28366(14-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28366  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrados Ponentes:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                                  Aprobado acta N° 224   

Bogotá, D. C., noviembre catorce (14) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Se  ocupa  la  Sala  de  examinar  las bases  lógicas  y  de  adecuada sustentación de las demandas de casación presentadas  por  los  defensores de CONCEPCIÓN ELENA RIVERO MONTES  y   LÍBER   ALFONSO   ARBELÁEZ  GIRALDO,  contra  la  sentencia  del  1º  de noviembre de 2006, mediante la cual el Tribunal Superior  de   Barranquilla,   Sala   de   Justicia  y  Paz,  actuando  como  Tribunal  de  descongestión,  confirmó el fallo proferido el 19 de julio del citado año por  el  Juzgado  Único  Penal  del  Circuito  Especializado  de  la misma sede, que  condenó    a   los   mencionados   procesados,   así   como   a   Daniel  Montaño Lavergne, imponiendo a los  dos  primeros  las  penas  principales de 204 meses de prisión y 2.000 salarios  mínimos  legales  mensuales de multa, y la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el término de 16 años, como  coautores  de  los delitos de tráfico de estupefacientes agravado y cohecho por  dar,  y  al  último  las  penas  principales  de  192 meses de prisión y 2.000  salarios  mínimos  legales mensuales, y la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el lapso de 15 años, como  coautor del punible de tráfico de estupefacientes agravado.   

HECHOS  

          Los sintetizó el Tribunal de la siguiente forma:   

          “El  20  de febrero de 2005, la policía  antinarcóticos   de   la   ciudad   de  Barranquilla  practicó  diligencia  de  allanamiento,   con   el   cumplimiento   de   los  requisitos  legales,  en  un  establecimiento  de comercio ubicado en la calle 41 entre carreras 15 y 15 A del  municipio  de  Soledad,  barrio Tajamar, en el cual se encontraron 10.018 gramos  de cocaína enterrados en el piso.   

          En  el  desarrollo  de  la  diligencia,  vía telefónica, una mujer  quien  en  principio  fue  identificada  como  Stella  del  Carmen,  persona que  posteriormente  fue  plenamente  identificada como Luz Stella Fernández Vélez,  ofreció  la  suma  de  diez millones de pesos al personal de la fuerza pública  para  obtener la libertad de las personas que se encontraban capturadas y evitar  la  incautación de la sustancia ilícita. Tal suma de dinero fue decomisada por  los agentes de la policía y puesta a disposición de la fiscalía.   

          En  el  local  comercial, que estaba dividido en tres, se encontraba  instalado  un  sistema de cámaras de video para su seguridad, como se demostró  con el testimonio de Hernán Darío Guzmán Salazar”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Como  resultado  del  allanamiento,  se  produjo  la captura de CONCEPCIÓN ELENA RIVERO MONTES,  LÍBER   ALFONSO   ARBELÁEZ  GIRALDO,  Daniel  Montaño  Lavergne  y     Liz    Zayas    Monroy,   contra  quienes  la  Fiscalía  delegada  ante  la  URI  inició  investigación  penal  el 22 de febrero de 2005, procediendo luego a escucharlos  en indagatoria.   

2.  Mediante  proveído  del  2 de marzo del  citado  año,  la Fiscalía Segunda Especializada resolvió situación jurídica  a  los  indagados, decretando en su contra medida de aseguramiento de detención  preventiva,  por  el delito de tráfico de estupefacientes agravado, en concurso  con cohecho por dar u ofrecer.   

3. El instructor clausuró la investigación  el  22  de  julio  de  2005  y calificó el mérito del sumario el 24 de octubre  siguiente,   profiriendo   resolución   de   acusación   contra   CONCEPCIÓN  ELENA  RIVERO  MONTES, LÍBER ALFONSO ARBELÁEZ GIRALDO  y  Daniel Montaño Lavergne,  por   los   delitos   atribuidos   en  la  medida  de  aseguramiento.   Al   mismo   tiempo,  precluyó  la  instrucción  a  favor  de  Liz Zayas Monroy.   

