27817(15-08-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27817   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 146  

Bogotá,  D.C.,  quince de agosto de dos mil  siete.   

V    I   S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la demanda de casación presentada por el defensor del procesado JAIR RIVERA  ARENAS,   contra  el  fallo de segunda instancia que profiriera el Tribunal  Superior  de  Armenia,  Quindío,  fechado  el  13  de  diciembre de 2006,   mediante  el  cual revocó la sentencia emitida por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de  esa  ciudad,  y  en  su lugar condenó a su representado legal y a  Azarías  López Osorio, a  la pena de dieciocho (18) meses de prisión, en  calidad  de  coautores del delito de fraude procesal. Además, se impuso la pena  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas, por lapso igual a  la   sanción  privativa  de la libertad, se ordenó la cancelación de los  registros  obtenidos  fraudulentamente,  se  determinó  el  pago,  a título de  perjuicios  materiales,  de  la  suma  de  ochenta y dos millones quinientos mil  pesos,  y se otorgó a los procesados el subrogado de la suspensión condicional  de   la   ejecución   de   la   pena,   por  un  período  de  prueba  de  tres  años.   

LOS HECHOS  

Fueron  narrados  en la sentencia impugnada,  del siguiente tenor:   

“De la actuación surtida se desprende que  dio  origen  a  la  presente  investigación,  la denuncia que ante la Fiscalía  Seccional  de  Armenia  interpusieran,  por  medio  de  apoderado  judicial, los  señores  RENÉ HERVE  y ELISE JEANTTE BUTRÓN LÓPEZ, a través de la cual  pusieron     de     presente     los    hechos    que    se    describirán    a  continuación:   

“La señora LIBIA LÓPEZ DE BUTRÓN, quien  era  propietaria de un inmueble ubicado en la calle 33 números 26-132 y 26-134,  Barrio  La  Clarita  de esta ciudad, vivía en Estados Unidos, al igual que tres  de  sus  cuatro  hijos:  RENÉ  y ELISE BUTRÓN LÓPEZ y MARCO CEDIEL LÓPEZ; el  primero  de  los  enunciados se encontraba privado de la libertad en una Cárcel  Federal  descontando  pena  de once años de prisión. ASTRID, su otra hija, que  para  entonces padecía problemas de drogadicción y alcoholismo, residía en la  ciudad de Armenia.   

“Por  su  parte, el señor AZARÍAS LÓPEZ  OSORIO,  hermano  de  la  señora  LIBIA inicia proceso ordinario de pertenencia  sobre  el citado inmueble, allegando pruebas falsas; actuación que culminó con  sentencia  del  1°  de noviembre de 2001, de manera adversa a sus pretensiones,  pues, sólo obtuvo reconocimiento del derecho sobre las mejoras.   

“Ante la muerte de la señora LIBIA LÓPEZ  DE  BUTRÓN  -ocurrida  en  accidente  aéreo, el día 26 de enero de 1990 en la  ciudad  de  New  York-,  la  joven  ASTRID BUTRÓN otorgó poder al señor JAÍR  RIVERA  ARENAS  con  la  finalidad  de  adelantar  sucesión  intestada del bien  enunciado.   

“El  aludido  profesional del derecho, con  base  en  poder  supuestamente  conferido  por  la  señora  ELISE, que resultó  espurio,  al  igual  que  con  el  otorgado por ASTRID inició y llevó hasta su  culminación proceso de sucesión.   

“JAÍR RIVERA ARENAS y su hermana CENELIA,  aprovechando  la  situación  de  ASTRID, compran su cuota parte pagando para el  efecto  un  precio irrisorio; venta que se protocoliza en escritura pública N°  907 del 25 de febrero de 2002.   

“Posteriormente, los codueños de la cuota  parte  que  le  pertenecía  a  ASTRID,  inician proceso divisorio en el Juzgado  Tercero  Civil  del  Circuito  de  Armenia, desistiendo de un momento a otro por  llegar  a  un  acuerdo con AZARÍAS LÓPEZ OSORIO,  hermano de la causante,  quien adquirió dicha cuota parte.   

