28256(10-10-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28256  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado en acta N° 193  

Bogotá.  D. C., diez (10) de octubre de dos  mil siete (2007).   

V I S T O S  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  DIEGO    JAVIER    URIBE   CASTELLANOS,  contra la sentencia de segunda instancia proferida el  9  de  mayo de 2007 por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá D.  C.,  que  confirmó  la  dictada  por  el  Juzgado 42 Penal del Circuito de esta  capital,  a través de la cual lo condenó a la pena de 60 meses de prisión y a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo  término, y le negó la suspensión condicional de la  pena  y  la  prisión  en  el lugar de su residencia, como autor responsable del  delito  de  hurto  calificado y agravado en concurso con el de porte de armas de  fuego y municiones.   

H E C H O S  

El ad quem hizo la siguiente síntesis de los  mismos:   

“Aproximadamente  a  la  1  y  30 de la tarde de 29 de octubre de 2006, WILSON MESA MUÑOZ y DIEGO  JAVIER  URIBE CASTELLANOS ingresaron al almacén Paris Saint Germany de la calle  13  número  28-25  de  Bogotá,  con arma de fuego intimidaron a la propietaria  ROCIO  GONZÁLEZ  SANTANA,  su  esposo, sus dos menores hijas y varias personas,  los  encerraron  en  el  baño  y  se  llevaron  mercancía,  $180.000  y  otros  objetos.   

Emprendieron  la  fuga  y debido a voces de  auxilio  de  vecinos  del  sector,  fue capturado WILSON MESA MUÑOZ después de  interceptado  en  la  calle  10  con  carrera  27 el vehículo que conducía, se  encontró  en su poder 16 vestidos sastres, un teléfono celular y $150.000 y en  la  calle 11 con carrera 29 fue aprehendido DIEGO JAVIER URIBE CASTELLANOS quien  portaba un revólver.”   

A C T U A C I Ó N   P R O C E S A  L   

El  30 de octubre de 2006, se verificó ante  el  Juzgado  59  Penal  Municipal  de Bogotá D. C., con funciones de control de  garantías,  la  audiencia  preliminar en la cual se legalizó la captura de los  indiciados,  la  incautación  de elementos con fines de comiso, se les formuló  la  imputación  por  el  delito  de hurto calificado y agravado en concurso con  tráfico,  fabricación o porte de armas (artículos 239, 240.2 y 4, 241.10 y 11  y  365  de la ley 599 de 2000), a la cual se allanaron libre y concientemente, y  se  les impuso medida de aseguramiento de detención preventiva intramural (fls.  5-7 carpeta anexa).   

El 29 de noviembre de 2006, la Fiscalía 273  Delegada  ante  los  Juzgados  Penales  del  Circuito,  presentó  el escrito de  acusación    con    allanamiento   a   cargos   en   contra   de   DIEGO       JAVIER       URIBE       CASTELLANOS       y  Wilson Mesa  Muñoz,  a  quienes  les  imputó  el  delito  de hurto calificado y agravado en  concurso  con  el  de  tráfico,  fabricación  o  porte  de  armas y municiones  (artículos  239,  240  inciso 2°, 241.10 y 11, y 365 de la ley 599 de 2000) en  audiencia  realizada en el Juzgado 42 Penal del Circuito de conocimiento de esta  capital,  la  cual  culminó el 12 de febrero de 2007, profiriéndose la condena  ya  anunciada  en  su  contra,  que  fue confirmada por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Bogotá  D.  C.,  al  desatar  el  recurso de apelación  interpuesto  por  los  defensores; sentencia que ha sido objeto de la demanda de  casación  presentada  por el nuevo apoderado de URIBE  CASTELLANOS,  que  hoy  ocupa  la  atención  de esta  Sala.   

  L A   D E M A N  D A     

Con único cargo formulado con fundamento en  la  causal primera de casación, señala el demandante que el Tribunal incurrió  en  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  al  omitir la aplicación del  artículo  55.6  de la ley 599 de 2000, lo cual redundó en la determinación de  la  pena  impuesta,  afectando  los  intereses  del sentenciado y negándole los  subrogados penales.   