4. En firme el pliego acusatorio, asumió el  conocimiento  de  la  actuación el Juez Único Penal del Circuito Especializado  de  Barranquilla,  quien llevó a cabo las audiencias preparatoria y pública de  juzgamiento,  a cuyo término profirió la sentencia de primera instancia, donde  condenó   a   RIVERO   MONTES  y  ARBELÁEZ  GIRALDO  por   los  delitos  de  tráfico  de  estupefacientes  agravado  y  cohecho  por  dar,  y  a Montaño Lavergne  por el primero de esos punibles, mientras lo absolvió  por   el  atentado  contra  la  administración  pública  imputado.   

5. En virtud de la apelación interpuesta por  los  defensores  de  los  procesados,  el  Tribunal  Superior de Barranquilla, a  través  de la Sala de Justicia y Paz, que para el efecto actuó en cumplimiento  de  los  programas de descongestión implementados por el Consejo Superior de la  judicatura, confirmó el fallo condenatorio de primer grado.   

6.   Los   representantes   de   los  tres  sentenciados  acudieron  al recurso extraordinario de casación, pero, concedido  el  mismo,  solamente  lo  sustentaron  los  letrados que asisten a CONCEPCIÓN       ELENA       RIVERO       MONTES       y     LÍBER     ALFONSO     ARBELÁEZ  GIRALDO.   

LAS  DEMANDAS   

          1)  Demanda  presentada  por el defensor de CONCEPCIÓN ELENA RIVERO  MONTES:   

          Dos  cargos,  el primero al amparo de la causal tercera de casación  de  la  Ley  600  de  2000  y  el segundo bajo el auspicio de la causal primera,  cuerpo  segundo  de  la  misma  disposición legal, formula la defensa contra la  sentencia del Tribunal.   

          En    el   primer   reproche  predica  la  vulneración  del  debido  proceso  y  el  derecho de  defensa,  por  cuanto  durante  la  actuación  no  se  dio  cumplimiento  a  lo  establecido  en  los  artículos  232  y 234 del Código de Procedimiento Penal,  normas  que  aluden  a  la  necesidad  de  la  prueba  y  a la imparcialidad del  funcionario en la búsqueda de la misma.   

          Sustenta  la  censura,  señalando que la procesada fue afectada con  medida  de  aseguramiento  y  luego  con  resolución de acusación, no obstante  tratarse  de la muchacha del servicio, quien no se encontraba en el lugar de los  hechos  y  que la droga no fue hallada en su sitio de trabajo. Refirió también  que  la  Fiscalía nada dijo sobre los señores Julián  Guillermo  Fernández, patrón o jefe de la procesada,  y    Luz    Stella   Fernández   Vélez,  quien  fue la persona que envió los $10.000.000. Tampoco, según  dijo,  tuvo  en  cuenta  los  descargos  de CONCEPCIÓN  ELENA  RIVERO,  ni  conoció su entorno familiar ni su  vivienda, pese a solicitarse reiteradamente.   

          Lo  anterior,  en  su sentir, “es muestra  de  que  la  buena  fe  de la acusada no está desvirtuada y por que (sic)   además  actuó  inocentemente  lo  que naturalmente descarta el dolo y la culpa  que  se  le  ha querido enrostrar”. Al respecto, puso  de  presente  que  aunque  ésta  llevó  el  dinero  al  local  para dárselo a  LÍBER  ALFONSO ARBELÁEZ por  orden   de   Luz   Stella   Fernández,  en  ningún momento lo entregó a funcionario o miembro alguno de la  policía.   

          Consideró    trascendente    la    irregularidad,   “pues  se  ha  causado  un  daño,  obviamente  al no practicarse las  pruebas  conducentes  para  demostrar la inocencia de la condenada, a dictar una  sentencia   condenatoria   en   proceso  viciado  de  nulidad,  a  no  adelantar  investigación  contra  imputados  conocidos  para  condenar a quien es ajena al  tipo  penal de tráfico de estupefacientes”, por cuya  razón  pidió  casar  la sentencia y, en su lugar, decretar la nulidad a partir  del cierre de investigación.        

          En    el   segundo   cargo   aduce  la  existencia  de  un  error  de  hecho, por falso juicio de  identidad   en  relación  con  la  valoración  de  las  declaraciones  de  los  policiales   Juan  Carlos  Cote  García  y  Jaiber  Uribe.   

