26524(16-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26524  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                       Magistrado Ponente:   

ALFREDO GOMEZ QUINTERO                                       Aprobado      acta  N° 73   

Bogotá     D.    C.,    dieciséis (16) de mayo de dos mil siete (2007)   

VISTOS  

Se  pronuncia la Corte en sede de casación  respecto  de  la  eventual trasgresión de una garantía fundamental  de  los  sentenciados  CARLOS  ALBERTO  PATIÑO,    GERMÁN   AUGUSTO   LONDOÑO   LONDOÑO  y    FRANCISCO   JAVIER  VASQUEZ  TAPIAS   relacionada   con   la   tasación   de  la  pena  accesoria  de  interdicción  de  derechos  e  interdicción de funciones públicas impuesta en  la  sentencia  del  15  de  diciembre  de  2005,  por   medio  de la cual el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Manizales  confirmó  el  fallo del 19 de julio de 2004 proferido  por  el  Juez  Penal del Circuito Especializado de la  misma   ciudad,   que   les   impuso  –entre  otras-  como pena accesoria veinte  años  de  inhabilitación  para   el   ejercicio   de   derechos   y   de  funciones  públicas.   

Los    sentenciados   fueron   hallados  responsables  de  las conductas de homicidio agravado,  secuestro  simple  y porte ilegal de arma de fuego de  defensa personal.   

Impugnaron  en  casación los defensores de  los  sentenciados  CARLOS ALBERTO PATIÑO   y  GERMÁN  AUGUSTO       LONDOÑO      LONDOÑO;   no obstante el segundo desistió  de   la   impugnación  extraordinaria  y  la  Sala  aceptó  el  desistimiento  e inadmitió la demanda que  presentó    el    defensor    del    primero;   sin  embargo  corrió traslado al Ministerio Público  para   que   conceptuara   sobre   la   trasgresión  del principio de legalidad  en  materia  de  la  imposición  de  la  condena de inhabilitación.    (Auto   del   21   de  febrero  de  2007;   Fls.  15  –  26  Cuaderno  de  la  Corte).   

El   señor  Procurador  Primero  Delegado  para  la  Casación  Penal emitió su concepto el  pasado 5 de marzo de 2007 (Fls. 72 – 80).   

         HECHOS   

El   Juez  los  narró  de  la  siguiente  manera:   

“…En  horas  de  la  tarde  del día 23 de  febrero  del año 2001 varios sujetos armados interceptaron en el centro de esta  ciudad  (Manizales)  al Dr. Fernando Arias Taborda, a quién luego de ponérsele  de  presente  por  parte  de  los  captores  que  eran  miembros  de la Policía  Nacional,  lo  obligaron  a  abordar una camioneta para ser trasladado hasta las  instalaciones  del  Comando  de dicha institución, habida consideración que el  Coronel lo requería.   

Como quiera que el propósito antes referido  no  era el indicado por los plagiarios, el Dr. Arias Taborda fue conducido hasta  el  municipio  de  Chinchiná (Caldas) a cuya entrada fue bajado del automotor y  obligado  a  abordar  otro  vehículo,  automóvil  Mazda  323,  en  el cual fue  trasladado   con   rumbo   desconocido.    Días  después  en inmediaciones  del  Municipio antes referido y cerca de la vereda “El Trébol”, fue hallado  enterrado  un  cadáver  que  posteriormente  fue identificado, estableciéndose  plenamente que se trataba del Dr. Arias Taborda”.   

EL     CONCEPTO     DEL    MINISTERIO  PÚBLICO   

El  señor Procurador Primero Delegado para  la   casación  penal  recordó  que  CARLOS  ALBERTO  PATIÑO,    GERMÁN   AUGUSTO   LONDOÑO   LONDOÑO  y    FRANCISCO   JAVIER  VASQUEZ  TAPIAS  fueron  sentenciados  por  el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Manizales, que confirmó el fallo del 19 de  julio  de  2004  proferido  por  el  Juez Penal del Circuito Especializado de la  misma  ciudad,  como coautores de homicidio agravado,  secuestro  simple y porte ilegal de armas, por hechos ocurridos el 23 de febrero  de  2001 (en vigencia del Código Penal de 1980), a la pena principal de treinta  (30)   años   de   prisión,   multa  de  ciento  cincuenta  (150)  s.m.l.m.v.,  y  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  e  interdicción de funciones públicas por veinte (20) años.   

No obstante, recordó que el artículo 52 de  aquel  estatuto disponía que la imposición de la pena de prisión implicaba la  accesoria  de  interdicción de derechos y de funciones públicas por un periodo  igual,  sin  que en todo caso sobrepasara el máximo establecido en el artículo  44   de   aquel   la   legislación   para   la   pena   accesoria  que era de diez (10) años.   

