28135(06-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28135  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

          Magistrado Ponente:   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 162   

Bogotá,     D.C.,     Seis (6) de septiembre de dos mil siete (2007).   

VISTOS  

Resuelve  la  Sala la colisión negativa de  competencias  suscitada entre el Juzgado de   Ejecución   de   Penas   y  Medidas  de  Seguridad  de  Leticia  (Amazonas)   y   el   Juzgado  Primero  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas de  Seguridad    de    Buga  (Valle),  despachos que rehusan a continuar vigilando  el  cumplimiento  de  la  pena impuesta a AUBER VIRGEN  ALDANA,   por   considerar,   respectivamente,   que  no  son  competentes  para  ello.   

ANTECEDENTES   

1. Los acontecimientos que dieron lugar a la  acción  penal  fueron  relatados  de  la  siguiente  manera  en la sentencia de  primera instancia:   

“Mediante  labores  de inteligencia de la  SIJIN  DEAMA,  se  tuvo  conocimiento  que por empresa de carga de razón social  “DEPRISA”,  llegó  una  encomienda caja de cartón, la que era transportada  por  el  señor  AUBER  VIRGEN ALDANA quien la había reclamado minutos antes en  esa oficina.   

Siendo  aproximadamente  las 2:40 horas del  día  14 de diciembre de 2004, a solicitud de la SIJIN, se practicó inspección  judicial  a  la  mencionada  caja,  en  la  que  se  estableció que la caja fue  remitida  desde la ciudad de Tulúa (Valle) por el señor JOSÉ MARÍA CANO, con  destino  a  AUBER  VIRGEN  ALDANA,  la que contenía 4 pares de zapatos, en cuyo  interior  fueron  hallados  36  paquetes  pequeños  envueltos en cinta aislante  color  negro,  que  al  ser destapados se encontró en su interior una sustancia  sólida  color  blanco,  que  al  hacer  la  prueba  preliminar de campo arrojó  positivo   para   cocaína   con   un   peso   neto  de  325  gramos.”   

2.  Definida la situación jurídica, AUBER  VIRGEN  ALDANA  manifestó  su  deseo  de  someterse  a la justicia, aceptó los  cargos  que  le  formuló  la Fiscalía y fue condenado por el Juzgado Penal del  Circuito  de  Leticia, mediante sentencia anticipada del 2 de febrero de 2005, a  la  pena  principal  de  cuarenta  y  ocho  (48)  meses  ocho  (8)  días por el  delito de tráfico de estupefacientes.   

Le fueron negadas la suspensión condicional  de  la  ejecución  de la pena y la prisión domiciliaria; y, sin embargo, se le  suspendió  la  pena debido a estado grave por enfermedad, de conformidad con el  artículo 362 del Código de Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000.   

3.   El   implicado  suscribió  acta  de  compromiso  en  la que se comprometió a “permanecer  en  su residencia bajo las condiciones previstas para el cumplimiento de la pena  que  le  fue impuesta, por lo cual no puede abandonarla sin previa autorización  del      funcionario     competente”.   

Señaló como lugar para vivir la Carrera 24  No.  40-25  Barrio  Príncipe  de  Tuluá (Valle).   

4. La decisión de primera instancia no fue  impugnada,  de  modo  que  cobró  fuerza  ejecutoria  e  inició  la  etapa  de  ejecución  de  la pena impuesta, en cuyo ejercicio se  suscitó     la     presente     colisión.   

ARGUMENTOS   EN   EL  CONFLICTO   

1.  El  Juez  De  Ejecución   de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad  de  Leticia   se    abstuvo   de   avocar   el   conocimiento,   toda  vez que, en su criterio, la vigilancia  del  cumplimiento del fallo corresponde al  funcionario  judicial con jurisdicción  en  Tuluá  (Valle),  porque  en  esta  ciudad  tiene  asiento  la  residencia del implicado, en la cual permanece, bajo el cuidado del  INPEC,  en  virtud  de  la  suspensión  de  la  privación  de  la libertad por  enfermedad grave.   

