28959(31-03-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28959   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº 070  

Bogotá D.C., treinta y uno (31) de marzo de  dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por  el  representante  de  la  víctima  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el Tribunal Superior de Buga,  el   29  de  agosto  de  2007, mediante la cual confirmó la dictada por el  Juzgado  Promiscuo Municipal con función de conocimiento de Ansermanuevo (Valle  del  Cauca),  en  la  que  se absolvió a Eugenio Hincapié Bedoya del delito de  lesiones personales culposas.   

HECHOS  

El juzgador de segunda instancia los resumió  de la siguiente manera:   

“Se consigna en el escrito de acusación  que  el  30  de  mayo  de  2006, aproximadamente a las 11:25 de la mañana en la  calle  12  A  con  carrera  12  frente  al  número  12-105, entrada al conjunto  residencial  “Quintas  de  Navarra” en la ciudad de Cartago, se presentó un  accidente  de  tránsito  entre una motocicleta YAMAHA, placas ZTN-12, piloteada  por  el  señor  OSCAR  HUMBERTO  ACOSTA  VALENCIA  y  el campero TOYOTA, PLACAS  IBD-774, conducido por el señor EUGENIO HINCAPIE BEDOYA.   

“Registra  también que a consecuencia de  dicho  accidente  el  señor  OSCAR  HUMBERTO  ACOSTA VALENCIA, sufrió lesiones  personales,  que  de acuerdo al informe médico legal de lesiones no fatales 621  le  fue  conferida  una incapacidad médico legal definitiva de cien días, como  secuelas   medico-legales:   deformidad   física   que  afecta  el  cuerpo  por  amputación  del  miembro  inferior  izquierdo,  a  nivel de tercio inferior del  muslo,  y  pérdida  funcional del órgano de la locomoción por amputación del  miembro    inferior    izquierdo,    a    nivel    del   tercio   inferior   del  muslo”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

1.  Por  los  anteriores  hechos,  una  vez  presentado  el escrito de acusación por el Fiscal 12 Local de Cartago, el 22 de  noviembre  de  2006  se  celebró  la audiencia de formulación de la acusación  ante  el  Juzgado  Promiscuo con función de conocimiento de Ansermanuevo por la  conducta    punible    de   “lesiones   personales  culposas”.   

2.  Cumplido  con  los  trámites del juicio  oral,  esto  es, celebrada la audiencia preparatoria y el juicio oral y público  en  varias  sesiones,  el  17 de julio de 2007, el titular del Juzgado Promiscuo  con  función  de  conocimiento  de  Ansermanuevo  dictó  sentencia  de primera  instancia  en  la que absolvió a Eugenio Hincapié Bedoya del cargo de lesiones  personales culposas.   

3.  Apelado el fallo por el representante de  la víctima, el Tribunal Superior   

de  Buga,  al  desatar  el recurso, el 29 de  agosto de 2007, lo confirmó en su integridad.   

4.  Contra  la  anterior   decisión,   el   defensor   de  la  víctima  interpuso  recurso  de  casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

Con  base  en la causal tercera de casación  establecida  en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el recurrente formula un  único cargo contra el fallo proferido por el Tribunal, así:   

Único cargo  

Acusa   al  Tribunal  de  haber  cometido  “ERROR  DE HECHO POR VIOLACIÓN INDIRECTA DE LA LEY  SUSTANCIAL  POR  FALSO  JUICIO  DE  EXISTENCIA  POR  OMISIÓN EN LA APRECIACIÓN  PROBATORIA”.   

Señala que se desconoció lo preceptuado en  los  artículos 380, 381, 403, 404, 420 y 432 del Código de Procedimiento Penal  y  por  falta  de  aplicación  del  11,  113,  inciso  2°, 116, inciso 2°, en  armonía  con el 14 de la Ley 890 de 2004, el 117 y 120, inciso 2°, del Código  Penal   y   el   70,   inciso   7°,   y   el   105   del  Código  Nacional  de  Tránsito.   