          Al  desarrollar  la  censura,  sostiene  que  desde  la solicitud de  allanamiento  suscrita  por  el  patrullero Juan Carlos  Cote  quedó determinado el sitio donde se realizaría  la  diligencia,  que corresponde al denominado “punto  frío”.  En  cambio,  añadió,  la  procesada en su  indagatoria  afirmó  que  llegó a trabajar diez días antes al local contiguo,  conocido   como   “SAI”,  explicando  también  cómo el día de los hechos, luego de salir a almorzar, le  timbró   el   celular   y  al  contestar  le  habló  la  señora  Stella   del   Carmen,   propietaria  del  “punto  frío”,  quien le  pidió  el  favor de recoger un maletín que llevaría hasta la esquina un carro  azul,  para  luego  entregárselo  a Líber, a quien no conocía.   

          En  las  anteriores  circunstancias,  consideró  que  en el proceso  está  plenamente  demostrado  que  la acusada “no es  propietaria  del  alucinógeno,  no  fue  la  persona  que ofreció dinero a los  policías,  no  es  propietaria  del  dinero,  mucho  menos  del  local,  que no  trabajaba  en el punto frió (sic), sino al lado, que ni siquiera es empleada de  la   señora   LUZ   ESTELLA   FERNÁNDEZ,  y  que  su  patrón  era  el  señor  Julián”.   

          Según  expresó,  en  el  expediente  también  se  cuenta  con  la  declaración   jurada   de   Germán  Barrios  Suesan  (sic),    quien   manifestó   que   se   encontraba   en  el  “SAI”  instalando  un  fax-modem, persona  que,  por tanto, no se encontraba en el lugar donde fue hallada la droga, razón  por  la  cual  no  es  cierto lo afirmado en sentido contrario por los policías  como   argumento   para   detenerlo,   imputándole   estar   manipulando   unas  cámaras.   

          Insistió    así    en    que    el   ad  quem  incurrió  en  falso  juicio  de  identidad,  al  desdibujar  el  contenido  material de la prueba, circunstancia que, sumada a la  falta  de  prueba  para  condenar,  impone  proferir  sentencia  absolutoria, en  armonía  con  el  principio  de  presunción de inocencia y, así lo solicitó,  casando previamente el fallo impugnado.   

          2)  Demanda  presentada  por el defensor de LÍBER ALFONSO ARBELÁEZ  GIRALDO:   

          Acudiendo  a  las mismas causales de casación invocadas por el otro  impugnante,    postuló,    igualmente,   dos   cargos.   En   el   primero   refiere  que  la  sentencia  se  emitió  en  un  juicio viciado de nulidad, al vulnerarse el debido proceso y el  derecho  de  defensa.  Para  sustentarlo, empieza reprochando al juzgador omitir  apreciar  el  informe  de  captura,  las  declaraciones  de  los policías y las  indagatorias.   

Según el actor, la primera de dichas pruebas  acredita  de  manera certera que el procesado no estaba en el lugar del hallazgo  del  alcaloide  ni  ofreció  el  dinero  y,  en suma, que no es responsable del  acaecer  delincuencial, como lo afirmó en su indagatoria, versión que coincide  con  lo  dicho  por Liz Zayas,  administradora  del “SAI”,  así  como  con  lo  declarado  por  los policías Juan  Carlos  Cote  García y Jaiber  Uribe Parra.   

Por   lo   anterior,   considera   que  la  “calificación  provisional de vincularlo en calidad  de  coautor…  fue  desbordante”. En ese sentido, es  del  criterio  que  el  informe  de captura no constituye prueba suficiente para  dictar  sentencia  condenatoria,  decisión  en la cual, añade, no se aplicaron  los  principios lógicos ni las reglas de la experiencia, pues son evidentes las  mentiras  y exageraciones que se observan en el referido informe, si se tiene en  cuenta   que   allí   el   patrullero   Uribe  Parra  manifestó  “que por medio  de  los  computadores  el joven DANIEL monitoreaba lo que ocurría, mientras que  en  su  declaración  ante la fiscalía corrige y dice que era desde el interior  del  punto  frío  desde  donde se vigilaba a los otros dos locales y además la  parte externa de los locales”.   