Con tal convicción, envió el expediente  al  reparto  de los Juzgados  de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Buga  (Valle),   por   ser   dichos  funcionarios  judiciales  en  quienes  radica  la  jurisdicción  sobre  la ciudad de Tuluá.   

2.   Por   su  parte,  el  Juez  Primero  de    Ejecución    de    Penas   y   Medidas   de  Seguridad   de   Buga  (Valle),   a  quien  correspondió  el  asunto  por  reparto,   discrepa   de   los   planteamientos   del   remitente,  tras  afirmar  que  AUBER  VIRGEN ALDANA se encuentra en libertad,  pues  le  fue  suspendido  el cumplimiento de la pena  debido   a  su  estado  de  salud;  de  suerte  que  no está bajo el régimen  penitenciario  y  carcelario,  y aunque permanezca en su casa, durante el tiempo  que  dure la enfermedad, no descuenta la sanción restrictiva de la libertad que  se le impuso.   

Por  ello,  dice,  en  acatamiento  de  lo  dispuesto  en  el Acuerdo No. 054 de la Sala Administrativa del Consejo Superior  de  la  Judicatura,  por  tratarse  de  un  asunto  sin  detenido,  la  función  de  ejecución  de penas  corresponde  al Juez de esta especialidad del lugar donde se dictó la sentencia  de primera instancia, que en este caso es Leticia (Amazonas).   

De ese modo, aceptó la colisión y envió  el    expediente   a   la   Corte   Suprema   de   Justicia   para   que   fuera  dirimida.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA   

1. Corresponde a la Sala de Casación Penal  de  la Corte Suprema de Justicia, como lo estipula el  numeral   4°   del  artículo  75  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  600 de 2000), dirimir los conflictos de competencias  que se susciten entre jueces de diferentes distritos.   

2.   Al  resolver  otros  conflictos  de  competencia   que  involucran  el  tema  de  la  ejecución  de  las  sentencias  ejecutoriadas,  teniendo  en  cuenta  lo indicado por la Sala Administrativa del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura en los acuerdos 54 de 1994, y 548 y 567 de  1999,  relativos  a  la  ejecución  de la sentencia, la Sala de Casación Penal  determinó lo siguiente:   

“3.1 La ejecución de la sentencia atañe  al  Juez de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad, cuya competencia, cuando  el  condenado  se  encuentra privado de la libertad, no depende de la naturaleza  de  la  conducta  punible,  ni del territorio donde se cometió, ni del despacho  judicial  que  dictó  el  fallo,  sino  de un factor personal relativo al lugar  donde se encuentre recluido.”   

“3.2  En  general, la sentencia debe ser  ejecutada  por  el  Juez  de  esta  especialidad,  y cuando en el lugar donde se  encuentra  el  detenido  no exista Juez de Ejecución de Penas, debe conservar o  reasumir  la  competencia  el  Juez  que  dictó  el fallo en primera instancia,  según  lo  dispone  al  parágrafo  transitorio del artículo 79 del Código de  Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000.”   

“3.3  La  competencia  para  continuar  vigilando  el  cumplimiento  de  la  pena  cuando  al  procesado se le concedió  libertad,  es  el  Juez  de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad del mismo  circuito    donde    se    hubiese    proferido    la   sentencia   de   primera  instancia.”   

“3.4  La  competencia  para  continuar  vigilando  el  cumplimiento  de  la  pena  cuando  al  procesado se le concedió  libertad,  radica  en  el  juez que profirió la sentencia de primera instancia,  únicamente  cuando en el mismo circuito no exista Juez de Ejecución de Penas y  Medidas  de Seguridad.” (Auto del 15 de      octubre      de     2002,     radicación     19844).   

3.  De  acuerdo  con  la  reseña  de  lo  acontecido,  el  condenado AUBER VIRGEN ALDANA no se encuentra en libertad, sino  recluido  en  su  casa,  cumpliendo allí la pena que le fue impuesta, porque su  traslado  a  la  prisión  fue  suspendido  debido  a  que padece una enfermedad  coronaria grave.   

