28480(10-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 28480  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado    acta    N°    185   

Bogotá, D. C., diez (10) de julio de dos mil  ocho (2008).   

V    I    S   T   O  S   

La  Corte decide respecto del cumplimiento de  los  presupuestos  de  logicidad  y  debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación         conjunta         presentada      por      el      defensor      de      MARTHA    CECILIA    MARÍN    AHUMADA  y    FELIPE   CÓRDOBA  BALDRICH.   

A  N  T  E  C E D E N T E  S   

1.  Los hechos los sintetizó el juzgador  de primera instancia, así:   

“La  procesada  MARTHA   MARÍN   AHUMADA  promovió  un  proceso de restitución de un inmueble supuestamente arrendado en  contra  de la denunciante Mayda Cortés Gaviria, quien afirmó que la demandante  se  valió  de  afirmaciones  temerarias  y  testigos  falsos,  entre  ellos, las declaraciones juramentadas  de    FELIPE    CÓRDOBA    BALDRICH   y    de    LUIS    ALFONSO    CARRILLO  BRAVO,  para  engañar a la justicia, logrando que el  Juzgado  Segundo  Civil Municipal de Cartagena admitiera la demanda, tendiente a  recuperar  ilícitamente  el  mencionado  inmueble  habitado  por  Mayda Cortés  Gaviria,  inmueble  sobre  el  cual  no  existía  escritura  por  cuanto que su  adquisición  se  logró  por  una  adjudicación  que  el Instituto de Crédito  Territorial    le    había    hecho    a    MARÍN  AHUMADA,   a   la  cual  ella  renunció.    

“Posteriormente,  Mayda  Cortés Gaviria intentó la adjudicación directa por parte del Instituto  de  Crédito  Territorial,  pero  no  fue  concedida,  no obstante que habita el  inmueble  desde hace más de 10 años de manera pacífica e ininterrumpida y sin  que      exista      ningún      contrato      de     arrendamiento”.   

2.  Agotado el juicio, el Juzgado Tercero  Penal  del  Circuito  de Cartagena, mediante sentencia fechada el 21 de junio de  2005, se pronunció de la siguiente manera:   

2.1.     Condenó     a    Martha  Cecilia  Marín  Ahumada a la pena  principal  de  2  años  de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de la sanción  privativa   de   la   libertad,   como   autora   del   delito  de  fraude  procesal (artículo 182 del Decreto  100 de 1980), imputado en la resolución de acusación.   

2.2.     Condenó   a   Felipe  Córdoba  Baldrich y a Luis Alfonso  Carrillo  Bravo  a  la  pena principal de 1 año de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso de la sanción privativa de la libertad, como autores del delito de  falso  testimonio (artículo  172  del  decreto  100  de  1980),  imputado en el pliego de acusación, el cual  quedó  ejecutoriado  el 4 de marzo de 2004.   

Así  mismo,  a  los  sentenciados  se  les  concedió la condena de ejecución condicional.   

3.  Apelado el fallo por el defensor del  procesado  Luis  Alfonso  Carrillo Bravo, la Sala de Justicia y Paz del Tribunal  Superior  de  Barranquilla,  Corporación que conoció del asunto por virtud del  Acuerdo  N°  PSAA07-3935,  expedido  por  la  Sala  Administrativa  del Consejo  Superior  de  la Judicatura, el 23 de abril de 2007, lo confirmó integralmente.   

Cabe resaltar que los procesados Martha    Cecilia    Marín   Ahumada   y  Felipe Córdoba Baldrich y su  defensor   no  apelaron  la  sentencia        de        primer       grado.1   

4.    No   obstante,   contra  aquella  determinación  de  segundo grado el defensor de Marín  Ahumada    y    Córdoba  Baldrich interpuso recurso de casación.   

LA      DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El  defensor  de  los  procesados    Marín    Ahumada   y   Córdoba  Baldrich,  con  fundamento en la  causal  primera  de  casación,  acusa  al  Tribunal  de  haber  “violado”  los  artículos 17, 217, 232,  233   y   238   del  Código  de  Procedimiento  Penal,  en  la  medida  en  que  “no existen pruebas contundentes dentro del proceso  para  que  se haya dictado sentencia condenatoria” y,  menos,  que  “demuestren que la sindicada estuviera  cometiendo fraude procesal”.   

Luego  de hacer unos comentarios conceptuales  sobre  los  elementos  estructurantes  de los delitos de fraude procesal y falso  testimonio,  afirma  que  en  este  caso  “no existe  ningún  indicio  que  indique  que  los  sindicados  hayan cometido la conducta  punible  de  fraude  procesal  ni mucho menos la de falso testimonio”.   

