27348(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27348   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 109.  

Bogotá  D.C., junio veintisiete (27) de dos  mil siete (2007)   

VISTOS  

La  Sala  se  pronuncia  en  punto  de  los  requisitos  de  lógica  y  suficiente argumentación de la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  del  acusado YAIR EMILIO  RUIZ  ÁNGEL, contra la sentencia de segunda instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  Militar  el  18  de  septiembre de 2006,  mediante  la  cual  lo  condenó como autor penalmente responsable del delito de  lesiones  personales  (deformidad  permanente  en  el  rostro)  en  Fabio   Pachón   Castro,  decisión  que  revocó  el fallo dictado el 11 de mayo del mismo año por el Juzgado de Primera  Instancia  de  Bogotá que lo había absuelto del cargo por la referida conducta  punible.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Aproximadamente a la 1:30 de la mañana del 5  de    agosto    de   2001,   cuando   Fabio   Pachón  Castro  se  encontraba en compañía de otras personas  consumiendo  licor  en  un  establecimiento  abierto  al  público ubicado en el  barrio  el  Danubio  Azul  de  esta  ciudad,  ingresaron los agentes de policía  YAIR  EMILIO  RUIZ  ÁNGEL y  Oscar   Mauricio   Vanegas   González   con  el  propósito  de  solicitar  a  su propietaria que cerrara el  sitio.  Como  el  mencionado  ciudadano  tardó  mientras  pagaba la cuenta, fue  agredido  por  los  mencionados  servidores  públicos,  causándole  múltiples  lesiones, entre ellas, deformidad permanente en el rostro.   

Con fundamento en la denuncia presentada por  la  víctima,  el  Juzgado  Sesenta  y  Nueve  de  Instrucción Penal Militar de  Bogotá  declaró  abierta  la  instrucción,  en  cuyo  marco vinculó mediante  indagatoria  a Oscar Mauricio Vanegas González, Manuel  Antonio   Ruiz  Moreno  y  YAIR  EMILIO  RUIZ  ÁNGEL,  resolviéndoles   su   situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  conminación     como     posibles    autores    del    delito    de    lesiones  personales.   

Clausurado el ciclo instructivo, la Fiscalía  Ciento  Cuarenta  y  Tres  Penal  Militar  de  Bogotá  calificó el mérito del  sumario  el  6  de agosto de 2005 con resolución de acusación en contra de los  procesados  como  presuntos  autores  del  delito  que  sustentó  la  medida de  aseguramiento,  decisión  que  al  ser  impugnada  por  los  defensores  de los  acusados,  fue  objeto de confirmación por la Fiscalía Quinta Delegada ante el  Tribunal  Superior  Militar  mediante  resolución  del  18 de octubre del mismo  año.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al   Juzgado   de   Primera  Instancia  ante  el  Departamento  de  Policía  de  Cundinamarca,  despacho  que  una  vez surtido el rito correspondiente profirió  fallo  el  11 de mayo de 2006, por cuyo medio absolvió a los procesados por los  cargos objeto de acusación.   

Remitidas   las  diligencias  al  Tribunal  Superior  Militar  para  que  se  surtiera  el  grado jurisdiccional de consulta  respecto  del fallo absolutorio, mediante sentencia del 18 de septiembre de 2006  decidió   confirmar   la   absolución   proferida   a  favor  de  Manuel  Antonio  Ruiz Moreno, pero condenó  a   Oscar   Mauricio   Vanegas  González  y  YAIR  EMILIO  RUIZ ÁNGEL  a  la  pena  principal de dos (2) años de prisión como coautores  penalmente  responsables del delito por el cual se los acusó, oportunidad en la  cual   les  fue  otorgado  el  subrogado  penal  de  la  condena  de  ejecución  condicional.   

Contra el fallo de segundo grado el defensor  de  YAIR EMILIO RUIZ interpuso  recurso extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

Con  fundamento  en  la  causal  tercera del  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  el  recurrente manifiesta que en la  sentencia   proferida   por   el  ad  quem  advierte  la  ocurrencia  de  errores  por falso raciocinio, en la  medida  en  que  fueron  transgredidas  las  reglas de la sana crítica, lo cual  condujo  a la aplicación indebida de los artículos 111, 113 y 117 del estatuto  penal,  71  y  72 del Código Penal Militar y 29 del Código de Policía, y a la  falta  de  aplicación  de  los artículos 6º y 9º de la Ley 599 de 2000, 395,  396 y 401 del estatuto castrense.   