Como  fijó  su  lugar de residencia en la  ciudad  de Tulúa (Valle), la vigilancia del cumplimiento de la pena corresponde  al  Juez de Ejecución de Penas y Medias de Seguridad  con   jurisdicción  territorial  en  ese  lugar,  es  decir,  el  Juez  de  esa  especialidad con asiento en la ciudad de Buga (Valle).   

4.  El equívoco del Juez de Ejecución de  Penas   y   Medidas  de  Seguridad  de Buga, se observa en cuanto asimila la suspensión de la privación  de   la   libertad   por   grave   enfermedad,   a   la   libertad  sin condición alguna.   

Tal  postura  es  errada,  toda vez que el  beneficiario  de  la  suspensión  de  la  privación  de  la libertad, no queda  desligado  del  asunto que lo involucra y no puede deambular, ni siquiera por el  municipio  donde  reside, sino que debe permanecer en su casa y solo puede salir  de  ella  por cuestiones de salud, o con permiso de la autoridad competente. Por  ello  presta  caución  y  suscribe  diligencia  de  compromiso  y la vigilancia  concreta  de  su  estadía  corresponde  al  Instituto  Nacional Penitenciario y  Carcelario  INPEC;  y,  en  consecuencia,  el  tiempo  en  que  el  enfermo deba  permanecer   confinado   en   su   casa,   se   computa  como  descuento  de  la  pena.   

En  el  anterior  sentido se pronunció la  Sala  de  Casación Penal, en auto del 29 de enero de  2004    (radicación  17089):   

“2.  Sobre el descuento de pena durante la suspensión de  la detención preventiva por grave enfermedad   

2.1  De conformidad con el numeral 3° del  artículo  407  del  Código  de  Procedimiento  Penal anterior (Decreto 2700 de  1991),  equivalente al numeral 3° del artículo 362 del régimen procesal penal  vigente  (Ley  600  de  2000),  cuando  el  sindicado sufriere grave enfermedad,  previo  dictamen  de  los médicos oficiales, se suspenderá la privación de la  libertad.   

En  estos casos corresponde al funcionario  judicial  determinar  si  el  sindicado  debe  permanecer  en  su  domicilio, en  clínica   u   hospital.   El  beneficiario,  mediante  caución,  garantiza  el  cumplimiento  de  los  siguientes  compromisos: permanecer en el lugar o lugares  indicados,  no cambiar sin previa autorización de domicilio, y presentarse ante  el mismo funcionario cuando fuere requerido.   

(…)  

2.3  Como  se  verá, las obligaciones que  adquiere  el  procesado  cuando  va  a  su  casa en suspensión de la detención  preventiva  por  grave enfermedad, son esencialmente las mismas que asume cuando  se   trata   de   detención   domiciliaria  como  modalidad  de  la  medida  de  aseguramiento  y,  por  ende,  ante  la  restricción  evidente  de  la libertad  física,  en  los  dos casos, el tiempo en que así permanezca, se debe computar  al descuento de la pena privativa de la libertad.   

El artículo 362 del Código Penal, Ley 600  de   2000,  que  contempla  la  suspensión  de  la  detención  preventiva  por  enfermedad   muy  grave,  impone  al  interesado  las  siguientes  obligaciones,  garantizadas mediante el pago de una caución:   

-. Permanecer en su domicilio, en clínica  u hospital   

-.  No cambiar sin previa autorización de  domicilio   

-. Presentarse ante el funcionario judicial  cuando fuere requerido   

-.  Observar  buena  conducta  individual,  familiar y social   

-.  Suscribir  una  acta  donde  asuma los  anteriores    compromisos   y   los   que   señala   el   artículo   368   del  C.P.P.   

El  parágrafo  del artículo 357 ibídem,  indica  que  la detención domiciliaria se concederá bajo las misma condiciones  consagradas  para  la pena sustitutiva de prisión domiciliaria, reglamentada en  el artículo 38 del Código Penal, Ley 599 de 2000.   

Según  la última norma, la ejecución de  la  pena  privativa  de  la  libertad se cumplirá en la residencia o morada del  sentenciado  en  los  eventos  que  ese  precepto  establece, caso en el cual el  beneficiario  garantiza  con  el  otorgamiento  de  una  caución las siguientes  obligaciones:   

-.  Solicitar  al  funcionario  judicial  autorización para cambiar de residencia.   

