28832(05-12-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28832  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

          Magistrado  Ponente:   

          Dr. ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

          Aprobado Acta No.  245   

Bogotá,  D.C., cinco (5) de diciembre de dos  mil siete (2007)   

VISTOS:  

Examina  la  Corte  la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  formulada  por  el  defensor del procesado Ricardo Díaz  Butron  contra la sentencia dictada por el Tribunal Superior de Bogotá en julio  11  del  año  en  curso  por  medio de la cual, confirmando la proferida por el  Juzgado  16  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad  en octubre 2 de 2.006,  condenó  al  acusado  en  mención  a  la  pena  principal  de treinta meses de  prisión  al  hallarlo  autor  responsable  de  la  comisión  de los delitos de  falsedad material de particular en documento público y estafa.   

ANTECEDENTES:  

“El   juzgado  -resumió  el  ad quem- condenó al procesado porque el  8  de  agosto  de 1997 en Bogotá, le vendió al denunciante por $14’000.000,  de  los  cuales  se  pagaron  $9’000.000, una moto Harley  Davison   negra, modelo 1993, que el 28 de agosto de 1997 fue incautada por  la  D.I.A.N.  por  ser  de contrabando y tener documentos falsos”.   

Por   los  anteriores  acontecimientos  se  adelantó  la  correspondiente  investigación  cuyo  mérito  fue calificado en  primera  instancia  con  resolución  del 18 de marzo de 2.002 favoreciéndose a  Díaz  Butron  con  preclusión; sin embargo como el Ministerio Público apelara  tal  decisión  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Bogotá la revocó en  enero  23  de  2.003  para  en  su  lugar  acusar al procesado como autor de los  punibles   de  estafa  y  falsedad  material  en  documento  público;  en  esas  condiciones  prosiguió  ante  el  Juzgado  16  Penal del Circuito de Bogotá la  etapa  de la causa que en primera instancia concluyó con sentencia de octubre 2  de  2.006  condenándose  al  acusado  por  los  citados  punibles  a la pena de  prisión  de  30 meses y a la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  tiempo  igual  al  de la privativa de libertad; así mismo se le  condenó  a  pagar  el  equivalente  a  300  gramos  oro  como indemnización de  perjuicios.   

Apelada  dicha  sentencia por la defensa del  procesado,  el  Tribunal  Superior  de Bogotá desató el recurso confirmando la  providencia  impugnada  a  través  de  la  que  profiriera en julio 11 de 2.007  contra  la  cual el defensor del encausado interpuso el recurso de casación que  sustentó oportunamente.   

LA DEMANDA:  

Primer cargo.  

Con  el  propósito  de  que  la  sentencia  impugnada  sea  casada  y  en  su  lugar  se  absuelva al encausado, denuncia el  defensor  que  aquella  violó  directamente  la  ley sustancial por aplicación  indebida  del artículo 287 del Código Penal que tipifica el delito de falsedad  imputado  y  falta  de  aplicación  del tipo penal referido al uso de documento  público  falso,  pues  el  Tribunal  en  sus consideraciones nunca acreditó la  existencia  de  aquel  punible  y  sin embargo confirmó la decisión de condena  cuando  lo  exigible  era  que  la culpabilidad del acusado estuviera plenamente  demostrada  en  el  proceso,  lo  cual -dice- no se logró puesto que los medios  probatorios  fueron  incorrectamente  valorados al dar por comprobado sin que lo  estuviera    que    el   acusado   falsificó   materialmente   los   documentos  públicos.   

Las  pruebas en cambio demostraron -sostiene  el  censor-  la comisión del delito de uso de documento público falso y en ese  sentido  el  fallo  impugnado  efectuó  la  correspondiente valoración pero en  ésta   incurrió   en   error   de  hecho  “por  la  apreciación  errónea  de la circunstancia, de que en el momento de los hechos,  el   procesado   Ricardo  Díaz  Buitron,  al  entregar  documentos  falsos,  se  construyó  un indicio de que los había falsificado… también se incurrió en  error  de  hecho,  por la apreciación errónea de que las pruebas obtenidas por  la  fiscalía,  y  posteriormente  por el juzgador, con la cual se determinó la  ocurrencia  de los hechos en el sentido de el comportamiento, del procesado daba  lugar  a  la  presencia  de  culpabilidad  por  parte  del agente”.   

La sentencia -dice el demandante- se basó en  la  información  de  la  Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales acerca de  que  en sus archivos no reposaba la declaración de importación del vehículo y  a  partir  de  allí dedujo el juzgador que la documentación al respecto había  sido falsificada por el acusado pero sin aducir prueba alguna.   

Los  medios de convicción así argüidos en  contra  de  su  defendido -añade- carecen de toda validez habida consideración  que  desde  su  indagatoria  el  procesado  sostuvo  que  obró simplemente como  intermediario,  de  modo que su intervención se limitó a obtener que el señor  Carlos Villalba saliera al saneamiento del objeto vendido.   

Segundo cargo.  

Acusa  ahora  el  libelista  la  sentencia  impugnada  de  infringir  indirectamente la ley sustancial al haber incurrido en  errores  de  derecho  en  la  valoración  de las pruebas en la medida en que se  “le dio alcance de documento a una fotocopia, que se  considera  folio,  hasta  tanto  se constate previamente su autenticidad … con  respecto   a   las   copias   aportadas  por  el  denunciante,  no  se  hizo  un  reconocimiento  de  su contenido, ni de las personas que aparecen como firmantes  …  las  copias  …  se  deben  considerar,  como un indicio, y no como prueba  documental  en  todo  el  sentido  de la palabra…”.   

A  tales  documentos  -sostiene- el Tribunal  asignó  un valor probatorio de gran magnitud para concluir que el procesado por  el  hecho  de  ser el vendedor incurrió en el delito de estafa sin advertir que  por  la pobreza probatoria no se podía endilgar al acusado dicho punible por no  existir  una  prueba  contundente  de  que  la  relación  comercial  se  había  entablado directamente con él.   

Como   en  este  cargo  -concluye-  quedan  demostrados  errores  de  hecho trascendentes y manifiestos referidos al aspecto  subjetivo  del delito solicita se case la sentencia impugnada y se absuelva a su  prohijado.   

CONSIDERACIONES:  

La  demanda  de  casación  como  medio  a través del cual se exponen  los  argumentos  con  los  cuales  -según la causal que se invoque- se pretende  obtener  el  restablecimiento de la legalidad que se acusa quebrada con el fallo  responde  a  un  juicio lógico jurídico sujeto al cumplimiento de una serie de  requisitos  formales,  dentro  de  los  que  se destaca el deber de formularse y  desarrollarse  con precisión y claridad los cargos que sustentan la pretensión  final  de  que  la sentencia sea casada, lo que obviamente supone el respeto por  los   presupuestos   teóricos   y  técnicos  que  diferencian  una  causal  de  otra.   

La  ausencia  de  unas tales exigencias, así  como  la  simultánea  inclusión por una misma senda de violación de elementos  propios  de  una  u  otra  modalidad  de  error,  no  puede  conducir  sino a la  inadmisión  de  los cargos así propuestos, pues en tales casos la imprecisión  y  ambigüedad  de  las  pretensiones impide a la Corte desentrañar su sentido,  sin  que  le  sea  posible,  por  el  carácter  rogado  del  recurso  y  por la  limitación   a  la  oficiosidad,  corregir  los  planteamientos  o  develar  su  verdadero propósito.   

Sentadas dichas premisas y examinado el primer  cargo  propuesto por el defensor, es claro que cuando en casación se postula la  violación  directa  de  la  ley  sustancial, los argumentos relacionados con su  demostración  sólo  pueden  serlo  en  estricto sentido jurídico, sin que sea  admisible   discutir  los  hechos  declarados  en  el  fallo,  o  cuestionar  la  valoración  probatoria  efectuada  en  el  mismo  pues,  de  ser  así, la vía  adecuada sería la indirecta.   

Bajo  ese supuesto de absoluto acatamiento de  los  hechos,  tal  como  fueron  declarados en el fallo y del mérito persuasivo  deferido  a  los  medios  de  convicción  que  sirvieron  de  fundamento  a  la  decisión,  concierne  al censor, por la vía directa, demostrar que el juzgador  erró  por  falta  de  aplicación  de  una  norma,  por aplicación indebida, o  interpretación  errónea de la misma, entendiéndose que la primera se presenta  cuando  el  juzgador  deja de aplicar al caso la disposición que lo regula; que  la  segunda  tiene  lugar  cuando  se  acude  a  una  norma  equivocada y que la  interpretación  errada se verifica por el desacierto en que incurre el juzgador  cuando,  seleccionado  adecuadamente  el  precepto  que  rige  el  asunto que se  examina,  le  confiere una equivocada comprensión porque sobrepasó, disminuyó  o  distorsionó su verdadero contenido o alcance, luego supone una equivocación  hermenéutica  que  parte  del  acierto  en  la  selección  y aplicación de la  disposición.   

Las anteriores condiciones no revelan sino el  desconocimiento  que  de  dichos  parámetros  tiene  el  censor  pues  habiendo  denunciado  la infracción directa de la ley, la argumentación que seguidamente  expone  hace  referencia  a falencias de hecho pero sin especificar la modalidad  de  error  y  mucho  menos  demostrarlo.  Es  que como la censura por violación  directa  de la ley supone una controversia en el plano estrictamente jurídico y  no  en  el  fáctico o probatorio, las alegaciones que cuestionan la valoración  que  de  los  hechos y de los medios demostrativos haya realizado el juzgador no  pueden  en  manera  alguna sustentar técnicamente la senda de ataque escogida y  eso  es  precisamente lo que ha desconocido el censor pues la argumentación que  exhibe  como  sustento  del  reproche  en  manera  alguna  se refiere a aspectos  jurídicos,   sino   a  cuestionar  la  valoración  que  de  las  pruebas  -sin  especificarlas-  hizo  el  fallador,  pues  mientras  para  éste  los medios de  convicción  demuestran estructurado el delito de falsedad material en documento  público  para  el  censor  el  asunto  acredita el de uso de documento público  falso.   

En  ese orden, olvidando que la vía escogida  fue  la  directa,  se  dedica  el  demandante  a  denunciar  entonces  la errada  construcción  de  la  prueba  indiciaria pero sin que tampoco ciña su reparo a  las  condiciones  técnicas  propias  que  orientan el ataque de una tal prueba,  así  como  a  cuestionar  la  valoración del informe de la D.I.A.N. pero sobre  supuestos  de  validez,  con  lo cual entonces se traslada a un error de derecho  que evidentemente no acredita.   

El  segundo  cargo  al  igual que el anterior  tampoco  satisface  las  exigencias  de  técnica,  claridad  y  precisión  que  pudieran  hacerlo  admisible  pues  no obstante que el casacionista denuncia una  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por la concurrencia de errores de  derecho  y  en  ese  orden era de esperarse que concretara los falsos juicios de  legalidad  o  de  convicción  que  por  esa vía es posible postular, se dedica  simplemente   a   exponer  unos  planteamientos  confusos  que  en  su  opinión  parecieran  demostrar  la  invalidez de los medios de prueba pero sin denotar en  modo  alguna  la  necesaria  correlación con el ordenamiento y en esa medida la  ilegalidad  que  pretende  denunciar obedece simplemente a su capricho mas no al  incumplimiento  de  una  exigencia  normativa  que sustente la validez del medio  cuestionado.   

Afirmar  que  darle  valor de documento a una  fotocopia  cuya  autenticidad  no  se  ha acreditado no evidencia ciertamente un  vicio  que  afecte  la validez de la prueba, como tampoco la alegada ausencia de  un  reconocimiento,  pues  antes  que  eso  tales  elementos  hacen  relación a  criterios  de  apreciación  del  documento  en  aras  de  establecer su mérito  suasorio.   

Dado  por  ende el absoluto incumplimiento de  las  exigencias  mínimas  requeridas  por  el  artículo  212  del  Código  de  Procedimiento  Penal para la sustentación del recurso extraordinario, impónese  el  rechazo  de  la  demanda  examinada,  más  aun  cuando no encuentra la Sala  situación  alguna  que amerite su oficiosa intervención en procura de proteger  garantías  fundamentales  según  lo  prevé  el artículo 216 de la Ley 600 de  2.000.   

En razón de lo expuesto la Corte Suprema de  Justicia en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda de casación formulada en  nombre del procesado Ricardo Díaz Butron.   

Contra  esta  decisión  no  procede  recurso  alguno.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ              MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO        J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                 JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                                       

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                   JULIO                                ENRIQUE                               SOCHA  SALAMANCA                             

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

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