28476(16-12-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 28476  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                   

Magistrado Ponente:  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado   Acta   No.  359   

         Bogotá   D.   C.,  dieciséis  (16)  de  diciembre de dos mil ocho (2008).   

         

VISTOS:   

La    Sala  se   pronuncia  sobre  la  petición  de  nulidad  del  auto  mediante  el  cual  se  admitió  la  demanda  de  revisión, formulada  por  el  defensor  de  CÉSAR  EMILIO CAMARGO CUCHÍA.   

  HECHOS     

El día 13 de abril de 1992, el señor Oscar  Iván  Andrade  Salcedo  en compañía de Astrid      Leonor,     Gloria      Beatriz     y     Carmen     Esperanza     Álvarez  Jaimes;   Leonardo   Arévalo  Galvis,  Faryde    Herrera    Jaime,    y    el    menor    Juan    Felipe    Rúa,   se      desplazaba      de   la   ciudad   de   Cúcuta  a  Ocaña  (Norte  de  Santander),  en  el  vehículo  tipo  camioneta  Toyota Samurai de  placas  SCK-297, cuando a la  altura  del  sitio  denominado  “Alto  del Pozo”,  fueron   sorpresivamente  atacados   con   granadas   y   disparos   de   arma  de  fuego;   como  consecuencia  de  la  agresión,   fallecieron  Oscar    Iván    Andrade    Salcedo    y    Faryde  Herrera;   además,  resultaron  lesionados  Astrid  Leonor,   Gloria  Beatriz  Álvarez  Jaime  y  Juan  Felipe  Rúa.  Los  acontecimientos   fueron   atribuidos   a  una  patrulla  mixta de la Policía Nacional, al mando del mayor  CÉSAR  EMILIO  CAMARGO  CUCHÍA,  adscrito  al  Cuarto  Distrito de Policía de  Ocaña,    que    realizaba   labores   de   contraguerrilla   en   aquella región.   

Los  miembros de la Fuerza Pública autores  del  ataque, recogieron a las víctimas y las trasladaron al hospital de Ocaña,  pero no reportaron los hechos al Comando de la Policía.    

ANTECEDENTES  

1.  La  familia  Faryde  Álvarez  denunció  los hechos y el Juzgado 12 de Instrucción Criminal  de  Norte  de  Santander  abrió investigación el 12 de junio de 1992 y dispuso  vincular  como  sindicados  al  mayor CÉSAR EMILIO CAMARGO CUCHÍA, al capitán  EDUARDO  GUZMÁN LÓPEZ, y a los agentes ROBERTRO ROSERO MONTERO, HENRY SÁNCHEZ  BUENO  y  OSCAR  OVIEDO  CÁCERES,  miembros  todos  de  la  Policía  Nacional.   

2.  La  Fiscalía  Primera Especializada de  Cúcuta   (Norte   de  Santander),  definió  la  situación  jurídica  de  los  sindicados  mediante resolución de 12 de febrero de 1993, imponiéndoles medida  de  aseguramiento  de  la  detención  preventiva por los delitos de homicidio y  lesiones personales.   

3. El Comando de  Policía   Norte   de   Santander   –Juez  de  Primera  Instancia-, le propuso colisión de competencia  positiva  a  la  Fiscalía y ésta no fue aceptada, por tanto con resolución de  15  de  febrero  de  1993  remitió  el  expediente  al  Consejo  Superior de la  Judicatura,  quien  mediante  proveído de 26 de marzo del mismo año asignó la  competencia a la Justicia Penal Militar.   

4.  El  Comandante  General de las Fuerzas  Militares,  a  través  de  la  resolución No. 293 de octubre de 1993, designó  como  Juez de Primera Instancia al Inspector General de la Policía, quien luego  de   cumplida  la  etapa  instructiva  calificó  el  mérito  probatorio  mediante  interlocutorio de 22 de marzo de 1994, con el que  convocó a los implicados a consejo verbal de guerra.   

5. Celebrado el  consejo  verbal  de  guerra,  el veredicto mayoritario absolutorio fue declarado  contraevidente,  y  finalmente, el 13 de diciembre de 1994 se realizó  el  segundo debate, al término del cual los vocales emitieron  un nuevo fallo de no responsabilidad.   