          Según  el  impugnante,  la  violación de los principios lógicos y  las  reglas  de  la  experiencia  también  se  presentó,  porque el informe de  captura   reseña   que   el   ingreso   al   local   ocurrió   “por  la  paredilla”, amén de detallarse  allí  el  interior  de dicho lugar y por cuanto, de otra parte, dicho documento  es  contradicho  con los testimonios de Germán Antonio  Barrios  Suescún  y  Hernán  Darío  Salazar,  referente  a  que  desde  uno de los  computadores se monitoreaba a los policías.   

          En   su  concepto,  la  sentencia  también  desconoció  las  leyes  científicas  y,  al  respecto,  hizo  referencia al principio de presunción de  inocencia,  el cual se vulneró cuando el  ad quem  no aplicó los principios de la sana crítica, ni tuvo  en  cuenta  todas  las  contradicciones  de  los  testigos y cuando, además, no  estudió  “las tesis planteadas en los memoriales que  argumentaban  los  recursos  de  apelación, haciendo de cada uno, una verdadera  controversia,  hasta  demostrar  mediante  la lógica, la experiencia derrotando  las  pretensiones de la defensa, hasta demostrar (sic) de manera contundente que  LIBER es penalmente responsable…”.   

          En  consecuencia,  insistiendo  en la violación del debido proceso,  en  cuanto  no  se  tuvieron  en  cuenta  los  medios  de prueba incorporados al  plenario  y  no  se hizo un examen a fondo de la censura planteada, pidió casar  la  sentencia  para  declarar  la nulidad “de todo lo  actuado”.   

         

          En    el    segundo    cargo  acusa al fallador de incurrir en error de hecho. En su desarrollo,  comenta  que  el  informe  de  policía  se  constituyó  en  la prueba de cargo  básica,  pero  considera  que  el  acusado  ARBELÁEZ  GIRALDO,  en  su  indagatoria,  explicó en detalle la  forma  como  arribó  al lugar del operativo y su posterior captura, lo cual fue  corroborado   por   Liz  Zayas  Monroy,  surgiendo  así  claro  que ni estaba en el sitio donde se encontró  la coca ni ofreció el dinero.   

          Estimó  que  si  el  juzgador  omite  valorar  la  totalidad  de un  testimonio,  incluidas  sus  ampliaciones, incurre en falso juicio de identidad,  porque  cercena  o  altera  su  contenido.  Así  ocurrió,  añadió, cuando el  Tribunal,  adicionando  una  prueba  inexistente,  afirmó  que  los  procesados  intervinieron  en  el  ofrecimiento  vía  telefónica  del dinero. Al respecto,  señaló  que  ni  en  el  informe  policial  ni  en  las  declaraciones  de los  patrulleros  García  Cote  y  Uribe    Parra   aparece  consignado tal hecho.   

De otro lado, se manifestó en desacuerdo con  la  postura  del  Tribunal  de  otorgar  mérito probatorio al informe policial.  Consideró   que   dicha   prueba  es  amañada,  mentirosa  y  está  llena  de  exageraciones,  afirmación  que  la  concreta respecto del lugar desde donde se  efectuaba  el  monitoreo,  frente a lo cual, según expresó el casacionista, se  retractaron  en  sus  declaraciones  los  policiales  antes mencionados, en cuya  oportunidad  refirieron  que  “el verdadero monitoreo  se realizaba desde el punto frío”.   

En relación con lo anterior, estimó que el  sentenciador   entendió   equivocadamente   el   testimonio   de   Hernán  Darío  Salazar,  pues  éste fue  citado  “con  el  fin  de  demostrar,  que  desde el  interior  del  punto  frío,  se  vigilaba  a  los  trabajadores del SAI por una  persona  de  nombre PEDRO, a quien el técnico le explicó el manejo del sistema  de  vigilancia y probar, la falta de confianza de los dueños de los locales con  los  empleados”. Por eso, agregó, tuvo ocurrencia el  error  de  hecho  en  la  estimación  de  dicha  declaración,  “pues   su   texto   dice   una   cosa   y   el  tribunal  leyó  una  distinta”.   

