27547(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27547   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 109.  

         

Bogotá  D.C.,  junio veintisiete (27) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  jurídicas,  lógicas  y argumentativas de la demanda de casación presentada por el defensor  de  ISMAEL  ANTONIO  SANDOVAL  DOMÍNGUEZ contra   la   sentencia   proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla   de  fecha  diciembre  7  de  2006,  por  cuyo  medio  revocó  la  absolutoria  dictada  por  el Juzgado Único Penal del Circuito de Soledad, para  en su lugar condenarlo por el delito de homicidio.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  acontecer  fáctico  que  originó  la  presente  actuación  procesal,  fue  declarado  por el Tribunal de la siguiente  forma:   

      

“Ocurrieron en el establecimiento comercial  denominado  billar La Cortina, ubicado en la calle 15 16-02, del barrio La Bonga  de  Soledad  (Atlántico),  administrado  por  el señor ISMAEL ANTONIO SANDOVAL  DOMÍNGUEZ,  cuando  a  eso  de  las 2:40 de la madrugada del 25 de diciembre de  2004,  y  encontrándose  en  dicho  lugar varias personas, entre ellas Edebaldo  Mercado  Pacheco,  el  hoy  occiso  y dos de sus hermanos, aquél al terminar un  juego  de  billar,  en  calidad de vencido, golpeó la mesa con uno de los tacos  allí  existentes, lo que no fue del agrado del administrador del negocio, quien  solicitó   a   su   hijo   Willinton   Enrique  Sandoval  Montalvo,  sacar  del  establecimiento  al  jugador,  mandato  que  no  se hizo esperar, procediendo de  inmediato  y  a  través  de  la  fuerza  a retirar del lugar a Mercado Pacheco,  lanzándolo  contra  el  piso  de  la  vía  pública;   como respuesta, el  recién  desalojado  lanzó una botella contra Sandoval Fontalvo, que finalmente  no  lo  alcanzó,  solicitando  la  intervención de su padre, quien aparece con  revólver  en mano, realizando varios disparos, uno de los cuales impactó en la  humanidad    de    Mercado    Pacheco,   produciéndose   su   muerte   momentos  después”.   

Con  fundamento en los hechos anteriores, se  decretó   la   apertura   formal   de   instrucción,   en   cuyo   marco   fue  vinculado       ISMAEL      ANTONIO      SANDOVAL  DOMÍNGUEZ,      mediante      diligencia      de  indagatoria,   a  quien  se  definió   situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  sin  beneficio  de  libertad,  como  posible  autor  del  delito de  homicidio.   

Clausurada la investigación, se calificó su  mérito  el  22  de  abril  de  2005 con resolución de acusación en contra del  aludido    por    el    mismo    delito     que    sustentó    la    media  asegurativa.   

Ejecutoriado  el  calificatorio,  el proceso  correspondió  para  el  trámite de la fase de la causa al Juzgado Único Penal  del  Circuito  de  Soledad  despacho  que,  luego de surtido el trámite de ley,  dictó   sentencia  el  11  de  agosto  de  2006  por  cuyo  medio  absolvió  a  SANDOVAL  DOMÍNGUEZ  de los  cargos proferidos en su contra.   

Contra  la anterior decisión, interpusieron  recurso  de  apelación  el  apoderado  de  la  parte  civil y el Procurador 209  Judicial  Penal,  sobre  los  cuales  se  pronunció  el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla  el  7  de  diciembre  de  2006,  en el sentido de revocar el fallo  impugnado  y  en  su lugar condenar al acusado a la pena principal de trece (13)  años  de  prisión,  a  la  accesoria  de  inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por un período igual y al pago de perjuicios,  luego  de  hallarlo responsable, en calidad de autor, del delito por el cual fue  acusado.   En  la misma oportunidad, se le negó la suspensión condicional  de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

Dentro del término de ejecutoria del fallo,  la  defensa del procesado interpuso recurso extraordinario de casación, el cual  sustentó mediante demanda, sobre cuya viabilidad se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

       

El casacionista formula tres cargos contra el  fallo  impugnado, al amparo de la causal primera del artículo 207 de la Ley 600  de  2000,  por violación indirecta de la ley sustancial.  Las censuras son  del siguiente tenor:   

Primer cargo:  

A  través  de  esta  censura señala que el  fallador  inaplicó  el  numeral  6°  del  artículo 32 del estatuto sustantivo  penal,  lo  que  condujo  a  la aplicación indebida del artículo 103 del mismo  ordenamiento  “al  incurrir  en error de hecho en la  valoración  del  acervo  probatorio con violación de las reglas valorativas de  la   sana   crítica,   negándoles   el   valor  probatorio  que  su  contenido  impone”.    