Advierte,  que  la  señora Rocío González  Santana  recibió  la  suma  de  $1.500.000  a  nombre de las tres víctimas con  antelación  a  la  lectura  de  la  sentencia  de  primera  instancia,  lo cual  corroboraron  el  7 de marzo de 2007, Germán Alfonso Pinto y Clara Inés Cuesta  Cifuentes,  al  señalar  que  habían  celebrado  un  acuerdo  respecto  de  la  indemnización  por  la aludida suma, razón por la cual considera el impugnante  que  no  es  de  recibo  el  argumento  del  ad  quem  mediante  el  cual  negó  “el  beneficio  o  subrogado  penal  que concede la  ley”, por virtud de no ser clara la fecha exacta en  que  se  celebró  aquél  convenio,  pues que no puede suponer que lo fuera con  posterioridad  a  la  sentencia  de  primera  instancia  y, por el contrario, ha  debido   interpretar,   favorablemente,   que   lo   fue  antes,  como  así  se  demostró.   

Solicita, en consecuencia, casar la sentencia  y proferir el fallo de reemplazo que en derecho corresponde.   

C  O N S I D E R A C I O N E S   D  E   L A   C O R T E   

1.-  En  el  nuevo  el sistema procesal, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   Por  lo  mismo,  ha  de  concluirse  que este recurso, concebido como un control  constitucional,  es  consecuencia  natural  de  la  función que ejerce la Corte  Suprema  de  Justicia  como  Tribunal  de  Casación,  según  así lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta,  y, por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De otro lado, es cierto  que   con  el  sistema  procesal  consagrado  en  la  Ley  906  de  2004   se amplió    la    cobertura    para   acceder   a   la  casación, toda vez que hoy  es    susceptible    dicha    impugnación  contra  decisiones  de segunda instancia proferidas en todo tipo  de  delitos, sin importar el quantum de pena, como se imponía   en   legislaciones   pasadas.   Pero  también   lo   es,  como  en  múltiples      oportunidades     esta     Sala  lo   ha  sostenido,  que  la  posibilidad  de  que la  Corte admita una demanda de  casación, se afianza en el  estricto  cumplimiento  de  los  requisitos  formales  establecidos en el inciso  2°        del  artículo     184     del    Código  de  Procedimiento  Penal  o  de la notoria  evidencia  de  la  violación  de   los   derechos   fundamentales,   por   lo   tanto,  es  necesario  que  la  argumentación de los cargos  sea  clara  y  señale  con  exactitud  los  errores  en  que  pudieron  haber incurrido los   juzgadores  de  instancia,               razón  por la  cual   el   reproche   a   la   sentencia   acusada   debe   ser   de   objetiva  comprensión,  dado  que,  así lo exige la naturaleza  y    alcance    de   las   normas   que   rigen   el   recurso   extraordinario.   

De  acuerdo  con lo que  estatuye  la  citada Ley 906,  para   que   la   demanda   sea   admitida   se   requiere   que  el  libelista,  además   de  contar  con  interés,  acredite la  afectación  de  derechos o  garantías  fundamentales,  para   lo   cual   también  deberá   formular   y     desarrollar    los    correspondientes    cargos   y,                  por   supuesto,       demostrar       la       necesidad       de   intervención  de   la     Corte   para    lograr    algunos   de   los   fines   establecidos   para  la  casación,  según  lo  previsto  en el  artículo   180   de  esa  normatividad,  es  decir,  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de   las          garantías     de     los     intervinientes,     la  reparación de los agravios  sufridos  por  éstos   y       la       unificación         de         la        jurisprudencia,   propósitos  que,   como     lo     tiene   dicho   la   jurisprudencia   de   la   Corte,  son  los mismos del proceso  penal,    lo    que    explica    que    las   causales   de  casación    tengan    un    diseño dirigido a lograr esos fines.   

“el  recurso  extraordinario  de  casación  no puede ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y de conducir el debate en sede  extraordinaria,  pero  ellas  no  son un fin en sí mismo para la viabilidad del  recurso,  pues ésta debe determinarse por la manifiesta configuración de uno o  varios   de   los   motivos   normativamente   establecidos   para   lograr   el  desquiciamiento    de    la   decisión   impugnada.   

