28964(31-03-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28964  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado   acta   N°   070   

Bogotá,         D.        C.,            treinta y uno (31) de marzo de dos mil ocho (2008).   

V I S T O S  

La Corte decide respecto del cumplimiento de  las  exigencias  de  procedibilidad,  logicidad  y  debida argumentación de las  demandas   de   casación   presentadas   por   el   defensor   de  MARÍA     DEL     CARMEN    YOPASÁ    BULLA     y    MAURICIO  YOPASÁ.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el juzgador de primer grado de la siguiente manera:   

“La  señora  Martha  Lucía  Reyes Piracun informó a la justicia que contrajo matrimonio con  MAURICIO  YOPASÁ el 15 de  diciembre  de  1990, de cuya unión nacieron dos hijos, así mismo se adquirió,  entre  otras cosas, un inmueble ubicado en la carrera 93A N° 128-17 de Bogotá,  radicado   bajo   la   matrícula   inmobiliaria   N°  050N-0403381.   

“Indicó que su  denunciado  dio  lugar  al  divorcio  presentando  el 12 de diciembre de 2000 la  correspondiente  demanda,  correspondiendo  el  conocimiento  al  Juzgado 2° de  Familia  de  esta  ciudad, solicitando dentro de la demanda como medida cautelar  el  embargo  y  secuestro  de  la citada casa, de igual manera el embargo de las  cesantías.   

“Su apoderado en  diligencia  de  inventario  y  avalúos  presentó bienes objeto de gananciales,  pero  fue  mayor  su  sorpresa cuando su ex esposo, por intermedio de apoderado,  presentó  incidente objetando los inventarios, bajo el argumento que la casa no  pertenecía  a la sociedad conyugal, lo cual es falso, habida consideración que  el   inmueble   se   adquirió   en   1995   a   su   ex   suegra   MARÍA       DEL       CARMEN       YOPASÁ       BULLA.   

“Su apoderado le  informó  posteriormente  que  ante  el  Juzgado  28  Civil  Municipal  de  esta  localidad,  se  tramitó  un  proceso  ordinario  de simulación de MARÍA   DEL  CARMEN  YOPASÁ  BULLA  en  contra   de   su  hijo  MAURICIO  YOPASÁ,  donde en diligencia de conciliación realizada el 12 de julio de  2001  el  último  de  los  mencionados  devolvió el derecho de propiedad de su  progenitora  de  la  casa;  sin  que  a  ella  la  notificaran de la demanda, ni  informaron  al  juez de la existencia del proceso de divorcio, ni el embargo que  sobre  dicho  inmueble  pesaba, conducta que cometieron sus denunciados (madre e  hijo)  engañando  al  Juez  28  Civil Municipal y al 2° de Familia.   

“Se  enteró  además  que  por  esos mismos días MARÍA DEL CARMEN  YOPASÁ    demandó    a   su   hijo   MAURICIO  ante  el Juzgado 18 de Familia  en  proceso  de  alimentos,  demanda  presentada como el proceso de simulación,  posterior  a  su  divorcio  y  con  el  ánimo  de  evitar  incrementar la cuota  alimentaria   ante   el   Juzgado   2°   de   Familia  dentro  del  proceso  de  divorcio”.1   

2.   El  Juzgado  Noveno  Penal  del  Circuito  de  Descongestión  de  Bogotá,  mediante  sentencia fechada el 17 de  agosto  de 2006,2  condenó  a  María del Carmen Yopasá  Bulla  y a Mauricio Yopasá  a  la  pena  principal  de 18 meses de prisión, a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo lapso de la pena privativa de la libertad y al pago de  los  perjuicios,  como  coautores del delito de fraude  procesal, en concurso homogéneo, según el artículo  182  del  Decreto 100 de 1980, vigente para la época de los hechos, imputado en  la  resolución  de  acusación,  la  cual  cobró  ejecutoria  el  11   de   febrero  de  2004.3   

3.  Apelado el fallo por el defensor de  los  procesados,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá, el 30 de mayo de 2007, lo  confirmó               integralmente.4   

4.   Contra  esta  determinación  el  citado      profesional      del     derecho     interpuso     “RECURSO     DE  CASACIÓN”.5  Concedida  la  impugnación  y  presentadas  las correspondientes  demandas, el proceso fue remitido a esta Corporación.   