“Entre  tanto, JAÍR RIVERA ARENAS inició  proceso  ordinario laboral, presentando poder falso, con la finalidad de obtener  la  declaración  de  la  existencia  del  contrato  de prestación de servicios  celebrado  entre  él  y  la  señora  ELISE  BUTRÓN,  proceso que terminó con  sentencia favorable a sus pretensiones el día 14 de julio de 1995.   

“El señor RIVERA ARENAS, vende a AZARÍAS  LÓPEZ  OSORIO  su  derecho,  quien  a  través  de  apoderado,  inicia  proceso  ejecutivo  laboral,  en  cuyo  trámite  se  decreta  el  embargo  de  la  cuota  parte   de ELISE BUTRÓN, la cual fue rematada a su favor el 30 de julio de  1998.   

“En  el  año 2002, AZARÍAS LÓPEZ OSORIO  por  intermedio  de  apoderado,  inicia  en contra de los señores RENÉ BUTRÓN  LÓPEZ  y  MARCO CEDIEL LÓPEZ, nuevamente, proceso ordinario de pertenencia que  a la fecha se encuentra en trámite.”   

DECURSO PROCESAL  

Conforme  lo  denunciado,  el 2 de agosto de  2002,  la  Fiscalía  Cuarta  de  Patrimonio  Económico  de  Armenia,  decidió  adelantar investigación previa.   

El  28  de  febrero  de 2002, esa ofician se  abstuvo  de  abrir  instrucción  formal  respecto  de  varias  de las conductas  denunciadas,  fraude procesal, falsedad en documento privado y estafa, ocurridas  con  anterioridad  a la iniciación del proceso ejecutivo laboral instaurado por  JAÍR  RIVERA  ARENAS,  a la vez que ordenó la apertura de la investigación en  lo  que  toca  con el delito de fraude procesal ejecutado después de la demanda  en cita.   

En seguimiento de lo dispuesto, el día 2 de  julio  de  2003,  se  escuchó  en indagatoria a JAÍR RIVERA ARENAS; otro tanto  sucedió con Azarías López Osorio, el 7 de julio siguiente.   

A través de auto emitido el 24 de agosto de  2004,  se  decretó  el  cierre de la instrucción. A renglón seguido, el 29 de  diciembre  de  2004, fue calificado el mérito de la instrucción, decretándose  en  contra  de  JAÍR  RIVERA  ARENAS  y  Azarías López Osorio, resolución de  acusación,  en  calidad  de coautores de los delitos de  fraude procesal y  estafa.   

Interpuesto  el recurso de apelación por el  procesado  JAÍR  RIVERA  ARENAS, el 14 de febrero de 2005 la Fiscalía Delegada  ante  el  Tribunal,  confirmó  el  llamamiento a juicio por el delito de fraude  procesal,  al  tanto  que  dispuso precluir la instrucción en lo que atiende al  delito de estafa.   

Ejecutoriada la resolución de acusación, el  proceso  fue  repartido,  para  adelantar la fase del juicio, al Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito  de  Armenia, el cual asumió conocimiento el 2 de marzo de  2005.   

El 10 de junio de 2005, se dio comienzo a la  audiencia  de  juzgamiento.  En  curso  de  ello,  el Procurador Judicial Penal,  solicitó  se  decretara  la  cesación  de procedimiento, por considerar que el  delito objeto de acusación se hallaba prescrito.   

Atendiendo  lo  solicitado por el Ministerio  Público,  en  decisión  fechada  el  9 de mayo de 2005, el despacho de primera  instancia decretó la cesación de procedimiento.   

Inconforme  con lo decidido, el apoderado de  la  parte civil interpuso oportunamente, y sustentó, los recursos ordinarios de  reposición  y  apelación. El primero fue resuelto el 22 de junio, otorgándole  parcialmente  la  razón  al  impugnante,  pues,  repuso  en  lo concerniente al  procesado  Azarías  López Osorio, al tanto que mantuvo lo ordenado respecto de  JAÍR RIVERA ARENAS.   

En  resolución  del  recurso  vertical,  el  Tribunal  Superior de Armenia, a través de providencia proferida el 2 de agosto  de  2006,  revocó  la  cesación  de  procedimiento decretada a favor de RIVERA  ARENAS, ordenando continuar con el trámite del juicio.   

Acorde con ello, el 13 de septiembre de 2006,  se culminó la audiencia de juzgamiento.   