          Luego  de  destacar  apartes  de  lo expuesto por el ofendido en sus  diversas  intervenciones,  así  como  lo  dicho por los procesados Oscar   Mauricio  Vanegas  y  YAIR  EMILIO  RUIZ en sus indagatorias, el  censor  afirma  que  “El  rompimiento  de la lógica  formal  y  material  con  concreción  en  el error de hecho por falso juicio de  apreciación  y  la  consecuente  violación  de  la  ley  penal por aplicación  indebida,  tiene  resalto  en  el  enmarcamiento  gratuito  en  que  subsume  al  patrullero  YAIR  EMILIO  RUIZ  ANGEL,  como  coautor  del  delito  de  lesiones  personales,   lanzando  por  la  vera  las  probanzas  que  lo  excluyen  de  la  participación   delictual.  La  lógica  enseña  que  ante  premisas  ciertas,  evidentes  y  debidamente  demostradas,  las  conclusiones han de ser igualmente  ciertas,  por  manera  que  ante  variantes que rebasen este marco, se afecta no  solamente       la       verdad       formal      sino      material”.   

          Puntualiza  que  si de conformidad con lo dicho por el ofendido, fue  el   agente   Oscar   Mauricio  Vanegas  –   quien   usaba   gafas  –  el  que  lo  golpeó,  en  tanto  que  YAIR   EMILIO   RUIZ  sólo  procedió  a  aplicarle  una llave para sujetarlo, mientras aquél lo lesionaba,  considera  “que  si  se  presentó un incidente o se  cometió  el  delito, cada quien debe responder por sus ejecutorias y de acuerdo  a  lo  probado,  la  responsabilidad  en  la  policía  es  individual y de ello  conscientes  todos  sus  efectivos  que la integran”,  con  mayor razón si “el hecho de haberle aplicado la  ‘famosa llave’  no  ha de entenderse como agresión,  sino  como  mecanismo  de  sometimiento  físico sin efectos nocivos en su salud  para  retener al exaltado identificado luego como FABIAN PACHÓN CASTRO en donde  coetáneamente  y  sin  mediación, su compañero un tanto ofendido, lo lesionó  en su integridad”.   

          Indica  que  ninguno  de  los testigos refirió que hubiera existido  comunicación  alguna  entre los patrulleros, como para que pudiera deducirse la  existencia de acuerdo criminal.   

Concluye   que   su  asistido  actuó  con  fundamento  en  el  artículo 29 del Código Nacional de Policía, en el sentido  de  utilizar  la  fuerza para conducir al retenido a la autoridad, motivo por el  cual su conducta es atípica.   

A  partir  de  lo  expuesto,  el  demandante  solicita  a la Sala casar la sentencia atacada para, en su lugar, proferir fallo  absolutorio en favor de su representado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Ab initio se impone  señalar  que  los  artículos  530  y  533  de  la Ley 906 de 2004 disponen, el  primero,  que  “el sistema se aplicará a partir del  1º  de enero de 2005 en los distritos judiciales de Armenia, Bogotá, Manizales  y   Pereira”,  el  segundo,  que  tal  legislación  “regirá    para   los   delitos   cometidos   con  posterioridad  al  1º  de  enero del año 2005”, por  tanto,  es claro que si la conducta investigada ocurrió en esta capital el 6 de  agosto  de  2001,  se  rige  por  la Ley 600 de 2000 y no por la Ley 906 de 2004  citada  por  el  casacionista  en  su  libelo  como fundamento instrumental para  interponer el recurso extraordinario.   

Precisado  lo  anterior,  oportuno se ofrece  indicar  que  en  el  estudio  acerca  del  cumplimiento  de los requisitos para  acceder  a  este mecanismo impugnaticio, corresponde a la Sala verificar que los  recurrentes  formulen  sus reproches con sujeción a las exigencias de lógica y  adecuada  argumentación  definidas  por  el  legislador  y desarrolladas por la  jurisprudencia,  a  fin  de que este recurso no se convierta en una tercera  instancia.  Tales  requisitos  se  orientan  a  conseguir  que  los  libelos  se  enmarquen dentro de unos mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y  desarrollo  de  los cargos  propuestos,  de  suerte  que  resulten inteligibles en cuanto precisos y claros,  dado  que no corresponde a la Sala en su función constitucional y legal develar  o   desentrañar   el   sentido  de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones de los impugnantes en casación.   