LAS     DEMANDAS     DE   CASACIÓN   

1.   Demanda  de  casación presentada a nombre de María del Carmen Yopasá Bulla.   

El  defensor  de  la procesada Yopasá  Bulla,  luego  de identificar a  los  sujetos  procesales, de sintetizar los hechos y la actuación procesal y de  relacionar  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancia, al amparo de la  causal   primera   de   casación,   en   un   único  cargo,  acusa  al  Tribunal  de  haber  incurrido  en  violación  directa  de la ley sustancial, por aplicación indebida del art. 182  del  Decreto  100  de 1980, toda vez que “los hechos  declarados  y  valorados  por  el  sentenciador fueron indebidamente aplicados a  este tipo penal”.    

Después  de  indicar  cómo sucedieron los  hechos  y  de  citar  doctrina  y jurisprudencia relativa a la tipificación del  delito  de  fraude  procesal,  reitera  que  el acontecer fáctico no se subsume  “plenamente”  en  el  citado tipo penal.   

Afirma    que    los    “aspectos      integrantes     del     tipo     objetivo”    de   dicha   conducta   punible   son   el   “medio  fraudulento”, la “inducción    en    error”    y   la  “sentencia,   resolución  o  acto  administrativo  contrario    a   la   ley”,   siendo   claro   que  “la  norma  no corresponde al hecho probado, no hay  correspondencia  entre  el  hecho  probado  y  el  tipo escogido porque falta el  ‘medio  fraudulento’,  ya que la  acción  destinada  a  que  el  juez civil declarara la simulación la prevé el  Código  Civil  en  lo  artículos  1766  y  2491  y  por su parte el Código de  Procedimiento  la  prevé  expresamente  como  excepción  en  el artículo 306,  además  de  que  se puede alegar como acción pauliana y como rescisión por la  vía   ordinaria,  por  lo  mismo  es  necesario  declarar  que  la  acción  de  simulación  adelantada  por  mi  defendida  María  del  Carmen  Yopasá  Bulla  constituye    el    ejercicio    de   un   derecho   legal   y   no   un   medio  fraudulento”.   

Refiere que la condena por un hecho atípico  vulnera  la  legalidad  prevista  en  los  artículos  29  de  la  Constitución  Política  y  1°  del  Decreto  100 de 1980, además de que, en su criterio, la  ausencia  del  medio  fraudulento  es  aceptado expresamente en la sentencia del  Tribunal.    

Añade      que     “independientemente  de  todas  las consideraciones que se le puedan  oponer  para enervar las consideraciones del camino idóneo para engañar, de la  concertación,  de  la  ocultación  de  sociedad  conyugal, lo que configura la  causal  de  casación  es  la  aplicación del tipo penal de fraude procesal con  ausencia   admitida,   reconocida,   expresada   de   la   ausencia   del  medio  fraudulento”.   

Por  lo expuesto, solicita a la Corte casar  la  sentencia  impugnada  con  el  fin de lograr “el  quebrantamiento         total        del        fallo        acusado”.   

2.   Demanda  presentada a nombre de Mauricio Yopasá.   

El   defensor  del  procesado,  luego  de  identificar  a  los sujetos procesales, de sintetizar los hechos y la actuación  procesal  y  de  relacionar las sentencias de primera y segunda instancia, en un  único  cargo,  acusa  al  Tribunal  de  haber incurrido en ostensible error de hecho en la apreciación de  la  prueba sobre la cual se basó la condena en contra de su procurado, toda vez  que  no tuvo en cuenta los medios de convicción que, a petición de la defensa,  fueron   legalmente   aducidos  al  proceso  y  con  los  cuales  se  demostraba  “la  existencia de la simulación en el contrato de  compraventa   sobre   el   inmueble  de  la  carrera  93A   N°  128-17  de  Bogotá”.   

Dice  que  el Tribunal, al haber omitido la  presencia   de  la  prueba  “mencionada”,  concluyó  erradamente  que  “es  evidente    que    nunca    existió    la    aludida    simulación    de    la  compraventa”,   concediéndole   valor  probatorio  exclusivamente  a  la  Escritura  Pública  mediante  la cual se protocolizó la  compraventa  del  inmueble,  yerro que, en su opinión, condujo a que el ad quem  desconociera  que  la  “acción  de  simulación no  tiene  otro  fin  que  borrar  en cuanto fuere pertinente la falsa imagen que la  apariencia  infunde,  para  poner  al  descubierto  la  auténtica  realidad del  vínculo   jurídico   que   une   a  las  partes”,  omitiéndose  así  “establecer el verdadero alcance  de   la   voluntad   de   las   partes   al   firmar   la  escritura”.   

