28958(23-01-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 28958  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 07   

Bogotá, D.C., veintitrés de enero de dos mil  ocho.   

                                

VISTOS  

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor del procesado RUBIEL DARÍO  MOSQUERA  ASPRILLA,  contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el  Tribunal  Superior  de Buga el 23 de agosto de 2007, mediante la cual se revisó  la  proferida  el  4  de  julio  del mismo año por el Juzgado Tercero Penal del  Circuito  de  Cartago,  Valle,  confirmando  la condena impuesta al procesado en  cita  por  el  delito  de  tráfico,  fabricación  o  porte de estupefacientes.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

1.  Sobre  la  fundamentación  fáctica del  caso,  en la sentencia de segundo grado se dejó sentado que al procesado RUBIEL  DARÍO  MOSQUERA ASPRILLA se le imputó el delito de “Tráfico, fabricación o  porte  de estupefacientes”, en la modalidad de “llevar consigo”, porque el  22  de mayo de 2007 fue sorprendido por miembros del Batallón Vencedores, en un  bus  de  servicio  público  que  transitaba sobre la carretera de San José del  Palmar,  a  la  altura del corregimiento La Italia, llevando consigo, camuflados  en  sus  zapatos, dos paquetes de sustancia estupefaciente que arrojó resultado  positivo para cocaína, en una cantidad total de 588.2 gramos.   

2.  El  capturado  fue  presentado ante el  Juzgado  Tercero  Penal  Municipal con Funciones de Control de Garantías, donde  se  realizaron  las  audiencias  preliminares  de  legalización  de  captura  e  incautación  de la sustancia estupefaciente, formulación de imputación por el  delito   de   Tráfico,   fabricación  o  porte  de  sustancia  estupefaciente,  imputación  a  la  cual se allanó el procesado, a quien se le impuso medida de  aseguramiento  detención  preventiva en establecimiento carcelario por la misma  conducta.   

          3.  Surtidos  los  trámites  pertinentes ante el Juez Tercero Penal  del  Circuito  de  Cartago, Valle, se dictó sentencia de primera instancia el 4  de  julio  de  2007, en la que se condenó al procesado  RUBIEL  MOSQUERA  ASPRILLA  a  la pena principal de 48  meses  de  prisión,  multa  de 5 s.m.l.m.v. y a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso de la  pena  de  prisión,  como autor responsable de la conducta que admitió en forma  voluntaria,  libre,  espontánea  y  asesorado por un abogado, como se consignó  por  el  juez en la audiencia respectiva. Al procesado se le negó la condena de  ejecución condicional y la prisión domiciliaria.   

          4.  La  defensa  técnica  interpuso recurso de apelación contra la  anterior  decisión,  buscando  que se reconociera a su representado la prisión  domiciliaria.   Entre   los  argumentos  que  entonces  expuso,  se  destaca  la  alegación  de  que su defendido no era un peligro social y por la circunstancia  de  llevar  consigo  el  estupefaciente no podía catalogársele como miembro de  una  organización  criminal. Adujo, además, que MOSQUERA ASPRILLA era “padre  cabeza  de  hogar”,  que  tenía a su cargo el sustento de su compañera de 16  años de edad, y de su menor hija, nacida el 15 de mayo de 2007.   

          5.  En  la  sentencia  de segunda instancia, el Tribunal Superior de  Buga  señaló  que  aunque  concurría  en  el  presente  evento  la condición  objetiva  para  sustituir  la prisión intramural por domiciliaria, toda vez que  el  delito no se encontraba exceptuado del beneficio y para tal fin no importaba  el  quantum  de  la  pena, de toda maneras, en los términos de la “Ley 2ª de  1982”  (se  refiere  a  la  Ley  82  de  1993),  no podía catalogársele como  “hombre  cabeza  de  familia”, porque su hija menor de edad está al cuidado  de  su  compañera,  y  en  la  actuación  no  se  comprobó que la misma fuera  inhábil  o  estuviera descalificada para trabajar y responder por la crianza de  la menor.    

          Además,  encontró  el  juzgador  que  el  procesado  era un hombre  propenso  a  las  actividades  delictivas, pues si con anterioridad al delito se  dedicaba  al trabajo de la agricultura que le derivaba ingresos lícitos para la  subsistencia  de  su  familia,  decidió  abandonar ese trabajo para incursionar  “sin   parar   mientes  familiares”  en    la   actividad   delictiva,   “no  bastándole  el  conocimiento  profano  de  la  criminalidad  y sus consecuencia  jurídicas”,  circunstancias que llevaron a concluir  la   necesidad   de   un  tratamiento  penitenciario,  ante  la  “probabilidad  seria  de  que  repita  estos  actos delictivos por su  frágil  voluntad  moral,  con  el  fin  de  que  las  funciones de prevención,  reinserción  social y protección del delincuente, de competencia del INPEC, se  cumplan eficazmente”.     