Consecuentemente,  el  29  de  septiembre de  2006,  se  profirió la sentencia de primer grado, en la cual se absolvió a los  procesados  del  delito  que se les atribuía, por estimar la funcionaria que no  se  había  demostrado  fehacientemente  que  el  poder  otorgado a JAÍR RIVERA  ARENAS, es falso.   

Finalmente,  apelada  la  decisión  por  el  representante  de la parte civil, el 13 de diciembre de 2006, la correspondiente  Sala  de  Decisión  Penal  del   Tribunal  Superior de Armenia, revocó la  absolución  y  en  su  lugar condenó a los procesados, en calidad de coautores  del delito de fraude procesal por el cual se les acusó.   

LA DEMANDA  

         En  el que señala cargo único, el demandante acusa a  la    sentencia    proferida    por    el    Tribunal,   de   ser   “violatoria  de  la  ley  sustancial”,  particularmente,  los artículos 29, 83, 249 y 250 de la Constitución Política  Colombiana,  artículo 6° del C.P., artículos 6°, 7°, 20, 39, 146-2° y 3°,  306  y  307  del  C.  de  .P.P.,  Artículo  7°  de la Ley 906 de 2004, y   artículos 1740 y 1741 del Código Civil.   

        En  desarrollo  del cargo, sin ilación o contextualización alguna, el casacionista  discrimina  14  supuestas violaciones, que van desde la inobservancia del debido  proceso,  hasta  la falta de estimación de pruebas, la auscultación parcial de  ellas  o  su  valoración inadecuada, todo lo cual, concluye, debe conducir a la  declaratoria    de    nulidad   “CONSTITUCIONAL   Y  PROCESAL”.    

        En  primer   término,   entonces,  después  de  citar  el  apartado  de  la  norma  constitucional  que  significa  nula  de  pleno  derecho  la prueba obtenida con  violación  al  debido  proceso,  el  recurrente,  advierte,  dentro  del  ítem  rotulado    “FALTA    DE    PRUEBAS”,   que en la denuncia se ofrecieron entregar algunos elementos  probatorios  relevantes,  sin  agregar  el  impugnante  qué sucedió con ello o  cuál es la trascendencia de lo propuesto.   

         Seguidamente,   con   el   rótulo  “OMISIÓN  DE  PRUEBAS”,  manifiesta  el  impugnante  que  su protegido legal reclamó desde la indagatoria, se practicara  inspección  judicial  a  los  procesos  civil y laboral por él promovidos, los  cuales   contienen   pruebas   “vitales”, no obstante lo cual se desatendió lo solicitado.   

          Dentro  de  lo que  relaciona   “APRECIACIÓN   INCORRECTA   DE  PRUEBA  INCOMPLETA  CONTRA  LOS  PROCESADOS”, el casacionista  resume  el contenido de la prueba grafológica habilitada en el expediente, para  concluir  de  allí  necesario clarificar algunas incógnitas, referidas a cómo  el  paso del tiempo puede afectar los rasgos escriturarios de la persona, asunto  que  no  fue  objeto  de  consideración  para  que se ampliase o clarificase el  examen en cuestión.   

        A  renglón       seguido,       el       demandante       titula      “DESCONOCIMIENTO  DE  LA  PRESUNCIÓN  DE INOCENCIA E IN DUBIO PRO  REO”,   la  crítica  que hace al contenido del  dictamen  grafológico  que,  en  su  sentir, no es concluyente y se pasaron por  alto,   como   lo   anotó   anteriormente,  las  previsiones  que  recomendaban  profundizar en el asunto.   

       En este  mismo  orden de ideas, referido a la trascendencia del dictamen grafológico, el  impugnante    señala   que   el   Tribunal   incurrió   en   un   “ERROR   DE   HECHO   POR   APRECIACIÓN  INDEBIDA  DEL  DOCUMENTO  INEXISTENTE”,  para  lo  cual transcribe un apartado  del  fallo  en  que  el  Ad  quem  afirma demostrada la falsedad del poder, como  quiera  que,   se  sostiene  en  la  demanda,  el  experticio  “prácticamente  no  es  un  dictamen”,  sino que plantea algunas recomendaciones.     

