28224(14-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28224   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.224  

Bogotá  D.C.,  catorce (14) de noviembre de  dos mil siete (2007).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos y de debida argumentación de la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  ÁLVARO ENRIQUE CAMPO HERNÁNDEZ,  contra  el  fallo de segundo grado de 25 de enero de 2007 emitido por la Sala de  Justicia   y   Paz   del   Tribunal   Superior   de   Barranquilla  —en   cumplimiento   del   programa  de  descongestión        del        Tribunal        de        Cartagena—,   mediante   el  cual  confirmó  la  sentencia  proferida  por  el Juzgado Quinto Penal del Circuito de Cartagena por  cuyo  medio lo condenó en calidad de autor del concurso de delitos de homicidio  agravado,   hurto   calificado   y   agravado   y   porte  ilegal  de  armas  de  fuego.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Hacia  las once y media de la mañana del 24  de   septiembre  de  2002  en  la  avenida  Pedro  de  Heredia,   a   la   salida   del   Centro   Comercial  “La    Castellana”  de la ciudad de Cartagena,  dos  sujetos  que  se movilizaban en una motocicleta abordaron a la señora ALBA  JUDITH  MARTÍNEZ ARRIETA con el fin de despojarla del dinero que momentos antes  había  retirado  de  una  entidad  bancaria, pero al oponer resistencia, uno de  ellos  inicialmente  le  asestó  varios  golpes  con  el  revólver  y luego lo  accionó  causándole dos heridas con proyectil de arma de fuego que a la postre  le  ocasionaron  la muerte dos días después en el centro asistencial en el que  fue atendida.   

La Fiscalía General de la Nación, luego de  adelantar   las  diligencias  preliminares  en  las  cuales  se  recibieron  dos  testimonios   y   se   practicó   diligencia   de  reconocimiento  fotográfico  —que  no  contó  con  la  presencia   del   Ministerio   Público—,   en   los  cuales  se  individualizó  a  ÁLVARO  ENRIQUE  CAMPO  HERNÁDEZ,  abrió  formal  investigación  penal  en  contra  de éste el 27 de  noviembre de 2002.   

Hecha efectiva la orden de captura librada y  escuchado   en  indagatoria,  le  resolvió  la  situación  jurídica  mediante  proveído  del  17  de  enero  de 2003 con medida de aseguramiento de detención  preventiva,  y  luego  de  cerrar  la  investigación,  calificó el mérito del  sumario  el  7  de mayo de 2003 con resolución de acusación por los delitos de  homicidio   agravado   (para  preparar,  facilitar  o  consumar   otro   hecho  punible  y  colocar  a  la  víctima  en  indefensión)  hurto  calificado  (por  la  violencia  ejercida  sobre la víctima) y agravado (por  la participación plural) y porte ilegal de armas.   

En  firme la calificación el 11 de junio de  2003  en  esa  instancia al no ser objeto de impugnación, la fase del juicio la  adelantó  el Juzgado Quinto Penal del Circuito de Cartagena, despacho que luego  de  adelantar  la  audiencia  pública,  emitió  fallo el 13 de febrero de 2004  mediante  el  cual condenó a ÁLVARO ENRIQUE CAMPO HERNÁNDEZ como autor de los  delitos  objeto de acusación a la pena principal de treinta y dos (32) años de  prisión,  así  como  a  la  accesoria  de inhabilitación para el ejercicio de  derechos   y   funciones   públicas  por  el  término  de  veinte  años  (20)  años.   

En virtud del recurso de apelación formulado  por  el  defensor  del  procesado, el Tribunal Superior de Barranquilla mediante  fallo  de  25  de  enero  de  2007,  luego  de excluir del caudal probatorio los  reconocimientos  fotográficos  practicados vicios en su práctica, confirmó la  decisión  por  mantenerse  los  testimonios  y  el  reconocimiento  en  fila de  personas   que  señalaban  al  procesado  como  autor  de  los  comportamientos  investigados.   

