27100(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27100  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                     

Magistrado Ponente:  

DR. MAURO SOLARTE PORTILLA  

Aprobado Acta No: 109  

         

Bogotá,  D.  C.,   veintisiete (27) de  junio de dos mil siete (2007)   

          Conforme  a  lo  establecido  en  el  artículo 213 de la Ley 600 de  2000,  califica  la Sala la demanda de casación que el defensor de BENICIO  RAMÍREZ  OVIEDO  e  ISAÍAS  RAMÍREZ RAMÍREZ presentó contra  la  sentencia  de  segundo  grado  proferida  por  la  SALA  ÚNICA DEL TRIBUNAL  SUPERIOR  DE  ARAUCA  el  12 de julio del año 2006, por cuyo medio confirmó la  condena  de  72  meses  de  prisión  que  el JUZGADO SEGUNDO PENAL DEL CIRCUITO  ESPECIALIZADO  DE  BUCARAMANGA  impuso a los procesados en fallo del 12 de abril  de  2005,  tras  encontrarlos  responsables de la conducta punible de extorsión  agravada en grado de tentativa.   

HECHOS  

          Fueron    sintetizados    por   el   Tribunal,   en   la   siguiente  forma:   

“Los  hechos  que  dan origen a la acción  penal  tiene(Sic)  tiene ocurrencia a partir del treinta de junio de 2003 cuando  la  familia  PARRA ZULUAGA comenzó a recibir llamadas telefónicas, donde se le  exigía  al señor ADOLFO LEON VALENCIA la suma de veinticinco millones de pesos  para  una fracción del grupo subversivo ELN, a cambio de no secuestrar a algún  miembro  de su familia. Frente a tal constreñimiento JUAN CARLOS PARRA ZULUAGA,  hijo  del  afectado  formuló  denuncia  ante el GAULA, organismo que dispuso un  operativo  con  el  fin  de  identificar  y  capturar  a  los responsables de la  extorsión.   

“El  día  14  de  julio  del  mismo año,  BENECIO  RAMÍREZ  OVIEDO  e  ISAÍAS     RAMÍREZ     RAMÍREZ     fueron  sorprendidos  y  aprehendidos  por  miembros  de la policía  judicial  del Gaula, en el preciso instante en que adelantaban una conversación  telefónica  extorsiva  con  JUAN  CARLOS  PARRA  ZULUAGA,  ciudadanos  aquellos  detenidos  vinculados  a  la investigación mediante indagatoria como autores de  la  conducta  punible,  acto  procesal  que  se  cumplió  el  16  de  julio  de  2003.”   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El 14 de julio de 2003 funcionarios del Gaula  (Santander),   pusieron   a   disposición   de  la  Fiscalía  a  los  señores  BENICIO  RAMÍREZ  OVIEDO  e  ISAÍAS  RAMÍREZ  RAMÍREZ a  quienes  capturaron en flagrancia cuando intentaban extorsionar al señor Adolfo  León  Parra  Valencia,  por  lo  cual  una delegada de la ciudad de Bucaramanga  profirió  resolución  de  apertura de instrucción el 15 de julio de la citada  anualidad.   

         

El  11  de  febrero  de 2004 cerró el ciclo  instructivo  y  el  19  de  marzo  de  esa misma anualidad acusó a RAMÍREZ  OVIEDO y  RAMÍREZ  RAMÍREZ como probables autores del delito de  Extorsión Agravada en Grado de Tentativa.   

El  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Bucaramanga,  luego de realizar las audiencias preparatoria y  pública,  condenó  a  los  procesados  a  la  pena  principal  de  72 meses de  prisión,  como  autores  de  la conducta que les fue imputada en la resolución  acusatoria.   

Apelada  la  decisión  de  instancia por el  defensor  de  los sindicados, correspondió resolver el recurso a la Sala Única  de   Decisión  del  Tribunal  Superior  de  Arauca1,  la cual a través de la suya  del  12  de  julio  de  2006  confirmó  en  su  integridad la determinación de  instancia.   