Ahora,  habida cuenta que el censor aduce la  presencia  de un error de hecho por falso raciocinio, es pertinente señalar que  tal  yerro tiene lugar cuando al apreciar las pruebas obrantes en la actuación,  los  juzgadores  extraen conclusiones que violan las reglas de la sana crítica,  caso  en el cual le corresponde al demandante establecer qué dice concretamente  el  medio probatorio, qué se infirió de él en la sentencia atacada, cuál fue  el  mérito  persuasivo  otorgado,  determinar  el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta, identificar la  norma   de   derecho   sustancial   que   indirectamente   resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia  del error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la adecuada apreciación de aquella  prueba,  con  la indeclinable obligación de acreditar que la enmienda del yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable a los intereses de su  representado, proceder que en este asunto no acomete el impugnante.   

En  efecto, sin dificultad encuentra la Sala  que   el  defensor  únicamente  orienta  su  discurso  a  plasmar  su  personal  apreciación  de  los medios de prueba para concluir, sin más, que en atención  a  la  conducta  desplegada  por  su procurado, éste no tenía la condición de  coautor  del  delito de lesiones personales por el cual se lo acusó y condenó,  pero  no se ocupa de señalar en qué consistieron los errores de los falladores  sobre el particular.   

Adicionalmente a lo expuesto se tiene que si  el  recurrente estaba conforme con los hechos declarados en las instancias, pero  consideraba  que  el comportamiento adelantado por YAIR  EMILIO  RUIZ  no  correspondía  a  la  de  un coautor  material  impropio  del  delito de lesiones personales, le correspondía invocar  la  causal  primera de casación, cuerpo primero, esto es, la violación directa  de  la  ley  sustancial,  la  cual  se  presenta  cuando los falladores dejan de  aplicar  la  disposición  que  se ocupa de la situación en concreto, en cuanto  yerran  acerca  de  su  existencia (falta de aplicación o exclusión evidente),  realizan  una  equívoca  adecuación de los hechos probados a los supuestos que  contempla  el  precepto  (aplicación  indebida),  o  le atribuyen a la norma un  sentido  que  no tiene o le asignan efectos diversos o contrarios a su contenido  (interpretación errónea).   

En  tal caso, cualquiera sea la modalidad de  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  el  yerro de los juzgadores recae  necesaria  e inmediatamente sobre la normatividad, circunstancia que traslada el  debate  a  un  ámbito  estrictamente  jurídico,  sea porque se deja de lado el  precepto  regulador de la situación específica demostrada, ora porque el hecho  se  adecua a un precepto estructurado con supuestos distintos a los establecidos  o  bien  porque  se desborda la intelección propia de la disposición aplicable  al  caso  concreto,  todo lo cual exige como punto de partida, la aceptación de  la  realidad  fáctica  definida  en  las  instancias e inmodificable dentro del  proceso,  para  acto  seguido  desarrollar  jurídicamente  el  punto  motivo de  desacuerdo, actividad que tampoco adelanta el actor en este asunto.   

En  suma,  no  hay  duda  que  si  el libelo  casacional  no  corresponde  a un alegato de libre confección, su presentación  con  base  en  meras  apreciaciones  personales  del impugnante y sin atenerse a  alguna  de  las  reglas  lógicas y argumentativas que lo gobiernan, comporta el  desconocimiento  de  la  dual  presunción  de  acierto  y  legalidad  del fallo  atacado.   

Así las cosas, encuentra la Sala que si el  censor  no  ajusta  su  demanda  a  las  exigencias  dispuestas  para postular y  demostrar  el  reproche  que  presenta  contra  el  fallo de segundo grado y, en  virtud  del principio de limitación que rige el trámite casacional la Corte no  se  encuentra  facultada  para enmendar las falencias de aquella, de conformidad  con  lo  dispuesto  en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000 se impone de plano  la inadmisión del libelo.   

          Resta  señalar  que  no se observa dentro  del  trámite  o  en  el  fallo  objeto  del  recurso,  violación de derechos o  garantías     de    los    procesados,  como  para  que  tal  circunstancia impusiera el ejercicio de la  facultad  oficiosa que sobre el particular le confiere el legislador en punto de asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor del procesado YAIR  EMILIO  RUÍZ ÁNGEL, por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

         Contra este proveído no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTÍZ                         

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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