Con  el  objeto  de  demostrar  el  aserto  anterior,  precisa  que  el  Tribunal  desatendió elementales reglas de la sana  crítica,  como las previstas en los artículos 232, 238, 277 y 287 del estatuto  procesal,  “al  desconocer  el valor suasorio de los  testimonios  vertidos  durante la instrucción primero y luego en el curso de la  diligencia  de  audiencia  pública  por los testigos Willinton Enrique Sandoval  Fontalvo,  Hilda  de la Hoz Orozco, Jorge Enrique Domínguez Domínguez y Alexis  de  Jesús  de  

Ávila  Rodríguez,  así  como la  versión  de  los  hechos  sostenida  por  el  procesado ISMAEL ANTONIO SANDOVAL  DOMÍNGUEZ,  ofreciendo  por el contrario un valor privilegiado a los hermanos y  amigos  de la víctima, señores Onasis de los Santos Balza Mercado, Jorge Luís  Gutiérrez  Mercado,  Juan  María  Solano  Therán  y  Franklin  Albeiro Vargas  Noguera”.   

En ese sentido, destaca que el Tribunal yerra  en  su  apreciación  cuando  encuentra  contradicciones en las versiones de los  integrantes   del   primer   grupo   señalado.  De  igual  forma,  “contraría  las  reglas  de  la  experiencia  y  de la lógica”  cuando  critica  la  segunda  versión del procesado y  califica   de   infantil   que  el  procesado  no  hubiera  aportado  importante  información   durante   su   indagatoria,   sin   que   fuera   interrogado  al  respecto;   así  mismo,  porque plasma algunas afirmaciones que carecen de  apoyo  probatorio y lógico, como cuando concluye que a pesar de que la víctima  portaba  un  cuchillo  de  gran  tamaño  el  hijo  del  procesado  pudo sacarlo  fácilmente del establecimiento.   

Acto  seguido,  sostiene  que  “son  estas  la  reglas  de  la  sana  crítica,  la  lógica y la  experiencia  desconocidas  grotescamente por la Sala al examinar la versión del  procesado      y      de     los     testigos     de     descargo”.   

Además, aduce que no puede considerarse como  indicio  en  contra  de  su  defendido  las contradicciones en las que incurrió  durante  su  indagatoria  y  en  su posterior intervención durante la audiencia  pública  “por cuanto las mismas no tienen relación  lógica   con   la   condición  del  delito  que  se  le  imputa”,  si  se  tiene  en  cuenta  que  el  indicio  tiene  como  base la  experiencia y que el hecho indicador debe estar demostrado.   

Puntualiza, a continuación, que en todo caso  el  dicho  de  su  patrocinado  no es contradictorio, como se advierte de lo que  expone  Alexis de Jesús Ávila Rodríguez,  quien  indica  que  resultó  herido  por  causa diferente a esta  reyerta,   de   lo   cual   se   infiere   que   la   muerte   de   Edebaldo  pudo  ser  consecuencia  de otra  agresión  “de  un  mal  queriente que aprovechó la  coyuntura  para cobrarse alguna deuda vieja que tuviera pendiente”,  o que la acusación directa contra su defendido parte simplemente  del  interés  de  los  familiares  de  la  víctima  de  obtener  un  beneficio  económico.   

Luego,  destaca  que  de  acuerdo  con  la  experiencia  es  común  que  un declarante olvide un detalle que después puede  resultar    útil,    lo    que   no   es   óbice   para   que   se   le   mine  credibilidad.   

En  seguida,  acota  que la apreciación del  ad  quem en relación con los  medios  de  prueba  referidos,  no tuvo en cuenta “la  naturaleza  del  objeto  percibido,  el estado de sanidad de lo órganos por los  cuales  tuvieron  apreciación de los hechos, las circunstancias de modo y lugar  en  que se dio la misma, la personalidad de los declarantes y las singularidades  que  pueden  observarse  en  el  testimonio”, pues si  así  hubiera  sido,  no  hubiera  incurrido  “en el  grotesco  apartamiento  de  las  reglas  de  la  sana  crítica, la lógica y la  experiencia”  que  lo  condujeron  a  inaplicar  la  eximente  de legítima de defensa que prevé el numeral 6° del artículo 32 del  Código Penal.    

