27415(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 27415  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR. MAURO SOLARTE PORTILLA  

Aprobado Acta No. 109  

Bogotá,  D.  C.,   veintisiete (27) de  junio de dos mil siete (2007)   

          Conforme  a  lo  establecido  en  el  artículo 213 de la Ley 600 de  2000,  califica  la  Sala  las  demandas  de  casación  que  los  defensores de  LUZ  MARINA VELÁSQUEZ GARCÉS, JESÚS ARCELIO ALCARAZ  ESCUDERO  y  VÍCTOR  ZAPATA  CARVAJAL  presentaron  contra  la sentencia de segundo  grado  proferida  por  la SALA PENAL DEL TRIBUNAL SUPERIOR DE ANTIOQUIA el 31 de  agosto  de  2006,  por  cuyo medio confirmó la condena de 130 meses de prisión  que  el  JUZGADO PENAL DEL CIRCUITO DE FRONTINO impuso a los procesados en fallo  del  24  de  enero  de  2005,  tras  encontrarlos  responsables de las conductas  punibles   de  peculado  por  apropiación  y  destrucción  u  ocultamiento  de  documento público.   

HECHOS  

          Fueron    sintetizados    por   el   Tribunal,   en   la   siguiente  forma:   

“A través de denuncia formulada, en Junio  6  de  2003,  mediante  escrito,  ante  la  Fiscalía  Seccional  con sede en el  Municipio  de  Frontino, por parte del señor AURELIO ROJA PRIETO, en calidad de  Funcionario  del  Banco  Agrario de Colombia, Profesional de Seguridad Bancaria,  el  (Sic)  que solicita se investiguen las posibles conductas punibles cometidas  al   interior   de   dicha  Entidad  Bancaria,  por  parte  de  algunos  de  sus  Funcionarios,  menoscabando  su patrimonio en la suma de Trescientos (Sic) cinco  millones  novecientos seis mil doscientos veintiséis mil pesos, con veinticinco  centavos  ($305.906.226.25),  durante  un  periodo  de  tiempo, aproximadamente,  desde  el  mes  de  Julio  de  2.001  a mayo de 2.003. La investigación arrojó  mérito   para   ordenar   la   vinculación   a   la   misma   de  JESÚS  ALCARAZ  ESCUDERO,  Subdirector de  aquél   entonces  de  dicha  Oficina,  JAIME  ALBERTO  GARCÍA  SUESCÚN, en su calidad de Gerente o Director,  VÍCTOR HUGO ZAPATA CARVAJAL,  como   cajero,   y   LUZ  MARINA  VELÁSQUEZ  GARCÉS,  como Auxiliar Bancaria.   

“Fueron descubiertos movimientos monetarios  en  las cuentas corrientes, de ahorros y en la contabilidad del Banco, cruces de  cuentas,  sobregiros no autorizados, créditos no aprobados; precisándose de la  falsificación  de  documentos,  que eran ocultados o destruidos para evitar ser  descubiertos  en  la  empresa  criminal.  Y no obstante estar ya por fuera de la  Entidad   Bancaria   JESÚS   ARCELIO,   bajo   sus  instrucciones,  LUZ  MARINA  Y  VÍCTOR   HUGO   continuaron   realizando   maniobras  irregulares  en  los movimientos contables y financieros; maniobras consistentes  en  indebidas  transacciones  bancarias,  así  como  en  la  falsificación  de  documentos.  En  la  defraudación a la Entidad Bancaria intervinieron los antes  citados  empleados del Banco, quienes contaron con la colaboración del Director  de  aquél  entonces,  GARCÍA  SUESCÚN, ante     la     negligencia    en    el    cumplimiento    de    sus  funciones.”   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El  6  de  Junio  de 2003 un funcionario del  Banco  Agrario  con cede en Medellín puso en conocimiento de la Fiscalía   que  en  la  oficina  de  la  citada entidad bancaria ubicada en el Municipio de  Frontino  (Antioquia)  tuvo  ocurrencia  un  posible ilícito que afectaría sus  finanzas  en  un monto de $305.906.226.25; a raíz de esta denuncia una delegada  de  del  Municipio precitado dispuso el 9 de junio del mismo año dar apertura a  una  investigación  previa,  luego  de  la cual el 18 de septiembre de la misma  anualidad   profirió  resolución  de  apertura  de instrucción y dispuso  recibir  indagatoria  a  los  señores  JESÚS  ARCELIO  ALCARAZ y JAIME ALBERTO  GARCÍA  SUESCUN, orden que mediante auto de fecha 23 de marzo de 2004 amplió a  LUZ MARINA VELÁSQUEZ GARCÉS y VÍCTOR HUGO ZAPATA CARVAJAL.   