6.    En  consecuencia,  el  Juez  de  primera  instancia,  acogió  el  veredicto  de los  vocales,  y  mediante  sentencia  de  20  de  diciembre  de 1994 absolvió a los  procesados,  decisión  que  fue  confirmada  en  segunda instancia por  vía de consulta, el 27 de febrero  de   1995  por  el  Tribunal  Superior  Militar.  No  se  interpuso  el  recurso  extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

El  Procurador  30  Penal II, en   calidad  de  Agente  del  Ministerio  Público,  con  fundamento en el numeral 3° del artículo 220 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000), presentó  demanda  de  revisión contra la sentencia absolutoria de 27 de febrero de 1995,  dictada   por  el  Tribunal  Superior  Militar,  por  cuanto,  esta  acción es  viable   conforme  a  la  sentencia   C-004   de   enero   20   de   2003   al   prever  que  “que  la  acción  de  revisión por  esta  causal  –esto es,  por  la  tercera  del artículo 200 de la Ley 600 de 2000-, procede en los casos  de  preclusión  de  la  investigación,  cesación de procedimiento y sentencia  absolutoria,  en  procesos  por  violaciones  de derechos humanos o infracciones  graves  al  derecho  internacional  humanitario,  incluso  si no existe un hecho  nuevo  o  una  prueba no conocida al tiempo de los debates, siempre y cuando una  decisión  judicial  interna  o  una decisión de una instancia internacional de  supervisión  y control de derechos humanos, aceptada  formalmente  por  nuestro país, constaten un incumplimiento protuberante de las  obligaciones  del Estado colombiano de investigar en forma seria e imparcial las  mencionadas violaciones”.   

1. Se  refiere a los acontecimientos, a la actuación procesal y a la  decisión de primera y segunda instancia que acogió  el  veredicto  mayoritario  de  los vocales que actuaron en el consejo verbal de  guerra,  que  emitieron  un  fallo  de  no  responsabilidad  de  los implicados.   

2.   Señala  que Colombia es parte de la Convención Americana de  Derechos  Humanos  desde el 31 de julio de 1973, y en tal calidad el 21 de julio  de  1985  reconoció la competencia contenciosa de la  Corte Interamericana de Derechos Humanos.   

3. Refiere el accionante, que la Comisión  Colombiana  de  Juristas  presentó ante la Comisión Interamericana de Derechos  Humanos  una  petición  relacionada con la violación del derecho a la vida y a  la  integridad  personal, fuera de combate, de Faryde Herrera Jaime, Oscar Iván  Andrade  Salcedo,  Astrid Leonor Álvarez Jaime, Gloria Beatriz Álvarez Jaime y  Juan  Felipe  Rúa  Álvarez,  por  parte  de oficiales y agentes de la Policía  Nacional de Colombia.   

4.  Los representantes de las víctimas y  el  Estado  colombiano,  el  27  de  mayo  de  1998,  suscribieron un acuerdo de  solución  amistosa  en  el  caso  No.  11.531, denominado Faryde Herrera Jaime,  y   en   cumplimiento   del   mismo,   el   Presidente   de   la  República  de  Colombia,  reconoció  públicamente  la  responsabilidad  del Estado en este  caso.   

El  Gobierno  se  comprometió  además, a  informar  a  los  peticionarios  y  a  la  Comisión  Interamericana de Derechos  Humanos  (CIDH)  acerca  del  resultado del estudio hecho sobre la viabilidad de  ejercitar    la   acción   de   revisión   por   parte   de   los   organismos  competentes.   

5. La Comisión Interamericana de Derechos  Humanos,  mediante  informe  No. 46 de 9 de marzo de 1999, aprobó el acuerdo de  solución amistosa en el caso objeto de revisión.   

6.- Con base en el citado informe No. 46 de  9  de marzo de 1999 de la Comisión Interamericana de  Derechos  Humanos, la Directora de Derechos Humanos y  Derecho  Internacional  Humanitario del Ministerio de  Relaciones  Exteriores,  le  pidió  el  10  de enero de 2007 a la Procuraduría  General   de  la  Nación,  ejercer  la  acción  de  revisión  en  este  caso.   

7.  Estima  el  demandante  que  el Estado  colombiano  ha incumplido su obligación de investigar y fallar en forma seria e  imparcial   los  hechos  violatorios  de  los  derechos  humanos  y  el  derecho  internacional humanitario.   