          En  ese  contexto,  concluyó,  los  “desempeños”  personales y  sociales  del  procesado son negativos, razón por la cual entró a confirmar el  fallo impugnado.    

SÍNTESIS     DE    LA    DEMANDA    DE  CASACIÓN   

          Un  solo  cargo  al amparo de la causal tercera del artículo 181 de  la  Ley  906  de  2004  formula  el  defensor de RUBIEL DARÍO MOSQUERA ASPRILLA  contra  la sentencia de segunda instancia, alegando que el Tribunal incurrió en  un  error  de  hecho  por  desconocimiento  de  las reglas de apreciación de la  prueba  sobre  la  cual  se  fundó  la negativa de la concesión de la prisión  domiciliaria,   por  cuanto  se  prescinde  de  cualquier  “examen  empírico,  lógico,  de  sentido  común  e  incluso  socio-antropológico  acerca  de  las  circunstancias  fácticas  que  rodean  al  joven RUBIEL DARIO”, que, dice, se  desprenden  de  las  cuatro  (4)  declaraciones  extrajuicio  rendidas  ante  la  Notaría  Única  del  Círculo de San José del Palmar por personas conocedoras  de  su  vida  personal,  del  registro civil de su menor hija y de la tarjeta de  identidad  de  la  joven compañera del mismo, pruebas que fueron presentadas en  la audiencia pertinente.   

          Igualmente,  agrega,  la situación del procesado se desprende de la  misma  circunstancia  en que fue capturado, esto es, como pasajero de un bus que  transitaba  por  una  zona  rural  de  la  selva  chocoana,  lo cual descarta su  pertenencia a una red del narcotráfico.   

          El  Juzgador  tampoco  se  percató  “del  sentimiento  humano que abriga a un joven responsable, inquieto y preocupado por  su  recién  adquirida  condición  de padre que necesitaba satisfacer todos los  comunes  y  lógicos  requerimientos  de  una  madre  recién  parida y una hija  recién  nacida”,  que  recibió  la  droga “no de  buena  gana”  en  cobro  de  sus  jornales  de trabajo, y  con la cual no  sabía qué hacer.   

          Afirma  que  no  acusa al juzgador de haber ignorado tales medios de  prueba,  como  tampoco de haberlos distorsionado en su expresión fáctica, sino  de  haberles  concedido  un mérito que no les correspondía, en abandono de los  naturales  postulados  de  la  sana crítica, del trasegar racional, lógico, de  sentido  común,  de  experiencia, de valoración sociológica, antropológica y  de  las  circunstancias  históricas  específicas en un determinado espacio que  deben    imperar    en    cualquier   análisis   probatorio   por   parte   del  juzgador.   

          Sostiene  que  de  no  haber  ocurrido esa errada apreciación, otra  bien  distinta  habría  sido  la decisión en relación con la concesión de la  prisión domiciliaria.   

          Después  de citar algunos aspectos teóricos sobre las reglas de la  sana  crítica,  afirma  que el error es trascendente porque finalmente se negó  al  procesado  la  prisión  domiciliaria,  desconociendo su condición de padre  cabeza  de familia y con una errada inferencia acerca de la supuesta propensión  de  RUBIEL  DARIO  a las actividades indebidas e ilícitas, suponiendo una labor  de  “mula”  o  de  comercializador,  con  lo  que se desbordó toda racional  apreciación, que se contrapone a la prueba.   

          Pide,  en consecuencia, que se case el fallo demandado y en su lugar  se  profiera  el estimatorio de sustitución, otorgando la prisión domiciliaria  a MOSQUERA ASPRILLA.      

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

El  artículo 184,  inciso  2º,  de la Ley 906 de 2004, autoriza a la Corte para no seleccionar, en  auto  debidamente  motivado, aquellas demandas de casación que se encuentren en  cualquiera de los siguientes supuestos:   

“si  el  demandante  carece  de interés,  prescinde  de  señalar  la  causal, no desarrolla los cargos de sustentación o  cuando  de su contexto se advierta fundadamente que no se precisa del fallo para  cumplir    algunas   de   las   finalidades   del   recurso”      

De  allí  que  bajo  la  óptica  del nuevo  sistema  procesal penal, el libelo impugnatorio no puede ser un escrito de libre  elaboración,  en  cuanto  mediante  su  postulación el recurrente concita a la  Corte  a  la  revisión  del  fallo  de  segunda instancia para verificar si fue  proferido o no conforme a la Constitución y a la ley.   