       De otra  parte,  sin  explicar cuándo, cómo o por qué se presenta la irregularidad, el  demandante  advierte  que  no  se tramitó una nulidad constitucional y procesal  solicitada, representando ello violación al derecho de defensa.   

      Seguidamente,  define  violado  el  artículo  20  del  C.  de  P.P.,  en  razón  a  que no se  practicaron  las  pruebas  solicitadas  por  los  procesados,  en  especial, las  inspecciones  judiciales  a  los  procesos  civil y laboral promovidos por JAÍR  RIVERA ARENAS.   

        En  punto  de  lo  contemplado  en  el  artículo 39 de  la ley 600 de 2000, el  recurrente    únicamente   sostiene   que   “…el  instructor  está  obligado, no solo por economía procesal, sino por el respeto  a  la  reputación  de las personas a poner fin a una actuación en la que no se  demuestre  al  comisión  de  un hecho delictuoso o que concursen circunstancias  excluyentes       de       responsabilidad       o       atipicidad”.   

         Seguidamente,  para  soportar el señalamiento de lo contemplado en el artículo  146  del  C.  de  P.P., critica el censor la forma en que el representante de la  parte  civil  puso  en  juego  la  reputación  del  procesado,  al presentar la  denuncia.   

         Atinente  a  lo dispuesto sobre nulidades procesales por los artículos 306, 307  y  308  del C. de P.P., el recurrente manifiesta que estas pueden ser declaradas  de  oficio  en  cualquier  estado de la actuación y por ello el Tribunal debió  dar trámite a la solicitud que en ese sentido hizo.   

          Dentro  de  lo que  denomina  “SUPLANTACIÓN  DE  PRUEBA  RECOMENDACIÓN  TÉCNICAMENTE  PRODUCIDA”, destaca el impugnante que  la  peritación  se asume “el segundo medio de prueba  más  importante”,  no  obstante lo cual el Tribunal  desechó    las    “recomendaciones”  del  dictamen  para dar credibilidad, en su lugar, a los que deben  entenderse                      testimonios                    “contaminados”  de  los hermanos de la  afectada.   

        Dentro  del  rótulo  “OCULTAMIENTO DE DOCUMENTO PRIVADO”,  el impugnante destaca impropio del representante de la  parte  civil,  que  presente  apenas  en  curso  de la apelación a la sentencia  absolutoria  de  segunda  instancia, una carta informal enviada por el procesado  JAÍR  RIVERA  ARENAS,  a  la  ofendida,  a  pesar de que la misiva en cuestión  resulta  indispensable  para la comprobación de la inexistencia del delito. Sin  embargo,  la  segunda  instancia  no valoró el documento, violando “el  principio  de  contradicción  de  las pruebas”.   

          En reiteración de  la   que   advierte  omisión  en  practicar  las  pruebas  solicitadas  por  su  representado  legal  en  curso  de la indagatoria, el casacionista afirma que de  esa  manera se violaron los principios de igualdad  de las partes frente al  proceso,    defensa,    actuación    procesal,    lealtad    e   investigación  integral.   

        Finalmente,  en  el epígrafe que nomina “SURGIMIENTO  DE  NUEVAS  PRUEBAS”,  el  demandante asevera que la  parte  civil  allegó la carta enviada por el procesado a la ofendida, copia del  “registro    civil    de    nacimiento”  y  copia  de la revocatoria parcial del poder conferido a JAÍR  RIVERA  ARENAS,  documentos,  todos, importantes para comprobar la inocencia del  procesado  y  la  inexistencia  del delito, “dándose  las    modalidades    del    Numeral    3°    del    Art.    220    del   mismo  estatuto…”.        

      Acorde con lo  resumido  en  líneas  anteriores,  solicita el recurrente, se case la sentencia  impugnada  y  en  su  lugar,  se absuelva al procesado JAÍR RIVERA ARENAS, como  así  se  había  dispuesto  en  la  sentencia  de  primer grado revocada por el  Tribunal.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

     De  entrada,  la  Corte  manifiesta  que  se  inadmitirá  la  demanda,  en tanto, no cumple esta con las  mínimas  exigencias  que  en  punto  de  la  pena  impuesta, facultan acudir al  extraordinario  recurso,  dentro  de  los estrictos límites que consagra la ley  para el efecto.   