Afirma que la omisión de apreciación de la  prueba  de  la  defensa  para  demostrar  la  existencia  de la simulación y la  legalidad  del  proceso  civil  destinado  a  su  declaración,  “viola  el  criterio de valoración previsto en el artículo 380 del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  vulnera  el  derecho fundamental al debido  proceso  consagrado en el artículo 29 de la Constitución Política”.    

Asevera  que  el  fallo de segundo grado no  tuvo  en  cuenta  que por medio de las pruebas decretadas y allegadas al proceso  se  demuestra  que  los  hechos  que fundamentaron la demanda de simulación son  ciertos  y,  por  lo mismo, que no se dijeron mentiras, ni se indujo en error al  funcionario  judicial,  situación  que  descarta  la resolución contraria a la  ley.   

Refiere  que el contrato de compraventa del  mencionado  inmueble tuvo como único fin, como así lo indicó la sentencia del  Juzgado  Civil,  “poder  recibir  el  subsidio para  adquirir  vivienda  y  acceder  al  crédito para el mismo efecto de parte de la  Caja  Promotora  de Vivienda Militar”, hecho que, en  su  criterio se demuestra con el relato de la denunciante; con las explicaciones  rendidas  por  los procesados en sus indagatorias, quienes afirmaron que no hubo  ningún  pago por la venta simulada ni entrega del inmueble; con los testimonios  de  Álvaro  William  Cuida,  Eduardo  López Suárez, Carlos Alfonso Guerrero y  Carlos  Torres,  quienes  confirman  las  versiones  de  los  acusados;  con los  folletos  de  Subsidio  de  Vivienda de la Caja Promotora de Vivienda Militar, y  con  las  constancias  de  pagos  efectuados “por la  Caja  Promotora  de  Vivienda  Militar  a  mi  defendido  en  los  años  1996 y  1997”,  medios  de convicción que omitió apreciar  el Tribunal.   

Indica que María  del  Carmen  Yopasá  Bulla,  a  pesar de la simulada  escritura  de  compraventa,  siguió  ostentando  la  posesión del inmueble, al  punto  que  actualmente vive en él, sin que nadie dispute su calidad de señora  y dueña.   

Añade que si el juzgador hubiese apreciado  la  prueba de simulación, necesariamente hubiera concluido que la acción civil  tendiente  a  la declaración de su existencia fue producto del ejercicio de una  acción  prevista  en  la  ley y, en consecuencia, no se configuraría el fraude  procesal,   razón   por   la   cual   solicita   a  la  Corte  casar  el  fallo  impugnado.     

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

1.  Se hace necesario recordar que los  procesados   María   del   Carmen   Yopasá   Bulla  y       Mauricio  Yopasá  fueron condenados por la conducta punible de  fraude   procesal   que  describía  abstractamente  el  artículo  182  del Decreto 100 de 1980, vigente  para  la época de los hechos, tipo penal que estatuía una pena privativa de la  libertad de uno (1) a cinco (5) años.   

Cabe agregar que el artículo 453 del actual  Código  Penal  (Ley  599  de  2000) prevé para el mismo delito pena que oscila  entre  cuatro (4) a ocho (8) años de prisión, razón por la cual se aplicó en  este asunto la antigua preceptiva.   

Ahora bien, el artículo 205 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000), normatividad sobre la cual se rigió  esta  actuación,  contempla  que el recurso extraordinario de casación procede  contra   sentencias   de  segunda  instancia  dictadas,  entre  otros,  por  los  Tribunales   Superiores  de  Distrito  Judicial  por  delitos  que  tengan  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo exceda de 8  años.   

En esas condiciones, en el evento que ocupa  la  atención  de  la  Sala,  resulta   evidente concluir que el recurso de  casación   común   no  procedía,  toda  vez  que  la conducta punible por la que fueron condenados los  procesados   María   del   Carmen   Yopasá   Bulla  y       Mauricio  Yopasá,  el máximo de pena privativa de la libertad  no     superaba     los     8    años.    

Tampoco   era  procedente  dicho  recurso  extraordinario  común  bajo  los  requisitos  de procedibilidad que imponía el  artículo  218  del  entonces  Código  de  Procedimiento Penal (Decreto 2700 de  1991),  norma procedimental que alcanzó a regir para la época de ocurrencia de  los  hechos,  toda vez que contemplaba para efecto de acceder a la casación los  delitos  que tuvieran pena privativa de la libertad cuyo máximo “sea  o  exceda  de  seis años”, evento  que como se vio  aquí no se cumple.   