Así mismo, asevera que el Tribunal no tuvo en  cuenta  el  principio  de la necesidad de la prueba ni le dio el verdadero valor  probatorio a los testimonios allegados al diligenciamiento.   

Afirma  que  si la denunciante, señora Mayda  Cortés  Gaviria,  indicó que no poseía escritura del inmueble que ocupaba por  cuanto   el   mismo   se   encontraba   a   nombre  del  INURBE,  necesariamente  “la  judicataria,  según  el  ordenamiento  civil  colombiano,  debió  tener  en  cuenta  un  contrato  de  hipoteca con el Estado  (INURBE),  el  cual  no saca el inmueble del comercio, situación que desvirtúa  el  testimonio  de  la  denunciante, pues toda negociación en materia de bienes  inmuebles  debe  hacerse  de  acuerdo  a  derecho  y  a  lo  ordenado por la ley  ” (sic).   

Agrega que en el proceso no declaró al señor  Eduardo  Marín  Márquez,  “segundo  titular de la  adjudicación”,  testimonio que, en su criterio, era  importante,  ya  que  “al  parecer  la  denunciante  realizó   un   negocio   con   la  señora  Martha  Marín  Ahumada”,   como   tampoco   testificó   el   esposo   la   denunciante,  “quien  supuestamente  era arrendatario también de  la señora Martha Marín Ahumada”.   

Así  mismo,  asevera  que  los  documentos  presentados   por   la   denunciante,   relacionados   con   la  “supuesta  renuncia  de  Martha  Marín  Ahumada sobre su derecho de  adjudicación   por  no  poder  pagar  el  bien  inmueble,  deberían  pasar  la  obligación  al segundo adjudicatario, el señor Eduardo Marín Márquez, y no a  la  supuesta  compradora,  quien  no  acreditó  que  la venta del bien inmueble  existiera jurídicamente” (sic).   

Por  consiguiente,  insiste en afirmar que el  juzgador  debió  exonerar  a  sus defendidos ante la no existencia de elementos  probatorios  que  condujeran  a  sustentar  la  sentencia  condenatoria, máxime  cuando  no  se  “procedió a valorar las pruebas con  objetividad”,  aspecto  que  también  constituye un  abierto  desconocimiento  de  la  duda como principio fundamental que favorece a  los acusados.   

En consecuencia, solicita a la Corte casar el  fallo impugnado.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.   Recuérdese que el presente asunto  trata  de  los  delitos  de  fraude procesal y falso testimonio, respecto de los  cuales  los  artículos 182 y 172 del Decreto 100 de 1980, preceptivas aplicadas  en  este caso por estar vigentes para la época de los hechos, contemplaban como  pena máxima cinco (5) años de prisión.   

A  su vez,  los artículos 442 y 453 de  la  Ley  599  de  2004, modificados por los artículos 8° y 11 de la Ley 890 de  2004,   los  cuales  tipifican  actualmente  las  conductas  punibles  de  falso  testimonio  y  de  fraude  procesal,  consagran  una pena máxime de 12 años de  prisión.   

En  esas  condiciones,  observa  la Sala con  claridad  que  en  virtud del principio de favorabilidad se impone considerar la  punibilidad  contemplada  en  la  nueva  legislación  penal  para efectos de la  procedibilidad  de  la  casación  común,  el  cual  es  menos  exigente que la  casación  discrecional  o  excepcional, como ocurre en este específico asunto,  máxime  cuando  el  fallo  impugnado  (23  de  abril  de 2007) se profirió con  posterioridad a la vigencia de la nueva normatividad.    

2.  Precisado lo anterior, se procede al  estudio de la admisibilidad del libelo presentado.   

Desde  ya  advierte  la Sala que el libelista  carece de interés para recurrir en  esta sede.   

En   efecto,  en  primer  término  resulta  conveniente  recordar  que  el derecho a la impugnación impone el estudio sobre  el  interés jurídico que asiste al sujeto procesal, con el fin de verificar si  la  providencia  objeto  de  inconformidad le causó algún perjuicio o desmedro  que  lo  lleve  a  solicitar  la  remoción, mejoramiento o atemperamiento de la  decisión que le resulte gravosa.   

De  otro lado, como lo ha ilustrado la Corte,  en  cuanto  atañe  al  interés jurídico para impugnar la sentencia de segunda  instancia  a  través del recurso de casación, se hace indispensable establecer  en  cada caso en particular y en concreto si el fallo inflige agravio, perjuicio  o menoscabo a los derechos de los sujetos procesales.   