Por  lo  anterior,  insiste  el mismo sujeto  procesal   a   través   de   la   impugnación   extraordinaria,  demanda  cuya  admisibilidad se pronuncia la Corte.   

LA DEMANDA  

Al  amparo de la causal primera de casación  formula un cargo por violación indirecta de la ley sustancial.   

En criterio del defensor, la condena se basó  en  conjeturas,  puesto  que  las  pruebas  no  ofrecen certeza, al punto que se  reconoció  una  acción  irregular  por parte de los policiales que urdieron un  complot para incriminar a su defendido.   

Explica  que  el  Tribunal  respecto  de los  reconocimientos,  desecha  uno, pero toma el otro como fuente de certeza, lo que  en  criterio  del  libelista  genera en un error de hecho por dar credibilidad a  unos  testimonios  que  surgieron  del  plan  creado  por  los  miembros  de  la  Policía.   

Por   lo   tanto,  al  considerar  que  la  presunción   de   inocencia   no  ha  sido  desvirtuada,  solicita  a  la  Sala  “invalidar    el    fallo”    y   dictar   en   su   lugar   el   que   deba  reemplazarlo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La Sala ha insistido de tiempo atrás que la  demanda  de  casación  por  la denuncia de la ilegalidad del fallo debe cumplir  con  requisitos mínimos de claridad y coherencia que permitan advertir la clase  de  vicio  que se presenta, su incidencia en la decisión, así como ofrecer una  solución acorde con el  mismo.   

Cuando  se  opta  por  la  causal primera de  casación  de  manera  lógica  se  deben  anunciar  las  normas  que se estiman  infringidas,  su  sentido  de  violación,  sea  de manera directa o mediada por  yerros  de carácter probatorio, y si se trata de éstos, precisar los elementos  de juicio en los cuales recayó.   

Son  manifiestos  los  desaciertos  en  que  incurre  el  libelista  al  formular  el  cargo especialmente por su precariedad  demostrativa,  pues  aunque  el  reproche contra la sentencia lo encamina por la  violación  indirecta de la ley sustancial no hace una presentación metódica y  coherente de la clase de error probatorio que busca denotar.   

Efectivamente, si bien anuncia la violación  indirecta  de  la ley sustancial por un error de hecho, no explica su modalidad,  esto    es,    el    falso   juicio   que   lo   determinó:   de   existencia  si al momento de aprehender o  contemplar  materialmente  los  elementos  de  convicción  el juzgador ignoró,  desconoció  u omitió el reconocimiento de una prueba procesalmente válida; de  identidad   si   en   la  apreciación  de  la probanza distorsionó su expresión fáctica, poniéndola a  decir  lo  que  ella  materialmente  no  refería  bien  por  agregados  que  no  corresponden  a  su  texto, por cercenamiento de algunos de sus apartes o por la  transmutación      de      su      literalidad,      o      de     raciocinio   por   quebrantar   en   la  valoración  probatoria  las  reglas  de  la  sana  crítica,  esto  es,  por no  corresponder  la decisión a una argumentación estructurada coherentemente como  enseña  la  lógica,  a  la  forma como se aplican los principios en un espacio  teórico  específico  propio  de  la  observación científica, así como a los  juicios  que  se  forman  a  partir de comportamientos sometidos a una identidad  circunstancial que arrojan las reglas de la vida.   