Esa  era la pena que debió imponerse a los  sentenciados;  sin  embargo,  tanto  el  juez  como el Tribunal aplicaron la ley  posterior  (Ley  599  de  2004)  que  es  desfavorable  en  esa materia, pues el  artículo  51  ib., establece unos límites que van de cinco a veinte años para  la condena accesoria.   

Por esa razón, arguye el Procurador que el  juzgador  debió  “cotejar las normas involucradas” y aplicar la mas benigna  que  en  materia  de  pena  de  prisión es la ley posterior, pero en materia de  inhabilitación  es  el  estatuto  derogado.   Esa  es  la  “lex   tertia”  que  en  criterio  del  representante de la Procuraduría debió aplicarse.   

A partir de la consagración constitucional  del  principio de legalidad en los artículos 6, 28 y 29, sostiene el Procurador  Primero  Delegado  que los principios de legalidad de la pena y de favorabilidad  constituyen  una  garantía  para  el  procesado, y que desde esa perspectiva se  debe aplicar la “tercera Ley”.   

En  síntesis,  el Procurador estima que la  nueva    ley   se   aplica   sólo   para   la   pena   principal   –la   prisión-,   mientras  que  en  relación  con  la  pena  accesoria  se  aplica la ley derogada porque es la que  estaba  vigente  al  momento  de  la  comisión  de  las  conductas,  en  cuanto  “una   y   otra   favorecen   los  intereses  del  procesado”  y  en  tal  sentido recomendó casar el  fallo  de manera oficiosa para que se imponga a los tres sentenciados la pena de  inhabilitación  de derechos e interdicción de funciones públicas por término  de diez (10) años.   

        LA CORTE CONSIDERA   

Recordó  con  razón el señor Procurador  Delegado   que   los   hechos  por  los  que  fueron  sentenciados  CARLOS  ALBERTO PATIÑO, GERMÁN AUGUSTO  LONDOÑO       LONDOÑO      y      FRANCISCO  JAVIER  VASQUEZ TAPIAS  sucedieron  el 23 de febrero de  2001  (en  vigencia del Código Penal de 1980), y desde ese punto de vista deben  articularse    –por  favorabilidad-   las   normas  sustantivas  que  regulan  de  forma  benigna  la  imposición de las condenas.   

El   Límite  temporal  de la ley (léase:  ciclo vital de la ley) tiene dos excepciones:   

i) Por virtud de  la  excepción  conocida  como  retroactividad de la  ley  una  norma  posterior  y  favorable  gobierna la  imposición  de  la  condena;   en  este  caso, en relación con la pena de  prisión  es la Ley 599 de 2004 la que contempla unos límites benéficos, luego  su   aplicación   aquí   se   hizo  de  manera  acertada  por  los  jueces  de  instancia.   

ii) Por virtud de  la   excepción   de   ultraactividad   de   la  ley  derogada,  si la norma que regula de manera favorable  la  conducta  es  la  que  estaba vigente al momento de la comisión del delito,  entonces la imposición de la pena la rige la norma derogada.   

En  este  caso  y  en  relación  con  la  interdicción  de  derechos  e  interdicción  de  funciones  públicas la norma  vigente  al momento de la comisión de las conductas punibles es la que favorece  a  los sentenciados, no obstante su derogatoria expresa a partir del 25 de julio  de 2001 por la Ley 599 (cfr. Artículo 476).   

El   fundamento   de  lo  anterior,  como  atinadamente     lo    refirió    Reyes    Echandía,    es    “profundamente  humano”1.   

De manera pues que si a los sentenciados se  les  impuso  una  pena  de  inhabilitación  que  desborda  el límite de la ley  vigente  al  momento  de  la  comisión de las conductas punibles, la Corte debe  modificar  la  pena  impuesta  de  interdicción  de derechos e interdicción de  funciones  públicas  de veinte (20) años, para reducir su monto a diez  (10)  años, pues en verdad ese era  el  límite  máximo  previsto en la ley vigente al momento en que se cometieron  los delitos sentenciados y la ley posterior no los favorece.   

Para  el  23  de  febrero  de  estaban  vigentes los artículos 44 y 52  del  Código  Penal (Decreto Ley 100 de 1980) que contemplan una pena máxima de  interdicción  de diez años, mientras que la inhabilitación prevista en la Ley  599  de 2000 es desfavorable de conformidad con los artículos 51 inc. primero y  52   inciso   tercero   ib,  que  contempla  como  límites  máximo  de  veinte  años.   

