28915(20-02-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28915  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 33  

Bogotá,  D.C., veinte de febrero de dos mil  ocho.   

V    I   S   T   O  S   

Con  el  fin  de  establecer  si  reúne las  exigencias  formales  previstas  en  el  artículo 212 de la Ley 600 de 2000, la  Corte  examina  la  demanda de casación presentada por el apoderado de la parte  civil,  contra  la sentencia  absolutoria  de  segundo  grado proferida el 8 de agosto de 2007 por el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  San  Gil  (Santander), que revocó la que  dictó  el 13 de septiembre de 2006 el Juzgado Primero Penal del Circuito de esa  ciudad,  por  medio  de la cual condenó a JOSÉ ROLDÁN MONROY ORTIZ como autor  responsable del delito de hurto agravado.   

HECHOS  

En  el  fallo  recurrido  se  narraron de la  siguiente manera:   

“El  dieciséis (16) de agosto del dos mil  dos  (2002) falleció Pedro David Monroy Ortiz, quien era propietario, junto con  su  hermano  José Roldán Monroy Ortiz de los predios rurales “El Molino” y  “Vega  Puente  de  Arco”  ubicados  en  la  vereda  “Santa  Teresa”  del  Municipio del Valle de San José.   

El primero (1) de diciembre de ese mismo año  José  Roldán ordenó a algunos obreros recoger el ganado existente en esas dos  fincas  -74 reses, 24 chivos y una yegua-, el cual fue sacado de esos predios en  varios  vehículos  por  personas  desconocidas,  en  las  horas  de  la  noche,  ignorándose qué destino tuvieron esos animales”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Con  base  en  la denuncia que presentara la  señora  Amalia  Carreño  de  Monroy,  la  Fiscalía  5ª  Seccional de San Gil  (Santander)  dispuso  la  práctica  de  investigación previa el 10 de junio de  2003.   

Posteriormente,  el 20 de octubre siguiente,  la  misma  dependencia  decretó  la  apertura  del proceso y ordenó vincular a  JOSÉ  ROLDÁN  MONROY  ORTIZ, quien fue escuchado en indagatoria el 29 de enero  de 2004.   

Con  resolución  del  6  de  abril de dicha  anualidad,  la Fiscalía Seccional admitió la demanda de constitución de parte  civil,   presentada   a   nombre   de   la   denunciante   Amalia   Carreño  de  Monroy.   

Clausurada  la  fase  investigativa  el 2 de  noviembre  de 2004, el ente instructor calificó el mérito del sumario el 29 de  diciembre  siguiente,  profiriendo  resolución  de  acusación  en  contra  del  procesado  MONROY  ORTIZ,  por la conducta punible de hurto agravado, tipificado  en los artículos 239, 241-8 y 267-1 de la Ley 599 de 2000.   

La  etapa  de  la  causa  fue asumida por el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito de San Gil (Santander), despacho que tras  evacuar  las  audiencias  públicas  de  preparación,  el 13 de mayo de 2005, y  juzgamiento,  el  16  de  agosto  de  2006, dictó sentencia el 13 de septiembre  siguiente,  condenando  a  JOSÉ  ROLDÁN MONROY ORTIZ, como autor del delito de  hurto  agravado  por  el cual se le acusó judicialmente, a la pena principal de  37  meses  y  10  días  de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso; de igual modo,  lo  condenó  a  pagar  la  suma de $67’480.000.oo  por  concepto  de  perjuicios  materiales  y le negó el  beneficio  sustitutivo  de  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la  pena.   

El  fallo en comento, que fue apelado por el  defensor  del  procesado  MONROY  ORTIZ  y  el  apoderado de la parte civil, fue  revocado  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de San Gil (Santander),  dependencia  que  en  su  lugar absolvió al sindicado del cargo endilgado en su  contra,   mediante   la   sentencia   que   hoy  es  objeto  del  extraordinario  recurso.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

Cargo    único:    falso   juicio   de  identidad.   

Amparado en la causal primera del artículo  207  del  Código de Procedimiento Penal de 2000, el apoderado de la parte civil  acusa  a  la sentencia del Tribunal de violación indirecta de la ley sustancial  por  error  de hecho generado en falso juicio de identidad, como consecuencia de  dejar   de   aplicar   los   artículos  239,  241  y  267  de  la  Ley  599  de  2000.   

Dice que el juzgador debió haber examinado  las  circunstancias  previstas  en dichas normas, ya que los elementos de prueba  recaudados  durante  el proceso confirman la autoría y responsabilidad de JOSÉ  ROLDÁN MONROY ORTIZ.   

El  casacionista,  a continuación, enuncia  las  que  considera  pruebas de cargo, constituidas por testimonios y documentos  arrimados  a  la  investigación,  sobre las cuales se pronuncia, consignando su  propia valoración probatoria.   

