27537(13-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27537  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 95   

Bogotá,  D.C.,  trece  de  junio  de dos mil  siete.   

VISTOS  

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación presentada por el defensor del procesado ROBERTO ALVARADO  JAIMES,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia proferida por el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bucaramanga  el  8  de  febrero  de 2007,  confirmatoria  de  la emitida el 4 de diciembre de 2006 por el Juzgado 2° Penal  del  Circuito  Especializado de la misma ciudad, condenando al citado procesado,  a  las  penas  principales  de  100  meses  de  prisión y el equivalente a 1500  salarios  mínimos  mensuales  vigentes  de  multa,  como  coautor del delito de  apoderamiento de hidrocarburos.   

HECHOS  

La  sentencia de segundo grado los narró de  la siguiente manera:   

“El 10 de agosto de 2006, aproximadamente a  las   19:00  horas,  agentes  de  la  policía  adscritos  al  Grupo  Élite  de  Hidrocarburos  con  sede  en  Barrancabermeja  efectuaban un patrullaje sobre la  línea  Galán-Petrosantander,  y  cuando transitaban a la altura del kilómetro  42  en  la  comprensión  del  municipio  de Sabana de Torres, observaron a tres  personas  que  mediante  una  válvula  instalada  ilícitamente al poliducto se  apoderaban   del   líquido   que   allí  se  transportaba.  Sin  embargo,  dos  antisociales  emprendieron  la  huída  y  sólo  fue capturado Roberto Alvarado  Jaimes,  junto  a  cinco  recipientes  que  contenían  hidrocarburo que una vez  sometido  al  análisis  del espectofotómetro arrojó resultados negativos para  presencia  de  marcador,  indicativo  de  que  era hurtado a ECOPETROL. También  fueron  inmovilizados  una motocicleta Suzuki de placas FJE 17 A y un automóvil  Nissan de placas FAB 673”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

En audiencias preliminares llevadas a cabo el  11  de  agosto  de 2006 ante el Juzgado Promiscuo Municipal de Sabana de Torres,  con  función de Control de Garantías, se determinó la legalidad de la captura  de  ROBERTO  ALVARADO  JAIMES,  se  le  formuló  imputación  por  el delito de  apoderamiento  de  hidrocarburos, se legalizó la incautación de elementos y se  le  aplicó medida aseguratoria consistente en detención preventiva en lugar de  residencia.   

          Con  posterioridad,  el  8  de  septiembre  de  2006,  la  Fiscalía  presentó   escrito   de  acusación  contra  ALVARADO  JAIMES,  ratificando  la  imputación  por  el  delito de apoderamiento de hidrocarburos, tipificado en el  artículo  327A  del  Código Penal, adicionado por el dispositivo 1° de la Ley  1028 de 2006.   

La  fase  del juzgamiento fue asumida por el  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito Especializado de Bucaramanga, despacho que  tras  celebrar  las  audiencias  de  formulación  de acusación, preparatoria y  juicio  oral  –el 6 y 30 de  octubre  y  15  de  noviembre  de  2006, respectivamente-, profirió el fallo de  primera  instancia  el  4  de  diciembre  de siguiente, en el que se condenó al  procesado  ROBERTO ALVARADO JAIMES, en calidad de coautor de la conducta punible  de  apoderamiento  de hidrocarburos, a las penas principales referenciadas en el  acápite  inicial  de  este proveído. Del mismo modo, le impuso la accesoria de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por un  período  igual  al de la sanción corporal, se abstuvo de condenarlo al pago de  perjuicios,   decretó  el  comiso  del  vehículo  incautado  y  le  negó  los  beneficios  sustitutivos  de  la  suspensión condicional de la ejecución de la  pena y prisión domiciliaria.   

Impugnado  el  fallo  por  la  defensa,  el  Tribunal   Superior   del   Distrito   Judicial   de  Bucaramanga  lo  confirmó  íntegramente,  a  través  de  sentencia calendada el 8 de febrero de 2007, que  fue recurrida en casación por el defensor   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

Cargo Único.  

Al amparo de la causal tercera del artículo  181  de  la  Ley 906 de 2004, es decir, por el manifiesto desconocimiento de las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia,  el  casacionista impugna la del Tribunal, por haber incurrido en  un   “error   de  derecho  por  la  contemplación  jurídica       por       falso      juicio      de      convicción”.   