Ciertamente,  el  artículo 44 del anterior  código  penal,  modificado  por  la Ley 365 de 1997, estableció como duración  máxima   de  la  pena  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  “hasta    diez    (10)    años”   y  siendo  ésta  la norma vigente para el momento de las conductas  sentenciadas,  a  la  Corte  le  corresponde  casar  el fallo en tal sentido por  virtud   del   principio   de   legalidad   de   la  pena,   y   de   la   excepción   de  ultraactividad  de  la ley derogada en lo  que  respecta  a  la  pena  accesoria,  pues la condena ciertamente atenta  de  manera  ostensible contra las garantías fundamentales  de   los   sentenciados  (Art.  216 de la Ley 600  de 2000).   

De modo que la Sala casará parcialmente y  de   manera   oficiosa   la  sentencia  para  ajustar  la  pena  de  interdicción de derechos y funciones  públicas     impuesta     a     CARLOS    ALBERTO  PATIÑO,   GERMÁN   AUGUSTO   LONDOÑO   LONDOÑO  y   FRANCISCO   JAVIER  VASQUEZ                 TAPIAS,    a    quienes    impondrá  como accesoria la pena de  diez    (10)    años    que    se    contabilizan    de   manera   simultánea  con  la  pena de prisión  que        ya        vienen       descontando2.   

En  mérito  de  lo  dicho  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  en  Sala  de  Casación Penal y  administrando  Justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  Ley,   

        RESUELVE   

1.  CASAR DE  OFICIO  Y  PARCIALMENTE la sentencia del 15  de  diciembre  de  2005 proferida por el Tribunal Superior del  Distrito    Judicial    de    Manizales    en   el   sentido   de   IMPONER       a      CARLOS  ALBERTO PATIÑO, GERMÁN AUGUSTO  LONDOÑO       LONDOÑO      y      FRANCISCO  JAVIER  VASQUEZ TAPIAS  la  pena  de  interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  término  definitivo de diez  (10) años que se contabilizan de  manera  simultánea con la  pena de prisión.   

2.   En lo demás el fallo se mantiene  incólume.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                  ÁLVARO   ORLANDO  PÉREZ PINZÓN   

        Aclaración   de  voto                               

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                  JORGE  LUIS QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                           JULIO    ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                         JAVIER   DE   JESUS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

ACLARACIÓN DE VOTO  

Como lo señalé en la aclaración de voto  al  auto  del  21  de  febrero  de  2007,  aquí  obrante, hoy en día existe la  posibilidad   de   “superar  los  defectos  de  la  demanda”  para  realizar  pronunciamiento de fondo  por  posible  vulneración  a  garantía  fundamental, pues así se prevé en el  artículo  184,  inciso  tercero, de la Ley 906 de 2004, a raíz precisamente de  los   fines   de  la  casación,  cuales  son  “la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de  la jurisprudencia” (artículo 180  ibídem),  para  lo  cual  ha  de tenerse en cuenta la fundamentación que en la  demanda  se haga de los mismos, la posición del impugnante dentro del proceso y  la   índole   de   la   controversia   planteada,   todo   lo   cual   permite,   itero,   superar  los  defectos  de  la  demanda.   

En  lo  que  no  estoy de acuerdo, y es el  objeto  de  la  presente  aclaración  de  voto  al  fallo  emitido dentro de la  presente  actuación, es en que se haya dispuesto el traslado de la actuación a  la  Procuraduría  General  de  la Nación para la emisión de concepto sobre la  posible  vulneración  a  garantía  fundamental del sujeto pasivo de la acción  del  Estado,  ya  que  esto  sólo es procedente cuando la demanda satisface los  requisitos  formales  (artículo  213,  Ley  600  de 200), pues el concepto debe  versar  sobre  los  cargos  admitidos, motivo por el cual al no haberse aceptado  ninguno  resultaba innecesario el traslado, por lo que lo procedente era haberse  pronunciado  inmediatamente  sobre  el punto en la misma providencia inadmisoria  de  la  demanda,  para  de  esta manera dar aplicación al principio de pronta y  cumplida  administración  de justicia, consagrado en el artículo 4º de la Ley  270 de 1996.   

En  torno  a  este  tema, cabe agregar que  cuando  la  Corte  entra  a proferir una sentencia de casación, es porque se ha  observado    el    debido    proceso    propio   del   medio   de   impugnación  extraordinario.   Así,  ha  debido interponerse contra el fallo de segunda  instancia  dentro  del  término  oportuno, el tribunal lo concedió, la demanda  fue  presentada  en  el  término  de traslado para el efecto, se tuvo que haber  corrido,  así  mismo,  el  traslado  para  los  no  recurrentes; de igual modo,  llegada  la  actuación a esta Corporación, se examinó la demanda, se declaró  ajustada  y  ordenó  el  traslado  al  Procurador Delegado para que conceptuara  sobre el mérito de la misma.   

