28367(05-12-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28367  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Aprobado acta No.   245                                                                                                              Magistrado Ponente:   

Dr. AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMAN  

Bogotá,  D. C.,   cinco (5) de diciembre de dos  mil siete (2007).   

Corresponde  a  la  Corte conceptuar sobre la  extradición  del  ciudadano  colombiano Ricardo Castro  Garzón,  solicitada  por  el  Gobierno de los Estados  Unidos de América.    

Antecedentes.   

1.  Mediante  Nota  Verbal  No.2817  de 15 de  noviembre  de  2004, el Gobierno de los Estados de Unidos de América, a través  de  su  embajada  en  Colombia, solicitó la detención provisional con fines de  extradición  del  ciudadano  colombiano Ricardo Castro  Garzón,    para  ser  juzgado  por  delitos federales de narcóticos. El Fiscal  General  de  la  Nación  libró  orden  de captura en su contra, la que se hizo  efectiva el 4 de julio de 2007.    

2.  Con  Nota  Verbal 2554 de 31 de agosto de  2007,  el  Gobierno  de  los  Estados  Unidos de América formalizó la referida  solicitud  de  extradición  y  adjuntó  en su apoyo los siguientes documentos,  debidamente traducidos al idioma español:    

–  Acusación  formal  8:04-CR-374-T-30TBM,  dictada  el  9 de septiembre de 2004 en la Corte Distrital de los Estados Unidos  para  el  Distrito  Medio  de  La  Florida, División Tampa, mediante la cual se  acusa   a   Ricardo   Castro   Garzón   y  otros  de los  delitos  de  asociación  ilícita  para  importar,  asociación  ilícita  para  fabricar  y  distribuir, y asociación ilícita para poseer con la intención de  distribuir      cocaína,      en      cantidades     superiores     a     cinco  kilogramos.       

–  Declaraciones  de  apoyo a la solicitud de  extradición  rendidas  bajo  juramento  por  Joseph K.  Ruddy,  Fiscal Federal Auxiliar para el Distrito Medio  de   La   Florida,   y   James  F.  Krause,   Agente   Especial   Superior   de  Inmigración  y  Aduanas  del  Departamento de Seguridad Interior de los Estados Unidos.    

–  Listado  y  reproducción  de  las  normas  aplicables al caso.   

–  Orden  de  arresto  impartida  contra  el  solicitado por las autoridades judiciales de los Estados Unidos.   

3. El           3 de septiembre de 2007, el Ministerio de  Relaciones  Exteriores  de  Colombia  remitió  el expediente de extradición al  Ministerio  del  Interior  y  de Justicia informando que por no existir convenio  vigente  con  los  Estados  Unidos,  se  impone  obrar  de  conformidad  con  el  ordenamiento  procesal  penal  colombiano.  Y el 10 siguiente, el Ministerio del  Interior  y  de  Justicia  envió  la  actuación  a  la Corte, donde agotado el  procedimiento   previsto   en   la   ley   600   de   2000,  corresponde  emitir  concepto.    

Alegaciones     de     los     sujetos  intervinientes.   

El   Procurador  Cuarto  Delegado  para  la  Casación  Penal  sostiene que los requisitos relacionados con la validez formal  de  la  documentación  presentada,  la  demostración plena de la identidad del  solicitado,  la  concurrencia  del  principio  de  la  doble incriminación y la  equivalencia  de la providencia proferida en el extranjero, que el artículo 520  de  la  ley  600  de  2000  (hoy  502  de  ley  906 de  2004)  prevé  como  condiciones  para emitir concepto  favorable,  se  cumplen  a cabalidad en el caso en estudio. Por tanto, propone a  la  Corte  emitir  concepto  en  dicho  sentido,  limitando el juzgamiento a los  hechos  cometidos  con  posterioridad  al  17  de diciembre de 1997.     

SE CONSIDERA:  

El  Código  de Procedimiento Penal, estatuto  aplicable  al  caso en virtud de la ausencia de convenio vigente con los Estados  Unidos  de América,  establece que el concepto que corresponde emitir a la  Corte  debe  fundamentarse  en,  (i)  la  validez  formal  de  la documentación  presentada,  (ii)  la  demostración plena de la identidad del solicitado, (iii)  el  principio de la doble incriminación, (iv) la equivalencia de la providencia  proferida  en  el  extranjero,  y  (v)  el  cumplimiento  de  lo previsto en los  tratados    públicos   cuando   fuere   el   caso1.   

Por  separado  serán  estudiadas cada una de  estas  específicas  condiciones,  con  el  fin de establecer si concurren en el  caso  analizado,  y  seguidamente  las  que  establece  el  artículo  35  de la  Constitución  Nacional,   relacionadas  con las causas de improcedencia de  la  extradición  por  razón  de  la  fecha de comisión de los delitos por los  cuales  se  procede,  el  lugar  de  comisión  de  los  mismos, y su naturaleza  política.      