A  continuación  pasa  a  citar   los  presuntos errores en que incurrió el juzgador, así:   

“1.  No dar por demostrado que el croquis  en su confección fue precario e inexacto.   

“2.   No  dar  por  probado  que  quien  confeccionó   el   croquis   lo   hizo   afectado  por  la  parcialidad  de  un  testigo.   

“3.  No dar por demostrado que el croquis  es inconsistente en las distancias y medidas.   

“4.  No dar por probado que la vía es de  un sólo sentido oriente occidente y de doble carril.   

“5. No dar por probado que quien tenía la  prelación era el motociclista.   

“6.  No  dar  por  probado que el campero  impactó contra la motocicleta.   

“7.  No  dar  por  probado  que  quien no  respetó la prelación fue el conductor del campero.   

“8. No reconocer pese a estar probado que  la  causa  eficiente  de  la  colisión  fue  la imprudencia e inobservancia del  conductor  del  campero  quien  atravesó  súbitamente  el rodado a la vía por  donde transita el motociclista.   

“9.  No  reconocer que la amputación del  miembro  inferior  izquierdo  de la víctima fue debido al contacto de ésta con  el campero por aplastamiento.   

“10. No dar por demostrado que el trabajo  elaborado   por   el  Dr.  JAVIER  CASTIBLANCO  BELTRÁN  fue  el  resultado  de  imprecisiones  en  la  información  suministrada  al  guarda  de  tránsito que  elaboró el croquis.   

“11.  Ignorar  la  existencia  de certeza  sobre  la  responsabilidad  penal  del  acusado  al  analizar en su conjunto las  pruebas echadas de menos.   

“12. Desconocer las situaciones fácticas  descritas  en el artículo 111, 113 inciso segundo, 116 inciso segundo y 117 del  Código Penal”.   

Aduce como pruebas ignoradas las siguientes:  en  cuanto  a  la  testimonial  dice  que   hubo versiones que “fueron   pasadas   por  alto”   tales  como  las  de  José Cipriano Toro Giraldo, Edwin Hernando Porras López,  Luis  Fernelly  Gómez  López y Jorge Humberto González Giraldo. Respecto a la  pericial,  señala  los  dictámenes  del Instituto de Medicina Legal y Ciencias  Forenses.  Los  de  carácter  documental,  cita  los  registros  fílmicos como  fotográficos    y    topográficos    y,    por    último,   en   “la    estipulada”,   los   oficios  dirigidos  para “erradicar árboles diferentes a los  que  había  el  día  del  hecho,  sino  la causa de la amputación del miembro  inferior de la víctima”.   

En   lo   que   llamó   “DEMOSTRACIÓN  DEL  CARGO”, afirma que  el  juzgador  incurrió  en  yerros  en  la apreciación probatoria, dado que no  realizó una valoración en conjunto.   

Dice  que  la  sentencia  al  omitir  los  elementos  de  prueba  puso  en  evidencia  el  error, es decir, que la víctima  circulaba  en  contravía  cuando  la calle es de  doble carril en un sólo  sentido,  dando  plena  credibilidad  al  informe  de  tránsito  y  del perito,  dejándose, por lo mismo, de apreciar todas las pruebas.    

Reitera que las conclusiones probatorias del  Tribunal  son  equivocadas,   dado  que  no se confrontaron y, por ende, se  “construyó  incertidumbre,  estando  demostrada la  responsabilidad  penal  del  acusado,  por  tan  sólo  infringir  las normas de  tránsito”.   Así mismo, dice que se apreció  “en forma insular dos medios de prueba contaminados  el  croquis  y  el  trabajo  que  desarrolló  con  posterioridad  el Dr. JAVIER  CASTIBLANCO BELTRÁN”.   

Referencia nuevamente las condiciones de la  vía  donde  ocurrieron  los hechos, para concluir que es un desacierto atribuir  la   “responsabilidad   de   su   desgracia  a  la  víctima”.   