Ello,   añade,   en   tanto  “se   encuentra  debidamente  probada  la  agresión  de  que  fue  víctima  la  propiedad  de  la  familia  del  procesado, y resulta inminente el  ostensible  peligro que corrían en su integridad personal y por qué no la vida  de  haberse  logrado  el  ingreso  al  establecimiento  de  comercio de la turba  enardecida y embriagada”.    

De  esa  forma,  asegura que como los bienes  jurídicos   comprometidos   son   defendibles   ante   una  agresión  injusta,  SANDOVAL  DOMÍNGUEZ  estaba  legítimamente  facultado  para  actuar  en  la  forma  como procedió, mediante  defensa  ejercida  dentro  de  los  límites de la proporcionalidad “racional  no  matemática”,  como  lo  manifestó   la   testigo   Hilda  de  Hoz,  quien  indicó  que  pretender  la  protección  policial  en ese  momento   era   imposible   por  el  daño  de  la  línea  telefónica  de  esa  entidad.   

Lo  expuesto  en  precedencia  le  sirve  de  fundamento  para  deprecar la casación del fallo y, en su lugar, la absolución  de su defendido.   

Segundo cargo (subsidiario):  

Con sustento en la misma causal, el defensor  de  SANDOVAL DOMÍNGUEZ, acusa  el   fallo   por   violación   indirecta  de  la  ley  sustancial  “por  falta  de  aplicación  de  las normas sustanciales prevista  (sic)  en  el  artículo 12,  segunda  parte  del  Código  Penal  Colombiano  que  condujo  a  la aplicación  indebida  del  artículo  103  que consagra el homicidio objeto de la condena al  incurrir  en  error de hecho al ignorar el contenido de la prueba pericial a que  hace  referencia  el  dictamen  GB  N° 3952, de Agosto 4 de 2005”.       

Sostiene  el  censor que de acuerdo con este  dictamen  “no se logró establecer identidad entre el  proyectil  incriminado  y los proyectiles patrones del revólver Smith and hueso  allegado para su estudio”.   

Luego  de  recordar  el  contenido  de  los  artículos  232  y  249  del  estatuto  procesal  penal  y  12  del ordenamiento  sustantivo,  afirma  que  el  Tribunal  incurrió  en  el  error de apreciación  probatoria  aludido  porque ignoró la prueba técnica señalada a través de la  cual  se  demuestra  que  el  proyectil  encontrado en las prendas de vestir del  occiso  no  fue  disparado  por  el arma del procesado.   

Por lo expuesto, solicita casar la sentencia  impugnada   y   en  su  lugar  dictar  absolución  a  favor  de  su  defendido.   

Tercer cargo (subsidiario):  

Al  amparo  del  mismo  motivo de casación,  advierte  que la sentencia impugnada también incurre en violación indirecta de  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  derivado  de  que  en la valoración  probatoria  se  desconocieron  las reglas de la sana crítica, lo cual condujo a  que   no   se   les   otorgara   el   crédito   probatorio   que  su  contenido  impone.   

Para  sustentar  su  pretensión,  el  actor  remite  a los argumentos del primer reproche “excepto  que  en  este momento se demanda que en el evento en que la Sala considere no se  dio  propiamente la legítima defensa por haber excedido los límites propios de  la  causal consagrada en el numeral 6° del artículo 32 se solicita reformar la  sentencia  impugnada aplicando al procesado la pena equivalente a la sexta parte  del    mínimo    consagrado   en   el   artículo   103   del   Código   Penal  Colombiano”.   

Consecuentemente,  solicita  se otorgue a su  prohijado  el  beneficio  de la condena de ejecución condicional, por cumplirse  lo requisitos de ley.    CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          La  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado  ISMAEL   ANTONIO   SANDOVAL  DOMÍNGUEZ  no  cumple  los presupuestos previstos en el artículo 212 de la Ley  600  de  2000,  motivo por el cual la decisión que corresponde adoptar es la de  inadmitirla,   de   conformidad   con   el  efecto  señalado  en  la  siguiente  disposición del mismo ordenamiento.   

Para  arribar a esa conclusión, se parte de  las  siguientes  razones  que surgen luego de confrontar la demanda con el fallo  de segundo grado y con el proceso:   

El  demandante  invoca  la causal primera de  casación  a  través  de  los  tres  cargos  que  propone por considerar que la  sentencia  incurre  en  violación indirecta de la ley sustancial a consecuencia  de  un  error  de  hecho  por  falso raciocinio (cargos primero y tercero) y por  falso  juicio  de  identidad  (cargo  segundo)   en  la apreciación de las  pruebas,  pero  en  realidad no desarrolla una propuesta afín con la naturaleza  de estos yerros.   

