28006(31-10-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28006  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado   acta   N°  215   

Bogotá, D. C., primero (1°) de noviembre de  dos mil siete (2007).   

V    I   S   T   O  S   

Corresponde  a  la Corte conceptuar sobre la  solicitud   de   extradición   del    ciudadano   colombiano  HERNÁN  LOAIZA  QUINTERO,  elevada por el  Gobierno de los Estados Unidos de América.   

L  A     S O L I C I T U D   

1.     Mediante    oficio   número  OFI07-19105-DIJ-0100  del  18  de julio de 2007, el Ministerio del Interior y de  Justicia  comunicó  a  esta  Sala  de  la  Corte que el Gobierno de los Estados  Unidos  de  América,  por  conducto  de su Embajada en Colombia y mediante Nota  Verbal  número  1930 del 12 de junio del citado año, solicitó en extradición  al     ciudadano     colombiano    Hernán    Loaiza  Quintero,  capturado  el  14  de  mayo  de  2007,  en  cumplimiento  de  la  resolución  expedida  en  la misma fecha por la Fiscalía  General de la Nación.   

2.  La normatividad que rige al presente  trámite  es  la  contemplada  en  el  Libro  V,  Capítulo  II  del  Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  906 de 2004), en la  medida que no existe en el  momento  convenio  aplicable que regule el  asunto, como así lo conceptuó  la  Jefe  de  la  Oficina  de  Asesoría  Jurídica del Ministerio de Relaciones  Exteriores,   según   oficio   número   OAJ.E.   1308   del  12  de  junio  de  2007.   

3.  Los acontecimientos fácticos objeto  de  la  investigación e imputación del cargo formulado en su contra, motivo de  la  solicitud  de  extradición,  fueron  sintetizados en la Nota Verbal número  1930 del 12 de junio de 2007 de la siguiente manera:   

“La  investigación  ha  revelado que entre el 2003 y el 14  de  marzo  de  2007,  Oscar  Augusto García-Buitrago,  Hernán  Alonso  Alzate-Torres, Mauricio Antonio Jiménez-Martínez, John Dignar  Arango-Oviedo,   Hernán  Loaiza-Quintero,  John  Jairo  Orozco,  Lucas  Jiménez  Britton-Espinosa,  William  Eduardo  Trujillo-Esteban y Luis Arley Gómez-Trujillo participaron en un delito  de  concierto  para distribuir heroína fuera de los Estados Unidos e intentaron  importar  dicha  heroína  a  los Estados Unidos. La organización, dirigida por  García-Buitrago,  obtenía  la  heroína  en Colombia y luego empleaba a varios  ‘correos’  para  llevarla  de contrabando a los  Estados Unidos.   

“Un  testigo que  coopera     en     el     caso     (‘CWI’)   ha  informado   a   agentes   que   él/ella   fue   reclutado   (a)   por  Fernando  García-Buitrago  (el hermano de Oscar Augusto García-Buitrago) en el 2005 para  llevar  heroína  de  contrabando  desde la Isla de san Andrés, Colombia, hasta  México,    en    donde    él/ella   la   entregaría   a   otro   ‘correo’  para  importarla  finalmente  a  los  Estados  Unidos. Luego de que CWI aceptó llevar de contrabando los narcóticos,  él/ella  fue presentado (a) a García-Buitrago, quien según entendía CWI, era  el  propietario  de  la  heroína  que  CWI  iba a transportar. CWI también fue  presentado  a Orozco, quien hacía los arreglos para despachar la heroína desde  la  Isla  de  San Andrés, Colombia, a Little Corn Island, Nicaragua.   

“CWI ha explicado  y  descrito  los  métodos  de  García-Buitrago para importar la heroína a los  Estados  Unidos desde Colombia. Según CWI, la heroína es llevada desde la zona  continental  de  Colombia  a  la  Isla  de  San  Andrés,  Colombia, en donde es  recibida  por  Orozco y Britton-Espinosa. Desde allí, Orozco y Britton-Espinosa  coordinan     el    despacho    de    la    heroína    (y    el    ‘correo’)        vía       ‘lancha       rápida’  a  Little  Corn Islan, Nicaragua, en  donde   es   recibida  por  la  co-acusada  Briggette  Elizabeth  Danields-Wong.  Danields-Wong   luego   hace   los  arreglos  para  enviar  la  heroína  (y  el  ‘correo’)  a la zona continental de Nicaragua,  desde  donde el correo puede entonces transportar la heroína al norte hasta los  Estados Unidos.   

“La descripción  de   CWI  sobre  cómo  opera  la  organización  de  García-Buitrago  ha  sido  confirmada  mediante  una  investigación  conjunta  adelantada  por la DEA y la  Policía   Nacional   de   Colombia  (‘CNP’).  Dicha  investigación  ha  sido sustentada por múltiples interceptaciones telefónicas  realizadas  legalmente  por  la CNP con orden judicial entre diciembre de 2005 y  la fecha.   

“En junio de 2005,  CWI  fue  detenido (a) en Nicaragua en posesión de aproximadamente 4 kilogramos  de  heroína. CWI le dijo a los investigadores que esa heroína era de propiedad  de García-Buitrago.   