Sostiene  que  la  conducta  es  típica  a  título  de  culpa.  Recalca  también  que  existieron  yerros  que  provocaron  desaciertos en las conclusiones de la sentencia de segundo grado.   

Anota  que  los  citados  vicios  generaron  falsos  juicios  de  existencia  por falta de apreciación en su conjunto de los  medios  de  prueba,  que llevaron al fallo absolutorio. A continuación menciona  las normas que estima vulneradas.   

Acota  que se dejó de aplicar el artículo  381  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  señala que el sentido del fallo  debió  ser  condenatorio,  dada  la  certeza de responsabilidad del acusado. De  igual  manera,  considera que se dejaron de aplicar normas sobre el delito y las  rectoras del derecho de las víctimas.   

Reitera   que   el   Tribunal   vulneró  indirectamente  la  ley  sustancial  por  falta de aplicación de los artículos  anteriormente citados.   

Por  lo expuesto, solicita a la Corte casar  la  sentencia  impugnada y, en su lugar, revocar “la  sentencia  de  primer  grado  y que se profiera una de carácter condenatorio en  contra del señor EUGENIO HINCAPIE BEDOYA…”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1. Como la ha dicho la Corte, en el nuevo el  sistema   procesal,   la   casación   se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional  y  legal  que  procede contra las sentencias dictadas en segunda  instancia  en  los  procesos  adelantados  por delitos cuando afectan derechos o  garantías  procesales.   Por  lo mismo, ha de concluirse que este recurso,  concebido  como  un  control constitucional, es  consecuencia natural de la  función  que  ejerce  la  Corte Suprema de Justicia como Tribunal de Casación,  según  así  lo  prevé el artículo 235 de la Carta, y, por ende, guardiana de  los  fines  primordiales  contemplados  en  el  artículo  180  de la Ley 906 de  2004.   

De   acuerdo   con   lo   que   estatuye   la  citada  Ley  906,  para   que   la  demanda   sea   admitida   se  requiere   que   el   libelista,   además   de   contar con   interés,      acredite      la     afectación     de   derechos    o   garantías  fundamentales,   para   lo   cual       también       deberá      formular      y   desarrollar   los  correspondientes cargos y, por  supuesto, demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte para lograr algunos de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  jurisprudencia  de la Corte, son los mismos del proceso penal, lo que  explica  que  las causales de casación tengan un diseño dirigido a lograr esos  fines.   

Por    ello,    “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    esta    debe    determinarse    por    la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta  para controvertir sin mas las decisiones judiciales según el albedrío  del   casacionista,   lo   cual   repugna   a   la  noción  de  debido  proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En   tales   condiciones,   el   recurso  extraordinario  no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con  el debate  fáctico  y  jurídico  llevado a cabo en el agotado proceso, razón por la cual  no  es  procedente realizar toda clase de cuestionamientos a manera de instancia  adicional  a  las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro,  lógico,  coherente  y sistemático en el que, al tenor de los motivos expresa y  taxativamente  señalados  en  la ley, se denuncian errores bien sea de juicio o  de  procedimiento  en  que  haya  podido incurrir el sentenciador, procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciado  su  trascendencia,  para  de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.     

2. De acuerdo con los anteriores enunciados,  la  Sala  advierte  que  el  censor  dejó  a  mitad  de  camino el único cargo  formulado   contra   la   sentencia,  en  la  medida  en  que  no  demostró  la  trascendencia  del  vicio  frente a la conclusión de absolución adoptada en el  fallo a favor del acusado.   

Recuérdese que cuando la censura se intenta  por  la  vía  de  la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial, compete al  casacionista  que  señale en qué consistió el error de apreciación,  es  decir,  si  fue de hecho o de derecho, y el falso juicio que lo determinó, esto  es, de existencia, identidad, raciocino, legalidad o convicción.   

Cumplido   con  el  anterior  presupuesto,  también  constituye  una  carga para el libelista que enseñe cómo el anterior  error  en  el  acto  de  apreciación de las pruebas condujo a la violación, de  manera  mediata,  de la ley sustancial, en tanto que se aplicó una norma que no  era  la  llamada  a  gobernar el asunto o, se excluyó otra que sí resolvía el  objeto de la controversia.   

Por  último,  dentro  de  los  argumentos  presentados  en  la  demanda debe inferirse, de manera clara y precisa, cuál es  la  finalidad  que  persigue,  es decir, la efectividad del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos a éstos o la unificación de la jurisprudencia.   

Ahora  bien,  si  se  revisa  la  demanda se  advertirá  que el actor indica que el juzgador en el acto de apreciación de la  prueba  no  valoró  medios  de  convicción de carácter testimonial, pericial,  documental  y  que  tampoco  estimó las estipulaciones probatorias hechas antes  del  juicio  oral.  Sin  embargo,  el libelista no demostró cómo de haber sido  apreciados  los  citados  elementos  de  juicio,  necesariamente   el fallo  habría  sido  distinto,  es  decir,  que  al procesado se le dictaría fallo de  condena,  ejercicio  en  el  cual  también  debía  tener  en cuenta las demás  probanzas    que    sustentaron    la   absolución   a   favor   de   Hincapié  Bedoya.      

Y,  se  advierte  que  no podía cumplir con  dicho  presupuesto,  en la medida en que revisadas las consideraciones del fallo  se  concluirá  que las citadas probanzas tildadas como omitidas no tendrían la  fuerza  persuasiva  para  derrumbar  las  razones  en que se fundó el juicio de  absolución a favor del acusado. Por ejemplo, el Tribunal anotó:   

“De  los hechos a los que aquí se aplica  la  Sala,  puede  empezar  por  decirse  que  el  motociclista transitaba por la  calzada  izquierda  cuando se produjo la colisión con el jeep del procesado. La  prueba  de  ello  está  en el croquis, en el que se advierte la Trayectoria del  vehículo  1,  en esa parte  de  la  vía  hasta  el  punto  donde  se grafica   que   quedó   la   sangre,  o  sea,  el  lugar  donde  yació  el herido una vez que  cayó  de la moto, siempre en la calzada izquierda. Es  un  imposible físico, que estando en trance de salir  el  jeep  del  condominio  “Quintas  de  Navarra”,  pudiera  la  víctima  haber  terminado  en  la  calzada  izquierda  habiendo  sido  el contacto en la calzada  derecha.   

“Lo  anterior  significa  que la víctima  venía  por  la calzada que no le correspondía. Si el charco de sangre quedó a  1.45   mts.   del  anden  izquierdo,  ello  quiere  decir  que  en  efecto  venía  por  esa calzada, y no  propiamente  por  la  orilla  derecha  de  esa  calzada,  como  para aceptar que  se  vio  “obligado”  a  pasarse   a  dicho  lado  de  la  vía,  porque  la  otra  -la  de  su  derecha-  se    encontraba   sin  pavimentar.  Aceptando  por modo de discusión, que el carácter destapado de la  vía   derecha   lo   autorizaba   a  transitar  por  la  izquierda,  debió  de  hacerlo por el costado derecho de esa calzada, a unos  2.50    metros.    y   no   orillado   o   en  el  costado  izquierdo,  que  se  constituía  en  una  gran  imprudencia  si  tenemos  en  cuenta que    va    en    contravía  y  que  perfectamente  debía prever que el asomo de un vehículo  podía  impactarlo,  más  cuando  tenía en su campo visual la fila de árboles  que   dificultaban   la   vista   de   los  conductores  de  los  vehículos que desembocaran a esa carrera.   

“Según  el  croquis,  y  eso  no ha sido  cuestionado  por  las partes, la vía por donde transitaba el motociclista tiene  una   anchura   de   5.48  mts,  lo  que  significa  que cada calzada se reparte  2.74  mts.,  de manera que  con   prudencia   un   motociclista   o  ciclista,    que    no    quisiera  tomar  la  incómoda ruta destapada, que a juzgar por las  fotos  era  transitable,  podía perfectamente orillarse al costado derecho  por  lo  menos a 74 cms. de la mitad de la carrera.   

“Pero  la prueba indica que no era esa la  trayectoria;   que   la   moto   se  encontraba  en  un  punto  inferior  a  los  1.45    mts.     que  reseñó  el croquis sobre el punto de desangre de la  víctima.  Y es allí donde  se  arraiga la versión de que venía cerca del andén contrario al que debería  haber  tomado.  Cerca  o muy  cerca,  sin  necesidad  de  precisar  si  en  la  línea  de  ubicación  de  la  alcantarilla.  El  hecho es que iba cerca de esa acera; ahí se encuentra con el  jeep,  y  el  impacto  desvía  la  moto  hacia  el  centro  de  la  vía, en la  trayectoria  definida  por la prueba pericial numerada como prueba 2,  perito:  Javier Castiblanco Beltrán.  Esa  trayectoria  visible en la página 4 de  ese  dictamen,  muestra  como  se produjo una desviación de la  trayectoria  hacia la derecha en un ángulo moderado, que de paso desvirtúa que  la  moto  haya  sido  impactada  por  el  jeep, caso en el cual el ángulo y las  consecuencias   del  accidente  hubieran  sido  mucho  peores.   

“La  versión  de  que  el  golpe  fue de  “refilón”  adquiere raigambre, tal como lo determinó  el  dicho  peritazgo,  con  lo  cual se confirma la imprudencia de la moto, todo  ello  aceptando  en  gracia  de  discusión,  que  la  moto  estaba autorizada a  transitar  por  su vía contraria, en razón de que su  vía  derecha  estaba sin pavimentar. Las fotografías  de  la prueba 7 nos enseñan  sin embargo, que la     

parte  destapada  de  la  carrera por donde  transitaba   la   moto,   si   era  transitable,  aunque  fuera  más  incomoda.   

“En ese orden de ideas, el alegato de que  la  víctima tenía prelación amerita un asterisco en  el  que  se  anote  que  ello  no  le  permitía  ir  por la calzada equivocada,  y  que en el caso de que lo  optara,  no  la  relevaba  de  la prudencia para no irse a encontrar con quienes  desembocaban  a  la  carrera, ya sea por venir por una calle adyacente o como en  el caso del procesado, salieran de un conjunto habitacional.   

“Para la Sala, el peritazgo de Castiblanco  Beltrán   es  confiable.  Está  bien  soportado en su exposición, en la hilación de sus razonamientos y  en  el  manejo  conceptual  y técnico de la materia. Es un peritaje minucioso y  esmerado.  No  hay necesidad en este examen de exponerse a los testigos y por lo  tanto,  el  alegato  de  que  son  mentirosos, pierde  relevancia”.   

En  consecuencia,  como el  actor   no   demuestra que el fallo que se propone en esta sede tiene por finalidad  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de  las garantías de los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  o  la  unificación  de  la  jurisprudencia,  de acuerdo con el artículo 180 de la Ley  906    de    2004,    necesaria    e    ineludiblemente    la    demanda   será  inadmitida.   

Resta  señalar  que  no   se    observa   que   con   ocasión   del   fallo  impugnado  o  dentro  de la actuación se violaron los derechos o las garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga superar los  defectos  del  libelo para decidir de fondo, según lo dispone el inciso 3° del  artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Acotación final  

Contra  la decisión de inadmitir la demanda  de  casación  presentada  por  el  representante  de  la  víctima  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 186  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido las reglas que habrán de seguirse para su aplicación,2    como  sigue:   

a)   La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por          el          Procurador          Judicial–,    el    Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada por el representante de la víctima.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                           JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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