Y  si  bien  de  tiempo  atrás  la  Sala ha  precisado  que  el reconocimiento, sea en fila de personas o fotográfico, no se  constituye   en  una  prueba  autónoma  o  independiente,  por  cuanto  es  una  prolongación  del testimonio, al tener legalmente previstos los requisitos para  su  práctica:  presencia de seis o más personas con características similares  a  la  persona  que  haya  de  ser  reconocida,  previo  juramento  del testigo,  señalamiento,  presencia  del  defensor  del  proceso  en  el  primer  caso,  o  exhibición  de  seis  fotografías, asistencia del defensor y del representante  del  Ministerio  Público  en  el  segundo  caso,  según las previsiones de los  artículos  303  y  304  de la Ley 600 de 2000, es posible en sede casacional su  impugnación  a  través  de la violación indirecta de la ley sustancial con la  postulación  de  un error de derecho por falso juicio de legalidad precisamente  por  su irregular práctica, yerro limitado a tal acto sin que necesariamente se  afecte la prueba que le sirve de contenido.   

Por lo tanto, si el defensor insistía en la  ocurrencia  de  irregularidades  en  el proceso formativo de los reconocimientos  fotográficos,  debió  optar por el falso juicio de legalidad, identificando el  vicio que impedía valorarlos y su incidencia en la decisión.   

Pero,  además de lo anterior, el demandante  parte  de  la  premisa  falsa  relacionada  con  que  el  Tribunal  desechó  un  reconocimiento  fotográfico  y  se  apoyó en el otro para edificar el fallo de  condena,  por  cuanto  es  claro que el juzgador se apartó de ambos actos dadas  sus   irregularidades   formativas,   sólo   que  al  mantener  coherencia  los  testimonios,  uno  de los cuales estaba apoyada por un reconocimiento en fila de  personas  que  si contó con las formalidad legales exigidas, confirmó el fallo  la decisión de primer grado.   

Por último, se advierte que el casacionista  tampoco   formula   la   proposición   jurídica  relacionada  con  las  normas  sustantivas  infringidas  al  incluir  los  preceptos  que consagran los delitos  contra  los  bienes  jurídicos  de  la  vida, patrimonio económico y seguridad  pública  por los cuales se condenó al enjuiciado, cita que se constituye en el  referente   y  determinante  obligado  para  realizar  una  adecuada  y  lógica  demostración del vicio de juicio que se postula.   

Así  mismo,  respecto  de  su  pretensión,  contrario  a  abogar por una sentencia absolutoria, solicita invalidar el fallo,  —petición  propia  de  la  causal    basada    en    la   nulidad—,   y  deja  a  la  Corte la liberalidad de emitir el fallo que  corresponda,  lo  que  no  se  compadece  con  el  carácter  rogado del recurso  extraordinario.   

Es  claro que el  recurrente  basa  su  disentimiento  en  la  forma como se le dio crédito a las  pruebas  incriminantes  de  los  dos  testigos que al  presenciar  la  ocurrencia  de  los  hechos,  pudieron  describir  a  los  autores de los mismos, discrepancia  huérfana  de  la  demostración de yerros de valoración probatoria,   que  se  constituye  en  una  simple  postura  alegacional sin aptitud de desvirtuar la doble presunción de acierto y  veracidad que ampara al fallo   

En  consecuencia,  el  reparo  no puede ser  admitido,  en  cuanto  su  postulación  y desarrollo comportan falencias que no  corresponde  enmendar  a la Sala en virtud del principio de limitación que rige  esta  impugnación  extraordinaria,  de  conformidad  con  lo  establecido en el  artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

Finalmente, es oportuno resaltar que la Sala  no  observa  con  ocasión  del  trámite  procesal  o  en  el  fallo  impugnado  violación  de  derechos  o garantías del enjuiciado CAMPO HERNÁNDEZ como para  que  se  hiciera  necesario  el  ejercicio  de la facultad legal oficiosa que le  asiste  a  fin de asegurar su protección en los términos del artículo 216 del  Código de Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

NO           ADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor  de  ÁLVARO ENRIQUE CAMPO  HERNÁNDEZ, de acuerdo con las razones anteriores.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

       Notifíquese     y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Comisión de servicio  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                      MARÍA              DEL             ROSARIO             GONZALÉZ             DE  L.                 

AUGUSTO   IBÁNEZ   GUZMÁN                               JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                           JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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