   

“Claro que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales,  la  coherencia  de los cargos que a su  amparo  pretenda  aducir,  y  la  debida fundamentación fáctica y jurídica de  éstos,  además de la necesidad de acreditar cómo con su estudio se cumplirán  uno     o     varios     de    los    fines    de    la    casación”.1   

Desde esa perspectiva, la Corte bien puede no  seleccionar   las   demandas   formalmente  correctas  cuando  advierta  que  su  pronunciamiento  no  es  imprescindible para los fines de la casación; de igual  manera,  también  puede ocurrir que ante una demanda formalmente incorrecta, la  Corte  vislumbre  la  necesidad  de  decidir  de  fondo  el asunto atendiendo la  preceptiva  del  artículo  184-3  de  la Ley 906 de 2004 y con el propósito de  mantener la intangibilidad de los fines de la casación.   

2.-  Teniendo  en  cuenta  los  anteriores  derroteros,  si  bien es cierto que el libelista, a través de la única censura  fundada  en  la causal primera de casación, plantea la violación directa de la  ley   sustancial   por  falta  de  aplicación   del   artículo  55.6  del   Código   Penal,  que  ha  debido  ser  atendido para efectos de  determinar   la   pena  imponible  –  para  cuya  reducción  acude  al  recurso  extraordinario,  como  también  lo  había  hecho  su antecesora al impugnar la  decisión   de  primera  instancia,  pretensión  que  implica  en  esencia  un  mejoramiento de la situación de su representado de lo  cual   surge  el  interés  jurídico  que  tiene  en  esta  sede  -,     también      lo      es      que      la  argumentación     lógica    y    la    demostración   de   la  inconformidad   no   consulta,  y  menos   respeta,  los  postulados  que  rigen  la casación, específicamente, la causal  invocada.   

En efecto, como lo ha indicado reiteradamente  la  Corte,  cuando  la  censura  se  funda  en los presupuestos de la violación  directa,  se  parte  de  que  la  equivocación  del  sentenciador  surge  de la  selección,  interpretación  y  aplicación  de  la  norma sustancial llamada a  solucionar el conflicto.   

En  esas  condiciones,  resulta claro que el  reproche  debe estar dirigido a evidenciar la equivocada selección de la norma,  o  su  indebida  aplicación  o su errada hermenéutica, motivo por el cual  no  tienen  cabida argumentos tendientes a cuestionar los hechos declarados como  probados   en   la   sentencia   y   la   valoración   dada  a  los  medios  de  convicción.   

Por   lo   mismo,  la  argumentación  del  impugnante   a   través  de  la  cual  pretende  demostrar  el  error  acusado,  necesariamente  debe  estar  sustentado en el ámbito de estricto derecho, en la  medida  en  que  la  equivocación  del  juzgador  radica en la elaboración del  juicio   de   derecho   que   lo  llevó  a  una  declaración  contraria  a  la  legalidad.   

Dentro de tal entendido, es necesario colegir  que  los  hechos  y  las pruebas no son objeto de la discusión argumentativa en  sede  de  casación,  es  decir,  el  censor no puede desconocer los hechos o la  valoración  probatoria  en  la  forma  en  que  los  encontró  demostrados  el  Tribunal,  porque su inconformidad radica exclusivamente en la aplicación de la  ley.   

Ahora  bien, si el casacionista estimaba, en  el  caso concreto, que la errada aplicación del derecho proviene de la falta de  aplicación  del  artículo  55.6  del Código Penal, en virtud de la equivocada  valoración      de      los      medios     de     convicción     –  memoriales  suscritos  por  Rocío  González  Santana,  Clara  Inés Cuesta Cifuentes y Germán Alfonso Pinto -, le  era  imperioso soportar la censura por los lineamientos propios de la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  precisando la clase de error (de hecho o de  derecho)  y  el  falso  juicio  que  lo  determinó  (de  existencia, identidad,  raciocinio,  legalidad  y  convicción),  errores  y  sentidos  que,  como lo ha  indicado  la  jurisprudencia  de la Sala, mantienen vigencia en el nuevo esquema  procesal,  toda  vez  que  se  constituyen  en  los  únicos yerros en que puede  incurrir   el   sentenciador   al   momento   de   apreciar   los  elementos  de  juicio.   

Así,  de  la lectura del libelo se observa  que  el  casacionista  no  respetó  la logicidad de los anteriores parámetros,  toda  vez  que  el  cargo a través del cual reclama la falta de aplicación del  artículo  55.6  del  Código  Penal, demandando “el  beneficio  o  subrogado  penal que concede la ley” a  favor  de  su defendido, se queda en la simple afirmación de su parte, pues, en  manera  alguna  evidencia  que  el sentenciador incurriera en el yerro jurídico  imputado,  amén  de  que no podía acreditarlo, porque, como emerge diáfano de  los  fallos  de primera y segunda instancia, allí los juzgadores dosificaron la  sanción  teniendo  en  cuenta,  como  expresamente  lo  señalaron, entre otras  circunstancias,  precisamente  el  resarcimiento  voluntario  del daño causado,  así fuera parcialmente.   

