26943(19-08-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26943  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  231  

Bogotá  D.C.,  diecinueve (19) de agosto de  dos mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O   S   

La  Sala  resuelve sobre los presupuestos de  lógica  y  debida  argumentación  de la demanda de casación presentada por el  defensor  del  procesado  APOLINAR DE JESÚS RÍOS  MÁRQUEZ.   

H E C H O S  

Así los resumió el sentenciador de segundo  grado:   

“El día sábado  20  de  agosto  de  2005,  en la vía que de Barbosa (Antioquia) comunica con la  localidad  de  Cisneros,  en la entrada a la vereda “Tamborcito” de Barbosa,  fue  apuñalado  el  ciudadano JOSÉ DE JESÚS ZAPATA CADAVID, cuando trataba de  tomar  el  servicio  de  transporte  hacia  su  residencia, recibiendo herida de  naturaleza  esencialmente  mortal,  a  causa  de  la cual dejó de existir en el  mismo sitio del atentado”.   

“Como  desde los  primeros  momentos del averiguatorio, hubo señalamientos e indicios en disfavor  de  APOLINAR  DE  JESÚS  RÍOS  MÁRQUEZ,  al  resultar  trunco  todo intento de aprehensión, fue declarado  sindicado  ausente;  el  procesatorio  siguió  su  curso normal, lográndose la  retención  del  presunto  implicado el 27 de febrero del corriente año (2006),  en  esta  capital  (Medellín),  cuando  ya  se  tenía en su contra resolución  acusatoria”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.   Por  los  anteriores  hechos, el 3 de febrero de 2006 (fl. 93-101, cuaderno principal), la  Fiscalía     80     Seccional     de     Barbosa    (Antioquia)    acusó a APOLINAR  DE  JESÚS  RÍOS MÁRQUEZ por  la conducta punible de homicidio (artículo 103, de la  ley  599  de  2000), decisión que cobró ejecutoria el  15 de febrero de 2006.    

2.   La etapa  del  juicio  la tramitó el Juzgado 26º Penal del Circuito de Medellín que, el  7  de  julio  de  2006,  dictó  sentencia  (fl.  209-239)  por medio de la cual  condenó   a   APOLINAR   DE  JESÚS  RÍOS  MÁRQUEZ  a  la  pena  principal  de  14 años de prisión, a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas   por  el  mismo  término  de  la  pena  principal,   así   como   al  pago  de  los perjuicios ocasionados con su conducta, como autor  del  delito  de  homicidio  (artículos  103  de  la  ley  599  de  2000).    

3.  Apelada la  sentencia  por  el defensor de APOLINAR DE JESÚS RÍOS  MÁRQUEZ,  fue  confirmada por el Tribunal Superior de  Medellín el 4 de septiembre de 2006 (fl. 278-286).   

L  A      D  E  M  A N D  A    D E   C A S A C I Ó N   

El  defensor  del  procesado  APOLINAR     DE    JESÚS    RÍOS    MÁRQUEZ     presenta   un  único  cargo  (fl.  305-310),  cuyos  argumentos  se  sintetizan, así:   

Cargo único: violación indirecta de la ley  sustancial   

Al amparo de la causal de casación descrita  en  el  cuerpo  2º del artículo 207-1 de la ley 600 de 2000, el censor acusa a  la  sentencia  de  violar  de  manera  indirecta la ley sustancial, por vía del  error  de  hecho  en la modalidad de falso juicio de identidad.  Estima que  el  yerro  acusado  viola los artículos 232, inciso 2º, 238, inciso 2º, 284 y  287  del mismo estatuto y solicita a la Sala que case el fallo y dicte sentencia  absolutoria.   

