27517(01-08-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27517  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente:  

Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado Acta N° 136  

Bogotá,  D. C., primero (1) de agosto de dos  mil siete (2007).   

VISTOS:  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación  presentada  por la apoderada de la parte  civil,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida por el Tribunal  Superior  de  Bogotá,  por medio de la cual confirmó la dictada por el Juzgado  6°  Penal  del Circuito de la misma ciudad, mediante la cual absolvió a Teresa  del    Niño    Jesús    Jiménez    de   Ramírez   del   delito   de   fraude  procesal.   

LOS HECHOS:  

1.            Camilo Hernández Páez mediante escrito  que  presentara  ante la Fiscalía General de la Nación, denunció penalmente a  Teresa  del  Niño  Jesús  Jiménez  de  Ramírez  por  los  delitos  de fraude  procesal,  falso testimonio y los otros que llegaren a configurarse, dando lugar  a  que  la  Fiscalía 328 Seccional de Bogotá ordenara investigación previa en  resolución    del    1    de    agosto   de   20011.   

Relató  el  denunciante  que  a  través de  documento  que  suscribiera  el 21 y 29 de septiembre de 1992 en Bogotá, Teresa  del  Niño  Jesús jiménez De Ramírez le prometió en venta el apartamento 301  del  inmueble  ubicado  en  la  carrera  8ª  Nº  69-70 del mismo lugar, con su  respectivo  garaje,  bien  adquirido  en  la sucesión de su finada madre Elvira  Palacino  de  Jiménez, sin embargo, como posteriormente la promitente vendedora  se  negara  a suscribir la respectiva escritura pública de venta a pesar de él  haber  cumplido  con  sus  obligaciones,  instauró, mediante apoderado, proceso  ejecutivo  para  obligarla  a cumplir dicho compromiso, dentro del cual la antes  nombrada  rindió  interrogatorio  de  parte  el  16 de mayo de 20002.   

En dicha diligencia, admitió haber celebrado  la  promesa  de  venta  sobre  el inmueble mencionado en documento elaborado por  Camilo  Hernández  y explicó que la razón por la cual no figuran los linderos  ni  la  matrícula  fue  la  ausencia, por esa época, de protocolización de la  sucesión,  lo  cual  impedía  conocer  a  ciencia  cierta  los derechos que le  corresponderían.   

El Juzgado 38 Civil del Circuito de Bogotá,  oficina  a  la  cual le fue asignada aquella actuación, el 5 de febrero de 1999  libró  mandamiento  ejecutivo  en  contra de la demandada, sin embargo, el 6 de  junio   de   2000   la   Sala   Civil  del  Tribunal  Superior  del  Bogotá  la  revocó3.   

Pero  además,  Teresa  Del  Niño  Jesús  Jiménez  de  Ramírez promovió, mediante apoderado, proceso ordinario para que  se  declarara  la  nulidad  absoluta  del  contrato de promesa de compraventa en  referencia,  argumentando:  que  sólo  hasta  el  31  de  diciembre de 1992 fue  protocolizada   la   adjudicación   de   la   sucesión  y  adquirió  derechos  proindiviso;  la exclusión del documento de los linderos generales del inmueble  y  de  la  matrícula  inmobiliaria;  y  la  falta  de correspondencia entre los  linderos  especiales  descritos  en  el contrato y los reales. Este trámite fue  adelantado  por  el  Juzgado Sexto Civil del Circuito de Bogotá y concluyó con  sentencia    del    24    de    mayo    de    20054,  a  favor  de  la demandante,  cuya ejecutoria se surtió tres días después.   

ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.            Abierta la investigación penal el 15 de  julio  de  20025,  Teresa  Del  Niño  Jesús  Jiménez  de  Ramírez fue sometida a  indagatoria6  por  la  Fiscalía  328  Delegada  ante  los  Juzgados Penales del  Circuito de Bogota.   

2.            Dicho  ciclo  fue  clausurado y mediante  providencia    del   4   de   noviembre   de   20037  se  profirió  resolución de  acusación  contra  la  procesada  Teresa  del Niño Jesús Jiménez de Ramírez  como  presunta  autora  del  delito  de  falso  testimonio,  decisión  que  fue  confirmada  en  segunda  instancia  por  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal  Superior  de  Bogotá  en  providencia  del 16 de septiembre de 20048.   

3.            Correspondió  al  Juzgado 6° Penal del  Circuito   de   Bogotá  celebrar  las  respectivas  audiencias  preparatoria  y  pública,  acto  éste  en  cuyo desarrollo la Fiscalía varió la calificación  jurídica  de los hechos de falso testimonio a fraude procesal. El 20 de octubre  de     20069  al  pronunciar  el fallo de primer grado absolvió a la acusada de  la  conducta  punible  mencionada  en último lugar, aunque esgrimió argumentos  para descartar la configuración del restante injusto endilgado.   