Así mismo, se advierte que el libelista no  interpuso  el  recurso de casación excepcional, pues revisado el escrito en que  manifestó  la  inconformidad  contra la sentencia de segundo grado y examinadas  las  demandas, se avizora que no hizo mención expresa a este discrecional medio  de  impugnación,  motivo  por  el  cual  la  Sala,  en  virtud del principio de  limitación,  no  puede  entrar a reemplazar al censor en estos aspectos, razón  suficiente    para    concluir    en    la    inadmisión    de   las   demandas  presentadas.   

2.   No obstante, si se entendiese que  el  defensor  de  los  procesados  acudió  de  manera implícita a la casación  discrecional  en  aras de la garantía de los derechos fundamentales, situación  que  se  deduce cuando afirmó que “la condena de un  hecho  atípico vulnera la legalidad”, principio que  el  artículo  29  de  la  Constitución Política consagra como “derecho   fundamental”  (aseveración  hecha  en  la demanda que presentó a nombre de María  del   Carmen   Yopasá   Bulla),    y   que  la  “omisión  de  apreciación de la prueba vulnera el  derecho  fundamental  al debido proceso” (acotación  hecha    en    la    demanda    que   presentó   a   nombre   de   Mauricio  Yopasá),  de  todos modos los  cargos  formulados  en  dichos libelos carecen de la claridad y precisión   que la ley exige para su admisibilidad.   

2.1.   En  efecto,  en  cuanto  a  la  demanda    presentada   a   nombre   de    María    del    Carmen    Yopasá  Bulla,  si  bien  es  cierto  que  el  actor,  en  el  único  cargo  formulado,  acudió   a   los   senderos   de   la   violación   directa  de  la  ley   sustancial,   reprochando  la  aplicación  indebida  del artículo 182 del  Decreto   100  de  1980,  también  lo  es  que  no  precisó  las  razones  jurídicas por las cuales, en su  criterio,  el  Tribunal  incurrió  en  la  trasgresión  de  tal  precepto,  ni  demostró   sus   consecuencias   frente   a  la  parte  conclusiva  del  fallo,  limitándose  simplemente  a informar que en el acontecer fáctico investigado y  juzgado      no      existió      el     “medio  fraudulento”  que  como  elemento objetivo exige el  tipo penal de fraude procesal.   

En  otros  términos,  el  actor  no  hizo  pronunciamiento   alguno   entorno   a   los   motivos   que   en   estricto  derecho  lo llevaron a afirmar  que  el  Tribunal  incurrió  en  la  aplicación  indebida  de  la citada norma  sustancial  y,  mucho  menos,  concatenó,  dentro  de parámetros propios de la  lógica  jurídica,  esa  anunciada violación directa con la alegada atipicidad  de la conducta.   

De  otra parte, la alegación del libelista  frente   al   problema   planteado   no   resulta   fidedigna   con  las  claras  consideraciones  del  sentenciador  de  segunda  instancia, pues no es cierta su  afirmación,  según  la  cual,  el  Tribunal  concluyó  que el “medio  fraudulento”  constitutivo  del  fraude  procesal  fue  el  adelantamiento  de  la  acción civil de simulación.   

A esa conclusión no llegó el Tribunal. Por  el  contrario,  el  ad  quem  consideró  que  el medio fraudulento no  fue  en  sí el adelantamiento de la  mencionada  acción  civil  de  simulación,  figura  jurídica  aceptada por la  legislación  civil,   sino que en el trámite del dicho proceso adelantado  ante  el  Juez  Veintiocho Civil Municipal de Bogotá se ocultó que el inmueble  respecto  del  cual  se  demandó  la  simulación  de  la venta, no pertenecía  solamente     a     Mauricio    Yopasá,  sino  que  además  hacía  parte  de  una  comunidad  de bienes  existente entre éste y su ex esposa, aquí denunciante.   