En  la  decisión  de  primera instancia se  destacó:   

“Advertida  la presencia de una causal de  mayor  punibilidad  (obrar  en coparticipación criminal) sumada la presencia de  circunstancias  de  menor  punibilidad  como  carencia  de  antecedentes penales  atrás  anotada  y  la parcial reparación del daño ocasionado para el caso del  señor  DIEGO  JAVIER  URIBE, hacen que la pena se imponga dentro de los cuartos  medios  de  movilidad  al  tenor  de  lo  normado en el artículo 61 del Código  Penal.”   

Mientras  que  en  la  sentencia de segundo  grado, se dijo en tal sentido:   

“…  se aprecia que esa circunstancia de  menor  punibilidad  de  reparar  voluntariamente el daño aunque no sea en forma  total  fue  tenida  en cuenta por el Juzgado para fijar la pena, al igual que la  agravante  específica  del  artículo 241-10 a la que equivocadamente denominó  de   mayor   punibilidad,   sin   que   el   lapsus   afecte   la   cantidad  de  pena.”   

Es que, debe insistirse, dentro del escenario  propio  de  esta  sede,  el demandante no solo tiene el deber de cumplir con los  lineamientos  que  la  ley  y  la  jurisprudencia han diseñado para el correcto  entendimiento  de los fines del recurso de casación, sino que también recae en  él  la  carga  de demostrar la existencia del yerro que lo llevó a impugnar el  fallo  de  segundo  grado,  aspecto  que necesariamente le impone sujetarse a la  verdad  que  reflejan  tanto  la  actuación  procesal  como  el contenido de la  sentencia  atacada,  es  decir, que efectivamente se generó la irregularidad in  iudicando o in procedendo acusada, según el caso.    

En  esas  condiciones,  el  demandante  no  desarrolla  el cargo ni demuestra que el fallo que se propone en esta sede tiene  por  finalidad la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a éstos o la  unificación  de  la  jurisprudencia,  de acuerdo con el artículo 180 de la Ley  906 de 2004, razón por la cual se inadmitirá la demanda.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión  del  fallo impugnado o dentro de la actuación se violentaron derechos  o   garantías   del  procesado  DIEGO  JAVIER  URIBE  CASTELLANOS,  como para que tal circunstancia imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Acotación  final   

Resulta necesario advertir, que contra esta  decisión  procede el mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, que de acuerdo con lo que la Sala ha  dispuesto          con          antelación2,  sólo  puede  ser promovido  por  el  demandante, por alguno de los Delegados del Ministerio Público para la  Casación  Penal   -siempre  que el recurso no hubiera sido interpuesto por  el  Procurador  Judicial-,  por  el  Magistrado disidente o el Magistrado que no  haya  participado  en  los debates o suscrito la providencia inadmisoria, dentro  de  los  cinco  (5)  días siguientes a su notificación, con el fin de provocar  que la Corte reconsidere lo resuelto.   

La  solicitud de insistencia puede elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la Casación  Penal,  o  ante  uno  de  los  Magistrados que hayan salvado voto en cuanto a la  decisión  mayoritaria de inadmitir la demanda o ante uno de los Magistrados que  no  haya  intervenido  en  la  discusión,  siendo  potestativo  de ellos,   optar     por     someter     el     asunto     a   consideración   de  la  Sala  o  no  presentarlo para su revisión, evento  último  en  que  informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15)  días.   

El  auto a través del cual no se selecciona  la  demanda  de  casación  trae como consecuencia la firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

En  mérito de lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA,    SALA    DE   CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

1.-  INADMITIR la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor  de   DIEGO  JAVIER  URIBE  CASTELLANOS,  por las  razones      expuestas      en      la      anterior      motivación.   

2.- De conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004, es facultad del  demandante elevar petición de insistencia.   

CÓPIESE,  NOTIFÍQUESE         Y        CÚMPLASE   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Cita medica  

                                                                                                     IMPEDIDA   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                               MARÍA    DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                                                                JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                              JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia  del  12  de  diciembre  de  2005.  Rad.  24322.     

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