8.  La  demanda  fue  admitida  a trámite  mediante  auto de 2 de noviembre de 2007, y se halla  debidamente notificada.   

LA PETICIÓN DE NULIDAD  

El  defensor  de  CÉSAR  EMILIO  CAMARGO  CUCHÍA,  a  través  de escrito presentado el 29 de agosto de 2008 propone  la  nulidad  del auto de 2 de noviembre de 2007, mediante  el  cual  se  admitió  la  demanda de revisión presentada por la Procuraduría  General  de  la Nación, contra la sentencia de 27 de  febrero de 1995, proferida por el Tribunal Superior Militar.   

Sustenta  la  petición de nulidad en dos aspectos:   

i).-La  inexistencia  del  hecho  nuevo  o  prueba nueva no conocida al tiempo de los debates.   

ii).-  La  aplicación  de  una  norma  de  procedimiento  que  no  se  hallaba  vigente  para  la  época  de  los  hechos.   

Señala  que  si  bien  la  sentencia  C-004  de 2003 de  la Corte Constitucional contempla la posibilidad de la acción  de  revisión  en casos de violaciones de derechos humanos o graves infracciones  al  derecho internacional humanitario, exige el cumplimiento de dos condiciones:  una,  “que  para esa violación se haya constatado  la  existencia del hecho nuevo o de la prueba nueva no conocida al tiempo de los  debates”  requisito que no se cumple en este caso,  puesto   que  se  trata  es  de  un  “acaecimiento  fáctico  vinculado  al  delito que fue objeto de la  investigación  procesal”,  aspecto que conforme a  la jurisprudencia de la Sala no tiene demostración.   

La  acción  de  revisión,  manifiesta el  apoderado,  es  un  mecanismo  extraordinario  que solo procede por las causales  expresamente  señaladas  en  la  ley,  y  como  en este caso, la norma procesal  vigente  para la época en que sucedieron los hechos y se profirió la sentencia  objeto  de  examen era el  Decreto   050   de   1987,   cuya   legislación   no  contemplaba  la  posibilidad  de revisión por violaciones de derechos humanos,  no  es  permitido  interpretar la ley procesal de efectos sustanciales de manera  desfavorable a los intereses del procesado.   

De          modo  que, al haber admitido la demanda  de   revisión   al   amparo   del   artículo   222   de  la  Ley  600  de  2000, se esta atentando contra  el  principio  de  legalidad,  ya que esta normatividad no se hallaba vigente al  “momento  en que ocurrieron los hechos”  y  afecta la actuación de manera  sustancial,  por  lo  tanto pide se declare la nulidad a partir del auto de 2 de  noviembre de 2007.   

CONSIDERACIONES  DE LA  SALA   

         

1.          En             reiterada        jurisprudencia1,  la  Corte  tiene  establecido  que  los  motivos  de  ineficacia  de  los actos procesales, no son de libre postulación, en cuanto se  hallan   sometidos   al  cumplimiento  de  precisos  principios  que los orientan y hacen operantes.   

Se  ha  dicho,  entonces,  que  sólo  son  alegables   las   nulidades  expresamente  previstas  en  la  ley  (taxatividad);  no  puede invocarlas el  sujeto    que    con   su   conducta   procesal   haya   dado   lugar  a  la  configuración  del  motivo  enervante,  excepto  el  caso  de  ausencia  de  defensa  técnica (protección);  aún cuando se presente  el  vicio,  puede  convalidarse  con  el  consentimiento  expreso  o tácito del  perjudicado,  a  condición  de  que sus garantías fundamentales estén a salvo  (convalidación);  quien  invoque    la    nulidad   está   obligado   a   acreditar   que   con   la  irregularidad  se          afectan  garantías  constitucionales de los  sujetos  procesales  o  desconoce las bases fundamentales de la instrucción y/o  el     juzgamiento     (trascendencia);  y,  además,  que no existe otro remedio procesal, distinto de  la   nulidad,   para   subsanar   el   yerro   que   se  advierte  (residualidad).   

2. En  múltiples  oportunidades  ha dicho  la  Sala  que  la acción de revisión, como     mecanismo     independiente   del   proceso   penal  orientado    a    remover    una   sentencia   injusta   que   ha   hecho      tránsito     a     cosa  juzgada,  obedece a unas  específicas  y  taxativas  causales,  con  asidero  en  las  cuales la ley hace  admisible controvertir la firmeza de una sentencia.   