Por  lo  tanto, sin perjuicio de la facultad  oficiosa  de  la  Corte  para prescindir de los defectos formales de una demanda  cuando  advierta la posible violación de garantías de los sujetos procesales o  de      los     intervinientes     –artículo  184  ídem-,  de manera general, frente a las condiciones  mínimas de admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

1. Acreditación del agravio a los derechos o  garantías fundamentales producido con la sentencia demandada;   

2. Señalamiento de la causal de casación, a  través  de  la  cual  se  deja  evidente  tal  afectación, con la consiguiente  observancia  de los parámetros lógicos, argumentales y de postulación propios  del motivo casacional postulado;   

3.  Determinación  de  la  necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

         

          En  la demanda que se estudia, el defensor de RUBIEL DARÍO MOSQUERA  ASPRILLA   alude   a  la  configuración  de  supuestos  errores  de  hecho  por  desconocimiento  de  los  dictados  de la sana crítica en la apreciación de la  prueba   demostrativa   de   los   requisitos   para   acceder   a  la  prisión  domiciliaria.    

          No  obstante,  cuando  se  alega la desatención de las reglas de la  sana   crítica,  tiene  señalado  la  Sala  que  el  demandante  está  en  la  obligación  de  identificar  la  prueba  sobre la cual recae el yerro; luego, a  establecer  el  mérito  que  se  le  otorgó en la sentencia, a la vez que debe  señalar  cuál  es  el  postulado  de  la  sana crítica que en su criterio fue  vulnerado,  esto  es,  el  principio  lógico, la máxima de la experiencia o la  regla  científica  quebrantada.  Inmediatamente  debe vincular esa apreciación  con  la  regla aludida demostrando en dónde radica el desvío y, finalmente, es  preciso  que  efectúe  la  demostración  atinente  a  que  el  medio de prueba  erróneamente  apreciado  es  incidente  de cara a lo resuelto en el fallo, esto  es,  que de no haberse incurrido en el error, necesariamente lo decidido habría  sido favorable al demandante.   

          Esa  carga  no  fue  cumplida por el censor, pues aunque menciona la  prueba  que  dice  fue  erróneamente  valorada,  no  específica  cuál  fue el  principio  lógico,  la  máxima  de  la  experiencia  o  la  regla  científica  quebrantada  por  el  juzgador,  simplemente,  de  manera genérica, se limita a  aducir  que  el  juzgador  prescindió  de  cualquier  análisis “empírico,     lógico,     de     sentido    común    e    incluso  socio-antropológico  acerca de las circunstancias fácticas que rodean al joven  RUBIEL  DARIO”, o que no se percató “del  sentimiento  humano que abriga a un joven responsable, inquieto  y  preocupado  por  su  recién  adquirida  condición  de  padre que necesitaba  satisfacer  todos  los  comunes  y  lógicos requerimientos de una madre recién  parida y una hija recién nacida”.   

          Tales  argumentos  sólo  se compadecen con un alegato de instancia,  que  no  logran  demostrar  un  error  atendible en casación, pues al omitir el  señalamiento  del  principio  lógico,  la máxima de la experiencia o la regla  científica  quebrantada  por  el  juzgador,  el  censor termina es oponiendo su  personal  criterio  sobre  el  más  autorizado  del juzgador, incurriendo en el  desatino  de  considerar  el  recurso  extraordinario  como  otra  instancia, en  abierto  desconocimiento  de  que  con  la casación se busca primordialmente el  estudio  de  la  legalidad  de  la  sentencia y no la prolongación de un debate  probatorio  fenecido  mediante el proferimiento de una sentencia amparada con la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  únicamente  destronable  por la  presencia  de errores predicables del juzgador, de tal magnitud que sólo con su  casación pudiera restaurarse la legalidad de lo decidido.   

    

          Pero  de  todas  maneras,  advierte  la Sala, si se admitiera que el  procesado  es  padre  cabeza  de  familia,  el discurso del demandante carece de  razón  suficiente si en cuenta se tiene que aún en tales eventos, el juez debe  considerar  el  elemento  subjetivo  para  el  análisis  de  la  concesión del  instituto  sucedáneo  de  la  prisión  domiciliaria,  punto  que,  como quedó  evidenciado  en los antecedentes del caso, fue ampliamente analizado en el fallo  impugnado.   