        En  este  sentido,  el  artículo  205  de  la Ley 600 de 2000,  normatividad     que     reguló    el    trámite  procesal,  señala  que el  recurso  extraordinario  procede  “…por  los delitos que tengan señalada pena privativa de la libertad  cuyo   máximo   exceda  de  ocho  años”.   

         Mirada  la  conducta por la cual se emitió la sentencia objeto de impugnación,  se  ha de partir por significar que ella se inscribió  en  el  auto  de llamamiento a juicio y el fallo de segunda instancia, acudiendo  al  principio  de  favorabilidad penal, dentro de lo establecido en el artículo  182  del Decreto Ley 100 de 1980,  y no   concurren,   por  razones  obvias,  los  incrementos punitivos  de la Ley 890 de 2004.   

       Significa   lo  anotado,   que   la   conducta   objeto  de  condena  no   cubre  la  exigencia  punitiva   mínima   establecida   para  acceder  al  mecanismo  excepcional  invocado     por     el     demandante.    

        El  procesado  recibió  sentencia  de  condena,  se  recuerda,  por el delito de  fraude  procesal, previsto  en   la  normatividad  arriba  citada,  de la siguiente manera:   

“ARTICULO 182. El que por cualquier medio  fraudulento  induzca  en  error  a  un servidor público para obtener sentencia,  resolución  o acto administrativo contrario a la ley, incurrirá en prisión de  uno (1) a cinco (5) años”.   

           A  la  luz de la Ley  600  de  2000  que rige esta actuación, es claro que la casación esta prevista  para   “…delitos   que   tengan  señalada  pena  privativa  de  la libertad cuyo máximo exceda de ocho  años,   aún   cuando   la   sanción   impuesta   haya   sido  una  medida  de  seguridad”.  De suerte que  la  conducta  examinada no  accede al extraordinario recurso.   

             Y   si   se   dijera,  en  seguimiento  de  la  jurisprudencia        de        la       Corte1,  que  la  habilitación  del  recurso  debe  remitir  a  la  normatividad  existente  para  el  momento  en el  cual  se  realizó  el  hecho,  o mejor, se   comenzaron  a  ejecutar  los  actos  que  componen  el  delito  permanente,  esto  es,  el Decreto 2700 de 1991, allí  tampoco  se  faculta la posibilidad de que en el caso concreto pueda accederse a  la  casación, pues, conforme la modificación introducida al artículo 218, por  el  artículo  35  de  la  Ley  81  de  1993,   ella  procede  “…por  delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo  sea  o  exceda  de  seis (6)  años…”   

         Debe  advertirse,  eso  sí,  que tampoco, a efectos de viabilizar la intervención de  la    Corte,    puede   argumentarse   haber  acudido el impugnante al instituto  de la casación excepcional  o    discrecional,   simplemente,   porque  el  demandante  no  postuló  el  recurso de esta manera,  siendo    carga    del   libelista   –a  la  luz  del artículo 205 inciso tercero de la Ley 600 de 2000-  acreditar  la  necesidad  de  la  intervención  de  la  Corte  en  favor  de la  protección   de   las   garantías  fundamentales  y/o  del  desarrollo  de  la  jurisprudencia.   

        Ahora  bien,  incluso si se hubiese allanado el camino  para  la  casación  discrecional,  la  evidente  carencia  de  rigor  lógico y  fundamentación   adecuada,   llevaría   también   a   la  inadmisión  de  la  demanda.   

              Sobre     este  particular,  para  remitir  a  lo  consignado  en  el  escrito presentado por el  defensor  del  procesado,  debe  hacerse  hincapié en cómo la Corte, de manera  pacífica  y  reiterada ha advertido la necesidad de que la demanda de casación  comporte  un  mínimo rigor lógico jurídico y argumental, pues, no se trata de  hacer  valer  una especie de tercera instancia que sirva de escenario adecuado a  la  controversia  ya superada por los falladores de primero y segundo grados, en  la  cual  se pretende anteponer el particular criterio o valoración probatoria,  a  aquel  que  sirvió  de soporte a la decisión de los jueces A quo y ad quem,  entre  otras  razones,  porque  a esta sede arriba la decisión judicial con una  doble connotación de acierto y legalidad.   