         

El  21  de  abril  de  2004  cerró el ciclo  instructivo  y  el  21  de  mayo  de esa misma anualidad acusó a JESÚS AURELIO  ALCARAZ  ESCUDERO, VÍCTOR HUGO ZAPATA CARVAJAL, LUZ MARINA VELÁSQUEZ GARCÉS Y  JAIME  ALBERTO  GARCÍA  SUESCÚN,  como  probables  autores  de  los delitos de  peculado    por    apropiación    y    falsedad    ideológica   en   documento  público.   

El  Juzgado  Penal del Circuito de Frontino,  luego  de  realizar  las  audiencias  preparatoria y pública, el 24 de enero de  2005  condenó  a JESÚS ARCELIO ALCARAZ ESCUDERO, LUZ MARINA VELÁSQUEZ GARCÉS  y  VÍCTOR  HUGO  ZAPATA  CARVAJAL,  como autores de la conducta de peculado por  apropiación  y  destrucción, supresión u ocultamiento de documento público y  a  JAIME  ALBERTO  GARCÍA  SUESCUN,  como  responsable  del  delito de peculado  culposo.   

Apelada  la  decisión  de  instancia por el  defensor  de  los  sindicados, correspondió resolver el recurso a la Sala Penal  de  Decisión  del  Tribunal Superior de Antioquia, la cual a través de la suya  del 31 de agosto de 2006 confirmó la determinación de instancia.   

La defensa de LUZ MARINA VELÁSQUEZ GARCÉS y  VÍCTOR  ZAPATA  CARVAJAL,  así  como  la  de  JESÚS ARCELIO ALCARAZ ESCUDERO,  interpusieron oportunamente recurso extraordinario de casación.   

LAS DEMANDAS  

1.    LAS   DEMANDAS  DE  LUZ  MARINA  VELÁSQUEZ GARCÉS Y DE VÍCTOR HUGO ZAPATA CARVAJAL   

Dos demandas presenta el casacionista, una a  nombre  de  LUZ  MARINA  VELÁSQUEZ GARCÉS y otra en representación de VÍCTOR  HUGO  ZAPATA CARVAJAL, mediante líbelos que contienen idénticos ataques contra  la  sentencia  impugnada,  razón por la cual la Sala los resumirá y analizará  en forma conjunta.   

En  ambas,  el defensor plantea tres cargos,  uno  por nulidad con fundamento en la causal tercera del artículo 207 de la Ley  600  de  2000  y  las  otras  al  amparo  de  la  causal primera, por violación  indirecta de la ley sustancial.      

1. CARGO      PRIMERO     –“NULIDAD DEL JUICIO”     

Al amparo de la causal tercera de casación,  expresa  que  el  proceso penal está viciado de nulidad por cuanto la sentencia  condenatoria  “…se apoyó en una ambigua, imprecisa  y  precaria  calificación  de  la  instrucción,  la cual no tuvo la suficiente  motivación  en  tanto  no  se precisaron los hechos puntuales realizados por la  acusada”  (Fl.  889).  En desarrollo de este ataque,  dice  que  el pliego de cargos debe contener todas las circunstancias de tiempo,  modo  y  lugar  que  especifican  la  conducta  cometida,  de  tal  forma que su  precisión  delimite  la  sentencia  que  se  profiera  en  la etapa de juicio y  permita un adecuado desenvolvimiento de la defensa del implicado.   

Continúa manifestando que no se precisó la  participación  concreta  de cada uno de los procesados en la conducta criminal,  de  tal  forma que “… la acusación se contenta con  descubrir  unas  pocas  conductas   que,  sin  más,  aplica  a  todos  los  acusados,   bajo   el  supuesto  “lógico”  de  que  su  participación  era  ineludible  para  el  logro  o  éxito  de  la  “empresa”  criminal”  (Fl.  889)   

          Luego de retomar el análisis de la prueba, concluye:   

“En estas circunstancias  probatorias  que  recogen  ambas  instancias,  se  hacía  imperioso precisar la  actividad  específica que cumpliera la señora procesada en cada concurso, dado  que   evidentemente  no  le  podía  atribuir coparticipación en todas las faenas delictuales que han debido  individualizarse.   (Fl.  891)   

          “…   

“En  síntesis,  lo  mínimo  que  puede  reclamarle  la  señora  VELÁSQUEZ  GARCÉS  a  la Judicatura, en defensa de su  derecho  fundamental  al  debido proceso, es que se le puntualicen los distintos  casos  en  que  ella  participó  y  el  monto  de  ellos,  a  fin de adecuar su  defensa”. (Fl. 895)   

Que  se  case la sentencia recurrida y en su  lugar  se  anule  el  diligenciamiento  a  partir  de  la  calificación  de  la  instrucción,  es  la  petición  que  con  base  en  lo  anterior  formula a la  Corte.   

1.2    CARGO    SEGUNDO    –VIOLACIÓN  INDIRECTA  POR  ERROR  DE  HECHO-.   

Plantea  que  el  fallador  de segundo grado  violó  de  manera  indirecta  la  ley  sustancial  debido  a  un error de hecho  “…consistente en un falso  juicio    de   existencia   por   desconocimiento   o  irreconocimiento   de   la   presencia   de   pruebas   procesalmente   válidas  (falta  de  apreciación  de las pruebas) que   favorecen   a  la  acusada”.  Como  demostración  del  cargo,  expresa que existen hechos indiscutibles que refutan  la      acusación,      los      cuales      se      pueden     “extraer”  del  conjunto probatorio y que  fueron  desconocidos  por  los jueces de instancia, de tal forma que no hicieron  una  “…exposición  razonada  respecto del mérito  que  se  podía  asignar  “a  cada prueba” según el requerimiento legal”.  (Fl. 897)   

Obtener  que  el  fallo  de segundo grado se  “adecue”  a  todos  los  medios  probatorios (Fl. 902) constituye la petición que se formula al culminar  el desarrollo de este cargo.   

1.3            CARGO TERCERO. VIOLACIÓN INDIRECTA DE LA  LEY SUSTANCIAL POR ERROR DE HECHO.   

Nuevamente  acudiendo  a  la causal primera,  plantea  que  el  fallo  de  segundo  grado  incurrió  en  un  error  de  hecho  “…   por   ignorar   la  existencia  razonable  y  manifiesta   de   la   duda  partiendo  de  las  pruebas  recaudadas,  debido  a  error        de        apreciación”    (Fl.    902).   Desarrolla   este  planteamiento  sosteniendo  que  no  se  realizó  un  adecuado análisis de los  medios  de  convicción,  de  tal  forma  que  se  pasaron  por  alto  elementos  probatorios  que,  de  haberse  considerado,  repercutirían  en  una  decisión  distinta de la que es objeto de censura.   

          Según  el  actor,  los  falladores  de  instancia  reconocieron  la  imposibilidad  que  tenían  para atribuir responsabilidad individual a cada uno  de  los  procesados,  pero en lugar de absolverlos, elaboraron un discurso en el  cual    todos   responden   de   manera   solidaria   en   una   “empresa  criminal”  en  donde el acto de  uno   es   a   la   vez   de   todos;   en  términos  del  censor  “…  (e)se “haz probatorio” soporta la acusación, a criterio  de  la  judicatura,  pero  también  la  exculpación  parcial en opinión de la  Defensa,”   

          Concluye manifestando:   

“De  suerte  que  el  error  que  aquí se  plantea  consistió  en  que  se  asumió cuarteada la prueba, con pretermisión  absoluta  de la prueba benéfica y el consecuencial desconocimiento del in dubio  pro  reo  que consigna el artículo 7 del Código de Procedimiento Penal” (Fl.  907)   

Por lo anterior solicita a la Corte reconocer  a  su  favor  la  aplicación  del  principio in dubio pro reo y que se profiera  condena  en  su  contra  por  los  hechos  que  expresamente  aceptó durante la  actuación.   

          2. LA DEMANDA DE JESÚS ARCELIO ALCARAZ ESCUDERO.   

Un  solo cargo formula su defensor al amparo  de  la  causal primera del artículo 207 de la Ley 600 de 2000, mismo en el cual  expresa  que  la  decisión  de  segundo  grado viola indirectamente la ley tras  haber  incurrido  el  sentenciador  en  errores  de hecho por un falso juicio de  existencia, ataque que desarrolla en los siguientes términos:   

“En  este proceso se allegaron documentos,  testimonios  e  indagatorias  cuya legalidad no fue cuestionada. Sin embargo, la  Judicatura  no  hizo  la exposición razonada respecto del mérito que se podía  asignar  “a  cada  prueba”,  según  el  requerimiento legal. Simplemente se  criticó  las  indagatorias  para  rechazar  las  explicaciones  que  dieran los  procesados,  relacionó los estudios hechos por la auditoría del Banco y por el  CTI.   Sin  comentarios  u  observaciones  críticas.  Al  final  recurrió, como materia de convicción, al  “haz   probatorio”   para  declarar  la  certeza  sobre  los  delitos  y  la  responsabilidad penal de los acusados” (Fl. 1031)   

Después de relacionar las pruebas que en su  criterio   no  fueron  valoradas  por  el  fallador,  remató  su  planteamiento  diciendo:   

“…  de  lo  anterior se desprende que al  fallador  no hizo uso del principio procesal del in dubio pro reo, consagrado en  el  artículo  7º  del C. de P.P., “en las actuaciones penales toda duda debe  resolverse  a  favor  del reo”, la presunción de inocencia exige al estado la  comprobación  plena de la responsabilidad del procesado. Dicho de otro modo, la  presunción  de  inocencia debe ser desvirtuada mediante prueba regular, legal y  oportunamente  aducida  al  proceso. Su desvirtuación corresponde al estado.”  (Fl. 1033)   

Que  se  case  la  sentencia  recurrida y se  reconozca    el    in   dubio   pro   reo,   constituye   la   pretensión   del  censor.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         Corresponde   a  la  Corte  calificar  las  demandas  de  casación  interpuestas,  en  tanto  se  cumplen  las  condiciones  indicadas  en el inciso  primero  del  artículo  205  de la Ley 600 de 2000, pues la sentencia objeto de  las  mismas  fue proferida por un Tribunal Superior de  Distrito  Judicial  y,  en  segundo  lugar, el proceso penal se adelantó por un  delito  que tiene señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo excede de  ocho  años  (el  peculado por apropiación artículo  397  de  la  Ley  599 de 2000 tiene una pena de prisión que oscila entre 6 a 15  años).   

         En    virtud    de    lo   anterior,   procede   a   estudiar   los  cargos              formulados   contra   el   fallo   de   segundo  grado,  en  el orden en que  se resumieron y estudiaron las demandas que los contienen.   

         1.  DEMANDAS  DE  LUZ  MARINA  VELÁSQUEZ  GARCÉS Y DE VÍCTOR HUGO ZAPATA CARVAJAL   

1.   1   CARGO   PRIMERO:  “NULIDAD  DEL  JUICIO”.   

En  vista  de que este cargo que se encausa  por   medio   del   cuerpo   tercero   del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000,  la Corte precisa  recordar  que  la  nulidad como soporte de casación, para que pueda declararse,  exige  que  quien la exponga concrete de manera lógica sus fundamentos, indique  la  fase  procesal  a  partir  de la cual se presenta el yerro invalidante y las  causales  descritas  en  el  artículo 306 del Código de Procedimiento Penal en  que  apoya la postulación de la censura. Igualmente, debe acreditar, además de  la  trascendencia,  que  la  conducta del censor no contribuyó a la producción  del  acto  irregular (salvo que se trate de la ausencia de defensa técnica), ni  que  por  una  actuación  posterior  se convalidó aquél, según los numerales  2°,   3°   y   4°   del   artículo  310  ibídem.   

El actor plantea  que    se   incurrió   en   nulidad   por  violación  al  debido  proceso  en  tanto el fallo de segundo  grado  se  apoyó  en  “…una ambigua, imprecisa y  precaria  calificación de la instrucción, la cual no  tuvo   la  suficiente  motivación  en  tanto  no  se  precisaron   los  hechos  puntuales  realizados  por  la  acusada”  –Negrillas  fuera   del   original-   (Fl.  882).  Para  arribar  a  la  anterior conclusión, realizó un análisis del  haz probatorio y luego de tal acuciosa labor concluyó:   

“En  estas  circunstancias probatorias que  recogen  ambas sentencias, se hacía imperioso precisar la actividad específica  que   cumpliera   la   señora   procesada  en  cada  concurso…” (Fl. 891)   

El planteamiento del cargo, como se observa,  luce   por   demás   incompleto  en  tanto  no  expresa  que  se  haya  omitido  objetivamente  motivar  la  calificación de la instrucción, todo lo contrario,  si  algo  no  discute la censura, tal como fue propuesta, es que la decisión en  mención  existe  y  está  sustentada, sólo que, en su particular y respetable  visión   del   haz   probatorio,   los   motivos   allí   contenidos   no  son  “suficientes” para conllevar una decisión acusatoria.   

          Así  expuesto  el  cargo,  más  que  una violación a la garantía  fundamental  del  debido  proceso que pudiera dar lugar a una nulidad, lo que el  censor  insinúa  es  una discusión sobre el poder de convicción de los medios  probatorios  que  se  consideraron  al  momento  de  calificar  el  cierre de la  instrucción  y luego al proferir las sentencias de instancia, mismos que, en su  criterio,   no  son  “suficientes”  para  soportar  la  condena  que  a  sus  prohijados      se     impuso     y,     en     tal     sentido     –insiste-  se  requerían  otros,  sin  indicar cuáles, con el fin de establecer, de una forma  más  específica,  la  participación  de  cada  uno  de  los  procesados en la  conducta que se les imputó.   

Visto el cargo en su verdadero contexto, más  que  un  ataque  a  la  calificación  de la instrucción que pudiera fundar una  posible  nulidad  por  falta  de  motivación  de la misma, su desarrollo lo que  propone  es  un  cuestionamiento  a la capacidad de persuasión de los medios de  convicción  que  allí y luego en las sentencias se consideraron, razón por la  cual  el  camino  escogido  por  el  censor debió ser el indicado por la causal  primera  de  casación  -vía indirecta- donde le correspondía demostrar que se  incurrió  en  un error de hecho por falso juicio de raciocinio en tanto otorgó  mérito  persuasivo  a  los  medios  de  prueba  que  relaciona  en  su demanda,  desconociendo  las  pautas de la sana crítica, de tal forma que al hacerlo deje  sin  piso las conclusiones de la decisión objeto de censura y de paso compruebe  su  tesis según la cual tanto en la etapa instructiva como en la del juicio, el  acopio probatorio no fue el “suficiente”.   

          Corolario  de  lo  anterior,  como  la  vía  seleccionada no fue la  adecuada,  amén de que tampoco se cumplen las condiciones que hubiera requerido  el  cargo  en caso de que el censor hubiera acertado en ella, la Sala procederá  a inadmitirlo.   

1.2 SEGUNDO CARGO: VIOLACIÓN INDIRECTA DE LA  LEY SUSTANCIAL POR ERROR DE HECHO.   

Si bien este ataque plantea un error de hecho  por  falso  juicio  de existencia, al entrar en su desarrollo presenta profundos  defectos  de  argumentación,  como  expresar que los falladores de instancia no  realizaron  una “…exposición razonada respecto del  mérito  que  se  podía  asignar  “a  cada  prueba” según el requerimiento  legal”.  (Fl.  897)  o  solicitar  que  la decisión  impugnada  se  “adecue” a  todos  los  medios  probatorios  (Fl.  902),  planteamientos  que así expuestos  contradicen  el sentido del cargo propuesto, pues no obstante comenzar indicando  que  el  sentenciador  omitió  determinados medios de prueba, remata su postura  manifestando   que   además   de   haberlos   pasado   por  alto,  los  valoró  inadecuadamente.   

Y  para rematar los defectos argumentativos,  no  demostró  cómo las pruebas que a esta altura no se sabe si fueron omitidas  o  más  bien  inadecuadamente  valoradas,  tenían  la capacidad de afectar las  conclusiones  de  la  decisión  atacada  y  con ello variar su sentido, pues se  conformó  con  realizar un discurso aislado sobre los medios de convicción que  a  los  procesados,  en su criterio, eran favorables, descuidando apreciar en su  conjunto todos los que fueron estimados por el sentenciador.   

Corolario  de  lo  expuesto,  el cargo será  también inadmitido.   

1.3 VIOLACIÓN INDIRECTA DE LA LEY SUSTANCIAL  POR ERROR DE HECHO.   

Dos desaciertos de argumentación impiden que  este  cargo  sea objeto de admisión, el primero, por cuanto en su planteamiento  el  censor  comienza  manifestando que en las decisiones atacadas los falladores  reconocieron     la     imposibilidad     que     tenían     de    “precisarle  cuantías  a  los  procesados  ZAPATA y VELÁSQUEZ”  (Fl.  906),  lo  que  para el demandante significa que  aceptaron  que  la prueba no era suficiente y que, ante tal situación, debieron  aplicar  el  principio  in  dubio  pro reo, lo cual no hicieron, contrariando el  artículo 7º de la Ley 600 de 2000.   

Así  expuesta  inicialmente  la censura, el  camino  adecuado  para  alegarla  en  casación  no es la vía indirecta sino la  directa  en la que le hubiese correspondido demostrar que el precepto que acusó  transgredido   lo   fue   por  falta  de  aplicación,  aplicación  indebida  o  interpretación errónea; al respecto la Sala ha manifestado:   

“Cuando el Tribunal a pesar de reconocer en  su  discurso la ausencia de certeza deja de aplicar el in dubio pro reo, se debe  demandar  la violación directa por falta de aplicación de los preceptos que lo  consagran:   artículo  445  del  Código  de  Procedimiento Penal anterior  (Decreto  2700  de 1991) y artículo 7° del régimen procedimental vigente (Ley  600             de             2000).”1   

No  obstante  la  postulación  inicial  del  planteamiento,  en  el  mismo  ataque el actor manifiesta que “…  el  error  que  aquí  se  plantea  consistió  en  que se asumió  cuarteada  la prueba, con pretermisión absoluta de la  prueba  benéfica  y  el consecuencial desconocimiento  del  in  dubio  pro reo que consigna el artículo 7 del Código de Procedimiento  Penal”      (Fl.      907)      –Negrillas  fuera  del  original-,  lo  que  insinúa  la  presencia  de  un  error  de  hecho  por falso juicio de identidad  -“coarteada  la  prueba”-  que  se  confunde  de  manera  contradictoria  con un falso juicio de existencia  -“con   pretermisión   absoluta   de   la   prueba  benéfica”-.   

La Corte debe formular a tal razonamiento las  mismas  objeciones  que renglones atrás se indicaron sobre el cargo primero, en  tanto,  otra  vez,  nada  dijo  el  censor  sobre la capacidad que tenían estos  medios      de     convicción     –coartados  y/o  omitidos-  de modificar el  sentido  de la decisión atacada, previo análisis en conjunto con los otros que  sí se consideraron.   

Conclusión  de  lo  expuesto,  la  demanda  presentada  en  favor  de LUZ MARINA VELÁSQUEZ GARCÉS y de VÍCTOR HUGO ZAPATA  CARVAJAL será inadmitida.   

         2.  DEMANDA DE  JESÚS ARCELIO ALCARAZ ESCUDERO.   

          Dos  incorrecciones  impiden  que  el  único  cargo  que formula el  defensor  del procesado Arcelio Alcaraz Escudero pueda ser admitido, el primero,  al  indicar  en  su demanda que “… la Judicatura no  hizo  la  exposición  razonada  respecto del mérito que se podía asignar “a  cada     prueba””     y     que    “(s)implemente   criticó   las  indagatorias  para  rechazar  las  explicaciones  que  dieran los procesados, relacionó los estudios hechos por la  auditoria   del  Banco  y  por  el  CTI.  Sin    comentarios   u   observaciones   críticas”   (Fl.  1031), pues  lo  que  propone  no es que el fallador hubiese omitido o supuesto los medios de  prueba,  es  decir,  que  haya  cometido  una  violación  indirecta  de  la ley  sustancial  por  error  de hecho a partir de un falso juicio de existencia, sino  que  orienta su planteamiento a criticar la valoración integral de las mismas y  en  tal medida era de su resorte la demostración de cómo y cuál de las reglas  de  la  sana crítica, máximas de la experiencia o dictados de la lógica pasó  por alto afectando los intereses del encartado.   

          Pero  si  en gracia de discusión se dijera que la vía seleccionada  por  el  censor  fue  la  adecuada,  se  estaría  en presencia de un desarrollo  incompleto,  pues  al igual que el otro casacionista, olvidó hacer un análisis  en  conjunto  de  los  medios  de convicción para sólo referirse a las pruebas  supuestamente  favorables  que  dejaron  de  considerarse,  argumento  que  así  expuesto  supone  la  existencia  de otras desfavorables que pudieron fincar las  conclusiones  de  la  decisión  de  instancia,  razón por la cual debieron ser  objeto de consideración en el planteamiento de la censura.   

Por  último  y  como  segunda  razón  para  inadmitir  el  cargo,  se sostiene en él que la presunción de inocencia de los  procesados   se   desvirtuó   utilizando   prueba   que   no  fue  “…  regular,  legal  y oportunamente aducida al proceso.” (Fl.  1033).  Tal  afirmación, es claro, no puede exponerse  como  un  error  de hecho sino de derecho por falso juicio de legalidad, opción  dentro  de  la  cual  estaba  a  cargo del censor la formulación de un discurso  argumentativo  con  el fin de establecer: a) que el sentenciador otorgó valor a  una  prueba  que  no  cumple  con  los  requisitos  legales  previstos  para  su  formación  o  aducción  al  proceso;  b)  los  preceptos  que  estipulan tales  requisitos;  c)  el  requisito  pretermito que conduce a su exclusión, y; d) la  trascendencia  del  yerro.  Estos  tópicos ni siquiera fueron mencionados en el  cargo.   

          La   demanda,   en  estas  condiciones,  también  será  objeto  de  inadmisión.   

          Corolario  de  lo  anterior y teniendo en cuenta que de la revisión  de  lo  actuado  no se observa violación de garantías fundamentales que tornen  viable  el  ejercicio  de  la  oficiosidad  por  la  Sala, la inadmisión de los  libelos  deviene  imperativa,  razón  por  la  cual  habrá  de  disponerse  la  devolución del diligenciamiento al  Tribunal de origen.   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

         INADMITIR         las           demandas  de  casación  presentadas  a nombre de  los   procesados  LUZ  MARINA VELÁSQUEZ GARCÉS, JESÚS ARCELIO ALCARAZ  ESCUDERO   y   VÍCTOR  ZAPATA  CARVAJAL,  conforme con las motivaciones plasmadas  en el cuerpo de este proveído.   

          Contra esta decisión no proceden recursos.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ               ALVARO                                 O.                                 PÉREZ  PINZÓN                   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                JORGE L. QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                       JULIO SOCHA SALAMANCA   

MAURO SOLARTE            PORTILLA                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  Sentencia de casación de abril 15 de 2004, proceso No. 13613.     

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