Ciertamente, de conformidad con la pacífica  jurisprudencia  de  esta  Sala se incurre en error de hecho en la valoración de  los  medios  de  prueba aportados al proceso, propuesta coincidente en todas las  censuras,  ante  la  comprobación  de  que  el  sentenciador  incurrió  en los  llamados  falsos  juicios  de existencia, raciocinio, o de identidad.  Para  los  fines  de  esta  decisión,  oportuno se ofrece recabar brevemente sobre la  naturaleza de los dos primeros.    

De esa forma, ocurre el primero (falso juicio  de  existencia)  cuando  un  medio  de  prueba es excluido de la valoración que  efectúa  el  juzgador  no  obstante  resultar incidente de cara al fallo que se  controvierte  (ignorancia  u  omisión) o porque el juzgador lo inventa o crea a  pesar  de  que  no  existe  materialmente  en el proceso, otorgándole un efecto  trascendente en la sentencia (suposición o ideación).   

A   su  turno,  el  segundo  yerro  (falso  raciocinio)  se  presenta  cuando el juzgador se aparta de las reglas de la sana  crítica en el proceso de la valoración de las pruebas.   

En  ese  orden de ideas, el demandante está  compelido,  ante  todo,  a  identificar  la prueba sobre la cual recae el yerro;  luego,  a  establecer el mérito que se le otorgó al medio de convicción en la  sentencia,  a la vez que debe señalar cuál es el postulado de la sana crítica  que  en  su criterio fue vulnerado, esto es, el principio lógico, la máxima de  la experiencia o la regla científica quebrantada.   

Pero,  lo anterior no es suficiente para dar  por  demostrado  cualquiera  de  estas  modalidades de error, pues siempre será  preciso  que  se  establezca la trascendencia del yerro frente a lo declarado en  el  fallo o, dicho de otro modo, que por virtud del defecto en el que se incurre  la  sentencia  debe  mutarse en favor del interés que se representa y, además,  que  el  fallo  impugnado  no  puede  mantenerse  vigente  con fundamento en las  restantes pruebas que lo sustentan.    

Por consiguiente, dicha demostración apareja  igualmente  la  obligación  para  el  censor  de  evidenciar  que el defecto de  apreciación  probatoria,  incidente  frente  a  los contenidos declarados en el  fallo,  vulnera  una  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación o aplicación  indebida.   

          A  partir  de  las  anteriores  pautas,  pronto  y sin dificultad se  colige  que  los  tres reparos propuestos en la demanda, no cumplen, como atrás  se anunció, con los presupuestos indicados.   

          Así,  en  relación  con  el  primero  y  tercero,  sustancialmente  idénticos  porque  el  actor en el último remite a los argumentos del primero,  omite  expresar  con  la  indispensable  claridad  y  precisión,  el  principio  lógico,    la    máxima   de   la   experiencia   o   la   regla   científica  desconocida.   

De  allí que, aunque es una constante de la  censura  referir  a  la  vulneración  de  estos  postulados  en la apreciación  probatoria  efectuada  por  el  Tribunal,  el actor relaciona erróneamente esos  postulados  con  el  criterio  personal valorativo que tiene de ellas.  Una  tal  situación  permite  colegir que, desde su perspectiva, se incurre en falso  raciocinio  porque  no  se apreció la prueba acorde con su íntima convicción,  lo  cual  está  lejos  de  corresponder  a  la  naturaleza de esta modalidad de  defecto  apreciativo  de  acuerdo  con las pautas anteriormente señaladas, pues  para   ello  no  basta,  como  ya  se  advirtió,  su  mera  enunciación,  sino  necesariamente   se   impone  su  verificación  para  el  caso  concreto  y  la  determinación de su incidencia.   

Las  referencias del libelista en el sentido  de   que   el   criterio   del   ad  quem   es   contradictorio  porque  no  valoró  la  indagatoria  y  los  testimonios  de  descargo  en  la  forma  que  expone, de manera alguna ponen en  evidencia  una  posible  desatención  a  las  reglas  de  la  lógica  o  de la  experiencia,  sino  que  se orientan a expresar su disparidad personal frente al  mérito  que  se les otorgó, en cuanto tales aspectos no reúnen la pretensión  de  universalidad  que  se  exigen  de  aquellas,  ni son reglas construidas con  criterio  absoluto  e  inmutable,  de  acuerdo  con  lo  que  reiteradamente  ha  sostenido   la  Sala  cuando  ha  abordado  el  tema1.        

          Dicha  actitud,  como en forma pacífica y reiterada lo ha sostenido  la  Sala,  se  aparta  de  la esencia del recurso extraordinario y tiene arraigo  exclusivamente  en  las instancias ordinarias de la actuación, pues se limita a  confrontar  el  valor  probatorio  que se le otorgó a la prueba con el criterio  que  se tiene de ella, distante de demostrar que el juzgador realmente incurrió  en  un  error  en la apreciación de los medios de persuasión que soportaron su  decisión.   

A  la  par, también desconoce que el fallo  arriba  a  esta  sede  amparado  por las presunciones de acierto y legalidad, de  modo  que los argumentos que lo fundan prevalecen sobre el criterio personal que  expone  el  demandante.  Así las cosas, el único medio viable para lograr  el  decaimiento  del  fallo  por  la  denominada  violación indirecta de la ley  sustancial   es  demostrar  que  efectivamente  se  incurrió  en  error  en  la  valoración  probatoria  y  ello  nada  tiene  que  ver con la exposición de un  criterio     personal     acerca    de    cómo    se    cree    debieron    ser  estimadas.      

Otro  tanto  ocurre  en  relación  con  el  segundo  cargo,  a  través del cual el actor plantea un error de hecho derivado  de  que  se omitió apreciar el dictamen GB N° 3952, de fecha agosto 4 de 2005,  de  acuerdo  con  el  cual  no se logró establecer identidad entre el proyectil  incriminado  y  los  proyectiles patrones del revólver de su defendido, sin que  nada acote en punto de la trascendencia de ese supuesto yerro.   

La anterior demostración le era ineludible  si  se  tiene  en  cuenta  el  amplio  sustento  probatorio del fallo impugnado,  conformado  por  los  testimonios  rendidos  por  los familiares del occiso (sus  hermanos    Onasis    Balza   Mercado   y  Jorge  Gutiérrez  Mercado),  por  personas que estaban presentes en el lugar de los hechos sin  ningún  vínculo  familiar  con  éste  (el menor Juan  María   Solano  Teherán  y  Franklin     Alveiro    Vargas),    las    evidentes  contradicciones   en  las  que  incurrió  el  procesado  durante  las  diversas  oportunidades  en  que depuso sobre los hechos, lo que condujo al Tribunal a que  concluyera  que  su  intención fue siempre   la de acomodar la verdad  de  los  hechos  para  estructurar  una inexistente legítima defensa, y las que  surgen  del dicho de los diferentes testimonios de descargo, elementos de juicio  a  partir  de  los cuales no sólo se encontró demostrada la responsabilidad de  SANDOVAL  DOMÍNGUEZ,  sino  que, se reitera, no actuó en legítima defensa.   

Al sustraerse el casacionista a discutir las  pruebas  señaladas,  refulge  indudable que la censura objeto de estudio carece  de  la trascendencia que debe tener a efecto de lograr el decaimiento del fallo.   

La   sumatoria   de   las  incorrecciones  señaladas,  conlleva   concluir que en ninguno de los reproches propuestos  por  el  actor   se  desarrolla  una  propuesta  compatible  con  la causal  invocada,  en  tanto  se aparta de las bases lógicas y argumentativas que rigen  este  medio  extraordinario  de  impugnación  exigidas  en  el  numeral 3° del  artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000,  razón  por  la  cual  se impone su  inadmisión  y la devolución  del  expediente  al  despacho  de  origen,  tal como lo enseña el artículo 213  ibídem.   Además, porque no se advierte que  dentro  del  presente trámite y en la sentencia se haya incurrido en violación  de  garantías  fundamentales  que  reclame  la  intervención  oficiosa  de  la  Sala.   

     

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta  por el defensor de ISMAEL ANTONIO SANDOVAL  DOMÍNGUEZ, por las razones consignadas en la anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese   y   cúmplase,   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                          ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN            

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                                               JORGE       LUIS      QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                               JULIO       ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA     

MAURO           SOLARTE  PORTILLA              JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1  Al  respecto,  véanse  sentencias  del 21 de noviembre del 2002,  rad. 16.472 y el de 6 de agosto de 2003, rad. 18626.      

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