“El 4 de octubre  de  2006,  la  co-acusada Ana Claribel Soto-Castro fue detenida en el aeropuerto  de  Boca  Chica, República Dominicana, en posesión de 8 kilogramos de heroína  escondidos  dentro  de un fondo falso de su maleta. Oficiales de las fuerzas del  orden  tanto en Colombia como en los Estados Unidos tenían información de esta  heroína  antes  de  que  fuera incautada. La investigación de la organización  García  Buitrago  ha  demostrado  que  Jiménez-Martínez,  Trujillo-Esteban  y  Gómez-Trujillo  estuvieron igualmente involucrados en el intento de importar la  heroína  que  iba  a  llevar Soto-Castro a los Estados Unidos. El testigo de la  DEA   (‘CW2’),  que  coopera en el caso, estaba en  estrecho  contacto con José Mendoza-Balcázar, el ciudadano mexicano que era el  que  recibiría  el  despacho  de heroína, durante este lapso de tiempo. CW2 ha  confirmado  que el 31 de agosto de 2006, hubo una reunión en Mexicali, México,  y   que  Mendoza-Balcázar,  Jiménez-Martínez,  y  otro  individuo  estuvieron  presentes.   El   objetivo   de   la   reunión  era  el  de  hablar  sobre  que  Mendoza-Balcázar  cogería  de  nuevo el contrato de transportar la heroína de  García-Buitrago  (es  decir,  el  contrato  para  transportar la heroína desde  México  hasta Nueva York). De hecho, parece que García-Buitrago le permitió a  Mendoza-Balcázar  transportar  su  heroína,  pues  interceptaciones realizadas  legalmente  mostraron  que  la heroína que llevaba Soto-Castro en el momento de  su  detención  iba  destinada a Mendoza-Balcázar. Trujillo-Esteban, el cuñado  de   Jiménez-Martínez,   funcionaba   como   coordinador  de  logística  para  Jiménez-Martínez.   El   5   de   septiembre   de   2006,  Trujillo-Esteban  y  Jiménez-Martínez  fueron  interceptados  legalmente  por la CNP hablando sobre  que      tenían      dinero      listo       para      la     ‘negrita’,  o  sea  Soto-Castro,  cuando  ella  llegara.  Aproximadamente  a  las  7:57  p.m.  del  5  de  septiembre  de  2006,  Trujillo-Esteban  recibió  una llamada de Gómez-Trujillo, y Gómez Trujillo le  suministro  un  número  telefónico  a  Trujillo-Esteban, que los agentes saben                      que   le   pertenece   a  ‘Licenciada’.  Con  base en las interceptaciones colombianas, los agentes saben que el papel de  Licenciada  es  el  de  recibir  los  ‘correos’  en  Caracas,   Venezuela,   suministrarles   la   heroína,   y  enviarlos  más  al  norte.   

“Hubo muchas otras  llamadas  que  fueron  interceptadas  legalmente en todo el mes de septiembre de  2006  entre Trujillo-Esteban, Jiménez-Martínez, y Arango-Oviedo donde hablaban  de  este cargamento que estaba pendiente. Oficiales de la CNP que realizaron las  interceptaciones   para   adelantar   la   investigación,   describen    a  Arango-Oviedo  como  la  mano  derecha  de Jiménez-Martínez, que transmite las  instrucciones       de      Jiménez-Martínez      a      los      ‘correos’   y   a   otros   miembros   de   la  organización de menor rango.   

“…”.  

“Las  investigaciones    también    han   confirmado   el   papel   de   Loaiza-Quintero  en  esta  organización  como  responsable  de  reclutar  individuos desde lugares tales como Argentina y  Perú   para   llevar   de   contrabando   los   cargamentos   de   heroína  de  García-Buitrago.  Interceptaciones  telefónicas  realizadas  legalmente en las  cuales  Loaiza-Quintero habla  detalles  sobre  las  operaciones  de contrabando de narcóticos condujeron a la  detención       de       un      ‘correo’  en  Panamá  el  13  de  abril  de  2006, y la incautación  de 3 kilogramos de  heroína  que estaba siendo llevada de contrabando. Las interceptaciones legales  igualmente   confirman  la  participación  de  Loaiza-Quintero  en  el  exitoso  despacho   de   contrabando  de  5  kilogramos  de  heroína  a  New  Jersey  el  26 de abril de 2006. Se cree  que  este  despacho  era  de  propiedad  de  García-Buitrago,  Alzate-Torres  y  Jiménez-Martínez.   

“Todas   las  acciones  adelantadas  por  el  acusado  en  este  caso  fueron  realizadas  con  posterioridad      al      17      de      diciembre     de     1997”.   

4.   La  documentación remitida por el  Gobierno  de  los  Estados  Unidos  de  América  que  sustenta  la solicitud de  extradición  del  ciudadano  colombiano Hernán Loaiza  Quintero, es la siguiente:   

4.1.   Copia  de  la acusación número  07-0658-WQH  del  15  de  marzo  de  2007,  por  medio de la cual el Tribunal de  Distrito  de  los  Estados  Unidos,  Distrito Meridional de California, acusó a  Hernán  Loaiza  Quintero del  siguiente cargo:   

“El  Gran Jurado  acusa:   

“Comenzando  en  2003  y  continuando  hasta  el  14  de marzo de 2007, inclusive, en el Distrito  Meridional   de   California   y   en  otras  partes,  los  acusados  …,  HERNÁN  LOAIZA  QUINTERO, Alias Cacha,  …,  con  conocimiento  de  causa  e intencionalmente  concertaron  entre  sí, con José Mendoza Balcazar, a quien se le acusa en otro  documento,  y  con otras personas tanto conocidas como desconocidas para el Gran  Jurado   para   distribuir  1  kilogramo  y  más  de  heroína,  una  sustancia  [controlada]  de la Tabla I, con la intención de que dicha sustancia controlada  fuera  importada  ilícitamente  a  los  Estados  Unidos  en  violación  a  las  Secciones  959  (a)  (1),  960  y  963 del Título 21 del Código de los Estados  Unidos”.   

4.2.    También   se  allegaron  las  declaraciones  juradas  de  John  Parmley,  Fiscal Federal de los Estados Unidos  para  el Distrito Meridional de California, y de J. Allan Karas, Agente Especial  de  la  Administración  Antinarcóticos de los Estados Unidos (D.E.A.), las que  respaldan   la   acusación   contra  Hernán  Loaiza  Quintero.   

El primero de los nombrados, esto es, Señor  John  Parmley,  incorpora   en   su  declaración  la  descripción  y  vigencia  de  los  tipos  penales  imputados  en el  pliego acusatorio, una  síntesis  de  los  hechos,  de  la  actuación procesal  y  del cargo  atribuido al solicitado en extradición.   

Por  su  parte,  el Agente Especial J. Allan  Karas  relata, de manera pormenorizada, los hechos objeto de juzgamiento ante el  citado  Tribunal  y  la  participación en los mismos por parte del requerido en  extradición,  respecto  de  quien suministra la información necesaria sobre su  identidad.   

4.3.   Así  mismo,  se informó que el  solicitado,   Hernán   Loaiza   Quintero,    “también    conocido   como                ‘Cacha’,   es   ciudadano   de  Colombia,  nacido  el    22    de    octubre    de   1965.   Es   portador    de    la    cédula    colombiana  número   86.002.998”,   y   se   allegó   la       correspondiente       fotografía       de       su  rostro.   

PERÍODO    PROBATORIO   

Mediante  providencia  del  pasado  26  de  septiembre,  la  Sala  no ordenó la práctica de las pruebas solicitadas por la  defensa ni consideró necesario  decretar ninguna de oficio.   

ALEGATO   DEL   PROCURADOR  SEGUNDO   

DELEGADO   PARA  LA  CASACIÓN  PENAL   

El  representante  del  Ministerio Público,  después   de   relacionar   de   manera   pormenorizada  los  hechos,  los  antecedentes,   el  trámite  adelantado,  los  instrumentos  allegados  a  este  diligenciamiento  y de mencionar las normas aplicables al caso, sostiene que, en  lo  relacionado  con  la  validez formal de los documentos, el Estado requirente  aportó,     debidamente     traducidas     y    autenticadas,     la   providencia    acusatoria,    en   la   cual   se   reseña    el    lugar   y   las   fechas   donde   ocurrieron     los    hechos    y    el    delito   imputado,   las  distintas  normas  penales,  las  declaraciones de apoyo a  la   solicitud de extradición y la orden de captura, motivo por el cual se  cumple con este requisito legal.   

En  cuanto  a  la  demostración plena de la  identidad  del  solicitado,  asevera que no existe duda alguna, toda vez que los  datos  suministrados  por las autoridades del país requirente coinciden con los  de  la  persona  que  fue notificada de la resolución expedida por la Fiscalía  General  de la Nación, por medio de la cual se ordenó su captura y que en este  momento    se    encuentra    privada    de    la    libertad   con   fines   de  extradición.   

Dice  que en las Notas Verbales allegadas al  presente  trámite  se  consignaron sus datos personales, es decir, que se trata  de  un  ciudadano  colombiano, nacido el 22 de octubre de 1965 y que es portador  de  la  cédula  de  ciudadanía  número  86.002.998, datos que confirman dicha  identidad,   los   cuales   coinciden   con  los  que  suministró  Hernán  Loaiza  Quintero al momento de su  captura.   

En  lo que tiene que ver con el principio de  la   doble   incriminación,   sostiene  que  el  cargo  imputado  a  Loaiza  Quintero  encuentra  adecuación  típica  en  el  artículo 340, inciso 2°, del Código Penal, modificado por el  artículo  8° de la Ley 733 de 2002 y por el 19 de la Ley 1121 de 2006, el cual  consagra  el delito de concierto para delinquir con el fin de cometer delitos de  tráfico  de  estupefacientes,  cuya  pena  mínima  privativa de la libertad es  superior  a  4 años, aspecto que conlleva a concluir que también se cumple con  esta exigencia legal.   

En   lo   que  respecta   a    la    equivalencia    de    la   providencia   dictada   en   el  país  solicitante,  dice que es otro requisito que  también  se satisface, por cuanto  la  acusación  dictada   en   el   extranjero   contiene   el   cargo   del  cual   se  debe  defender  el  acusado,  sin   olvidar   que   dicha   pieza   se  constituye en presupuesto procesal para la iniciación  de  la etapa de juzgamiento, que culmina con la respectiva sentencia, además de  que  contiene  una relación  detallada  de  los  hechos, con especificación de las circunstancias de tiempo,  modo  y lugar en que ocurrieron y la calificación jurídica de la conducta, con  indicación  de  las  disposiciones  sustanciales  aplicables,  lo  cual permite  colegir  que dicho instrumento procesal guarda correspondencia con la acusación  prevista en nuestro sistema procesal penal.   

En   consecuencia,  estima  el  Procurador  Delegado  que  las  formalidades legales se cumplen cabalmente para que la Corte  proceda  a  emitir  concepto  favorable respecto de la solicitud de extradición  del    ciudadano   colombiano   Hernán   Loaiza  Quintero.   

Por último, con el fin  de      garantizar      los     derechos     fundamentales     del     ciudadano  colombiano  Loaiza  Quintero,   requerido  en  extradición,                el  Procurador  Delegado   sugiere  a  la  Corte  exhorte  al  Gobierno  Nacional   para  que,  en  caso  de  que  se  conceda  la  extradición, se  condicione  la  misma  en  el  sentido  de  que el solicitado no sea juzgado por  hechos  anteriores ni distintos a los que motivan la extradición, ni sometido a  prisión      perpetua,     ni     a     tratos     crueles,     inhumanos     o  degradantes.   

ALEGATO       DE    LA   DEFENSORA   

La  defensora  de  Hernán  Loaiza Quintero, luego de hacer un recuento de  la  actuación procesal, de la documentación allegada por el país requirente y  de  las  normas  sobre  las  cuales  se debe emitir el presente pronunciamiento,  finaliza  solicitándole a la Corte emita el correspondiente concepto ajustado a  derecho,  en  el  cual,  de  ser favorable, se deben hacer los condicionamientos  relativos a los derechos fundamentales de su representado.   

CONCEPTO    DE   LA   CORTE   

El  artículo  502  de  la  Ley 906 de 2004,  normatividad  aplicable  en  este  caso, estatuye que el concepto que emite  la  Sala  debe  estar  centrado  en   establecer  la  validez  formal de la  documentación  presentada,  en la  demostración plena de la identidad del  solicitado,  en  el  principio  de  la   doble   incriminación,   en    la    equivalencia    de   la   providencia   proferida   en   el  extranjero  y, cuando fuere el caso, en  el cumplimiento de lo previsto en los tratados públicos.   

En  esas condiciones, se procederá a emitir  el concepto en los siguientes términos:   

1.   La   validez       formal       de      los      documentos   aportados   

Advierte  la  Sala  que  la  documentación  presentada   como   soporte  de  la  petición  de  extradición  de  Hernán  Loaiza  Quintero, cumple con las  exigencias  legales  contempladas en los Códigos de Procedimiento Penal y Civil  para   tenerla   como   apta   para  fundar  el  concepto  que  debe  emitir  la  Sala.   

En efecto, no hay duda que los documentos se  allegaron   por  vía  diplomática,  habiendo  sido  debidamente  traducidos  y  autenticados,  dentro  de  los  cuales  obran  la copia de la acusación número  07-0658-WQH  del 15 de marzo de 2007, dictada por el Tribunal de Distrito de los  Estados  Unidos,  Distrito  Meridional  de California, la que fue firmada por el  Presidente  del  Gran  Jurado  y  por  la  Fiscal Federal de los Estados Unidos,  señora  Karen  P.  Hewitt,  documento  cuya  autenticidad  de  su contenido fue  certificada  con  la  firma  y  el  sello  pertenecientes al Secretario de dicho  Tribunal.   

A  su  vez,  obran las declaraciones de John  Parmley,  Fiscal  Federal  de  los Estados Unidos para el Distrito Meridional de  California,  y  de  J.  Allan  Karas,  Agente  Especial  de  la  Administración  Antinarcóticos  de  los  Estados  Unidos  (D.E.A.), rendidas, el 27 de junio de  2007,  ante  la  Juez  Magistrada del Distrito Meridional de California, señora  Louisa  S.  Porter,  cuyos  contenidos  y  traducción al español, junto con el  resto  de  la  documentación  que  las  acompaña, fueron certificados, el 3 de  julio  de  dicho  año,  por Thomas C. Black, Director Asociado Temporario de la  Oficina  de  Asuntos Internacionales, División de lo Penal, del Departamento de  Justicia de los Estados Unidos.   

Así  mismo  aparece  que  la documentación  anexa  hace referencia a la orden de captura, a la resolución de acusación y a  las  normas  aplicables  al caso, esto es, Título 18, Sección 3282 (delitos no  conminados  con  la  pena  de  muerte),  y  Título  21, Secciones 812 (lista de  sustancias  controladas),  959  (posesión,  fabricación,  o  distribución  de  sustancias   controladas),   960   (actos  prohibidos)   y   963   (tentativa    y   concierto)   del   Código   de   los  Estados Unidos.   

A  su  vez,  la  firma y el cargo del señor  Thomas  C.  Black  fueron  certificados  por  el  señor  Alberto  R. Gonzáles,  Procurador  de  los  Estados Unidos, quien según su propia afirmación escrita,  ordenó   que   se   estampara   el   sello   del   Departamento   de   Justicia    de   los   Estados   Unidos,   siendo   atestada   la  firma  de  aquél  por  el Director Adjunto de la Oficina de  Asuntos   Internacionales,   División   de  lo  Penal,  y  el  sello  del   Departamento   de   Estado  fue  ordenado por la Secretaria de Estado,  señora  Condoleezza  Rice, de cuyo nombre dio fe el Auxiliar de Autenticaciones  de la misma oficina, señor Patrick O. Hatchett.   

Finalmente,   dichos   documentos   fueron  presentados   para  su  autenticación  ante  el  Cónsul  (E)  de  Colombia  en  Washington  D.  C., señor Carlos Andrés Hurtado Pérez, como así lo constató  y   lo  avaló  la  Oficina  de  Legalizaciones  del  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores,  cumpliéndose  con lo establecido por el artículo 259 del C. de P.  Civil,  modificado  por  el  1°,  numeral  118  del  D.  E.  2282  de  1989 que  dice:   “Los   documentos  públicos  otorgados       en      país      extranjero      por   funcionario       de      éste      o      con      su  intervención,   deberán  presentarse debidamente autenticados por el  cónsul    o    agente    diplomático    de   la   República,   y  en  su  defecto  por  el de   una     nación     amiga,     lo    cual    hace   presumir   que   se   otorgaron  conforme a la ley del respectivo  país.  La firma del cónsul o agente diplomático se abonará por el Ministerio  de  Relaciones Exteriores de Colombia, y si se trata de agentes consulares de un  país  amigo,  se  autenticará  previamente  por  el funcionario competente del  mismo  y  los  de  éste  por el cónsul colombiano”,  disposición  aplicable al caso en virtud del principio de integración previsto  en  los  artículos  23  y  513,  último  inciso,  del Código de Procedimiento  Penal.   

Además,  el Jefe de la Oficina de Asesoría  Jurídica  del  Ministerio de Relaciones Exteriores, mediante oficio OAJ.E. 1308  del  12  de  julio  de  2007  certificó  que  la  documentación del expediente  procedente  de  la  Embajada  de  los Estados Unidos de América, fue presentado  “debidamente         autenticado”.   

Por  lo  tanto,  teniendo  en  cuenta que la  solicitud  de  extradición  de Hernán Loaiza Quintero  se  hizo  por  la  vía  diplomática  y  que  en  la  expedición   y  trámite  de  los  mencionados  documentos,  así  como  en  su  traducción,  se cumplieron todos los ritos formales de legalización prescritos  por  las  normas  de  los  Estados Unidos de América, la Corte los tendrá como  aptos  para  servir  de prueba en este asunto, cumpliéndose así con la primera  exigencia legal.   

2.   La   identificación     plena     del     solicitado    en   extradición   

No  hay  duda que el colombiano Hernán   Loaiza   Quintero,  a  quien  se  refiere  este trámite, es la persona solicitada en extradición por el Gobierno  de los Estados Unidos de América.   

En efecto, de la documentación remitida por  vía  diplomática se colige claramente, como lo destaca el Procurador Delegado,  que  se  trata  de Hernán Loaiza Quintero.  Basta  observar  que  el  número de cédula de ciudadanía   que    suministró    la    Embajada    de    los   Estados   Unidos   de  América,   a  través  de   las    Notas    Verbales    números    1203    y   1930    del    8   de   mayo   y   del  12  de  julio  de  2007,   respectivamente,  concuerda   con   el   que   aparece   en    el    acta    de   notificación   personal   de   la   providencia   por   medio   de  la   cual   se   dispuso   su   captura  y  en  la  diligencia  mediante  la  cual  se  le  comunicó  sus derechos de capturado por  razón de este trámite (86.002.998).   

Igualmente,  todos  los  datos suministrados  coinciden  con  los  que obran en la documentación, es decir, que se identifica  con  la cédula de ciudadanía número 86.002.998 de Granada (Meta) y que nació  en  dicho  municipio  el  22  de  octubre  de  1965,  información que concuerda  integralmente  con  aquella  que  aparece  registrada en la tarjeta decadactilar  expedida  por  la  Registraduría  Nacional  del  Estado  Civil, sin olvidar que  también  se  aportó una fotografía de su rostro, además de que la defensa no  mostró objeción alguna sobre este específico aspecto.   

En esas condiciones, resulta evidente que la  persona      detenida     es     Hernán     Loaiza  Quintero, de nacionalidad colombiana y es el ciudadano  requerido  en  extradición  por  el  Gobierno  de  los  Estados Unidos de   América.   

3.   El   principio  de  la  doble  incriminación   

De  conformidad  con  el  numeral  1°  del  artículo  493  del  Código de Procedimiento Penal, para que la extradición se  pueda  conceder  se  requiere  que  el  hecho  que la motiva esté previsto como  delito  en  Colombia  y reprimido con una sanción privativa de la libertad cuyo  mínimo no sea inferior a cuatro (4) años.   

Teniendo  en  cuenta  la  acusación número  07-0658-WQH  del 15 de marzo de 2007, dictada por el Tribunal de Distrito de los  Estados  Unidos,  Distrito  Meridional de California, se sabe que a Hernán  Loaiza  Quintero  se  le  acusó,  conforme     al    cargo    anteriormente    trascrito,    de    “concertarse”   para   “distribuir” un (1) kilogramos o más de  heroína  con  la  intención  de  importarla  a  los Estados Unidos de América  (único  cargo),  según las normas penales del Estado requirente en precedencia  citadas.    

En  esas  condiciones,  advierte la Sala que  dicho  cargo,  de  acuerdo con los hechos que se imputan y las normas allegadas,  encuentra  adecuación  típica  en  nuestro  sistema  penal en lo reglado en el  artículo  340,  inciso  segundo, del Código Penal, modificado por el artículo  8°  de  la Ley 733 del 29 de enero de 2002 y por el artículo 19 de la Ley 1121  del  29 de diciembre de 2006, que prevé el concierto para delinquir relacionado  con  el  tráfico,  fabricación  o porte de estupefacientes, habida cuenta que,  como  quedó visto, Hernán Loaiza Quintero,     junto     con    otros    y    deliberadamente    conspiró  para  distribuir  sustancia que  contenía una cantidad perceptible de heroína.   

Cabe  agregar  que  el  citado  delito  de  concierto  para  delinquir relacionado  con el tráfico de estupefacientes,  de  acuerdo  con  la  legislación  nacional anteriormente citada, contempla una  pena  privativa  de la libertad que  oscila entre ocho (8) y dieciocho (18)  años de prisión.   

Así las cosas, claro es que se cumple con el  principio de la doble incriminación.   

4.    Equivalencia   de   la   providencia            proferida            en           el   extranjero.   

La  Corte  advierte que no existe dificultad  alguna  para  concluir  que  se  cumple  con  el  requisito  de  la equivalencia  contemplado  en  el  numeral  2° del artículo 493 del Código de Procedimiento  Penal  de  2004,  el cual exige “que por lo menos se  haya    dictado    en    el    exterior   resolución   de   acusación   o   su  equivalente”.   

En   efecto, el Tribunal de Distrito de  los   Estados   Unidos,   Distrito  Meridional  de  California,  “acusó”   a  Hernán   Loaiza  Quintero  por  la  conducta  punible  señalada  en  precedencia,  mediante  acto procesal que en nuestra legislación  equivale  a  la  acusación,  equivalencia  que  emerge  de las  siguientes  similitudes:   

     

a. Es  un  escrito  de acusación en el cual se atribuyen los cargos en  contra de la acusada para que se defienda de ellos en el juicio.     

     

a. Formulada  la  acusación  se inicia el juicio oral que finaliza con  el respectivo fallo de mérito.     

     

a. Se     señalan     los     hechos,    con   especificación     de     las    circunstancias    de   tiempo   modo  y  lugar  en  que  ocurrieron   y    la    calificación    jurídica   de   las  conductas,  con  indicación de las disposiciones sustanciales  aplicables.     

Por  lo tanto, se observa que la acusación  emitida  por  el  tribunal  extranjero  es  equivalente  y tiene la misma fuerza  vinculante  de  la  acusación  propia  de nuestro sistema judicial, pudiéndose  concluir que esta exigencia legal también se satisface.   

ACOTACIÓN    FINAL   

Se  pone  de  presente  al   Gobierno  Nacional  que en caso de concederse la extradición, debe condicionar la entrega  en   el   sentido   de  que  Hernán  Loaiza  Quintero  no  será  juzgado  por  hechos  distintos  a  los que  originaron   la   reclamación,  ni  sometido  a  tratos  crueles,  inhumanos  o  degradantes,  ni  se  le  impondrá  la  pena  capital  o perpetua, al tenor del  artículo 494 del Código de Procedimiento Penal.   

De la misma manera, se exhorta al Gobierno,  encabezado  por  el  señor  Presidente  como  supremo  director de la política  exterior  y  de  las relaciones internacionales, para que efectúe el respectivo  seguimiento  a  los  condicionamientos  que  se  impongan  a la concesión de la  extradición  y  determinar  las consecuencias que se derivarían de su eventual  incumplimiento,  al tenor de lo señalado en el ordinal 2° del artículo 189 de  la Carta Política.   

De  otra  parte,  se  pide  al  ejecutivo  recomiende  al  Estado  requirente que, en caso de condena, tenga en cuenta como  parte  de  la  pena  el tiempo que el solicitado haya podido estar privado de la  libertad con motivo del trámite de extradición.   

En  consecuencia,  como la totalidad de los  requisitos   formales   contemplados   en   el  artículo  502  del  Código  de  Procedimiento   Penal   se  cumplen  satisfactoriamente,  la  Sala  CONCEPTÚA   FAVORABLEMENTE  a  la  solicitud  de  extradición  elevada  por  el Gobierno de los  Estados  Unidos  de  América,  respecto  del  ciudadano  colombiano   HERNÁN  LOAIZA  QUINTERO,  en  cuanto  tiene que ver con el único cargo que le fue imputado  en  la  acusación  número  07-0658-WQH del 15 de marzo de 2007, dictada por el  Tribunal   de   Distrito   de   los   Estados  Unidos,  Distrito  Meridional  de  California.   

Comuníquese   esta   determinación   al  requerido,    Hernán   Loaiza   Quintero,  quien se encuentra recluido en el Establecimiento Penitenciario y  Carcelario  de  Alta  y  Mediana Seguridad de Combita, a su defensora, al Agente  del  Ministerio  Público  y  al  Fiscal General de la Nación, para lo de   su  cargo.   

Devuélvase el expediente al Ministerio del  Interior y de Justicia, para lo de ley.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                              MARÍA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aclaración de voto  

AUGUSTO       J.       IBAÑEZ  GUZMÁN              JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA                                     

JAVIER  ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

                                                                          Secretaria   

ACLARACIÓN  DE  VOTO  

Con el respeto que siempre profeso por las  decisiones  de  la Sala, expongo a continuación los aspectos que, en mi sentir,  deben  incluirse  en  los  conceptos de extradición que emite la Corte frente a  trámites  que involucran ciudadanos colombianos por nacimiento, particularmente  cuando  se  desarrollan  en  ausencia  de  cláusulas  pactadas  en instrumentos  internacionales   de   carácter  bilateral  o  multilateral,  en  la  forma  de  condicionamientos  que  el  Gobierno  Nacional  debería  exigir  al  momento de  acceder  a  la  entrega  de  un  connacional,  además  de  los que se le vienen  sugiriendo de manera común.   

La  posición que he venido sustentando en  Sala  y que no ha tenido acogida, descansa en que la Corte al asumir la función  de  conceptuar,  no  sólo  ha  de tener como guía los parámetros que sobre la  materia  están  fijados  en  el  ordenamiento  procesal penal patrio, sino que,  además,  su misión también debe estar influida por la regla del artículo 2º  de  la  Constitución,  pues  en  cuanto  órgano  máximo  de  la jurisdicción  ordinaria  y,  por tanto, componente esencial en la estructura del Estado Social  de  Derecho,  también  debe  velar  por  la efectividad de los principios   –entre ellos el fundante  de  la  dignidad  humana-,   derechos  y  deberes  consagrados en la Carta;  defender  la  independencia  nacional y proteger a todas las personas residentes  en    Colombia    en   su   vida,   honra,   bienes,   creencias,   derechos   y  libertades.   

En  ese  orden  de  cosas,  estimo  que es  preciso   advertir   en  el  concepto  sobre  la  necesidad  de  plantear  otras  condiciones  a  la  entrega del reclamado, derivadas del hecho de que el acto de  extradición  no  implica  que el extraditado pierda la nacionalidad colombiana,  lo  cual sólo ocurre frente a los presupuestos señalados en el artículo 98 de  la Constitución.   

En tales condiciones, cuando la entrega en  extradición  de  un  nacional  colombiano se tramita y agota, en ausencia de un  convenio   multilateral   o  bilateral  sobre  la  materia,  con  arreglo  a  la  Constitución  y  a  la  ley,  debe tenerse en cuenta que a diferencia de lo que  ocurre  si  se  hubiera adelantado conforme a un instrumento internacional en el  cual  las  partes  acuerdan condiciones que pueden significar la restricción de  ciertos  derechos,  en  virtud  a  la  configuración del Estado colombiano como  social  y  democrático  de derecho, en el cual es base fundamental el respeto a  la  dignidad  humana  (artículo  1º de la Carta), las condiciones que se deben  exigir  al país reclamante tienen que estar ligadas con la observancia allí de  los  derechos  y  garantías  que  cobijarían  al  solicitado de ser juzgado en  Colombia.   

Eso  es  así,  porque  al  acceder  a  la  extradición  de  un colombiano por nacimiento el Estado, a través del Gobierno  Nacional,  renuncia  a la potestad de ejercer su propia jurisdicción, pero no a  la  obligación  de  proteger al extraditado, pues en tanto siga siendo súbdito  de  Colombia, tiene derecho a todas las prerrogativas, garantías y derechos que  emanan  de  la Constitución y la ley, en particular, aquellos que se relacionan  con   su   calidad   de   procesado  y  que  tienen  que  ver  con  la  dignidad  humana.   

Así las cosas, siendo el marco esencial de  la   figura   de  la  extradición  lo  señalado  en  el  artículo  35  de  la  Constitución,  que  fija  un  sistema  de  fuentes1 para que se solicite, conceda  u  ofrezca,  que son los tratados públicos y, en su defecto, la ley, es preciso  comentar  que  como  no hay un instrumento vigente de esa naturaleza que ligue a  Colombia  con Estados Unidos en el tema de extradición, el ámbito para evaluar  la  procedencia  de  una  solicitud,  concesión  u ofrecimiento de extradición  entre los dos países es el Código de Procedimiento Penal.   

Obsérvese   que   los   preceptos   que  desarrollan  la  extradición  tanto en la Ley 600 de 2000 como en la ley 906 de  2004,  además  de  reiterar  las  reglas  constitucionales  (improcedencia  por  delitos  políticos, o la de colombianos por nacimiento por hechos cometidos con  anterioridad     al     17     de     diciembre     de     1997     –artículo   508   y  artículo  490,  respectivamente-);  fijan  el organismo al que le corresponde ofrecer o conceder  la  extradición  de  una persona y las facultades sobre la materia –el   gobierno-,   el   ámbito   de  competencia  de  cada ente gubernamental, y el que le corresponde en el trámite  a   la  Corte;  señalan  requisitos  adicionales  (doble  incriminación,  acto  procesal   mínimo  en  el  exterior  –artículo  510  y artículo 492 ib.-); estructuran la forma como se  desarrolla  el trámite mixto, así como los fundamentos del concepto (artículo  520  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2000 y artículo 502 del Código  Procesal  Penal  de  2004);  determinan cuándo se decide sobre la solicitud, en  qué  momento  se  hace  la  entrega  y regula la orden de prelación en caso de  varias  solicitudes  (artículos  522,  523  y  524, y artículos 504, 505 y 506  ibídem);  consagran el derecho a la defensa y los eventos en que hay lugar a la  libertad  (artículos  529 y 530 de la Ley 600 de 2000 y artículos 510 y 511 de  la Ley 906 de 2004).   

Además, el artículo 512 de la primera de  las  leyes  en  cita  le impone de modo imperativo al gobierno la obligación de  exigir  que  el  solicitado  no vaya a ser juzgado por un hecho anterior diverso  del  que motiva la extradición, ni sometido a sanciones distintas de las que se  le  hubieran  impuesto en la condena, y a que se le conmute la pena de muerte en  caso  de  que  la  legislación del país reclamante la prevea como sanción del  delito  que  motiva  la  solicitud  de  extradición,  circunstancias éstas que  igualmente  se  encuentra  previstas  en  el  artículo 494 del Código Adjetivo  Penal  de  2004, con la inclusión en este último de que tampoco al extraditado  se  le  someta  a  desaparición forzada, torturas ni a tratos ni penas crueles,  inhumanas  o  degradantes,  como  tampoco  a  las  penas  de destierro, prisión  perpetua o confiscación.   

Recuérdese  que  las  condiciones  arriba  señaladas  fueron  extendidas,  con el mismo carácter imperativo, por la Corte  Constitucional a otras situaciones, al señalar que:   

“…no  sólo  habrá  de  entenderse que en caso de que exista en el Estado requirente la pena  de  muerte,  la entrega se hará bajo la condición de la conmutación de ésta,  sino,  también  bajo el entendido de que al extraditado no se le podrá someter  ni  a  torturas,  ni  a tratos o penas crueles, ni a desaparición forzada, ni a  tratamiento   degradante   e  inhumano,  razón  por  la  cual  así  habrá  de  condicionarse  la  constitucionalidad  que  se  declara  del  artículo  550 del  Código de Procedimiento Penal.   

Por otra parte, se observa por la Corte, que  la   Constitución   colombiana,   prohíbe  en  su  artículo  34  ‘las   penas  de  destierro,  prisión  perpetua  y confiscación’,  a  las  cuales,  por  las  mismas  razones  anteriormente  expuestas,  no podrá  someterse  al  extraditado  por  el  país  que  lo  juzgue,  lo que implica que  igualmente   en  ese  sentido  habrá  de  condicionarse  la  exequibilidad  del  artículo     550    del    Código    de    Procedimiento    Penal.”2   

Sin  embargo,  esas  no  son  las  únicas  condiciones  susceptibles  de formularse, pues al fin y al cabo el primer inciso  del  artículo  512  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2000, así como el  primer  inciso  del  artículo  494  de  la  Ley  906  de  2004,  preceptúa que  “El gobierno podrá subordinar el ofrecimiento o la  concesión    de    la    extradición   a   las   condiciones   que   considere  oportunas.”   

Esa  facultad,  debe  señalarse,  no  es  discrecional,  pues  al  momento  de  decidir  sobre  la  entrega de un nacional  colombiano  el  gobierno  está  en  el  deber  de  armonizar  los  criterios de  conveniencia  nacional o de cooperación internacional, con la premisa según la  cual  al  concederse la extradición no se renuncia a la soberanía, sino que se  ejerce3,  y  con  los  derechos  y garantías que están consagrados en la  Constitución  y  en  los instrumentos internacionales sobre derechos humanos en  pro   de   un   justiciable,   así   como   en   protección   de  su  dignidad  humana.   

Así,  con  arreglo  al artículo 29 de la  Carta;  a  los  artículos  9  y  10  de  la  Declaración Universal de Derechos  Humanos,  5-3.6, 7-2.5, 8-1.2(a)(b)(c)(d)(e)(f)(g)(h).3.4.5, 9 de la Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  9-2.3,  10-1.2.3,  14-1.2.3,5, y 15 del Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  el  Gobierno Nacional debe  condicionar  la  entrega de un compatriota, si concede la extradición, a que se  le    respeten    al   extraditado   –como  a  cualquier  otro  nacional en las mismas condiciones- todas  las  garantías  debidas  a  su  condición de justiciable, en particular, a que  tenga  acceso  a  un  proceso  público  sin dilaciones injustificadas, a que se  presuma  su  inocencia, a que cuente con un intérprete, a que tenga un defensor  designado  por  él  o por el Estado, a que se le conceda el tiempo y los medios  adecuados  para  que  prepare la defensa, a presentar pruebas y controvertir las  que  se  aduzcan  en contra, a que su situación de privación de la libertad se  desarrolle  en  condiciones  dignas, a que la eventual pena que se le imponga no  trascienda  de  su persona, a que la sanción pueda ser apelada ante un tribunal  superior,  a que la pena privativa de la libertad tenga la finalidad esencial de  reforma y readaptación social.   

Igualmente, el gobierno debe condicionar la  entrega  a  que el país reclamante, conforme a sus políticas internas sobre la  materia,  le  ofrezca  posibilidades racionales y reales para que el extraditado  pueda  tener  contacto  regular  con sus familiares más cercanos, habida cuenta  que  la  Constitución  de  1991, en su artículo 42, reconoce a la familia como  núcleo  esencial  de la sociedad, garantiza su protección y reconoce su honra,  dignidad  e  intimidad,  lo  cual se refuerza con la protección adicional que a  ese   núcleo  le  otorgan  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos  (artículo  17)  y  el  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles y Políticos  (artículo 23).   

En cumplimiento de su deber de protección  a  las  garantías y derechos del nacional colombiano entregado en extradición,  es  misión  del  Estado,  por medio del ámbito de competencias de los órganos  respectivos,  vigilar  que  en  el  país reclamante se respeten las mencionadas  condiciones  (artículo  9  y 226 de la Carta). Así, en primer orden, a través  del  cuerpo  diplomático,  en concreto, por las diferentes oficinas consulares,  con  apoyo  de  la  Procuraduría  General  de  la  Nación (artículo 277 de la  Constitución)  y  de  la  Defensoría del Pueblo (artículo 282 ibídem), de lo  cual,  además,  habrá  de darse informes periódicos a la Corte, en virtud del  principio  de  colaboración  armónica  entre  los diferentes Poderes Públicos  (artículo  113  de  la  Carta),  con  el  fin  de  que todos los estamentos con  injerencia  en  el  tema  tengan elementos de juicio que les permitan sopesar la  conveniencia    de    privilegiar   jurisdicciones   foráneas   frente   a   la  interna.   

De   esa   manera,   dejo   sentado   mi  criterio.   

Señores Magistrados,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha    ut  supra.   

    

1 Corte  Constitucional, sentencia C-740/00.   

2  Sentencia C-1106/00.   

3 Cfr.  Corte Constitucional, Sentencia C-621/01.     

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