De  esa forma, digo, la Corte regularmente  asume  de  plano la competencia que tiene como Tribunal de casación para emitir  la  sentencia  que  sea  del  caso de acuerdo con los términos planteados en la  demanda.   Por  ministerio  de  la  Ley tal competencia se puede extender a  aspectos  no  tratados  en  la demanda, cuando quiera que encuentre un motivo de  nulidad  o  afectación  a  las  garantías de los sujetos procesales (artículo  216).   

No  han sido pocos los casos en los que la  Corte  se ha visto precisada, después de haberse surtido el comentado trámite,  a  casar  de  oficio  una sentencia de segundo grado al advertir la presencia de  cualquiera  de  esas  eventualidades,  incluso, sin que el agente del Ministerio  Público la hubiera detectado al rendir su concepto.   

Entonces, si así ha procedido, es decir,  si  ha  casado  de  oficio  sin  contar  ni  conocer  la opinión del Procurador  Delegado  sobre  un  aspecto que sólo emergió a ojos de la Corte al momento de  dictar  la  sentencia  de  casación,  no encuentro razón atendible para que al  estudiar  si  la  demanda  de casación reúne los requisitos de admisibilidad y  después  de inadmitirla ante la carencia de tales requisitos, se dé lugar a un  trámite que la ley no prevé.   

En otras palabras, si según el artículo  216  de  la  Ley 600 de 2000 el presupuesto para casar de oficio es que la Corte  perciba  que  la sentencia se profirió dentro de un juicio viciado de nulidad o  porque   la   misma   atenta   de   manera   ostensible  contra  las  garantías  fundamentales,  es  decir,  si ya advirtió la falla al examinar preliminarmente  la  demanda  que  se va a inadmitir, pregunto ¿para qué traslado al Ministerio  Público?   

Creo,  al  contrario,  que  frente  a esa  circunstancia,  el  sentido  del  artículo  en  cita  consiste  en habilitar la  competencia  de  la Corte para que profiera sentencia de oficio por fuera de los  derroteros  de la demanda, bien sea coetáneamente con la inadmisión de ésta o  después  de  agotado el debido trámite casacional si es que el libelo llegó a  ser admitido.   

Por último, debo ser enfático en que el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que la ley le otorga a la Corte para casar  una  sentencia  de  segunda  instancia  si  percibe  alguna  de  las condiciones  señaladas  en  el  artículo  216  de  la  Ley  600 de 2000, no abre paso a una  tercera  instancia, ni se asimila a un ámbito de plena jurisdicción, a modo de  consulta,  como  para  que  pueda estimarse que tiene la gracia de decidir sobre  todos  los  aspectos  fácticos  o jurídicos tratados en el fallo o examinar el  completo andamiaje procesal.   

En tal evento, el legislador estatuyó un  plus  de  protección  a las garantías fundamentales al asignarle a la Corte la  misión  de  reparar  ostensibles  agravios  a  la  estructura del proceso o las  garantías  debidas a los sujetos procesales, por manera que su campo de acción  no  es  ilimitado sino el apenas necesario para introducir el correctivo que sea  del caso.   

En  cuanto  sentencia de casación la que  así  produzca,  desde  luego,  como  cualquier  otra  de  la  misma naturaleza,  también  debe propender por el cumplimiento de los fines que la Constitución y  la  ley  le  asignan a esa sede extraordinaria:  hacer efectivos el derecho  material  y  las  garantías  de  las  personas que intervienen en la actuación  penal,  la  unificación  de  la jurisprudencia nacional y la reparación de los  agravios inferidos a las partes con el fallo.   

No  son  más,  pero  tampoco  menos, los  límites  que  tiene  la  Corte  en  el ejercicio de la atribución que tiene de  casar  de  oficio  la sentencia.  La ineludible e imperativa observancia de  ellos  garantizará  que  la  casación  no  pierda  su  naturaleza de instituto  procesal  extraordinario,  que  se  desarrolla  por  fuera  de  las  instancias,  técnico  y  especializado,  y  que  no  mute  en  simple escenario para revivir  controversias  ya  agotadas  o  para  prolongar, en desmedro de la celeridad que  debe   observar  la  administración  de  justicia,  la  discusión  de  asuntos  resueltos  en  una  sentencia  judicial  que  se  presume acertada y emitida con  arreglo al ordenamiento jurídico.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha   ut  supra.   

    

1REYES  ECHANDÍA,  Alfonso,  DERECHO  PENAL, Parte general, octava  edic.,  Universidad  Externado  de  Colombia,  1981,  páginas 101 y siguientes.   

2Art.  53 de la Ley 599 de 2000     

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