De igual manera, la jurisprudencia de la Corte  ha  dicho  que,  por  regla  general,  la  no interposición o sustentación del  recurso  de apelación de la sentencia de primer grado, lleva a concluir que hay  conformidad  con  la  decisiones adoptadas en dicho fallo, motivo por el cual si  pretende  acudir  a  la  sede  de  casación,  claro  resulta  que carecería de  interés jurídico.   

Sin  embargo,  la  Sala  ha  señalado que la  anterior regla general comporta las siguientes excepciones:   

“a)   Cuando  aparezca  demostrado que arbitrariamente se le impidió el ejercicio del recurso  de instancia.   

“b)  Cuando  el  fallo  de  segundo  grado modifique su situación jurídica, de manera negativa,  desventajosa o más gravosa.   

“c)  Cuando  se  trate  de fallos consultables que causen perjuicio, para los eventos en que aún  resulte procedente.   

“d)  Cuando  el  sujeto procesal proponga nulidad por la vía extraordinaria.   

“La  falta  de  interés  para recurrir, cuando se ha dejado de impugnar la sentencia de primera  instancia,  con  las  salvedades  planteadas,  se  predica  de todos los sujetos  procesales,     sin     privilegio     distinto    del    que    pueda    surgir  normativamente”.2   

En  esas  condiciones, resulta claro observar  que  el  defensor  de  los  procesados  Martha Cecilia  Marín   Ahumada   y  Felipe  Córdoba  Baldrich  carece  de interés jurídico para  interponer  el  recurso  de  casación contra la sentencia de segunda instancia,  toda  vez  que,  como quedó consignado en los antecedentes de esta providencia,  ni  ellos  ni  la defensa técnica apelaron el fallo de primer grado, situación  que  permite  colegir  su  conformidad con todas las decisiones allí adoptadas,  sin  dejar  pasar  por  alto que, en este específico caso, no se dan ninguna de  las hipótesis anteriormente transcritas.   

En  efecto,  examinado  el  expediente,  se  advierte  que  los mencionados sujetos procesales no interpusieron el recurso de  apelación  contra  la  sentencia  de primera instancia proferida por el Juzgado  Tercero  Penal del  Circuito  de Cartagena, como tampoco  aparece  elemento  de juicio que permita inferir que se le impidió el ejercicio  de  la  impugnación  de  instancia  o  que  el  fallo  de segundo grado hubiese  desmejorado  su situación jurídica, siendo evidente  que  el  pronunciamiento de segundo grado se produjo por virtud de la apelación  interpuesta  por  el  defensor  del  coprocesado  Luis  Carrillo Bravo, quien no  acudió a esta sede extraordinaria.   

En  consecuencia,  al carecer el libelista de  interés    para    acceder    a   esta   sede   casacional,   la   demanda   se  inadmitirá.   

Ahora  bien,  no está de más agregar que de  todos  modos  la  demanda  no  contiene  las  exigencias  legales  de  claridad,  precisión  y logicidad, en la medida en que el libelista, limitándose a fundar  el  reproche  en la causal primera de casación y sin precisar cuál fue la vía  de  vulneración  de  la  ley sustancial, si directa o indirecta, redujo toda su  argumentación,  como  si  se tratara de una alegación de instancia, a oponerse  al  grado  de  estimación  que  los  juzgadores  le  otorgaron  a los medios de  convicción  y  de  los  cuales dedujeron la existencia de los delitos de fraude  procesal  y  falso  testimonio  y  la  responsabilidad  penal  de  los  acusados  Martha    Cecilia    Marín   Ahumada   y   Felipe  Córdoba  Baldrich,   desconociendo   que  la  simple  discrepancia  de  criterios  no  constituye  yerro  demandable  en  casación,  puesto  que teniendo en cuenta el  sistema  de  apreciación  probatoria que nos rige, el juzgador goza de libertad  para  justipreciar los elementos de juicio, sólo limitado por los postulados de  la sana crítica.   

En conclusión, como se indicó, el libelo se  inadmitirá.   

Finalmente,  cabe  señalar  que  el  estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR   la  demanda    conjunta   de  casación  presentada  por el defensor de MARTHA   CECILIA   MARÍN   AHUMADA   y  FELIPE  CÓRDOBA  BALDRICH.  En  consecuencia,  se  declara  desierto  el recurso extraordinario de casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO                         

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1 Ver  folio 114 del cuaderno original del juzgado de primera instancia.   

2  Casación 25864 del 23 de agosto de 2006.     

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