La  defensa  interpuso oportunamente recurso  extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

         

1.            Un  único  cargo  se  formula contra la  sentencia  de  segundo  grado,  bajo el amparo de la causal primera, por estimar  que   con  tal  decisión  violó  de  forma  directa  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política  y  el  7º, 20 y 288 de la Ley 600 de 2000, normas que  definen  la  presunción de inocencia, la investigación integral y la cadena de  custodia,  mismas  que según se manifiesta se quebrantaron por una “…errada   apreciación   de   la   prueba,  al  otorgarles  una  valoración que no poseen”. (Fl. 64)   

El  cargo  se  desarrolla siguiendo el mismo  orden de las normas supuestamente violadas, así:   

1.1 Violación a la  garantía  fundamental  del  debido  proceso  establecida  en  el  artículo  29  Constitucional,  en  tanto  la  Policía  Judicial  recibió  declaración a los  hermanos  Parra  Zuluaga y la señora Teresa Rodríguez de Gómez, sin que tales  actos   hubiesen   sido   autorizados  por  el  fiscal  del  caso,  “…es   mas(Sic),   simultáneamente   con   la   diligencia   de  indagatoria de mis patrocinados”. (Fl. 63)   

1.2            Violación al  principio  in dubio pro reo estipulado en el artículo  7º  de  la  Ley  600  de  2000,  argumento  que se desarrolla en los siguientes  términos:   

“La  duda a la que se refiere la defensa,  obedece  al  resultado  del  testimonio  y de la prueba fonoespectográfica que,  genera  una  serie  de  dudas  en  lo referente a la prueba allegada, lo que nos  lleva  a afirmar que no fueron valoradas en su conjunto y además, obtenidas con  violación a las reglas propias del debido proceso” (Fl. 64)   

1.3              Como tercer  punto,  plantea  la violación directa del artículo 20 ibídem, sosteniendo que  “…no  hubo  investigación  integral de los hechos  materia  de investigación, teniendo en cuenta el presunto error involuntario de  los  auxiliares del cognoscente al no enviar todos los casetes que contienen las  grabaciones  para  su  respectivo  análisis  y  estudio, para que en la hora de  ahora  se  venga  a  aducir  que  existe  prueba  suficiente  para rematar a mis  defendidos” (Fl. 64)   

1.4 Y, por último,  denuncia  la violación directa del artículo 288 ibídem, aspecto sobre el cual  menciona:   

“… afirmamos que se rompió la cadena de  custodia,  desde  el  mismo momento en que fue obtenida, debido a que a pesar de  que  aparentemente  fueron  custodiadas,  ello no es así, habida cuenta que los  tres  casetes debieron estar debidamente embalados, rotulados y certificados; se  rompió  esa cadena de custodia y fue lo que probablemente impidió su envió al  perito  atendiendo  la orden impartida por la autoridad competente, perdiéndose  así  su  autenticidad  y  por  ende,  no  es  de recibo para una investigación  penal”   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         

         Corresponde a  la   Corte   calificar   la   demanda  de  casación  interpuesta,  en  tanto  se  cumplen  las  condiciones indicadas en el  inciso  primero  del  artículo  205  de  la  Ley  600  de 2000,  pues  la  sentencia objeto  de  la  misma fue   proferida   por  un  Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial  y, en segundo lugar, el  proceso  penal  se adelantó por un delito que tiene señalada pena privativa de  la  libertad  cuyo  máximo  excede  de ocho años (la  extorsión  según  el artículo 244 de la Ley 599 de 2000, reformado por la Ley  733  de  2002,  tiene  una  pena  de  prisión  que oscila entre 12 a 16 años).   

En virtud de lo anterior, procede a estudiar  el   cargo   formulado  contra  el  fallo  de  segundo  grado,  advirtiendo  desde  ya que su     inadmisibilidad     luce  insalvable,  atendiendo  los  profundos  defectos argumentativos  que  se evidencian en su  planteamiento,   que   pretendiendo   denunciar  una  supuesta  violación  directa  de la ley sustancial, desvía sus alcances hacía  censuras  que  debieron  formularse por causales de casación distintas, como la  de  violación indirecta en sus diferentes modalidades  o    la   tercera   de   nulidad,   como   pasa   a  explicarse.   

Según  el censor, la demanda se perfila por  la  causal  primera  de  casación  dada  la violación directa del artículo 29  Constitucional,  proponiendo como desarrollo de tal planteamiento que el juez de  segundo  grado  vulneró  la  garantía  del debido proceso por apreciar pruebas  testimoniales  practicadas  con  ausencia  del implicado y sin autorización del  fiscal,  argumento que así expuesto no puede enfocarse por ese camino que exige  la  aceptación  sin  cortapisas  de  la  realidad  fáctica y de la valoración  probatoria  definida  en  las  instancias.     