      Se   faculta,  por  ello,  que  la  dicha  presunción  sea  quebrada a  través   de  criterios  claros,  lógicos,  coherentes  y  fundados,  derivados  del   compromiso   de  demostrar  la violación en la cual incurrió el fallador, suficiente para echar  abajo  el  contenido  de  verdad  de  la sentencia,  en  el entendido de que, de no haberse materializado el yerro, otra hubiese sido  la    decisión    y  precisamente    así  se  ofrece  trascendente  recurrir al mecanismo extraordinario de impugnación.   

      Pero,  se  agrega,  si  el  recurrente  dedica  sus  esfuerzos  a  plantear  lucubraciones  del  más variado tenor, sin  establecer  un  orden  lógico  o criterio selectivo adecuado, resulta imposible  conocer  cuál  es  esa  violación  o  violaciones  trascendentes  que facultan  derrumbar  el  fallo  de segunda instancia, cómo opero ello dentro del texto de  la  sentencia  y,  finalmente, de qué manera influye  el  yerro  sobre  lo decidido, al punto de obligar tomar decisión diferente que  favorezca al procesado.   

         Lejos   de   ello,  pasando  por  alto  elementales  principios  lógicos  y  de  argumentación,  el recurrente advierte uno solo el cargo planteado en contra de  la  sentencia  dictada  por  el  Ad  quem,  pero  en  su  desarrollo entremezcla  confusamente  causales  del  más  variado  tenor, planteando errores directos e  indirectos,  estos  últimos  de  hecho  y  de  derecho,  para  no  hablar de lo  relacionado acerca de nulidades procesales y probatorias.   

      En  esa  confusa  amalgama  de  causales,  el  demandante,  lejos  de  demostrar su existencia, se  limita  a  relacionar  la  violación  y  luego  en catorce numerales aborda las  normas  constitucionales  y  legales  supuestamente infringidas, sin ocuparse de  establecer    cómo    se    materializó    esa    vulneración   de   derechos  fundamentales   o preceptos legales, en qué apartado del trámite procesal  o  de  la  sentencia atacada se registran   sus   efectos   y   cuál  fue  la  trascendencia de ello respecto de lo decidido.   

         Y  no  se  hace  necesario  penetrar  a  fondo  en cada uno de los  numerales  que  soportan  la  impugnación,  dado  que  se  obvia referenciar en  estos  cuál en concreto  es  la violación que se predica existir y comportan ellos entre sí ostensibles  contradicciones lógicas.   

       A guisa de  ejemplo,  se  parte  por recurrir al apotegma de que es nula de pleno derecho la  prueba   obtenida   con  violación  del  debido  proceso,  en  remisión  a  lo  contemplado  en  el  artículo  29  de la Carta Política Colombiana, pero en el  desarrollo  de  los  varios numerales se controvierte no alguna irregularidad en  la  aducción de los elementos de juicio, sino la omisión en allegar algunos de  ellos     –incluso  criticando  no  a  los  despachos  judiciales,  sino a la parte civil por obviar  presentar  lo  anunciado  o hacerlo cuando el proceso ya culminaba en la primera  instancia-,  o la interpretación que el Tribunal dio al dictamen pericial, o la  decisión  de este de no considerar las pruebas allegadas después de proferirse  el fallo de primera instancia.   

       Todo ello,  debe  recalcarse, sin desarrollo argumental adecuado o cabal demostración de su  materialización y trascendencia.   

Está claro entonces, de un lado, que no se  cumplen  los  presupuestos legales que facultan acudir al excepcional mecanismo,  en  tratándose  de la condena por el delito de fraude procesal, y del otro, que  tampoco  se  ha  postulado  la  vía  discrecional  para el efecto y del escrito  presentado  por  el recurrente ninguna violación de garantías fundamentales se  extracta,  conclusión a la que también se llega una vez verificado el trámite  del asunto.   

No   es,  pues,  necesario  que  la  Corte  intervenga  oficiosamente, razón suficiente, junto con los impedimentos legales  y  argumentales  antes  referenciados,  para  que  se  inadmita  la  demanda  de  casación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR         la    demanda    de    casación   presentada   por   el  defensor  del procesado   JAÍR  RIVERA  ARENAS.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ          MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                        YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                        MAURO SOLARTE PORTILLA   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Auto  del 16 de febrero de 2005, radicado 23.006     

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