28162(01-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28162   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                                                 Magistrado  Ponente:   

                                                 DR. ALFREDO  GOMEZ QUINTERO   

                                               Aprobado Acta  No. 215   

Bogotá,  D.C.,  primero (1) de noviembre de  dos mil siete (2007)   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Corte en relación con la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  instaurada  por  el  defensor  de  JULIO  MILLÁN PÉREZ, contra  la  sentencia  del diecinueve (19) de febrero de dos mil siete (2007), proferida  por   el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Armenia  –       Quindío      (Sala      de  descongestión1),  por  cuyo  medio  revocó  la  sentencia  absolutoria  del 23 de  noviembre  de  2005  proferida  por  el  Juzgado  Tercero  Penal del Circuito de  Bogotá.   

En  virtud  del  recurso  de  apelación que  interpuso  el representante del Ministerio Público contra el fallo absolutorio,  el  Tribunal  condenó  a  MILLÁN  PÉREZ           a la pena de  76  meses de prisión, interdicción de derechos y funciones públicas por igual  término,  a  cancelar  por concepto de perjuicios morales en favor del ofendido  la  suma  de veinte (20) salarios mínimos legales mensuales vigentes y le negó  los  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena (prisión domiciliaria y suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena) al tiempo que dispuso la captura del  sentenciado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

En  las horas de la noche del 7 de agosto de  2003  la  señora  Beatriz del Carmen Turizo Surmay encontró a su hijo I.M.P.T.  (menor  de  diez  años  para  aquél momento) en el baño de la habitación que  compartía  con su compañero sentimental JULIO MILLÁN  PÉREZ;   el menor se encontraba semidesnudo (con  los pantalones abajo) y asustado.   

Después de interrogarlo insistentemente, el  menor  le  contó  que  su  padrastro en ocasiones lo obligaba a realizarle sexo  oral,  hecho  que  sucedió  en  repetidas  oportunidades que se cumplían en el  interior  de  la casa o en el taxi que aquél conducía, a cambio de darle mil o  dos mil pesos.   

El  14  de  octubre de 2004 la Fiscalía 230  Seccional  de  Bogotá calificó el mérito de la investigación con resolución  de  acusación  por concurso homogéneo y sucesivo de conductas de acceso carnal  abusivo  con menor de catorce años (art. 208), agravado por los numerales 2 y 4  del  artículo  211  del C.P. (Fls. 138 – 148 / 1);   

El 23 de noviembre de 2005 el Juzgado Tercero  Penal  del Circuito de Descongestión de Bogotá profirió sentencia absolutoria  (folios   71   –   90  /  2).   

El  representante  del  Ministerio  Público  impugnó  la  absolución y el Tribunal de Armenia lo revocó en su integridad y  profirió   sentencia   condenatoria  el  19  de  febrero  de  2007  (Folios  11  – 28 / 3).   

LA DEMANDA  

Cargo único.  Violación directa de la  ley sustancial   

El impugnante transcribió los artículos 29  y  230 de la Constitución Política, los artículos 232 y 7 del C. de P.P. (Ley  600 de 2000).   

Argumentó     el    demandante    que  “…se dio la violación directa a la ley por error  de  derecho  en la apreciación de determinada prueba, en la sentencia proferida  en   el   Distrito   Judicial  de  Armenia”,  porque  “…falló    en    base    a    hipótesis    y  generalidades”  por  lo que aplicó indebidamente la  norma   al   pretermitir  la  valoración  de  los  dictámenes  periciales  que  evidencian  la  normalidad del menor y de la declaración del 6 de julio de 2004  en   la   que  –según  el  libelista- el menor se retractó (folio 61).   

Sostuvo  que  en  las  motivaciones  de  la  sentencia  el  Tribunal  reconoció  la  duda  cuando  se abstuvo de condenar en  perjuicios   materiales   “…por  no  encontrarse  probados  en  la  actuación  ni  haber sido motivo de pedimento concreto por el  perjudicado  o  su  representante legal”, no obstante  omitió aplicar la duda en favor del sentenciado.   

Por ello pidió a la Corte casar la sentencia  condenatoria  y  en  su  lugar absolver a JULIO MILLÁN  PÉREZ.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  demanda  de  casación que presentó el  defensor    de   JULIO   MILLÁN   PÉREZ  contra el fallo proferido por la Sala de  descongestión   del   Tribunal   Superior  del  Distrito  Judicial  de  Armenia  –  Quindío  se       INADMITE      por  omitir  el  deber  de  fundamentar  adecuadamente  la demanda de casación:   

Es claro que en el  sistema  procesal  penal colombiano el demandante debe  fundamentar   la   impugnación,  debe  demostrar  que la sentencia objeto del recurso extraordinario viola  alguna    garantía    fundamental   en   el   curso   del   proceso2, viola la ley  sustantiva,  es incongruente con respecto de la acusación, o se profirió en un  juicio  viciado de nulidad (Ley 600 art. 205 inciso tercero, art. 207;  Ley  906  art.  180)3.   

Salvo  el  poder  excepcional  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  en  el  sistema  penal colombiano el recurrente tiene la  carga  de  cumplir  adecuadamente  con  la  sustentación  de  las  causales  de  casación  que  invoca  en la demanda.  (Cfr. Art. 205 inciso tercero de la  Ley   600   de   2000;    Art.   181  inciso  primero  de  la  Ley  906  de  2004)   

Cuando  no existe  motivación  precisa el escrito debe ser inadmitido (o no seleccionado según el  caso)  cuando  adolezca de los siguientes defectos:  falta de interés para  recurrir  del demandante, demanda infundada  (es decir, que no evidencie una eventual  violación  de  garantías  fundamentales,  o cuando no desarrolla los cargos de  sustentación), y cuando del contexto de la demanda se  advierte  que  no  se  requiere del fallo de la Corte para cumplir alguna de las  finalidades           del           recurso4.   (Artículo  213  de la  Ley 600;  Artículo 184 inciso segundo de la Ley 906).   

Al  revisar  el  libelo de impugnación que  presentó     el    defensor    de    JULIO  MILLÁN PÉREZ la Sala de casación  encuentra  que  no  tiene  ninguna  claridad  el  actor  a  la hora de atacar la  sentencia del Tribunal.  En efecto:   

i)   Invocó  como   motivo  de  casación  la  violación  directa  de  la ley sustancial;  no obstante, no atinó a  identificar  algún  sentido  de  quebranto  normativo, si lo fue por exclusión  evidente,   indebida   selección   o  interpretación  errónea  de  una  norma  –legal o constitucional-  que consagre algún derecho sustantivo en favor del procesado.   

Si  se  trataba de una discusión normativa  orientada  a la aplicación del derecho sustantivo, tampoco fue respetuoso de la  regla  fundamental  que le impone la aquiescencia con la apreciación probatoria  a   la   manera   como   lo   hizo   la   sentencia  objeto  del  extraordinario  recurso.   

ii)    La  cadena  de imprecisiones del censor es tan evidente que, después de acudir a la  violación  directa  de  la  Ley, sostuvo que se trató de un “…error      de     derecho   en   la   apreciación   de  determinada  prueba”,  sin  lograr definir algún yerro en la contemplación jurídica de  los  medios  de  convicción que fundamentan la condena:  Falsos juicios de  legalidad, falsos juicios de convicción.   

iii)  Afirmó  enseguida     que     la     sentencia    se    fundamenta    en    “…hipótesis             y  generalidades”;  sin embargo, a más de los dos  conceptos  referidos,  nada  argumentó  en  el  sentido  de que el sentenciador  hubiese  incurrido  en  errores  de  hecho  en la contemplación material de los  medios de convicción del proceso.   

Cuando se acude a este tipo de alegación, la  fundamentación  que  debe  ofrecer  el actor está orientada a demostrar yerros  in  iudicando  relacionados  con   omisión  de  prueba,  suposición   de  prueba,  falsos  juicios  de  identidad  (parcelar  o  agregar) pruebas del proceso o, en  últimas,  demostrar  errores  de  razonamiento  del  juez  colegiado  que hagan  advertir  a  la  Corte  que  la  sentencia  no  es  razonable  por ilógica, por  incoherente, etc..   

Sin embargo, ningún error de hecho demostró  el libelista.   

iV)   A  lo  único  que atinó fue a decir que el Tribunal “pretermitió” la valoración  (sic)   de   los   dictámenes  periciales  que  evidencian  la  normalidad  del  menor.   

Sin   embargo,  la  Sala  precisa  que  la  reiterativa   violación   de   la   que   fue  víctima  el  menor  de  catorce  años5,  hijo  de  la  señora Turizo Surmay, se  produjo  por  acceso oral (fellatio in ore)6,   y   cuando  ello  sucede  resulta  apenas  explicable  que  los  dictámenes  científicos  de medicina legal no reporten lesiones físicas en el  cuerpo,  entre  otras  razones porque el mecanismo de violación que utilizó el  victimario   fue   persuasivo.    Repárese  que  el padrastro le  daba  mil  o  dos  mil pesos al niño  a   cambio   de   que   satisficiera   sus              pretensiones  libidinosas.   (Cfr.  Declaración del 14 de agosto de 2003, fls. 11 y 12).   

v)    El  argumento  final del libelista se orienta a sostener que el sentenciador omitió  aplicar  el  beneficio  de  la  duda  en favor de JULIO  MILLÁN  PÉREZ  porque  el  Tribunal  “se  abstuvo  de  condenar  en  perjuicios materiales”  y  argumentó  que  no están probados en la actuación, ni fueron  motivo de pedimento por el perjudicado o su representante legal.   

Claro  es  que  los  perjuicios  materiales  no  son  un  predicado  del  reproche  penal a la conducta punible.  Los perjuicios materiales tienen su  fuente  en  la  responsabilidad  civil  derivada de la  conducta    punible;   se trata de la regulación a las consecuencias civiles  del delito.   

De  manera pues que por el hecho de no estar  demostrado  el  perjuicio material ocasionado con la conducta punible, para nada  incide  en la determinación de la responsabilidad penal derivada de la conducta  punible.  (Cfr. Artículos 94 a 100 de la Ley 599 de 2000).   

La  ausencia de determinación del perjuicio  material  de ninguna manera implica que exista duda en relación con el reproche  penal a la conducta del sentenciado, como lo entiende el libelista.   

En  síntesis,  el  escrito de impugnación  no  contiene  alguna  pretensión fáctica o jurídica  coherente,   orientada   a   comprometer  la  legalidad  del  fallo  objeto  del  extraordinario  recurso;   por ello la Sala concluye que la impugnación no  acreditó ninguno de los fines del recurso extraordinario.   

En efecto:  

“1)   El  recurso  extraordinario de  casación  es  un  control  constitucional  y  legal que busca hacer efectivo el  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  constitucionales y legales  debidas  a  las  partes intervinientes en el proceso, la reparación de agravios  inferidos  a éstos, la unificación de la jurisprudencia, y si el escrito no se  ocupa  de  ninguno  de esos fines, sino de una discusión probatoria insular, no  puede    ser    admitido    para    su    estudio7”.   

La  conclusión  a  la  que  se  llega es la  falta  de  fundamentación  de  la demanda  que no logra comprometer la legalidad de la sentencia del Tribunal  de Armenia.   

vi)         Finalmente,        al        revisar       el       escrito desde la óptica de la finalidad        del       recurso  extraordinario,  la  Sala no encuentra la necesidad de  casar  de  oficio  el  fallo por no advertir ninguna hipótesis de compromiso de  garantías  fundamentales,  ningún agravio inferido a las partes intervinientes  en   el  proceso,  ningún  criterio  que  devele  la  necesidad  de  variar  la  jurisprudencia  según  lo previsto en los artículos 206 y 216 de la Ley 600 de  2000.   

La       Sala       inadmite    la    demanda   por   no   cumplir  en  lo  más  mínimo  con  el  requisito  de  fundamentación  establecido en los artículos 205 inciso tercero, 206 y 212 del  C. de P. Penal (Ley 600).   

En mérito a lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   JULIO    MILLÁN   PÉREZ   contra  el  fallo  proferido  por  la  Sala  de  descongestión  del  Tribunal    Superior    del    Distrito   Judicial   de   Armenia   – Quindío.   

En    consecuencia    se    declara     ejecutoriado    el    fallo  condenatorio,  conforme  a  las  motivaciones  plasmadas  en  el cuerpo de éste  proveído.   

La  condena  debe  ejecutarse  en  los  términos  en  que  lo dispone la  sentencia   del   Tribunal   y   el  Juez  del  conocimiento  debe  remitir  las  comunicaciones   referenciadas   en   el   artículo   472  de  la  Ley  600  de  2000.   

Contra  este auto no procede recurso alguno,  en  virtud  a  lo  dispuesto  en  los Arts. 213 y 187, inc. 2º de la Ley 600 de  2000.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

         ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ              MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO        J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                    JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                                       

YESID        RAMÍREZ  BASTIDAS                     JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria    

1La  Sala  de  Descongestión  del  Tribunal  Superior  de  Armenia  conoció de este  proceso  en  virtud  del  acuerdo  núm.  3430 del 26 de mayo de 2006 de la Sala  Administrativa del CONSEJO SUPERIOR DE LA JUDICATURA.   

2CORTE  SUPREMA   DE  JUSTICIA,  auto  del  16/05/2006,  rad.  núm.  25053.     

3Cfr.  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Auto del 03/8/2006, rad. 25726;   

4CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, Auto del 12/10/2006, rad. 26086.   

5Cfr.  Sentencias  del  25/02/2004,  rad.  núm.  21710;   26/09/2000,  rad. núm.  13466;  4/02/2003, rad. núm. 17168, entre otras.   

6Cfr.  VALENCIA  MARTÍNEZ,  Jorge Enrique.  Delitos contra la libertad integridad  y  formación  sexuales,  segunda  edición,  Bogotá,  Legis,  2002, pág. 47 y  siguientes.   

7Ib.  Auto del 05/10/2006, rad. 26009     

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