De    igual    manera    se  advierte,  por  tanto,  que  los  fundamentos para reclamar la  viabilidad  de las pretensiones revisoras, sólo pueden edificarse en orden a la  concurrencia   de  las  causales  que  legalmente  posibilitan  acceder  a  esta  especializada  acción,  o lo que es igual, que no cualquier alegato discrepante  con  la  sentencia  justifica su ejercicio, ni pretendidos yerros valorativos de  las  pruebas  ni  afirmados  vicios  in  procedendo  cuya admisibilidad, como es  sabido,  sólo  es procedente, en principio, por vía del recurso extraordinario  de casación.   

Sobre   el   particular,   la   Corte,   en   reciente  decisión  dijo2:   

“1. La acción  de  revisión, a diferencia del recurso extraordinario de casación –a  través  del  cual, con apoyo en  los  motivos legales que lo hacen procedente, es posible discutir la regularidad  del  trámite  procesal, el cumplimiento de las garantías debidas a las partes,  los  supuestos  de  hecho de la sentencia de segunda instancia no ejecutoriada y  sus     consecuencias    jurídicas—,   tiene   como   objeto  una  sentencia,  un  auto  de  cesación  de procedimiento o una  resolución  de  preclusión  de  la  investigación  que  hizo tránsito a cosa  juzgada     y    como    finalidad    remediar  errores  judiciales  originados  en  causas  que  no  se  conocieron  durante  el desarrollo de la actuación y que están limitadas a las  previstas en la ley.   

No es la acción de revisión por tanto un  mecanismo  disponible  para  reabrir el debate procesal, resultando indebido por  lo  mismo  sustentarla  en fundamentos propios del recurso de casación. Tampoco  es  una  tercera  instancia a la que se accede para discutir lo resuelto por los  jueces  o  fiscales  con  base  en  los  mismos  elementos  probatorios  que les  sirvieron a aquellos para tomar las decisiones.   

Lo  anterior significa que por medio de la  acción  de revisión no se puede abrir de nuevo el debate sobre lo declarado en  la sentencia”.   

3. En el caso en  estudio,  se  propone una  nulidad  de  la  actuación  a  partir  de  la  admisión de la demanda, bajo el  argumento  que  el accionante sustentó su pretensión en una norma legal que no  se  hallaba  vigente  para  la  época  en  que ocurrieron los hechos que fueron  motivo   de   investigación   y   fallo,   por  lo  tanto,  se  está      ante      “una  verdadera  interpretación  errónea  de la ley sustancial al  invocar   la   validez   y   vigencia   de   la   Ley  600  de  2000”,   puesto  que,  las   disposiciones   procedimentales  que  regían  para  aquel  entonces (Decreto 050 de  1987),    según   el  defensor,  no contemplaban la causal de revisión que  se invoca en el libelo.   

En la sentencia cuya revisión se pide se  debatieron  hechos  ocurridos  el  13  de  abril  de  1992  en el sitio conocido  como      “Alto    del    Pozo”,   jurisdicción   del   municipio   de   Ocaña,   Norte   de  Santander,  donde varias  personas  que se desplazaban en un vehículo, fueron  sorpresivamente  atacadas  con  granadas  y  disparos  de  fusil  por  una  patrulla  mixta  de la Policía  Nacional,  al  mando del mayor CÉSAR EMILIO CAMARGO CUCHÍA, adscrito al Cuarto  Distrito  de  Policía  de  Ocaña,  que realizaba labores de contraguerrilla en  aquella  región.  Como  consecuencia  de  la agresión, fallecieron Oscar Iván  Andrade  Salcedo y Faryde Herrera; además, resultaron lesionados Astrid Leonor,  Gloria  Beatriz  Álvarez  Jaime y Juan Felipe Rúa,  ellos todos, civiles no combatientes.   

El fallo objeto de revisión fue proferido  en  segunda instancia por el Tribunal Superior Militar el 27 de febrero de 1995,  y adquirió ejecutoria el 15 de marzo del mismo año.   

La demanda de revisión fue presentada el  28  de  septiembre  de  2007  y  admitida  con  auto de 2 de noviembre del mismo  año.   

4. Sin  dificultad  alguna  se advierte que para el año 1992 (época  en  que  sucedieron  los  hechos),  no  se  había  expedido la Ley 600 de 2000,  Código  de  Procedimiento Penal, como tampoco se hallaba vigente el Decreto 050  de  1987,  como  equivocadamente  lo  señala  el defensor, ya que para entonces  imperaba    el   procedimiento  penal  establecido  por  el  Decreto  2700  de  1991  que  en su artículo 232 regulaba   de   manera  idéntica  la  procedencia  de  la  acción  de revisión a como fue concebida por el artículo  220   de   la   posterior   codificación,   la   Ley   600  de  2000.    

5.   De  modo  que, frente al tema  de  la  aplicación  de  una  u  otra norma procesal a un caso concreto, resulta  relevante  el  contenido  del  artículo  29  de la Carta Política que  se  ocupa  de  reconocer  el  derecho  fundamental  al debido  proceso,  “en  materia  penal,  la  ley permisiva o favorable, aun cuando sea posterior, se aplicará de  preferencia      a      la      restrictiva      o      desfavorable”.   

        Si  bien  por  regla  general  la  ley  rige  para  las  conductas  cometidas  durante  su  vigencia,  en  virtud  del principio de favorabilidad es  posible  excepcionar  tal postulado mediante su retroactividad o ultraactividad.  En  el primer caso, la norma es aplicada a hechos acaecidos antes de que entrara  a  regir, mientras que en el segundo, su aplicación tiene lugar cuando ya no se  encuentra  vigente,  respecto de sucesos ocurridos cuando regía, siempre que un  tal  proceder reporte tratamiento benéfico a la situación del sujeto pasivo de  la acción penal.   

        La  aplicación  de  la  ley  penal  permisiva  o favorable supone  sucesión  de  leyes  en el tiempo, esto es, que una disposición sea sustituida  por  otra,  o  bien,  que  coexistan  preceptos  de diferentes ordenamientos con  identidad  en  el  objeto de regulación, en cuanto no corresponde a un criterio  de  interpretación  del  mismo  cuerpo  normativo, como cuando entre dos normas  vigentes   se   aplica   una   de  ellas  eliminando  un  concurso  aparente  de  delitos.   

Según  el  inciso  2° del artículo 6°  de    los Códigos  de  Procedimiento  Penal  coexistentes, Ley  600  de  2000  y  Ley 906 de 2004,  “La  ley  procesal  de  efectos  sustanciales  permisiva  o  favorable,  aun  cuando  sea posterior a la  actuación,    se    aplicará    de    preferencia    a    la   restrictiva   o  desfavorable”,  norma  que  tiene la condición de  rectora,   motivo  por  el  cual  es  obligatoria  y  prevalece  “sobre  cualquier  otra  disposición”  del  mencionado  estatuto,  a  la  vez  que presta utilidad como “fundamento  de  interpretación”, de  conformidad  con  lo  establecido  en el artículo   24   y   26  de     la     citada    codificación.   

De conformidad  con  el  artículo  40  de  la  Ley  153 de 1887, las  leyes   de   carácter   procesal  tienen  vigencia  inmediata  y  rigen  hacia  el  futuro;  no obstante, cuando de ellas se derivan  “efectos          sustanciales”   para   el   incriminado,  opera  también  el  principio  de  favorabilidad,  como  clara  y  expresamente  lo  establece  el  inciso  2º del  artículo 6º del estatuto procesal penal, según se precisó.   

En  materia  penal,  como  se  sabe,  la  favorabilidad  constituye  una excepción al principio de irretroactividad de la  ley,  pudiéndose  aplicar  en  su desarrollo una ley  posterior   al  hecho  cometido  (retroactividad)  o  prolongarle  sus efectos  mas    allá    de    su   vigencia   (ultractividad),  siempre  que  en  algún  momento haya regido la  actuación  y  que  -desde  luego-  sea,  en  uno u otro caso, más favorable al  sindicado o condenado.   

Tal como se desprende de lo reglado en los  últimos    estatutos,    tampoco   cabe   duda   que   la   ley   procesal   de  efectos sustanciales debe  recibir  igual  tratamiento  que la penal sustantiva,  siendo  esa la razón por la cual no puede dársele a una y a otra valoraciones,  alcances  y  aplicaciones distintos, como que desde aquella óptica están en un  mismo plano de igualdad.   

El  ordenamiento  jurídico  recoge  ese  precepto  en los artículos 44 de la Ley 153 de 1887, 6° del Código Penal (Ley  599  del  2000)  y  6°  del  Código de Procedimiento Penal (Ley 600 del 2000),  normas  que  son  obligatorias,  prevalentes  y  que  deben  ser  empleadas como  criterios orientadores y de interpretación para las restantes.   

