28117(19-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28117   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 175  

Bogotá, D.C., diecinueve de septiembre de dos  mil siete.   

V    I    S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  las  demandas  de casación presentadas por los defensores de los procesados  NÉSTOR  ORLANDO  SÁNCHEZ PARDO y JEAN RODNY GUTIÉRREZ LOZANO, contra el fallo  de  segunda  instancia  proferido por el Tribunal Superior de Bogota, fechado el  15  de  enero  de  2007,  mediante  el cual confirmó integralmente la sentencia  proferida  por  el  Juzgado  Treinta  y  Seis  Penal del Circuito de esa ciudad,  condenando  a  sus representados legales a  la pena de cuarenta y dos meses  de  prisión y multa en cuantía de veinte mil pesos, en calidad de coautores de  los  delitos  de  falsedad  en  documento  público agravada por el uso y estafa  agravada.  Además,  se  impuso la pena accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas,  por  lapso  igual  a la sanción principal, se ordenó el  pago  solidario  a favor de la víctima, del equivalente a dos salarios mínimos  legales   mensuales,  a  título  de  perjuicios  materiales,  se  negó  a  los  procesados  el  subrogado  de  la suspensión condicional de la ejecución de la  pena,  pero  se  otorgó a éstos el beneficio de la prisión domiciliaria, y se  compulsaron  copias  para  que  se  les  investigue  por  el  delito  de  fraude  procesal.   

LOS HECHOS  

Fueron  narrados  en  la sentencia de primer  grado, del siguiente tenor:   

“Ocurrieron el 2 de junio de 2000 cuando se  protocolizaron  las  escrituras  públicas  números 074 y 075 en la Notaría 62  del  círculo de Bogotá, las cuales hacen referencia a la venta de dos lotes de  terreno  correspondientes  a  los  número  2 y 4 de la manzana 11 de la antigua  Hacienda  Techo,  hoy  conocida  como  Lagos de Castilla ubicada en el sector de  Kennedy  en  el  sur  de  la ciudad y para lo cual se utilizó un poder falso el  cual  le  fuera  extendido  al  abogado NÉSTOR ORLANDO SÁNCHEZ PARDO, para que  negociara  tales  lotes,  quien  ciertamente  vendió los inmuebles, uno a JORGE  ENRIQUE  GÓMEZ  BETANCOUR,  (su  tío),  y  el  otro,  a  la señor ILVA IMELDA  GONZÁLEZ  GUERRERO (su esposa); mientras por su parte las titulares lícitas de  los  predios  señoras   BENITA VANEGAS PRIETO, MARÍA DEL CARMEN VANEGAS Y  ANA  SILVIA VENEGAS, denunciaron penalmente tales falsedades sosteniendo que las  firmas  que  reposan  en el poder otorgado al abogado no son las ellas (sic), ni  sus  firmas,  que  además  nunca han comparecido a Notaría alguna a autenticar  sus   firmas   y   que   tampoco   tienen   interés   alguno   en   vender  sus  lotes.”   

DECURSO PROCESAL  

El  1 de septiembre de 2000, se recibió, en  la  fiscalía  seccional  de  Bogotá,  la  denuncia  penal  instaurada  por las  afectadas, propietarias de los inmuebles.   

Con base en ella, el 6 de septiembre de 2000,  la  Fiscalía  Seccional  177,  ordenó apertura de investigación preliminar. A  ésta  se  sumó  la  investigación  previa  que  por hechos conexos similares,  adelantaba la Fiscalía Seccional 99 de Bogotá.   

En  curso  de esa investigación, además de  allegarse  profusa  prueba documental, se recibió declaración jurada a NÉSTOR  ORLANDO SÁNCHEZ PARDO.   

El  30  de  septiembre  de  2002,  se abrió  formalmente  la  investigación,  ordenándose  vincular  mediante indagatoria a  JEAN RODNY GUTIÉRREZ LOZANO.   

El  7  de febrero de 2003, se recepcionó la  indagatoria  de  NÉSTOR  ORLANDO  SÁNCHEZ PARDO. Igual sucedió con GUTIÉRREZ  LOZANO, el 10 de marzo de 2003.   

El 14 de abril de 2003, se ordenó el cierre  de la investigación.   

Acorde  con  ello, el 28 de octubre de 2003,  fue  calificado  el  mérito  de  la  instrucción,  emitiéndose resolución de  acusación  en  contra  de   NÉSTOR  ORLANDO  SÁNCHEZ  PARDO y JEAN RODNY  GUTIÉRREZ  LOZANO,  como  coautores  de  los  delitos  de  falsedad material de  particular   en   documento   público,   agravada   por   el   uso,   y  estafa  agravada.   

Ejecutoriada la resolución de acusación, el  asunto  le  fue  repartido,  para  adelantar  la  etapa  del  juicio, al Juzgado  Veintitrés   Penal   del   Circuito   de   Bogotá,   el  10  de  noviembre  de  2004.   

El 9 de febrero de 2005, se llevó a cabo la  audiencia  preparatoria.  Allí  se decretaron todas las pruebas solicitadas por  la defensa.   

Los  días  19  de  julio,  8  de septiembre  y    30  de  noviembre  de  2005,  tuvo  lugar  la  audiencia  pública  de  juzgamiento.   

El  28  de  mayo  de  2006, fue proferida la  sentencia  de  primer  grado,  a  cargo  del  Juzgado  Treinta  y Seis Penal del  Circuito  de  Bogotá -que para ese efecto fue designado por el Acuerdo 3161 del  15  de  diciembre de 2005, emanado del Consejo Superior de la Judicatura-, en la  cual  se  condenó  a  los  procesados como coautores de los delitos de falsedad  material  de  particular  en  documento  público, agravada por el uso, y estafa  agravada.   

Apelado  el  fallo por los defensores de los  procesados,  finalmente,  el  15 de enero de 2007,  la correspondiente Sala  de  Decisión  del  Tribunal  Superior de Bogotá, confirmó en su integridad la  sentencia impugnada.   

DEMANDA  A  NOMBRE  DE NÉSTOR ORLANDO PARDO  SÁNCHEZ.   

    

1. Cargo primero.     

         Acudiendo  a  la  causal  primera, cuerpo segundo, del  artículo  207  de  la  Ley  600  de 2000, el recurrente acusa a la sentencia de  violar  una  norma  de  derecho  sustancial,  por  vía  indirecta, “por    aplicación    indebida    de   la   norma”,   esto  es,  los  artículos  356  y  22  del  C.P.,  “CUANDO  EL QUE DEBIÓ HABERSE APLICADO FUE EL ART. 7°, NUM. 2°  DEL  C.P.P.”;  también,  se agrega, fueron violados  los artículos 232 y 238 del C. de P.P.   

           En  desarrollo  del  cargo, el demandante advierte que esa violación proviene de un  error    de    hecho    por    falso    juicio    de   identidad,   “porque  el  Honorable  Tribunal  de  Bogotá  omitió valorar la  prueba testimonial y documental, INCURRIENDO EN UNA DISTORSIÓN”.   

      Señala  entonces,  el  impugnante, que el fallador de segundo grado  “…unas  veces  trasmutó,  cercenó y otras veces  distorsionó  por  supresión la prueba, haciendo que el sentido del medio de la  prueba  experimentara  cambios  sustanciales, y que, por virtud de este error se  llegó  a  una  conclusión  probatoria  equivocada que determinó a su vez, una  decisión   ilegal  que  contraría  las  reglas  de  la  persuasión  racional,  derivando  el  desconocimiento de los postulados de la lógica, las reglas de la  experiencia, o los principios de la ciencia…”   

       A  renglón  seguido,  aborda  el  casacionista cada una de las pruebas que estima examinadas  irregularmente  por  el Tribunal, partiendo por significar que la injurada de su  representado  legal,  conforme  con  lo  dispuesto  por  las  normas  de la sana  crítica  y  de  la  lógica, asoma completamente aceptable e incluso ratificada  por  otras  piezas procesales, debiendo concluirse que el procesado obró dentro  de  los postulados de la buena fe y eximentes de culpabilidad,  aunque ello  no  fue  tomado  en  cuenta por los falladores, incurriendo en el error de hecho  que se predica en su contra.   

     A renglón seguido,  se  ocupa  el  impugnante  de  controvertir  las  conclusiones probatorias a las  cuales   llegaron   los   sentenciadores,   anteponiendo   su    particular  interpretación de lo que las pruebas arrojan.   

        A  su  vez, remitiendo al documento de la Notaría 62 del Circulo de Bogotá, en el  cual  se  hace constar que los poderes fueron presentados por el otro procesado,  RODNEY  GUTIÉRREZ,  y  que  éste recibió el pago de los inmuebles, señala el  recurrente  que  el  Tribunal  “ha  incurrido en un  falso  juicio  de identidad por supresión de la prueba, al no valorar la prueba  documental aludida”.   

       Agrega  el  casacionista  que  el  Ad  quem  incurre  en  la  misma  violación –falso   juicio   de   identidad   por  supresión-,   cuando,  al  analizar  el  testimonio  de  Jorge  Enrique  Gómez  Betancour  “..le resta credibilidad dado al vínculo  familiar de este…”.   

       En  similar  sentido,   anota   el   demandante   que   el   Tribunal   incurre  “…en  un  falso  juicio  de existencia por error de hecho en la  equivocada   interpretación   de   la   prueba  y  por  desconocimiento  de  la  misma….”,  respecto  a  lo  declarado  por el otro  procesado,  JEAN RODNEY GUTIÉRREZ LOZANO, quien se dijo directamente negociando  los  lotes  con  los compradores, de lo cual debe concluirse que NÉSTOR ORLANDO  SÁNCHEZ  PARDO,  no  tuvo  responsabilidad  penal  en  los  hechos.     

    

1. Cargo segundo.     

       Con  fundamento  también  en  la causal primera, cuerpo segundo, el  recurrente  asevera  que  se  incurrió en un error de hecho por falso juicio de  identidad,  cuando se negó al procesado el principio In Dubio Pro Reo, dado que  no existe plena prueba para condenar.   

     Dedica su argumentación  el  impugnante,  a  transcribir  un  extracto jurisprudencial de la Corte, en el  cual  se  analiza  el  principio  de  presunción de inocencia, así como normas  puntuales  de  la  Declaración  de  los  Derechos  del Hombre y el Pacto de San  José,  para de allí soportar su particular concepción acerca del In dubio Pro  Reo y su trascendencia.   

            Concluye       el       impugnante,       solicitando       se      “invalide”  la  sentencia impugnada y  en   su   lugar   se  profiera  el  fallo  que  respete  el  principio  de  duda  probatoria.   

          DEMANDA A NOMBRE DE JEAN RODNEY GUTIÉRREZ LOZANO.   

         Un  solo cargo propone el casacionista en contra de la  sentencia  de  segundo  grado,  dentro de la causal primera, cuerpo primero, por  violación   directa   de  la  ley  sustancial,  en  tanto,   se  aplicaron  indebidamente  los  artículos  220  y 222 del Decreto Ley 100 de 1980, en lugar  del artículo 221 ibídem.   

       En aras  de  soportar  la  controversia planteada, el recurrente parte por transcribir el  apartado  del  fallo  del  Tribunal  en  el cual se resuelve la impugnación que  propugna  por definir materializado el delito de falsedad en documento privado y  no   el   punible   de   falsedad   en   documento   público  agravada  por  el  uso.   

        Allí,  el  Ad  quem  refiere  que  la  fuerza  jurídica  del  poder espurio nace de la  autenticación  de  firmas  que  se   hiciera  en  la  notaría,  la  cual,  realizada  por  funcionario  público  en  ejercicio  de  sus  funciones,  se ve  afectada por la falsificación.   

     A renglón seguido,  el   recurrente    define   qué  es  un  documento  público  –manifestación   de  voluntad  de  un  servidor público-. En caso contrario, debe entenderse privado.   

     Así las cosas, si en un  mismo  cuerpo documental intervienen un particular y un servidor público, éste  debe  entenderse  de  carácter mixto, entendiéndose que cada manifestación de  voluntad mantiene su propia naturaleza.   

       Para el caso  concreto,  advierte  el  recurrente,  los  poderes presentados para elaborar las  escrituras  de  compraventa  de  los  inmuebles, comportan una naturaleza mixta,  pues,  en  el  cuerpo  de  ellos  se  consigna  una  manifestación de carácter  privado,  mandato entre particulares, y se certifican las firmas por un servidor  público, Notario 26 de Bogotá.   

             La    falsedad,  agrega,  se  reputa  de  las firmas que signan el poder, vale decir, hacen parte  del  cuerpo  del  documento  privado. Pero igual no ocurre con la autenticación  del  Notario  26,  pues,  nunca se ha controvertido la veracidad de la firma del  funcionario  y los sellos de su oficina, como así lo ratifica el Notario 62 del  círculo de Bogotá, ante quien se presentaron los poderes.   

        En  auxilio  de su tesis trae a colación el impugnante, jurisprudencia de la Corte,  fechada  el 13 de marzo de 1997, en la cual se señala que la certificación del  notario  autenticando  las  firmas  de  un documento privado, no lo convierte en  público,    pero    esa    certificación    si    debe   estimarse   documento  público.   

       Acorde  con  lo  anotado,  manifiesta el demandante que los poderes falsificados fueron creados y  signados  por  particulares, razón por la cual no son aplicables las normas que  tipifican  el delito de falsedad en documento público agravada por el uso, sino  exclusivamente  el  artículo  221  del Decreto Ley 100 de 1980, definitorio del  delito  de  falsedad  en  documento  privado,  el cual, para reputarse perfecto,  requiere del uso efectivo.   

       Consecuentemente  con  lo  anterior,  solicita  el  recurrente  que  se  case la  sentencia   impugnada,  modificando  la  adecuación  típica  del   delito  cometido  en  contra  de la fe pública y readecuando la sanción de conformidad  con ello.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

        DEMANDA   A   NOMBRE   DE   NÉSTOR   ORLANDO  PARDO  SÁNCHEZ.   

            Se ha anotado pacíficamente por la Corte, y ahora se  reitera,  cómo la demanda  de   casación   ha   de   comportar   un  mínimo  rigor  lógico  jurídico  y  argumental,   pues,  no  se  trata  de  hacer   valer  una  especie  de  tercera  instancia  que  sirva  de  escenario  adecuado  a  la  controversia  ya superada  por   los   falladores   de   primero   y   segundo  grados,   en   la  cual  se  pretende  anteponer  el  particular  criterio  o valoración probatoria, a aquel que sirvió de soporte a  la  decisión  de  los  jueces  A  quo y Ad  quem,  entre  otras  razones,  porque  a  esta  sede  arriba  la  decisión   judicial   con  una  doble  connotación  de  acierto  y  legalidad.   

          Se  faculta,   por  ello,  que la dicha presunción sea  quebrada  a  través  de  criterios  claros,  lógicos,  coherentes  y fundados,  derivados   del   compromiso   de   demostrar   la  violación  en  la  cual  incurrió  el  fallador,  suficiente  para echar abajo  el    contenido    de  verdad  de la sentencia, en  el  entendido de que, de no haberse materializado el yerro, otra hubiese sido la  decisión       y  precisamente     así  se   ofrece  trascendente  recurrir al mecanismo extraordinario de impugnación.   

       En  contravía  de lo anotado, la demanda que se analiza representa  un  típico  alegato  libre  en el cual el casacionista, apenas buscando adecuar  formalmente  sus  argumentos,  dice  violaciones  a  lo que apenas representa su  particular  óptica,  desde  luego interesada, de lo que las pruebas arrojan, en  una  fundamentación  confusa,  ambigua y        contradictoria,  de  la  cual  bien  poco  se  puede  extractar  para adelantar el  análisis obligado de hacer en punto de su admisión.   

      Bajo       estas       precisiones,  abordará  la  Corte  cada  uno   de   los cargos de la demanda.   

       1. cargo Primero.   

       Carece  de  entidad lógica significar, como lo hace el demandante,  que  se  materializa  un  error  de hecho por falso juicio de identidad, para, a  renglón  seguido,  alegar  que  lo  sucedido implicó que se dejaran de valorar  algunos  medios  probatorios,  ignorándolos  por completo, pues, si esto fue lo  sucedido,  vale  decir, que el Ad quem no tomó en cuenta medios suasorios   legalmente  aportados  al  expediente,  la  vía  de ataque no lo es el error de  hecho   por   falso   juicio   de   identidad,   sino   por   falso   juicio  de  existencia.   

          Sin  embargo,  ni  uno  ni  otro  se argumentan materializados, dado que el recurrente, en lugar de  definir   -desde  luego,  citando  lo  que  la prueba dice y la forma en que la tomó en cuenta o analizó  el  Tribunal,  para  lo  cual  se  hace  indispensable  transcribir  el apartado  motivacional   concreto-,  qué  fue  lo  tergiversado,  cercenado  o agregado por el fallador –si se dijera enfilada la crítica por  el  camino  del  falso  juicio  de identidad-, o cuál fue el medio suasorio que  dejó  de  examinarse-  en  punto  del  falso  juicio de existencia-, aborda las  pruebas  para  significar  que el Ad quem las valoró erradamente, en cuyo caso,  la  demanda  remite  al  falso  raciocinio, aunque, a pesar de decirse de manera  genérica  que  se  violaron  los  principios  de  la lógica y las reglas de la  experiencia,  nunca se especificó qué dice ese principio o norma  y cómo  se aplica a lo debatido.   

      La  controversia,  entonces,  se  queda en el mero enunciado, dado que el casacionista, finalmente,  asume  que  el  Tribunal sí tomó en cuenta la totalidad de las pruebas, dentro  de  su  perspectiva  objetiva,  pero  busca  el  impugnante  otorgarles un valor  suasorio  diferente,  con  lo  cual  deriva su argumento en un simple alegato de  instancia,  buscando  anteponer  su particular óptica a la del Ad quem, pasando  por  alto,  como ya se dijo, que la sentencia arriba a la Corte prevalida de una  doble  condición  de acierto y legalidad sólo derrumbable con la demostración  de  un  yerro  ostensible,  subsumible  dentro de las  causales  consagradas  en  el  artículo  207 de la Ley 600 de 2000.    

           

          Por  lo  demás,  si se advierte la existencia de un error  de   hecho  por  falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio  de  identidad         o         falso  raciocinio,   corre   obligación   del   impugnante  verificar  cómo  se  halla  inserto  en  la  foliatura  el  medio en cuestión,  registrar   su  contenido  concreto,  advertir,  con  la  transcripción  de  la  sentencia,  la  forma en que fue ignorado,   supuesto,   cercenado,   adicionado,  tergiversado   o   valorado  equivocadamente  por  el  Tribunal   y,  finalmente,  verificar  la  trascendencia del elemento suasorio, introduciéndolo   o  eliminándolo   en  el  campo  general  de pruebas y realizando un nuevo análisis de  ellas en su conjunto.   

        Nada  de    ello   desarrolló   el   impugnante,   quien  además,   contrariando  elementales principios  lógicos   del  cargo,  asevera  que  de  parte  del  Tribunal  se  presentó  un falso juicio de existencia por omisión –lo que implica significar que no se  tomó  en  cuenta  la  prueba,  a pesar de recogerse legalmente en el plenario-,  pero  ello  lo  hace  radicar  en  una  equivocada  interpretación de la prueba  –lo  que  representa  asumir,  ni  más ni menos, que sí se analizó el medio de convicción, dejando  sin valor la primera afirmación-.   

      Finalmente,    cuando    se    tiene  claro,   a   pesar   de   las  manifestaciones  del  casacionista,  que  la controversia gira en torno de  la  forma  como  el fallador evaluó los medios  de  prueba   allegados   a   la   foliatura,   esto   es,  dentro  del  espectro  del  falso  raciocinio,  el  casacionista        obvió       definir  cuál   fue   la  regla  de  la  experiencia,  principio  lógico  o  fundamento  científico   que  no  tuvo en cuenta el Ad quem, única manera que permite  evidenciar  la violación, como ya de forma pacífica  lo       ha       sostenido       la      Sala1,    de    la    siguiente  manera:    

         

“Si  se  denuncia  falso  raciocinio por  desconocimiento  de  los  postulados  de  la sana crítica, se debe indicar qué  dice  de  manera  objetiva  el  medio,  qué  infirió de él el juzgador, cuál  mérito  persuasivo le fue otorgado, señalar cuál postulado de la lógica, ley  de  la  ciencia o máxima de la experiencia fue desconocida, debiéndose indicar  cuál  es  el  aporte científico correcto, la regla de la lógica apropiada, la  máxima  de  la  experiencia  que  debió  tomarse  en consideración y cómo, y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia  del error indicando cuál debe ser la  apreciación  correcta  de la prueba o pruebas que cuestiona, y que habría dado  lugar   a   proferir  un  fallo  sustancialmente   distinto  y  opuesto  al  ameritado”   

        Agréguese,  por último,  que   para   ninguno   de   los   tipos  de  prueba  que  advierte  irregularmente  examinados  el censor,  presentó   éste   el  apartado  o  apartados  del  fallo  que registran la violación, ni se ocupó de  determinar  su  trascendencia,  no  sólo  manifestándolo  sino argumentando al  respecto  después  del  indispensable  análisis  probatorio  conjunto, razones  suficientes,  junto  con las otras específicamente relacionadas en precedencia,  para   inadmitir  el  primer  cargo propuesto por el demandante,  ya que se ha privado a la Corte de conocer cómo en concreto se  objetiva  la  violación propuesta y cuál es su efecto respecto de la sentencia  controvertida.   

            2.     Cargo     Segundo.        

           Muy  poco  tiene  que argumentar la Sala  en lo que toca con éste cargo,   como  quiera  que  el recurrente se limitó a afirmar  escuetamente  que el Tribunal violó el principio In  Dubio  Pro  Reo,  y  seguidamente se ocupó de definir en qué  consiste la  garantía,  con  apoyo  en  jurisprudencia  y  remisión  normativa  a  tratados  internacionales,  pero  nada  hizo  para  demostrar  que,  en efecto, el Ad quem  incurrió en el yerro predicado.   

           Por   elemental  sustracción    de    materia,    entonces,    la    Corte     inadmitirá   el  segundo cargo.   

           En  suma,  la carencia de  fundamentación  adecuada,  la  falta  de  demostración  de trascendencia y los  ostensibles  yerros  de  argumentación lógica, imponen inadmitir la demanda de  casación  presentada  a  nombre  de  NÉSTOR ORLANDO  PARDO  SÁNCHEZ,  habida  cuenta  de  que  no  observa  la  Corte  violación de  garantías   fundamentales   que  implique  abordar  de  oficio  el  examen  del  proceso.   

           DEMANDA   A   NOMBRE   DE   JEAN  RODNY  GUTIÉRREZ  LOZANO.   

        En  principio, podría decirse que lo sustentado por  el  demandante  comporta  fuerza  argumentativa  adecuada, si se miran las norma  típicas  en  juego y lo que de ellas deduce en el único cargo planteado contra  la  demanda,  a  través  de  la  que  dilucida  violación  directa  de  la ley  sustancial  por aplicación indebida de los artículos 220 y 222 del decreto Ley  100  de  1980,  aplicable al caso por ocasión de la fecha en que ocurrieron los  hechos.   

      Sucede,  sin  embargo,  que  la  violación  alegada  parte de una  premisa  mayor equivocada, o cuando menos, sesgada en su  soporte fáctico,  al  amparo  de  lo  cual sí asoma pertinente la cita jusrisprudencial traída a  colación.   

Repárese,   así,   en   que  los  hechos  consignados  en  el  antecedente  jurisprudencial  allegado  por  el recurrente,  fechado  el  13  de  marzo  de  1997, advierten de la expedición de un acta que  consigna  lo  ocurrido  en  una asamblea, la que fue autenticada, en sus firmas,  por  los  partícipes  en  el  acto,  pero después de ocurrido ese acto ante el  notario,  se  modificó en su contenido, agregando un párrafo que no consignaba  el original.   

Allí, dijo la Corte, se presentaba un delito  de  falsedad  en  documento  privado,  ya que la mutación de la realidad operó  exclusivamente  sobre el documento que consigna la voluntad de los particulares,  vale  decir,  el  cuerpo del acta, pero nada de ello ocurrió en lo que toca con  la  manifestación  de  voluntad  del  notario, quien se limitó a certificar un  hecho  totalmente  cierto,  esto es, que los signatarios del acta concurrieron a  autenticar    con    sus    firmas   el   contenido   original   del   documento  privado.   

Ello  dista  bastante de lo que en el asunto  examinado  ocurrió,  pues,  aunque el impugnante se ocupa de manifestar que, en  efecto,  la  firma  y  el  sello  del  notario  son  veraces,  se cuida mucho de  significar  que  esa  firma  y sello certifican un hecho, la concurrencia de las  propietarias  de  los lotes vendidos, a certificar que efectivamente daban poder  al  procesado  NÉSTOR  ORLANDO  PARDO SÁNCHEZ, para que en su nombre enajenase  los  inmuebles,  que  en verdad no ocurrió, en tanto, así como se falsificaron  las  firmas  de las afectadas, para soportar el contenido del documento privado,  se  les  suplantó  ante el notario, quien, en éstas condiciones, certificó un  hecho alejado de la verdad.   

No  es cierto, entonces, como lo consigna la  certificación  del  notario,  que  las  señoras   Benita Vanegas Prieto y  María  del  Carmen  Vanegas, hayan concurrido a su oficina y allí manifestasen  que  las  firmas  que  signan  el  poder son las suyas y también es su interés  otorgar ese mandato.   

En  concreto,  el  formato  que  contiene lo  certificado  por  el  Notario,  textualmente  reseña (folio 10 del cuaderno N°  1):   

“A   la  Notaría  Veintiséis  de  este  Círculo,  cuyo  titular  es  SOFÍA MEDINA DE LÓPEZ VILLA, se presentó BENITA  VANEGAS  PRIETO  –MARÍA  DEL  CARMEN  VANEGAS.  41.372.101  Bta -51.708.518 Bta. y dijo: Que el contenido  del  anterior  documento  es  cierto  y que la firma que en él aparece es de su  puño  y  letra  y  es  la  que  acostumbra  en  todos  sus  actos  públicos  y  privados.”   

En  esas condiciones, incluso si se sigue la  tesis  propuesta  por el impugnante, en cuanto manifiesta que son independientes  las  manifestaciones de voluntad de los particulares y la del servidor público,  o  mejor,  quien cumple esas funciones, significando de contenido mixto el poder  y  su  autenticación, debe concluirse que en el caso concreto sí se falsificó  el  documento  público  –a  más  del  privado,  cabe  agregar-,  y  por  ello  no  erró el Tribunal cuando  condenó  a  los  procesados de conformidad con lo establecido en los artículos  220 y 22 del Decreto Ley 100 de 1980.   

Por lo demás, la actuación del Ad quem, no  contraviene,  sino  que  respeta,  el  apartado  jurisprudencial  citado  por el  casacionista,  en  cuanto  sostiene  la  Corte,  en transcripción de uno de los  párrafos consignados en la demanda:   

“La certificación que el notario consigna  en  el  documento  privado  respecto a que determinadas personas comparecieron y  reconocieron  sus  firmas sí tiene el carácter de documento público, por esta  razón   cuando   la  falsedad  recae  sobre  dicha  certificación  las  normas  aplicables  son las que se refieren a esa clase de documentos según sea el caso  concreto.”   

Sobre  el  punto,  una  vez clarificados los  hechos,  la  discusión no radica  en definir si se falsificó el documento  público  o no, sino en el tipo de falsedad ejecutada, ideológica o material y,  en    consecuencia,    la    clase    de    autoría    que   se   pregona   del  particular.   

Al  efecto, la sala, examinando precisamente  lo   consignado   en   el   Decreto   Ley   100   de   1980,  anotó2:   

“Si  el procesado no concurrió al acto de  expedición  de  la  cédula  de ciudadanía ecuatoriana que figura a su nombre,  donde  se  consignaron  datos  que no corresponden a la realidad como la fecha y  lugar  de  nacimiento,  haciéndose  figurar  el  15  de  mayo  de  1950  en  la  municipalidad  de  Tulcán-Carchi,  cuando  en  realidad  tuvo  ocurrencia en la  ciudad  de Bogotá el 15 de mayo de 1942, y hacer aparecer una firma como la del  cedulado  que  debió  confeccionar otra persona, es una situación fáctica que  bien  puede subsumirse en los tipos penales de falsedad ideológica en documento  público  (artículo  219  del  decreto  100  de  1980)  o  falsedad material de  particular   en  documento  público  (artículo  220  idem),  según  sean  las  circunstancias  en  que se obtuvo el documento, y en el presente caso bien optó  el  fallador  por  la  segunda modalidad atendiendo la confesión vertida por el  procesado  en  el  sentido  de  haberle  encomendado  a  un  particular, Vicente  Andrade, la consecución del documento falso.    

“En este orden de ideas, la fundamentación  del  cargo  no  se  compadece  con  la situación fáctica realmente acontecida,  actitud  que  desvía  al  demandante del camino procesal inicialmente escogido,  pues  ya  su  discrepancia  con  el fallo no se circunscribe a un mero juicio de  relevancia  jurídica  de la conducta, como corresponde en estricto sentido a la  violación  directa  de  la ley sustancial, sino que se aproxima a la mediación  de   una   distinta   valoración   de   los   hechos   y  las  pruebas  de  los  mismos.   

             (………)   

“Lo  anterior no obsta para señalar que  la  discusión  suscitada    en  vigencia  del  anterior Código Penal  respecto  del tipo penal aplicable al caso del particular que induce a engaño a  un  servidor  público para que éste, en ejercicio de sus funciones, elabore un  documento  público,  siempre  giró  alrededor de si se trababa de una falsedad  material  de  particular en documento público o, una  falsedad ideológica  cometida  también  por  particular al utilizarse como autor mediato al servidor  público,  discusión  que  quedó  zanjada con la entrada en vigencia de la Ley  599  de  2000 (Nuevo Código Penal), en cuyo artículo 288 se tipifica el delito  de    obtención    de    documento    público   falso,   en   los   siguientes  términos:   

“El  que para obtener documento público  que  pueda  servir  de  prueba,  induzca  en  error  a  un servidor público, en  ejercicio  de  sus  funciones,  haciéndole consignar una manifestación falsa o  callar  total  o  parcialmente  la  verdad, incurrirá en prisión de tres (3) a  seis (6) años”.   

   

“En las explicaciones de esta iniciativa  por  parte  del  ponente en el Senado de la República se dijo: “Se sanciona a  la  persona  que induce en error a un servidor público para la obtención de un  documento  público; de esta forma se pone fin a la discusión de si se trata de  una  falsedad material cometida por un particular sobre documento público, o de  una  falsedad  ideológica  cometida  también por particular al utilizarse como  autor  mediato  al  servidor  público”  (Gaceta del Congreso No. 280, página  48).   