Dicho  error lo fundamenta en la omisión de  la     cadena     de     custodia     de     las     evidencias     –las cinco pimpinas decomisadas-, desde  el  momento de su recolección hasta que se enviaron a examen de laboratorio, ya  que  al no haber sido custodiadas durante ese interregno, fueron susceptibles de  contaminación  en lo que refiere a su cantidad y calidad, conforme al artículo  277 de la citada codificación.   

Afirma  que el acta de incautación, por ese  motivo,  empieza  a  afectarse  en  su  credibilidad  y  eficacia. Justamente la  falencia   del   Ad  quem,  agrega,  consistió  en  haber  desatendido  las  observaciones de la defensa al  respecto,  pues encontró ajustada a derecho la cadena de custodia, sin restarle  eficacia  probatoria al acta de incautación, y en cambio le otorgó crédito al  testimonio  del  agente  Edwin  Vargas Suárez, quien estableció con base en su  experiencia, que lo decomisado eran aproximadamente 30 galones.   

A continuación, señala el defensor que las  reglas  de  producción  de  la  prueba  testimonial  sobre la cual se fundó el  fallo,  generaron  un  “error  de hecho”,  y que si bien nunca discutió la flagrancia de la aprehensión  ni  la  responsabilidad  de  ALVARADO  JAIMES,  su  inconformismo  radica  en la  cantidad  acreditada  por  esa  vía  probatoria  y  no  por  los medios legales  respectivos,  en  este  caso el pericial, de la misma forma en que se determinó  la calidad.   

Dice que el vacío probatorio que se presenta  sobre  el  tópico,  fue  suplido  testimonialmente con las declaraciones de los  policiales,  a quienes cuestiona por carecer de la preparación suficiente y ser  contradictorios,  pues,  mientras  “el testigo Edwin  Vargas  Suarez  (sic),  refiere  que  eran  5 pimpinas, cuatro llenas y a una le  faltaba  por llenarse porque estaba pegada a la manguera, Alexander Suarez (sic)  Gomez  (sic),  refiere  que  eran 5 pimpinas, 4 totalmente llenas y 1 estaba por  llenar,  otorgando  una  cantidad  aproximada  de  25 galones, JESUS (sic) ERLEY  RODRIGUEZ  (sic), refiere que eran 6 pimpinas y después corrige que era 5 (sic)  pimpinas   que   a   una   le   faltaba  una  botella  por  llenarse”.   

Insiste  entonces  en  que  se precisa de la  acreditación  técnica,  al igual que ocurre en los delitos de estupefacientes,  para  definir  la  cantidad, lo cual incide en la sanción establecida en la Ley  1028  de  2006.  De  allí  que  la operación aritmética con que se subsana la  falencia  probatoria,  constituye  un  yerro  en  la  apreciación de la prueba,  perjudicial para su defendido.   

Por  lo  anterior, considera infringidos los  artículos  7°,  381  y  405  del  Código  de  Procedimiento Penal, los cuales  regulan  el  principio  IN  DUBIO PRO REO,     conocimiento     para     condenar    y    prueba    pericial,  respectivamente.   

Pide, para terminar, que se aplique el citado  principio,  por no haberse demostrado la cantidad de hidrocarburo incautado, con  el  fin  de  interpretar  favorablemente  a su defendido el artículo 327A-3 del  Código Penal.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

En  el nuevo régimen procesal, la casación  se  concibe  como  un medio de control constitucional y legal que procede contra  las  sentencias  proferidas en segunda instancia en los procesos adelantados por  delitos,   cuando   afectan   derechos   o  garantías  procesales.  Esta  nueva  consagración,  que  concibe  el  recurso  como  un  control  constitucional, es  consecuencia  natural  de  la  función  que ejerce la Corte Suprema de Justicia  como  Tribunal  de  Casación  (artículo  235 Superior), guardiana de los fines  primordiales  señalados  en  el  artículo  180  de la nueva ley procesal penal  –Ley  906  de  2004-,  a  saber:   

“…la efectividad del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos a estos, y la unificación de la jurisprudencia”.   

En  la  sentencia  C-  590 de 2005, la Corte  Constitucional  resaltó  la mayor amplitud que tiene la casación en el sistema  acusatorio,  en  cuanto  decididamente  se  prevé  como  medio protector de las  garantías fundamentales:   

“(…)  la  afectación  de  derechos  o  garantías  fundamentales  se  convierte  en  la  razón  de  ser  del juicio de  constitucionalidad  y  legalidad  que, a la manera de recurso extraordinario, se  formula  contra  la  sentencia.  O  lo  que  es  lo  mismo,  lo  que legitima la  interposición  de  una  demanda  de  casación  es la emisión de una sentencia  penal  de  segunda  instancia  en  la que se han vulnerado derechos o garantías  fundamentales.   Precisamente   por   ello   se   ha   presentado  también  una  reformulación   de  las  causales  de  casación,  pues  éstas,  en  la  nueva  normatividad,  sólo  constituyen supuestos específicos de afectación de tales  garantías o derechos…”.   

La  Ley  906  de 2004 especificó el ámbito  normativo  respecto  del  cual  se  ejerce  el  control de las sentencias de los  jueces,  incluyendo no sólo las infracciones a la ley, sino también a la Carta  y   a   las   normas   del   llamado   “bloque  de  constitucionalidad”.   En   este   punto,  como  lo  advirtió  la  Corte Constitucional en el citado fallo C-590 de 2005, si bien no  puede  afirmarse que ese parámetro de control no se observara en los anteriores  regímenes  de la casación, es claro que la expresa configuración legal de ese  ámbito  normativo,  evidencia  el  propósito  que  ha  tenido el legislador de  adecuar  el  instituto, de manera más directa a referentes constitucionales, lo  cual    resulta    comprensible    en    la   dinámica   de   las   democracias  constitucionales.   

          Y   es   evidente   que   para   el   cumplimiento   de  esos  fines  constitucionales,  el  llamado  sistema  acusatorio  oral de la Ley 906 de 2004,  dotó  a la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia de una serie  de  facultades  realmente  especiales, como lo hizo con aquella consagrada en el  artículo  184, a saber, la potestad de “superar los  defectos  de la demanda para decidir de fondo” en las  condiciones  indicadas  en él, esto es, atendiendo a los fines de la casación,  fundamentación  de  los  mismos,  posición del impugnante dentro del proceso e  índole  de  la  controversia  planteada; y  la  referida  en  el  artículo  191, para emitir un fallo  anticipado  en aquellos  eventos  en  que la Sala mayoritaria lo  estime  necesario  por  razones de interés general, anticipando los turnos para  convocar a la audiencia de sustentación y decisión.   

Dentro de ese nuevo contexto normativo, ha de  aceptarse  que  la  inadmisión de una demanda de casación por parte de la Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  debe basarse en tres  aspectos  esenciales:  en principio, cuando el demandante no tenga interés para  acceder   al  recurso;  en  segundo  lugar,  cuando  se  trate  de  una  demanda  infundada,  es decir que su  fundamentación   no   evidencia   una   eventual   violación   de   garantías  fundamentales;  y,  por  último,  cuando  de  su inicial estudio se descarte la  posibilidad   de  desarrollar  en  la  sentencia  alguno  de  los  fines  de  la  casación.   

En  efecto, el artículo 184, inciso 2º, de  la  Ley  906  de  2004,  autoriza  a  la  Corte  para  no  seleccionar,  en auto  debidamente  motivado,  aquellas  demandas  de  casación  que  se encuentren en  cualquiera de los siguientes supuestos:   

“si  el  demandante  carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal, no desarrolla los cargos de sustentación o  cuando  de su contexto se advierta fundadamente que no se precisa del fallo para  cumplir algunas de las finalidades del recurso”.   

De  allí  que  bajo  la  óptica  del nuevo  sistema  procesal  penal, el libelo impugnatorio tampoco puede ser un escrito de  libre  elaboración,  en cuanto mediante su postulación el recurrente concita a  la  Corte  a  la  revisión del fallo de segunda instancia para verificar si fue  proferido o no conforme a la constitución y a la ley.   

Por  lo  tanto, sin perjuicio de la facultad  oficiosa  de  la  Corte  para prescindir de los defectos formales de una demanda  cuando  advierta la posible violación de garantías de los sujetos procesales o  de  los  intervinientes, de manera general, frente a las condiciones mínimas de  admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

1. Acreditación del agravio a los derechos o  garantías fundamentales producido con la sentencia demandada;   

2. Señalamiento de la causal de casación, a  través  de  la  cual  se  deja  evidente  tal  afectación, con la consiguiente  observancia  de los parámetros lógicos, argumentales y de postulación propios  del motivo casacional postulado;   

3.  Determinación  de  la  necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De otro lado, con referencia a las taxativas  causales  de  casación  señaladas  en  el  artículo 181 del nuevo Código, se  tiene dicho que:   

a)  La  de  su  numeral  1º  –falta  de aplicación, interpretación  errónea,  o aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal, llamada a regular el caso-, recoge los supuestos de la  que  se  ha  llamado  a  lo  largo  de  la  doctrina  de  esta Corporación como  violación directa de la ley material.   

b) La del numeral 2º consagra el tradicional  motivo     de     nulidad     por     errores    in  procedendo,  por  cuanto  permite  el  ataque  si  se  desconoce  el  debido proceso por afectación sustancial de su estructura (yerro  de  estructura)  o  de  la garantía debida a cualquiera de las partes (yerro de  garantía).   

En  tal caso, debe tenerse en cuenta que las  causales  de nulidad son taxativas y que la denuncia bien sea de la vulneración  del  debido  proceso  o  de  las  garantías,  exige  clara  y  precisas  pautas  demostrativas1.   

Del  mismo modo, bajo la orientación de tal  causal  puede  postularse  el desconocimiento del principio de congruencia entre  acusación           y           sentencia2.   

c) Finalmente, la del numeral 3º se ocupa de  la   denominada   violación   indirecta   de  la  ley  sustancial  –manifiesto   desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia-;  desconocer  las  reglas  de  producción alude a los errores de  derecho  que  se  manifiestan  por  los falsos juicios de legalidad –práctica  o  incorporación  de  las  pruebas   sin  observancia  de  los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o,  excepcionalmente  por  falso  juicio  de convicción3,     mientras     que    el  desconocimiento  de  las reglas de apreciación hace referencia a los errores de  hecho   que  surgen  a  través  del  falso  juicio  de  identidad  –distorsión   o   alteración  de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio-, del falso juicio de existencia  –declarar un hecho probado  con  base  en una prueba inexistente u omitir la apreciación de una allegada de  manera    válida    al   proceso-   y   del   falso   raciocinio   –fijación  de  premisas  ilógicas  o  irrazonables    por    desconocimiento    de    las    pautas    de    la   sana  crítica-.   

La invocación de cualquiera de estos errores  exige  que  el  cargo se desarrolle conforme a las directrices que de antaño ha  desarrollado   la   Sala,  en  especial,  aquella  que  hace  relación  con  la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado.   

Bajo las anteriores premisas generales, entra  entonces  la  Sala  a  estudiar  el  aspecto  formal  de la demanda que ocupa su  atención.   

Cargo Único.  

De  acuerdo  con los referentes normativos y  jurisprudenciales  vienen de reseñarse, advierte la Sala varias falencias en la  demanda  presentada  por  el defensor del procesado ROBERTO ALVARADO JAIMES, las  cuales dan al traste con su pretensión casacional.   

Para  empezar, se abstiene de señalar cuál  es  la  finalidad  del recurso, en los términos del artículo 180 de la Ley 906  de 2004.   

Ya respecto del cargo específico presentado  en  contra de la sentencia de segundo grado, debe comenzar por señalarse que la  causal  tercera  de  casación  de  la  nueva normatividad procesal –anunciada por el libelista- se refiere  al  “manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de  producción  y  apreciación  de  la  prueba  sobre  la  cual  se  ha fundado la  sentencia”,  apartado  en  el  cual  el  legislador  resumió  las  denominadas  violaciones  indirectas  por errores de derecho o de  hecho, todas relacionadas con el tema probatorio.   

Por lo tanto, si lo buscado es recurrir a la  causal  tercera,  el  recurrente  debe  concretar  el  error, si de derecho o de  hecho,  la  prueba  o pruebas sobre las que recae y demostrar su trascendencia o  incidencia  en  la  transgresión de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional o legal.   

En  el  presente  caso,  evidente  surge  la  dificultad  con  la  que el impugnante abordó la presentación y desarrollo del  cargo  con  el  que  pretende  sustentar el recurso extraordinario de casación,  pues,   como  puede  observarse  en  el  escrito  presentado,  no  sólo  en  la  argumentación  del  mismo  desbordó  el  ámbito  del sentido de la violación  anunciada,  sino  que,  además,  no  logró  precisarlo mínimamente y desde su  particular   óptica  disiente  del  ejercicio  dialéctico  efectuado  por  los  juzgadores,  atribuyéndoles quebrantos en la contemplación de las pruebas, que  jamás   precisó,   tornando   la   controversia   en   un  simple  alegato  de  instancia.   

En  efecto, respecto al cargo propuesto, que  se  rotula  propio  de  un  supuesto  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  adviértase,  inicialmente,  que  el  recurrente  deja entrever su  disenso  sobre  la  forma  como  los  funcionarios  de  instancia  abordaron  la  valoración  de  la  prueba testimonial, conformada por las declaraciones de los  policiales  Edwin  Vargas  Suárez,  Alexander  Suárez  Gómez  y  Jesús Erley  Rodríguez,   dado   que  a  partir  de  ellos  se  determinó  la  cantidad  de  hidrocarburo   incautado,  pese  a  que  el  “medio  legal”  para  su  acreditación  lo  es  la  prueba  pericial.  Además,  porque no observaron los servidores públicos lo relativo a  la  cadena  de custodia, desde el momento de la incautación, hasta la remisión  de la muestra para determinar su calidad.   

Sin  embargo,  no relaciona el casacionista,  cuál  es  el texto normativo que consagra la tarifa legal que refiere, como era  su  obligación, ya que, en tratándose del error de derecho por falso juicio de  convicción,   la   aplicación  se  restringe  por  haber  desaparecido  de  la  sistemática  procesal  nacional la llamada tarifa legal de prueba. De allí que  sólo,  por  vía  excepcionalísima, se incurre en el yerro propuesto cuando el  juez  desconoce  el valor prefijado en la ley al medio probatorio en concreto, o  la  eficacia  que  esta  le  asigna,  lo  que  necesariamente implica conocer el  artículo o plexo normativo que prefigura esas calidades.   

De  otro lado, buscando reforzar la presunta  violación  atribuida  al  Tribunal, manifiesta el recurrente, que las reglas de  producción  de  la  prueba  testimonial  sobre  las  que  se  fundó  el fallo,  generaron    un    “error   de   hecho”.  De esta manera, se desvía del cauce de su alegación inicial,  para   adentrarse   en   causal   diferente,   aunque   la   deja   en  el  mero  enunciado,  incumpliendo   así   con   uno  de  los  presupuestos   de   fundamentación   que  gobiernan  el   cargo   propuesto   al   amparo  de  la  causal  tercera,  que  demanda una argumentación  puramente  jurídica,  ajena  a  la interpretación o valoración  probatoria.   

         Precisamente,     el     tipo    de    ataque    seleccionado   implica  para  el  casacionista  abstenerse  de  controvertir  la  prueba  y  la  evaluación que de ella hizo el  fallador4,   conformándose   con   la referencia que de los hechos hace el mismo.   

Por otra parte, advierte el casacionista que  los  uniformados,  en  sus  declaraciones  juradas, incurren en contradicciones,  pero  lo  cierto  es  que  al  transcribir  los  apartes  que  supuestamente las  contienen,  no se advierten las mismas, ni el recurrente se ocupa de destacarlas  puntualmente.  Por  el  contrario, los tres policiales en todo momento indicaron  que   se   incautaron  cinco  “pimpinas”, cuatro llenas y una a punto de estarlo.   

Ahora,  que  uno  de  ellos haya dicho en un  comienzo  que  eran  seis  las “pimpinas”,  no  afecta  la  credibilidad  de  sus asertos, si en cuenta se  tiene  que  el  mismo  recurrente,  en el escrito impugnatorio hace saber que el  servidor  público  después  corrigió  lo  atestado,  significando  cinco  los  envases,    coincidiendo    asi    con    lo    testificado   por   los   demás  gendarmes.   

Las  citadas  declaraciones, debe relevar la  Corte,  emergen  aptas  para acreditar el aspecto objetivo del delito, en lo que  respecta  a  la  cantidad  de  hidrocarburo  decomisado,  pues,  es claro que al  conocimiento  de un aspecto trascendente para el objeto de la investigación, en  este  caso  la  cantidad  de  hidrocarburo  pretendido  hurtar, fundamental para  verificar  los  rangos  mínimo y máximo de pena a aplicar, se puede llegar por  múltiples  vías  probatorias  sin  que,  a  despecho  de  lo  sostenido por el  demandante,   se  halle  establecido  legalmente  algún  tipo  de  cortapisa  o  limitación  que  exija  recurrir a un especial medio suasorio, particularmente,  el experticio que se echa de menos.   

Y, si lo buscado es controvertir la justeza o  capacidad  probatoria  de lo expresado por los uniformados, no puede ser la vía  del  error  de  derecho,  la  adecuada  para  soportar  la controversia, por las  razones  que  atrás  se adujeron, sino el camino del error de hecho, caso en el  cual,  no  es  posible  que  el  recurrente  se limite a anteponer su particular  criterio  acerca  de  la  preparación  de  los  uniformados,  sino que se torna  obligatorio  referenciar cuál es el error atribuido al Tribunal, necesariamente  dentro  de  los  linderos  del  falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio de  identidad o falso raciocinio.   

Lejos  de  ello,  se  ocupa el impugnante de  controvertir  la  cadena  de custodia, aunque nunca precisa cómo afecta ello la  determinación  de  cuánto  fue  lo  incautado,  para  concluir,  sin  ilación  probatoria,  jurídica  o  lógica, que debió, como ocurrió para determinar la  calidad  del  combustible,  recurrirse  al  servicio  de  expertos  en  aras  de  delimitar la cantidad de hidrocarburo hallado en poder del acusado.   

Bajo  los anteriores parámetros es evidente  que  el  actor al acusar la sentencia de segunda instancia proferida por la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Bucaramanga, de incurrir  en  error  de  derecho,  no  observó  el  compromiso argumental de postular sus  planteamientos   con   la  claridad  y  la  precisión  requeridas  en  la  ley,  desarrolladas por la jurisprudencia.   

         En   conclusión,   el   demandante  no  demuestra  los  errores  de  valoración  probatoria que pretende enrostrar al juzgador y la Sala tampoco los  evidencia  en  la  lectura  que ha hecho de los fallos impugnados, por lo que se  impone inadmitir el cargo presentado.   

          Cuestión final.   

          Habida  cuenta  que  contra  la decisión de inadmitir la demanda de  casación  presentada  a nombre del procesado ROBERTO ALVARADO JAIMES procede el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 186  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación5,    como  sigue:   

          a)  La  insistencia  es  un  mecanismo  especial que sólo puede ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de la providencia por cuyo medio la Sala decida no seleccionar la  demanda  de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decidido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  -siempre   que  el  recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por  el  Procurador  Judicial-,  el  Magistrado  disidente o el Magistrado que no haya participado en  los debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

         b)  La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio  Público,  a través de sus Delegados para la Casación Penal, o ante uno de los  Magistrados  que  hayan  salvado  voto  en  cuanto a la decisión mayoritaria de  inadmitir  la  demanda  o ante uno de los Magistrados que no haya intervenido en  la discusión.   

          c)  Es potestativo del Magistrado disidente, del que no intervino en  los  debates  o  del  Delegado  del Ministerio Público ante quien se formula la  insistencia,  optar  por  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para  su  revisión,  evento  último  en que informará de ello al  peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          d)  El  auto  a  través  del  cual  no  se selecciona la demanda de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de casación, salvo que la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  ROBERTO  ALVARADO  JAIMES.   

2.  De  conformidad  con  lo dispuesto en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Excusa justificada  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                             ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                                   JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                              JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                                  JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Cfr.  auto de casación del 24 de noviembre de 2005, radicación 24.323.   

2 Cfr.  auto de casación del 24 de noviembre de 2005, radicación 24.530.   

3 ib.  radicación 24.530   

4.  Auto  del  30  de nov. 1999,  Radicado14535   

5  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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