El  artículo  9°  de  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos  (Pacto de San José de Costa Rica, adoptado  mediante  Ley  16  de  1972),  bajo el título de “Principio de legalidad y de  retroactividad”,    establece    similar    derecho    en    los    siguientes  términos:   

“Nadie puede  ser  condenado por acciones u omisiones que en el momento de cometerse no fueran  delictivas  según  el  derecho  aplicable.  Tampoco  se puede imponer pena más  grave  que  la  aplicable  en  el  momento  de  la  comisión del delito. Si con  posterioridad  a  la  comisión  del delito la ley dispone la imposición de una  pena   más   leve,   el   delincuente   se   beneficiará  de  ello”.   

Idéntica  es la redacción del artículo  15.1  del  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos (Ley 74 de  1968).   

Estas   disposiciones   del   derecho  internacional  cumplen  los requisitos del artículo 93 de la Carta Política y,  por    tanto,    “prevalecen    en    el   orden  interno”,  porque  forman  parte  del  denominado  “bloque    de    constitucionalidad”.   

La   normatividad   citada   exige   la  aplicación   del   principio   y   derecho  fundamental  constitucional  de  la  favorabilidad  sin  excepción  alguna.  Este  último mandato, además, aparece  expresamente consagrado en la disposición del estatuto penal.   

En relación con las normas procesales de  efectos  sustanciales, la resolución del conflicto por un tránsito de leyes en  el  tiempo,  en  términos  generales,  resulta  de fácil solución cuando  quiera  que se tengan dos enunciados que formen parte de dos o más sistemas de procedimiento similares.    No    genera   ningún  inconveniente,  por  ejemplo, el enfrentamiento entre las reglas del Decreto 050  de  1987  y  las  del Decreto 2700 de 1991, o entre las de éste y las de la Ley  600 del 2000.   

El  estudio  y  escogencia  de  la  pauta  benigna     surge     evidente,     porque     se     parangonan    sistemas      y     estructuras     de     procedimiento     penal  semejantes, que regulan las mismas materias y parten  de  los  mismos presupuestos, como en el caso concreto, que la regulación de la  acción  de  revisión  es  idéntica, de manera que con la aplicación de una u  otra  normatividad  no resulta afectado derecho sustancial alguno del implicado.   

De esta manera resulta acertada por parte  de  la Procuraduría General de la Nación (accionante), la escogencia de la ley  aplicable  en este asunto.   

Ahora bien,  con relación a la causal  invocada,  artículo  220-3  de  la Ley 600 de 2000,  Código  de  Procedimiento  Penal,  el  peticionario  señala que los motivos de  revisión   son   de   expreso  señalamiento  legal,  cuya  interpretación  es  restrictiva,  por  tanto, como en la norma citada no se contempla la posibilidad  de  remoción    de  una  sentencia  en firme bajo el argumento que se  trate  de  violaciones  de  derechos  humanos  o  infracciones graves al derecho  internacional  humanitario,  ya  que  estos  aspectos  por  si  solos, según el  defensor,  no  entrañan  el hecho nuevo o prueba nueva no conocida al tiempo de  los  debates,  sino  que requiere la constatación o  existencia  de  un “acaecimiento fáctico vinculado  al   delito   que   fue   objeto   de   la  investigación  procesal”   

Cabe  recordar  entonces,  que  con  fundamento  en el principio de legalidad, según el cual  la  ley  debe  ser  preexistente  al  acto  que  se  investiga,  es  decir,  sólo  rige  hacia  el  futuro a partir de su entrada en  vigencia  [principio  de  irretroactividad  de  la  ley  penal reconocido en los  artículos  29  de  la  Carta Política, 15-1 del Pacto de Nueva York (Ley 74 de  1968)  y  9º de la Convención de San José de Costa Rica (Ley 16 de 1972)], es  claro  que únicamente puede ser aplicada excepcionalmente de manera retroactiva  cuando   resulte   favorable  a  los  intereses  del  incriminado.  Sin  embargo,  una nueva visión de tal situación permite inferir  que  la causal de revisión establecida en el numeral  3º  del artículo 220 de la Ley 600 de 2000, ha sido  armonizada    conforme    a    los    estándares    internacionales3 frente a la  violación   de   humanos   o   graves  infracciones  al  derecho  internacional  humanitario,   eventos   en   los   cuales  es  procedente  la  revisión  de  sentencias absolutorias, aún sin que aparezca un hecho  nuevo  o  prueba  nueva  no  conocidos  al  tiempo del proceso, a condición que  exista  un  pronunciamiento  judicial  interno  o  una  decisión  de  instancia  internacional   de   supervisión   y  control  de  derechos  humanos,  aceptada  formalmente por nuestro país.   