          En  esas  condiciones,  concluyó  que si el sentenciador no hubiera  violado  las  reglas  de  la  sana  crítica,  si  hubiese  valorado las pruebas  conforme   al   artículo   234   del   Código  de  Procedimiento  Penal  y  si  “hubiera   controvertido  un  poco  los  argumentos  sustentatorios  del  recurso de apelación, quizás habría apreciado el alcance  del   texto,   y  no  sostener  la  sentencia  impugnada  con  base  en  pruebas  defectuosamente apreciadas”.   

          De  la anterior forma, pidió casar la sentencia y absolver de todos  los  cargos  al  procesado  LÍBER  ALFONSO  ARBELÁEZ  GIRALDO.   

         

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

          Cuestión previa:   

          Advierte   la  Sala  que  el  defensor  del  procesado  Daniel    Montaño    Lavergne   también  interpuso  el  recurso  de  casación,  pero,  a  diferencia  de sus colegas, no  presentó la respectiva demanda.   

          La  omisión  del mencionado letrado obligaba al Tribunal a declarar  desierto  el  recurso,  tal  como surge de lo dispuesto en el inciso segundo del  artículo  224 del Decreto 2700 de 1991, norma que revivió ante la declaratoria  de  inexequibilidad de los incisos primero y segundo del artículo 210 de la Ley  600   de  20001,    como   lo   tiene   precisado   la   jurisprudencia   de   esta  Sala2.    

          Pero    como    quiera    que    el    ad  quem  pasó  inadvertida  esa  obligación  legal,  la  Corte,  por  razones  de  economía  procesal, suplirá dicha inactividad y, por  consiguiente,  declarará  desierta la impugnación promovida por el defensor de  Montaño Lavergne.   

          Examen de las demandas:   

          1)   Demanda   presentada  a  nombre  de  CONCEPCIÓN ELENA RIVERO MONTES:   

          Observa  la  Sala  que  esta  demanda  no  cumple  el presupuesto de  adecuada  sustentación  a  que  se refiere el numeral 3º del artículo 212 del  Código  de  Procedimiento Penal de 2000, norma conforme a la cual el actor debe  enunciar  la  causal y formular el cargo, indicando en forma clara y precisa sus  fundamentos y las normas que estime infringidas.   

          En  efecto,  en el primer cargo  aduce  que la sentencia se dictó en un juicio viciado de nulidad,  al  haberse  vulnerado el debido proceso y el derecho de defensa, dado que no se  dio  cumplimiento  a  lo  establecido en los artículos 232 y 234 del Código de  Procedimiento  Penal.  Sin  embargo,  al desarrollar el cargo, o bien plantea un  problema  de valoración probatoria que debió cuestionar a través de la causal  primera   de   casación,   cuerpo   segundo,   o   refiere   la   presencia  de  irregularidades, cuyo alcance y transcendencia no explica.   

          Sobre  lo primero, obsérvese cómo reclama porque los juzgadores no  tuvieron  en  cuenta las pruebas indicativas de la inocencia de la acusada y, en  general,  de  que actuó de buena fe. El cuestionamiento, por tanto, recae sobre  la  labor  suasoria  del  fallador,  ataque  que  por vía de casación sólo es  procedente  cuando  se  acredita  la  violación indirecta de la ley sustancial,  bien  por  error  de  hecho,  ora  por error de derecho, a menos que se trate de  graves       defectos       de      motivación3, respecto de lo cual nada dice  el demandante.   

          Y,  por  supuesto,  como  el  actor aduce que se dejaron de apreciar  algunas  pruebas,  le correspondía denunciar que los sentenciadores incurrieron  en  la  modalidad  de  error  de hecho denominada falso juicio de existencia por  omisión,  indicando las pruebas que, en concreto, desconocieron los juzgadores,  para  luego  demostrar  la  incidencia  que  el  yerro  tuvo en el sentido de la  decisión impugnada, tarea que se abstuvo de emprender.   