-. Observar buena conducta  

-.  Comparecer  ante  la autoridad cuando  fuere requerido   

-.  Reparar  los  daños  causados con el  ilícito   

-. Permitir la entrada a la residencia de  los  encargados  de  vigilar  el  acatamiento  de  la  reclusión:  funcionarios  judiciales y del INPEC.   

-.  Suscribir  la correspondiente acta de  compromiso (art. 368.C.P.P.)   

En los dos casos, el incumplimiento de las  obligaciones  contraídas da lugar a la revocatoria del beneficio  e impone  el retorno a la prisión formal.   

Como   se  observa,  el  procesado  que  permanece  en  su  casa  con  suspensión  de la detención preventiva por grave  enfermedad,  está  en  realidad bajo un régimen especial de restricción de la  libertad  personal, situación que no varía para el enfermo por el hecho de que  la  norma  no  prevea  expresamente  la  vigilancia  por parte del INPEC. De una  parte,  porque   es  el  funcionario  judicial  quien  debe  estar  atento,  controlando  la evolución de la salud del implicado, a través de los exámenes  médicos  periódicos,  con  lo  cual tendrá noticia sobre su permanencia en la  casa  o en el hospital si fuere necesario; y de otra, porque nada obsta para que  si  las  circunstancias  lo  ameritan  requiera  el concurso del INPEC o de otra  autoridad con el mismo fin.   

2.4 El artículo 68 del Código Penal, Ley  599  de 2000, contempla la reclusión domiciliaria u hospitalaria por enfermedad  muy  grave, para los condenados a pena privativa de la libertad, eventualidad en  la  cual  el  beneficiario  debe garantizar bajo caución el cumplimiento de las  mismas    obligaciones    que    adquiere   para   acceder   a   la   detención  domiciliaria.   

Si  ello  es  así,  es  decir,  si  los  condenados  que  padezcan grave enfermedad pueden purgar la pena privativa de la  libertad   en   su  residencia,  sería  un  contrasentido  que  los  sindicados  –de  quienes  aún  se  predica  la  presunción de inocencia- no puedan abonar el tiempo que permanecen  en  su casa, con suspensión de la detención por grave enfermedad, a la condena  privativa de la libertad que llegare a imponérseles.   

(…)  

Así  las  cosas,  se  tomará como parte  cumplida    de    la   pena   de   prisión,   el   tiempo   que   D…            S…            G… permaneció en su casa, por efecto  de  la  suspensión  de  la  detención preventiva.”   

5.   En  el    anterior    orden    de    ideas,  se  declarará  que  en  el presente asunto la competencia para  continuar    controlando    la    ejecución    de    la    pena,   corresponde    al   Juez  Primero  de  Ejecución  de  Penas y  Medidas    de    Seguridad    de   Buga  (Valle),  a  quien  se  enviará  el expediente, por ser dicho  Juez  quien  tiene  jurisdicción funcional y territorial respecto del condenado  que  permanece  en  su  residencia,  localizada  en  la  ciudad  de Tulúa.   

Copia  de  este  auto  será  remitida al  Juzgado  de Ejecución de  Penas   y   Medidas  de  Seguridad  de  Leticia          (Amazonas),  para su conocimiento.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema de Justicia, en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

1.  Declarar  que  la competencia para continuar vigilando el cumplimiento de la  sentencia    condenatoria    contra   UBER   VIRGEN  ALDANA,   radica   en   el   Juzgado   Primero  Ejecución de Penas y Medidas  de    Seguridad    de    Buga   (Valle), Despacho al que se remitirá el expediente.   

2. Enviar   copia   del   presente   auto   al  Juzgado  de  Ejecución  de  Penas y Medidas de  Seguridad   de   Leticia  (Amazonas), para su información.   

3.  Contra el  presente auto no procede recurso alguno.   

Comuníquese y cúmplase  

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                       MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J. IBÁÑEZ GUZMÁN                            JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                           JULIO    ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                     JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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