Precisamente la demanda de revisión tiene  como  sustento fáctico el informe No. 46 de 9 de marzo de 1999, de la Comisión  Interamericana  de  Derechos  Humanos,  mediante  el  cual aprobó el acuerdo de  solución   amistosa   suscrito   entre  el  Estado  colombiano  y  los  representantes  de  las  víctimas,  en  el  que además, el  Gobierno  se  comprometió  a  informar  a  los  peticionarios y a la Comisión,  acerca  del  resultado  del  estudio  hecho  sobre la viabilidad de ejercitar la  acción de revisión por parte de los organismos competentes.   

El  mencionado  informe  de  la Comisión  Interamericana  de  Derechos  Humanos,  en  el  capítulo IV, relacionado con el  acuerdo  de  solución  amistosa,  consignó,  entre  otras,   las   siguientes   obligaciones   a  cargo  del Estado:   

“1. El estado  expresa  su sentimiento de pesar y solidaridad a los familiares de las víctimas  y   manifiesta   su   voz   de  censura  y  rechazo  en  relación  con actuaciones de este tipo.   

El Gobierno se compromete (…)  

2. (…)  

3.  Teniendo en cuenta la obligación del  Estado  Colombiano  adquirida conforme a la Convención Americana sobre Derechos  Humanos  (en  adelante  la  Convención),  de  investigar,  juzgar,  sancionar y  reparar  a  las  víctimas  y  a  sus  familiares, y la no procedencia de alegar  razones   internas   para   eludir   el   cumplimiento   de   sus   obligaciones  internacionales,  el  Gobierno  de Colombia se compromete a continuar estudiando  los  mecanismos  internos  que  conforme  al  ordenamiento  vigente  le permitan  satisfacer  los  derechos  de  las víctimas en materia de derecho a la justicia  (artículo  8  y  25  de  la Convención), y a informar a los peticionarios y la  CIDH.   

En tal sentido el Gobierno se compromete a  informar  a  los  peticionarios y a la CIDH acerca del resultado del estudio que  sobre  la viabilidad de ejercer la acción de revisión adelantan los organismos  competentes.   

4. El Gobierno  de  Colombia asume el compromiso de observar, adoptar y materializar cada una de  las  recomendaciones  contenidas  en  el  informe  a  que  se ha venido haciendo  referencia, (…)”   

Más  adelante,  en  el  capítulo de las  conclusiones  del  informe  a  que  se  viene  haciendo alusión, el numeral 3º  dispuso:    

“Continuar  con  la supervisión del cumplimiento con los compromisos asumidos con relación  a  la  recuperación  de la memoria histórica de las víctimas y el acceso a la  justicia”.   

Como quedó consignado en el resumen de la  demanda,  el  fundamento  de  la  causal  fue el informe No. 46 de 9 de marzo de  1999,  expedido  por  la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en el caso  11.531,  conocido como “FARIDE HERRERA JAIME, OSCAR  IVÁN  ANDRADE  SALCEDO,  ASTRID  LEONOR  ÁLVAREZ JAIME, GLORIA BETRIZ ÁLVAREZ  JAIME      Y      JUAN     FELIPE     RUA     ÁLVAREZ-     COLOMBIA”,   en   el  que  se  reconoce  la  responsabilidad  del Estado por actuaciones de violencia por parte de servidores  públicos,  en  perjuicio  de las víctimas antes mencionadas, por violación de  los  derechos  humanos e infracción grave al derecho internacional humanitario.   

Por  lo  anterior,  en  el  informe  se  recomienda,  en  el caso  particular,  que  la  Procuraduría  General  de la Nación estudie la  posibilidad  de  presentar  y,  en caso de encontrarlo viable,  proceder  a promover, a través del Ministerio Público, la acción de revisión  del proceso.   

Del    mismo    modo    exhortó     al     “Gobierno  Nacional  y  a  la  Consejería  Presidencial  para  los  Derechos  Humanos  que  se  investiguen  los  delitos  en los que pudieron haber  incurrido   los   miembros   de  la  Policía  Nacional  que  obstaculizaron  la  producción de pruebas en el caso”.   