El demandante sostiene que el Tribunal erró  al  cercenar  el  testimonio  de  WILMAR ALBERTO CÁRDENAS PÉREZ, toda vez que,  para  deducir  la  responsabilidad  del  procesado,  se  limitó  a  apreciar la  retractación  del  aludido  testigo  dentro  de  la audiencia pública, pero no  advirtió  su  primera  versión, en la cual aquel expresó que había visto los  hechos  desde  una distancia de 30 metros, mientras montaba sobre un caballo, lo  que  permite  deducir que “no se pudo percatar de los  aspectos  circunstanciales  ni autoría de la muerte violenta de JOSÉ DE JESÚS  ZAPATA   CADAVID   por   la   topografía   del   terreno   que   está   fijada  fotográficamente     en    el    proceso”    (fl.  307).   

De  no  haber  incurrido en el yerro acusado  dice,  el  sentenciador habría advertido que WILMAR ALBERTO CÁRDENAS PÉREZ no  fue testigo presencial de los hechos.   

Enseguida,   el   libelista   critica  los  razonamientos  indiciarios  que  elaboró  el  sentenciador  toda vez que, en su  sentir,  los  indicios  no  se  apreciaron  de  manera  conjunta  con las demás  pruebas,  y  nada  se  mencionó  en el fallo de su concordancia, convergencia y  gravedad.   

El  casacionista  critica  que, a partir del  dicho  de  MARÍA  ELENA  URIBE  JARAMILLO  y  VIVIANA  ANDREA ZAPATA TEJADA, el  fallador  hubiera  deducido  el  indicio  de  móvil; asegura que el fallador no  podía  arribar  a  esa  deducción,  porque  la  primera  escasamente dijo que:  “con  anterioridad  mi  defendido  había  tenido un  problema  con  la  víctima  porque  José le ofreció un fresco a la señora de  Apolinar  en  una  tienda  que  hay  por  la  calle de “Tamborcito”,   mientras   que   la  segunda  refirió  que:  “las    cosas    entiendo   yo   se   quedaron   calladas”;       pero       –agrega  el  censor-  ninguna las dos  dijo haber presenciado la  escena del crimen.   

Por lo tanto, para el impugnante el Tribunal  hizo  decir  a  las declarantes lo que no dijeron, toda vez que ninguna de ellas  indicó  con  claridad  cuál  fue  el  motivo  que  dio lugar al homicidio (fl.  308).   

El  censor  reprocha  que  el  sentenciador  hubiera  edificado el indicio de actitud sospechosa a partir de la desaparición  del  procesado de su entorno habitual, “sin tener tal  entidad probatoria” (fl. 308).   

El  impugnante  critica la conformación del  indicio  de  presencia   a  partir  del  dicho  de WILMAR ALBERTO CÁRDENAS  PÉREZ,  toda  vez  que éste no dijo que la presencia del procesado en el lugar  de  los  hechos  tuviera  por  objeto dar muerte a la víctima; al mismo tiempo,  censura  que  el fallador hubiera deducido, como indicador de la responsabilidad  del   procesado,   el  indicio  de  capacidad  delincuencial,  a  partir  de  un  antecedente  penal  por un delito que tuvo lugar de manera similar, toda vez que  dicho  antecedente  no  puede  ser  indicador  de responsabilidad en el presente  evento. (fl. 308).   

En  lo  que se refiere a la trascendencia de  los  yerros  acusados,  aduce  que de no haber mediado aquellos, “inexorablemente  la  sentencia  hubiera sido absolutoria” (fl. 309).   CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

En la medida en que el recurso extraordinario  de  casación  es de naturaleza rogada, compete al casacionista que construya el  reproche  con  base  en  una  estricta lógica y debida  fundamentación, en tanto que de no cumplirse con este  presupuesto  necesariamente  el  escrito tendrá que inadmitirse por falta de la  debida  claridad  y  precisión, puesto que la Corte, en virtud del principio de  limitación, no puede entrar  a complementar y a corregir al demandante.   

Por tal motivo, el libelo es el medio idóneo  para  denunciar   en  esta  sede  los  errores  de  derecho  y de actividad  cometidos  en la sentencia y, en algunos eventos, al interior del proceso. Así,  el  artículo  212  de  la  Ley  600 de 2000 contempla los presupuestos que debe  contener  la  demanda,  encontrándose,  entre  ellos,  el deber de fundamentar  el  yerro,  y  acreditar  la  trascendencia    de   la  equivocación.   

Ahora  bien, teniendo en cuenta la modalidad  de  error  de  hecho que invoca el censor, la Sala, una vez más, insiste en que  el    error   de   hecho   por   falso   juicio   de  identidad  consiste  en que el juzgador, al momento de  apreciar  un  medio de prueba, lo distorsiona, yerro que lo lleva a declarar una  verdad que no se compadece de su contenido literal.    

Por manera que el casacionista debe demostrar  cómo,  de  haber sido apreciado el citado elemento de juicio de manera estricta  a  su  contenido,  necesariamente el fallo, por lo menos, habría sido favorable  al acusado   

2.  De entrada,  la  Sala  señala que inadmitirá la demanda presentada  por el defensor de  APOLINAR   DE   JESÚS   RÍOS   MÁRQUEZ, toda vez que no  se   acoge   a  los  principios  que  orientan  la  impugnación  en  esta  sede  extraordinaria; veamos por qué:   

3.  La censura  que  ensaya  el  casacionista  se  aparta de los presupuestos de la modalidad de  ataque  escogida  para  incursionar  en  los  de un mal  enfocado  falso  raciocinio,  toda  vez que no atina a  detallar  cómo  fue  que  el  sentenciador  plasmó  de  manera tergiversada el  testimonio  de WILMAR ALBERTO CÁRDENAS PÉREZ al punto que lo hizo decir lo que  en  realidad  no expresó; en su lugar, el demandante ataca las conclusiones que  el  fallador  obtuvo  de la prueba; dicho de otra manera, el impugnante confunde  el   error   que   recae   sobre   la  manera  en  que  se  plasma  la  prueba,  con  aquel  que  recae en el  razonamiento  que  conduce  a  lo probado.   

En  efecto,  el censor, además de fundar su  razonamiento  en  un  supuesto  equivocado,  comoquiera  que  el  juzgador  sí  apreció  de  manera prolija,  completa  y  fiel  el  testimonio del menor, se limita a ofrecer su propia  apreciación de la prueba, toda vez  que,  al  afirmar que el testigo no pudo percibir los hechos, no aporta más que  su    personal    interpretación    de   la   prueba,   distinta   a   la   del  sentenciador.   

El  desacierto  en  el  desarrollo  de  la  argumentación   del   casacionista  es  evidente  porque  olvida  que  el  juez  a-quo     sí  se  refirió  de manera pormenorizada  -al  punto que la transcribió en su mayoría –  al testimonio de CÁRDENAS  PÉREZ  rendido  ante  la  fiscalía  (fl.  218-219),  como  también plasmó la  retractación  que  hiciera el mismo testigo respecto de su dicho inicial dentro  de la audiencia pública.   

Así las cosas, es más que ostensible que la  prueba  fue  plasmada  fielmente  en  su  totalidad,  esto  es,  incluyendo  sus  contradicciones,  y  aún  aquello  que, de manera inexplicable para la Sala, el  demandante  alega que el fallador no advirtió,  como fue la distancia a la  que el testigo observó lo acontecido (fl. 219).   

Ahora  bien,  que  para  el  casacionista la  distancia  de  30 metros impide observar los detalles de los acontecimientos, se  opone  al  razonamiento  del  sentenciador,  quien  aprecia  lo contrario cuando  afirma,  de  manera  expresa,  que:  “el hecho de que  indicara  haber  percibido  lo  sucedido  a 30 metros, no le resta credibilidad,  pues  es  muy  factible  que  haya  errado  en  esos  cálculos,  por  no  tener  conocimiento  sobre  esa  materia, por cuanto su dicho guarda coherencia con los  hallazgos  encontrados  en  la  diligencia  de  inspección  y  levantamiento de  cadáver” (fl. 222-223).    

Por  lo tanto, el reproche no es más que la  personal  apreciación probatoria del demandante que no logra demostrar el yerro  inicialmente  planteado  (el  falso  juicio  de  identidad),  ni  mucho menos un  falso   raciocinio  en  la  apreciación  del  sentenciador.  Recuérdese que la sentencia llega a esta sede  amparada  por  la  doble presunción de acierto y legalidad. Además, y, como ya  lo  ha  indicado la Corte, “la simple discrepancia de  criterios  en  torno  al  mérito  dado  a los elementos de juicio no constituye  error  para  ser demandado en casación, puesto que de acuerdo con el sistema de  apreciación  probatoria,  el  juzgador  goza  de libertad para justipreciar las  pruebas  sólo  limitado  por los principios de la ciencia, los postulados de la  lógica  y  las  máximas  de  la  experiencia, cuya trasgresión sí constituye  motivo  para  acudir  esta  sede  a través de la violación indirecta de la ley  sustancial    por    error    de    hecho   por   falso   raciocinio”1.   

    

4.   En  lo  relativo   a  la  crítica  del  impugnante  dirigida  contra  los  razonamientos  indiciarios que contiene la  sentencia,  la Sala ha decantado la manera en que aquellos deben ser atacados en  casación.     Al    respecto,    ha    indicado    que    al   censor   le  corresponde:   

“informar si la  equivocación  se  cometió  respecto  de  los  medios  demostrativos   de   los   hechos   indicadores,   la  inferencia   lógica  ,  o  en  el  proceso   de   valoración  conjunta   al    apreciar    su    articulación,    convergencia   y    concordancia    de   los   varios   indicios   entre    sí,   y   entre   éstos   y   las   restantes    pruebas,    para    llegar   a   una   conclusión                 fáctica                desacertada.”   

“De manera que,  si   el   error  radica  en  la  apreciación  del  hecho  indicador,  dado  que  necesariamente  éste  ha  de  acreditarse  con  otro  medio  de  prueba  de los  legalmente  establecidos,  necesario resulta postular si el yerro fue de hecho o  de  derecho,  a  qué expresión corresponde, y cómo alcanza demostración para  el caso.”   

“Y si el error  se  ubica  en el proceso de inferencia lógica, ello supone partir de aceptar la  validez  del  medio  con  el  que se acredita el hecho indicador, y demostrar al  tiempo  que  el  juzgador  en  la  labor  de asignación del mérito suasorio se  apartó  de  las  leyes de la ciencia, los principios de la lógica o las reglas  de  experiencia,  haciendo  evidente  en  qué  consiste  y cual es la operancia  correcta   de   cada   uno   de   ellos,   y   cómo   en   concreto   éste  es  desconocido.”   

“Si   lo    pretendido    es    denunciar    error   de   hecho   por   falso   juicio   de  existencia  de   un   indicio   o   un   conjunto  de  ellos,   lo   primero   que   debe  acreditar  el  censor es la existencia  material  en el proceso de medio con el cual se evidencia el hecho indicador, la  validez   de   su  aducción,  qué  se  establece  de  él,  cuál  mérito  le  corresponde,  y  luego  de realizar el proceso de inferencia lógica a partir de  tener  acreditado el hecho base, exponer el indicio que se estructura sobre él,  el   valor   correspondiente   siguiendo   las   reglas  de  experiencia,  y  su  articulación  y  convergencia  con  los  otros  indicios  o  medios  de  prueba  directos.”   

“Además, dada la naturaleza de este medio  de  prueba,  si el yerro se presenta en la labor de análisis de la convergencia  y  congruencia entre los distintos indicios y de éstos con los demás medios, o  al  asignar la fuerza demostrativa en su valoración conjunta, es aspecto que no  puede  dejarse de precisar en la demanda, concretando el tipo de error cometido,  demostrando   que   la  inferencia  realizada  por  el  juzgador  indicando  los  postulados  de  la  sana  crítica, y acreditando que la apreciación probatoria  que  se propone en su reemplazo, permite llegar a conclusión diversa de aquella  a  la  que  arribara  el sentenciador, pues no trata la casación de dar lugar a  anteponer  el  particular  punto  de  vista del actor al del fallador, ya que en  dicha  eventualidad  primará  siempre  éste,  en  cuanto la sentencia se halla  amparada  por  la  doble  presunción  de  acierto y legalidad, siendo carga del  demandante  desvirtuar  con  la  demostración  concreta de haberse incurrido en  errores  determinantes de violación en la declaración del derecho.”   

“Es     en     este   sentido    que   el   demandante   debe   indicar   en    qué   momento    de    la    construcción   indiciaria    se   produce,   si   en   el   hecho  indicador  o  en  la  inferencia por violar las reglas de la sana crítica,  para  lo  cual  ha  de señalar  qué en concreto el medio demostrativo del  hecho  indicador, cómo hizo la  inferencia el juzgador, en qué consistió  el  yerro, y qué grado de  trascendencia tuvo éste por su repercusión en  la    parte    resolutiva    del    fallo”.2   

De  conformidad con los exigentes derroteros  que  guían  el  ataque dirigido contra la conformación de los indicios en esta  sede  extraordinaria,  surge  con  claridad  que  el  casacionista no cumple con  ellos,  toda  vez  que,  una  vez  más,  parte de presupuestos equivocados y se  limita  a  afirmar  que  de  los  hechos  indicadores  no  cabe inferir el hecho  indicado.   

Como  se  indicó,  el  impugnante  parte de  supuestos   equivocados  al  atacar  el  razonamiento  indiciario,  por  cuanto  no  es  cierto  –como  lo  afirma-  que el sentenciador  afirmara  en  el  fallo  que  los  declarantes  WILMAR ALBERTO CÁRDENAS PÉREZ,  MARÍA  ELENA  URIBE  JARAMILLO  y  VIVIANA ANDREA ZAPATA TEJADA dijeran que las  desavenencias  existentes  entre  el hoy occiso y su victimario fueron el origen  del  crimen;  ello  carece  de  fundamento,  ya  que  los aludidos deponentes se  limitaron  a  detallar  el origen de la enemistad anterior que existía entre la  víctima y su victimario.   

Pero  fue  labor  del razonamiento judicial  –y  no una manifestación  de  los testigos- concluir, a través de una construcción indiciaria,  que  dichas   desavenencias  fueron  el  origen  y  motivo  de  la  muerte  violenta.   

De  manera  que no  existe  un falso juicio de identidad cuando el Tribunal  afirmó  que  el  indicio  de móvil “se deriva de la  valoración  conjunta  de  los  testimonios  de  las  señoras Maria Elena Uribe  Jaramillo  y  Viviana Andrea Zapata Tejada Uribe”, en  la  medida  en  que dicha conclusión halla apoyo en la prueba del proceso, pues  véase  que  CÁRDENAS  PÉREZ expresó que: “decían  que  José  se  había  ido  con  la esposa de Apolinar, que se habían volado y  duraron   una   semana,   o   algo  así…”;  URIBE  JARAMILLO   dijo que: “ya antes había habido un  problema  entre  ellos  dos  por  celos” (fl. 16), y  ZAPATA  TEJADA   aseguró  que: “hace tres años  don  Apolinar  le  había  llamado  la  atención  a  mi papá (la víctima) por  haberle   ofrecido   un   fresco   a   la  señora  Gilma  Chaverra,  esposa  de  Apolinar” (fl. 18).    

Una  vez  más,  la  Sala  encuentra que el  demandante  desconoce  el verdadero contenido de la sentencia y de la prueba, en  tanto   que,   por   parte   alguna   –al  contrario  de  lo que afirma el censor- el sentenciador expresó  que  el  testigo  WILMAR  ALBERTO  CÁRDENAS  PÉREZ  dijo  que  la presencia  del  procesado  en el lugar del  hecho  tenía  por objeto dar  muerte  al hoy occiso; lo que expresa la sentencia, en cambio, es que el indicio  de  presencia surge del dicho del menor CÁRDENAS PÉREZ, corroborado por el del  mismo procesado (fl. 285).    

Del  análisis  de  los  argumentos con los  cuales  el  libelista  intenta atacar la construcción que contiene el fallo, la  Corte   encuentra   que   aquellos   se  limitan  a  criticar  lo  que  para  el  sentenciador   constituyó  un  indicio de actitud  sospechosa  del  procesado  (fl.  225,  285),  con  un  deficiente  argumento,  según el cual, “no tiene tal  entidad  probatoria”; con tal reproche el demandante  no  logra  derribar  el  razonamiento  indiciario que edificó el fallador, sino  apenas  mostrar  su  inconformidad con la apreciación judicial, lo que, una vez  más,  no  es  idóneo para derribar la doble presunción de acierto y legalidad  con que la sentencia llega a esta sede.   

Sobre la existencia del aludido antecedente  penal,  el  sentenciador  llamó  la  atención  respecto  de la similitud en el  modus   operandi  utilizado  -entonces   y   ahora-   por  su  autor  (fl.  226),  y  porque  “denota  su  proclividad  y  su  capacidad  específica  para atentar  contra  la  vida  de sus semejantes” (fl. 285).   De  manera  que,  con  la crítica formulada, el libelista no demuestra el falso  juicio  de  identidad  que  pregona  sino  únicamente  su  inconformidad con la  apreciación probatoria del sentenciador.   

Por  último, el demandante se duele porque  la  sentencia  no  hubiera elaborado un análisis conjunto de la prueba y de los  indicios.   Pero,  la  Corte  encuentra  que  tal aserto tampoco es cierto,  porque  la  sentencia  es abundante en referencias a dicho aspecto, por ejemplo,  en un fragmentó puntualizó:   

“En fin, no es sólo la incriminación y  la  señalización  directa  que  del  procesado  hace  el  menor WILMAR ALBERTO  CÁRDENAS  PÉREZ,  al  afirmar haber presenciado el fatal herimiento de que fue  víctima  el  hoy occiso por parte del señor APOLINAR  RÍOS  MÁRQUEZ, el único elemento de convicción que  acredita  la  violación  a  la  vida  que se reporta a las autoridades, existen  hechos  indicadores  independientes que, con autonomía apuntan a la persona del  acusado,     como     autor     de     la    conducta    investigada.”   

“Este peldaño  indiciario  vale  un  potosí en el presente caso e indica conducta delictiva y,  por  ser  excluyentes, envuelven contundente demostración de la responsabilidad  del   señor   APOLINAR  RÍOS  MÁRQUEZ        en        el       homicidio       investigado.”     

De  manera  que,  tal  como  campea  en  la  totalidad  del  razonamiento  de  impugnación,  el demandante no logra más que  criticar  al  sentenciador por no compartir su personal apreciación probatoria,  pero  sin  siquiera  acreditar  los presupuestos del falso raciocinio, modalidad  del  error  de  hecho  con se censuran los errores de apreciación probatoria en  este  sede extraordinaria, toda vez que tampoco atina a demostrar una violación  ostensible y trascendente de las máximas de la sana crítica.   

En           conclusión,  la demanda presentada por el  defensor       de       ÀLVARO       CASTELLANOS  MORENO     no    reúne   los   requisitos   de  admisibilidad.   

5.   Para  terminar,  se advierte que del estudio del proceso no se vislumbra violación de  derechos  fundamentales  o  garantías  de los sujetos procesales que amerite el  ejercicio  de  la facultad oficiosa de índole legal que al respecto le asiste a  la Sala para asegurar su protección.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E   

INADMITIR  las  demandas  de  casación  presentadas    por  el     defensor  de  APOLINAR   DE   JESÚS   RÍOS  MÁRQUEZ.     En     consecuencia,    se   DECLARA   DESIERTO el recurso.     

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1 Auto  de 13 de febrero de 2008, radicación 26017   

2  Sentencia  de casación del 2 de agosto de 2001, radicación 12062, reiterada en  auto de 6 de marzo de 2008, rad. 28539     

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