          A  su  turno,  como irregularidades refirió que no se vinculó a la  actuación  a  presuntos  partícipes  y  que  no  se  practicaron  las  pruebas  demostrativas  de  la  inocencia  de  la  procesada.  Pero,  en relación con la  primera  de  las  anomalías  aducidas,  omitió  explicar  de  qué forma la no  vinculación  de  esos  terceros  transcendió  en la situación de CONCEPCIÓN  ELENA RIVERO, a lo cual estaba  obligado  si  se  tiene  en  cuenta  la  previsión legal contenida en el inciso  segundo  del  artículo  89 de la Ley 600 de 2000, conforme a la cual la ruptura  de  la  unidad  procesal  no genera nulidad siempre que no afecte las garantías  fundamentales,  aspecto  este  último  que,  repítese,  omitió  acreditar  el  censor.   

          Ahora  bien,  tiene  dicho  la  Sala  que cuando el fundamento de la  nulidad radica en inactividad probatoria, es deber del censor:   

“5.1  Especificar  cuáles  son  aquellos  medios   probatorios   cuya   ausencia   extraña,   verbi  gratia  testimonios,  experticias, inspecciones, verificación de citas, etc.   

5.2  Explicar razonadamente que tales medios  de  convicción  eran  procedentes,  por  estar  admitidos  en  la  legislación  procesal  penal;  conducentes, por relacionarse directamente con el objeto de la  investigación  o  del  juzgamiento; y factibles de practicar, puesto que ni los  abogados   defensores  ni  los  funcionarios  están  obligados  a  intentar  la  realización    de    lo    que    no    es    posible   lógica,   física   ni  jurídicamente.   

5.3  En  cuanto  esté  a  su  alcance,  el  demandante  debe aproximarse al contenido material de las pruebas omitidas, para  brindar  a  la Sala la oportunidad de confrontar el aporte de aquellos elementos  de  convicción  con  las  motivaciones  del  fallo  y así poder concluir si en  realidad     se    han    vulnerado    las    garantías    fundamentales    del  procesado.   

5.4  Además, es preciso que el casacionista  discierna  acerca  de  la  manera  cómo las pruebas dejadas de practicar por la  ausencia    de   investigación   integral,   tenían   capacidad   de   incidir  favorablemente  en  la  situación del procesado, “bien sea en cuanto al grado  de  responsabilidad  que le fue deducido, o frente a la sanción punitiva que le  fue  impuesta  o simplemente porque el conjunto probatorio que se hecha de menos  podría  desvirtuar  razonablemente  la existencia del hecho punible o acreditar  circunstancias  de  beneficio frente a la imputación que soporta”  4.   

          El  actor,  empero, se sustrajo a cumplir dicha carga argumentativa,  pues  se limitó a afirmar que no se practicaron las pruebas demostrativas de la  inocencia  de  la  procesada,  sin  indicar  cuáles  dejaron  de recaudarse, ni  justificar  su pertinente y conducencia, menos aún fundamentó su trascendencia  frente al contenido de la sentencia.   

         

          En    el    segundo    cargo  denuncia  la  presencia  de un error de hecho, por falso juicio de  identidad  frente  a  la  valoración  de  las  declaraciones  de los policiales  Juan  Carlos  Cote  García y  Jaiber Uribe.   

          El   falso   juicio   de  identidad,  como  lo  tiene  precisado  la  jurisprudencia  de la Sala, se presenta cuando el fallador, al apreciar el medio  probatorio,  distorsiona  su  contenido  fáctico,  haciéndole  decir lo que no  expresa.  Para  su  demostración,  es  necesario  que el libelista, mediante un  ejercicio  comparativo,  indique  primero  cuál  es el contenido de la prueba y  luego  precise  qué segmento el fallador le cercenó o cuál le adicionó. Acto  seguido,  deberá  expresar el alcance probatorio que el juzgador le atribuyó a  la   prueba  sobre  la  cual  recayó  el  error  y,  finalmente,  acreditar  su  trascendencia frente al sentido de la sentencia.   

          En  el  caso  en estudio, el impugnante no satisfizo dicha exigencia  argumental,  pues  omitió  efectuar  el   cotejo de rigor, explicando qué  dice  la prueba y qué fragmentos le cercenó o adicionó el sentenciador. De la  misma manera, se sustrajo a fundamentar la incidencia del error.   

En otras palabras, no desarrolló el reproche  que  anunció,  pues  se  limitó  a señalar que el ad  quem  desdibujó  el  contenido material de la prueba,  pero,  en  vez de emprender la tarea de fundamentación inherente a esa clase de  error,  se  dedicó  a  presentar  su  propio  punto  de  vista sobre el alcance  probatorio  de  los  elementos  de  juicio,  particular  visión que lo llevó a  predicar   que  en  el  proceso  está  plenamente  demostrado  que  la  acusada  “no  es  propietaria  del  alucinógeno,  no  fue la  persona  que  ofreció  dinero  a  los  policías, no es propietaria del dinero,  mucho  menos  del local, que no trabajaba en el punto frió (sic), sino al lado,  que  ni  siquiera  es  empleada  de  la señora LUZ ESTELLA FERNÁNDEZ, y que su  patrón era el señor Julián”.   

          Con  ese  modo  de  proceder, olvidó que en sede de casación no se  juzga  la  disparidad de criterios que, en punto de la valoración de la prueba,  pueda  existir  entre  el  fallador y el actor, pues siempre prevalecerá el del  primero,  dado  que  su  decisión  está  precedida  de la doble presunción de  acierto y legalidad.   

          En  consecuencia,  por  no  satisfacer  el presupuesto de adecuada y  lógica  fundamentación,  se  inadmitirán  los  dos  cargos  formulados por el  defensor     de     CONCEPCIÓN     ELENA    RIVERO  MONTES.   

          2)  Demanda instaurada a nombre de LÍBER  ALFONSO ARBELÁEZ GIRALDO:   

          En  su  confección  la  defensa  también  incurre  en  ostensibles  falencias de sustentación. Obsérvese:   

          En    el    primer   cargo   aduce  que  se  incurrió en nulidad al violarse el debido proceso y  el  derecho  de  defensa.  Pero,  al  igual  que  ocurre con el otro demandante,  pretende  demostrar  la  irregularidad,  postulando  un  problema de valoración  probatoria  al  endilgar a los juzgadores no apreciar el informe de captura, las  declaraciones  de los policías y las indagatorias, reproche que debió formular  por  vía  de  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  aduciendo la  presencia  de  un  error  de  hecho por falso juicio de existencia por omisión.   

          Al  anterior  defecto  se  suma  la  evidente  contradicción en que  incurre  el  actor,  cuando  a  pesar  de  predicar la falta de apreciación del  informe  de  policía,  más  adelante  cuestiona  al  fallador  por cimentar su  decisión,   precisamente,   con   ese   elemento   de   juicio,  sin  tener  en  consideración,  según  expresó  también,  los  postulados de la lógica, las  reglas  de  la  experiencia  y  las  leyes  científicas,  con  lo cual terminó  trasladando  la  discusión  al  plano del falso raciocinio, especie de error de  hecho  que se configura cuando el sentenciador vulnera los principios de la sana  crítica.   

          Pero,  desde luego, el libelista tampoco estructura adecuadamente el  falso  raciocinio  que insinúa, pues no sólo no se esfuerza en indicar cuáles  postulados  de  la  lógica  y  cuáles  reglas  de  la  experiencia vulneró el  ad  quem, sino que fundamenta  el  desconocimiento  de esos principios, exponiendo su particular visión acerca  del  alcance  suasorio  de  las  pruebas,  lo  cual,  como  ya  se dijo, resulta  inadmisible  en  sede  de  casación.  Y  si bien refiere como ley de la ciencia  violada  el  principio  de  presunción  de inocencia, se sustrae a explicar por  qué  asigna  a  ese  postulado  fundamental la categoría de regla científica,  limitándose   a  mencionar  la  definición  normativa  que  corresponde  a  la  presunción  de  inocencia  y  su  relación  con  los principios de legalidad e  igualdad.   

          Sólo  al  final  del  reproche el impugnante plantea un aspecto que  sí  toca  con  la  legalidad  de  la  actuación,  es  decir, con la causal que  invocó.   Se   trata   de   la  afirmación  según  la  cual  el  ad   quem   no  estudió  “las   tesis  planteadas  en  los  memoriales  que  argumentaban  los  recursos de apelación”.   

