28583(08-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28583  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente   

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No.221   

Bogotá,  D. C., ocho (8) de noviembre de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Decide  la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos y de debida argumentación de la demanda de casación  presentada  por  el  defensor contra la sentencia de segundo grado proferida por  el  Tribunal  Superior  de  Antioquia, a través de la cual confirmó la dictada  por  el  Juzgado  Promiscuo  del Circuito con funciones de conocimiento de Santa  Rosa  de  Osos,  en  la  que  condenó  a  JESÚS  ADELFIO  RAMÍREZ  como autor  penalmente responsable del delito de homicidio simple.   

HECHOS Y SINOPSIS PROCESAL  

1. El ad quem los reseñó así:  

“Los  primeros ocurrieron el 21 de enero de  2007,  aproximadamente  a  las  6:10  p.m., en el establecimiento “BILLARES EL  PARQUE”,  ubicado  en  el  parque  principal  del  municipio  Donmatías  (Antioquia),  donde Jesús Adelfo  Ramírez  y  Julio  César  Castaño  Gaviria  confluyeron, como de costumbre, a  jugar  dominó,  presentándose en desarrollo del juego una discusión entre los  dos,  a  raíz de que el segundo reclamaba insistentemente al primero el pago de  un   pase   –pactado  en  $100,oo-  que  Jesús Adelfo negó categóricamente; luego las ofensas pasaron a  mayores,  pues  como  éste  le manifestara a su oponente al pararse de la silla  “que  si  le sacaba navaja se la hacía meter por el  culo”  y César Julio le replicara que lo obligara a  hacerlo,  después  de meter la mano en el bolsillo trasero y sacarla empuñada,  Jesús  Adelfio  sacó  su  revólver y terminó propinándole dos disparos, que  causaron la muerte de su contendiente en el acto.”   

2.    JESÚS    ADELFIO    RAMÍREZ   fue  puesto  a disposición de la  Fiscalía,  se  legalizó  su  captura  por  el  Juzgado  Promiscuo Municipal de  Donmatías,  con  funciones  de  Control  de  Garantías en audiencia preliminar  llevada  a  cabo  22  de  enero  de  2007,  en  la cual la Fiscalía le formuló  imputación  por  el  delito  de  homicidio simple y solicitó la imposición de  medida de aseguramiento que el Juez negó.   

3.  La  Fiscalía  Seccional de Santa Rosa de  Osos,  el  15 de febrero de 2007 radicó en el Juzgado Promiscuo del Circuito de  la  misma  localidad  escrito de acusación. Así, el 22 de febrero siguiente se  realizó  audiencia en la cual la Fiscalía acusó a JESÚS ADELFIO RAMÍREZ por  el  delito  de  homicidio  descrito  en  el artículo 103 de la Ley 599 de 2000.  Oportunidad  en  la  cual  se  reconoció  a  la  señora María Rosmira Herrera  Bedoya, cónyuge del occiso, la calidad de víctima.   

4.  Concluida la audiencia preparatoria el 21  de  marzo  de 2007, se convocó a juicio oral para el 16 de abril de 2007, en el  cual  el  acusado  se declaró inocente del cargo de homicidio, a su término el  Juez  anunció  fallo  condenatorio  en su contra en cuanto consideró que no se  probó  en  el  proceso  la legítima defensa alegada por el defensor y el 24 de  mayo  sentenció  a  JESÚS  ADELFIO RAMÍREZ a 208 meses de prisión como autor  penalmente  responsable  del  delito  de  homicidio del que fuera víctima Julio  César  Castaño  Gaviria,  a la accesoria de inhabilitación en el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por igual lapso y, además, a indemnizar a la  víctima los perjuicios materiales y morales.   

5.  Impugnada la sentencia por la defensa, el  Tribunal  Superior  de  Antioquia  la  confirmó mediante fallo de 5 de julio de  2007,   decisión   que   ahora   es   objeto   de   recurso  extraordinario  de  casación.   

LA DEMANDA  

El  defensor  formula un solo cargo contra la  sentencia  del  ad  quem con  fundamento  en  la causal 3 del artículo 181 de la Ley 906 de 2004, por “[E]l  manifiesto   desconocimiento   en   las   reglas   de  producción  y  apreciación  de  la  prueba  sobre  la  cual  se  ha fundado la  sentencia”; seguidamente manifiesta que la sentencia  viola  de forma “directa”  y  por  aplicación indebida los artículos 11 (antijuridicidad) y 32, numeral 6  (legítima  defensa)  de  la Ley 599 de 2000; 8 (presunción de inocencia) de la  Ley  600  de  2000,  29  de  la  Constitución  Política  y 8, numeral 2, de la  Convención Americana de Derechos Humanos.   

En  orden a demostrar el cargo manifiesta que  el  problema  jurídico  se  suscita  en torno de la existencia del hecho y a la  imputación   de  una  conducta  típica,  antijurídica  y  culpable,  pues  su  representado  acepta  la  realización del hecho pero, al mismo tiempo, alude la  justificante    de    la    legítima    defensa,    como   lo   “circunscribe”  la  prueba  testimonial  recaudada en el proceso y debatida en el juicio oral.   

Alude  que  no se puede iniciar aceptando que  JESÚS   ADELFIO   RAMÍREZ   sea   el   autor   del   delito   de  homicidio  simple,  porque  los  móviles  demuestran  otra  apreciación,  “que fueron varias  declaraciones  a  lo  largo del juicio, que circunscribieron que Jesús Adelfio,  quien  le  dijo  a  su  compañero  de juego, en razón de que éste (occiso) le  estaba   cobrando   el   pago   de   $100,oo  de  un  pase  de  una  partida  de  dominó.”   

Refiere  que  el hoy occiso se levantó de su  silla   y  se  dirigió  hacia  donde  estaba  el  acusado,  con  intención  de  perseguirlo,  a la vez que introducía su mano en los bosillos posteriores de su  pantalón  para sacar la navaja que tenía, momento en el que aquél le hace dos  disparos con el arma de fuego que poseía legalmente amparada.   

Por  eso  es  por  lo  que  insiste  en  el  reconocimiento  de  la  justificación  de  la  legítima  defensa  y propone un  análisis  acerca de la proporcionalidad entre el arma que tenía el occiso y la  usada  por  su  procurado,  pues si aquél hubiese alcanzado a usar la navaja le  habría   ocasionado   daños   graves   e   irreparables   a   JESÚS   ADELFIO  RAMÍREZ   

Finalmente, refirió que a su protegido no le  era  exigible determinar si el occiso tenía la navaja cerrada o abierta, porque  lo único que le interesaba era evitar que éste lo lesionara.   

Razones  con fundamento en las cuales depreca  se    case    la    sentencia    revocando    la    condena    impuesta   a   su  representado.   

CONSIDERACIONES  

De vieja data la Sala viene sosteniendo que el  recurso  extraordinario  de casación no es un instrumento que permita continuar  con  el  debate  fáctico  y jurídico llevado a cabo ante los falladores, en la  medida  que  no  es  una instancia adicional a las ordinarias del trámite, sino  una  sede  única que parte del supuesto que el proceso culminó con el fallo de  segunda  instancia,  amparado  por  la doble presunción de legalidad y acierto,  que compete desvirtuar al demandante.   

Demanda en la que debe enunciar con claridad y  precisión  de  los  fundamentos  de  la  pretensión,  la  demostración  de la  configuración  de  por  lo  menos uno de los motivos de casación taxativamente  previstos  legalmente  y  el  señalamiento  del por qué la intervención de la  Corte  es  necesaria en el caso concreto, como se desprende del conexión de los  artículos  180,  181  y  183  de  la Ley 906 de 2004, en cuanto la casación es  procedente    contra    sentencias    de    segunda    instancia    “cuando        afecten        derechos        o        garantías  fundamentales”,  para lo cual es menester indicar en  la demanda las causales invocadas y sus fundamentos.   

El paradigma casacional previsto en la Ley 906  de  2004, no exime de modo alguno al demandante de la obligación de cumplir con  los  requisitos mínimos, indispensables para superar el juicio de admisibilidad  que  corresponde  realizar  a la Corte, pues el artículo 184 ibídem la faculta  para  no  admitir al trámite las demandas en las cuales el impugnante carece de  interés  o  cuando  no  señala  el  motivo  de  casación  en el cual apoya su  pretensión  orientada  a  demoler  o  moderar  el  fallo de segundo grado, o no  desarrolla  los  cargos  que  formuló,  o cuando de su contexto fundadamente se  advierte  que  no  necesita del fallo para cumplir alguna de las finalidades del  recurso.   

De  ahí  que  la  Sala,  frente  a  la novel  legislación,  ha  sido  insistente  en  señalar  que  es  deber del demandante  encaminar  su esfuerzo en orden a demostrar cómo durante el trámite procesal o  en  el  fallo  se afectaron derechos o garantías fundamentales, para lo cual en  sincronía  con  el  yerro  advertido, le incumbe invocar la causal de casación  pertinente  señalando  expresamente  las  razones  con fundamento en las cuales  considera   se   encuentra   estructurada  y  por  qué  se  hace  necesaria  la  intervención  de  la  Corte  en  el  caso  particular,  es  decir,  si  resulta  indispensable  para  la  efectividad  del  derecho  material,  el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  o  la  unificación  de  la  jurisprudencia1.   

Por esta razón el actor debe allanarse a las  directrices  desarrolladas  por  la  jurisprudencia acerca de la forma como debe  abordar  el  desarrollo de los diferentes motivos de casación, pues se trata de  guías  orientadas  a  conseguir que el demandante se sujete a unos presupuestos  lógicos  mínimos  y  de  coherencia  en  la  formulación  y desarrollo de sus  reproches  con  el  fin de que  se hagan completos y entendibles los cargos  que    propone    contra   la   decisión   del   ad  quem,  exigencias  que  se  robustecen ante la lógica  actual  del  recurso  que permite a la Corte superar los defectos de la demanda,  siempre  que  en ésta haya realizado un esfuerzo argumentativo que demuestre el  probable  distanciamiento  entre  el fallo recurrido y la norma constitucional o  legal  que  debió  presidirlo, o la vulneración de garantías fundamentales de  los  intervinientes,  o,  finalmente, la necesidad de que la Sala aborde el tema  jurídico      que      por      su      relevancia      requiere     desarrollo  jurisprudencial.   

En  consecuencia,  no  escapan  al  recurso  extraordinario  los  requerimientos  metodológicos  necesarios  que implican un  ataque  técnico–jurídico  que  como  control  constitucional y legal se realiza al fallo de segundo grado,  pues  ello  apareja observar las reglas de coherencia, precisión y claridad que  conduzcan  al  cabal  entendimiento del embate, porque en manera alguna se trata  de  reabrir  el  debate  probatorio  o  de  revisar in  integrum   o   ex   novo  la actuación procesal.   

No  basta  que  el  recurrente  presente  su  oposición  a  la  valoración probatoria obtenida a través de las instancias o  muestre  su  punto de vista en relación con un tema jurídico específico; debe  enseñar  en  su disquisición la existencia de errores manifiestos y esenciales  con  incidencia  en  el  sentido  de  la  decisión  en  que hayan incurrido los  funcionarios  en  su  labor de juzgar en aras de desvirtuar la doble presunción  de   acierto   y   legalidad  con  que  viene  precedido  el  fallo  de  segunda  instancia.   

En  el  caso de la especie, encuentra la Sala  que  le  asiste  interés  al demandante para interponer el recurso de casación  por  cuanto  aboga  en  favor  de  su asistido el reconocimiento de la legítima  defensa,  como  causal excluyente de responsabilidad, a la cual razonadamente no  accedieron  las  falladores, además de que refulge clara la identidad temática  por  la  unidad  de  alegaciones  entre el recurso ordinario de apelación y las  formuladas en su libelo de casación.   

Así  mismo  señaló,  el censor presenta el  reproche  al  amparo  de  la  causal  tercera del artículo 181 de la Ley 906 de  2004,  esto  es,  por el “manifiesto desconocimiento  de  las  reglas  de  producción y apreciación de la prueba sobre la cual se ha  fundado  la  sentencia”, aunque seguidamente plantea  en  el mismo cargo, la violación directa de la ley por interpretación errónea  del  artículo  32, numeral 6 de la Ley 599 de 2000, lo que encierra  per  se  contradicción  insalvable  en  cuanto  a  la  técnica  casacional   en  uno  y  otro  caso,  la  cual  es  disímil.   

No      obstante,      expresamente   refirió   un  error  de  hecho      (violación     indirecta)  en la apreciación probatoria, en torno  del  cual  no  clarifica su  modalidad,   pues  no  tuvo  en  cuenta  que   a   esta  clase  de  vicios  puede  llegar  el  juzgador  al  aprehender o contemplar materialmente los elementos de  convicción  por  ignorar,  desconocer  u  omitir  el  reconocimiento  de  una  prueba  procesalmente  válida  o cuando se la supone o  imagina  (falso  juicio  de  existencia),  o si pese a  haber  sido legal y oportunamente recaudada, al momento de fijar su contenido la  distorsiona,  cercena o adiciona en su expresión fáctica, haciéndole producir  efectos  que objetivamente no se establecen de ella (falso juicio de identidad);  o  ya  en  el  momento  de  su  apreciación  al  asignarle  mérito  persuasivo  contraría  los  principios lógicos, las leyes de la ciencia o la las reglas de  la experiencia (falso raciocinio).   

La  evolución  de  la  censura  no  permite  evidenciar  la  naturaleza del error que denuncia, en la demanda no se indica en  cuál  de las pruebas que sirvieron de fundamento al juzgador se incurrió en el  pretendido  yerro  con  entidad para desmoronar el fallo. El defensor limitó su  actividad  a  escenificar  los  hechos  de la manera como él los entiende, para  culminar  afirmando  que  JESÚS  ADELFIO  le  propinó los dos disparos a Julio  Cesar  Castaño  Gaviria  con  la  finalidad de proteger su vida y la integridad  personal,    en    circunstancias    que,   considera,   no   fueron   sopesadas  apropiadamente.   

El adecuado ejercicio impugnatorio no se colma  simplemente  con la ubicación de la causal de casación, pues indefectiblemente  ha  de  cotejar  el  fallo  con  el  material  probatorio a fin de evidenciar su  naturaleza,  la  incidencia  que  tuvo  en  la  decisión  judicial  y cómo una  adecuada  apreciación probatoria llevaría a un fallo sustancialmente distinto,  deber que el censor incumple en este caso.   

A  simple  oposición  a las consideraciones  judiciales  se reduce la postura del recurrente porque  una  revisión  del  fallo  permite  advertir que las  pruebas  practicadas  en  el  juicio oral,              razonadamente    fueron   estimadas   por   los   falladores   de  instancia   para   negar  el  reconocimiento  de  la  legítima   defensa   objetiva   y  también  de  la  putativa.   En   efecto,  el  Tribunal  categóricamente    concluyó,   con  fundamento    en   los  testimonios    de    Teofilo    Gregorio    Herrera  Pérez  (alias  “El  Costeño”),  José  Ricardo  Mejía  Rendón  y Conrado de Jesús Jiménez Vásquez  (alias  “Comeduro),  que  no se configuraba la legítima defensa objetiva como  tampoco la putativa.   

En   tal   sentido,   expresó:   

“En este orden de  ideas,  la  Sala  comparte  el  juicio  de reproche formulado en la sentencia de  primera        instancia        a        Jesús       Adelfio       Ramírez   como  autor  del  delito  de  homicidio  simple  perpetrado  en la persona de Julio César Cataño Gaviria, en  congruencia   con   los   cargos  formulados  en  la  acusación,  pues  en el contexto analizado se torna insostenible  tanto la  legítima    defensa   objetiva   como   subjetiva   o   putativa   planteada  por  defensa , al refulgir de  manera  diáfana  del  acervo  probatorio  que  voluntariamente  se ubicó en la  situación  de  agresión  que  dijo  padecer  y frente a la cual reaccionó, de  manera  por  demás  innecesaria,  al  convenirse  igualmente  con  el  Juez  de  conocimiento  y  la  Fiscalía  en que la forma en que el señor Cataño Gaviria  portaba    la    navaja,    esto    es,   cerrada,   no   representaba   ningún  peligro  para  el  acusado,  y  en que su exhibición  comportó  más  un  reto  a  la  vulgar  promesa  por  él  lanzada, que ánimo o intención de causarle daño.   

La   anterior  evidencia    que    la    inconformidad  del  impugnante no proviene de falla en  la    apreciación   de   las   pruebas,   sino   de  su  discrepancia  con  la  conclusión  del  Tribunal,  que  constituye  un simple  argumento  sin aptitud para  desvirtuar   la   doble  presunción  de  acierto  y  veracidad que ampara al fallo.   

Como el libelo no será admitido, es necesario  señalar  que  no  se  observa  en  el fallo impugnado o dentro de la actuación  violación  de  derechos  o  garantías  del  procesado  LUIS  ADELFIO RAMÍREZ,  tampoco  se  ve  la necesidad de superar los defectos del libelo para decidir de  fondo,  según lo dispone el inciso 3º del  artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  ni  se advierte vulneración de alguna de las garantías fundamentales de  los  sujetos  procesales  para  enervar la intervención oficiosa de la Corte en  aras de su debida protección.   

Finalmente,  teniendo en cuenta que contra la  decisión  de  inadmitir  la  demanda  de  casación  procede  el  mecanismo  de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el artículo 184 de la Ley 906  de  2004,  impera  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite a  seguir  para  que se aplique el referido instituto procesal, la Sala ha definido  las   reglas   que   habrán   de   seguirse   para  su  aplicación2,    como  sigue:   

a)  La  insistencia es un mecanismo especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la Sala decida  no  seleccionar  la  demanda  de  casación,  con  el  fin de provocar que ésta  reconsidere  lo  decido.  También podrá ser provocado oficiosamente por alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación Penal –siempre que el recurso de casación no  hubiera  sido interpuesto por un Procurador Judicial-, el Magistrado disidente o  el  Magistrado  que no haya participado en los debates y suscrito la providencia  inadmisoria.   

b) La solicitud de insistencia puede elevarse  ante  el Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal,  o  ante  uno  de  los Magistrados que haya salvado voto en cuanto a la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

         

c)  Es potestativo del Magistrado disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en que informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

d)  El  auto  a  través  del  cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

NO   ADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor  del  procesado  LUIS  ADELFIO  RAMÍREZ, por las  razones expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase  

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                                                                 MARÍA  DEL  R. GONZÁLEZ DE L.   

Comisión de servicio  

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                                              JORGE LUÍS QUINTERO MILANÉS   

YESID    RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                               JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                       JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Auto  de 22 de junio de 2006, Rad. 25412   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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