Es   claro  entonces,  que  existe  una  decisión  de instancia  internacional  de  supervisión  y  control  de derechos humanos, respecto de la  cual  el  Estado colombiano ha aceptado formalmente la competencia, por  lo  tanto, resulta válido afirmar  que  de  acuerdo  con  el artículo 93 de la Constitución Política,    los    tratados   y   convenios  internacionales  ratificados por el Congreso, que reconocen los derechos humanos  y   prohíben   su  limitación  en  los  estados  de  excepción,  tienen     plenos     efectos     jurídicos     y    prevalecen   en   el   orden  interno.   

Entonces,  si la Comisión Interamericana  de  Derechos  Humanos es un órgano de protección de los derechos humanos de la  Organización  de  Estados Americanos –OEA-,  de  la  cual  forma  parte  Colombia,  como  también de la  Convención  Americana sobre Derechos Humanos que aprobó la Ley 16 de 1972 y se  ratificó  el  31  de julio de 1973, forzoso es colegir que la Convención, como  instrumento  de protección de los derechos humanos, hace parte del ordenamiento  interno y del bloque de constitucionalidad.   

Así   las   cosas,  las  disposiciones  contenidas  en  los  instrumentos  internacionales  que  han  sido  aprobados  y  ratificados  por  Colombia,  en  este  caso  la  normatividad  contenida  en  la  Convención   Americana   sobre  Derechos  Humanos,  estaban  vigentes  para  el  13   de   abril   de   1992,  fecha  en  la  que  ocurrió  la  muerte  violenta de Oscar Iván Andrade  Salcedo  y  Faryde Herrera; además, resultaron lesionados Astrid Leonor, Gloria  Beatriz Álvarez Jaime y Juan Felipe Rúa.   

Habiéndose  señalado, por consiguiente,  por  parte  de  la  Comisión  Interamericana  de Derechos Humanos, la flagrante  violación   de   los   derechos   humanos   de   las   víctimas   –lo   que   se   tradujo   en   el  incumplimiento   protuberante   de  la  obligación  del  Estado  colombiano  de  administrar  justicia-, a pesar de que no se conoció hecho nuevo, ni se allegó  prueba   no   conocida  al  tiempo  de  los  debates,  la  acción  de  revisión  se  torna  procedente,  como  ya esta Sala lo tiene  establecido4,  e  igualmente  lo  consideró  la  Corte  Constitucional  en la  sentencia  C-004  de  2003, al estudiar la demanda de  inconstitucionalidad  contra  el artículo 220 numeral 3° parcial de la Ley 600  de   2000,   en  la  que  precisó  que  era  menester,  en  estos  eventos,  el  pronunciamiento  previo  de  una  instancia internacional reconocida por nuestro  país.   

De  manera que, la causal invocada por el  Ministerio  Público  en  la  demanda de revisión se  halla   soportada   constitucional   y   legalmente   a  partir  del  bloque  de  constitucionalidad, por tanto la nulidad planteada no prospera.   

En  mérito  de  lo  expuesto, la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

NEGAR la nulidad propuesta por el defensor  de CÉSAR EMILIO CAMARGO CUCHÍA.   

Notifíquese y  cúmplase   

SIGIFREDO    ESPINOSA   PÉREZ   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                           ALFREDO  GÓMEZQUINTERO    

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ      DE      LEMOS                   AUGUSTO      J.    IBÁÑEZ            GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  de  8  de  julio de 2004 y 23 de enero de  2008,  radicación  15001  y 27041; sentencia de segunda instancia de 6 de marzo  de 2008, radicación 28996, entre otras.   

2  Auto    del   25   de  julio    de    2007,  Rad. 23.690.   

3  Corte  Constitucional,  sentencia  C-004  de  2003,  mediante  la cual se declaró la exequibilidad del numeral 3º del artículo 220  de  la  Ley  600 de 2000, Código de Procedimiento Penal, en el entendido que la  acción  de  revisión  por  esta  causal  también  procede  contra  sentencias  absolutorias,  en  los  casos de preclusión de la investigación o cesación de  procedimiento,  siempre  y  cuando se trate de violaciones de derechos humanos o  infracciones graves al derecho internacional humanitario.   

4  Sentencia  de  1º  de  noviembre  de 2007, radicado  26077.     

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