Pero,  además  de  que  su  pretensión  de  obtener   la   nulidad   de   “todo  lo  actuado”  no  se  corresponde  con  la  anomalía  que  en  esos  términos  refiere,  pues en tal caso la invalidación únicamente comprendería  el  fallo  de segundo grado, el censor omitió indicar, como era su obligación,  qué  puntos,  en  concreto,  no respondió el ad quem,  ni  se  refirió  tampoco  a  la  figura  de la unidad  jurídica  inescindible,  que  aplica  a  los fallos de primero y segundo grado,  para  demostrarle  a  la  Corte  que  tampoco en el primero aparece la respuesta  echada de menos.   

          En    el    segundo    cargo,  que  postula  por  vía  de  la  violación  indirecta  de la ley  sustancial,  atribuye  al  sentenciador  incurrir en error de hecho.                   Al  desarrollar  el  reproche,  predica  simultáneamente  la  presencia de un falso  juicio  de  identidad  y de un falso juicio de existencia, confundiendo esas dos  modalidades  de  error de hecho, pues sustenta el primero con argumentos propios  del  segundo,  al señalar que el juzgador cercenó y alteró el contenido de la  prueba, porque adicionó una inexistente.   

          Se  recuerda  que  mientras el falso juicio de identidad se presenta  cuando  el  sentenciador  cercena  o  adiciona  a la prueba contenidos que no le  corresponde,  el  falso  juicio  de  existencia se estructura cuando el juzgador  omite  apreciar un elemento recaudado en la actuación (existencia por omisión)  o   supone   uno   que   no   se   incorporó   a   la   misma  (existencia  por  suposición).   

Buscando clarificar el sentido del reproche,  lo  cual  no se acompasa con el principio de limitación que gobierna el recurso  de  casación,  bien  puede  concluirse  que, en realidad, el censor atribuye al  ad  quem  incurrir  en falso  juicio   de   identidad,  tanto  cuando  dio  por  probado  que  los  procesados  intervinieron  en  el  ofrecimiento  vía  telefónica del dinero, sin que en el  informe  policial  y  en  las  declaraciones  de  los  patrulleros  García     Cote     y     Uribe  Parra aparezca consignado tal hecho,  como  cuando  examinó  el testimonio de Hernán Darío  Salazar,  “pues  su  texto  dice una cosa y el tribunal leyó una distinta”.   

          Empero,  se  sustrajo  a  explicar  la  trascendencia de los yerros,  acreditando  su  incidencia frente a las conclusiones del fallo. En vez de ello,  se  dedicó  a  cuestionar  el  valor  probatorio que el sentenciador asignó al  informe  policial,  calificándolo  de amañado, mentiroso y exagerado. Es más,  deslizándose  hacia  motivos  de  casación  diversos, que tampoco desarrolló,  afirmó  nuevamente  que  el  Tribunal  no analizó las pruebas al amparo de los  principios  de  la sana crítica ni controvirtió los argumentos expuestos en la  apelación.   

          Se  impone,  por tanto, inadmitir también la demanda presentada por  el    defensor    de    LÍBER   ALFONSO   ARBELÁEZ  GIRALDO,  sentido  en  el  cual  se  pronunciará  la  Corte.    

         

          Al  margen  de  lo  anotado,  la  Sala  no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.   DECLARAR  desierto,  por  falta de sustentación, el recurso de  casación   promovido   por  el  defensor  de  Daniel  Montaño Mavergne.   

2.   INADMITIR  las  demandas de  casación   interpuestas   por   los   defensores  de  CONCEPCIÓN  ELENA  RIVERO  MONTES  y  LÍBER  ALFONSO  ARBELÁEZ GIRALDO.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

Comisión de servicio  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO J. IBAÑEZ  GUZMÁN                    JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES              

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                  JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

                                               Secretaria   

    

1  Sentencia C-252 de 2001. Corte Constitucional.   

2 Cfr.  Auto del 22 de junio de 2005, radicación 23701.   

3  En  ese sentido, auto del 28 de febrero de 2006, radicación 24783.   

4  Sentencia  del  4  de diciembre de 2000, radicación 14127. En el mismo sentido,  sentencia del 16 de octubre de 2003, radicación 18084.     

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