1.   Validez   formal   de  los  documentos  aportados.   

La  normatividad  procedimental  exige que la  solicitud   de   extradición  se  haga  por  vía  diplomática,  o  de  manera  excepcional  por  la  consular  o  de  gobierno  a  gobierno, acompañada de los  siguientes   documentos   e   información,   en  la  forma  establecida  en  la  legislación  del Estado requirente: (i) copia o transcripción auténtica de la  acusación  o  del  fallo dictado en el país extranjero, o su equivalente; (ii)  indicación  de  los  actos  que  determinan  la  solicitud  de  extradición  y  señalamiento  del  lugar  y la fecha en que fueron ejecutados; (iii) inclusión  de  los datos que sirvan para establecer la identidad de la persona reclamada; y  (iv)  la  reproducción  certificada  de las disposiciones penales aplicables al  caso2.    

El artículo 259 del Código de Procedimiento  Civil,  modificado  por el 1°, numeral 118 del Decreto 2282 de 1989, establece,  a  su  vez,  que  los documentos públicos otorgados en país extranjero por sus  funcionarios,   o   con   su  intervención,  deberán  presentarse  debidamente  autenticados  por  el  cónsul  o  agente diplomático de la República, o en su  defecto  por  el  de  una  nación  amiga.  Y  que la firma del cónsul o agente  diplomático  debe  ser  abonada  por  el Ministerio de Relaciones Exteriores de  Colombia,   y  si  se  trata  de  agentes  consulares  de  un  país  amigo,  se  autenticarán  previamente  por  el  funcionario  competente  del mismo y los de  éste      por     el     cónsul     colombiano3.      

Estas exigencias de carácter formal se hallan  debidamente  reunidas  en  el  caso  analizado. La solicitud de extradición fue  tramitada  por  vía  diplomática,  y  adjunta  a  la misma aparece copia de la  acusación   8:04-CR-374-T-30TBM,  dictada el 9 de septiembre de 2004 en la  Corte  Distrital  de  los  Estados  Unidos para el Distrito Medio de La Florida,  decisión  en  la  cual  aparecen  relacionadas  las conductas que determinan la  solicitud y los marcos temporales y espaciales de su ejecución.   

Se  aportó  también  copia  de  la orden de  arresto   impartida   contra  Ricardo  Castro  Garzón  por  las autoridades judiciales de los Estados Unidos;  de   la   declaración  jurada  de  Joseph  K.  Ruddy,  Fiscal  Federal  Auxiliar para el Distrito Medio de La  Florida,  quien  explica  el procedimiento del Gran Jurado y hace un recuento de  los  hechos  y  los  cargos imputados al solicitado en extradición;   y   el   testimonio   de  James  F.  Krause, Agente Especial Superior  de  Inmigración y Aduanas del Departamento de Seguridad Interior de los Estados  Unidos, quien se refiere a los hechos y las pruebas del caso.   

Todos  estos  documentos  fueron aportados en  traducción  al  español  y se encuentran debidamente autenticados. La copia de  la   acusación  aparece  certificada  por  Sheryl  L.  Loesch,  Secretaria  de  la Corte Distrital de Estados  Unidos  para el Distrito Medio de La Florida.  Las declaraciones del Fiscal  Federal   Auxiliar   Joseph   K.  Ruddy  y  del  Agente  Especial  James  F. Krause  se    encuentran   certificadas   por   Thomas  C.  Black, Director Asociado de la  Oficina  de Asuntos Internacionales de la División de lo Penal del Departamento  de  Justicia  de  los Estados Unidos, cuya firma fue refrendada por Alberto  R.  Gonzales,  Procurador de  los  Estados  Unidos,  quien  ordenó  estampar  el  sello  del  Departamento de  Justicia   y   solicitó   al   Director   adjunto  de  la  Oficina  de  Asuntos  Internacionales dar fe de su firma.   

De  la imposición del sello del Departamento  de  Justicia  de  los Estados Unidos en el referido documento certifica a su vez  la  Secretaria  de  Estado Condoleezza Rice,  quien en prueba de ello ordenó imponer el sello del Departamento  de  Estado  y  solicitó  al  Funcionario  Auxiliar  de Autenticaciones de dicho  Departamento   PatricK   O.   Hatchett   suscribir  su  nombre.  Finalmente,  el  Consulado  de  Colombia  en  Washington   da   fe   de   la   autenticidad   de   la  firma  de  Patrick O. Hatchett.   

En  las anotadas condiciones, se concluye que  los  requerimientos   formales  de  legalización  de la documentación que  sirve  de  sustento  a la solicitud de extradición, exigidos por las normas del  Estado  requirente y  el Estado Colombiano, se cumplieron a cabalidad en el  presente  caso,  y  que  desde esta perspectiva los documentos aportados con tal  fin  se  tornan aptos para ser considerados  por la Corte en el estudio que  debe preceder el concepto.    

2.   Identidad   plena   de   la   persona  reclamada.   

El Gobierno de los Estados Unidos solicita la  entrega   de   Ricardo  Castro  Garzón,  nacido  el  13  de diciembre de 1960, identificado con la cédula de  ciudadanía     colombiana     No.8’715.520   conocido  también  como  “Rodolfo  Lineros  Garzón”,  “Cayo”,   “Callo”   y   “David”,  según  datos  consignados  en  la  documentación   adjunta   (solicitud  de  detención  provisional  con  fines  de  extradición,  solicitud  formal  de  extradición,  resolución  de  acusación y testimonios de apoyo de la Fiscal Federal Auxiliar  y del Agente Especial, entre otros documentos).   