4.            Apelada esa sentencia por la apoderada de  parte   civil,   el   11   de   diciembre   de  200610   el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  la confirmó, decisión contra la cual la misma recurrente interpuso el  recurso de casación.   

LA DEMANDA:  

Al amparo de la causal primera del artículo  207  de  la  ley  600  de  2000,  la libelista formula un único cargo contra la  sentencia  proferida  por  el Tribunal Superior de Bogotá, la cual acusa de ser  “…violatoria   de   una   norma  de  derecho  sustancial…”  —pero   se   limita   a   invocar  los  artículos   237   y   239   del   Código  de  Procedimiento  Penal—  proveniente  de  error  de hecho por  falta  de  apreciación  del  testimonio rendido en el curso del debate público  por  la  abogada  Bertha  Oliva  Bedoya,  defecto  que no estima superado por la  evaluación  de  las  dos declaraciones que rindiera dicha ciudadana en el curso  de la instrucción, realizada por los jueces de instancia.   

La importancia de la última declaración la  atribuye  a la afirmación categórica que hizo dicha deponente en el sentido de  que  Teresa  Del  Niño  Jesús  Jiménez  de Ramírez fue quien le solicitó la  elaboración  de  la promesa de venta, lo cual evidencia que la procesada faltó  a  la  verdad  cuando  al rendir declaración ante la justicia civil sostuvo que  Camilo  Hernández  Páez  fue  quien  confeccionó  el  citado documento con el  propósito de engañarla.   

Por  lo  anterior,  solicita  casar el fallo  censurado y proferir condena en contra de la nombrada acusada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.            El  legislador a partir del Decreto 2700  de  1991  (artículo 219) y así lo ha venido reiterando en la Leyes 600 de 2000  (artículo  206)  y 906 de 2004 (artículo 180), asignó de manera explícita al  recurso  de casación las siguientes finalidades: la protección de los derechos  fundamentales  de  los intervinientes en el proceso penal, la reparación de los  agravios   inferidos  a  éstos,  la  efectividad  del  derecho  material  y  la  unificación de la jurisprudencia.   

2.            La  parte  civil  reconocida  dentro  la  actuación  penal,  en  consecuencia,  está plenamente legitimada para impugnar  todas  aquellas  decisiones  que  no conlleven a la restitución de las cosas al  estado  en  que se encontraban en el momento anterior a la comisión del delito,  cuando  ello  fuere  posible,  ni  al  resarcimiento  de los daños y perjuicios  sufridos   por   ella,   de   ahí   que   ninguna   providencia  quebrante  tan  ostensiblemente  los  mencionados  derechos  como  la  de carácter absolutorio,  luego  por  haber sido proferida en tal sentido la sentencia atacada es evidente  que    la   recurrente   cuenta   con   interés   jurídico   para   impugnarla  extraordinariamente.   

3.            Circunscrita la censura al tema penal, la  ley  que  rige  la  interposición  y el trámite del recurso de casación es la  procesal   penal   vigente   en   el   momento  en  que  sucedieron  los  hechos  juzgados11,   salvo   que   por  razones  de  tránsito  normativo  surja  una  disposición nueva mejorando la situación.   

4.            De  acuerdo con esta interpretación, es  necesario  determinar  el  lapso  durante  el  cual  se consumaron los episodios  objeto  de  juzgamiento,  que  por  haber sido adecuados por la Fiscalía, en el  curso  de  la  audiencia  pública,  al  delito  de fraude procesal ─sin  que  los  sujetos  procesales  se  opusieran,  no obstante en la resolución de acusación haber sido subsumidos en  la       conducta       punible       de       falso      testimonio─,  lo  cual  a  su  vez  conllevó  al  pronunciamiento  de  las  sentencias  de  primera  y segunda instancia por dicho  injusto,  impone tener en cuenta cuál es la estructura del tipo objetivo que lo  conforma,  con  el  fin  de  determinar  las  reglas  procesales aplicables para  efectos   de   la   interposición   y   trámite   del   extraordinario   medio  impugnaticio.   

En jurisprudencia de esta Sala dicho tema ha  sido abordado así:   

“…se  trata  de  un  delito de carácter  permanente  pues la lesión al bien jurídico protegido por la norma perdura por  todo  el  tiempo  en  que el funcionario judicial permanezca en error. Es decir,  que  dicha  vulneración se prolonga durante todo el lapso en que los mecanismos  fraudulentos  incidan  en  el  funcionario  oficial.  Es  entonces, a partir del  último   acto  de  inducción  en  error  que  empieza  a  correr  el  término  prescriptivo12.   

Dada  la  incidencia  del último acto en la  determinación  de  la  fecha  en  la  cual  se  consideran agotados los delitos  permanentes,   resulta   pertinente   evocar  la  doctrina  elaborada  por  esta  Corporación al respecto:   

“Ciertamente,  si lo que se pretende en el  proceso  penal  es  juzgar las conductas punibles a partir de la indagación que  el  ente  instructor  realiza  de  comportamientos  cuya  ejecución  se inició  obviamente  con  anterioridad,  aunque  continúe  realizándose  en  el tiempo,  investigación  que  se  concreta  en  el  doble  acto  de  imputación fáctica  –que   compendia   las  circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar  de comisión del hecho- y jurídica  –que califica la conducta  desde  la  normativa penal─  contenida   en   la  acusación,  aún  tratándose  de  delitos  de  ejecución  permanente  existe  un  límite  a  la  averiguación,  de  manera que cuando se  convoca  a  juicio  al  procesado  su conducta posterior no podrá ser objeto de  análisis   ni   de   reproche   en  el  mismo  proceso  sino,  acaso,  en  otro  diferente.   

Que ese límite o momento cierto en el que el  Estado  define  los  términos  del  juzgamiento  lo  constituye  la resolución  acusatoria,  ya  había  sido  señalado  por  la Corte cuando, a propósito del  examen del principio de congruencia, anotó:   

“la  resolución  de  acusación  es  acto  fundamental  del  proceso  dado  que  tiene  por  finalidad garantizar la unidad  jurídica   y   conceptual   del  mismo,  delimitar  el  ámbito  en  que  va  a  desenvolverse  el  juicio  y, en consecuencia, fijar las pautas del proceso como  contradictorio.  Por  eso  la  ley  regula  los  presupuestos  procesales  de la  acusación  (art.  438),  sus requisitos sustanciales (art. 441) y su estructura  formal  (art.  442).  Por  eso  también  la ley, al regular la estructura de la  sentencia  recoge  el  concepto  de acusación como punto de referencia obligado  (art.  180  #  1,  3,  5,  7)  y  señala  como vicio de la misma, demandable en  casación,   su   falta   de   correspondencia   (art.   220  #2)”13.   

En la misma providencia, precisó respecto de  los delitos de ejecución permanente que   

“el  límite  cronológico  máximo  de la  imputación  es  el  de  la acusación y por tanto la sentencia debe atenerse al  mismo”14.   

5.            Hechas  las  anteriores  precisiones  se  determinará  cuando  se  cumplió  el último acto con el cual presuntamente la  acusada  Teresa  Del  Niño  Jesús  Jiménez  de Ramírez indujo en error a los  funcionarios  judiciales del área civil para obtener providencia contraria a la  ley,  conforme  a  la  denuncia  formulada  en  su  contra por Camilo Hernández  Páez.   

6.            Los  registros  existentes en el proceso  indican  que  entre  el 21 y el 29 de septiembre de 1992 los ciudadanos acabados  de  mencionar  suscribieron en esta ciudad el contrato de promesa de compraventa  del  inmueble  ubicado  en  la  carrera  8ª  #  69-70, apartamento 301, de esta  capital,  y  el  respectivo  garaje,  cuyo  cumplimiento  frustró la promitente  vendedora  Teresa  Del Niño Jesús Jiménez al negarse a suscribir la escritura  pública   para   trasmitir   el   dominio   del   citado   bien  al  promitente  comprador.   

También informa el plenario que el  16  de  mayo  de  2000,  al  rendir  interrogatorio de parte Teresa Del Niño Jesús  Jiménez,  ante  el  Juzgado  38  Civil  del  Circuito  de  Bogotá ─dentro  del  proceso  ejecutivo  civil  promovido  por Camilo Hernández que terminó con sentencia de segunda instancia  adversa  a sus pretensiones, emitida por el Tribunal Superior de Bogotá el 6 de  junio  de  2000─, faltó a  la  verdad  según  ha  manifestado el frustrado comprador, momento a partir del  cual  se  inició  el  comportamiento fraudulento que posteriormente lo indujo a  activar  el  sistema  penal  estatal,  dada  la  orden  de investigación previa  impartida  por  la  Fiscalía  328 Seccional de Bogotá, en resolución del 1 de  agosto de 2001.   

En  fecha  no  establecida  en la foliatura,  Teresa  Del  Niño  Jesús  Jiménez,  a través de apoderado, promovió proceso  ordinario  en  contra  de  Camilo  Hernández  Páez  en  busca de la anulación  absoluta  del  referido  contrato,  que  el  Juzgado Sexto Civil del Circuito de  Bogotá,  en  sentencia  del  24  de  mayo  de  2005,  resolvió  a  favor de la  demandante,  cuya  ejecutoria  se  surtió tres días después, actividad que el  denunciante integra al fraude procesal que lo afectó.   

Luego, en principio, es dable afirmar que el  acontecer  presuntamente  constitutivo del delito delatado por Camilo Hernández  Páez  se  desarrolló  entre  16  de  mayo de 2000, fecha del interrogatorio de  parte  absuelto por Teresa Del Niño Jesús Jiménez, presumiblemente sin ajuste  a  la  verdad,  y  el 27 de mayo de 2005 cuando se produjo la sentencia que puso  fin  al trámite procesal promovido por la acusada, en opinión del denunciante,  como  medio  fraudulento para obtener providencia contraria a la ley en desmedro  de  sus  intereses  patrimoniales,  porque  en  tal  fecha  cesaron  los efectos  procesales  fraudulentos  causados a la administración de justicia y, por ende,  se agotó el delito.   

7.             Pero   como   la  culminación  de  la  ejecución   del   fraude   procesal   materia   de   juzgamiento   ─ocurrida    el   27   de   mayo   de  2005─  fue posterior a la  fecha   de   ejecutoria   de   la   resolución   de   acusación   ─16  de  septiembre de 2004─,  debe  tenerse  ésta  como la de su  agotamiento.   

8.            Sabido es que la Ley 600 de 2000 empezó  a  regir  en todo el territorio nacional el 24 de julio de 2001, mientras que la  Ley  906  de  2004  ha venido entrando en vigencia de manera progresiva, y en el  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  sede  de  este  proceso,  el  1°  de enero de  2005.   

De ahí que el cuerpo normativo mencionado en  primer  término  sea  el llamado a gobernar la interposición y el trámite del  recurso  de casación porque era el vigente cuando se agotó el delito de fraude  procesal,  admitida  la  ficción  de la correspondencia entre dicho evento y la  ejecutoria   de  la  resolución  acusatoria,  surtida,  se  repite,  el  16  de  septiembre   de   2004,  conclusión  fundada  en  el  criterio  jurisprudencial  previamente trascrito.   

8.            De  conformidad  con  lo  previsto en el  artículo  del artículo 205 de la Ley 600 de 2000, el recurso extraordinario de  casación procede:   

“…contra  las  sentencias  proferidas en  segunda  instancia  por  los  tribunales  superiores  de  distrito judicial y el  Tribunal  Penal  Militar, en los procesos que se hubieren adelantado por delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa de libertad cuyo máximo sea o exceda de  ocho   años,   aun  cuando  la  sanción  impuesta  haya  sido  una  medida  de  seguridad.”   

(…)  

“De manera excepcional, la Sala Penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia,  discrecionalmente,  puede  admitir  la demanda de  casación  contra  sentencias  de  segunda  instancia  distintas  a  las  arriba  mencionadas,  a  la solicitud de cualquiera de los sujetos procesales, cuando lo  considere  necesario  para  el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los  derechos  fundamentales,  siempre que reúna los demás requisitos exigidos  por la ley.”   

9.            Los  jueces  de  instancia absolvieron a  Teresa  Del  Niño  Jesús Jiménez de Ramírez de la conducta punible de fraude  procesal,  delito  para  el  cual el artículo 453 del Código Penal de 2000, en  vigor      por     la     época     de     su     consumación     ─16  de  septiembre de 2004─,  prevé  una  pena  privativa  de la  libertad  cuyo  máximo  es  de  8  años  de  prisión,  luego  la impugnación  extraordinaria  procedente  en  este  caso  es  la común, selección en la cual  acertó la libelista.   

10.           La Corte tiene establecido que la demanda  de  casación  no  es un escrito de libre elaboración en tanto que debe cumplir  con  los  requisitos  señalados en el artículo 212 de la Ley 600 de 2000, para  el  presente  caso,  como  citar  las  normas  que  se  consideren  infringidas,  determinar  la  clase  de quebrantamiento, indicar los fundamentos completos con  claridad,  precisión  y  lógica,  en  armonía  con  la  naturaleza  del vicio  reprochado,   además   de   demostrar   la   trascendencia   del  yerro  en  la  decisión15.   

Desde  esta perspectiva, el libelo objeto de  examen  formal  no  consulta  los  parámetros técnicos mínimos que lo harían  formalmente válido para su admisión, según se pasa a explicar:   

10.1.          La  actora  omitió  señalar las normas  sustanciales    supuestamente   violadas,   el   sentido   del   quebranto   ─directo      o  indirecto─ y si lo fueron  por    falta    de   aplicación,   aplicación   indebida   o   interpretación  errónea.   

10.2.           En  una  abierta  desarmonía  con  la  naturaleza  del error de hecho por omisión probatoria denunciado, se limitó la  libelista  a  censurar  la  ausencia  de  ponderación  judicial  del testimonio  rendido  durante  el  debate  público por Bertha Oliva Bedoya, pues olvidó que  para   su   estructuración   es  indispensable  demostrar  no  sólo  la  total  marginación  del  medio probatorio válidamente practicado en la confección de  la  providencia  judicial  atacada  sino, también: cuál es la información que  objetivamente  brinda;  qué mérito demostrativo debe serle asignado y cómo su  estimación   conjunta  con  el  resto  de  elementos  que  integran  el  acervo  probatorio     conduce    a    trastrocar    las    conclusiones    del    fallo  censurado16.   

10.3.           Al   admitir  la  demandante  que  los  juzgadores   valoraron  las  otras  dos  declaraciones  vertidas  por  la  misma  deponente  en  el  ciclo  instructivo,  estaba  obligada  a  establecer  en qué  términos  el  Tribunal  cumplió  dicha  labor intelectiva en orden a demostrar  hasta  que  punto  tal análisis entró en contradicción con el contenido de la  exposición  jurada  que  extraña, pues era necesario establecer cuáles fueron  las  inconsistencias  y  ambigüedades  que impedían otorgar credibilidad a las  dos  primeras  declaraciones, única manera de identificar el error y establecer  la incidencia en la decisión adoptada.   

10.4.          La recurrente olvidó que la casación no  fue  instituida  para  anteponer  el criterio del recurrente al expuesto por los  jueces  de  instancia que llega a esta sede precedido de la doble presunción de  acierto  y  legalidad, sino para corregir verdaderos yerros trascendentales, que  deben  ser  enunciados  y establecidos clara y concretamente, cuya demostración  cabal  ha  de  tener,  además, la potencialidad de hacer cambiar el sentido del  fallo, tarea que no acometió la impugnante.   

11.          Y, como no está autorizada la Corte para  suplir  las  deficiencias  y  corregir  las  imprecisiones de la demanda dado el  carácter  rogado  del recurso de casación, a menos que encuentre violación de  garantías  fundamentales  que deban ser protegidas oficiosamente (artículo 2l6  de  ela  Ley  600  de  2000), posibilidad que no se vislumbra en este asunto, la  consecuencia  procesal  que  se  impone  es  la  inadmisión  del  libelo por no  cumplir   los  requisitos de forma señalados en el artículo 212 del   Código  de  Procedimiento Penal de 2000, determinación que se adopta con apoyo  en el 213 ibídem.   

A  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E :  

1.            INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  apoderada de parte civil, contra la  sentencia  absolutoria  dictada  a  favor de Teresa Del Niño Jesús Jiménez De  Ramírez. Y,   

2.            ADVERTIR  que  contra esta providencia no procede ningún recurso.   

Notifíquese  y  devuélvase al Tribunal de  origen.   

Cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ     MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

Impedido  

JORGE  L.  QUINTERO  MILANÉS                                                 YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                              MAURO  SOLARTE  PORTILLA   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.    

1  C.  orig. N° 1, fol. 61.   

2  C.  orig. N° 1, fols. 52-57.   

3  C.  orig. N° 1,. Fols. 110 y 124-132.   

4  C.  orig. N° 2, fols. 65-76.   

5  C.  orig. N° 1, fol. 93.   

6  C.  orig. N° 1, fols. 104-108.   

7  C.  orig. N° 1, fols. 162-169.   

8  C.  orig. de la Fiscalía Delegada ante el Tribunal, fols. 3-7.   

9  C.  orig. del Juicio, fols. 117-128.   

10 C.  orig. del Tribunal, fols. 6-34.   

11  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Auto del 16 de febrero de 2005, rad. Nº 23.006.   

12  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sent.   de   revisión   del   4   de   octubre   de   2000,  rad.  N°  11.210.   

13  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sent. del 3 de noviembre de 1999, rad. N° 13.588.   

14  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sent. del 30 de marzo de 2006, rad. N° 22.813.   

15  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Auto del 6 de junio de 2007, rad. N° 27.349.   

16  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Auto del 28 de abril de 2004, rad. N° 20.507.     

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