debe surgir de la demanda.   

         No  obstante lo anterior, el actor, sustrayéndose totalmente a las  exigencias  anteriores,  optó  por  la  vía común para demandar en casación,  cuando  sólo  contaba  con la alternativa discrecional o excepcional asumiendo,  desde  luego,  las  obligaciones  aludidas  dispuestas por el legislador en esta  materia,  labor que no realizó, pues se abstuvo de plantear las razones por las  cuales  debía  intervenir  la  Corte,  como  ya  se  reseñó,  para proveer un  pronunciamiento  respecto de una determinada temática con el fin de desarrollar  la    jurisprudencia    o    para    procurar    la    garantía   de   derechos  fundamentales.   

Al  respecto,  importa señalar que ni en la  introducción  al  único  cargo  formulado,  ni  en éste propiamente dicho, el  casacionista  siquiera  tangencialmente  aborda  uno  cualquiera  de los motivos  aludidos    que    permitan    franquear    el    acceso    a    la    casación  discrecional.   

Así,  en  la  referida introducción, cuyos  planteamientos  principales  fueron  sintetizados  en  el acápite precedente de  esta  providencia, el actor elabora una disertación general en punto de algunas  garantías  y  fines  del  Derecho  Penal,  luego  de  lo  cual se trenza en una  discusión  acerca del mérito que, desde su punto de vista, ha debido otorgarse  a  algunos medios de prueba.  Tanto es así que expresamente en este aparte  afirma  que  el  desconocimiento de las garantías, in  genere  abordados, proviene de errores de apreciación  probatoria del sentenciador.   

La  situación  no  mejora con el desarrollo  ulterior  del  único  cargo  que  formula,  en  donde con sustento en la causal  primera  prevista  en  el  artículo  207  de la Ley 600 de 2000, señala que la  sentencia  impugnada incurre en violación indirecta de la ley sustancial debido  a  yerros  en  la valoración probatoria a consecuencia de errores de hecho y de  derecho,  los  cuales  plantea  in extenso   pero,   aun   cuando   alude  al  desconocimiento  de  normativas  constitucionales  como  los  artículos  29  y  228,  no determinan una eventual  vulneración  de  garantías  fundamentales  y,  menos  aún,  que sea necesario  ahondar  al respecto en beneficio del desarrollo jurisprudencial, de acuerdo con  lo visto.   

          En  punto  de  la apreciación probatoria, tiene sentado la Sala que  por  versar sobre vicios in  iudicando o errores de juicio no guarda relación con  la  protección  de  garantías  fundamentales, salvo que se refieran a defectos  graves            de           motivación2,   circunstancia   que   por  ninguna parte desarrolla el demandante.   

Así  las  cosas, la actitud asumida por el  actor  deviene  inane  frente  a  los propósitos de la casación excepcional al  desentenderse  por  completo  de  los  motivos  que  justifican  la necesidad de  ejercer  la  facultad  discrecional para posibilitar el acceso a la impugnación  extraordinaria,  lo  cual se traduce en la ineptitud de la demanda presentada y,  por  consiguiente,  torna  inviable el recurso extraordinario; circunstancia que  impide  que  la Sala entre siquiera a revisar si los cargos formulados contra el  fallo  de  segundo  grado  atacado  se  ajustan  a los presupuestos de lógica y  adecuada argumentación exigidos para su admisión.   

         

         En  consecuencia,  la  Sala  procederá  a  la  inadmisión  de  la  demanda,  de  acuerdo  con  la  consecuencia procesal señalada por la ley en el  artículo  213  de  la Ley 600 de 2000.  Además, porque no se advierte que  dentro  del  presente  trámite  o  en  la  sentencia  se  hubiera  incurrido en  violación  de garantías fundamentales que reclame su intervención oficiosa en  los     términos     previstos     en    el    artículo    216    ibídem.      

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor del procesado  RAFAEL  HUMBERTO CÁRDENAS FLECHAS, por  las razones expuestas en la anterior motivación.   

         

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  de  la Ley 600 de 2000, contra este proveído no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO            MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS   

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                 JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANES              

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                         JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA       

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Su  vigencia operó a partir del 13 de enero de 2000.   

2 Cfr.  Sentencia del  9 de febrero de 2006, radicación 26493.     

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