Estos datos coinciden plenamente con los de la  persona  capturada,  según  surge  de su confrontación con los consignados por  ésta  en el acta de lectura de los derechos del capturado y en la diligencia de  notificación  de  los  motivos  de su aprehensión, así como de los resultados  del   cotejo  de  las  impresiones  dactilares  realizado  por  el  Departamento  Administrativo  de  Seguridad,  no  existiendo  duda,  por  consiguiente, que la  persona  que  se  halla  privada  de  la  libertad  es  la misma que solicita el  Gobierno de los Estados Unidos de América.   

3.     Principio     de     la    doble  incriminación.   

Este  postulado  impone  verificar  que  los  comportamientos  delictivos  imputados  a  la  persona  reclamada  en  el  país  solicitante  estén  previstos como delito en Colombia, y que tengan adscrita en  nuestra  legislación  sanción  privativa  de  la  libertad cuyo mínimo no sea  inferior    a   cuatro   (4)   años.   Se   analizarán,   por   tanto,   estos  requerimientos.    

Ricardo   Castro   Garzón   es  solicitado en extradición por el Gobierno de los Estados Unidos  de  América  para  que  comparezca  a  responder  en  juicio por los delitos de  concierto  para importar, concierto para fabricar y distribuir, y concierto para  poseer  con  la intención de distribuir cocaína,  según se establece del  contenido  de  la  acusación  formal  8:04-CR-374-T-30TBM de 9 de septiembre de  2004  y  de la solicitud de extradición. Los cargos formulados en su contra son  del siguiente tenor:   

CARGO UNO  

“Desde  una  fecha desconocida, continuando  incluso  hasta  la  fecha de esta acusación formal, 9 de septiembre de 2004, en  el Distrito Medio de La Florida y otros lugares, los imputados,   

          FABIO ENRIQUE OCHOA VASCO   

alias          ‘Carlos        Mario’,       alias       ‘Carlos    Mario    Vega’,   

RICARDO CASTRO GARZON  

alias          ‘Rodolfo  Lineros  Garzón’,       alias       ‘Cayo’,       alias       ‘Callo’,       alias       ‘David’,   

(…)  

“a   sabiendas   y   voluntariamente   se  combinaron,  conspiraron  y acordaron con otros conocidos y desconocidos para el  Gran  Jurado,  para  importar  a  los  Estados  Unidos,  desde  un  lugar  en el  extranjero,  cinco  (5)  kilogramos o más de una mezcla o sustancia conteniendo  una  cantidad  detectable de cocaína, una sustancia controlada, según la Lista  II,  contrariamente  a  las disposiciones del Título 21, Código Federal de los  Estados  Unidos,  Sección  952(a). En violación al Título 21, Código Federal  de los Estados Unidos, Secciones 963 y 960(b)(1)(B)(ii).   

CARGO DOS  

“Desde  una fecha desconocida y continuando  incluso  hasta  la  fecha de esta acusación formal, 9 de septiembre de 2004, en  el Distrito Medio de La Florida y en otros lugares, los imputados,   

FABIO ENRIQUE OCHOA VASCO  

alias          ‘Carlos        Mario’,       alias       ‘Carlos    Mario    Vega’,   

RICARDO CASTRO GARZON  

alias          ‘’Rodolfo Lineros Garzón’,       alias       ‘Cayo’,       alias       ‘Callo’,       alias       ‘David’,   

(…)  

“a   sabiendas   y   voluntariamente   se  combinaron,  conspiraron  y  acordaron  con  otras  personas  cuyos  nombres son  conocidos  o  desconocidos  para  el Gran Jurado, para manufacturar y distribuir  cinco  (5)  kilogramos o más de una mezcla o sustancia conteniendo una cantidad  detectable  de  cocaína,  una  sustancia  controlada  conforme a la Lista II, a  sabiendas  y con la intención de que tal sustancia sería ilegalmente importada  a  los  Estados  Unidos,  en  violación  al  Título 21, Código Federal de los  Estados  Unidos, Sección 959. Todo en violación al Título 21, Código Federal  de los Estados Unidos, Secciones 959 y 963.   

CARGO TRES  

“Desde  una fecha desconocida y continuando  incluso  hasta  la  fecha de esta acusación formal, 9 de septiembre de 2004, en  el Distrito Medio de La Florida y otros lugares, los imputados,   

FABIO ENRIQUE OCHOA VASCO  

alias          ‘Carlos        Mario’,       alias       ‘Carlos    Mario    Vega’,   

RICARDO CASTRO GARZON  

alias          ‘Rodolfo  Lineros  Garzón’,       alias       ‘Cayo’,       alias       ‘Callo’,       alias       ‘David’,   

(…)  

“a   sabiendas   y   voluntariamente   se  combinaron,  conspiraron y acordaron con otras personas conocidas o desconocidas  para  el  Gran  Jurado,  para  poseer  con  intención  de  distribuir cinco (5)  kilogramos  o más de una mezcla o sustancia conteniendo una cantidad detectable  de  cocaína,  una  sustancia  controlada conforme a la Lista II, a bordo de una  nave  sujeta  a la jurisdicción de los Estados Unidos, en violación al Título  46,  Apéndice,  Código  Federal  de  los  Estados  Unidos, Secciones 1903(a) y  1903(g).  Todo  en  violación  al Título 46, Apéndice, Código Federal de los  Estados  Unidos,  Secciones 1903(j) y Título 21, Código Federal de los Estados  Unidos, Sección 960(b)(1)(B)(ii)”.   

