28114(06-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28114   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 162.  

Bogotá  D.C.,  septiembre seis (6) de dos mil siete (2007)   

VISTOS  

Procede  la Sala a constatar el cumplimiento  de  los  requisitos  lógicos  y  de  adecuada  argumentación  de la demanda de  casación   presentada   por   el   defensor   de  la  incriminada  JAKELINE  GONZÁLEZ LEÓN, contra el fallo  de  segundo  grado  dictado  por el Tribunal Superior de Bogotá el 3 de mayo de  2007,  mediante  el  cual  la  condenó  como  autora penalmente responsable del  delito  de  defraudación  a  los derechos patrimoniales de autor, decisión que  revocó  la  sentencia  dictada  el 26 de febrero de 2007 por el Juzgado Segundo  Penal  del Circuito de la misma ciudad, que la había absuelto de los cargos por  la referida conducta punible.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Aproximadamente a las cuatro de la tarde del  3  de  abril  de  2006,  en la calle 66 A sur con carrera 17 G del Barrio Lucero  Bajo   de   Bogotá,  miembros  de  la  Policía  aprehendieron  a  JAKELINE  GONZÁLEZ cuando comercializaba  en  la  vía  pública  24  películas en formato DVD y 14 discos compactos que,  luego  de  practicar el respectivo experticio técnico, se estableció carecían  de originalidad.   

En audiencia realizada el 4 de abril de 2006,  el  Juzgado  Treinta  y  Cuatro  Penal  Municipal  con  Función  de  Control de  Garantías  de  Bogotá  declaró legal la captura en flagrancia de JAKELINE  GONZÁLEZ  LEÓN,  así como la  incautación  de  las películas y los discos compactos. La Fiscalía le imputó  la  comisión del delito de defraudación a los derechos patrimoniales de autor,  la cual no aceptó.   

La Fiscalía presentó escrito de acusación  el  4  de  mayo  de  2006,  por  el  mismo  delito que sustentó la audiencia de  formulación de imputación.   

El  juicio  oral  se adelantó en el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Conocimiento de Bogotá, despacho que una vez  surtido  el  trámite  señalado  en la ley, profirió fallo, a través del cual  absolvió  a  la  procesada  de los cargos por los que se la acusó, providencia  que  al ser impugnada por la Fiscalía, fue revocada por el Tribunal Superior de  Bogotá  mediante  sentencia  del  3  de mayo de 2007, condenando a JAKELINE   GONZÁLEZ   LEÓN  a  la  pena  principal  de  dieciséis  (16)  meses  de  prisión,  multa  de  13.33 salarios  mínimos  legales  mensuales  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de la sanción  privativa  de  la libertad, como autora penalmente responsable del delito objeto  de acusación.   

En  la  misma  decisión le fue concedida la  suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

          Contra  el  fallo  del ad quem  el  defensor  de  la  procesada  interpuso  recurso de casación y  allegó oportunamente la correspondiente demanda.   

LA DEMANDA  

El recurrente postula dos censuras contra el  fallo  del  Tribunal.  El primero, por violación indirecta de los artículos 29  de  la  Carta  Política  y  7º, 12 y 27, 181-3 y 381 de la Ley 906 de 2004. El  segundo,  por  violación  indirecta  de los artículos 7º, 12, 27, 181-3, 381,  437 y 438 de la misma legislación procedimental.   

A  fin  de obviar repeticiones innecesarias,  por  razones  de metodología se resumirán de manera independiente las censuras  presentadas  por  el  casacionista,  para luego examinar si en su postulación y  desarrollo  cumplen  o  no con los requisitos exigidos para acceder a este medio  impugnaticio extraordinario.   

PARA RESOLVER SE CONSIDERA:  

A partir de la entrada en vigencia de la Ley  906  de  2004 ha puntualizado la Sala, que si bien al regular el instituto de la  casación  no  distingue  entre  recurso  por  el  sendero  ordinario  y  por el  excepcional,  en  cuanto  fue  eliminada  la  exigencia  del quantum de pena del  delito  por  el que se procede para acceder a tal impugnación, lo cierto es que  corresponde  al  demandante  acreditar  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  lo cual le impone contar con interés para impugnar, señalar la  causal,  desarrollar  los cargos de sustentación del recurso y demostrar que es  necesario  el  fallo  de casación para cumplir alguno de los fines establecidos  por  el  legislador  en  su  artículo  180, esto es, la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los    agravios    sufridos    por    éstos    y    la   unificación   de   la  jurisprudencia.   

          El  artículo 184 de la citada ley dispone la inadmisión del libelo  casacional  cuando  el  demandante carezca de interés, no señale la causal, no  desarrolle  adecuadamente los cargos de sustentación o en aquellos casos en que  se  advierta  que  no  es  necesario  el  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades del recurso.   

Ahora, en el estudio sobre las exigencias de  admisibilidad  de las demandas de casación, es del resorte de la Sala verificar  que  los  recurrentes  formulen  sus reproches con sujeción a los requisitos de  lógica  y  adecuada  argumentación definidos por el legislador y desarrollados  por  la jurisprudencia, a fin de que este recurso extraordinario no se convierta  en  una  tercera  instancia.  Tales  exigencias se orientan a conseguir que los libelos se enmarquen dentro de  unos  mínimos  lógicos  y de coherencia en la postulación y desarrollo de los  cargos  propuestos,  de  manera  que  resulten inteligibles en cuanto precisos y  claros,  dado  que  no  corresponde  a  la  Sala en su función reglada de orden  constitucional   y  legal,  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

Efectuadas   las  anteriores  precisiones,  acomete  la  Sala  el  anunciado  estudio  sobre  los  cargos  formulados por el  defensor   de  JAKELINE  GONZÁLEZ  LEÓN.   

1.            Primer cargo: Violación indirecta de los  artículos  29  de  la Carta Política y 7º, 12 y 27, 181-3 y 381 de la Ley 906  de 2004.   

          El  impugnante  aduce que el Tribunal incurrió en un error de hecho  derivado  de  falso  juicio  de  identidad,  pues al valorar los testimonios del  patrullero   Héctor   Germán  Ramírez,  así  como  del  perito  del  Cuerpo  Técnico  de Investigación  Fernando   Augusto   Trujillo   Becerra,  les  hace  producir  efectos que no establecen sus declaraciones,  dado  que  no  son  coincidentes  ni  armónicos,  sino contradictorios, como lo  reconoció  el  a  quo en el  fallo absolutorio.   

          Agrega  que en el interrogatorio formulado por la defensa, el perito  no   pudo   “afirmar   concretamente  que  hubiera  analizado  el  contenido  del material de la caja que se le puso a disposición,  ni   su   funcionamiento,   ni   a   qué  autores  o  intérpretes  o  títulos  correspondían  esos  compactos,  ni  confrontó  el  material  debitado  con el  indubitado,  solo  se  limitó a decir que eran burdas imitaciones que carecían  de calidad y de originalidad”.   

          Resalta  que  el  patrullero “afirmó en  su  declaración  que  el  material  incautado fue el mismo que embaló y puso a  disposición  de  la autoridad, fue de 24 películas en FORMATO VCD y no DVD, lo  que  nos  conduce  a  colegir  que  o  el material fue cambiado, o no se hizo la  experticia  como  se  debió hacer”, o que la caja no  fue abierta para efectuar el examen de su contenido.   

          De  lo  anterior  concluye  que  existen  serias  dudas  que impiden  sustentar  un fallo condenatorio, amén de que se violó el Pacto de Nueva York,  la  Convención  de  San  José  de  Costa  Rica,  los artículos 29 de la Carta  Política, 7º, 12, 27, 181-3 y 381 de la Ley 906 de 2004.   

          Con  base  en  los  argumentos  expuestos, el defensor solicita a la  Sala  casar  el fallo impugnado, para en su lugar proferir sentencia absolutoria  a favor de su representada.   

          Consideraciones de la Sala   

En  atención a que el demandante postula la  presencia  de  un  error  de  hecho  derivado de falso juicio de identidad en el  fallo  del Tribunal, pertinente resulta señalar que tal especie de yerro ocurre  cuando  el  juzgador  se equivoca al apreciar la prueba, dado que, obrando en el  proceso,  al apreciarla distorsiona su contenido cercenándola, adicionándola o  tergiversándola.   

En  tal  caso,  debe  el impugnante señalar  mediante  el  cotejo objetivo de lo dicho en el medio probatorio y lo asumido en  el  fallo,  qué  aparte  fue  omitido  o  añadido a la prueba, qué efectos se  produjeron  a  partir  de  ello y, lo más importante, cuál es la trascendencia  del  yerro en la declaración de justicia contenida en la parte resolutiva de la  sentencia  atacada,  tópico  que  no  puede  ser  demostrado con la exposición  subjetiva  del  criterio  del actor acerca del valor que corresponde al medio de  prueba   que  estima  tergiversado,  pues  menester  resulta  que  materialmente  acredite  que  el  error  condujo  a  la falta de aplicación o a la aplicación  indebida  de  la ley sustancial en el fallo, esto es, que corregido el yerro, la  prueba  debidamente valorada en conjunto con las demás modifica sustancialmente  el  sentido  de la decisión reprochada, labor que no emprendió el casacionista  en este asunto.   

En  efecto,  observa  la  Sala  que  en  la  demostración  del  reproche  el actor alude a la valoración de los testimonios  del  patrullero  Héctor Germán Ramírez,  así  como  del  perito  del  Cuerpo  Técnico  de investigación  Fernando   Augusto   Trujillo   Becerra,  planteamiento que debía proponer invocando la presencia de error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  el  cual  tiene lugar cuando las pruebas son  tenidas  en  cuenta,  pero  en  su  valoración  los funcionarios quebrantan las  reglas  de la sana crítica, esto es, los principios de la lógica, las leyes de  la ciencia y las máximas de la experiencia.   

Naturalmente,  en  tratándose  del referido  error   el  casacionista  debe  establecer  qué  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió  de  él  en  la sentencia atacada, cuál fue el  mérito   persuasivo   otorgado,   determinar   el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta, identificar la  norma   de   derecho   sustancial   que   indirectamente   resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia  del error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la adecuada apreciación de aquella  prueba,  con  la indeclinable obligación de acreditar que la enmienda del yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable a los intereses de su  representado, proceder que tampoco acometió.   

          Entonces,  es  claro que el defensor confunde dos especies de error,  el  falso juicio de identidad que es de índole objetiva y contemplativa, con el  falso  raciocinio  que  es  de carácter valorativo y apreciativo, circunstancia  que  le  impide  desarrollar en debida forma la demostración de su reparo y que  se  sustrae  de  la  obligación  de  presentar  “de  manera   precisa  y  concisa  [señalando]    las    causales   invocadas   y   sus   fundamentos”,   según   lo  ordena  el  artículo  183  de  la  Ley  906  de  2004.   

Ahora,  dado que la pretensión del defensor  se  orienta  a  reclamar la configuración de duda razonable, era imprescindible  que  señalara  la vía de su impugnación, esto es, si se trataba de violación  directa  o indirecta. Si postulaba la primera, le correspondía demostrar que el  fallador  reconoció  en  las  consideraciones  de  la  providencia  atacada  la  existencia   de   dudas   trascendentes   de  imposible  eliminación  sobre  la  materialidad  de  la conducta o la responsabilidad del procesado y, pese a ello,  profirió  sentencia  de  condena  con  exclusión  evidente  de la disposición  normativa  que contiene el principio, cuando le correspondía en consonancia con  su exposición absolver.   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio de legalidad, acreditar su trascendencia y señalar su corrección  e injerencia en la sentencia impugnada, labor que tampoco realizó.   

          Por  el  contrario,  el  censor  únicamente  procede  a  plasmar su  criterio  personal  y llega a afirmar sin demostración alguna que existen dudas  que  imposibilitaban  un  fallo  de  condena  en  contra  de su patrocinada, sin  adentrarse  a  especificar,  como  es  su  obligación,  qué aspectos no fueron  debidamente   dilucidados  y  probados  en  la  actuación  y  dan  lugar  a  la  conformación  de  dudas  trascendentes  sobre la materialidad del ilícito o la  responsabilidad de la incriminada.   

          Para  concluir  baste  resaltar,  que  el  defensor invoca de manera  genérica  la  violación  del Pacto de Nueva York y la Convención de San José  de  Costa  Rica  sin  explicar  su aserto, razón adicional para advertir serias  inconsistencias  lógicas y argumentativas en el cargo analizado, que imponen su  inadmisión.   

2.            Segundo  cargo:  Violación indirecta de  los  artículos  7º,  12,  27,  181-3,  381,  437  y  438  de  la  Ley  906  de  2004.   

En esta censura el recurrente plantea que el  ad  quem  incurrió  en  un  error   de   hecho   por   falso   juicio  de  identidad,  pues  “al  admitir  el  testimonio  del  investigador  HUGO  FERNEY TRIANA  cuando (sic) le dio el valor  de   prueba   directa,  fundando  en  ella  la  sentencia  condenatoria,  cuando  (sic)  su testimonio no fue  más  que  una prueba de referencia, que no tenía la capacidad de desvirtuar la  presunción  de  inocencia,  por  lo que al darle el valor que la ley no le da a  ese   testimonio,   dejó  de  aplicar  el  artículo  381  de  la  Ley  906  de  2004”.   

          Añade  que  si  el mencionado investigador efectuó consultas a fin  de  establecer  que  la  procesada  no  contaba  con  autorización de las casas  productoras  para  comercializar  los  bienes  que  le  fueron  decomisados, era  necesario  exhibir  los  resultados  de  tales  consultas  en el juicio a fin de  garantizar su contradicción.   

Finalmente manifiesta que en la actuación no  obran  pruebas  que  por  lo  menos  sugieran  cuáles  son los titulares de los  derechos  de  autor  que  se  dice  fueron  defraudados y que, el testimonio del  investigador  Ferney  Triana  sólo  constituye  una  referencia  de  cuanto  averiguó,  pero  no  cuenta con  soportes  que  permitan  valorarlo,  motivo  por  el  cual,  si  los testimonios  analizados  en  el  cargo anterior “habían sembrado  dudas  en  el  fallador  de  instancia,  el  Tribunal  con  esa  sola  prueba de  referencia  no  podía condenar, por expresa prohibición del artículo 381 inc.  2º  de  la  Ley 906 de 2004”, con mayor razón si no  se  presentaban  las circunstancias para su admisión excepcional de conformidad  con  los  artículos  437  y  438  ejusdem.   

Con apoyo en los planteamientos expuestos, el  censor  solicita  la casación de la sentencia atacada, con el propósito de que  la Sala profiera la que en derecho corresponda.   

          Consideraciones de la Sala   

En  esta ocasión, nuevamente el actor omite  sujetarse  a  las  reglas que rigen la postulación y acreditación del error de  hecho  por falso juicio de identidad que fueron señaladas al examinar el primer  cargo,  pues  orienta  su  labor a criticar que el Tribunal hubiera ponderado el  testimonio    del    investigador    Hugo    Ferney  Triana,  pese  a  que  sólo  tenía  la condición de  prueba  de  referencia y con  base  en  él,  hubiera  proferido  fallo  de  condena en contra de JAKELINE  GONZÁLEZ, planteamiento con el  cual  ingresa  en  el  discurrir propio del error de derecho por falso juicio de  convicción.   

          En  efecto,  tal  error  se  configura  cuando  se  niega  al  medio  demostrativo  el  valor  que  la  ley  le ha conferido o se le otorga un mérito  diferente  al  atribuido legalmente. Por tanto, dado que en el estatuto procesal  penal  no  se  conserva  el  método  tarifario  de  apreciación probatoria, su  ocurrencia  es  excepcional,  por  ejemplo, respecto de los informes de policía  judicial  de que trata el artículo 314 de la Ley 600 de 2000 (que no pueden ser  tenidos     como    indicios    o    testimonios)1   o   con   relación  a  las  pruebas  de referencia a las  que  alude  el  inciso  2º  del  artículo  381  de la Ley 906 de 2004 (que son  insuficientes  en ausencia de otros medios probatorios para fundamentar un fallo  de condena).   

En  tratándose  del  mencionado  yerro  de  derecho,  correspondía  al  actor  demostrar,  de  una parte, que los medios de  convicción  en los cuales se soportó la sentencia atacada tienen la condición  de  pruebas de referencia y,  de   otra,   que   fue  “exclusivamente”  con  base  en  ellas  que  se edificó la cuestionada decisión  condenatoria  (Inciso 2º del artículo 381 de la Ley 906 de 2004), al punto que  con   su   marginación,   las  conclusiones  del  fallo  condenatorio  resultan  sustancialmente diversas y favorables a su representada.   

Precisado lo anterior, advierte la Sala que,  además  de invocar equivocadamente el falso juicio de identidad que corresponde  a  una  especie  de error de hecho, el casacionista no cumple con sus deberes de  acreditación   encaminados  a  señalar  que  el  testimonio  del  investigador  Hugo  Ferney Triana tiene la  condición   de   prueba  de  referencia,  amén  de que olvida que también el fallo de condena se soportó  en  las  declaraciones  del patrullero Héctor Germán  Ramírez,  quien  aprehendió  a  la  procesada cuando  comercializaba  24  DVD  y  14 CD en la vía pública, y del perito Fernando   Augusto   Trujillo   Becerra,  razones  adicionales  para  concluir que el reproche adolece de serias falencias  en su argumentación, las cuales determinan su inadmisión.   

Habida  cuenta  que  el libelo casacional no  corresponde  a  un  alegato  de  libre confección, su presentación con base en  meras  apreciaciones  personales  indemostradas  del impugnante y sin atenerse a  alguna  de  las  reglas  lógicas y argumentativas que lo gobiernan, comporta el  desconocimiento  de  la  dual  presunción  de  acierto  y  legalidad  del fallo  atacado.   

         En  consecuencia,  encuentra la Sala que  si   el   recurrente  no  sujetó  su demanda a las exigencias dispuestas  para     postular    y    demostrar    los  reproches  que  presenta  contra  el  fallo de segundo grado y, en virtud del principio de limitación que  rige  el  trámite  casacional  la Corte no se encuentra facultada para enmendar  las  falencias  de  aquella, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004 la se  impone  de plano la inadmisión del libelo.   

          Para   concluir   es   necesario   señalar  que  no  se  observa  con  ocasión  de la sentencia  impugnada     o     dentro     del    curso       de       la       actuación       procesal, violación de derechos o garantías de  JAKELINE  GONZÁLEZ  LEÓN,  como  para  que  tal circunstancia impusiera superar los defectos de  la  demanda  para  decidir  de  fondo,  según  lo  dispone  el  inciso  3º  del   artículo  184 de la Ley 906 de  2004.   

          Precisión final   

          Dado  que contra la decisión de inadmitir la demanda presentada por  la   defensa   procede  el  mecanismo  de  insistencia  de  conformidad  con  lo  establecido  en el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, es oportuno precisar que  como  dicha  legislación  no regula el trámite a seguir para que se aplique el  referido  instituto  procesal,  la  Sala  ha  definido las reglas que habrán de  cumplirse       para       su       aplicación2, como sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –  siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –, el Magistrado disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en  los  debates  o  suscrito  la  providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve la admisión del libelo.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  el  libelo  casacional  presentado  por  el defensor de la  procesada   JAKELINE   GONZÁLEZ   LEÓN, por las razones expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Salvamento de voto  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

                   Salvamento de voto   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

            Salvamento   de  voto   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS               JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA              JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

        Salvamento de voto   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  En  este  sentido  providencias  del 7 de septiembre de 2006. Rad. 22152 y del 10 de  noviembre de 2004. Rad. 20429   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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