28809(20-02-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28809   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 033  

     Bogotá  D.C.,  febrero  veinte (20) de dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

La  Sala  examina  las  bases  lógicas y de  adecuada  sustentación de la demanda de casación presentada por el defensor de  JAIME GARCÍA NÚÑEZ, contra  el  fallo de segunda instancia proferido por el Tribunal Superior de Neiva el 24  de  julio  de  2007,  a  través  del  cual confirmó integralmente la sentencia  dictada  el  18  de  mayo de la misma anualidad por el Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  Pitalito  (Huila),  por  cuyo  medio  lo  condenó  como autor del  concurso  de  conductas  punibles  de  homicidio  culposo  y lesiones personales  culposas.   

  HECHOS   

El  22 de noviembre de 1998, a la altura del  kilómetro  7  de  la  vía  Palestina  –  Pitalito, en el cruce hacia la Vereda  Emaus,  el  bus  tipo  escalera  de  placas  VZE-207, conducido por JAIME  GARCÍA  NÚÑEZ, se precipitó a un  abismo,  a  consecuencia  de  lo  cual  fallecieron  10  pasajeros  y  otros  40  resultaron lesionados.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

1. Con fundamento en las actas de inspección  a  los cadáveres y el informe de la Estación de Policía de Palestina (Huila),  el  2  de  diciembre  de  1998  la  Fiscalía  Diecinueve  Seccional de Pitalito  declaró  formalmente  abierta  la  instrucción  y  dispuso  vincular  mediante  indagatoria   a   JAIME  GARCÍA  NÚÑEZ.   

2. Cumplido lo anterior, mediante resolución  del  12  de  marzo  de  1999,  la  Fiscalía Veintidós Delegada ante los Jueces  Penales  del  Circuito de Pitalito, impuso medida de aseguramiento de detención  preventiva  a  GARCÍA NÚÑEZ  por  el concurso de delitos de homicidio culposo y lesiones personales culposas.   

3.  Clausurado  el  ciclo  instructivo,  la  Fiscalía  Diecinueve  Seccional  de  Pitalito,  a  través de la resolución de  fecha  20  de diciembre de 2002, acusó a JAIME GARCÍA  NÚÑEZ como autor responsable de las mismas conductas  por las cuales fue afectado con medida de aseguramiento.   

4.  Al  haber  sido  apelada  la resolución  acusatoria  por  los  apoderados de la empresa vinculada como tercero civilmente  responsable,  la  Fiscalía Primera Delegada ante al Tribunal Superior de Neiva,  mediante proveído del 13 de mayo de 2003, la confirmó.   

5. La etapa del juicio fue adelantada por el  Juzgado  Primero Penal del Circuito de Pitalito, despacho que, tras realizar las  audiencias  preparatoria y pública de juzgamiento, mediante sentencia del 18 de  mayo    de    2007,    condenó   a   JAIME   GARCÍA  NÚÑEZ  a  las  penas  principales  de  78  meses  de  prisión,  multa  de  diez  mil  pesos  y  privación  del  derecho  a  conducir  vehículos  automotores  por 36 meses, a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por lapso igual a la pena privativa  de  la libertad y al pago en concreto de los perjuicios ocasionados, al hallarlo  penalmente  responsable  de  los  delitos  de  homicidio  y  lesiones personales  culposas.   

6. El fallo de primera instancia fue apelado  por  el  defensor  del  procesado  y,  el  Tribunal  Superior de Neiva, mediante  sentencia  del  24 de julio de 2007, lo confirmó en la forma como anteriormente  quedó anotado.   

7.  Contra  el  fallo del Tribunal, el mismo  defensor  interpuso  recurso  extraordinario de casación por la vía ordinaria,  cuya admisibilidad estudia ahora la Corte.   

LA DEMANDA  

          Por  la  senda de la causal primera de casación, cuerpo segundo, de  la  Ley  600  de 2000, el recurrente formula dos cargos por violación indirecta  de  la  ley  sustancial. El primero, por falso juicio de existencia por omisión  de prueba y, el segundo, por falso juicio de identidad.   

          Por   razones   de   metodología,   la  Sala  resumirá  de  manera  independiente  cada  uno  de  los reproches formulados por el casacionista y, en  seguida,  examinará  si  en  su  postulación  y desarrollo si cumplen o no los  requisitos  de  lógica y debida argumentación exigidos por la ley para acceder  a este medio extraordinario de impugnación.    

PARA RESOLVER SE CONSIDERA:  

Aclaración Previa  

Antes  de  abordar  el  examen  de lógica y  debida  argumentación  de  cada  uno de los cargos formulados en la demanda, es  necesario efectuar la siguiente precisión:   

Desde  el  16 de febrero de 20051,   la  Sala  mayoritaria  ha  venido  sosteniendo que la concesión y trámite del recurso de  casación  por  la  vía  ordinaria  se  rige  por  la norma procesal de efectos  sustanciales,  vigente  al  momento  de  la  comisión  de  la conducta punible,  siempre y cuando ella resulte favorable al procesado.   

Con  fundamento en el principio de legalidad  previsto  en  el artículo 29 de la Carta Política, la Sala considera que tanto  las  normas  sustanciales, como las procesales de efectos sustanciales, perduran  en  su aplicación inclusive hasta el agotamiento de la fase de ejecución de la  sentencia:    

“Así,  refulge  que  cometido un delito,  toda  la normatividad que lo regula en su descripción típica, en su sanción y  en  las normas procesales de efectos sustanciales, acompañan ad infinitum a ese  comportamiento  y  a su autor, salvo que con posterioridad surja norma nueva que  favorablemente   modifique   tales   atributos   para  que  ésta  sea  aplicada  retroactivamente,  tal  como  lo  autoriza  la norma superior, lo precisa la Ley  600/00  y  lo  reitera  para  el  futuro  el nuevo código de procedimiento (Ley  906/04)”2.     

En ese contexto, las reglas relativas a la  casación   forman  parte  de  la  normatividad  procesal  que  apareja  efectos  sustanciales,  en  la  medida  en que por razón de su limitación, ampliación,  consagración,   eliminación,   etc.   pueden   verse   afectadas   positiva  o  negativamente  garantías  fundamentales, característica que en esencia permite  otorgar la condición de material a una norma instrumental.    

Así  las cosas, al existir variación legal  de  la  norma  original  por  una  posterior  que  impone nuevas exigencias, por  favorabilidad,   debe   preferirse   aquella   que  ofrezca  mayores  garantías  procesales  al  acusado,  como  la que permite acudir a la casación por la vía  ordinaria cuando la sentencia de segunda instancia le es adversa.   

En el asunto bajo examen, se advierte que los  delitos  más  graves  (homicidios  culposos)  ocurrieron  el 22 de noviembre de  1998,  fecha  en  la cual se sancionaban con prisión de 2 a 6 años, de acuerdo  con  lo  previsto  en  el artículo 329 del Decreto 100 de 1980, igual a la pena  fijada  en  el  artículo  109  de  la  Ley  599 de 2000, vigente para cuando se  profirió  el  fallo  impugnado  en  casación  (24  de  julio  de  2007).    

El  artículo  218 del Decreto 2700 de 1991,  modificado  por el artículo 35 de la Ley 81 de 1993, en vigor cuando ocurrieron  los  hechos  (22  de  noviembre  de 1998), permitía la casación ordinaria para  delitos   sancionados   con   pena  privativa  de  la  libertad  “cuyo   máximo   sea   o   exceda  de  seis  (6)  años”.  A  su  turno,  el artículo 205 de la Ley 600 de 2000, vigente  cuando  se  profirió  la  sentencia de segunda instancia, dispuso la viabilidad  del   referido  recurso  “en  los  procesos  que  se  hubieren  adelantado  por  los delitos que tengan señalada pena privativa de la  libertad    cuyo    máximo    exceda    de    ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

Esta confrontación de normas relativas a la  posibilidad  de  acudir  en  casación  por  la  vía  ordinaria,  en razón del  quantum   punitivo,   sin  dificultad  permite  concluir  que  la  demanda  presentada  por  el defensor de  JAIME  GARCÍA  NÚÑEZ, así  el  recurrente  no  lo  haya alegado, es posible examinarla con fundamento en la  ley  favorable  (artículo  218  del  Decreto  2700  de  1991, modificado por el  artículo  35  de la Ley 81 de 1993), en tanto es evidente que la vía ordinaria  le  resulta  más ventajosa que la excepcional, pues esta última, como se sabe,  exige  en  su  formulación  y  demostración una carga argumentativa adicional,  como requisito de procedibilidad.     

          Efectuada  esta  precisión,  la  Sala  procederá  a  calificar  la  demanda  presentada  por  la vía ordinaria, de conformidad con el artículo 213  de  la  Ley 600 de 2000, a objeto de establecer si reúne o no los requisitos de  lógica y mínima argumentación exigidos por la ley.   

          Primer Cargo: Falso juicio de existencia   

          El    censor    considera   que   el   ad  quem  dejó  de  apreciar  el  informe  policivo,  la  certificación  suscrita  por  el  IDEAM,  la  prueba  testimonial y el dictamen  pericial rendido por el ingeniero Fernando Correa Perdomo.   

          A  juicio  del  actor,  si  el  Tribunal no hubiera incurrido en ese  error  de  hecho,  “el  resultado  de  la  sentencia  hubiese  sido  diferente  y  ajustada  con  la  realidad de cómo sucedieron los  hechos”.   

          Después  de  analizar  algunos  fragmentos de la prueba aportada al  proceso,  el  demandante, sin efectuar ninguna petición, termina planteando las  siguientes  conclusiones:  (1)  la  existencia  de  un caso fortuito, como causa  exclusiva  del accidente de tránsito, (2) falta de prueba que permita demostrar  el  excesivo  orillamiento  (sic)  del vehículo en el lugar de los hechos y (3)  concurrencia de culpa.   

          Consideraciones de la Sala:   

Cuando  se  alega  error  de hecho por falso  juicio  de  existencia,  el  casacionista  está  obligado  a  demostrar  que el  sentenciador  omitió  la  valoración  de una prueba legalmente aportada, o que  supuso  un  medio  probatorio  que  no  fue legal y oportunamente incorporado al  proceso  para  sustentar  en  él  su  decisión. La demostración de este error  requiere  no  sólo individualizar la prueba omitida o imaginada por el juzgador  sino,  además,  acreditar  la  trascendencia  del  yerro, es decir, expresar de  manera  fundada  la  forma  como  la no valoración de la prueba o su invención  incidieron decisivamente en el sentido del fallo.   

   

Estos  parámetros no fueron acatados por el  recurrente,  quien  sencillamente,  de  manera particular, estima que de haberse  valorado  la  totalidad  de  la  prueba  aportada  al  proceso,  “el  resultado  de la sentencia hubiese sido diferente y ajustada con  la  realidad  de  cómo  sucedieron los hechos”. A su  juicio,  el  análisis integral del acervo probatorio habría permitido concluir  en  la  existencia  de  un  caso  fortuito, en falta de prueba para demostrar la  responsabilidad del procesado o en concurrencia de culpas.   

De  este  modo, el censor expone su personal  punto  de  vista  sobre  la  valoración  probatoria,  en  contraposición  a lo  concluido  en la sentencia impugnada, pero no demuestra el yerro que propuso. Es  decir,  postula  el  cargo  pero  no  lo  fundamenta conforme a los presupuestos  anteriormente  anotados,  toda  vez  que  se aparta de la valoración probatoria  efectuada  por  el  sentenciador,  para presentarle a la Corte unas conclusiones  diferentes,   sobre   la   base   de   un   nuevo   examen   de   la  prueba  ya  valorada.      

El  siguiente  aparte  de la sentencia del  Tribunal  demuestra  los  defectos  de la demanda, al advertirse que el fallador  sí  valoró  el  conjunto de la prueba aportada al proceso, sólo que arribó a  conclusiones   diferentes  de  las  señaladas  por  el  demandante:     

“El voluminoso caudal probatorio aportado  al  expediente,  permite  concluir  sin  discusión alguna que el bus escalera o  mixto  de  placas VZE-207, conducido por el sentenciado JAIME GARCÍA MUÑOZ, al  momento  de  los  hechos  llevaba un sobrecupo del 151%, pues en lugar de los 45  pasajeros    que    podía    albergar    sentados3, llevaba aproximadamente 113;  con  el  agravante  que algunos iban de pie y fuera de las bancas, especialmente  en la parrilla o capota.   

La  anterior  inferencia  se obtiene de las  uniformes,   convergentes   y   sólidas  declaraciones  de  los  pasajeros  que  comparecieron  al  proceso  a  rendir  sus  testimonios. A manera de ejemplo, la  señora  ROBERTINA  ALVARADO  PAPAMIJA,  hizo  la siguiente narración: “(…)  veníamos  hartísimos,  pues venía sobrecupo adentro  y  en  la  capota, es que adentro venía gente parada  (…)  -f.117, C. 1-. En similar sentido se expresaron entre otros, los testigos  JOSÉ  ALCIDES  AMÉZQUITA  GONZÁLEZ  -f. 214, C.1-, RICARDINA PAPAMIJA -f.134,  C.1-,     GILBERTO     ALVARADO     –f.    135,    C.    1-,   ABELARDO   ORTIZ   MENESES   –f.141,  C.1-,  MARINA  RIVAS  MENESES  –f.  143,  C. 1-, BLANCA  ALICIA           SAMBONI           ALVARADO4  -f.  229  v. y 230, C. 1- y,  YILMER   HERNANDO   ZÚÑIGA  MACÍAS,  quien  al  respecto  expresó:  “(…)  el    carro   venía   siempre   pesado  y el conductos seguía recogiendo pasajeros y echando carga (…)  –f.   151,  C.  1-”.   

          Con fundamento en  la  valoración  de estos testimonios y las demás pruebas allegadas al proceso,  el  Tribunal  descartó  la  fuerza  mayor  o caso fortuito y la concurrencia de  culpas  y  consideró  la  conducta culposa del sentenciado como “causa    eficiente    del   resultado”.   

          El  casacionista, sin atender los requisitos de sustentación que la  jurisprudencia  de  la  Corte  tiene  establecidos  en  relación  con  el yerro  alegado,  propone  unas  conclusiones diferentes, a partir de un nuevo análisis  probatorio.  Así,  olvida que un planteamiento de tal naturaleza se opone a los  fines  del  recurso extraordinario, por cuanto al Tribunal de casación le está  vedado  revivir  el  debate  probatorio y jurídico que terminó con la emisión  del fallo de segundo grado.   

          Lo  expuesto,  es  suficiente  para  concluir  que  el recurrente no  cumple  las  exigencias  legales  de lógica y debida argumentación, dispuestas  para  que  proceda el reproche por falso juicio de existencia planteado, lo cual  irremediablemente conduce a su inadmisión.   

         Segundo Cargo: Falso juicio de identidad   

            

         El   casacionista   estima   que   el   ad  quem  efectuó  un  análisis  parcial  de  los medios  probatorios,  específicamente  de  la  prueba  testimonial,  en razón a que se  evaluó  por  partes   y  no  en  conjunto,  lo  cual  afecta  su contenido  integral.     De     haberse     efectuado    un    análisis    “ponderativo”   y  total  de  la  prueba  testimonial,     el     resultado     sustancial    declarado    hubiera    sido  diferente.   

         Según  el  censor, los testimonios alterados en su contenido fueron  los  de  Ricardo  Papamija, Yilber Hernando Zúñiga Macías, Robertina Alvarado  Papamija,  Alfredo   Cháves,  Melfi  Calderón  Artunduaga,  Aldemar Rojas  Ricaurte,  Luz  Dary  Alvarado,  Darío  Quisaboni,  Rosa Elicia Urbano, Gabriel  Macías y Raúl Macías Papamija.   

         En  seguida,  señala  que:  “La  prueba  testimonial  analizada  de  manera  íntegra,  nos  permite  inferir  de  manera  expresa,  que  el  accidente  se  debió  al  mal estado de la vía, que para la  época  de  los  hechos,  las  condiciones  climatológicas  de la zona en donde  ocurrió  el  accidente,  era de constantes lluvias; que sobre la vía, existía  un  obstáculo,  propiciado por las condiciones climatológicas; que la banca de  la  vía  cedió,  debido  a  las  intensas  lluvias, y que existió culpa de la  víctima,  al  abordar el vehículo, de manera voluntaria, pese a que venía con  sobrecupo,    poniendo    en    riesgo    su   integridad   personal”.   

         Finalmente,  solicita  a  la Corte casar el fallo recurrido y, en su  lugar, dictar la sentencia de carácter absolutorio.   

Consideraciones de la Sala:  

La jurisprudencia de esta Corte ha sostenido  que  si  lo  pretendido  es  denunciar  la  configuración de un falso juicio de  identidad  en  la  apreciación  probatoria,  el  casacionista  debe  cotejar el  contenido  material  de  la  prueba  con  lo  que  de  ella  dijo exactamente el  juzgador,  con  el fin de verificar la manera como se le tergiversó, cercenó o  adicionó,  haciéndole  producir  efectos que objetivamente no se establecen de  ella,  así como la repercusión definitiva del desacierto en la declaración de  justicia  contenida  en  la  parte resolutiva de la sentencia acusada de ilegal.   

En esta labor, el actor debe enseñarle a la  Corte  el  contenido exacto y completo de la prueba o pruebas que cuestiona y el  modo  como  su  valoración  correcta  habría  dado  lugar  a proferir un fallo  sustancialmente distinto y opuesto al impugnado.   

El  censor,  al  igual  que  en  el  cargo  anterior,  en  este  caso también presenta una conclusión probatoria opuesta a  la  del  juzgador,  pero  no demuestra el reproche formulado por falso juicio de  identidad,  pues  se  abstiene  de  confrontar  el  contenido  material  de  los  testimonios  que  apenas  menciona, con la supuesta modificación de su texto en  la sentencia impugnada.   

De  esta  manera,  el  actor  simplemente  relaciona  un  número  determinado  de  testimonios, sin constatar la anunciada  tergiversación  por  cercenamiento  de  la  prueba,  lo  cual impide abordar su  estudio de fondo.    

Obsérvese que el casacionista, en lugar de  ofrecer  argumentos  orientados  a  probar la alteración objetiva de la prueba,  indica   que   “el   análisis   integral   de  los  testimonios”,  permite  colegir  que  el  accidente  habría   ocurrido   por   “el  mal  estado  de  la  vía”,  “las condiciones  climatológicas”  o,  en fin, por la “culpa de las víctimas”.   

El  reparo  en tales condiciones, se ofrece  carente  de  los fundamentos necesarios para ser examinado en sede de casación,  toda  vez  que  lo  pretendido  por  el  recurrente  es exponer su disparidad de  criterio   frente   al  valor  suasorio  otorgado  por  el  Tribunal  al  caudal  probatorio,  sin  evidenciar  la  manera  como  se habría alterado el contenido  objetivo  de  las  pruebas, al punto de haberse declarado una verdad distinta de  lo que revela su tenor literal.   

Al  haber  omitido del recurrente esa carga  argumentativa,  la  Corte  no puede entrar a suplirla, porque ello quebrantaría  el principio de limitación que gobierna su actuación.   

En consecuencia, por no cumplir la exigencia  de  adecuada  y  lógica sustentación, la Sala también inadmitirá este cargo.   

Al margen de lo anotado, debe precisarse que  no  se  evidencia  en  el curso de la actuación ni en el fallo de segundo grado  vulneración   de   derechos   o   garantías   fundamentales   de  JAIME     GARCÍA     NÚÑEZ,     cuyo  restablecimiento deba la Corte corregir de oficio.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

        INADMITIR    la    demanda     de  casación  presentada  por el defensor de JAIME  GARCÍA  NÚÑEZ, de acuerdo con las  consideraciones   anotadas   en  la  parte  motiva  de  esta  providencia.    

De acuerdo con lo dispuesto en el artículo  187   de  la  Ley  600  de  2000,  contra  esta  decisión  no  procede  recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO              MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS    

AUGUSTO       J.       IBAÑEZ  GUZMÁN             JORGE LUIS QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                            JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 Auto  del 16 de febrero de 2005, Rad. 23006.   

2  Ibídem.   

3  Según lo confesó el procesado en su indagatoria.   

4   “(…)  entonces  el  ayudante nos dijo echen para arriba que arriba hay carpa  (…),  por ahí en Galicia le dijimos que no echara más gente pero él no hizo  caso   (…)   el   decía   súbanse   que   de   cualquier   forma  nos  vamos  (…)”.     

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