Para  el  efecto,  empieza por mencionar la  declaración   de   la   afectada   Amalia  Carreño  de  Monroy,  quien  merece  credibilidad   siendo  la  viuda  de  Pedro  David  Monroy  Ortiz,  hermano  del  sindicado,  pues,  “las  leyes  de  la lógica y la  ciencia  nos  indican  que  la persona que sabe hasta las cosas más íntimas es  quien  comparte  su vida conyugal”. Su testimonio lo  coteja  con  el  del  procesado  JOSÉ ROLDÁN MONROY ORTIZ, del que destaca las  contradicciones   en   que   incurre   y   la   finalidad  proterva  que  lo  ha  acompañado.   

En  respaldo  de  la versión de la señora  Carreño   de   Monroy,   agrega   el  memorialista,  la  Fiscalía  allegó  la  declaración  de Misael Pinto Aparicio, trabajador de la finca, la cual resume y  analiza,  destacando,  además,  que  contraría el testimonio de Hilario Monroy  Ortiz, hermano del acusado, quien respaldó su testificación.   

Acto   seguido,   lo  propio  realiza  el  impugnante  con  las  deponencias de José Ramiro Ardila Salamanca, “un    hermano    de    Misael    Pinto   Aparicio”,   Carlos   Alberto  Pinzón,  Alirio  Mantilla,  Filián  Enrique  Castellanos,  Benicio  Ortiz  Aguilar,  Luis  Carlos Ortiz Bernal, Emilse Monroy  Carreño  y  Rudecindo  Monroy  Carreño,  todos  los  cuales, insiste, permiten  controvertir las explicaciones suministradas por el sindicado.   

Con  base  en dicho resumen y análisis, el  recurrente  afirma  que  el  error de hecho por falso juicio de identidad en que  incurrió  el  Tribunal,  se  traduce  en el hecho de haber considerado la duda,  descartando   así   la   certeza  que  fundamentó  la  sentencia  condenatoria  revocada.   

Añade  que  a  esa  conclusión  llegó el  Ad quem, porque tergiversó  el  contenido material de la prueba al darle un alcance diferente al que tenía,  es   decir,   “mutiló   el  contenido  del  medio  probatorio  y  lo  hizo  a  pesar de tener la suficiente claridad para emitir un  fallo  de  responsabilidad enderezando su análisis hacia la duda con fundamento  en  las  explicaciones  que  dio  el  sindicado  a pesar de notarse al rompe sus  falacias”.   

En  apoyo  de  sus  asertos,  el  censor,  a  renglón  seguido, vuelve a traer a colación lo aseverado por el sindicado, con  el  fin de insistir en sus contradicciones, algunas de las cuales consigna, y en  la prueba que permite desvirtuarlo.   

Señala, además, que el juzgador de segundo  grado,  al  aceptar  las tesis justificativas de que hubo violencia por medio de  la  cual  se  llevó  a  cabo  el  apoderamiento  del  ganado  y que este era de  exclusiva   propiedad  del  procesado,  desfiguró  el  contenido  real  de  los  testimonios  anteriormente mencionados, a los cuales sumó el de Germán Augusto  Uribe  Serrano, quien escuchó directamente ambas versiones, la del acusado y la  de su representada.   

Para terminar, el actor solicita que se case  la  sentencia  del  Tribunal,  por  ser violatoria de la ley sustancial en forma  indirecta.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Cargo    único:    falso   juicio   de  identidad.   

         De  entrada  advierte  la  Sala  que en la sustentación del cargo,  fundado  en  un  supuesto error de hecho por falso juicio de identidad, derivado  de  la  equivocada  apreciación de la prueba testimonial, el demandante incurre  en  deficiencias  de  fundamentación  que  dan  al  traste  con  su pretensión  casacional.   

En efecto, todo indica que la inconformidad  con  la  sentencia del Tribunal, remite a la discrepancia con la apreciación de  las  declaraciones  de  Amalia  Carreño de Monroy, Misael Pinto Aparicio, José  Ramiro  Ardila  Salamanca,  “un  hermano  de Misael  Pinto  Aparicio”,  Carlos  Alberto  Pinzón, Alirio  Mantilla,  Filián Enrique Castellanos, Benicio Ortiz Aguilar, Luis Carlos Ortiz  Bernal,  Emilse  Monroy  Carreño,  Rudecindo  Monroy Carreño y Germán Augusto  Uribe  Serrano,  que  llevó  a  determinar  la  absolución del procesado JOSÉ  ROLDÁN MONROY ORTIZ, en el delito de hurto agravado.   