“Tal aspecto ya había sido destacado en la  exposición  de  motivos  del  nuevo  Código  Penal,  que sobre las variaciones  introducidas    al   capítulo   referido   a   la   falsedad   de   documentos,  dijo:   

“El  capítulo  referido a la falsedad                 en                 documentos    fue   objeto   de  variaciones  significativas,  con  las  que  se  busca  darle mayor claridad a las normas que  describen  los comportamientos típicos. Se varió el orden como consecuencia de  la   fusión,  creación   y  eliminación  de  algunos  artículos.  Así,  respecto  a  la  falsedad  material   en   documento   público  ,se  incluyó  como  agravante aquella cometida por servidor público  en  ejercicio  de sus funciones, quedando recogida en una sola norma la falsedad  que se comete materialmente sobre ésta clase de documentos.   

“El artículo  279  sanciona a la persona que induce en error  a  un  servidor  público  para  la  obtención  de un documento público; de ésta  forma  se  zanja  con  la  discusión  acerca  de  sí  se trata de una falsedad  material  cometida  por  el  particular, o de una ideológica al utilizarse como  autor mediato al servidor público, etc…”   

“Así las cosas, tiene razón el Procurador  cuando  destaca  que  frente a la nueva normatividad sí es pertinente decir que  el  legislador  erigió  en  comportamiento típico autónomo una conducta que a  luz  de  las  normas generales hubiera podido calificarse como una de las formas  de  autoría  mediata  por la vía de generar o aprovechar el error del ejecutor  material de la falsedad”.   

En  suma,  a  pesar de tenerse claro que las  propietarias  de los inmuebles no comparecieron a la Notaría 26 del círculo de  Bogotá,  a estampar sus firmas y que, desde luego, la certificación de que las  plasmadas  son  las suyas y con ello se avienen a otorgar el poder para la venta  de  los  inmuebles, no obedece a la realidad, el recurrente pasó por alto éste  hecho   evidente   e   incontrastable  para  fundamentar  así  su  controversia  casacional,  con  lo  cual  incumplió una regla básica  del recurso,  en  tratándose  de  la causal primera, cuerpo primero, referida a la violación  directa de la ley.   

      

Al efecto, dentro de las varias exigencias de  fundamentación  establecidas  respecto  del  cargo  en  mención,  ha  dicho la  Corte3:   

“2.2. Abstenerse de reprochar la prueba, es  decir,  le  compete  aceptar  la  apreciación   que  de  ella  ha hecho el  fallador  y  conformarse  de  manera  absoluta con la declaración de los hechos  vertida por éste.   

2.3. Realizar un estudio puramente jurídico  de la sentencia”.   

            Para  que  no quepa duda acerca de la posición de los  falladores  sobre el punto, en el resumen que de los hechos se hace –el  fallo  de segundo grado transcribe  lo  consignado  por el A quo en su sentencia sobre el particular-, finalmente se  anota:   

“….Las titulares lícitas de los predios  señoras  BENITA VANEGAS PRIETO, MARÍA DEL CARMEN VANEGAS y ANA SILVIA VAENGAS,  denunciaron  penalmente  tales falsedades sosteniendo que las firmas que reposan  en   el  poder  otorgado  al  abogado  no  son  las  de  ellas,  ni  sus  firmas  (sic),  que además nunca han comparecido a notaría  alguna  a  autenticar  sus  firmas y que tampoco tienen  interés   alguno   de   vender  sus  lotes”  (las  negrillas no corresponden al original)    

          Por  lo demás, la  jurisprudencia  citada por el casacionista, lejos de soportar su crítica, apoya  lo  decidido por las instancias, en punto de la materialización de un delito de  falsedad material de particular en documento público.   

             No    demostró  adecuadamente  el  recurrente, entonces, la existencia de un yerro trascendente,  razón   suficiente   para   que,  ante  la  inobservancia  de  algún  tipo  de  irregularidad  que  demande  de  la intervención oficiosa de la Corte, a fin de  proteger        garantías       fundamentales,       se       inadmita       su  demanda.         

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR         la    demanda    de   casación   presentada   por   los         defensores   de  los  procesados  NÉSTOR   ORLANDO   PARDO   SÁNCHEZ    y    JEAN   RODNY   GUTIÉRREZ  LOZANO.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ         MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO   IBÁÑEZ  GUZMÁN         JORGE LUIS  QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS             JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA          JAVIER DE  JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencia del 26 de junio de 2002, Radicado 11451   

2  Sentencia del 16 de octubre de 2002, radicado 16247   

3 Auto  del 30 de noviembre de 1999, radicado 14.535     

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