La  sustentación del cargo lo que en verdad  propone  es una violación indirecta de la ley sustancial por errores de derecho  ocasionados  por  un  falso juicio de legalidad, censura en la cual es necesario  demostrar  que  el sentenciador otorgó valor a una prueba que no cumple con los  requisitos  legales  previstos para su formación o aducción al proceso, por lo  que  es  imperativo  e  ineludible  no  sólo  señalar  tales  preceptos,  sino  demostrar  con  claridad  y  precisión  cuál fue el requisito pretermitido que  conduce  a  su  exclusión, para luego emprender el análisis sistemático de la  prueba,  con  el  fin de demostrar la trascendencia del yerro, puntos que fueron  omitidos  por  el censor que sólo se conformó con su planteamiento y descuidó  por completo su demostración.   

De la misma manera, la sustentación segunda  de  su  cargo  mediante  la  cual denuncia la violación directa al principio in  dubio  pro reo estipulado en el artículo 7º de la Ley 600 de 2000, confunde en  un  sólo  cuerpo dos censuras que deben denunciarse por la vía indirecta, pues  al  sostener que las pruebas “… no fueron valoradas  en  su  conjunto”  (Fl.  64), lo que insinúa es una  violación  de  ese  estilo  por falso juicio de raciocinio, error en el cual se  cuestiona  el  valor probatorio de los medios de convicción por desconocimiento  de  la sana crítica, haciéndose imperativo señalar la prueba cuestionada y lo  que  se  infirió  de ella en la sentencia, para posteriormente indicar la regla  de  la  experiencia,  el  principio  de  la ciencia o el postulado de la lógica  omitido  por  el fallador que le llevó a otorgarle un mérito persuasivo que no  le  correspondía  y luego demostrar la trascendencia del yerro en la sentencia,  aspectos que no fueron analizados en la demanda.   

Ahí  mismo  expone  que  las pruebas fueron  “…  obtenidas  con violación a las reglas propias  del  debido  proceso” (Fl. 64), otra vez contrariando  los  postulados  propios  de  la vía seleccionada, en tanto tal tipo de critica  debió  postularse por la vía indirecta por falso juicio de legalidad, bajo los  presupuestos  que  renglones atrás se plantearon, es decir: a) La demostración  de  que  el  sentenciador  otorgó  valor  a  una  prueba  que no cumple con los  requisitos  legales  previstos  para su formación o aducción al proceso; b) El  señalamiento   de  los  preceptos  que  estipulan  tales requisitos; c) La  indicación  clara  y  precisa  del  requisito  pretermitido  que  conducen a su  exclusión,  y;  d)  El  análisis  sistemático  de  la  misma,  con  el fin de  demostrar  la  trascendencia  del yerro. Nuevamente estos tópicos se dejaron de  lado.   

El tercer planteamiento de su censura, por el  cual  pretende demostrar una violación al principio de investigación integral,  otra  vez  al  amparo  del  cuerpo primero de casación, en su desarrollo lo que  cuestiona   es   una   violación  al  derecho  fundamental  a  la  defensa  que  repercutiría  en  la  declaración  de  nulidad  de  lo actuado y por tanto, la  causal  a  la que debía acudir era la tercera que regula especialmente ese tipo  de eventos.   

En el mismo cargo y de manera contradictoria  sostiene  que  el  fallo  de  segundo  grado  fue  el  resultado  de  una errada  valoración  probatoria,  esta  vez  acudiendo  al  cuerpo  segundo de la causal  primera  de  casación,  pero olvidando que esta vía permite denunciar diversas  modalidades    de    error    en   la   apreciación   probatoria   –de  derecho  y  de  hecho-  que  exigen,  en cada caso, la exposición de un especial discurso  argumentativo, como pasa a indicarse:   

          Si  de  errores  de  derecho se trata, el recurrente tiene por deber  distinguir  entre  falsos  juicios  de legalidad y de convicción, pues aquellos  surgen  por  infracción al debido proceso probatorio, mientras que en éstos se  cuestiona  la  apreciación  de  la prueba al haberles conferido un valor que no  corresponde al tarifado en la ley.   

          Frente  a  errores  de  hecho,  habrá  de  distinguir  entre falsos  juicios  de  existencia  (por suposición u omisión de  los  medios  de  prueba),  de  identidad  (por   cercenamiento,   adición   o  tergiversación)  y  raciocinio,  cuidando  de  precisar  que  los  dos  primeros  son  objetivo    contemplativos,    mientras   que   el   último   es   marcadamente  argumentativo.           

          Conservando  la  esencia  de  los errores, tratándose de errores de  hecho,  cuando  son  de  existencia,  el censor debe indicar cuál fue la prueba  supuesta  u  omitida  y  demostrar su incidencia en la decisión final, mediante  una nueva interpretación en sistemática de los medios de prueba.   

Y  si  son  de  identidad,  debe  igualmente  mostrar  mediante  un  juicio comparativo entre lo que dice el medio y lo que de  él  se  expresó  en la sentencia, cómo el juzgado lo tergiversó, adicionó o  cercenó  y, demostrar su incidencia mediante la apreciación en conjunto de los  medios  de prueba estimados por el sentenciador.            

En   cambio,   con  base  en  el  énfasis  argumentativo  que es propio del error de raciocinio, el censor debe señalar la  fundamentación  fáctica de la decisión y los medios de prueba, para demostrar  desde  ese  punto de partida, la manera cómo el sentenciador elaboró un juicio  que  no  corresponde  a  las  reglas  de  la sana crítica, a las máximas de la  experiencia o a los dictados de la lógica.   

En el  sub judice, contrario a lo que se  indicó,  al censor sólo le bastó con mencionar las pruebas que en su criterio  no  debieron  valorarse  por  haber  sido  ilegalmente  practicadas –declaraciones  de Teresa Rodríguez de  Gómez  y  de  hermanos  Parra  Zuluaga- sin indicar la  clase  de  error  en  que  incurrió  el  juzgador  y  la  incidencia  del vicio  denunciado,  situación  que  se  explica  ante la falta de confrontación de la  totalidad  de  los  medios  de prueba que el tribunal apreció y lo que de ellos  dijo, para declarar la verdad probada en el proceso.   

Por último y como corolario de los profundos  errores  argumentativos que se aprecian en el libelo demandatorio, hay que decir  que  se  plantea  en  él  una  violación  indirecta del derecho fundamental al  debido    proceso   por   “…el   presunto   error  involuntario  de  los  auxiliares del cognoscente al no enviar todos los casetes  que    contenían    las    grabaciones   para   su   respectivo   análisis   y  estudio”  (Fl.  64)  y  se  agrega  que  “… se rompió la cadena de custodia y fue lo que probablemente  impidió  su  envió  al  perito  atendiendo la orden impartida por la autoridad  competente”(F.  64),  pero no se menciona cuál  era  la incidencia de estas posibles omisiones en la decisión final y cómo los  demás  medios  de  prueba que consideró el juzgador en la sentencia resultaban  insuficientes   para   realizar   válidamente   la   declaración  de  justicia  final.   

En  su  lugar,  aislando  la  prueba  y  sin  examinarla  en  conjunto,  pretende que se tengan en cuenta sus propias razones,  las  cuales  enfrenta  a  las  del  juzgador,  en  un  lenguaje  propio  de  las  instancias,  que es en todo caso insuficiente para cumplir con las exigencias de  argumentación que el recurso extraordinario reclama.   

La demanda, como se comprende, no reúne las  exigencias  formales  del  artículo  212 de la Ley 600 de 2000, bien porque los  cargos  formulados  no guardan armonía con la causal seleccionada, ya porque no  reúnen  las  exigencias de precisión y claridad que se requieren para realizar  el   principio   de   limitación   que  impide  a  la  Corte  complementar  los  mismos.   

          Corolario  de  lo  anterior y teniendo en cuenta que de la revisión  de  lo  actuado  no se observa violación de garantías fundamentales que tornen  viable  el  ejercicio  de  la oficiosidad por la Sala, la inadmisión del libelo  deviene  imperativa,  razón por la cual habrá de disponerse la devolución del  diligenciamiento al  Tribunal de origen.   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada     a     nombre     de    los  procesados  BENICIO  RAMÍREZ  OVIEDO  e  ISAÍAS  RAMÍREZ  RAMÍREZ, conforme  con  las  motivaciones  plasmadas  en  el  cuerpo de este  proveído.   

          Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ               ALVARO                                 O.                                 PÉREZ  PINZÓN                   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                JORGE L. QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                       JULIO SOCHA SALAMANCA   

MAURO SOLARTE            PORTILLA                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

1 Fue  remitido  a  ese Tribunal en desarrollo del proceso de descongestión adelantado  por   el   Consejo   Superior  de  la  Judicatura  a  su  homologo  –Sala         Penal-         de  Bucaramanga.     

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