Las   normas  sustanciales  mencionadas  en  la  acusación, de las cuales obra traducción al  español  en  el informativo, tratan de los delitos de asociación ilícita para  importar  a  los  Estados  Unidos,  asociación  ilícita  para  manufacturar  y  distribuir,  y  asociación  ilícita  para  poseer con intención de distribuir  cocaína,  en cantidades iguales o superiores a cinco (5) kilogramos, normas que  establecen   penas   de   encarcelamiento  máximas  de  hasta  por  vida.    

En  la  legislación colombiana esta conducta  encuentra  equivalencia  típica  en el artículo 340 inciso segundo del Código  Penal,  modificado por los  artículos 8° de la ley 733 de 2002 y 19 de la  ley  1121  de 2006, norma que define el concierto para  delinquir  y que adscribe como sanción pena principal  privativa  de la libertad de ocho (8) a dieciocho (18) años de prisión y multa  de  dos  mil  setecientos  (2700)  hasta  treinta  mil (30000) salarios mínimos  legales mensuales. Dice la norma.   

“Art.340.   Modificado   Ley   733/2002,  artículo   8.  Modificado  artículo  19  Ley  1121  de  2006.  Concierto  para  delinquir.  Cuando varias personas se concierten con el  fin  de  cometer delitos, cada una de ellas será penada, por esa sola conducta,  con prisión de tres (3) a seis (6) años.   

“Cuando  el  concierto  sea  para  cometer  delitos    de   genocidio,   desaparición   forzada   de   personas,   tortura,  desplazamiento       forzado,      homicidio,      terrorismo,      tráfico   de   drogas   tóxicas,   estupefacientes  o  sustancias  sicotrópicas,   secuestro,   secuestro   extorsivo,  extorsión,  enriquecimiento  ilícito,  lavado  de  activos  o  testaferrato  y  conexos,   o   financiamiento   de  terrorismo  y  administración  de  recursos  relacionados  con actividades terroristas, la pena será de prisión de ocho (8)  a  dieciocho  (18) años y multa de dos mil setecientos (2700) hasta treinta mil  (30000) salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

“La  pena  privativa  de  la  libertad  se  aumentará  en  la  mitad  para quienes organicen, fomenten, promuevan, dirijan,  encabecen,  constituyan  o financien el concierto para delinquir”.   

En síntesis, los contenidos del principio de  la  doble  incriminación se hallan también reunidos en el presente caso, pues,  como   viene   de   ser   visto,   las   conductas   imputadas   a  Ricardo   Castro   Garzón   en  el  país  requirente  se  hallan  tipificadas  también  como  delito  en  la legislación  colombiana,  bajo  la  denominación de concierto para  delinquir,  con sanción privativa de la libertad cuyo  mínimo es mayor a cuatro (4) años.   

La  solicitud  de  extradición contiene una  petición    de    decomiso,   en   los   siguientes   términos:   “la  resolución de acusación también  incluye  la pena de decomiso de conformidad con el Título 21, Secciones 853 (p)  y  881  del  Código de los Estados Unidos; del Título 28, Sección 2461(c) del  Código  de  los  Estados  Unidos; y del Título 46, Sección 1904 del Apéndice  del  Código  de  los  Estados  Unidos,  la  cual busca el decomiso de todos los  bienes  que  se  hayan  derivado  de  ingresos  obtenidos  como  resultado de la  comisión   de   los   anteriores   delitos.  Si  dichos  bienes  no  estuviesen  disponibles,  las  normas  anteriores permiten que otros bienes del acusado sean  decomisados”.   

Esta  mención,  sin  embargo,  no puede ser  entendida  en  estricto  sentido  como  un  cargo  adicional, porque, como ya ha  tenido    ocasión    de    expresarlo    esta   Corporación   en   situaciones  similares4,  el  señalamiento  de la pena de decomiso no comporta imputación  alguna,  sino  a  lo  sumo  el  anuncio  de  la  consecuencia patrimonial que la  declaratoria  de  responsabilidad acarrea respecto de los bienes involucrados en  los  delitos por cuya comisión se acusa al requerido, tema ajeno a la solicitud  de  extradición,  y  que  por  tanto,  no se encuentra comprendido dentro de la  temática  de  la  cual  debe  ocuparse  el concepto que corresponde emitir a la  Sala.   

4. Equivalencia de la  providencia proferida en el extranjero.   

Este  requisito  impone  establecer  que  la  decisión  judicial  que  contiene los cargos  contra la persona reclamada,  por  los  cuales  se  pide la extradición, corresponda en sus aspectos formal y  sustancial  al  acto  procesal  conocido  en  la  legislación  colombiana  como  resolución     de     acusación,    es  decir,  a  la decisión que sirve de introducción a la fase del  juicio,  a  través  de  la  cual  el  Estado acusa a una persona determinada de  violar  la  ley  penal, discrimina los cargos que le imputa, consigna los hechos  que  le  sirven  de fundamento y determina la época y el lugar de comisión del  ilícito,   para   que   el   acusado  tenga  la  posibilidad  de  conocerlos  y  enfrentarlos.    