Cuestiona,  por  un lado, que no se le haya  dado  plena  credibilidad  a la testificación de la denunciante Amalia Carreño  de   Monroy   –la  cual  encuentra  respaldo  en  los restantes testimonios enunciados-, y, por otro, que  no  haya  tenido  en  cuenta  las  contradicciones  en  que,  dice, incurrió el  sindicado.   

De   ser  así,  entonces,  debió  haber  encausado  la  censura  por conducto del error de hecho por falso raciocinio, en  cuyo  caso  era  necesario  explicarle  a  la  Sala,  por  qué considera que el  juzgador  se  apartó de las reglas de la sana crítica, dado el desconocimiento  de  las  leyes  científicas,  los  principios  de la lógica o las reglas de la  experiencia.   

Recurrir al error de hecho por falso juicio  de  identidad obligaba un análisis diferente, en el que determinase   cuál  es  el  apartado  testifical  tergiversado,  cercenado  o  adicionado   por   el  Tribunal,  no  limitándose  a  anteponer  sus   propias   conclusiones,  en  típico  alegato  libre  que  pasó  por alto certificar cuál es el ostensible yerro del  Ad  quem, pues, ni siquiera  postula  adecuadamente  si este proviene de tergiversar, cercenar o adicionar el  contenido   de   la   prueba  testimonial,  desde  luego,  abordando  uno  por  uno  los medios probatorios,  para  ver  de  significar  cuál  en  concreto fue el apartado agregado, cercenado o tergiversado. Ya luego  de  esta  tarea  era  menester  definir,  con  un  nuevo  análisis  del  acervo  probatorio  en  su  conjunto, cómo los yerros tuvieron tal trascendencia que la  decisión,   corregidos   ellos,   habría  de  mutar  desfavorable    para  el    acusado    JOSÉ   ROLDÁN   MONROY  ORTIZ.   

Cuando no se obra dentro de los parámetros  argumentales  y  lógico-jurídicos  previstos  en cada causal de casación para  orientar  adecuadamente  la censura, el impugnante termina oponiendo su personal  criterio  sobre  el  más autorizado del juzgador, incurriendo en el desatino de  considerar   el   recurso   extraordinario   como  otra  instancia,  en  abierto  desconocimiento  de  que  con el mismo se busca primordialmente el estudio de la  legalidad  de  la  sentencia  y  no  la  prolongación  de  un debate probatorio  fenecido  mediante  el  proferimiento  de  una  sentencia  amparada con la doble  presunción  de acierto y legalidad, únicamente destronable por la presencia de  errores  predicables  del  fallador,  de tal magnitud que sólo con su casación  pudiera restaurarse la legalidad de lo decidido.   

En  este  orden  de  ideas,  ninguno de los  asertos   del   censor   destaca   asunto  diverso  al  simple  rechazo  de  las  consideraciones  que  dieron  pie  al Tribunal para absolver al procesado por el  delito contra el patrimonio económico.   

De  manera  entonces  que  no  es  viable  desarrollar   el   ataque  bajo  la  forma  del  falso  raciocinio  –que  ni siquiera trajo a colación el  casacionista-   en  el  entendido  genérico  de  que  el  fallador  valoró  de  determinada  manera los elementos materiales probatorios, cuando es evidente que  para  la  estimación  de  tales probanzas nuestro sistema probatorio predica la  libre apreciación, dentro del contexto de la sana crítica.   

Es lo cierto, pues, que el demandante apenas  alcanza  a  mostrar  su  obvia insatisfacción con el resultado del proceso, sin  siquiera   especificar   o   transcribir   de  manera  concreta  los  medios  de  información  y  las  consideraciones  que le sirvieron de apoyo al sentenciador  para emitir la condena.   

No  basta  decir, entonces, que el juzgador  “tergiversó  el contenido material de la prueba al  darle   un   alcance   diferente  al  que  tenía”,  postulación  que  el  censor  deja  en  el  mero  enunciado,  puesto  que no la  desarrolla,  ya  que  se limita a hacer referencias breves y fraccionadas de las  declaraciones  aportadas,  sin  que  del  contexto  de  lo reseñado se advierta  algún  tipo de incoherencia entre lo dicho por los testigos y lo consignado por  el Tribunal.   

De   ahí   entonces  que  los  evidentes  desaciertos  en  la  fundamentación, traen como consecuencia la inadmisión del  cargo y, por consiguiente, de la demanda de casación.   

Por último, ha de manifestarse que revisada  la  actuación  en  lo pertinente, no se observó la presencia de ninguna de las  hipótesis  que  permitirían  a  la Corte obrar de oficio de conformidad con el  artículo 216 del Código de Procedimiento Penal de 2000.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  LA CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

R  E              S              U              E              L              V E   

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  por  el  apoderado  de  la parte civil de Amalia Carreño de Monroy,  conforme lo consignado en la parte motiva del presente proveído.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria     

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