     

          En  efecto,  tratándose  de  la  condición  de procesado cabeza de  familia,  el  inciso  2º  del  artículo  1º  de  la ley 750 de 2002, exige en  relación   con  el  condenado  que  su  “desempeño  personal,  laboral,  familiar  o  social…  permita  a  la  autoridad  judicial  competente  determinar  que  no  colocará  en  peligro  a  la comunidad o a las  personas  a  su  cargo,  hijos  menores  de  edad o hijos con incapacidad mental  permanente”   

Por lo tanto, si el citado precepto establece  como  requisito  para  conceder la prisión domiciliaria que el juez arribe a la  conclusión  de  que el condenado no pondrá en peligro a la comunidad, después  del  examen  de su desempeño personal, laboral, familiar o social, es claro que  independientemente  de  haberse  acreditado  esa  condición  de padre cabeza de  familia,  el  censor  ha  debido  demostrar que, en tal evento, su defendido sí  tenía  derecho  a  la  concesión del sustituto porque concurría a su favor el  requisito  subjetivo,  pero para ello tenía que destronar los razonamientos que  llevaron  al  juzgador  a denegar la concurrencia de ese requisito sobre la base  de  que  el  procesado era un hombre propenso a las actividades delictivas, pues  si  con  anterioridad al delito se dedicaba al trabajo de la agricultura del que  derivaba  ingresos  lícitos  para  la  subsistencia  de  su  familia,  decidió  abandonar  ese  camino  para  incursionar en  la  actividad  delictiva,  sin  parar  mientes  en  su  familia,  circunstancias   que   llevaron  a  concluir  la  necesidad  de  un  tratamiento  penitenciario,  ante  la  “probabilidad seria de que  repita  estos  actos delictivos por su frágil voluntad moral, con el fin de que  las  funciones de prevención, reinserción social y protección del delincuente  (…)    se    cumplan    eficazmente”.     

El demandante no demuestra que los argumentos  traídos  por  el  fallador  para  sustentar  esa  hipótesis  sean equivocados,  porque,  se  reitera, nunca mencionó cuál fue el principio lógico, la máxima  de  la  experiencia  o  la  regla científica quebrantada por el juzgador en esa  inferencia,  de  donde  la  acreditación  de  la  condición de padre cabeza de  familia  del  procesado  no  tiene  trascendencia,  pues  de  todas  maneras  el  pronóstico  desfavorable  frente  al requisito subjetivo le impedía acceder al  instituto   que  se  reclama  denegado  a  través  de  pretendidos  errores  de  valoración no acreditados.   

         

Por tales razones, se inadmitirá la demanda  presentada a nombre del procesado RUBIEL MOSQUERA ASPRILLA.   

                       Cuestión  final.   

          Habida  cuenta que contra la presente decisión procede el mecanismo  de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el artículo 186 de la Ley  906  de  2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el trámite  a  seguir  para  que  se  aplique  el  referido  instituto  procesal, la Sala ha  definido  las  reglas  que  habrán  de seguirse para su aplicación1,    como  sigue:   

          a)  La  insistencia  es  un  mecanismo  especial que sólo puede ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de la providencia por cuyo medio la Sala decida no seleccionar la  demanda  de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decidido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  -siempre   que  el  recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por  el  Procurador  Judicial-,  el  Magistrado  disidente o el Magistrado que no haya participado en  los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

         b)  La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio  Público,  a través de sus Delegados para la Casación Penal, o ante uno de los  Magistrados  que  hayan  salvado  voto  en  cuanto a la decisión mayoritaria de  inadmitir  la  demanda  o ante uno de los Magistrados que no haya intervenido en  la discusión.   

         

          c)  Es potestativo del Magistrado disidente, del que no intervino en  los  debates  o  del  Delegado  del Ministerio Público ante quien se formula la  insistencia,  optar  por  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para  su  revisión,  evento  último  en que informará de ello al  peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          d)  El  auto  a  través  del  cual  no  se selecciona la demanda de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de casación, salvo que la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

                                     

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.  INADMITIR  la  demanda   de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  RUBIEL  MOSQUERA  ASPRILLA.   

2.  De  conformidad  con  lo dispuesto en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de 2004, es facultad de los demandantes elevar  petición de insistencia.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *