28633(14-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 28633  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                               

                            Magistrado Ponente   

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No.224   

Bogotá,  D. C., catorce (14) de noviembre de  dos mil siete (2007).   

VISTOS  

La   Sala  decide  acerca  del  impedimento  expresado  por  los  Magistrados  José  Joaquín  Urbano  Martínez  y  Álvaro  Valdivieso  Reyes,  integrantes  de  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior de  Bogotá,  para  conocer  de los recursos de apelación interpuestos en audiencia  preparatoria  por  los  defensores  de  los  procesados  HÉCTOR FERNELLY ÁVILA  RAMÍREZ,  XIMENA ALEJANDRA CASTRO VIRACACHA y JAIRO RIOJA ESCOBAR, dentro de la  actuación   que   se   les   adelanta   por   los   delitos   de   secuestro     extorsivo    agravado    y  hurto  calificado y agravado.   

ANTECEDENTES  

1. De acuerdo con las  diligencias,  el  4  de  mayo  de  2007,  el  menor de edad M. A. O.1, estudiante del  colegio  San Viator de Bogotá, fue plagiado alrededor de las tres y media de la  tarde,  después  de  que  la  ruta  escolar  lo  dejara  cerca de su residencia  localizada en la carrera 72 C # 9-97 de esta ciudad.   

Posteriormente, Jesús Orlando Sanabria Sosa,  padre   de   la   víctima,   recibió  una  carta  a  nombre  del  ‘Grupo     Urbano    AUC’,  mediante  la  cual  le fue exigido,  bajo  amenazas  de  muerte,  el  pago de la suma de cuatro mil millones de pesos  para obtener la liberación de su hijo.   

Gracias  a una llamada anónima, miembros del  GAULA  de  la  Policía  Nacional  llevaron  a cabo un operativo el 9 de mayo de  2007,   en  el  que  lograron  la  ubicación  y  posterior  rescate  del  menor  secuestrado  en  la  vivienda  situada  en  la calle 15 # 7C-15 del municipio de  Mosquera,  Cundinamarca,  así como la captura de Miller Heregua García, Carlos  Julio  Polo  Peñate,  HÉCTOR FERNELLY ÁVILA RAMÍREZ, XIMENA ALEJANDRA CASTRO  VIRACACHA y JAIRO RIOJA ESCOBAR.   

2. Por los anteriores  hechos,  la  Fiscalía  General  de  la  Nación presentó ante el Juzgado Sexto  Penal  del  Circuito Especializado de Bogotá escrito de acusación en contra de  estos  últimos  por los delitos de secuestro extorsivo  agravado  y hurto calificado y  agravado   [sic],   según  lo  dispuesto  en  los  artículos     169,    170    numerales  1  y  6,  239,  240  numeral  2  y  241  numeral  10  del  Código  Penal.   

Durante  la  audiencia  de  formulación  de  acusación,  Miller  Heregua García y Carlos Julio Polo Peñate se allanaron de  manera   parcial   a   los  cargos  por  la  conducta  punible  de  secuestro  extorsivo  agravado, razón por  la  cual  el  juez  fijó  fecha y hora para la lectura de sentencia y, ante las  manifestaciones  del  representante  del Ministerio Público y de las partes, se  declaró impedido para seguir conociendo de la actuación.   

3.   El  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  en Sala de Decisión Penal integrada por los Magistrados  José  Joaquín Urbano Martínez, Álvaro Valdivieso Reyes y Jairo José Agudelo  Parra,  dispuso  devolver  de  inmediato  las diligencias, en atención a que el  juzgado  especializado  ni  siquiera  había  dictado sentencia en contra de las  personas  que se allanaron a los cargos, por lo que aún no había accedido a la  información  ni  al  material  probatorio  con que contaba el expediente, y, en  consecuencia,  no  se  observaba  en  qué  forma  podía  haberse  afectado  su  imparcialidad.   

4.  A  raíz  de lo  anterior,  el  funcionario  especializado profirió fallo condenatorio en contra  de  Miller  Heregua  García  y  Carlos  Julio  Polo  Peñate, y, por otro lado,  dispuso  seguir  conociendo  de  la  actuación  seguida  en  contra  de HÉCTOR  FERNELLY  ÁVILA  RAMÍREZ,  XIMENA  ALEJANDRA  CASTRO  VIRACACHA  y JAIRO RIOJA  ESCOBAR   por   los  delitos  de  secuestro  extorsivo  agravado y hurto calificado y  agravado.   

5.   Apelada  la  sentencia  dictada  en  contra  de  Miller  Heregua  García y Carlos Julio Polo  Peñate,  la Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de Bogotá conformada  por  los Magistrados José Joaquín Urbano Martínez, Álvaro Valdivieso Reyes y  Jairo  José  Agudelo  Parra  la confirmó en lo que fue objeto de impugnación,  mediante decisión de fecha 19 de septiembre de 2007.   

6.  Por  su  parte,  durante  la  audiencia  preparatoria  del  juicio  oral en el proceso seguido en  contra  de HÉCTOR FERNELLY ÁVILA RAMÍREZ, XIMENA ALEJANDRA CASTRO VIRACACHA y  JAIRO  RIOJA  ESCOBAR,  el  funcionario  judicial  negó la práctica de algunos  medios  de  prueba, ante lo cual los defensores interpusieron sendos recursos de  apelación.   

7.  Repartida  la  actuación  para  su  conocimiento en segunda instancia, el Tribunal Superior de  Bogotá,  en  Sala  de Decisión integrada por José Joaquín Urbano Martínez y  Álvaro  Valdivieso  Reyes  (encontrándose  el  Magistrado  Jairo José Agudelo  Parra  de  permiso), profirió el auto de fecha 17 de octubre, en el que los dos  primeros  se declararon impedidos para resolver las apelaciones interpuestas con  fundamento  en el numeral 6 del artículo 56 del Código de Procedimiento Penal,  es decir, por haber participado dentro del proceso.   

Adujeron  los  Magistrados  que  tras  haber  proferido  la  sentencia de segunda instancia de fecha 19 de septiembre de 2007,  mediante  la cual confirmaron la condena que por aceptación de cargos se impuso  en  contra  de  Miller  Heregua  García  y  Carlos Julio Polo Peñate, no sólo  conocieron  acerca  de  los  mismos  hechos  por  los que se sigue la actuación  contra  HÉCTOR  FERNELLY  ÁVILA  RAMÍREZ, XIMENA ALEJANDRA CASTRO VIRACACHA y  JAIRO   RIOJA  ESCOBAR,  sino  que  además  en  dicha  decisión  se  plasmaron  consideraciones   en  relación  con  la  legitimidad  de  la  actuación  y  la  existencia de fundamento para proferir sentencia condenatoria.   

Agregaron   que,   si   para   uno  de  los  copartícipes   la  Sala  de  Decisión  consideró  que  estaba  demostrada  la  responsabilidad  penal,  su criterio quedaba comprometido en lo que concernía a  los  demás imputados, toda vez que, a pesar de que en principio éstos podrían  resultar   absueltos  en  el  juicio,  resulta  muy  dudoso  que,  en  casos  de  coparticipación,  la  Fiscalía  haya  acusado  a  personas sobre las cuales no  cuente con la suficiente evidencia.   

Igualmente,   sostuvieron   que   con  esta  situación  los actuales acusados tendrían motivos suficientes para dudar de la  imparcialidad  de  la  Sala  de  Decisión  que  en  segunda  instancia debería  juzgarlos,  sobre  todo  cuando los funcionarios que la integran no sólo tienen  que sentirse imparciales sino además parecerlo.   

En  consecuencia, dispusieron la remisión de  las   diligencias   a   la   Corte   para   que   hiciera   el   pronunciamiento  respectivo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.   La  Sala  es  competente  para  resolver  la manifestación de impedimento conjunto presentada  por  los  Magistrados  del  Tribunal  Superior  de Bogotá José Joaquín Urbano  Martínez  y  Álvaro  Valdivieso  Reyes, de conformidad con lo dispuesto en los  artículos 57 y 341 del Código de Procedimiento Penal.   

2.   Para   tal  propósito,  es  necesario  precisar,  en primer lugar, que la jurisprudencia de  esta  Corporación  ha señalado en forma pacífica y reiterada que el ejercicio  de  la  declaración  de  impedimento  no  puede estar sujeto al capricho de los  funcionarios  judiciales, sino que se encuentra ligado de manera inevitable a la  taxatividad  de  sus  causales,  lo  que  significa  que nadie puede acudir a la  analogía  ni  a la extensión de los motivos expresamente señalados por la ley  en    aras    de    sustentar    su    procedencia2.   

3.  Dichas causales,  no  obstante,  tienen  como  propósito  común el de garantizar la eficacia del  derecho    a    ser    juzgado    por    un    juez  imparcial,  consagrado  en  el  artículo  10  de  la  Declaración  Universal  de  los  Derechos del Hombre de 1948, el artículo 14.1  del  Pacto  Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966, el artículo  8.1  de la Convención Americana de Derechos Humanos de 1968 y el artículo 5 de  la ley 906 de 2004, entre otras disposiciones.   

Al  respecto, si bien la jurisprudencia de la  Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos  ha  orientado  la  mayoría de sus  decisiones  a  la necesidad de proteger este derecho cuando tribunales militares  han  juzgado  a  civiles  dentro  de su jurisdicción3,  los informes de la Comisión  Interamericana   lo   han   perfilado  en  el  sentido  de  que  “[l]a   imparcialidad   supone   que   el  juez  no  tiene  opiniones  preconcebidas  en  el  caso  sub  iúdice y,    en    particular,    no    presume    la    culpabilidad   del  acusado”4.   

No   obstante,  también  ha  precisado  la  Comisión   que   “[l]o  decisivo  no  es  el  temor  subjetivo  de  la  persona  interesada  con respecto a la imparcialidad que debe  tener  el  Tribunal  que  se  ocupa  del  juicio,  sino  el  hecho de que en las  circunstancias    pueda    sostenerse    que    sus    temores   se   justifican  objetivamente”5    y   que   “[l]a  imparcialidad  subjetiva  del  juez  en  el  caso  concreto se  presume      mientras      no     se     pruebe     lo     contrario”6.   

Por  su parte, la jurisprudencia del Tribunal  Europeo  de  Derechos  Humanos  (que,  aunque  no  tiene incidencia alguna en el  ordenamiento  jurídico  colombiano,  no  sólo ha desarrollado sus conceptos en  forma  armónica  con las decisiones adoptadas por la Comisión Interamericana y  la  Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos, sino que además ha sido tanto  referente  como  receptor dentro de la evolución de los mismos) precisó acerca  del derecho a ser juzgado por un juez imparcial lo siguiente:   

“La imparcialidad  debe  apreciarse  de  modo subjetivo, tratando de determinar la convicción y el  comportamiento  personales  de tal juez en tal ocasión, e igualmente de un modo  objetivo  para  asegurar  que  ofrece  las  garantías suficientes para eliminar  cualquier duda legítima […].   

”En  cuanto  al  carácter  objetivo,  nos  conduce  a  preguntarnos si, independientemente de la  conducta   del   juez,   ciertos   hechos  verificables  permiten  sospechar  la  imparcialidad   de   este  último.  Incluso  las  apariencias  pueden  revestir  importancia.   Los  tribunales  de  una  sociedad  democrática  deben  inspirar  confianza  al justiciable. Resulta que para pronunciarse sobre la existencia, en  un  asunto  concreto,  de una razón legítima para temer de un juez la falta de  imparcialidad,  hay  que  tener en cuenta la opinión del acusado, pero ésta no  juega  un  papel  decisivo.  El  elemento  determinante  consiste en saber si se  pueden   considerar   las   aprensiones   del   interesado   como  objetivamente  justificadas”7.   

Así mismo, ha indicado el Tribunal que no se  puede  predicar  una afectación al derecho de imparcialidad por el simple hecho  de  que  el  juez  o  el cuerpo colegiado hayan conocido con anterioridad hechos  similares  o  idénticos  a  los  que  son  materia  de juzgamiento, sino que la  determinación  de la imparcialidad radica de conformidad con las circunstancias  particulares de cada caso en concreto:   

“[…]   la  imparcialidad  objetiva  del juzgador no se ve comprometida por la mayor o menor  similitud  de  los  hechos  objeto  de  enjuiciamiento con los conocidos por ese  último  juzgador  en  el curso de un distinto proceso. Lo cual no se ve tampoco  alterado  por el hecho de que la Sala de que forma parte el Magistrado llamado a  juzgar,  con mayor o menor oportunidad, haya tenido ocasión de exteriorizar una  opinión     acerca     de     la     similitud,    o    incluso    ‘identidad’,  entre  los  hechos  objeto  de dos  sucesivos  procesos.  La  imparcialidad  objetiva despliega su eficacia sobre el  específico  objeto  del  proceso,  sin  que  pueda  extenderse al resultado del  contraste  entre  dicho  objeto  y  el de cualesquiera otros procesos de los que  haya  podido  conocer  el  juzgador. Las similitudes así resultantes, aparte de  inevitables,  en modo alguno ponen en cuestión la imparcialidad objetiva de los  Jueces  y  Magistrados. Ello es así incluso en un supuesto como el presente, en  el  que  la  Sala  de  la  que  forma  parte  el  Magistrado cuya recusación se  pretendió  ha exteriorizado su convicción, con mayor o menor oportunidad, cabe  reiterar,  acerca  de  la  semejanza  del  objeto  de ambos procesos”8.   

En la doctrina, finalmente, Claus Roxin, en su  obra  Derecho procesal penal,  cita  un caso resuelto por el Tribunal Supremo Federal  en    materia    penal    de   Alemania   (o   BGH  –Bundesgerichtshof),  en el que se sostuvo que “tampoco debe  ser  alcanzado  por el temor de parcialidad el juez que por un proceso anterior,  contra  un  coacusado,  ha  vertido  juicio  sobre la colaboración al hecho del  acusado”9.   

4.  En el asunto que  centra  la  atención de la Corte, los Magistrados de la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Bogotá José Joaquín Urbano Martínez y Álvaro Valdivieso Reyes  invocaron  como  causal de impedimento para seguir conociendo del caso en contra  de  HÉCTOR  FERNELLY ÁVILA RAMÍREZ, XIMENA ALEJANDRA CASTRO VIRACACHA y JAIRO  RIOJA  ESCOBAR  la  prevista  en  el numeral 6 del artículo 56 de la ley 906 de  2004,     que    contempla    específicamente    el    haber    “participado          dentro          del         proceso”.   

Más  allá  del hecho de que los Magistrados  que  se  declararon impedidos no argumentaron por qué razón la causal invocada  se  ajustaba  a  las  circunstancias por ellos aducidas y no a la prevista en el  numeral  4  de  la  norma  en  comento (que señala, entre otras situaciones, el  haber  “manifestado  su  opinión  sobre  el  asunto  materia   del   proceso”),   lo   cierto   es   que  fundamentaron  su postura en una afectación relevante al derecho de ser juzgado  por  un  juez o tribunal imparcial que de ninguna manera la Corte observa que se  configura en el caso concreto.   

En efecto, aunque la Sala comparte el concepto  emitido  por  los  Magistrados del Tribunal, en el sentido de que la justicia no  sólo  debe  ser  impartida  por jueces imparciales sino que además la sociedad  debe  tener  la sensación de que efectivamente lo son, en el presente asunto no  existe  razón  alguna para siquiera sospechar que los funcionarios tienen ideas  preconcebidas  acerca  de  la participación y responsabilidad de los procesados  HÉCTOR  FERNELLY  ÁVILA  RAMÍREZ,  XIMENA  ALEJANDRA CASTRO VIRACACHA y JAIRO  RIOJA  ESCOBAR  en el secuestro del menor M. A. O., a pesar del conocimiento que  sobre  los mismos hechos tuvieron en la actuación que se adelantó en contra de  Miller Heregua García y Carlos Julio Polo Peñate.   

En la sentencia de segunda instancia de fecha  19  de  septiembre  de 2007 proferida contra estos últimos, el apartado que los  Magistrados  consideraron  trascendente  para  efectos  del  impedimento  es  el  siguiente:   

“i) Legitimidad  de la actuación   

1.  La  Sala  advierte  que  la  actuación  adelantada  en  contra  de Miller Heregua García y Carlos Julio Polo Peñate se  promovió   con   respeto   de   sus  derechos  fundamentales  de  trascendencia  procesal.   

En  efecto,  tras la captura en flagrancia,  oportunamente  fueron puestos a disposición de un juez de control de garantías  y  éste  presidió  la  legalización  de  la  captura,  la  formulación de la  imputación   y   la  imposición  de  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva.  Luego  se  dio  trámite  a  la  audiencia  de  formulación  de la  acusación  y  en  ésta  los  imputados  aceptaron  el  cargo  formulado por la  Fiscalía  en  relación  con el delito de secuestro. El juzgado de conocimiento  dictó  sentencia  en  la que declaró a los acusados responsables del delito de  secuestro  imputado  y  los sometió a las consecuencias punitivas fijadas en la  ley.  A  lo largo del proceso, los imputados estuvieron asistidos por defensor y  contaron    con    las   oportunidades   necesarias   para   hacer   valer   sus  derechos.   

En   estas   condiciones,   no  concurren  fundamentos    para    cuestionar    la    legitimidad    de    la    actuación  cumplida.   

ii)  Fundamento  para  proferir  sentencia  condenatoria   

2. Si bien se trata de un proceso en el que  hubo  lugar  a  la aceptación de imputación formulada por la Fiscalía General  de  la Nación, es de advertir que no escapa a la Sala el examen de la razonable  fundamentación  del  fallo,  pues se parte del supuesto de que el juez no está  inexorablemente  compelido  a  proferir una sentencia de condena si no encuentra  elementos  de juicio que acrediten la estructura típica del comportamiento y la  razonabilidad de la responsabilidad penal por parte del imputado.   

3.  En  el  caso  presente,  la  situación  fáctica  y  la procesal derivada a partir de ella son bastante claras, pues los  imputados  fueron  sorprendidos  en  flagrancia.  En  momentos en que mantenían  privado  de la libertad en su residencia al menor secuestrado, circunstancia que  explica  su  captura.  En estas condiciones, es clara la tipicidad del delito de  secuestro  y,  además,  como  quiera  que  la  flagrancia  suministra  un serio  fundamento  para  desvirtuar  la  presunción  de  inocencia, la renuncia de los  imputados  al  derecho  que les asistía a un juicio con todas las garantías es  compatible  con  la  realización de los fines del proceso y por lo mismo no hay  argumentos  para  cuestionar  la  validez  de la actuación cumplida”10.   

En   síntesis,   lo  que  los  Magistrados  consideraron  relevante  para  el  impedimento  era que habían señalado en una  decisión  anterior,  en  relación  con unas personas que por los mismos hechos  habían  sido  capturadas  el mismo día que los aquí acusados, que a aquéllos  no  sólo  se  les  respetaron las garantías y derechos fundamentales, sino que  además  existía un fundamento mínimo para proferir condena por aceptación de  cargos   en   la   medida   en   que   fueron   sorprendidos  en  situación  de  flagrancia.   

Frente a dicho criterio, la Sala advierte, en  primer  lugar,  que considerar demostrada una captura en flagrancia en contra de  determinada  persona  no es lo mismo que considerar demostrada la participación  y responsabilidad penal en cabeza de la misma.   

Por  un  lado,  la  flagrancia  se  refiere a  aquellas  circunstancias  en  los  que una persona es sorprendida y capturada al  momento  de cometer una conducta punible o cuando es sorprendida y capturada con  objetos,  instrumentos  o huellas de los cuales se considere de manera razonable  que momentos antes ha cometido un delito.   

La responsabilidad penal, por otro lado, es la  que  se  predica  de  quien más allá de toda duda razonable ha incurrido en la  comisión  de una conducta punible y se hace merecedor a una pena, de suerte que  a  esa  persona  le  son  atribuibles  todas  las  categorías jurídicas que la  conforman,  relativas  a  la  realización  del  injusto  y  al  reproche  de la  culpabilidad.   

De  lo  anterior  se  deduce un sinnúmero de  posibilidades  en  los  que  un  individuo capturado en flagrancia no siempre ni  necesaria-mente  tendría  que  ser encontrado penalmente responsable del delito  del cual se le acusa.   

Por  ejemplo: Cayo es sorprendido al lado del  cadáver  ensangrentado de Lucio y con el puñal que le dio muerte en sus manos.  A  pesar  de  que  ello  configuraría  una  clara  situación de flagrancia, de  ninguna  manera  estaría  probada  la responsabilidad penal, pues la defensa de  Cayo  podría  alegar,  entre  otras cosas, que actuó en defensa propia, o bajo  una  insuperable  coacción  ajena,  o  que  tan  solo  empuñó  el arma blanca  después de que encontrara a la víctima moribunda, etcétera.   

En  este  orden  de  ideas,  no  es  del todo  acertada   la   afirmación   del  Tribunal  cuando  adujo  que  “la  flagrancia  suministra  un  serio  fundamento para desvirtuar la  presunción  de  inocencia”, pues ésta no constituye  un  presupuesto suficiente ni necesario para hallar penalmente responsable a una  persona.   

En segundo lugar, incluso en el evento de que  las  circunstancias particulares del caso concreto dieran lugar a establecer que  el  haber  sido  capturado  en situación de flagrancia bastaba para declarar la  responsabilidad   penal   dentro   del  trámite  de  los  allanamientos  y  los  preacuerdos  propios  de  la  ley  906  de  2004,  del  hecho de que la Sala del  Tribunal  haya  tomado  por  cierta  la  imputación  fáctica  formulada  en la  acusación,  o  de  que  haya  examinado  la  actuación  del juez de control de  garantías  al  momento  de haber declarado la legalidad de la captura de Miller  Heregua  García  y  Carlos  Julio Polo Peñate, no se puede desprender que otro  tanto  debe  ocurrir  con  el  juicio  oral  que  se va a adelantar en contra de  HÉCTOR  FERNELLY  ÁVILA  RAMÍREZ,  XIMENA  ALEJANDRA CASTRO VIRACACHA y JAIRO  RIOJA  ESCOBAR,  acusados  de  ser  copartícipes  del  secuestro  del  menor de  edad.   

En este sentido, cuando los Magistrados que se  declararon  impedidos manifestaron que “es muy dudoso  que,  en  casos  de  co-participación,  la Fiscalía asuma el costo jurídico y  político  de  acusar  a  imputados  respecto  de  cuyo  obrar inculpable exista  evidencia”,  dicha  afirmación  no  deja de ser una  simple  cavilación  acerca de lo que podría ocurrir en el juicio oral, que por  lo  demás  carece  de  fundamento  razonable  alguno,  pues  no sólo parte del  inaudito  supuesto  de  que  todas  las personas que son acusadas como coautores  tendrían  que ser declaradas penalmente responsables si sólo a uno de ellas se  la  hallase  como  tal,  sino  que  además  desconoce  que  a  cada  uno de los  implicados  se  les deberá probar de manera individual un aporte trascendente a  la   realización   del  resultado  típico  relativo  a  la  privación  de  la  libertad.   

Y, finalmente, si para la demostración de su  teoría  del  caso  la Fiscalía cuenta con el hecho que HÉCTOR FERNELLY ÁVILA  RAMÍREZ,  XIMENA  ALEJANDRA  CASTRO  VIRACACHA  y  JAIRO  RIOJA  ESCOBAR fueron  aprehendidos   en   situación  de  flagrancia,  tendrá  que  hacer  valer  las  circunstancias  en  las  que se produjo la captura de estas personas mediante la  práctica  de  pruebas  en  el  juicio  oral,  independientemente de lo que haya  considerado  al  respecto el juez de control de garantías, pues, tal como lo ha  señalado  la Sala en anterior oportunidad, aunque la decisión de legalización  de  la  captura  no  puede ser objeto de controversia durante el juicio oral, la  prueba  de los presupuestos fácticos que la sustentaron tendrá que sujetarse a  las    reglas    probatorias    del   mismo   en   virtud   del   principio   de  inmediación11.   

En  este orden de ideas, a pesar de que en la  sentencia  de  fecha  19  de  septiembre  de  2007  la  Sala  de Decisión Penal  integrada   por   los  Magistrados  José  Joaquín  Urbano  Martínez,  Álvaro  Valdivieso  Reyes y Jairo José Agudelo Parra se pronunció acerca de la captura  en  flagrancia  de  Miller  Heregua  García  y  Carlos Julio Polo Peñate y del  respeto  a  sus  garantías  procesales,  no existe motivo razonable alguno para  suponer   que  los  funcionarios  que  se  declararon  impedidos  tienen bases para presumir la culpabilidad  o para haberse ‘contaminado’  de cualquier otra manera respecto de  la  participación  o  de  la  responsabilidad  penal  en  cabeza  de  los aquí  procesados,  ni  mucho  menos que a éstos se les afectó por esa sola razón, y  siquiera  en forma aparente, el derecho fundamental de ser juzgado por un juez o  tribunal imparcial.   

En consecuencia, la Corte declarará infundado  el  impedimento  expresado por los Magistrados José Joaquín Urbano Martínez y  Álvaro  Valdivieso  Reyes  para decidir los recursos de apelación interpuestos  en  audiencia  preparatoria  e,  igualmente,  ordenará  la  devolución  de las  diligencias al lugar de origen.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1. DECLARAR infundado  el  impedimento  manifestado  por los doctores José Joaquín Urbano Martínez y  Álvaro    Valdivieso    Reyes,    Magistrados    del   Tribunal   Superior   de  Bogotá.   

2.   DEVOLVER  de  inmediato  el  proceso al Tribunal Superior de Bogotá con el fin de que la Sala  de   Decisión  Penal  integrada  por  los  Magistrados  José  Joaquín  Urbano  Martínez,  Álvaro  Valdivieso  Reyes  y Jairo José Agudelo Parra resuelva los  recursos   de   apelación   interpuestos  en  audiencia  preparatoria  por  los  defensores  de los procesados HÉCTOR FERNELLY ÁVILA RAMÍREZ, XIMENA ALEJANDRA  CASTRO VIRACACHA y JAIRO RIOJA ESCOBAR.   

Contra  esta  providencia, no procede recurso  alguno.   

Cúmplase  

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

Comisión de servicio  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                                                                 MARÍA  DEL  R. GONZÁLEZ DE L.   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                               JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

              

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  La  Sala  se  abstiene  de  dar  el  nombre  de  esta persona, de  conformidad  con lo dispuesto en el numeral 8 del artículo 47 de la ley 1098 de  2006.   

2  Cf.,  entre  otras,  auto  de  7  de  marzo  de 2007, radicación  26853   

3 Cf.,  entre  otras,  caso  Loaiza  Tamayo  vs. Perú, sentencia de 17 de septiembre de  1997;   y   caso   Palamara   vs.   Chile,  sentencia  de  22  de  noviembre  de  2005.   

4  Comisión Interamericana de Derechos Humanos (en adelante, CIDH),  caso Martín de Mejía vs. Perú, 1996.   

5 CIDH,  caso Gómez López vs. Venezuela, 1996   

6 CIDH,  caso Martín de Mejía vs. Perú, 1996   

7  Tribunal  Europeo  de  Derechos Humanos (en adelante, TEDH), caso  Perote Pellón vs. España, 2002, 31.   

8 TEDH, RTC 1994, 138   

9  Roxin,   Claus,  Derecho  procesal  penal, Ediciones del Puerto, Buenos Aires, 2000, pág. 45.   

10  Folios  5-6  del  cuaderno  original  de  segunda  instancia  del  Tribunal   

11    Sentencia   de   30   de   noviembre   de   2006,   radicación  25136     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *