28585(20-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28585   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 232  

Bogotá, D.C., veinte de noviembre de dos mil  siete.   

V    I    S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la demanda de casación que presenta el defensor del procesado JORGE  ENRIQUE   CASTELLANOS  RINCÓN,   contra  el  fallo  de  segunda  instancia  proferido  por  el  Tribunal  Superior de Cundinamarca, fechado el 15 de mayo de  2007,  mediante  el cual confirmó, con modificaciones, la sentencia emitida por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito de Girardot, Cundinamarca, dentro del  procedimiento  abreviado  de  la  sentencia anticipada, condenando a CASTELLANOS  RINCÓN,  en calidad de autor del delito de tentativa de acceso carnal violento,  a  la  pena  principal   de  40 meses y 9 días de prisión, negándole los  subrogados  de la suspensión condicional de la ejecución de la pena y prisión  domiciliaria.  En  igual lapso se fijó la sanción accesoria de inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas, y se determinó el pago, a  título  de perjuicios morales y a favor de la víctima, del equivalente a cinco  salarios mínimos legales mensuales.   

LOS HECHOS  

Fueron  narrados  en la sentencia de primera  instancia, del siguiente tenor:   

“El 22 de diciembre de 2004, JORGE ENRIQUE  CASTELLANOS  quien  fungía  como Gerente de la I.P.S. VIVA EN SALUD llamó a la  sede  de  Girardot  y  solicitó  que  la  recepcionista  DIANA ROCÍO ALDANA le  llevara   unos  documentos  al  municipio  de  Agua  de  Dios  donde  aquél  se  encontraba.  Una  vez en dicho municipio, la condujo en una motocicleta hasta un  lugar  solitario  donde  se  desvistió  e intentó accederla carnalmente por la  fuerza  y mediante violencia física, sin lograr su cometido ante la resistencia  y forcejeo de la víctima.”   

DECURSO PROCESAL  

Se  dio  comienzo  a  la investigación, con  ocasión  de  la denuncia penal presentada de forma escrita por la víctima el 7  de abril de 2005.   

Días  después,  el 25 de abril de 2005, la  Fiscalía  Quinta  Seccional  de  Girardot,  abrió  investigación  preliminar,  practicando  algunas  pruebas, luego de las cuales, el 21 de septiembre de 2005,  emitió la resolución de apertura formal de investigación.   

El  30  de septiembre de 2005, se recabó la  indagatoria  del procesado, quien negó cualquier tipo de responsabilidad en los  hechos.   

El  6  de  octubre  de 2005, fue resuelta la  situación  jurídica  del  procesado,  imponiéndose  en  su  contra  medida de  aseguramiento  de  detención preventiva sin beneficio excarcelatorio, a título  de  autor  del  delito  de  acceso  carnal  violento  en  el grado imperfecto de  tentativa.   

El 22 de noviembre de 2005, fue clausurado el  ciclo  investigativo.  En consecuencia, el 16 de diciembre de 2005, se calificó  el  mérito  del  sumario  decretándose  resolución de acusación en contra de  JORGE  ENRIQUE  CASTELLANOS RINCÓN, por el delito de acceso carnal violento, en  la  modalidad  de tentado, dispuesto en los artículos 205 y 27 de la Ley 599 de  2000.   

El 18 de enero de 2006, una vez ejecutoriada  la  resolución  de   acusación, el procesado, coadyuvado por su defensor,  manifestó   su   intención   de   acogerse   al   instituto  de  la  sentencia  anticipada.   

En  seguimiento de ello, el 13 de febrero de  2006,  se  realizó  la  diligencia  de  formulación  de  cargos para sentencia  anticipada.   

Allí,  el  funcionario  judicial  le  dio a  conocer  al  procesado  la  naturaleza y efectos del instituto de allanamiento a  cargos,   haciendo   hincapié  que  estos  referían  a  lo  consignado  en  la  resolución  de  acusación,  realizándose  la  lectura de esta pieza procesal.  Preguntado  expresamente  por la aceptación de los cargos que remiten al delito  de  acceso  carnal  violento,  en  la modalidad de tentativa, el acusado anotó:  “Sí   los   acepto,   y   no   tengo   más   que  decir”.  Por  su  parte,  el  defensor  únicamente  deprecó    que    se    profiriera   el   fallo   dentro   de   los   términos  legales.   

Después  de  algunas  vicisitudes,  nulidad  incluida,  generadas  por  la  pretensión de modificar el pliego de cargos para  introducir  una  agravante  específica, finalmente el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de  Girardot,  en  auto interlocutorio emitido el 14 de junio de 2006,  decidió  decretar la nulidad de lo actuado a partir del proveído emitido el 14  de  febrero  de  esa  anualidad,  que  decretó la invalidez de la diligencia de  elevación  de  cargos  para  sentencia anticipada, y en su lugar dispuso que el  expediente   ingresara   a  despacho  para  la  emisión  del  fallo  anticipado  correspondiente.   

Conforme  a  ello, el 12 de julio de 2006 se  profirió  la sentencia condenatoria de primera instancia en la cual se hizo una  amplia  relación  de  la prueba recaudada para después definir los aspectos de  tipicidad, antijuridicidad y culpabilidad.   

Determinado  por el A quo que, en efecto, se  cubren  los presupuestos de certeza para condenar, así lo anunció y al momento  de  fijar  la  pena  advirtió que por favorabilidad se recurría a lo dispuesto  para el allanamiento a cargos por la Ley 906 de 2004.   

En  seguimiento  de  ello, decidió, una vez  fijada  la  pena,  descontar  un  35%  de ella, en razón a que el acogimiento a  cargos  operó  antes  de realizarse la audiencia preparatoria, pero después de  formulada la acusación.   

Apelada  la  sentencia  por  el defensor del  procesado,  por  último,  el  15 de mayo de 2007, fue proferida la sentencia de  segundo  grado,  en  la  cual  se  confirmó el fallo, aunque se rebajó la pena  impuesta.     

LA DEMANDA  

CARGO ÚNICO  

Así  lo postula el accionante: “Formulo  (sic) como causal contra la Sentencia dictada en segunda  instancia  por  la Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de Cundinamarca  fechada  el  15  de  Mayo  del  año en curso, el cargo de ser violatoria de una  norma  de  Derecho  Sustancial,  por  haber  incurrido en infracción directa el  grave  error  de  hecho  por  haber  considerado  como  prueba en el proceso una  violencia que careció en el mismo de plena demostración legal”   

Ya  luego,  advierte  que  se  presentó  un  “falso  juicio  de  existencia  de  la  prueba de la  violencia  cuando  en  realidad  está reconociendo como existente una violencia  que no fue demostrada en el proceso en forma legal”.   

Estima,  a  renglón seguido, que la simple  presentación  de la ropa deteriorada de la víctima, no demuestra la existencia  de  la  modalidad  violenta  del  delito,  además de que esa violencia también  puede corresponder al antecedente de un ilícito de acto sexual.   

Ya  luego,  dentro  del acápite que rotula  “NORMAS  VIOLADAS”,  el casacionista introduce, como simples manifestaciones  puntuales,  sin  desarrollo  argumental  o fundamentación demostrativa, algunas  críticas  a  varios  aspectos de lo decidido en el fallo, referidos a la prueba  para  condenar,  el  porcentaje de reducción de pena por aceptar los cargos, el  incremento  que  se  hizo sobre el mínimo de sanción imponible, la posibilidad  de  acceder  al  beneficio  de la suspensión condicional de la ejecución de la  pena,  y  la  negativa  a  conceder  al  procesado  el  subrogado de la prisión  domiciliaria,  pero  no hace, respecto de todos esos factores, ninguna solicitud  en particular.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

       

      De  entrada,  es  necesario  significar  que  ninguna  vocación  de  prosperidad tiene la demanda  presentada  por  el  defensor  del  acusado,  por devenir ostensible la absoluta  falta de interés para el efecto.   

       Ya la Corte,  de  manera  pacífica  y  reiterada,  ha destacado el carácter de irretractable  que    comporta   la  aceptación  de  cargos  por  vía  de  la  sentencia  anticipada,  cuyo  efecto procesal inmediato, como se postula en el numeral 10°  del  artículo 40 del C. de P.P., es precisamente la limitación respecto de los  aspectos  que  pueden  ser  controvertidos  a través del recurso de apelación,  ajenos   completamente   a  cualquier  discusión  que  diga  relación  con  la  naturaleza  de  los  delitos  aceptados y la responsabilidad que en ellos cabe a  quien   de   forma   voluntaria,   plenamente  informado  y  consciente  de  las  consecuencias,  aceptó  los  cargos  presentados  por la fiscalía.     

        Y  esa  limitación,   como   también   lo   ha  dejado  sentado  la  Corte1,  opera  de  igual    forma    para   la   eventualidad   del   recurso   extraordinario   de  Casación:   

         “En  la  temática atrás propuesta, sea lo primero  advertir,  que  frente  a  los  fallos proferidos en desarrollo de las formas de  terminación  anticipada  del  proceso  otrora  previstas  en el Decreto 2700 de  1991,  modificado  por  la  Ley  81  de  1993,  al  igual que acontece frente al  instituto  contemplado  en  el artículo 40 de la Ley 600 de 2000 actualmente en  vigencia,  la  legitimidad  para  atacarlos  a través de la alzada se encuentra  restringida  para  el procesado o su defensor, a quienes les está vedado apelar  aquellos  aspectos  que  integran la aceptación de la responsabilidad penal que  abre  compuerta  a  la  conclusión  del trámite sin agotar la totalidad de sus  fases;  reserva  que encuentra sustento en la imposibilidad de retractarse de lo  admitido  en  virtud  de  los  principios  de eventualidad o preclusión y de la  seguridad jurídica.   

          “En  efecto,  al  tenor del numeral 4º  del  artículo  37B  del  estatuto  procesal  penal, subrogado por la Ley 365 de  1997,  bajo  cuya  existencia  jurídica  se  adelantó la presente actuación –  coincidente  en  esencia  con  el  inciso 10º del artículo 40 de la Ley 600 de  2000  -,   mediante  el  cual  se  desarrollaba  normativamente  la aludida  comprensión   de  tales  institutos,  el  interés  jurídico  para  apelar  la  sentencia   anticipada,   tratándose   del   sindicado   o   su   defensor,  se  circunscribía  a  los  tópicos establecidos en dichos preceptos, esto es, a la  dosificación  de  la pena, al subrogado de la condena de ejecución condicional  y  a  la  extinción  del  dominio  sobre  bienes,  dentro  de los cuales cabía  predicar  también la temática de la condena al pago de perjuicios con ocasión  de  la declaratoria de inexequibilidad del numeral 5º ibídem, subrogado por el  artículo  12  de  la  Ley  365  de  1997,  que  sustraía  la definición de la  responsabilidad   civil   en  los  fallos  de  carácter  anticipado  (sentencia  C–277 de junio 3 de 1998,  M.P. Dr. Vladimiro Naranjo Mesa).   

         “Ahora   bien,   estas   restricciones   establecidas   en  forma  explícita  para  la  alzada  se pregonan también en sede de casación, como ha  precisado  de  antaño  la  Sala  y  recuerda  la  Procuradora Delegada, pues un  criterio  distinto  “conllevaría  al  desconocimiento  de las finalidades del  proceso         especial        –fundadas  en razones de una política criminal enderezada a brindar  el  doble  beneficio  de disminuir costos con la administración de una justicia  pronta  y  eficaz,  que  comporte  al tiempo un resultado punitivo menos gravoso  para  el  procesado-  mediante la introducción a destiempo de la posibilidad de  arrepentirse  de  la manifestación de conformidad con los cargos y la prueba de  ellos,  expresada  en  la  diligencia previa a la sentencia (autos de julio 3 de  1997  y  marzo 4 de 2000, M.P. Dr. Arboleda Ripoll, entre otros).”.   

         No  es  posible, entonces, buscar una evidente retractación de los  cargos        aceptados       válidamente,       pretextando       la  supuesta  violación  de  derechos o  garantías  fundamentales,  que   se   soporta   únicamente  en  la   muy  particular  interpretación  que  de las pruebas hace el recurrente, desechando la  validez  de  lo denunciado por la víctima y exigiendo como plena prueba, en una  especie  de  tarifación  probatoria expurgada de nuestro sistema penal, allegar  no  se  sabe  qué elemento de juicio distinto encaminado a probar una violencia  ya  suficientemente  decantada,  se  repite,  a  través  de  lo expuesto por la  víctima.   

       No  observa  la  Sala  que  de  verdad se  materializase  algún  tipo  de  vulneración  del  tenor de la propuesta por el  demandante,    cuando   no   se   ha   controvertido  que   la   diligencia   de   elevación   de  cargos  discurriese adecuadamente,  sin  que  siquiera se cuestione el conocimiento que tenía su representado legal  acerca    de    los    delitos    atribuidos    y   sus   efectos   punitivos,   para   no  hablar  de  las  consecuencias   de   la   renuncia   a   controvertir   lo   presentado  por  la  fiscalía.   

      Por lo demás, si  ya  la  propuesta  casacional,  por  ocasión  del tema de discusión planteado,  carece   de   legitimidad,   mayor  asoma  la  impropiedad  de  lo  argumentado,  cuando  en la controversia  se  limita  a  significar  el  demandante  que  no  se  ha  probado la    violencia   ejecutada  –o incluso,  en  un  argumento  evidentemente  contradictorio, que esa violencia puede servir  también   para   materializar   un   delito   diferente   de   actos   sexuales  violentos-,   sin  siquiera delimitar cuáles  fueron  las pruebas que se allegaron al plenario o por  qué  no  debe  darse  credibilidad  a  lo  expresado  por  la víctima sobre el  particular,  cuando,  por lo demás, está claro que al acogerse al instituto de  la  sentencia  anticipada,  el  procesado  renuncia  a controvertir la validez o  capacidad   suasoria   de  los  elementos  de  juicio  recogidos en disfavor suyo.   

         Ahora  bien,  en  esa  amalgama  confusa  que resume el escrito impugnatorio, el  censor  aborda  otros temas diferentes al de la prueba habilitada para condenar,  algunos  de  ellos,  particularmente  los  que  remiten  a  la  tasación  de la  pena    y    otorgamiento    de    los   subrogados  penales,  que  en  principio  otorgan  interés  para  acudir   al   mecanismo  excepcional,  no  empece  la  naturaleza anticipada del fallo.   

          Sin embargo, es tan ostensible la falta  de  argumentación,  limitándose  el recurrente a señalar el supuesto yerro de  los  falladores,  pero sin fundamentar probatoria o jurídicamente el punto, que  ni    siquiera    su    propuesta    puede    estimarse    simple   alegato   de  instancia.   

       Es claro, y  no  necesita  reiterarse  la amplia y pacífica jurisprudencia emitida sobre ese  tema  por  la  Corte, que la casación comporta un carácter excepcional, a cuyo  amparo  los fallos de instancia, que arriban a esta sede prevalidos de una doble  condición  de  acierto  y  legalidad, sólo pueden ser derrumbados a través de  una  argumentación  suficiente  que  se  encamine  a  desvirtuar su legalidad y  justeza    por    el    camino    de   demostrar   cabalmente   una   ostensible  violación,  dentro  de las específicas causales que  sobre   el   particular   estatuye   el   artículo   207   de  la  Ley  600  de  2000.   

       No es,  entonces,  por  virtud  de  un  alegato  libre,  típico  de instancia, que esos  presupuestos  de  acierto y legalidad pueden desquiciarse, cuando ni siquiera se  precisa  cuál es el error que se atribuye a los sentenciadores o cómo opera el  yerro,  confundiéndose, sin mayor desarrollo argumental, los errores de hecho y  de derecho, así como la violación directa con la indirecta.   

     En suma, basta observar  el  catálogo  de  tópicos  resaltados  por  el  demandante, para advertir  apenas  formulada  la  crítica,  sin demostración o cuando menos un mínimo de  fundamentación  que  permita a la Corte apreciar cuál en concreto puede ser la  violación y de qué forma se materializó ella.   

       A  título  ejemplificativo,  ningún  pronunciamiento  puede  hacer  la Sala, por elemental  carencia  de  objeto,  cuando  el  recurrente  se limita a significar, de manera  lapidaria   “Acuso   la   sentencia  impugnada  de  violación  del  Artículo  38  de  la  ley 599 de 2000 al negar al procesado la  concesión     del     cumplimiento     domiciliario     de      la    pena  impuesta”.   

         Del  mismo  tenor  se  aprecian  las  demás  manifestaciones  consignadas en el  escrito    de    demanda,   razón   suficiente   para   que   esta   deba   ser  inadmitida.   

       Ahora bien,  la  Corte examinó  el trámite procesal y lo consignado por las instancias  en  los  fallos, sin que advierta en ello algún tipo de violación a garantías  fundamentales,  motivo  por el cual tampoco se hace necesario un pronunciamiento  de oficio.        

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el   defensor   del  procesado  JORGE ENRIQUE  CASTELLANOS RINCÓN.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO        J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                     JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS               JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencia del 21 de febrero de 2002, radicado 14330     

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