Al  respecto  se hace necesario acudir a lo  que textualmente el sentenciador de segundo grado consideró:   

“Adviértase que  aunque  el  medio  que  fue  utilizado,  esto  es, proceso de simulación, está  contemplado  en  la ley civil, esa sola circunstancia no basta para decir que no  fue  el  camino idóneo que se utilizó para engañar al juez 28 Civil Municipal  y  posteriormente  al  Juez  2°  de  Familia de Bogotá, D.C., ya que lo que se  avizora  ilícito no es el medio en si mismo, que puede ser legal, sino el hecho  cierto  e  indiscutible  de  que  las  partes  que entablaron el litigio, había  acordado      previamente      su     forma     de     proceder     –colusión–,  para  de esta manera lograr apenas  con  un  acuerdo conciliatorio, que se finiquitara la actuación y se vulneraran  posteriormente   los   intereses   económicos   de   la   señora  MARTHA  LUCÍA  REEYES, quien no podría  reclamar   gananciales   al   momento   de   la   liquidación  de  la  sociedad  conyugal.   

“Es  por  esta  razón  que aunque el medio utilizado no sea ilícito, sí es reprochable que se  hubiera  ocultado  al  Juez Civil Municipal que conocía del asunto, que el bien  respecto  del  cual  se  demandó  la  simulación  de  la venta, no pertenecía  solamente     a     MAURICIO    YOPASÁ,  sino  que  además éste hacía parte de una comunidad de bienes  existente  entre  éste  y  su  ex  cónyuge,  sobre  el  cual además se había  solicitado  medida  cautelar, aspectos a los cuales se aúna que desde diciembre  de  2000  se  conocía  de  la  demanda  de  divorcio, de donde se desprende que  efectivamente  lo  que  se  pretendía  era que el inmueble no hiciera parte del  inventario  a  liquidar  en  el  proceso adelantado ante el juez 2° de familia,  funcionario  éste  último  quien  también resultó engañado con este injusto  proceder,  al  excluir el aludido bien a través de incidente procesal promovido  por  el  aquí acusado”.6   

Como  bien  se  puede  apreciar,  no fue en  estricto  sentido  el  proceso  civil  de  simulación  el medio fraudulento que  tipificó  el delito de fraude procesal, sino, entre otros, el haber ocultado en  su  adelantamiento  que  el multicitado inmueble también hacía parte del haber  patrimonial de la sociedad conyugal a liquidar.   

Al ser ello así y teniendo en cuenta que el  libelista  no  respetó  la  verdad  fáctica  demostrada  y  declarada  por  el  juzgador,  resulta  obvio, entonces, que en el planteamiento de su inconformidad  no  acató  el  lineamiento  que  la ley ha previsto para la presentación de la  violación  directa  de  la  ley  sustancial, según el cual, cuando se trata de  esta  hipótesis  casacional,  el  actor  está en la obligación de respetar la  declaración  de  los  hechos  consignada  en el fallo impugnado, situación que  lleva ineludiblemente a la inadmisión del libelo.     

2.2.  A su vez, en cuanto se refiere a  la  demanda  presentada a nombre de Mauricio Yopasá,  a  través del cual acusa un presunto falso juicio de  existencia,      toda      vez      que      el     juzgador     “omitió”  valorar  el  relato  de  la  denunciante;  las explicaciones rendidas por los procesados en sus indagatorias,  quienes  afirmaron que no hubo ningún pago por la venta simulada ni entrega del  inmueble;  los  testimonios  de  Álvaro  William Cuida, Eduardo López Suárez,  Carlos  Alfonso Guerrero y Carlos Torres, quienes confirman las versiones de los  acusados;  los folletos de Subsidio de Vivienda de la Caja Promotora de Vivienda  Militar,   y   las   constancias   de   los   pagos  efectuados  “por  la  Caja  Promotora  de Vivienda Militar a mi defendido en los  años   1996  y  1997”,  observa  la  Sala  que  su  formulación  quedó imprecisa e incompleta, pues si bien es cierto que el actor  señala  cuáles  medios  de  convicción  fueron,  en  su  opinión, dejados de  valorar,  también  lo  es  que  no  dedicó  argumentación  alguna tendiente a  concretar   la   demostración   y  trascendencia  de  tales  presuntos  yerros.   

En  efecto, ha señalado insistentemente la  jurisprudencia  de  la  Corte que la postulación del falso juicio de existencia  por  omisión  en  el  recurso  extraordinario  debe iniciar con “la  constatación  objetiva  de que la prueba existe jurídicamente  en  el  expediente  y  que,  pese  a  ello, su contenido material  no   fue     sopesado     por     el    fallador.    A   continuación   se  precisa indicar  la  trascendencia   del    error,    de    modo   que   sin   su   influjo   el  fallo hubiera sido diferente; y todo ha de enlazarse con  la  violación  de  determinada  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  o  aplicación  indebida,  en  procura  de  verificar  que  el  fallo  impugnado es  manifiestamente contrario a derecho.   

“La  estructuración  de  la  censura en punto de la trascendencia del error de hecho  por  falso  juicio  de existencia por omisión no se cumple, como suele creerse,  con  la  sola  manifestación  que  al respecto haga el libelista, como si de su  opinión  personal  de trata; pues, de bastar aquél tipo de crítica el recurso  extraordinario no distaría en mucho de un alegato de instancia.   

“La  demostración  de  la  trascendencia  del yerro atribuido al ad quem comporta la  obligación  de  enseñar  a  la  Corte  que  si  tal  falencia  no  se  hubiese  presentado,  entonces  el  sentido  del  fallo  sería  distinto, y para ello es  preciso demostrar que si la  prueba   omitida   se   hubiese   apreciado   en  forma  correcta,  las     restantes     pruebas    sopesadas    por    el    Tribunal  perderían  la  entidad  necesaria  y suficiente para  mover    hacia    la    convicción    declarada    en    el   fallo”.7    

Teniendo   en   cuenta   los   anteriores  delineamientos,  se  observa  que  el  censor  se  limitó  a  denunciar  que el  Tribunal   ignoró una serie de pruebas, las cuales relaciona. Sin embargo,  dentro  del  discurso  que utilizó no ilustró a la Corte cómo tales medios de  convicción  no  fueron  objetivamente  valorados,  esto  es,  que  dentro de la  valoración  mancomunada  de los elementos de juicio nunca fueron incluidos, sin  que  se  hubiese  tratado  de  una  apreciación  innominada,  es  decir, que el  juzgador,  sin  precisar  los nombres de los testigos o la identificación de la  prueba,    de    todos    modos    sí    fueron    objeto   de   consideración  conjunta.   

Tampoco     el    actor   consideró     ni    correlacionó    los    elementos   de   prueba  que  el  sentenciador  tuvo en cuenta para fundar, en grado de  certeza,  la  existencia  del  delito de fraude procesal y, consecuentemente, el  juicio de reproche.   

En otros términos, sin bien se duele de la  omisión   valorativa  de  determinadas  pruebas,  finalmente  no  precisó  las  consecuencias  que  la  apreciación  de  aquellas (las supuestamente ignoradas)  hubiesen   tenido   frente   a   las  estimadas  por  el  Tribunal,  conllevando  ineludiblemente  a  la  degradación de la certeza y, por ende, a la ausencia de  responsabilidad   que   echa   de  menos  o  a  la  atipicidad  de  la  conducta  punible.   

En  síntesis,  la labor demostrativa de la  censura  la  centró  el  libelista  en  imponer  su personal valoración de los  elementos      de      juicio,     concluyendo     en     la     “inexistencia  del  delito” y, por ende,  en   la  no  responsabilidad  de  su  defendido,  desconociendo  que  la  simple  disparidad  de  criterios  no constituye error demandable en casación, toda vez  que  el  juzgador,   dentro  del  método  de persuasión racional, goza de  libertad  para  apreciar  los  elementos  de  juicio válidamente allegados a la  actuación,  sólo  limitado   por  las  reglas  que  estructuran  la  sana  crítica,  sin que, en este caso, el actor haya demostrado error de apreciación  alguno.   

Por  lo tanto, frente a los anotados yerros  de  la  demanda,  se  impone  su  inadmisión,  pues la Corte, en acatamiento al  principio de limitación, no puede corregirlos.   

Por  último,  cabe señalar que el estudio  detenido  del  expediente  permite  a  la  Sala concluir  que no procede la  casación  oficiosa  por  cuanto  no  se  percibe  ninguna  causal de nulidad ni  vulneración de derechos fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR        las  demandas   de  casación  presentadas por el defensor  de MARÍA DEL CARMEN YOPASÁ BULLA  y    MAURICIO  YOPASÁ.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS                                     

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA                                                                                                                                       

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Páginas 1 y 2 del fallo de primera instancia.   

2  Folios 79 a 104 del cuaderno original N° 3 de primera instancia.   

3  Folios 303 a 325 del cuaderno original N° 1 de primera instancia.   

4  Folios 1 a 13 del cuaderno del Tribunal.   

5 Folio  21 del cuaderno del Tribunal.   

6  Páginas 7 y 8 de la sentencia del Tribunal.   

7  Casación 18428 del 10 de noviembre de 2004, entre otras.     

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