Confrontada la acusación 8:04-CR-374-T-30TBM,  dictada  en  la  Corte Distrital de los Estados Unidos para el Distrito Medio de  La  Florida,  se establece que la referida decisión, al igual que sucede con la  acusación  en  el sistema procesal colombiano, contiene cargos concretos contra  una  persona  determinada,  señala  los  hechos  que  le  sirven  de  sustento,  identifica  las  normas  penales  aplicables al caso, y marca la iniciación del  juicio,  donde  el  acusado  tiene  la  oportunidad  de  ejercer  el  derecho de  contradicción,  caracterizaciones  todas  de las que claramente se sigue que se  está en presencia de actos procesales equivalentes.   

5.   Causas   de  improcedencia.   

El artículo 35 de la Constitución Nacional,  modificado por el primero del acto legislativo 01 de 1997, dice:   

“La  extradición  se  podrá  solicitar,  conceder  u  ofrecer  de acuerdo con los tratados públicos y, en su defecto con  la ley.   

“Además,   la   extradición   de   los  colombianos  por  nacimiento se concederá por delitos cometidos en el exterior,  considerados como tales en la legislación penal colombiana.   

“La extradición no procederá por delitos  políticos.   

“No  procederá  la extradición cuando se  trate  de  hechos  cometidos  con anterioridad a la promulgación de la presente  norma”.   

De acuerdo con esta disposición, son causales  de  improcedencia  de  la extradición, las siguientes, (i) que el delito por el  cual  se  procede  sea  de  naturaleza  política,  (ii)  que se trate de hechos  cometidos  con  anterioridad  al 17 de diciembre de 1997, fecha de promulgación  de  la  referida  norma,  y (iii) que el delito haya sido cometido en territorio  colombiano.   

Ninguna de estas prohibiciones se presenta en  el   caso   analizado.   Los  delitos  de  concierto  para  cometer  delitos  de  narcotráfico,  que  la  Corte  Distrital de los Estados Unidos para el Distrito  Medio  de La Florida le imputa a Ricardo Castro Garzón  en   la  acusación  8:04-CR-374-T-30TBM,  son  de naturaleza común, no política.   

En  cuanto  a  la  fecha  de  los  hechos, la  acusación    contiene    cargos    por    delitos   cometidos   “desde   una   fecha  desconocida,  hasta  el  9  de  septiembre  de  2004”.       Esta       fecha      desconocida,  no podrá comprender hechos  cometidos  con  anterioridad al 17 de diciembre de 1997, ni hechos cobijados por  el  fenómeno  de  la  prescripción,  de acuerdo con la legislación del Estado  requirente.   

El lugar de comisión de los hechos tampoco se  erige  en  causal  de  improcedencia.  El  estudio  de  la  acusación  y de las  declaraciones  de  apoyo  permite  establecer  que el solicitado en extradición  hacía  parte  de  una  organización  criminal  que  se  dedicaba a tráfico de  sustancias controladas desde Colombia hacia los Estados Unidos:   

“La   investigación   en  este  caso  ha  establecido  que  RICARDO CASTRO GARZON, alias  ‘Rodolfo  Lineros     Garzón,     alias     ‘Cayo’,  alias  ‘Callo’,       alias       ‘David’,   trabajaba  directamente  para  el  proveedor  de  cocaína  Fabio Enrique Ochoa Vasco, organizando y entendiéndose  con  la  organización  de transporte involucrada en el contrabando marítimo de  múltiples  toneladas  de cocaína hacia los Estados Unidos desde la costa norte  de  Colombia,  mediante  el uso de lanchas rápidas de casco abierto de cuarenta  pies.  Estas  lanchas  operaban  desde la costa norte de Colombia. CASTRO GARZON  trabajaba  directamente  con  Ochoa  Vasco, el proveedor de estos cargamentos de  múltiples  toneladas  de  cocaína,  y  trataba  directamente con el jefe de la  organización  de  transporte,  Javier  Hooker  Taylor.  CASTRO  GARZON también  recibía  cantidades  sustanciales  de dinero por los cargamentos de cocaína, y  pagaba  sumas  sustanciales  a la organización de transporte para participar en  estos negocios de contrabando”.   

La reseña fáctica que viene de hacerse deja  en   claro   que   los   hechos   por   los   cuales  se  acusa  a  Ricardo  Castro  Garzón  trascendieron las  fronteras   del   territorio   colombiano,   y  por  tanto,  que  se  cumple  el  condicionamiento  constitucional  de  que  la conducta haya sido realizada en el  extranjero,  cualquiera  sea  la teoría que se aplique para determinar el lugar  de  comisión  del  ilícito  (  de  la  acción,  del  resultado o de la ubicuidad).   

6.     El  concepto.   

La  Sala,  teniendo  en cuenta que en el caso  analizado  concurren los requerimientos relacionados con la validez formal de la  documentación   presentada,   la   demostración  plena  de  la  identidad  del  solicitado,  el  principio  de  la  doble incriminación y la equivalencia de la  providencia  proferida  en  el  extranjero,  y  que  no está frente a causas de  improcedencia de la extradición, emitirá concepto favorable.   

7.   Cuestión  final.   

La  Corte  previene al Gobierno Nacional para  que   en   el   evento   de   que  acceda  a  la  extradición  de  Ricardo  Castro Garzón, advierta al Estado  requirente   que   su   juzgamiento  no  podrá  incluir  hechos  cometidos  con  anterioridad  al  17  de  diciembre  de  1997,  ni sucesos diferentes de los que  motivan  la  solicitud  de extradición y determinan su entrega, y que no podrá  ser  sometido  a  desaparición  forzada,  tortura,  tratos crueles, inhumanos o  degradantes,  ni condenado a pena de muerte, cadena perpetua o confiscación, de  acuerdo  con  lo  establecido  en los artículos 11, 12 y 34 de la Constitución  Política de Colombia.   

El Gobierno Nacional advertirá también a su  homólogo  del  Estado  requirente,  que en caso de un fallo de condena, deberá  computarse   el  tiempo  que  Ricardo  Castro  Garzón  ha  permanecido privado de la libertad con ocasión de  este  trámite  de  extradición. Se recomienda igualmente al Gobierno Nacional,  encabezado  por  el  señor  Presidente  como  supremo  director de la política  exterior  y  de  las  relaciones  internacionales,  realizar  seguimiento  a los  condicionamientos  que  se  impongan  a  la  concesión  de  la  extradición  y  determinar  las  consecuencias  que se derivarán de su eventual incumplimiento,  en  virtud  de  lo  dispuesto  en  el  numeral  2°  del  artículo  189  de  la  Constitución Política.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL,  emite  CONCEPTO  FAVORABLE   a   la  extradición  del  ciudadano  colombiano  Ricardo  Castro Garzón,   solicitada  por  el  Gobierno  de los Estados Unidos de América a  través  de  su embajada en Colombia, por los cargos contenidos en la acusación  8:04-CR-374-T-30TBM,  dictada  el  9 de septiembre de 2004 en la Corte Distrital  de  los  Estados  Unidos  para el Distrito Medio de La Florida, División Tampa.   

Por  la  Secretaría de la Sala, comuníquese  esta  determinación al requerido señor Ricardo Castro  Garzón,   a   su   defensor,  al  representante  del  Ministerio  Público  y  al  Fiscal  General  de  la  Nación,  para  lo  de  su  cargo.   

Devuélvase al expediente  al  Ministerio  del  Interior  y de Justicia para los trámites subsiguientes de  ley.   

ALFREDO GOMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ           MARIA  DEL  ROSARIO  GONZALEZ DE LEMOS   

Aclaración de voto  

AUGUSTO        J.        IBAÑEZ  GUZMAN            JORGE     LUIS     QUINTERO  MILANES   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS             JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                           

                                    

                                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                            

                                               Teresa Ruiz Núñez   

                                                   SECRETARIA   

ACLARACIÓN  DE  VOTO  

Con  el respeto que siempre profeso por las  decisiones  de  la Sala, expongo a continuación los aspectos que, en mi sentir,  deben  incluirse  en  los  conceptos de extradición que emite la Corte frente a  trámites  que involucran ciudadanos colombianos por nacimiento, particularmente  cuando  se  desarrollan  en  ausencia  de  cláusulas  pactadas  en instrumentos  internacionales   de   carácter  bilateral  o  multilateral,  en  la  forma  de  condicionamientos  que  el  Gobierno  Nacional  debería  exigir  al  momento de  acceder  a  la  entrega  de  un  connacional,  además  de  los que se le vienen  sugiriendo de manera común.   

La  posición  que he venido sustentando en  Sala  y que no ha tenido acogida, descansa en que la Corte al asumir la función  de  conceptuar,  no  sólo  ha  de tener como guía los parámetros que sobre la  materia  están  fijados  en  el  ordenamiento  procesal penal patrio, sino que,  además,  su misión también debe estar influida por la regla del artículo 2º  de  la  Constitución,  pues  en  cuanto  órgano  máximo  de  la jurisdicción  ordinaria  y,  por tanto, componente esencial en la estructura del Estado Social  de  Derecho,  también  debe  velar  por  la efectividad de los principios   –entre ellos el fundante  de  la  dignidad  humana-,   derechos  y  deberes  consagrados en la Carta;  defender  la  independencia  nacional y proteger a todas las personas residentes  en    Colombia    en   su   vida,   honra,   bienes,   creencias,   derechos   y  libertades.   

En ese orden de cosas, estimo que es preciso  advertir  en  el  concepto sobre la necesidad de plantear otras condiciones a la  entrega  del  reclamado,  derivadas  del hecho de que el acto de extradición no  implica  que  el  extraditado  pierda  la nacionalidad colombiana, lo cual sólo  ocurre   frente  a  los  presupuestos  señalados  en  el  artículo  98  de  la  Constitución.   

En  tales condiciones, cuando la entrega en  extradición  de  un  nacional  colombiano se tramita y agota, en ausencia de un  convenio   multilateral   o  bilateral  sobre  la  materia,  con  arreglo  a  la  Constitución  y  a  la  ley,  debe tenerse en cuenta que a diferencia de lo que  ocurre  si  se  hubiera adelantado conforme a un instrumento internacional en el  cual  las  partes  acuerdan condiciones que pueden significar la restricción de  ciertos  derechos,  en  virtud  a  la  configuración del Estado colombiano como  social  y  democrático  de derecho, en el cual es base fundamental el respeto a  la  dignidad  humana  (artículo  1º de la Carta), las condiciones que se deben  exigir  al país reclamante tienen que estar ligadas con la observancia allí de  los  derechos  y  garantías  que  cobijarían  al  solicitado de ser juzgado en  Colombia.   

Eso  es  así,  porque  al  acceder  a  la  extradición  de  un colombiano por nacimiento el Estado, a través del Gobierno  Nacional,  renuncia  a la potestad de ejercer su propia jurisdicción, pero no a  la  obligación  de  proteger al extraditado, pues en tanto siga siendo súbdito  de  Colombia, tiene derecho a todas las prerrogativas, garantías y derechos que  emanan  de  la Constitución y la ley, en particular, aquellos que se relacionan  con   su   calidad   de   procesado  y  que  tienen  que  ver  con  la  dignidad  humana.   

Así las cosas, siendo el marco esencial de  la   figura   de  la  extradición  lo  señalado  en  el  artículo  35  de  la  Constitución,  que  fija  un  sistema  de  fuentes5 para que se solicite, conceda  u  ofrezca,  que son los tratados públicos y, en su defecto, la ley, es preciso  comentar  que  como  no hay un instrumento vigente de esa naturaleza que ligue a  Colombia  con Estados Unidos en el tema de extradición, el ámbito para evaluar  la  procedencia  de  una  solicitud,  concesión  u ofrecimiento de extradición  entre los dos países es el Código de Procedimiento Penal.   

Obsérvese que los preceptos que desarrollan  la  extradición tanto en la Ley 600 de 2000 como en la ley 906 de 2004, además  de  reiterar  las reglas constitucionales (improcedencia por delitos políticos,  o  la  de colombianos por nacimiento por hechos cometidos con anterioridad al 17  de     diciembre     de     1997    –artículo   508   y  artículo  490,  respectivamente-);  fijan  el  organismo  al  que  le  corresponde  ofrecer  o  conceder la extradición de una  persona     y     las     facultades     sobre     la    materia    –el   gobierno-,   el   ámbito   de  competencia  de  cada ente gubernamental, y el que le corresponde en el trámite  a   la  Corte;  señalan  requisitos  adicionales  (doble  incriminación,  acto  procesal   mínimo  en  el  exterior  –artículo  510  y artículo 492 ib.-); estructuran la forma como se  desarrolla  el trámite mixto, así como los fundamentos del concepto (artículo  520  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2000 y artículo 502 del Código  Procesal  Penal  de  2004);  determinan cuándo se decide sobre la solicitud, en  qué  momento  se  hace  la  entrega  y regula la orden de prelación en caso de  varias  solicitudes  (artículos  522,  523  y  524, y artículos 504, 505 y 506  ibídem);  consagran el derecho a la defensa y los eventos en que hay lugar a la  libertad  (artículos  529 y 530 de la Ley 600 de 2000 y artículos 510 y 511 de  la Ley 906 de 2004).   

Además,  el artículo 512 de la primera de  las  leyes  en  cita  le impone de modo imperativo al gobierno la obligación de  exigir  que  el  solicitado  no vaya a ser juzgado por un hecho anterior diverso  del  que motiva la extradición, ni sometido a sanciones distintas de las que se  le  hubieran  impuesto en la condena, y a que se le conmute la pena de muerte en  caso  de  que  la  legislación del país reclamante la prevea como sanción del  delito  que  motiva  la  solicitud  de  extradición,  circunstancias éstas que  igualmente  se  encuentra  previstas  en  el  artículo 494 del Código Adjetivo  Penal  de  2004, con la inclusión en este último de que tampoco al extraditado  se  le  someta  a  desaparición forzada, torturas ni a tratos ni penas crueles,  inhumanas  o  degradantes,  como  tampoco  a  las  penas  de destierro, prisión  perpetua o confiscación.   

Recuérdese  que  las  condiciones  arriba  señaladas  fueron  extendidas,  con el mismo carácter imperativo, por la Corte  Constitucional a otras situaciones, al señalar que:   

“…no  sólo  habrá  de  entenderse que en caso de que exista en el Estado requirente la pena  de  muerte,  la entrega se hará bajo la condición de la conmutación de ésta,  sino,  también  bajo el entendido de que al extraditado no se le podrá someter  ni  a  torturas,  ni  a tratos o penas crueles, ni a desaparición forzada, ni a  tratamiento   degradante   e  inhumano,  razón  por  la  cual  así  habrá  de  condicionarse  la  constitucionalidad  que  se  declara  del  artículo  550 del  Código de Procedimiento Penal.   

Por otra parte, se observa por la Corte, que  la   Constitución   colombiana,   prohíbe  en  su  artículo  34  ‘las  penas  de  destierro,  prisión  perpetua      y      confiscación’,  a las cuales, por las mismas razones anteriormente expuestas, no  podrá  someterse  al extraditado por el país que lo juzgue, lo que implica que  igualmente   en  ese  sentido  habrá  de  condicionarse  la  exequibilidad  del  artículo     550    del    Código    de    Procedimiento    Penal.”6   

Sin  embargo,  esas  no  son  las  únicas  condiciones  susceptibles  de formularse, pues al fin y al cabo el primer inciso  del  artículo  512  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2000, así como el  primer  inciso  del  artículo  494  de  la  Ley  906  de  2004,  preceptúa que  “El gobierno podrá subordinar el ofrecimiento o la  concesión    de    la    extradición   a   las   condiciones   que   considere  oportunas.”   

Esa  facultad,  debe  señalarse,  no  es  discrecional,  pues  al  momento  de  decidir  sobre  la  entrega de un nacional  colombiano  el  gobierno  está  en  el  deber  de  armonizar  los  criterios de  conveniencia  nacional o de cooperación internacional, con la premisa según la  cual  al  concederse la extradición no se renuncia a la soberanía, sino que se  ejerce7,  y  con  los  derechos  y garantías que están consagrados en la  Constitución  y  en  los instrumentos internacionales sobre derechos humanos en  pro   de   un   justiciable,   así   como   en   protección   de  su  dignidad  humana.   

Así,  con  arreglo  al  artículo 29 de la  Carta;  a  los  artículos  9  y  10  de  la  Declaración Universal de Derechos  Humanos,  5-3.6, 7-2.5, 8-1.2(a)(b)(c)(d)(e)(f)(g)(h).3.4.5, 9 de la Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  9-2.3,  10-1.2.3,  14-1.2.3,5, y 15 del Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  el  Gobierno Nacional debe  condicionar  la  entrega de un compatriota, si concede la extradición, a que se  le    respeten    al   extraditado   –como  a  cualquier  otro  nacional en las mismas condiciones- todas  las  garantías  debidas  a  su  condición de justiciable, en particular, a que  tenga  acceso  a  un  proceso  público  sin dilaciones injustificadas, a que se  presuma  su  inocencia, a que cuente con un intérprete, a que tenga un defensor  designado  por  él  o por el Estado, a que se le conceda el tiempo y los medios  adecuados  para  que  prepare la defensa, a presentar pruebas y controvertir las  que  se  aduzcan  en contra, a que su situación de privación de la libertad se  desarrolle  en  condiciones  dignas, a que la eventual pena que se le imponga no  trascienda  de  su persona, a que la sanción pueda ser apelada ante un tribunal  superior,  a que la pena privativa de la libertad tenga la finalidad esencial de  reforma y readaptación social.   

Igualmente, el gobierno debe condicionar la  entrega  a  que el país reclamante, conforme a sus políticas internas sobre la  materia,  le  ofrezca  posibilidades racionales y reales para que el extraditado  pueda  tener  contacto  regular  con sus familiares más cercanos, habida cuenta  que  la  Constitución  de  1991, en su artículo 42, reconoce a la familia como  núcleo  esencial  de la sociedad, garantiza su protección y reconoce su honra,  dignidad  e  intimidad,  lo  cual se refuerza con la protección adicional que a  ese   núcleo  le  otorgan  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos  (artículo  17)  y  el  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles y Políticos  (artículo 23).   

En cumplimiento de su deber de protección a  las  garantías y derechos del nacional colombiano entregado en extradición, es  misión  del  Estado,  por  medio  del  ámbito  de competencias de los órganos  respectivos,  vigilar  que  en  el  país reclamante se respeten las mencionadas  condiciones  (artículo  9  y 226 de la Carta). Así, en primer orden, a través  del  cuerpo  diplomático,  en concreto, por las diferentes oficinas consulares,  con  apoyo  de  la  Procuraduría  General  de  la  Nación (artículo 277 de la  Constitución)  y  de  la  Defensoría del Pueblo (artículo 282 ibídem), de lo  cual,  además,  habrá  de darse informes periódicos a la Corte, en virtud del  principio  de  colaboración  armónica  entre  los diferentes Poderes Públicos  (artículo  113  de  la  Carta),  con  el  fin  de  que todos los estamentos con  injerencia  en  el  tema  tengan elementos de juicio que les permitan sopesar la  conveniencia    de    privilegiar   jurisdicciones   foráneas   frente   a   la  interna.   

De   esa   manera,   dejo   sentado   mi  criterio.   

Señores Magistrados,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha    ut  supra.   

    

1  Artículo 502 de la ley 906 de 2004.   

2  Artículo 495 de la ley 906 de 2004.   

3 Esta  regulación  legal  resulta  aplicable  al  caso  en  virtud  del  principio  de  integración  normativa  previsto  en  el  artículo  23  del  estatuto procesal  penal.   

4  Conceptos  del 8 de junio de 2005. Rad. 23293 y del 8 de noviembre de 2005. Rad.  24126, entre otros.   

5 Corte  Constitucional, sentencia C-740/00.   

6  Sentencia C-1106/00.   

7 Cfr.  Corte Constitucional, Sentencia C-621/01.     

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